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martes, 29 de marzo de 2011

Granja de Moreruela

Al día siguiente fui a Salamanca -unas horas que me dieron para no poder ver casi la piedra de Villamayor; sólo el claustro gallego de la Clerecía- y ya por la tarde me volví a Santiago.
El viaje Santiago / León / Burgos / Salamanca (y vuelta) me hizo caer en la cuenta: qué grande es Castilla y León (94.147 Km2 de extensión; más que Hungría o Portugal).
Y la carretera entre Salamanca y Benavente me gustaria guardarla en la memoria también (de Benavente a Santiago, ya de noche, en cambio, lo que quedaba sólo eran las ganas de llegar): iba entre laderas con viñas y encinas desperdigadas y retazos de verde. Sobre todo entre Zamora -qué alegría me dio ver su perfil de lejos- y Benavente las nubes eran las azules-grises y rosas de Piero della Francesca.
Casi al final, un desvío: Moreruela. Ya no podía desviarme, ay.

lunes, 25 de octubre de 2010

Deacá pallá

El miércoles, de camino a Valladolid, los árboles todavía no estaban suficientemente amarillos: me entretuve viendo las torres enormes de electricidad que están poniendo entre Puebla de Sanabria y Benavente. Y en Radio Clásica, Bernstein.
Me apunté el nombre de dos pueblos: Quiruelas de Vidriales y Quintanilla de Urz.

Y el viernes, una visita a Alcazarén.

lunes, 11 de enero de 2010

Por el arco de ballesta

Además de la exposición, pudimos visitar San Juan de Duero.
Aquí Marga y Eva entre los arcos (hacía un frío que pelaba y llovía):



Y además del claustro famoso, la iglesia románica, muy sencilla, tenía dos baldaquinos -dicen que de influjo oriental aunque me suena haberlos visto parecidos en Roma- en los lados del presbiterio, con unos capiteles excelentes, extraordinarios: prodigiosas luchas con monstruos, la tremenda mantanza de los inocentes; un capitel tenía seguidas la Anunciación, la visita a Santa Isabel y un Nacimiento peculiar, con la Virgen acostada:

Y también tenía mucho que mirarse en el de la muerte de Juan el Bautista, al que están aquí a punto de cortarle la cabeza en un extremo, mientras todos banquetean (y las foto son de aquí):



Al lado, el Duero estaba a punto de desbordarse: me gustó mucho poder verlo y también desde el Parador poder calibrar algo del arco de ballesta. Y San Saturio estaba a lo lejos: no sé cuándo volveré a Soria, pero ya sólo poder mirar aquello fue un regalo.
Y sobre san Juan de Duero estas tres páginas, con buenas explicaciones y fotos: uno, dos y tres.

domingo, 10 de enero de 2010

Camino Soria

Pasamos cerca de Quintanilla de las Viñas, de Covarrubias, de Silos, pero sin parar, que íbamos a Soria.
Y también pasamos al lado de Hacinas, el pueblo de mi madre. A la vuelta estaba iluminada la Iglesia y el Castillo y el Sagrado Corazón, pero tampoco paramos: lo que apetecía era volver, porque hacía frío y estaba todo muy oscuro, como boca de lobo, y eso que eran las siete de la tarde.
A lo lejos, al otro lado, se veía la peña de Carazo, donde pasaron mi tío y mi primo Rodrigo el fin de año, aunque más bien lo que debieron de pasar fue un frío sideral: ya lo han hecho varias veces, esperar el año nuevo allí. Y hay cosas peores, comer uvas delante de una tele, por ejemplo.
En los límites entre Burgos y Soria un pueblo: La Gallega.
Y ya en la provincia de Soria cruzamos San Leonardo de Yagüe y Navaleno. Y había una indicación a la Laguna Negra. Y pasamos por Cidones, que cita Antonio Machado en La tierra de Alvargonzález; de hecho creo recordar que tuvo un proyecto de libro de poesía sobre esas tierras del norte de la provincia de Soria y el suroeste de Burgos, pero que acabó subsumido en versiones ampliadas de Campos de Castilla, creo. Y creo que se iba a titular Tierras altas, pero tampoco estoy seguro.
Y casi me alegro de que Machado no sacase ese libro, porque junto a lo que podrían haber sido grandes poemas quizá hubiese habido otros como algunos de los que aparecen en Campos de Castilla, esos en los que se imagina campesinos de monoceja a los que le corroe la envidia y se matan entre ellos y que desprecian cuanto ignoran a la vez que se dedican a cortar árboles centenarios para el dios ibero.
Y lo que yo sé es que allí vive gente normal, buena y menos buena, pero no esos monstruos que se inventó don Antonio. Quizá por eso me reboté tanto con él en la última lectura de sus poemas [y al que quiera, por no alargarme más, le puedo mandar un artículo que he hecho y que ya le he colocado a algunos amigos].

jueves, 7 de enero de 2010

En Soria

Desde Burgos fuimos un día a Soria, que todavía estaban abiertas Las Edades del Hombre.
Al llegar, Marga nos señaló un bar donde pararon los funcionarios del ayuntamiento hace unos meses: y les imitamos y comimos allí unos torreznos gloriosos. Ya podíamos entrar en la exposición: y bien que nos vino, que hacía un frío sideral en la Concatedral.
La exposición, normal, dentro de lo excepcional de las piezas artísticas en cualquier sitio de Castilla y León: podía haberlas habido mejores en conjunto, pero con la imagen de San Bernardo y la Virgen de Gregorio Fernández, qué más quiere uno. Y es que también había un yacente suyo, el de San Miguel de Valladolid
Y luego era muy interesante un Abraham de curiosa iconografía.
Y eran preciosas unas tablas muy buenas de Memling.
Y tenían un Cristo resucitado de Pedro de Berruguete.
Y una imagen bonita de sor María Jesús de Ágreda.
Y un Llanto por Cristo muerto, de Alejo de Vahía

Y como curiosidades, una representación de la Trinidad triple, que de primeras te hacía pensar si veías borroso. Y unas enormes telas -velos de pasión los llaman en este vídeo- para cubrir retablos: si supiera más, podría enlazar con lo que dice Jiménez Lozano en Los ojos del icono sobre la postergación de la escultura religiosa respecto a la pintura: estos velos cubrían las imágenes de bulto en Semana Santa.
Y por cierto que allí vendían el libro y allí me lo compré, por diez euros. Vosotros podéis comprarlo en la sede de la Fundación en Valladolid (y también en internet, aquí, de todo su Catálogo).


Y comimos en el Parador, para celebrarlo, con Soria al fondo y abajo.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Y todavía más sobre viajes

San Juan de la Cruz, que había nacido en la provincia de Ávila, lo más arriba al Norte que llegó fue a Valladolid. La primera vez que vio el mar, en Málaga, fue con unos 41 años y llevaba ya tiempo por Andalucía; murió con 49 años [datos del gran libro de Colin Thompson que estoy leyendo: Canciones en la noche. Estudio sobre San Juan de la Cruz, Madrid, Trotta, 2002].

domingo, 21 de septiembre de 2008

Newman y Grecia

De la biografía de Newman*, dos cosas sobre Grecia:

p. 9 [con quince años entra en Oxford]: he found the classes in Classics 'childishly easy' (= ridículamente fáciles).

p. 58-9 en su viaje a Grecia queda fascinado por el paisaje y descubre en Corfú lo poco que Homero y Tucídides habían hablado del paisaje.
Al descubrir también lo montañosa que era Grecia escribe: I think travelling a good think for a secluded man, not so much as showing him the world, as in realizing to him the limited sphere of his own powers (=Pienso que viajar es bueno para un hombre aislado, no tanto por mostrarle el mundo, sino para que caiga en la cuenta de lo limitado de sus propias capacidades).
También tenía la conviction of the intellectual weakness which attaches to a mere reading man -his inability to grasp and understand and appropriate things which befall him in life (= convicción de la debilidad intelectual que le afecta a un hombre que sólo se dedica a leer -su incapacidad de intuir y comprender y asumir lo que le pasa en la vida).

