miércoles, 30 de septiembre de 2026

En una celebración religiosa de la Iglesia de Suecia

Hace 14 años no fui a ninguna celebración religiosa de la Iglesia de Suecia, y no por falta de curiosidad: me parecía como que no debía meterme a husmear en algo que además no me parece ni de lejos lo que es la Misa en la Iglesia Católica; en la Iglesia de Suecia como mucho se hace presente Cristo en la palabra, que algo es, y aun mucho, pero no está ahí Cristo mismo, en la Eucaristía.

Enfrente de donde vivía tenía la iglesia de Engelbrekt, un hito de la ciudad de Estocolmo. A mí me gustaba bastante, en ese estilo como nacional con aires góticos quizá, que imita la rudeza de lo vikingo y con unos frescos muy buenos.

Un domingo pensé ir a la celebración religiosa principal pero llegué tarde: era como después de la homilía (no me importó mucho: era en sueco). El pastor recitaba oraciones junto a un altar (no en el original grande y elevado, sino debajo); también nos pasa aquí eso). Mientras los treinta que estábamos allí, desperdigados por la gigantesca iglesia, permanecíamos sentados. El cáliz tenía puesto un cubrecáliz, extendió una tela a modo de corporal, encima colocó el pan y el cáliz y pronunció las palabras de la Última Cena. Todos seguíamos sentados. Luego nos pusimos en pie. Llegó el momento de comer el pan: los que se acercaron, cogían un trozo y lo mojaban en el cáliz. Acabado todo, hubo lo que parecía una bendición (algunos se santiguaron) y nos quedamos sentados, mientras el imponente órgano tocaba con gran delicadeza. Fue un prodigio de serenidad, contención y sobriedad. No era una Misa, no se hacia presente Cristo con su Cuerpo y con su Sangre, con su Alma y con su Divinidad. Yo sentí pena por ellos, que con buena conciencia quieren amar a Dios en Cristo y no tienen la Misa y no pueden comulgar su Cuerpo y beber su Sangre. Dios encontrará el modo de unirse a ellos, quizá como en Emaús, porque de su parte ponen mucho, pero no están donde mejor podrían estar, sin saberlo seguramente.


martes, 29 de septiembre de 2026

Física de la tristeza, de Gueorgui Gospodínov

Me habían llegado mensajes positivos, aunque confusos, sobre Física de la tristeza, de Gueorgui Gospodínov. Yo estoy a la espera de encontrar otro Laurus, otro Fosse, otra Feria, otro Knausgård y por eso no renuncio a la novela contemporánea, aunque con muchas prevenciones.

Al fin me animé y leí este agosto el libro de Gospodínov y me decepcionó. Yo, si fuera amigo suyo, le pediría: haz unas memorias de infancia y juventud, cuéntanos tu vida del modo más sencillo, que sabes hacerlo muy bien. No recubras tu novelas de una estructura sofisticada y sobre todo no dejes que la influencia de La casa de Asterión de Borges aplaste tu libro, con esa defensa del Minotauro bueno y los laberintos, por no mencionar además las referencias a la física cuántica, al maltrato animal o a las cápsulas del tiempo. Yo sobre todo lo que veo es que cae en la trampa de la ficción de Borges, hacer productos para amantes de lo complejo en literatura, en vez de querer transmitirnos su modo de ver las cosas del modo más sencillo posible: aquí se transparenta mi poética y por qué el libro de Gospodínov me ha dejado frustrado.

Una reseña más positiva la tenéis en Bienvenidos a la fiesta. En una segunda parte de su comentario destaca algunas de las partes que más me gustan del libro.

La portada del libro está bien porque refleja eso que a mí me parece confusión:

lunes, 28 de septiembre de 2026

La iglesia de san Mateo de Estocolmo y sus pinturas

Me perdí un poco a la ida a las torres de Koolhaas, pero lo bueno fue pasar junto a una iglesia luterana,  san Mateo, (S:t Matteus kyrka) que me sorprendió por las pinturas de la cabecera, de estilo sencillo, pero que me gustaron. Para colmo, en un lateral habían puesto un icono de la Virgen. 

