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jueves, 16 de julio de 2026

Detalles de Brideshead

Pedí a los Reyes las cartas entre Evelyn Waugh y Nancy Mitford. El libro ha estado en la estantería haciendo cola desde entonces. Lo empecé a leer hace unos días y me aburría. A las cincuenta páginas comencé a ir en diagonal y luego ni siquiera: a tantos detalles y cotilleos no llega mi interés y más en una edición de quinientas páginas llena de notas.

Menos mal que en esas primeras páginas que sí leí hablan de Retorno a Brideshead, que acababa de salir. Él contesta a dos dudas de ella así:

Sobre Charles Ryder le dice Mitford que le parece que tendría que haber tenido un poco más de "glamour. I can't explain why, but he seemed to me a tiny bit dim" ("... glamour. No puedo explicar la razón, pero me pareció un poco ¿soso / cortito?"):

Yes I know what you mean; he is dim, but then he is telling the story and it is not his story. It is all right for Benvenuto Cellini to be undim but he is telling his own story and no one else's. I think the crucial question is: does Julia's love for him seem real or is he so dim that it falls flat; if the latter the book fails plainly. He was a bad painter. Well he was as bad at painting as Osbert [supongo que Sitwell] is at writing (17).

Sí, se lo que quieres decir: es soso/corto, pero está contando una historia que no es la suya. Está bien que Benvenuto Cellini sea un no-soso/corto pero está contando su historia personal y de nadie más. Pienso que la cuestión clave es: el amor de Julia por él parece real o él es tan soso/cortito que no cuadra; si es eso, el libro es un fracaso completo. Él era un pintor malo. Bueno, era tan malo en cuanto pintor como Osbert [Sitwell] de escritor.

Hay que partir de la base de que son dos superpijos los que están escribiéndose aquí. Pero dicho esto,  a Charles lo considera Waugh como alguien no especialmente avispado, si es eso lo que significa dim o no a la altura del mundo de Brideshead, soso.

Lo que me impresiona también es que Waugh describa a Charles como un mal pintor: yo pensaba que sí que era un buen pintor, pero el que criticasen sus cuadros no sabía si era porque no conseguía encontrar sus temas o si el motivo estaba en que cedía al gusto dominante y caía en amaneramientos artísticos y así no acababa de encontrar su estilo. Eso era lo que yo concluía de la conversación con Anthony Blanche tras su exposición sobre América, pero puede que simplemente no fuera un buen pintor y ya está, lo que da una capa de complicación más a la novela, que yo siempre he visto como autobiográfica.

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Sobre Lady Marchmain le pregunta Nancy Mitford: "Are you, or not, on lady Marchmain's side?" ("¿Estás o no del lado de lady Marchmain?"): 

Lady Marchmain, no I am not on her side: but God is, who suffers fools gladly: and the book is about God (17).

Lady Marchmain no, no estoy de su lado, pero Dios sí, que sufre a los necios con alegría: y el libro es sobre Dios. 

Y justo antes de publicar esto, he buscado en mi blog y he encontrado que ya había hablado de todo ello, a través de referencias indirectas, en una entrada de 2018. Me repito, vaya si me repito.

jueves, 2 de octubre de 2025

Ronald Knox de Evelyn Waugh

Otra relectura de este verano: casi todo está siendo relecturas estos últimos tiempos. En este caso fue una biografía de Ronald Knox, escrita por su amigo Evelyn Waugh. 

Del propio Knox había leído yo su autobiografía espiritual (con menciones a sus oraciones contra las clases de educación física, contra los debates, sobre el anglicanismo como sistema). Además, leí un libro sobre los hermanos Knox. Ya creo que es hasta demasiado: es un capítulo, el del mundo de en torno a Oxford en la primera mitad del siglo XX, que estoy cerrando, ya un poco cansado de todo ello.

Mi primera lectura de esta biografía de Waugh, hace veinte años, fue decepcionante. Luego caí en la cuenta de que estaba acostumbrado a biografías espectaculares: esta hacía justicia al personaje, con gran contención.

Ahora la figura de Knox se va desvaneciendo cada vez más, aunque creo que esos libros espirituales, que seguramente sigan siendo muy útiles a quienes los sigan leyendo, ayudaron mucho a hacer una predicación más sencilla, clara, alegre, siendo como era antes (en lo que yo me imagino) el estilo de los sermones y los libros de espiritualidad más bien plúmbeo y solemne. Dicho lo cual, una biografía de Knox es ahora menos atractiva, su mundo está cada vez más lejano. 

Luego, yendo a algún aspecto concreto, Waugh creo que no consigue explicar la conversión de Knox al catolicismo y además cuesta meterse en la mente del personaje: es todo una presentación externa. Mucho de ese periodo lo dedica Waugh a esa red de amigos de Knox que murieron casi todos en la Primera Guerra Mundial, el mundo del Oxford de entonces, algo que, ya digo, va quedando cada vez más lejos. 

El libro me pareció más interesante en el último tercio, cuando Knox se retira a casas de campo y se dedica a escribir y a hacer la traducción de la Biblia (que no le gustaba a Tolkien): ahí lo veo más cercano. También la descripción del mundo católico de esos años es muy interesante e ilustrativa.

miércoles, 16 de julio de 2025

Rendición incondicional de Evelyn Waugh

He terminado de releer la trilogía de Espada de honor con Rendición incondicional. Ha sido una experiencia iluminadora. Creo que sigo teniendo Retorno a Brideshead como la mejor novela de Waugh, porque tiene algo más, a pesar de lo que Waugh consideró luego unos ciertos excesos dramáticos, pero esta trilogía es la gran obra de su madurez de novelista, sin concesiones, con un estilo sobrio, elíptico, desplegando allí la pequeña verdad a la que llegó en su recorrido vital. Es una gran novela biográfica y una gran novela política, la mejor que he leído sobre la Segunda Guerra Mundial.