*Ian Ker, John Henry Newman. A Biography, Oxford University Press, 1990

domingo, 21 de octubre de 2007

En Logroño

Me gustó Logroño:
Había muchas librerías y de buen nivel. Yo buscaba Castroviejo, por lo que contó Rocío (y fui malo y pregunté por los libros de E. G.-M. y acababan de vender el ejemplar que les quedaba de Casa propia) y resultó que tenían bastantes libros de La Veleta, que me hubiera llevado de buena gana -pero soy pobre- y otros para que te vean con ellos (de Sloterdijk, de Walter Benjamin, por ejemplo), que no me llevé porque ya presumo en el blog.
Iglesias:
-la de Palacio, con una retablo muy bueno, a lo Alonso Berruguete, una torre piramidal gótica;
-la portada gótica de san Bartolomé, con el santo al que bonitamente le están quitando la piel (parece que la iglesia tenía que ver con el gremio de curtidores, que hay que ser castizo para buscarse un patrono así por eso);
-la de Santiago, que parece que tiene que ver con la batalla de Clavijo, origen del Santiago Matamoros -eh, que yo describo, no defiendo, lo digo por los islamistas que me estarán leyendo-, cuyo caballo en la portada es famoso por lo mismo que el caballo de Espartero en el paseo del Espolón;
-La Redonda, iglesia concatedral (la mejor información no en Logroturismo -eh, tienen un problema con la ñ-, sino -otra vez- en la wikipedia), con una Inmaculada de Gregorio Fernández -mierda, me doy cuenta ahora, demasiado tarde- y una Asunción flamenca que me gustó. No tenía ni idea de que allí había un cuadrito de Miguel Ángel (de Miguel Ángel-Miguel-Ángel, Buonarotti):



Nadie habla de esto, no sé por qué. Parecería como que Logroño no tenía nada que visitar, pero qué va.
Logroño: la calle del Laurel y la chistorra (también).

Mañana: ciudades provincianas, Calle Mayor, Andrés González Blanco.

viernes, 14 de septiembre de 2007

Rima consonante

Leída tarde, mal y pronto en Valladolid La Generación del 99. Antología crítica de la joven poesía española, de José Luis García Martín, mereció la pena, de todos modos
Por ejemplo descubrir al gran José Mateos; de Carta a una amiga (poema de Días en claro):

No salgo fuera, ni quiero hacer viajes,
no porque aquí esté bien, sino porque, cansado,
aquí me encuentro igual de mal que en otro lado.
En fin, que vivo aparte y oculto, de manera
que parece que vivo como si no existiera.
Es admirable hacer ripios y conseguir que sean tan hermosos. Por ejemplo los que vengo repitiendo estos días, oídos hace poco, de un gran poema de A. T. (Ripios para un amigo y tres viejos maestros):
Que nadie te sorprenda preocupado
por saber si esta lluvia es muy distinta,
de la que vio Unamuno una vez en Bilbao,
negra como la tinta,
o aquella que hace un siglo a Pimentel en Lugo,
tanto al hombre le plugo
¡Mi brazo por esa rima Lugo/plugo! Tampoco es manco E. G.-M. (Poema de otro día, de Casa propia, p. 59-60; tardé meses en descubrir que era un homenaje a Antonio Machado). Empieza: Heme aquí ya, profesor / de Orientación, y es extraño/ que haya pasado en un año...-; pero los versos que quería citar son estos:
...Cernuda.
.
Dejo atrás el instituto
y mi duda.
Cuando suelto la cartera
en el coche, cojo el fruto
de la oposición amarga
y de la mañana entera:
ante mí la tarde, larga.
Ya me gustaría hacer hermosos ripios (pero juego en los Paraolímpicos). Hoy hablaría de los niños tan pequeños que estaban al lado del autobús y de dos policías municipales, supongo que asustados y esperando a alguien que les llevase a su clase (¡rima!) a la luz de primera hora en la que los olmos de santa Clara han empezado a amarillear, desmintiendo la maravillosa mañana veraniega.

domingo, 20 de noviembre de 2005

Es una gran suerte, pero

Es una gran suerte vivir en Santiago, pero después de leer este artículo de Oscar Esquivias en el suplemento de viajes de El País, me gustaría volver por algunos pueblos de Burgos: Pampliega, Santa María del Campo, Mahamud y Villahoz, entre los ríos Arlanza y Arlanzón. Esquivias dice esto [y lo dice muy bien; negritas mías]:
El Arlanzón y el Arlanza son dos ríos humildes, no muy caudalosos, cuyo nombre resuena en los versos del romancero. Pero ambos ríos no sólo pertenecen a la Castilla legendaria, sino también a la menos literaria de los labradores, ganaderos y mercaderes. En su curso bajo (el que visitaremos hoy) cambian el acento épico por el campesino y riegan enormes tierras campas, fértiles, casi llanas o suavemente onduladas, cuyo aspecto varía radicalmente con las estaciones y el ciclo del cereal: cuando germina, toda la campiña es verde y amable; alzada la cosecha, la monotonía de las rastrojeras sólo se alivia con algún árbol junto a los arroyos o los caminos. Uno se acuerda entonces de las palabras de Gómez de la Serna cuando afirmaba que si no fuera por los chopos, Castilla se moriría de pena.
Todos esos pueblos los he visitado hace años, yendo desde Burgos o desde Valladolid.
Una vez fuimos de pequeños a Pampliega, un pueblo muy bonito con un olor a patatas podridas que venía del río (ahora creo que hay una depuradora de agua). Visitamos a una señora que llevaba muchos años (¿20? ¿25?) en la cama, enferma. Se notaban sus piernas pequeñas bajo la colcha blanca, una colcha impoluta. Esa señora estaba muy conforme con su situación; era una especie de santa y nos impresionó mucho a nosotros, que debíamos de ser muy pequeños, porque no se quejaba.

domingo, 15 de mayo de 2005

Viaje a Alcañiz (y III)

El Congreso
Llegué a Alcañiz con tiempo suficiente como para encontrarme cerrada la secretaría del Congreso y sin saber cómo hacer fotocopias para repartir a quien se dignara escuchar mi comunicación. Al filo de las cinco estaba junto a una fotocopiadora que iba a paso de burra. Al fin pude entregar los materiales a las ocho personas que asistían a mi exposición, en el Salón Parroquial (oficialmente Sala Bernardino Gómez de Miedes), deprimente como todos los salones parroquiales que conozco, con sillas de tijera claramente pensadas para que nadie se quede allí más tiempo del estrictamente necesario. En las paredes, carteles de Manos unidas sobre las diferencias Norte-Sur y fotos pegadas a la pared de reuniones parroquiales: todo tremendamente deprimente.
Tenía doce minutos, que al final fueron más de veinte. No me dio tiempo a explicarlo todo y me aturullé en los últimos minutos. Confiaba demasiado en mis dotes de persuasión y volví a comprobar que estas cosas también hay que ensayarlas: una buena lección. El mensaje básico llegó al público (creo), aunque tengo más confianza en la lectura del texto escrito, que todavía tengo que reelaborar a fondo. Si alguien quiere la versión 1.0 de "Aves que nadan y peces que vuelan en fray Luis de León", que me escriba. Allí encontrará explicación (creo que buena) de este pasaje.
El resto del Congreso lo pasé oyendo algunas comunicaciones, hablando con gente conocida de proyectos en común, conociendo a otros. Hablé con gente ilusionada en su trabajo de investigación: no es poco en estos tiempos que corren.

sábado, 14 de mayo de 2005

Viaje a Alcañiz (II)

El domingo en Burgos fuimos a Misa a Santa Dorotea; las monjitas cantaban con ilusión que suplía su falta de cualidades. Una de las canciones era en tagalo, hindú o similar: monjitas venidas de allí, un signo de universalidad, aunque nadie entendía ni patata (por el mismo precio hay unas hermosas canciones en latín). De Burgos en este viaje quedan para el recuerdo unas tumbas góticas en ese convento y un retablo de san Lesmes (santo francés patrón de Burgos; ahora no se si harían algo así).
Al día siguiente, en marcha para Alcañiz. En Pancorbo, a lo lejos, el cementerio donde están enterrados los abuelos; en dirección a La Rioja, nombres de pueblos (Altable, Valluércanes) por los que iba mi abuelo vendiendo en aquellos duros años cuarenta, aunque él era de Silanes (que no sé dónde está). Muy bonito el paisaje de los viñedos. Pero Aragón es como León, ni fu ni fa: no me dice nada (remito a Innisfree para una visión compasiva del paisaje aragonés).
En el camino desde Zaragoza, nombres de pueblos (Azaila, Albolote) que me suenan por el arte ibérico.
Alcañiz no da muy buena impresión al llegar (como todos los pueblos de la zona: casas desparejadas, pobres, colores sucios). Podría haber sido bonito, pero le pasa un poco como a Galicia: pobreza, dejadez y mucho destruido por la falta de sensibilidad).