No he encontrado ningún sitio donde pongan las imágenes de la pared, así que las colgaré yo aquí, sin esperar nada a cambio (aunque la fama no sabes de dónde te puede llegar):

Me gustaron mucho los frescos de la cabecera, sencillos y a la vez vivos, de Olle Hjortzberg, con un programa iconográfico de escenas de la vida de Cristo pero también de parábolas, que me pareció fascinante. Aquí, las fotos más grandes:







Creo que se ve bien que iconográficamente hay un gran esfuerzo por encontrar modos nuevos y vivos de mostrar los episodios:

Aquí está san Pedro recogiendo la moneda del pez, como le había dicho el Señor, para pagar el impuesto:


La hemorroísa y debajo, Jesús caminando sobre las aguas:

Aquí otra vez la escena de la hemorroísa y al lada la resurrección de la hija de Jairo:

Arriba, Jesús con los recipientes del vino de las bodas de Caná. Debajo, el centurión (su criado enfermo en medio) y a la derecha, Jesús curando a un ciego:

Jesús cargando con la Cruz. Las santas mujeres asomándose al sepulcro:

Jesús en majestad adorado por los ángeles:

El Niño perdido y hallado en el templo:

El Prendimiento del Señor. Tras la pared, Pedro oye cantar al gallo:

Jesús con niños. La mujer que deja su ofrenda en el gazofilacio. Zaqueo subido al árbol:

La huida a Egipto:
Los apóstoles, creo, cogiendo espigas. Jesús con Marta y María

Jesús en el Huerto de los Olivos. El beso de Judas:

Más de cerca:

La parábola del hijo pródigo (con una mujer: ¿la madre?). La oveja perdida:

El árbol que no da fruto y la posibilidad de cortarlo. La parábola de la cizaña:

Jesús el viñador. Debajo un ciego guiando a otro ciego al pozo. La parábola de la casa sobre roca o sobre arena (creo)

La elección de los apóstoles. El Sermón de la montaña. Debajo, el bautismo del Señor y la Última Cena

Arriba, la Transfiguración. Debajo, la ofrenda de Zacarías en el templo y al lado el mensaje del ángel en sueños a san José de no separarse de María: 

Todo el esquema lo tenían puesto en un panel:






Falta de poner el retablo de escultura en medio de todo esto, Cristo con los cuatro evangelistas:

viernes, 25 de septiembre de 2026

Cristina de Suecia

Esta reina, la que se llevó a Descartes a pasar frío a Estocolmo y que luego se trasladó a Roma y se convirtió, aparece por todas partes en Estocolmo, por ejemplo entre los mosaicos de la Sala Dorada del Ayuntamiento. Se ve que fue una conmoción su modo de actuar y que sigue dando qué hablar. 

Le tienen dedicada una sala del Museo Nacional, con este grabado que me llamó la atención, de un banquete que le dio el Papa en Roma, ellos dos sentados ante una mesa impresionante y todos los demás mirando. Parece casi más propaganda anticatólica, aunque bien pudo ser así. Es de Pierre Paul Sevin, de 1669:


Aquí, en un grabado de Pietro Santo Bartoli (1669) sobre la beatificación de san Pedro de Alcántara y de santa María Magdalena de Pazzi, donde estuvo ella presente:

Está fue la reina que hizo una colección de escultura espectacular que ahora está en buena medida en el Museo del Prado. Qué personaje, la reina Cristina. Fea, la pobre, lo era también, según los múltiples retratos suyos que he ido viendo.

jueves, 24 de septiembre de 2026

Norra Tornen de Rem Koolhaas

Un día se me ocurrió ir a ver dos torres de viviendas de Rem Koolhaas, uno de esos arquitectos que no se les caen de la boca a los demás arquitectos: era media hora de paseo, así que sería agradable, en esa temperatura tan dulce de aquellos días, entre los 13-15 de mínima y los 22-25 de máxima.

Quizá lo mejor es que veáis las fotos del propio estudio del arquitecto. Las mías son más fenomenológicas (por no llamarlas malas, sin más). 

Cuando vi las torres más de cerca:


Da la impresión de que tienen que tener muy buenas vistas: este es mi comentario al edificio.


Por este lado se ve todo más armónico:

La torre izquierda elevándose:

Y cuando me alejaba:


Lo más curioso es cómo son las paredes:


¿Que si me gusta? Creo que no. ¿Tendría una casa allí? Sí, sin dudarlo.

miércoles, 23 de septiembre de 2026

El jardín botánico de Estocolmo

Para ir al Jardín Botánico llegué a la parada de metro de la Universidad. Allí adelante estaba el Real Museo de Ciencias Naturales, que prescindí de ver, aunque le hice fotos por fuera, porque era un edificio imponente de eso que aquí llaman romanticismo nórdico, una especie de clasicismo pasando por una idea de lo vikingo, de gran solidez y no mucha ligereza (Italia no ha calado en él), pero nobleza al fin.



Esto era una farola de enfrente:

Una entrada lateral:

Y al lado, esta casa sólida:

Yo iba al Jardín Botánico, acotado por el agua. No me causó mucha impresión. No sé. 




Le hice algunas fotos sobre todo a un espacio japonés: