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miércoles, 22 de febrero de 2012

Fijarsos

Si nos fijamos unos en otros como en Él, con la atención con que debemos fijamos en las aves del cielo (y en la viga de nuestro ojo), le estaremos dando vueltas atentas al verbo katanoeîn (κατανοεῖν), que es lo que hace B16 en el Mensaje de Cuaresma que gira en torno de esto.

Y muy feliz Miércoles de Ceniza -yo ya llevo ceniza en la frente. Y justo hoy me he recortado la barba.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Liturgia con guitarras en el siglo de Oro

No hay nada nuevo bajo el sol.
Pensaba yo hasta hace poco que lo de las guitarras en Misa era de los sesenta-setenta, pero qué va, que ya lo hacían en Túnez a finales del XVI, como cuenta el padre Gracián de cuando estuvo preso allí.

No tiene desperdicio:
Cirilo: -Pues ¡válgame Dios! ¿Consienten allá que les digan misa?
Anastasio: -Sí, y con tanto gusto, que cuando se trataba de mi rescate, decía el Bajá, mi patrón: no quiero dar por ningún dinero a mi Papaz [=Obispo; el turco pensaba que Gracián era un pez gordo], que me hace buenos mis cristianos. Esto decía él porque les predicaba cada noche después de recogidos y haber cenado, sentado en un barril de galera por púlpito, a la puerta de nuestra iglesia donde se oía en todo el baño, y también a esta hora celebrábamos nuestras vísperas con mucha música de guitarras y semejantes instrumentos cantando todos los cristianos a bulto, sin que se curase mucho de punto; y como cada vez que yo predicaba decía mal de Mahoma y de su secta para sustentar en la fe algunos cristianos flacos que estaban para renegar, un turco guardián (que algunos se quedaban dentro del baño) se fue al Bajá, quejándose que el Papaz decía mal de su santo Nebi Mahoma: al cual el Bajá reprendió mucho diciendo: perro, quién te mete a ti en oír lo que el Papaz predica? ¿Quieres por ventura hacerte cristiano? Déjalos, ¿no están de su puerta dentro? ¿Quieres que digan bien de Mahoma? (Peregrinación de Anastasio p. 95)

sábado, 25 de diciembre de 2010

Hacia el este

No creo que haya mejor día que hoy, también fiesta del Sol Invicto entre los paganos (y sobre poner la Navidad en esa fecha por ese motivo u otro, leed este interesante artículo) para recoger esto de La fiesta de la fe* sobre la orientación ad Orientem (tema del que ya hablé):
Hoy en día, inmersos como estamos en una crisis del antropocentrismo, de un mundo creado todo para el hombre, vamos redescubriendo (y tenemos que seguir haciéndolo) el significado de la creación. De la misma manera, tendríamos que volver a despertar la idea de que la liturgia incluye el cosmos, de que la liturgia cristiana es liturgia cósmica, un canto y una oración común con todo lo que existe "en el cielo, sobre la tierra y bajo la tierra" (Fil, 2, 10), al unísono con el himno de alabanza al sol y a los astros. Por eso en la construcción de las iglesias debería tenerse en cuenta que no debe satisfacer exclusivamente la funcionalidad terrenal de los hombres, sino que dicha construcción forma parte del cosmos y debe dejar entrar al sol, para que sea señal de la alabanza de Dios y del misterio de Cristo. Me parece muy deseable un redescubrimiento de la orientación hacia el este para la recuperación de una religiosidad que acoja en su seno también la dimensión de la creación.


Y claro, me acordé de la iglesia de los dominicos de Oxford, con aquel ventanal diáfano y unas ramas verdes que se entreveían fuera, a un lado, movidas por el viento suave. Suso cuenta aquí qué le pareció.


Joseph Ratzinger, La fiesta de la fe. Ensayo de teología litúrgica, Desclée de Brouwer, 1999, p. 190-191

viernes, 24 de diciembre de 2010

La palabra

Muy feliz Navidad a todos.



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Otro modo más complejo de decirlo, para el que tenga ganas de leerlo, en cuatro pasos:

1. ¡Que viene!
A. Miradlo entrar –dice el Señor de los ejércitos–. ¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca? Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a plata y a oro refinará a los hijos de Leví, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos.

B. Mirad que estoy a la puerta y llamo, dice el Señor; si alguno oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo.
2. Dios es Palabra
Lo que primordialmente hace posible que el hombre pueda hablar con Dios es el hecho de que Dios es en sí mismo palabra: Él es en sí palabra, escucha y respuesta, como queda claro sobre todo en la teología de san Juan, que define al Hijo y al Espíritu Santo como pura escucha, como palabra que viene de la escucha y como respuesta a lo escuchado y previamente dicho. Solo porque en Dios mismo hay "logos" -palabra-, es posible el "logos" hacia Dios. En términos filosóficos se podría explicar así: el logos de Dios es la razón ontológica de la oración. El prólogo del Evangelio según san Juan muestra claramente esta idea en sus primeras líneas: "En el principio era la Palabra y la Palabra estaba vuelta hacia Dios" (1,1): así deberíamos traducir exactamente la palabra griega y no "en Dios" como es habitual. Lo que expresa es el acto de volverse hacia alguien, de entrar en relación. Como en Dios mismo hay relación, es posible la participación en esa relación de Dios consigo mismo y, de esta forma, también una relación con Dios que no sea contraria a su naturaleza.