La calle lateral de la plaza de España se llama así:

viernes, 13 de mayo de 2005

Viaje a Alcañiz (I)

Salgo de Galicia con prisa, a la espera del campo castellano en primavera. Hay una sucesión de verdes: muy verde todo en Galicia -un verde intenso, lavado, en los montes de Lugo, con matas en las laderas coloreando de rosa-, un verde más sucio en León, y el verde claro intenso que se disfruta a partir de Sahagún, cuando entras en la Tierra de Campos, la mía, esos campos abiertos que a muchos les parecen feos, pero que incluso los ciegos aman ahora, en primavera, con el trigo verde, aunque todavía no hay amapolas. El culmen es llegar al valle del río Cueza.
Me gusta el paisaje de mi tierra más que nada en el mundo.
Banda sonora cortesía de Radio 3: en Disco Grande grandes canciones en francés de un grupo español, Les très bien ensemble (canciones e información aquí), que han publicado su primer disco, después de muchos años de canciones sueltas. Ahora me acuerdo de otra canción que oí, de Fernando Márquez el zurdo (el de Para ti) y Carlos Berlanga (de los Pegamoides, que murió hace poco, otra víctima de la movida), cantada por un grupo de chicle-pop, que tanto me divierte: canciones voluntariamente intrascendentes, que curan de tanta música grandilocuente. Luego Duendeando (el programa de flamencos y pelícanos), pero perdía la emisora y me quedé a medias. Luego Toma 1, el programa de country.
Llegada a Burgos: mis sobrinas (y mi sobrino Diego dormido).
Y mientras escribo esto, la canción de Los elefantes, Que yo no lo sabía: bonita, pero no es la versión que cantan con Antonio Vega -y que no tengo, ay-: el cantante hace gorgoritos un poco aflamencados o barrocos en los pasajes que recuerdo que Antonio Vega cantaba con esa sobriedad y esa emoción que sólo tienen algunos: Billie Holiday, Edith Piaf.
Escribo otra vez aquí, entre tormentas, viendo que las camelias están dando las últimas boqueadas.

viernes, 27 de agosto de 2004

País Vasco (francés)

Ayer no escribió uno nada porque me había ido de excursión al País Vasco francés. Paramos primero en Ondarribia (Fuenterrabía), en el puerto; había una vista excepcional de la costa francesa y comiendo calamares mejor todavía. De allí nos metimos en Francia: Hendaya y al poco, una indicación del Chateau Abbadia; entramos y nos encontramos con un palacete hecho nada más y nada menos que por Viollet-le-Duc (en 1870) en un sitio perfecto:

Es un edificio un poco Exin-castillos pero gracioso, con capiteles de elefantes, serpientes de piedra por la pared o gatos. En esta foto se ve una serpiente:

El interior debía de ser espectacular, pero nos fuimos a comer al lado, sobre unos acantilados y con un día de los que se ven pocos: luz, sol, nubes.
De allí a Ziguru (Zigoure), donde nació Ravel, y al lado Saint-Jean de Luz, un pueblo turístico y muy cuidado. Daban ganas de alquilar una casa y quedarse allí a holgazanear, pero todo en esta vida es breve y está tocado por la limitación. Íbamos a ir a Biarritz, pero el atasco fue disuasorio: nos volvimos a Bilbao.