El comentario introductorio de Carlos Villar, que leí al final, como hice con los otros dos volúmenes, es si cabe mejor que los anteriores. Culmina el comentario detallado de una obra ambiciosa y que creo que es ahora cuando he podido valorar de verdad, cuando estoy ya un poco de vuelta de tantas ilusiones políticas. Esta trilogía es la visión de Waugh, a partir de su experiencia en la Segunda Guerra Mundial, de la situación del mundo, pero más, del mal en el mundo y del bien que nos es posible hacer. Comprenderéis que me haya interesado tanto, cuando reproducimos en cierto modo algo así, aunque a otra escala: enarbolar un vago "antifascismo" que une a "moderados" (o tontos útiles) con marxistas más o menos confesos en aplastar la libertad de la gente normal. 

Es como una revisión de Retorno a Brideshead y en realidad de toda la obra de Waugh. En el centro está  también la acción de la gracia en un grupo de personajes: ahí destacan Virginia y sobre todo el protagonista, Guy Crouchback. Su padre es la referencia moral y religiosa.

Hay una crítica directa de la política de Gran Bretaña en su relación con la URSS: vencieron a un monstruo, Alemania, pero a costa de que otro monstruo, la URSS, se apoderara de todo el centro de Europa y lo tuviera esclavizado durante decenios. La descripción en esta novela de lo que ocurre en Yugoslavia es muy dolorosa. También lo es el explicar el modo en que el comunismo se estaba metiendo en las élites frívolas de Gran Bretaña. Winston Churchill no queda nada bien, sin que se le mencione casi. La espada de honor que Gran Bretaña da a los "defensores de Stalingrado" es un baldón que representa mucho de lo que ocurrió en la Guerra Fría.

Qué queda: hacer uno el bien que pueda, a la escala que pueda. Parece poco, pero es mucho.

lunes, 7 de julio de 2025

Oficiales y caballeros de Evelyn Waugh

La segunda novela de la trilogía Espada de honor se llama Oficiales y caballeros y contrapone el ideal guerrero con la realidad de una guerra luchada en condiciones muy penosas, donde el honor se juega en límites difusos, cuando hay que decidir sobre hacer algo noble en situaciones como mínimo borrosas.

Yo me acordé del canto II de la Ilíada y caí en la cuenta de que era la primera descripción que conocía del caos intrínseco a la vida militar, ese intento de Agamenón de elevar la moral anunciando una supuesta retirada, que sale mal y que tiene que solucionar Ulises con labia y golpeando a la fascinante figura de Tersites, el soldado respondón.

Aquí seguimos a Guy Crouchback en su proceso de desencanto con el ejército, en una guerra que parece una sucesión de derrotas, donde Rusia se convierte en un aliado y entonces el enemigo se ha convertido en amigo y la nobleza de los ideales ya no se sabe dónde está, salvo en la inercia de seguir en el bando en el que te ha pillado el conflicto.

Es impresionante la descripción del final, de la retirada de Creta. Es vivirlo como con una cámara en mano, las penosas situaciones en que se encuentran.

Luego, leer la introducción es comprobar cómo en buena medida es un relato autobiográfico. El detalle del día a día, la vida militar en sus minucias, todo se describe con precisión. No es una lectura divertida, es seguir una guerra, algo siempre doloroso, pero ilustrativo: es la vida en condiciones exacerbadas. 



lunes, 30 de junio de 2025

Hombres en armas de Evelyn Waugh

Estoy releyendo la trilogía Espada de honor en la traducción de Carlos Villar. He terminado Hombres en armas, leyendo el texto sin más primero, sin pararme en las notas siquiera. Luego he disfrutado de la estupenda introducción que hizo Carlos (que era un año mayor que yo en el Valladolid de nuestros estudios), la persona que más sabe sobre Waugh en España, y he ido mirando las notas, que ayudan mucho a profundizar en aspectos como el histórico contemporáneo: es esta una novela que ayuda a entender como pocas el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, en este caso desde la óptica británica, pero no desde la vulgata oficial que se ha extendido por todas partes: por ejemplo respecto a los acontecimientos en Polonia o la figura de Churchill. También, con lo que había leído recientemente sobre De Gaulle entendí mucho mejor el episodio final de esta primera novela, el desembarco frustrado en Dakar. En conjunto, he notado como nunca antes lo que es sentir miedo de una más que posible victoria alemana, la sensación de inseguridad, de peligro inminente.

Ahora creo que estoy mejor preparado para valorar esta novela, que ya me gustó la primera vez. Es una obra de madurez, una especie de versión más sobria y distanciada de aspectos centrales de Retorno a Brideshead. Aquí tenemos a un protagonista, Guy Crouchback, hombre sin carisma, de esos que sufren las postergaciones, el que queda segundo siempre, por más que intente comportarse honorablemente, como un caballero.

Aquí Waugh aúna su vena humorística con su aire más melancólico: hay episodios graciosos, diálogos muy finos, con sobreentendidos, pero un tono claramente triste, de pesar por un mundo que se zambulle en la tragedia en el peor de los casos o en el tedio en la mayoría de las situaciones cotidianas.

Me ha impresionado mucho la descripción sin concesiones de la vida militar, llena de órdenes y contraórdenes, de desbarajustes, de organigramas para luchar contra la desorganización, de provisionalidad y apariencias de estructuración. Me ha recordado, ahora que lo puedo ya mirar con despego, a lo que viví en la mili: un sistema incompetente que, por desgracia, es el único que podría defendernos en caso de un ataque enemigo. Que no padezcamos la guerra, es lo que queda pedir a Dios.