3. La palabra se "abrevia"
La tradición patrística y medieval, al contemplar esta «Cristología de la Palabra», ha utilizado una expresión sugestiva: el Verbo se ha abreviado: «Los Padres de la Iglesia, en su traducción griega del antiguo Testamento, usaron unas palabras del profeta Isaías que también cita Pablo para mostrar cómo los nuevos caminos de Dios fueron preanunciados ya en el Antiguo Testamento. Allí se leía: “Dios ha cumplido su palabra y la ha abreviado” (Is 10,23; Rm 9,28)... El Hijo mismo es la Palabra, el Logos; la Palabra eterna se ha hecho pequeña, tan pequeña como para estar en un pesebre. Se ha hecho niño para que la Palabra esté a nuestro alcance». Ahora, la Palabra no sólo se puede oír, no sólo tiene una voz, sino que tiene un rostro que podemos ver: Jesús de Nazaret.

4. La Palabra que acaba en silencio
La misión de Jesús se cumple finalmente en el misterio pascual: aquí nos encontramos ante el «Mensaje de la cruz» (1 Co 1,18). El Verbo enmudece, se hace silencio mortal, porque se ha «dicho» hasta quedar sin palabras, al haber hablado todo lo que tenía que comunicar, sin guardarse nada para sí. Los Padres de la Iglesia, contemplando este misterio, ponen de modo sugestivo en labios de la Madre de Dios estas palabras: «La Palabra del Padre, que ha creado todas las criaturas que hablan, se ha quedado sin palabra; están sin vida los ojos apagados de aquel que con su palabra y con un solo gesto suyo mueve todo lo que tiene vida». Aquí se nos ha comunicado el amor «más grande», el que da la vida por sus amigos (cf. Jn 15,13).

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1. A. Mal. 3, 1-4, 23-24 y B. antífona de comunión (de la Misa del 23 de diciembre)
2. Joseph Ratzinger, La fiesta de la fe. Ensayo de teología litúrgica, Desclée de Brouwer, 1999, p. 190-191
3. Exhortación apostólica postsinodal Verbum Domini, n. 12
4. Ibid.

domingo, 21 de junio de 2009

Roma (16)

Quedan quince días para irme a Praga -estaré tres semanas- y todavía estoy contando cosas de Roma: parece que siempre estoy de viaje y el hecho es que estiro mucho el chicle y ya hace que volví dos meses, nada menos. Pero no quería dejar sin contar aquí lo del día de las dos misas.
Fue el domingo: por la mañana estuvimos en san Juan de Letrán, en una misa solemnísima; a nuestro lado quedó el apóstol Santiago, que se movió de hornacina para estar cerca de sus paisanos. Presidía un sacerdote que podría haber muerto -como santo Tomás Beckett- sobre el altar. Había un coro algo lejano pero bueno y era una Basílica Mayor, impresionante. Y también el Baptisterio y la Escala Santa.
Por la tarde en santa María del Trastevere estábamos viendo fascinados en el mosaico a Jesús sentado a la altura de su madre y con el brazo en su hombro cuando se fue la luz. Preguntamos y resultaba que la Comunidad de san Egidio iba a tener una Misa de rito oriental (pero en italiano) en un rato (y no me preguntéis por qué): y allí que nos quedamos.
Comenzó todo a oscuras, con una procesión solemne desde el fondo. Había un coro que cantaba los melismas bizantinos que era como para morirse allí mismo, alternándose con los celebrantes, con una sensibilidad y una piedad admirables. Y las lecturas bien leídas y todas las veces que nos santiguamos y todas las veces que dimos Gloria a Dios, y el incienso y los iconos, y la firma de san Juan Crisóstomo, que se puso el tío en el canon para que rezaran por él. Era como estar otra vez en Eslovaquia pero entendiendo todo lo que se decía y cantaba. Duró otra hora y media: tres horas de misa y tan contentos.
Y al hilo de esto, dos ejemplos de liturgia para todos pero que quizá apelasen más a ese grupo tan menesteroso llamado 'los intelectuales', esa gente que está buscando sentido por todas partes, a veces -los mejores- en la música clásica o en el arte.
Uno es la procesión del Corpus de Oxford, de la que enlazo una foto, con estudiantes de Oxford en traje académico con el palio, por las calles de la ciudad:


Y el otro es de Corpus Christi Watershed, un grupo de artistas católicos en Estados Unidos que entre otras cosas están promoviendo la liturgia:
   
 Quizá en un futuro en España tengamos algo que se acerque, aunque sea de lejos, a la sencillez, solemnidad y belleza, de todas estas iniciativas.

domingo, 12 de abril de 2009

Felices Pascuas

¡Pascha nostrum immolatus est Christus! Muchas felicidades a todos.
[Y madre mía, qué homilía de B16 ayer]


La imagen del Beato de Facundo, del siglo X, tomada de la entrada de la wikipedia.

Y siempre es una alegría derribar un tópico, especialmente si es sobre un punto central*; caí en la cuenta el otro día: la pretendida ausencia de representaciones de Cristo resucitado, en contraste con la profusión de cruces (para algunos, muestra de un cristianismo metido en miedos y sufrimientos, que no es consiciente del todo de la centralidad de la Resurrección) es puramente falsa. Aparte de que sí que las hay (y sin entrar en las del tema Noli me tangere, etc.), el Cristo resucitado es sobre todo el cordero triunfante que aparece en todo el arte cristiano.

Y ayer me llevé la sorpresa de encontrar además esto en la meditación del sábado Santo de Benedicto XVI:
De este modo, el sábado santo puede mostrarnos un aspecto de la piedad cristiana que, al correr de los siglos, quizá haya ido perdiendo fuerza. Cuando oramos mirando al crucifijo, vemos en él la mayoría de las veces una referencia a la pasión histórica del Señor sobre el Gólgota. Pero el origen de la devoción a la cruz es distinto: los cristianos oraban vueltos hacia oriente, indicando su esperanza de que Cristo, sol verdadero, aparecería sobre la historia; es decir, expresando su fe en la vuelta del Señor. La cruz está estrechamente ligada, al principio, con esta orientación de la oración, representa la insignia que será entregada al rey cuando llegue; en el crucifijo alcanza su punto culminante la oración.
Así, pues, para la cristiandad primitiva la cruz era, ante todo, signo de esperanza, no tanto vuelta al pasado cuanto proyección hacia el Señor que viene.
*Y cuando pueda documentar por fin que la frase esa de 'cantar es rezar dos veces' es estupidez que no es ni de coña de san Agustín, me llevaré también un alegrón.

martes, 23 de diciembre de 2008

Feliz Navidad

De la Misa de mañana:
Oriens,
splendor lucis aeternae, et sol justitiae:
veni, et illumina sedentes in tenebris et umbra mortis
Y os deseo una Navidad muy feliz.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Y más de los ritos grecocatólicos

El último día en Bratislava me invitaron a comer (y muy bien) en su casa estos amigos grecocatólicos y después fuimos a la boda; yo les estuve preguntando varias cosas sobre el rito y luego en la iglesia Andrej me fue explicando más en detalle sobre iconografía (nunca mejor dicho), ritual e historia.
En el iconostasio tenía un sentido concreto la posición de los iconos: en la calle de abajo escenas del Antiguo Testamento; en el medio a la derecha Cristo y a la izquierda la Virgen. En las puertas laterales (por las que pueden entrar los laicos, pero no las mujeres, que no pueden acceder al presbiterio, san Esteban y Melquisedec. Y en los extremos, a un lado san Nicolás y al otro ya no me acuerdo.
Encima de esto, las diez fiestas principales del año. Y más arriba, Cristo en majestad con la Virgen suplicante y san Juan Evangelista y otros santos y todavía más arriba otros (por ejemplo san Gabriel, san Pablo y san Metodio). Y coronando, Cristo en la Cruz con el INRI, pero que era ІНЦІ (INTSI= TS es esa especie de u, de Czar= Rey). 
Durante la Consagración, otros sacerdotes levantan sobre el principal celebrante un paño llamado aer (=aire), que agitan suavemente: es el momento de la epíclesis, la invocación al Espíritu Santo (el que se cernía sobre las aguas, la brisa de la que se ocultó Elías).
La patena, que tiene una especie de cruz dorada encima y el cáliz en un momento determinados los cubren y los besan, pero con el paño de por medio, una muestra muy bonita de cariño.
Esa cruz la interpretan también como la estrella que señaló el nacimiento de Cristo. De hecho preparan el pan y el vino para la Eucaristía en una mesa lateral que se llama prothesis (=lugar donde se colocan previamente las ofrendas, en pura etimología) y ahí siempre, me explicó Andrej, hay un icono de la Natividad del Señor.
Otra cosa preciosa era la Bendición del pueblo con el cáliz después de la Consagración, cubierto con un purificador rojo.
El altar (thronon = thronum = trono) cúbico, es una mesa de madera recubierta de telas doradas, en la que sólo puede estar el tabernáculo y el evangeliario.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Un pastoralista de Lovaina

Ayer el cura en las Ánimas empezó la homilía con la frase "Un pastoralista de Lovaina" y, aunque estaba rosmando, me acordé de la anécdota (seguro que apócrifa) del joven curita que empezó una homilía con "Vengo de Lovaina y quiero hablaros del amor", a lo que reaccionó el cardenal Segura, que presidía en la presunta anécdota, levantándose como una flecha e incoando el Credo.
A mí me cae muy bien el cardenal Segura, porque era de Carazo, al lado del pueblo de mi madre y me hace gracia lo de que prohibiera bailar en Sevilla (caso de que no sea otra leyenda apócrifa esa prohibición): ¡querer meter en vereda a los sevillanos y hasta a los sevillíes y sevillitas, dónde se ha visto! Debía de ser un alma de cántaro el cardenal; un poco bruto quizá, pero un bendito.
Pero al pueblo de la iglesia de las Ánimas, al que Jaime, Joan y yo a duras penas le bajábamos la media de 75 años, le debía de dar igual lo que les dijera el cura sobre pastoralistas lovanienses y también cuando se extendió sobre la comunidad de los seguidores de Jesús y que si el Emnanuel y que Dios que está [una tiza que raya en la pizarra de mi mente] con nosotros.
Yo miraba la fila de santos de los altares laterales y me asombraba del candor del predicador, hombre ya mayor, sobre los intereses de su auditorio, que es acabar la Misa e ir con una ristra de céntimos a echar en cada hucha de cada santo. Y hoy me he molestado en traeros una lista de derecha a izquierda de los santos, que tiene gracia:
S. Judas Tadeo, S. Nicolás, La Virgen de Fátima (con los tres pastorcitos y una oveja), S. Pancracio, Santa Lucía, San Blas, El Sagrado Corazón, La Virgen del Carmen, 3 Inmaculadas (me acerco y resulta que es una Inmaculada, la Virgen de los Remedios -que parece una monja vasca- y la Virgen de la Medalla Milagrosa), San Antonio de Padua, la Santísima Trinidad, Santa Rita (hay tres altares inutilizados por una escuela taller que acabará después de que llegue el AVE a Galicia), y en el altar mayor san José, san Antonio de Padua, san Roque y otro que no identifico. También hay un cuadro de san Ramón, del Cristo de los rayos y de la Virgen del Perpetuo Socorro.
Y me habría teletransportado en un segundo a la iglesia grecocatólica de Bratislava, si hubiera podido, o a la de los jesuitas de la plaza principal, con aquella organista que también cantaba como los ángeles, pero quizá me quede mejor aquí, quitándome purgatorio.

jueves, 12 de junio de 2008

Sol Oriens

Ya puse hace tiempo fotos suyas de Semana Santa, pero no me aguanto las ganas de poner otra del Corpus Christi (merecen todas la pena). Es la iglesia de los dominicos de Oxford (y tienen un blog muy interesante).




¡Y el Sol Oriens que inunda la capilla de luz!


domingo, 13 de enero de 2008

¿De espaldas?

El Papa ha celebrado hoy la Misa en la Capilla Sixtina versus ad Orientem (dirigido al Oriente. oriente significa el que nace = el sol, Cristo; aquí una entrada sobre ello hace tiempo). Recuerdo a El País (y a la agencia EFE) que de lo que se trata es de dirigirse hacia Dios, no de dar la espalda a los fieles.
Los de El País, tan clericales, creen que el centro de la misa es el cura, pero no.
En la Capilla Sixtina tiene más sentido si cabe la Misa con el celebrante versus ad Orientem, como explica muy bien Amy Welborn en esta entrada.

domingo, 16 de diciembre de 2007

¡Ya!



¿Ya? Todavía no del todo, aunque sí, ya.
Domingo Gaudete, en el que leo en Spe Salvi que sí, que ya salvados, sí, en esperanza. Y a seguir dándole vueltas a la paradoja.
Ayer asistí al bautizo de la hija de unos amigos: luminosa mañana fría. El sol en Santiago -ahora que podemos verlo- hace un arco como el del arco iris: el sol da de cara porque no puede subir, brilla como los ojos de Ingrid Bergman en Casablanca (la volvimos a ver el viernes).
Yo asistía fascinado al bautismo, como a una película de terror con final feliz: la niña, vestida de un blanco maravilloso -el otro día se hablaba en un salmo del brillo del rostro de Dios- iba adornada como las víctimas del sacrificio en los rituales griegos.
En los bautizos se espera con curiosidad la reacción del niño cuando le echan en la cabeza el agua, como se esperaba en Grecia que las víctimas de los sacrificios movieran la cabeza al espolvoreársela con agua, como esperando de ellas un asentimiento para permitir el tabú del derramamiento de la sangre inocente.
En la capilla de bautismos, sin luz eléctrica, a la luz del sol de diciembre, con niños que correteaban alrededor de la pila, Micaela dejó de ser morita. Asistimos a su muerte real -¡tremenda!- entre sonrisas. No hizo ningún gesto, ni cuando la ungieron -¡la unción!- ni cuando murió ahogada en las aguas.
De allí salió vestida de blanco, ya viva para siempre.
Busco 'bautismo' en este blog y encuentro esto de B16:
Queridos catecúmenos que vais a ser bautizados, ésta es la novedad del Bautismo: nuestra vida pertenece a Cristo, ya no más a nosotros mismos. Pero precisamente por esto ya no estamos solos ni siquiera en la muerte, sino que estamos con Aquél que vive siempre. En el Bautismo, junto con Cristo, ya hemos hecho el viaje cósmico hasta las profundidades de la muerte. Acompañados por Él, más aún, acogidos por Él en su amor, somos liberados del miedo. Él nos abraza y nos lleva, dondequiera que vayamos. Él que es la Vida misma.

viernes, 13 de julio de 2007

Requiem de Campra

The English Baroque Soloists y The Monteverdi Choir, bajo la dirección de Sir John Eliot Gardiner, interpretaron ayer por la tarde el Requiem de André Campra en la iglesia de San Domingos de Bonaval y yo estuve allí.
Y realmente me siento muy importante. Además tenía a mis espaldas los restos mortales de Castelao, que es más que Dios en Galicia.
Y a pesar de todo, qué emoción, que impresionante Requiem. Hasta hace dos días no había oído nunca el nombre de André Campra, que parece que es un importante músico barroco francés: mi ignorancia oceánica descubre mediterráneos en cada charco.
El texto del Requiem se podía seguir muy bien y cómo cantaban los del Coro Monteverdi, qué bien, qué emocionante, que texto tan maravilloso y qué bien realzado por la música, que se puso humildemente a su servicio.
En este Requiem redescubrí cosas del texto que no había visto siguiendo el de Mozart, aunque ne absorbeat eas Tartarus, ne cadant in obscurum me lo recordó muchísimo. Por ejemplo esa frase de In memoria aeterna erit iustus, ab auditioni mala non timebit, donde non timebit está tan bien resaltado.
También en in lucem sanctam quam olim Abrahae promisisti et semini eius, resalta Campra justo lo de semini eius, mucho mejor visto, me parece, que Mozart, que marca más quam olim Abrahae. Porque está muy bien recordarle a Dios en una misa de difuntos que hizo una promesa a Abraham, pero más que la hizo a su descendencia (ejem, nosotros).
En todo el Requiem vi, como si lo leyera por primera vez, lo importante que es la luz en el texto: se pide a Dios el descanso (requies; acusativo: requiem) del que ha muerto y la luz (et lux perpetua luceat eis); dicho en sentido negativo: se pide que las almas sean liberadas de la boca del león, que no las absorba el Tártaro (el infierno griego para los dioses antiguos), que no caigan a la oscuridad (libera eas de ore leonis, ne absorbeat eas Tartarus, ne cadant in obscurum).
Y estar en una Iglesia que ya no se usa para el culto, entre muertos enterrados hace siglos (y los gallegos ilustres, hace años), esc¡uchando un coro inglés (quizá la mayoría no católicos) cantando una Misa católica de Requiem pero sin Misa. Y qué sería todo eso pero con sentido, con la Misa, ¿sería posible imaginarse algo así? Yo recé por los difuntos con esa Misa, pero quizá fui de los menos. Quizá la mayoría simplemente esperaba (y no es poco) una experiencia estética.
Y el final del Requiem en el que se dice a Dios -¡y cómo se lo dicen los músicos y el coro, siguiendo a Campra!-: quia pius es.

lunes, 16 de abril de 2007

Viernes Santo

He descubierto unas fotos que a los lectores habituales del blog no les sorprenderá que me gusten. Son de Godzdogz, un blog de estudiantes dominicos ingleses (el nombre en inglés, blackfriars me recuerda, no sé por qué, a Chesterton):
a. Del Viernes Santo (me recuerda a esto):

b. Del Domingo de Resurrección (me refiero a esto):


sábado, 7 de abril de 2007

Liturgia del pan

Hoy, el día alitúrgico, es bueno pararse en eso que llamamos liturgia.
La homilía de B16 el Jueves Santo por la tarde es de las cosas más impresionantemente buenas que he leído sobre la Misa en los últimos años; para enmarcarla: aquí se queda, entera y verdadera (gracias a Zenit por ponerla).
Un pequeño esfuerzo quizá para leerla y habrá cambiado para siempre vuestra comprensión de la Misa. Puntos principales:
  1. En la Pascua el pueblo de Israel da gracias a Dios con el sacrificio de un cordero, porque ha sido liberado de la esclavitud de Egipto.
  2. Al bendecir a Dios, lo que el hombre ha ofrecido queda bendecido y se le devuelve como don que come. Pero la celebración es frustrante: la liberación del hombre no es plena.
  3. Jesús celebra la última cena probablemente antes de la cena de Pascua (no reconocía el templo de Herodes). Al día siguiente muere mientras en el templo estaban matando los corderos de las cenas de Pascua, luego no cenó cordero el día de la última cena; mejor: se entregó a sí mismo en el pan y el vino, que es su cuerpo. Sin cordero, sin templo: pero Él es el cordero y Él es el templo.
Casi más largo el resumen que la homilía, pero es que todavía tengo que asimilarlo. Aquí la tenéis:
Queridos hermanos y hermanas:

En la lectura del Libro del Éxodo, que acabamos de escuchar, se describe la celebración de la Pascua de Israel tal y como era reglamentada por la ley mosaica. En el origen, pudo haberse celebrado una fiesta de primavera de los nómadas. Para Israel, sin embargo, se había convertido en una fiesta de conmemoración, de acción de gracias y al mismo tiempo de esperanza. En el centro de la cena pascual, reglamentada según determinadas reglas litúrgicas, estaba el cordero, como símbolo de la liberación de la esclavitud en Egipto. Por este motivo, el «haggadah» pascual era parte integrante de la comida a base de cordero: el recuerdo de que había sido el mismo Dios quien había liberado Israel «con la mano alzada». Él, el Dios misterioso y escondido, había sido más fuerte que el faraón con todo el poder que tenía a su disposición. Israel no tenía que olvidar que Dios había tomado personalmente en mano la historia de su pueblo y que esta historia se basaba continuamente en la comunión con Dios. Israel no tenía que olvidarse de Dios.

La conmemoración estaba rodeada de palabras de alabanza y de acción de gracias tomadas de los Salmos. El hecho de dar gracias y de bendecir a Dios alcanzaba su ápice e la «berakha», que en griego se dice «eulogia» o «eucaristía»: bendecir a Dios se convierte en bendición para quienes bendicen. El hombre vuelve a recibir bendecida la ofrenda que había entregado a Dios. Todo esto levantaba un puente del pasado hacia el presente y hacia el futuro: todavía no se había cumplido la liberación de Israel. La nación todavía sufría como pequeño pueblo en medio de las tensiones entre las grandes potencias. El recuerdo agradecido de la acción de Dios en el pasado se convertía al mismo tiempo en súplica y esperanza: ¡culmina aquello que has comenzado! ¡Danos la libertad definitiva!

Esta cena con sus múltiples significados fue celebrada por Jesús con los suyos en la noche antes de su Pasión. Teniendo en cuenta este contexto, podemos comprender la nueva Pascua, que él nos dio en la santa Eucaristía. En las narraciones de los evangelistas, se da una aparente contradicción entre el Evangelio de Juan, por una parte, y lo que por otra nos dicen Mateo, Marcos y Lucas. Según Juan, Jesús murió en la cruz precisamente en el momento en el que, en el templo, se inmolaban los corderos de Pascua. Su muerte y el sacrificio de los corderos coincidieron. Esto significa que Él murió en la vigilia de Pascua y que, por tanto, no pudo celebrar personalmente la cena pascual, al menos esto es lo que parece.

Según los tres evangelistas sinópticos, por el contrario, la Última Cena de Jesús fue una cena pascual, en cuya forma tradicional Él introdujo la novedad del don de su cuerpo y de su sangre. Esta contradicción hasta hace unos años parecía imposible de resolver. La mayoría de los exegetas pensaba que Juan no había querido comunicarnos la verdadera fecha histórica de la muerte de Jesús, sino que había optado por una fecha simbólica para hacer de este modo evidente la verdad más profunda: Jesús es el nuevo y verdadero cordero que derramó su sangre por todos nosotros.

El descubrimiento de los escritos de Qumran nos ha llevado a una posible solución convincente que, si bien todavía no es aceptada por todos, tiene un elevado nivel de probabilidad. Ahora podemos decir que lo que Juan refirió es históricamente preciso. Jesús realmente derramó su sangre en la vigilia de Pascua en la hora de la inmolación de los corderos. Él, sin embargo, celebró la Pascua con sus discípulos probablemente según el calendario de Qumran, es decir, al menos un día antes –la celebró sin cordero, como la comunidad de Qumran, que no reconocía el templo de Herodes y estaba a la espera del nuevo templo--. Por tanto, Jesús celebró la Pascua sin cordero, no, no sin cordero: en lugar del cordero se entregó a sí mismo, su cuerpo y su sangre. De este modo anticipó su muerte coherentemente con su anuncio: «Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente» (Juan 10, 18). En el momento en el que entregaba a sus discípulos su cuerpo y su sangre, cumplía realmente con esta afirmación. Ofreció él mismo su vida. Sólo de este modo la antigua Pascua alcanzaba su verdadero sentido.

San Juan Crisóstomo, en sus catequesis eucarísticas, escribió en una ocasión: ¿Qué estás diciendo, Moisés? ¿Qué la sangre de un cordero purifica a los hombres? ¿Qué les salva de la muerte? ¿Cómo puede purificar la sangre de un animal a los hombres? ¿Cómo puede salvar a los hombres, tener poder contra la muerte? De hecho, sigue diciendo Crisóstomo, el cordero sólo podía ser un símbolo y, por tanto, la expresión de la expectativa y de la esperanza en Alguien que sería capaz de realizar lo que no podía hacer un animal. Jesús celebró la Pascua sin cordero y sin templo, y, sin embargo, no lo hizo sin cordero ni sin templo. Él mismo era el Cordero esperado, el verdadero, como había preanunciado Juan Bautista al inicio del ministerio público de Jesús: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1, 29). Y Él mismo es el verdadero templo, el templo vivo, en el que vive Dios, y en el que podemos encontrarnos con Dios y adorarle. Su sangre, el amor de Quien es al mismo tiempo Hijo de Dios y verdadero hombre, uno de nosotros, esa sangre sí que tiene capacidad para salvar. Su amor, ese amor en el que Él se entrega libremente por nosotros, es lo que nos salva. El gesto nostálgico, en cierto sentido sin eficacia, de la inmolación del inocente e inmaculado cordero encontró respuesta en quien se convirtió para nosotros al mismo tiempo en Cordero y Templo.

