14 años después recordaba vagamente la Catedral y una exposición de libros de la Biblioteca de la Universidad, pero todo muy nebuloso. Mereció la pena volver. Seguramente se me volverá a olvidar: así estamos.
El recorrido fue parecido. Ahora ya sabía que la catedral en conjunto es neogótica, un hecho palmario que no reconocí de primeras hace catorce años. Me gusta más lo neogótico si es anglosajón. Esto estaba a medio camino con lo francés:
Las pinturas estaban muy bien, aunque ahí abajo a la derecha se ve a Lutero (no bien):
Descubrí que allí estaba también la tumba de Swedenborg (que tanta confusión ha traído con sus teorías delirantes a la modernidad, por ejemplo a Borges, sin ir más lejos), volví a pasmarme de que el rey Gustavo Vasa estuviese en la tumba con sus dos mujeres a la vez y con ese lema tan contrario a lo que yo me imagino de él. Me fijé más en la tumba de Catalina Jagelónica, que se mantuvo católica siendo nuera del propio Gustavo Vasa. Allí sobre todo están los restos de san Erik, en una urna que preparó ella; también había unas reliquias de santa Brígida, porque aunque sea una catedral protestante, es como el cogollito de Suecia: san Erik y santa Brígida son mucho en ese país. Todo esto lo veíamos el día de la fiesta de san Lorenzo (san Lars, patrón de la Catedral): hay una ruta de peregrinación de san Lars a san Olav, en Nidaros (Trondheim, Noruega): por ahí se mueve el cristianismo nórdico, con tantos signos de esperanza como se ven en él.
Gustavo Vasa y sus mujeres, una a cada lado:

Esta sí que es maja, Catalina Jagelónica:





