miércoles, 18 de agosto de 2004

Carnaval vasco

Fuimos a la Plaza Nueva de Bilbao porque había danzas vascas. Lo que vimos fue a un grupo heterogéneo: había uno con frac acompañado de una con un vestido blanco, varios soldados, una cantinera, uno que parecía hacer de caballero, dos chicas vestidas igual (con faldas) junto a un chico vestido igual que ellas (y con faldas), uno que llevaba una bandera, y fuera de orden unos gamberros que se dedicaban a tirar petardos. Bailaban muy delicadamente al ritmo de un tamboril y una flauta (o similar), con pasos de aurresku. Cada cierto tiempo dos chicos con un sombrero que tenía una ardilla disecada cantaban un texto en vasco. Era bonito aquello, pero yo no acababa de entenderlo y acabé flipando cuando salieron dos (capadores de caballos) que se pusieron a hablar ¡en gallego!
Por interés etnológico-antropológico pregunté a unos de qué iba aquello: era un grupo de Zuberoa (provincia vasco-francesa) que representaba los bailes de carnaval. En principio los capadores eran gascones, pero el grupo lo había adaptado a la realidad hispánica haciéndoles hablar en gallego (prototipo de lengua emigrante).
Para no caer en pedanterías no lo voy a relacionar con lo que explicó Aristóteles sobre el origen de la tragedia y la comedia a partir de las cuadrillas de juerguistas y las representaciones de animales.

domingo, 15 de agosto de 2004

Viajes y paréntesis y guiones

Por la mañana hemos ido al santuario de Andra Mari de Getxo (de la Virgen María de Guecho), en la zona bien de Bilbao (Getxo -Guecho- es el municipio donde viven los ricos, con barrios como Las Arenas, Neguri -viscontiniano lo llamaba Juaristi-, Algorta y el golf de Punta Galea, y al otro lado de la ría están los pobres -y los maketos (los emigrantes de España en la terminología de los vascos pudientes)-: Portugalete, Baracaldo, Santurce). En una campa (nosotros lo llamaríamos prado) había unos bailarines euskaldunes (vascos, pero de pata negra) que no destacaban por su habilidad, pero sí por su entusiasmo: parecía que iban a llegar de un momento a otro al éxtasis nacionalista al son del txistu (chistu). La música y el baile eran repetitivos hasta la náusea (lo mismo podría decir de los bailes castellanos, gallegos, catalanes -es una lata lo de no usar puntos suspensivos, pero prometí no hacerlo-); sólo merecen la pena bailes como las sevillanas: he dicho.
Al salir nos dimos un garbeo por el batzoki (bar) del Partido Nacionalista Vasco, que estaba al lado, con una foto de Ibarretxe (Ibarreche) todavía con pelo, y fotocopias enmarcadas de documentos nacionalistas; en la terraza gente de mediana y provecta edad; todos muy burgueses, paladeando los bailes que acababan de contemplar con arrobamiento.
Volvíamos y el conductor se despistó en un STOP: dimos con otro coche, sin consecuencias personales pero sí para las carrocerías. Lo hemos dejado en una calle, pero como sigue la huelga de grúas no sabemos si lo llevarán al taller; nos hemos vuelto en Metro, que iba a paso de burra (media hora parando cada cien metros).
Una mañana entretenida; hubiera sido emotiva si yo no fuera tan contrario a todo nacionalismo, y que nadie me venga con lo del nacionalismo español.

viernes, 6 de agosto de 2004

Bilbao

Entramos en el hotel que ha decorado Mariscal: curioso. Sólo se salvan el arte y el diseño contemporáneos cuando son divertidos.
Bilbao es una ciudad burguesa (por lo menos donde estoy yo), con hermosos edificios burgueses.
Muchos inmigrantes. Iglesias casi todas neogóticas o neoalgo, feas, mediocres. Sólo en el casco viejo parece que hay alguna que merece la pena.
Librerías: hasta ahora sólo las típicas megatiendas con El CdV por todas partes, en palés, como los tetrabriks de leche. Una chica iba a comprar El club Dante: estuve a punto de decirle que era un bodrio, pero me pudo el galleguismo y me callé. Si me hubieran dado dinero para comprar lo que quisiera habría tenido problemas.

sábado, 31 de julio de 2004

El mar

Ahora mismo Antón estará en París, Jaime acercándose a la Meseta y yo sigo aquí, a la espera de marchar para Bilbao. A Jaime le llevé a Vigo: al pasar por Pontevedra cheiraba la Papelera, pero en el puente de Rande ya se olía el mar. Yo siempre me acuerdo de El Señor de los anillos y de esa nostalgia del mar que tienen los elfos; para alguien de la Meseta el mar es sobre todo una amenaza, algo que sorprende cuando lo ves pero que no da buenas sensaciones (en eso somos como los hobbits): bonito, pero mejor tenerlo lejos; es mucho mejor el mar de trigo, en el que sólo te hundes un poco.