Ahora, a leer los otros dos volúmenes.

martes, 17 de junio de 2025

La capilla de Brideshead, ahora con fotos

Hace 14 años recogí en una entrada todos los textos sobre la capilla de Brideshead. Se hablaba de Madresfield Court como modelo. Había pocas fotos: ahora hay muchas y viéndolas no me queda ninguna duda de que esa capilla es el modelo, comparando con los textos. 

En la novela se dice que en 80 años (partiendo de que la acción se sitúa en ese momento en los años 20) esa capilla sería muy valorada: yo comprendo por una parte la extrañeza que produce y por otra la fascinación que desprende. Al protagonista, trasunto del autor, no le gustaba, pero a otros personajes, como Cordelia, sí. En la novela la había mandado hacer Lord Marchmain para su mujer y sí, es una capilla muy femenina, por así decirlo. Me gustaría muchísimo visitarla.





Los frescos son de un detalle pasmoso. Parece que reprodujeron todas las plantas que había en la finca:





Esto es una vidriera:

lunes, 16 de junio de 2025

Otras dos relecturas de Retorno a Bridehead

Esta relectura han sido dos: primero oí el libro entero en audio, buena parte con el texto inglés delante, porque es de un lenguaje más complejo de lo que pensaba, bastante difícil en algunas partes. Luego lo volví a leer en la traducción de siempre, en el ejemplar de Tusquets de la primera vez. 

Es un libro que me ha acompañado siempre, que he releído a lo largo de los años, un clásico moderno desde mi punto de vista: nunca lo agotas, nunca lo acabas de dominar, te abre tantos caminos que es difícil hacerle justicia. Diré algunas cosas:

Se me ocurría que alguien brillante podría hacer una comparación a fondo con El banquete de Platón. En ambos libros, en un formato narrativo, se trata de darle vueltas al amor, en un proceso ascensional, o quizá en espiral, a través de diversos grados. En El banquete la cima es filosófica: esta novela pondría a prueba la consistencia del planteamiento platónico haciendo algo muy difícil, poner arriba el amor a Dios, mientras se somete a prueba la consistencia de esos amores que estaban en el proceso de ascenso platónico. En la novela de Waugh el amor a la belleza física es superado por la entrega al bien del ser amado (en último extremo por la renuncia de Charles y Julia a seguir juntos): el don es el amor de Dios, que convive en el presente del protagonista con una situación vital difícil, de soledad, que me ha impresionado mucho más esta vez, ese primer capítulo tan triste de la vida de militares acantonados para la guerra, que termina con la llegada sorpresa a Brideshead. El final de la novela me ha vuelto a parecer magistral.

Tanto en El Banquete como en Retorno a Brideshead estamos en los estertores de imperios, cuando todavía no eran del todo conscientes de que el declive se acercaba. La decadencia, los excesos barrocos, la formalidad, la alegría externa envuelven la crisis que abrirá camino a algo distinto. Lo permanente dura, sea la aspiración filosófica a lo trascendental, sea la unión con Dios.

El marco es el de los hombres demediados de Eliot, los que volvieron de la Primera Guerra Mundial dañados: los efectos de esa guerra los sintieron sus descendientes, una humanidad incompleta, en un mundo ya sin referentes que aboca a la Segunda Guerra Mundial. En medio, la capilla de Brideshead, donde al final brilla la lamparilla del Sagrario, donde ahora dominan los Hoopers.

Me he dado más cuenta esta vez de lo que critica el propio autor en el prólogo a la edición revisada, esa especie de barroquismo de la comida, de las exquisiteces, ese contexto de la élite inglesa en sus mansiones, todo hueco, fascinante pero hueco. El gran peligro, dice Anthony Blanche, que hace como de ser demoniaco y revelador del trasfondo, es el encanto (charm), eso que tiene Sebastian a raudales y en lo que cae también a veces la pintura de Charles Ryder, algo que está presente en ese mundo inglés que se está cayendo a pedazos.

lunes, 2 de junio de 2025

Trigo crecido

El paisaje que más me ha llamado la atención en este fin de semana ha sido el de los campos de trigo al salir un poco de Burgos por la carretera de Logroño: trigo -supongo; quizá fuera cebada: un cereal era- altísimo, verde, campos de espigas apretados. 

Íbamos al embalse de Arlanzón pero nos quedamos -después de una parada técnica con la Guardia Civil: me hicieron soplar; sin consecuencias- en el más cercano y moderno, el de Uzquiza, que estaba muy lleno. Dimos un paseo por un lado y estaba todo muy verde también, espesos los bosques, alta la hierba. Ahí tenéis el agua que abastece a Burgos. Hasta ese promontorio de hormigón nos acercamos:


Era el cumpleaños de Eva y aun así no la dejamos ganar al parchís: al día siguiente empataron.

En el camino, mucha música clásica y oír Retorno a Brideshead leído por Jeremy Irons, toda una experiencia. Me enteraba, siendo optimista, del 70%, pero me dio para reír varias veces y para emocionarme otras, curiosamente en el capítulo inicial, el del desencanto de la vida militar, que siempre me había parecido como de preparación, un poco superfluo. Ahora me impresiona más. Me he dado cuenta de que llevo tiempo sin releer el libro, así que a ello me pondré. Pero probad vosotros con el audio:

jueves, 7 de diciembre de 2023

Descripción de un porrón

 En Etiquetas de Evelyn Waugh me sorprendió encontrar el relato de cómo un autóctono de Barcelona bebe de un porrón:

En uno de los restaurantes, un local muy humilde, poco más que una fonda de cocheros, vi a un soldado muy joven que bebía de un frasco provisto de un pitorro, con el extremo puntiagudo, que le sobresalía del lado. El muchacho lo sostenía con el brazo extendido, inclinándolo de manera que un chorro muy delicado de vino brotaba con cierta fuerza del pitorro, y lo recogía en la boca, sacando afuera con un gesto informal el labio inferior. El vino le salpicaba los dientes y se deslizaba por su gaznate sin que se derramara una sola gota. Entonces, con un diestro giro de la muñeca, interrumpía el flujo, recogía las últimas gotas y pasaba el frasco por encima de la mesa a su compañero, el cual bebía de la misma manera, pero con cierta torpeza, dirigiendo el chorro primero a un ojo y luego mentón abajo, lo cual causaba la hilaridad de todos los parroquianos. Parece muy difícil beber de ese modo, y creo que es más difícil de lo que parece, pero debe de ser muy delicioso cuando uno ha aprendido (187-188).

Lo tengo en inglés, por si alguno lo quiere leer en el original:

At one of the restaurants, a very humble place, little more than a cabman’s eating-house, I saw a young private soldier drink from a flask that had a spout, finely pointed at the end, protruding from its side. He held it at arm’s length, tilting it so that a very delicate stream of wine shot from it with some force. This he caught in his mouth by negligently protruding his lower lip. The wine splashed against his teeth and gurgled down his throat without a drop being spilled. Then, with a deft twist of the wrist, he stopped the flow, catching the last drips, and passed the flask across the table to his companion, who drank in the same manner, but more clumsily, directing the stream first into his eye and then down his chin, to the delight of everyone in the restaurant. It looks very difficult to drink like that, and is, I believe, more difficult than it looks, but it must be very delicious when one has learned (173)

lunes, 4 de diciembre de 2023

Etiquetas de Evelyn Waugh

Me he enterado de que ha salido Historia de una isla de Vololazkin, el autor de Laurus, y ya estoy nervioso y además quiero leer algo más de Jon Fosse, sobre todo Septología, que ha salido en un solo volumen, pero sigo amarrado al banco de las lecturas obligadas, aunque también gustosas: después de revisar en clase a Homero, Hesíodo y la lírica arcaica, tengo ahora, por razones que no vienen al caso, que hacer una lectura sistemática de toda la producción de Evelyn Waugh anterior a 1939.

Comencé con las dos primeras novelas, Decadencia y caída y Cuerpos viles, que no sabría si recomendar, salvo a los muy cafeteros wavianos (=amantes de Waugh). Supongo que siguen resultando graciosas para los que están más en el ajo o los que tienen más dominio filológico o de la biografía del autor. Yo me reí bastante en unas pocas páginas de cada una de ellas, pero lo demás fue como picar piedra: interesante, pero no lo más divertido del mundo. Es difícil que el humor dure años, no digo ya décadas, por no remontarme a Aristófanes, que aunque lo pongan de modelo a mí no me parece gracioso; lo es daquela maneira si has visto todo tipo de explicaciones y contextos filológicos, y ni siquiera así. Es muy difícil encontrar una comedia perdurable.

En cambio disfruté mucho de Etiquetas, su primer libro de viajes, de 1930, en el que cuenta un recorrido a lo largo del Mediterráneo el año anterior, durante tres meses. Se embarcó en Montecarlo, recorrió la costa de Italia, pasó a Egipto, sobre todo a Port Said y luego a El Cairo, después de haber recalado en Haifa y Nazaret en la Palestina de entonces, y lo que más me interesó, pasó por Constantinopla y Grecia, y luego, pasando por Malta, por España, donde se detiene en Barcelona, Málaga, Sevilla (a la que hace enormes elogios) y Gibraltar (habla muy mal de la roca, sin cortarse). Me acordé mucho del viaje por el Mediterráneo de Newman, tan distinto en todo y con parámetros paralelos: recorrido tomando muchas veces como referencias los lugares de asentamiento británico, con mirada muy británica y capacidad (en ambos) de admirar lo extraño o exótico, por encima de prejuicios, con mirada de comprensión y hasta deseos de asimilación.

Antes de seguir, he mirado en este mismo blog, porque recordaba haberlo leído y sí, aquí hablé del libro en 2010. En realidad solamente decía que me había divertido mucho. El hecho es que no recordaba nada de nada de esa primera lectura.

Me parece un modelo de libro de viajes: no comenta nada que resulte trillado y a la vez está describiendo un viaje bastante prototípico de un inglés de la época. Hay todo tipo de comentarios afortunados, graciosos, inteligentes o meramente sensatos, por ejemplo que el mármol de Atenas no es blanco, sino "marrón rosáceo muy claro": así es y así lo vi este verano.  

miércoles, 26 de julio de 2023

Comentarios de arte en Izad más banderas

De Izad más banderas copio un comentario que a mí me parece muy gracioso a los cuadros de una de las protagonistas, Poppet, con afinidades por el comunismo y gustos más o menos surrealistas:
Sus lienzos, acabados o inconclusos, que atestaban el estudio, proporcionaban amplia evidencia de su estupidez. Ochenta años atrás sus temas habrían sido caballeros con armadura, damas con griñones y en apuros; cincuenta años atrás, «nocturnos»; veinte, pierrots y sauces llorones; ahora, en 1939, eran cabezas sin cuerpos, caballos verdes y hierba violeta, algas, conchas y hongos, ejecutados limpiamente, dispuestos convencionalmente al estilo de Dalí. Su trabajo en curso sobre el caballete era una cabeza enorme, detallista pero con el color del ranúnculo, de la Afrodita de Melos, suspendida sobre un fondo de piruletas y bastones de caramelo (48).
En este otro pasaje, el esteta Ambrose Silk se remonta al arte del siglo XIV, en una especie de ensoñación muy interesante:
Aquí no había bases para una torre de marfil, pensó Ambrose, ni una nube para coronar su cima, y sus pensamientos ascendieron como una alondra por un cielo de témpera del siglo XIV hacia un firmamento con nubes azules y blancas, planas y vacías, sombreadas con pan de oro en los bordes orientados al sol; una amplia altitud pintada con espuma de afeitar sobre una tabla de lapislázuli; él se alzaba sobre un pináculo alto y azucarado, sobre una nueva Torre de Babel; como un almuecín difundiendo su mensaje ante un mundo de cúpulas y nubes; debajo, entre sí y las absurdas figuritas que inclinaban sus cuerpos y cabezas sobre la esterilla de oración a rayas, mediaban brazas de aire puro donde las palomas retozaban con las mariposas (141).

lunes, 24 de julio de 2023

Izad más banderas

Me he releído Izad más banderas (iba a poner un enlace para quien quiera comprarlo, pero está agotado en todas partes), de Evelyn Waugh, que debí de leer hace mucho tiempo, quizá en 2012, cuando salió la traducción de Carlos Villar (que hizo también un extraordinario prólogo y lo puso en línea). El hecho es que de mi primera lectura no quedó huella casi en mi blog, solamente indirecta.

Me ha gustado muchísimo otra vez, me ha parecido tremendamente interesante (soy totalmente waughófilo y la enfermedad no hace sino empeorar), me he reído un montón, me ha impresionado esta descripción de cómo los personajes frívolos de las novelas previas de Waugh tienen aquí que acabar adaptándose a una verdadera guerra, después de unos primeros meses en los que todavía se podía juguetear con la noción de que la cosa todavía no iba en serio.

Aquí, un retrato de Freddy, el cuñado del protagonista Basil Seal:

Freddy era voluminoso y viril, calvo prematuro y con una alegría superficial; en el fondo era un misántropo dotado con ese instinto astuto y agudo para la supervivencia que entre los ricos se considera sabiduría; su indolencia estaba enriquecida con el malhumor suficiente para asegurarse el respeto de sus allegados. Conseguía engañar a la mayoría, pero no a su mujer o a la familia de ella (28).

Está novela se sitúa entre Obra suspendida, de 1939 (aquí la comenté) y Retorno a Brideshead, de 1945: se ve muy bien la evolución hacia una seriedad cada vez mayor, sin dejar nunca de lado un humor muy sutil, muy de understatements (Carlos Villar los llama "esa modalidad de lítotes tan inglesa"). El dominio de los diálogos es asombroso. Además le veo mucho de lo que saldrá en su trilogía final, Espada de honor (un comentario mío aquí). En todas esas novelas hay un trasfondo autobiográfico muy claro, aquí bastante más alejado de la vida concreta de Waugh, pero con muchos puntos de contacto con su trayectoria vital por entonces, sobre todo en el aspecto de su participación en la guerra.

Sobre este libro hay un comentario excelente en Bienvenidos a la fiesta, que resalta entre otras cosas el aspecto picaresco de la novela.

miércoles, 22 de marzo de 2023

Un puñado de polvo de Evelyn Waugh

He vuelto a leer Un puñado de polvo, novela de la que tenía un gran recuerdo (algo comenté aquí).

En esta segunda lectura tenía otro trasfondo de base: sobre todo en la primera parte me acordé continuamente de Fiesta entre las bombas, las memorias de Elias Canetti de su etapa en Londres, donde hace una crítica despiada del carácter de la clase alta inglesa, entre fiestas continuas y una frialdad escalofriante en su interior: es como el nihilismo de fiesta en fiesta. Eso que describió Canetti es lo que ya mostraba unos años antes esta novela de un modo brillante, a través de diálogos muy ajustados, con paisajes dibujados con finura, una narración muy estilizada y muy eficaz. 

Los personajes de esta novela tienen una educación exquisita, un modo de vida que fluye sin sobresaltos en un ideal de alta burguesía, con un ritmo vital que funciona con suavidad si nada raro pasa, en la mansión campestre. Nada es emocionante ni excitante, hay un trasfondo conservador y un modo de vida cómodo. Pero hay una cosita con la que no cuentan: la muerte.

La segunda parte de la novela la leí con el recuerdo cercano de Noventa y dos días, el libro del viaje que hizo a Guayana, que es de donde toma lugares y paisajes y un personaje decisivo. El trasfondo vital más inmediato, porque es una novela muy autobiográfica, lo comenté aquí, pero toda la novela es una trasposición en cierta medida de la situación vital del Waugh de entonces: como huyendo de su matrimonio roto al extranjero, en busca de no se sabe qué.

miércoles, 15 de marzo de 2023

Reflexiones a propósito de la liturgia etíope

Estos párrafos me impresionaron en la lectura de Gente remota de Evelyn Waugh. Son de una visita a un monasterio en Abisinia, en el que todo es oscuridad, con la celebración del canon de la Misa en el interior, sin que ellos puedan verlo:
Los sacerdotes y diáconos iban descalzos y llevaban turbantes y túnicas doradas y blancas, De vez en cuando emergían del santuario y una de las veces caminaron dando vueltas en procesión. El canto era monótono y más o menos continuo, acompañado de tambor y sistros. Para cualquier persona acostumbrada al rito occidental resultaba difícil pensar que se trataba de una ceremonia cristiana, ya que mantenía el secreto y el confuso carácter que yo hasta entonces había asociado con las sectas no cristianas de Oriente. 

Algunas veces se me había ocurrido que era extraño que el cristianismo occidental fuera la única de entre todas las religiones del mundo que expusiera sus misterios a cualquier observador, pero estaba tan acostumbrado a esta transparencia que nunca me había preguntado si era un rasgo esencial y natural del sistema cristiano. Lo cierto es que estamos tan saturados de este espíritu que mucha gente contempla el crecimiento de la Iglesia como un proceso de elaboración, incluso de confusión; ven la Iglesia del siglo primero como un pequeño grupo de gente piadosa que leía junta los Evangelios, rezando y amonestándose unos a otros con una simplicidad para la que las grandes ceremonias y la sutil Teología de años posteriores resultaría desconcertante e irreconocible. De pronto, en Debra Líbanos consideré las grandes basílicas y los altares abiertos como logros grandes y positivos, un triunfo de la luz sobre la oscuridad alcanzado voluntariamente, y la Teología se convirtió a mis ojos en la Ciencia de la simplificación, por la que ideas nebulosas y escurridizas se formalizan y se hacen inteligibles y exactas. Vi la Iglesia del siglo primero como algo oscuro y oculto, tan oscuro y oculto como la semilla que germina en el vientre materno; legionarios fuera de servicio que se deslizan furtivamente fuera de sus barracones, saludando a otros con señales y consignas a puerta cerrada en escondidas callejuelas de algún puerto del mar Mediterráneo, esclavos que se arrastran al anochecer desde el crepúsculo gris hasta las capillas de las catacumbas, llenas de humo e iluminadas por velas. Los sacerdotes ocultan su cargo tras su oficio de comerciantes, sólo los iniciados conocen sus identidades; eran criminales ante la ley de su país. Y el verdadero núcleo de la Verdad se encontraba en el interior de la gente, alimentado por las supersticiones, toscos vestigios del paganismo en que habían crecido; confusos y obscenos absurdos, filtrados a través de otros cultos esotéricos de Oriente Medio, mágico contagio de los bárbaros conquistados. Y empecé a ver cómo habían crecido estos oscuros santuarios, con la claridad de la razón occidental, hasta llegar a ser los grandes altares abiertos de la Europa católica, donde se celebra una Misa inundada de luz, a la vista de todos, mientras los turistas pueden parlotear con sus guías de viaje Baedeker en la mano, indiferentes al Misterio (88-89).

En wikipedia tienen una foto de Debre Libanos en 1934:

martes, 14 de marzo de 2023

Gente remota

Me gusta mucho el título de este libro de viajes de Evelyn Waugh, Gente remota, de los primeros que hizo: es gracioso y a la vez explica de qué va: de irse lo más lejos posible. Este libro está en la base de uno de sus libros de humor más conocidos, Black mischief, que aquí tradujeron (qué tiempos, cuando eso no importaba) como Merienda de negros.

La excusa para ir a Abisinia fue asistir a la coronación del Ras Tafari, del emperador de Abisinia, Haile Selassie, del que él no sabía nada, ni él ni sus amigos. Esto es lo que les había llegado del tema:

se decía que la Iglesia de Abisinia había canonizado a Poncio Pilato y ordenaba a sus Obispos escupiéndoles en la cabeza, que el heredero real al trono se encontraba escondido en las montañas, aprisionado por cadenas de oro puro; que la gente vivía a base de carne cruda e hidromiel (14).

El relato de las celebraciones en Abisinia tiene momentos muy graciosos y otros en los que se trasparenta el aburrimiento que pasó, especialmente cuatro días en medio de la nada, en Harar, esperando un tren. De allí cruzó el mar para estar dos semanas en Yemen, en concreto en Adén. Luego, volvió a África, estuvo en Kenia, Uganda y llegó al lago Tanganica y de ahí hasta Sudáfrica: es agobiante lo difícil que es todo en 1930 en medio de África. A la vez, en los sitios más remotos siempre hay un armenio, un chipriota, un griego. 

El conjunto del libro, por resumirlo en torno a lo que me parece su tema central, es la realidad del dominio y alcance del imperio británico y cómo se ejerce por el mundo. No directamente en Abisinia, que era un imperio independiente entonces, con cierta estructura británica al menos a nivel de cónsules, pero sí en el protectorado que tenían en Adén y por supuesto en Kenia y con un protectorado en Uganda.

De Abisinia lo que más me llamó la atención fue un viaje a un monasterio, un desastre de expedición y un desastre de monasterio. Pero ya mañana pongo aquí un texto sobre eso, extraordinario.

En conjunto me parece un libro muy irregular, tirando a flojo, demasiado centrado en cómo consiguió ir de un sitio a otro. Pero siempre es interesante leer a Waugh. Quizá sea mejor que leáis una reseña muy amplia y detallada que me he encontrado buscando la foto de portada.

miércoles, 8 de febrero de 2023

Noventa y dos días, de Evelyn Waugh

De los libros de viajes de Evelyn Waugh había leído solamente Etiquetas, el primero, que me había gustado mucho

Ahora tenemos la edición crítica de Noventa y dos días en la Biblioteca, así que me lancé. Me costaba leerlo en inglés, que no es nada fácil: iba siguiendo lo que decía, pero con sensación de perderme lo más mollar, así que hice una retirada táctica y me lo terminé en castellano (si lo queréis, hay ejemplares desde 12 euros y hasta uno por casi 6000 en Iberlibro).