De este modo, en el centro de la nueva Pascua de Jesús se encontraba la Cruz. De ella procedía el nuevo don traído por Él. Y de este modo permanece siempre en la santa Eucaristía, en la que podemos celebrar con los apóstoles a través de los tiempos la nueva Pascua. De la Cruz de Cristo procede el don. «Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente». Ahora Él nos la ofrece a nosotros. El «haggadah» pascual, la conmemoración de la acción salvífica de Dios, se convierte en memoria de la cruz y de la resurrección de Cristo, una memoria que no sólo recuerda el pasado, sino que nos atrae hacia la presencia del amor de Cristo. De este modo, la «berakha», la oración de bendición y de acción de gracias de Israel, se convierte en nuestra celebración eucarística, en la que el Señor bendice nuestros dones, el pan y el vino, para entregarse a sí mismo.

Pidamos al Señor que nos ayude a comprender cada vez más profundamente este misterio maravilloso y a amarlo cada vez más y, en él, a amarle cada vez más a Él. Pidámosle que nos atraiga con la santa comunión cada vez más hacia sí mismo. Pidámosle que nos ayude a no retener nuestra vida para nosotros mismos, sino a entregársela a Él y de este modo a actuar junto a Él para que los hombres encuentren la vida, la auténtica vida que sólo puede venir de quien es Él mismo el Camino, la Verdad y la Vida. Amén.


martes, 27 de junio de 2006

Ad Orientem versus

AVISO: esto trata de liturgia, quizá sea demasiado pesado para algunos.
Parece que en Italia, con la presencia del cardenal Ruini, se va a celebrar una consagración episcopal con la orientación de la misa y del altar a Oriente (ad Orientem). Aquí lo vi, y aquí dan más datos. Ya antes Amy Wellborn habló del tema y más a fondo Dappled Things (todos en inglés: sintómático).
Tenía ganas de hablar de eso desde que leí El espíritu de la liturgia, el libro del entonces cardenal Ratzinger, que es una auténtica joya, aunque difícil en algunas partes.
En el capítulo III, "El altar y la orientación de la oración en la liturgia" (p. 96-106), explica que durante dos mil años la Iglesia oró dirigida a Oriente (='el Naciente'= Cristo), empezando por el sacerdote, que no se dirigía a los fieles sino a Dios: parece lógico ¿no? Desde el Vaticano II se acentuó la colocación del sacerdote hacia el pueblo; eso se explica por causas históricas, fundamentalmente la orientación de la basílica de san Pedro, sobre la tumba del apóstol, pero también se puede entender mal, presentando el hecho de que el sacerdote mire al pueblo como una manera de señalar que estamos en una reunión; y claro, si la Misa fuera sólo eso, una reunión, mejor me reúno con mis coleguitas, claro, si el cura no me cae bien, por mucho que me hable de Cristo. Pero mejor lo dice el actual Papa (negritas mías):
La verdad es que, con ello [la idea de 'banquete' o 'convite' como norma para la celebración litúrgica, siendo la Misa mucho más], se introduce una clericalización como nunca había existido. De hecho, el sacerdote -"el presidente", como ahora se le prefiere llamar- se convierte en el verdadero punto de referencia de toda la celebración. De él depende todo. Es a él a quien hay que mirar, participamos en su acción; a él respondemos. Su creatividad es la que sostiene el conjunto de la celebración. por eso es comprensible que ahora se intente recortar el papel que se le ha atribuido, distribuyendo diversas actividades y confiando la preparación de la liturgia a la "creatividad" de unos grupos que, ante todo, quieren y deben "integrarse activamente". [Nota mía: nunca había visto unas comillas usadas con más ironía].
Cada vez se dirige menos la atención a Dios, y cada vez cobra más importancia todo lo que hacen las personas que allí se reúnen y que de ninguna manera quieren someterse a un "esquema predeterminado". El sacerdote mirando hacia el pueblo da a la comunidad el aspecto de un círculo cerrado en sí mismo. Ya no es -por su misma disposición- una comunidad abierta hacia delante y hacia arriba, sino cerrada en sí misma.
La orientación de todos hacia el oriente no era una "celebración contra la pared", no significaba que el sacerdote "diera la espalda al pueblo", en ella no se daba tanta importancia al sacerdote. Al igual que en la sinagoga todos miraban hacia Jerusalén, auqí todos miran "hacia el Señor" (...) Pueblo y sacerdote no se encierran en un círculo, no se miran unos a otros, sino que, como pueblo de Dios en camino, se ponen en marcha hacia el oriente, hacia el Cristo que avanza y sale a nuestro encuentro.
Contraargumentos: Dios está en todas partes, por lo que ¿qué importa hacia dónde se dirija uno?
La Eucaristía es una cena y todos se ponen alrededor de la mesa: recuerda que Louis Bouyer explicaba que en la antigüedad no se comía en círculo, sino todos en un lado.
¿Y vamos a tener que cambiarlo todo otra vez? Propone una solución de compromiso: mirar todos a la Cruz; que haya una cruz en el centro para que no se nos olvide Quién es el centro.
Uno de los fenómenos verdaderamente absurdos de los últimos decenios está, a mi modo de ver, en el hecho de colocar la cruz a un lado para ver al sacerdote. ¿Es que la Cruz molesta durante la eucaristía? ¿Acaso el sacerdote es más importante que el Señor? Este error habría que corregirlo lo antes posible; y es posible sin nuevas reformas. El Señor es el punto de referencia. Él es el sol naciente de la historia. Puede colocarse, por tanto, una cruz dolorosa que recuerda al que sufrió, al que se dejó traspasar el costado por nosotrso, costado del que brotaron sangre y agua -eucaristía y bautismo-, o puede ser una cruz gloriosa que expresa la idea de la segunda venida y dirige la mirada hacia eso mismo. pues siempre es Él. el Señor: "Cristo, ayer, hoy y siempre".

lunes, 5 de junio de 2006

Pétalos desde el Panteón

The roaming Roman es un blog hecho por una estudiante católica norteamericana que pasa un año en Roma: tiene siempre muy buenas fotos y comentarios. Ayer ponía fotos de la celebración de Pentecostés en el Panteón de Roma: al final de la misa lanzan pétalos desde el óculo superior.


Otra foto:



También le ha llamado la atención a Amy Wellborn, que además remite a otro blog con muy buenas fotos.
No sé a quién se le ocurriría la costumbre, pero me gusta. Es como una escenografía barroca, con el simbolismo del color rojo (=fuego, =Espíritu Santo). Otros más 'realistas' arrojarían antorchas por el óculo, pero no parece una idea muy viable.
También en la secuencia de la Misa de ayer se llama al Espíritu Santo 'brisa en un día cálido' y claro, me ha parecido una imagen muy apropiada, especialmente en estos días acalorados.

viernes, 13 de enero de 2006

Portavoz de las hormigas

De una Plegaria de la Misa (la IV):

Cum quibus [=angelibus] et nos, et per nostram vocem,
omnis quae sub caelo est creatura,
nomen tuum in exsultatione confitemur, canentes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus.

Con los cuales [los ángeles] también nosotros, y por medio de nuestra voz,
toda criatura bajo el cielo,
confesamos tu nombre con alegría, cantando:
Santo, santo, santo.


Es decir, que en la Misa, nos unimos a los ángeles para alabar a Dios y somos portavoces de todas las criaturas, por ejemplo de las hormigas.
Y es lógico que todos los seres creados alaben a su creador, y que los que tienen voz asuman el deber de alabar por los que no pueden hacerlo con palabras.

viernes, 28 de octubre de 2005

Latín en la liturgia

Con grandes precauciones, pero ahí está una de las proposiciones del último sínodo de obispos sobre la Eucaristía:
Proposición 36 El uso del latín en las celebraciones litúrgicas
En la celebración de la Eucaristía, durante los encuentros internacionales, hoy cada vez más frecuentes, para expresar mejor la unidad y la universalidad de la Iglesia, se propone:
--sugerir que la concelebración de la Santa Misa sea en latín (excepto lecturas, homilía y oración de los fieles). Así también recítense en latín las oraciones de la tradición de la Iglesia y cántense eventualmente composiciones musicales de canto gregoriano;
--recomendar que los sacerdotes, desde el seminario, se preparen para comprender y celebrar la Santa Misa en latín, así como a usar oraciones latinas y saber dar valor al canto gregoriano;
--no descuidar la posibilidad de que los mismos fieles se eduquen en este sentido.
Bien, todo con mucho cuidado ('sugerir', 'no descuidar la posibilidad'), pero me parece interesante que se recupere la tradición litúrgica latina, con sensatez, no por arqueologismo, ni por tradicionalismo, sino porque es un tesoro y posibilita la unidad, especialmente en los casos de presencia de personas de distintas lenguas.
Espero que en la Catedral de Santiago tomen nota: se evitarán esas largas listas de oraciones repetidas según el número de lenguas presentes, que no dejan de tener su interés para filólogos como yo ("¿cómo se dice paz en tropecientas lenguas?": veamos) o esa situación tan curiosa que puede ocurrir cuando en la Catedral hay una Misa en gallego: que el noventa por ciento de los presentes no entienda lo que se dice, con lo que volvemos a lo que se quiso evitar introduciendo las lenguas vernáculas. El esfuerzo que supone aprender latín, al menos las oraciones más comunes, ayudaría a que la gente entendiera mejor qué es lo que está ocurriendo en la Misa.

jueves, 6 de octubre de 2005

Liturgia

"Sin liturgia, el Cristianismo sería ideología", frase del cardenal Lustiger que se cita en la contraportada de En el corazón de la liturgia. La celebración eucarística, de Félix Arocena (Madrid, Palabra, 1999), libro que recomiendo vivísimamente. El autor tiene además un gran dominio del latín, que le permite hacer unos comentarios extraordinarios sobre las oraciones de la Misa.
Aquí llegan lectores de todo tipo, algunos sin interés por estas cosas y otros que sí: si estáis interesados por el cristianismo os recomiendo este libro. Si no os suenan palabras como epíclesis, anámnesis, anáfora, o ni siquiera memorial o qué quiere decir eucaristía, este es vuestro libro.