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martes, 19 de enero de 2016

Casi dos días en Lisboa 20 (MNAA y 7) y Final

Es abusivo, se mire por donde se mire, dedicarle veinte entradas de este blog a Lisboa habiendo estado allí un día y medio. Y prácticamente todo ese tiempo metido en edificios.

No, no he conocido Lisboa. Es la tercera vez que estoy en Portugal y sigo sin conocerlo, de tan breves que han sido las visitas. Si digo que le tengo cariño al país, como a unos primos a los que veo menos de lo que quisiera, espero no sonar falso.

Del Museo Nacional de Arte Antiguo tendría que contar sobre la parte dedicada a los descubrimientos, verdaderamente espectacular, pero me conformo con poner fotos de los asombrosos biombos Namban, donde está representada la llegada de los portugueses a Japón:













Los portugueses están representados así:



Había otros objetos con el mismo estilo. Aquí, los jesuitas (san Francisco Javier llegó con los portugueses, si mal no recuerdo):






Y estos otros:




Olifantes de marfil:


Y una silla de brazos de Mombasa que supongo que es el origen de las sillas de enea (en la versión pobre, claro; esta es de ébano, hueso y cuerdas):


lunes, 18 de enero de 2016

Casi dos días en Lisboa 19 (MNAA 5)

He dudado si poner este cuadro de Piero de la Francesca. Lo esperaba con grandísima emoción; pero emocionarme, me emocionó poco. Quizá tendría que haber estado más tiempo parado delante. Quizá el punto no está en absoluto en cuestiones de emoción:



Había un cuadro de Memling, una absoluta maravilla:





Mirad el paisaje al fondo:



Poco más, de la sección de pintura. Estaban reformando la parte de arte portugués y solo tenían algunas obras concretas, la mayoría no muy memorables, salvo este políptico de san Vicente de Nuno Gonçalves, que no me extrañaría nada que fuese una superchería del siglo XIX, tan bueno es y tan raro resulta que apareciese algo así a finales del XV en Portugal. Es todo excelente, los retratos de los personajes son espectaculares, todo es tan impresionante que cuesta creerlo:



















Mirad este detalle:

miércoles, 13 de enero de 2016

Casi dos días en Lisboa 18 (MNAA 4)

La estrella del Museu Nacional de Arte Antiga es un tríptico de El Bosco, que estará en la exposición de mayo en El Prado. Era muy bueno.



El fuego al fondo, una especie de capilla en el medio


Una forma bien rara de representar las tentaciones de san Antonio:


Pero yo me conformaría con paisajes así, dejando de lado todo el friquismo suyo:






Yo soy un gran fan de sus grisallas. Estas, las puertas del tríptico, eran también muy buenas. El paisaje del fondo a la derecha era impresionante:







martes, 12 de enero de 2016

Casi dos días en Lisboa 17 (MNAA 3)

Yendo hacia atrás en el tiempo, me encontré estos dos bodegones de Antonio Pereda, el primero con unas granadas vivísimas:




En este otro pasamos a la amargura:



No apunté de quién era este cuadro, preocupado por hacer esta foto de un «lirio entre cardos»

Y qué alegría, encontrarme allí un cuadro de Cranach. Es Salomé, tan pancha (o quizá es que es un poco pánfila). Da escalofríos de tan serena:

viernes, 8 de enero de 2016

Casi dos días en Lisboa 16 (MNAA 2)

Ya dije que visité el MNAA al revés, empezando por las salas del arte más reciente; vi primero el paisaje nevado de Courbet (que puse el otro día) y en la siguiente sala me paré ante un cuadro de Luca Giordano, El éxtasis de san Francisco:







Era conmovedor, o a mí me lo pareció. Daba verdadera piedad (o lo que a mí me pareció piedad de verdad). El que carga con el cuerpo me recordaba a un filósofo de La escuela de Atenas, de Rafael, pero eso es lo de menos: la lección de los grandes barrocos de la blancura de la muerte del cuerpo de Cristo (yo me acordé de Ribera en el Thyssen) estaba bien aprendida. Hay una grandísima serenidad en ese conjunto.
El cuadro fue propiedad de Carlos IV, que gracias a esto ha subido un montón en mi estimación y hasta me he olvidado de su cara campechana en los cuadros de Goya (nuestro Campechano de ahora a lo más que llega en arte es a Antonio López, ay). Lo heredó su hija, Carlota Joaquina (vaya pájara).

martes, 5 de enero de 2016

Casi dos días en Lisboa 15 (MNAA 1)

En el Museo Nacional de Arte Antiguo había unas salas cerradas, así que hice el recorrido al revés, empezando por una pequeña exposición en torno a un cuadro, guardado en un castillo alemán, sobre la entrada solemne de Felipe III de España (y II de Portugal) en Lisboa.



Me interesaron muchísimo las explicaciones y el material para situar el cuadro, sobre todo los dibujos que había  de las puertas triunfales -arquitectura efímera- que fueron montando a lo largo del recorrido de la comitiva por la ciudad.
Ahí es cuando caí en la cuenta de que el templete de la catedral de Santiago es eso, un arco de triunfo, pero sin entrada. Luego, otro día que lo estuve mirando despacio, lo comprobé: es un portal que guarda los restos del Apóstol, con el propio apóstol saliendo por arriba a caballo (y cargándose de paso a varios moros). La gracia es que aquí los reyes no pasan por el arco (del triunfo): están arrodillados (qué tiempos aquellos) ante el patrón de España.
A la mayor parte de la gente le disgusta, a mí me gusta, con esos ángeles que lo sostienen a duras penas y las virtudes cardinales en cada esquina. Y hasta Lisboa tuve que irme para ver de dónde salía la idea:





Y ya me ha quedado una entrada suficientemente confusa, pero todavía la puedo complicar más, porque vi otro cuadro de impresionista -bueno, Courbet, con una escena de nieve y me llevé una alegría al ver lo bien que me había venido otra vez leer esa entrada de Adviento:

lunes, 4 de enero de 2016

Casi dos días en Lisboa 14

Al Gulbenkian fui de rebote; yo solo tenía previsto ir al Museo Nacional de Arte Antiguo, porque, por mucho que me pese, tiro a estatista (no a estadista) y miro con sospecha inconsciente lo privado. También por eso me alegré tanto de que me gustase tantísimo.
Me alojaba en la plaza Marqués de Pombal y vi que al MNAA había un autobús. Eso fue lo que vi de Lisboa: el recorrido de ese autobús hasta los Jerónimos. Allí me bajé, vi la portada, me confirmó en mis sospechas previas contra el estilo manuelino, me di la vuelta, me acerqué al monumento de los Descubridores y no pude pasar por la vía del tren. Me volví, compré pasteles de Belem, saludé en mi imaginación a la torre de idem y me subí de vuelta al Museo.

A primera hora fui a una iglesia cercana, san José de los carpinteros, con azulejos en las paredes muy bonitos. Aquí los desposorios:



Aquí con el niño Jesús en la cuna, antes de huir a Egipto:




Y aquí en la huida misma. Si tuviera tiempo comentaría los textos latinos. Aquí lo señalan como Atlante:


Aquí santos josefinos. Entre ellos, santa Teresa de Jesús:


Y aquí la buena muerte de san José:



En la plaza del marqués de Pombal había una estatua brutal del prócer. Se la hicieron justo cuando en España expulsaban a los jesuitas por segunda vez. Me hizo hasta gracia que en la gran lista de sus logros campeara primero justamente eso, la expulsión:









Entre carpinteros y añbañiles lo poco que vi de Lisboa, pues.