Lo he disfrutado mucho: las descripciones, los tipos humanos, las fatigas contadas, toda la logística, el tono en absoluto quejoso, las observaciones agudas que hace, su sensatez, todo.

Uno de los sitios más inhóspitos del mundo, más abandonados y menos atractivos, la Guayana británica: allí se fue. Todo, desde mi punto de vista, en el que domina la comodidad como algo deseable, es una pesadilla. Waugh rebate en el libro todos los tópicos sobre la libertad y los placeres de la aventura asociados al hecho de viajar, por la vía práctica de irse a uno de los peores sitios del mundo y también en unas páginas muy buenas donde desmonta también desde el punto de vista teórico todo ese constructo romántico. De placeres del viaje él solamente encuentra dos: poder bañarse después de un día agotador a caballo y leer a Dickens.

Y eso, Dickens en la selva, es la base de la conclusión de Un puñado de polvo, uno de los mejores finales de novela que he leído en mi vida. Ahí, en el trasfondo, junto con Dickens, está un tal Mr. Christie, personaje alucinante, apocalíptico, que se encontró en un sitio perdido en medio del país.

De paso, sale un alemán y él aprovecha para mencionar que están desperdigados por el mundo: yo me acordé de aquel que cuidaba Sebastian en Retorno a Brideshead. También me acordé de que en esa novela Charles Ryder se había ido por unas zonas perdidas de América a hacer cuadros: quizá se refería a Guayana, aunque también me suena Centroamérica.

En el libro Waugh hace gala de un escepticismo sobre antropología muy saludable. Cita a Malinowski y comenta que vio justamente costumbres contrarias entre unos indios allí. Sus observaciones sobre la dificultad de garantizar que se pueda categorizar el universo mental de los indios de Guayana son muy sensatas. Acaba comentando sobre "el escepticismo generalizado, que es uno de los más valiosos efectos que produce viajar" (159)". 

Lo más impresionante del libro son los datos que da sobre la vida de los misioneros en esas zonas absolutamente inhóspitas (aquí datos sobre ellos). También su mención de las cataratas de Kaieteur, que deben ser de las más altas del mundo.

Para los que no disfrutamos de viajes si no son medianamente cómodos, este es como tomarse un medicamento reafirmativo de la absoluta falta de necesidad de visitar sitios que no estén rodeados de civilización en una parte muy concreta del mundo.

martes, 23 de febrero de 2021

Rossetti sobre Ruskin (según Waugh)

Estuve leyendo la biografía de Dante Gabriel Rossetti de Evelyn Waugh, uno de sus primeros libros, muy lentamente, tanto que ayer decidí dejarlo. La verdad es que el personaje no me interesa nada (y el artista, menos) y el inglés era difícil, o se me hace especialmente difícil. De lo que leí me apunté esto:

A pesar de lo mucho que valoraba la buena consideración de Ruskin, él [Rossetti] sentía el menosprecio que todos los artistas sienten por el crítico, el tipo de menosprecio que hirió tan amargamente a Ruskin en su choque con Whistler años después. Nunca le convenció la atanasiana seguridad de juicio que nunca producía arte creativo.

For all his appreciation of the value of Ruskin's reputation he had the contempt that artists always feel for the critic; the sort of contempt that hurt Ruskin so bitterly in his action with Whistler years later. He was never convinced by the Athanasian certainty of judgement that never resulted in creative art (45.91-96).

Quizá por eso yo, que espero ir aprendiendo a no saber, y recordando además lo de Gaya de los críticos que «entienden de lo que no comprenden», hablo cada vez menos de libros. En el último me quedé solo y ahí sigo.

En la nota de la edición crítica recuerdan el «Athanasius contra mundum», que quizá os suene de Retorno a Brideshead.

lunes, 14 de septiembre de 2020

Septimus Waugh

Septimus Waugh es el séptimo hijo de Evelyn Waugh (Jacob Rees-Mogg, con tantos parecidos con él, llamó a su sexto hijo Sixtus). Es ebanista, lo que siempre quiso ser su padre, que se tuvo que conformar con serlo sólo de palabras. Hace unas semanas escribió un artículo en The Tablet sobre la fe de su padre, solidísima, enraizada en los sacramentos, porque era mucho más consciente de sus pecados que el resto. Los hipócritas se creen que Evelyn Waugh era peor que los demás, incluso un monstruo, basándose en sus propias palabras (y en las de su hijo Auberon, que por hacerse el gracioso era capaz de todo; y en las de su nieto, ciego ante todo lo que huela a católico), pero era mucho mejor que la mayoría, sabíéndose peor.

Septimus cuenta que cuando iba a catequesis de primera comunión se gastaba en chucherías el dinero para el autobús y le decía al conductor que a sus padres se les había olvidado dárselo. La jugada la repitió varias veces hasta que aparecieron unos policías en casa de sus padres. Él reconoció su delito, pero les dijo que no tenían que castigarle porque se había confesado de ello ya: su padre ni le castigó. Eso sí que es catequesis en directo del sacramento de la confesión.

En otra ocasión, se negó a reconocer que había roto algo: su padre le hizo representar ante toda la familia la mentira que se había montado para disculparse. Él lo recordó siempre con tanta vergüenza que esa fue otra lección de su padre.

Todo esto para darle otras vueltas más a la cuestión de la verdad en la educación de las personas.

martes, 23 de junio de 2020

Sobre la seriedad en Waugh

Me di el otro día con un artículo sobre Waugh donde gratuitamente se burlaban de su intento de suicidio (lo gracioso es que lo más probable es que ese episodio no ocurrió en realidad) y lo peor es que dudaban de la seriedad de su conversión, atribuyéndola a esteticismo. 
Es un error como una catedral, al que contestó él casi desde el día siguiente, explicando algo evidente: dejar el anglicanismo por el catolicismo en Inglaterra es perder en términos de estética, al menos por lo que se refiere a la música y a la solemnidad de escenarios y escenografía. Mira que Waugh tenía defectos, que por lo demás ya iba pregonándolos él mismo, pero su conversión es uno de los momentos más admirables de su vida y yo estoy dispuesto a partirme la cara con quien sea para defenderle. Estuve en un tris de contestarle algo al autor del artículo, pero me pareció que no iba a conseguir nada porque no estaba él en condiciones de aceptar lo que le dijese y yo ya no estoy de humor de ponerme a discutir con nadie ahora.
 
Aprovecho para colocar aquí dos citas que tenía y que ahora me vienen muy bien.

En The Tablet le acusaron de blasfemo y obsceno por Merienda de negros. Le escribió a Baby, una joven católica de la que estaba enamorado, desde Trinidad y Tobago, de vuelta de su viaje a Guayana, por Semana Santa:
El Tablet dice que no soy católico, y sin embargo llevé una antorcha dos millas delante del Santísimo Sacramento en Trinidad y era el único blanco" [carta 8 de mayo 1933].
 "The Tablet says I am no catholic, an yet I carried a torch for two miles in front of the B[lessed] Sacrament in Trinidad and I was the only white man" .
Esto está a otro nivel y lo copié por lo de los estudios clásicos. Es de una entrevista [Frankly Speaking; está en el apéndice de la edición de Penguin de The Ordeal of Gilbert Pinfold]:
-¿En qué considera que ha fallado principalmente como ser humano?
-No he aprendido nunca bien francés y no he aprendido ninguna otra lengua. He olvidado casi todo lo que sabía de lenguas clásicas. Con frecuencia no reconozco caras de gente por la calle y no me gusta la música. Son fallos muy graves.
-¿Pero no otros de los que sea consciente?
-Esos son los que más me preocupan.

In what respect do you as a human being feel that you have primarily failed?:
"I've never learnt French well, and I've never learned any other language at all. I've forgotten most of my classics; I can't often remember people's faces in the streets, and I don't like music. Those are very grave failings.
But no others you're conscious of?
"Those are the ones that worry me most" (289).
Waugh es un humorista. Como los grandes humoristas, pone su vida a la vista. No es justo utilizar sus palabras para volverlas contra él, sobre todo cuando habla en serio. Y seria fue su conversión.

lunes, 24 de febrero de 2020

Alexander Waugh en la línea familiar

 

Leí hace meses un libro de Alexander Waugh, Fathers and Sons, y no me acordé de poner aquí nada hasta que hablé de otro suyo, sobre los Wittgenstein. Quizá fue porque me dejó un recuerdo medio amargo. 
A mí la familia Waugh me interesa mucho; todavía más las relaciones paterno-filiales, pero el autor del libro se va por la línea de su padre, Auberon (Bron) en el deseo de epatar, forzando (me parece) algunas cosas y sobre todo siendo injusto con su abuelo Evelyn, que, por otro lado, era bien raro y retorcido y complicado, pero también su nieto se podía haber esforzado un poco por comprenderlo.
En este retrato familiar se centra en los varones de la familia, remontándose hasta el "Bruto", el abuelo de Evelyn. El Bruto era un hombre en efecto brutal, cuya influencia marcó al padre de este, Arthur, que tuvo luego una relación con su hijo mayor Alec a todas luces extraña, como si fueran dos coleguitas o como si el padre viviera en el hijo mayor lo que en él había sido frustración, como si reviviera en él una infancia y adolescencia mejoradas, pendiente de sus resultados de cricket en el colegio, cosas un poco ridículas. La principal víctima es el hijo menor, Evelyn, que no pintaba nada en todo ello: podéis acordaros de las relaciones entre Charles Ryder y su padre. También es interesante que el señor Loveday, el del cuento tremendo, sea un trasunto de Arthur Waugh.
Quizá por eso me fascine lo anglosajón, porque siendo todo muy retorcido, bajo una capa de buenas maneras que es todavía más fascinante, consiguen ir tirando. Parece como si todos ellos arrastren déficits emocionales no resueltos, por debajo del buen rollo externo (eso por encima de todo). Eso es lo que estamos imitando, tirando por la ventana la cultura familiar que tenemos en España, tan admirable en comparación. No me extraña que sean tan habituales en la literatura inglesa (también en las películas escandinavas) esas escenas de estallidos emocionales en los que los hijos acusan a los padres de cosas tremebundas. Aquí nos vamos poniendo a la altura y a mí no deja de llamar la atención ver a los millenials acusando a sus padres de todo lo que les parece mal en su vida.
El autor del libro adora a su padre, Auberon, famoso columnista y que a mí no me cae nada bien. Este Auberon, destinado en Chipre haciendo el servicio militar, fue herido en un accidente y estuvo meses muy mal, a punto de morir. Bueno, pues su padre ni fue a visitarle; sólo fue su madre, que -en el retrato demoledor de este libro- parece que estaba más interesada en sus vacas que en sus hijos. Auberon (lo llamaban Bron) dirá de ella que a las vacas "las amaba con extravagancia, como otras mujeres a sus perros o, así me han dicho, a sus hijos" (es de su libro Will this do?, p. 46). Todo esto puede ser también un ejemplo del retorcidísimo sentido del humor del tal Bron, muy elogiado por esa acidez como escritor y que a mí, ya digo, no me hace gracia. Supongo que tiene en parte razón, no sé. Qué complejo todo.