viernes, 26 de febrero de 2021

Daniel Škoviera


Me enteré ayer del fallecimiento de Daniel Škoviera. Lo conocí en un curso de griego moderno en Tesalónica, nada más terminar yo la carrera. Él era ya mayor, muy buena persona. De entonces solamente me acuerdo de que en un paseo por la ciudad acabamos en medio de una boda muy aparatosa, con los invitados poniéndole billetes en el vestido a la novia.

Cuando pasé un verano en Bratislava le escribí y estuve varias veces con él. Era ya catedrático de la Universidad, trabajando en cosas de literatura griega y humanismo en Eslovaquia. Era hijo de un sacerdote católico de rito oriental (allí la tradición es que los sacerdotes se puedan casar) y -leo ahora en un obituario- padecieron persecución; primero su padre (él nació en el este de Eslovaquia, entre Polonia y Ucrania, donde hay más católicos de rito oriental) y luego él, que pasó diez años apartado de la docencia, hasta 1989.

Yo entonces pude asistir a las celebraciones litúrgicas en la iglesia de la eparquía católica de Bratislava: lo conté aquí (y también sobre el iconostasio y los ritos). Él era el cantor: era como el portavoz de los fieles en un diálogo siempre cantado, o salmodiado, con el sacerdote. Eran celebraciones de hora y media o dos horas y yo creo que han sido las Misas más impresionantes a las que he asistido, sin entender una palabra además. Ya puse un enlace de una grabación de una celebración con su coro. Aquí tenéis canciones del coro que dirigía.

Con él y su mujer fuimos un día hasta el río Danubio, al castillo de Devin, en el limes, pero en el lado de fuera, aunque con restos cristianos desde el siglo IV. Daniel representa para mí la fe vivida hasta las últimas consecuencias: su padre era un sacerdote confesor de la fe, su hijo es ahora un sacerdote. En esta foto que tomo, como la otra, de la Eparquía Católica de Bratislava, se le ve como era, una persona de gran humildad:

jueves, 25 de febrero de 2021

Saltarse el purgatorio

Sigo con cosas que copié del proceso de beatificación de san Juan de Ávila, de 1624

Uno es de saltarse el Purgatorio, en lo que una mujer se adelantó al santo. Cuenta Juan Martines de Zárate, de Córdoba, de una señora de Granada que le oyó un sermón al santo y cambió a una vida de gran penitencia:

 Y que habiendo caído mala [Paz], había venido el Venerable Padre Maestro Ávila a confesarla y animarla para aquel trance riguroso y estando con ella le pidió que después de su muerte le viese y ella le respondió que con licencia de Dios lo haría y al cabo de ocho días después de difunta la dicha María de Posada, compañera de la beata Paz (que había este nombre ya difunta) encontró al Venerable Padre Maestro Ávila y le dijo si le había cumplido la palabra su compañera la beata Paz que le había dado estando ella presente. Y que apenas se lo había empezado a preguntar cuando vio que se le habían rasado los ojos de lágrimas y que la dicha María de Posadas le había dicho: "no le decía yo esto a vuestra merced por darle pesadumbre", a lo cual había respondido diciendo: "hija mía, este sentimiento no es por lo que me ha preguntado, sino que estoy corrido porque una mujercita me haya ganado por la mano. Sí me vio, hija, y me cumplió su palabra y me dio a entender la Merced que Dios le había hecho el llevársela al Cielo sin entrar en el purgatorio" (234).

Sobre este afán de santidad entre gente corriente es muy significativo el testimonio de un sacerdote, Fernán Pérez de Torres, que conoció a personas que trataron a san Juan de Ávila; aquí se apoya en el testimonio del Padre Molina, un sacerdote diocesano de Córdoba, para contar un caso tremendo, donde el santo le dice a uno que quería ser ermitaño: ¿Acaso Dios es solo de los solitarios?

Iten refería el dicho Padre Molina el don de consejo y discreción de espíritu, en el cual es cosa muy notoria que fue excelente el dicho Maestro (...) un mancebo desta ciudad le fue a consultar si sería ermitaño mostrándole grande inclinación a este modo de vida y señales de que Dios le llamaba para ella, al cual le respondió que no le convenía; él entristeció y le paresció que el consejo no era acertado, y volvió a disputar y porfiar sobre ello con el dicho Maestro, el cual le respondió con brío estas palabras, numquid tantum est deus solitariorum?, después de lo cual perdió el juicio dicho mancebo (188).

miércoles, 24 de febrero de 2021

Victor Davis Hanson sobre la Guerra del Peloponeso

Me llevó tiempo leerlo, pero con la lectura de A War Like No Other: How the Athenians and Spartans Fought the Peloponnesian War, de Victor Davis Hanson he aprendido un montón. Tras varios años de lectura lenta de Tucídides, este estudio de conjunto por parte de una de las mayores autoridades en el tema me ha impresionado mucho. Hanson está especialmente bien preparado para entender aspectos que se nos pueden escapar, porque es una de las mayores autoridades en historia militar y compagina ser granjero en California con la cátedra de clásicas: por eso puede explicar muy bien por ejemplo que las razzias de los espartanos en los campos del Ática en los primeros años de la guerra tuvieron menos efectos duraderos que la guarnición que pusieron después en Decelia, adonde huyeron muchos esclavos y desde donde se impedía el cultivo consistente de los campos. Todo eso nos lo explica porque sabe por experiencia que cortar un olivo lleva tiempo y que cortar frutales, lo mismo, y que quemar un campo de cereal no es tan fácil si no están suficientemente secas las espigas; luego si las razzias eran en mayo, no pudieron resultar tan destructivas como podíamos imaginarnos.

También es impresionante su análisis de lo problemático que era luchar como hoplita, cargado con una armadura tremenda y casi sin poder moverte, frente a las tropas ligeras que se llevaron el gato al agua en la fascinante conquista ateniense de Pilos, que además tuvo un efecto propagandístico tremendo respecto al mito espartano de guerreros invencibles que les habían comprado los demás. A mí, que me enseñaron historia antigua muy mal, llena de resabios marxistas y sin nada de historia militar, el paso de la guerra hoplítica a otras más modernas se me escapó. Y tiene consecuencias decisivas también en la literatura.

El apartado sobre las trirremes y la experiencia de los remeros es conmocionante. Pero lo más tremendo es la espiral de violencia que se adueña del mundo griego esos años. Y las consecuencias del imperio para Atenas, sometida a un proceso de huida para adelante en el que queda atrapada. Y todo esto coinciendo con el mayor nivel artístico y literario de la historia.

Me ha impresionado mucho que diga Hanson al final que el libro de Tucídides es una tragedia, porque demasiadas veces se presenta, y el propio Tucídides también lo hace así, como algo de lo que aprender, y se aprende mucho, pero eso no quiere decir que dé una solución (o lo contrario, que enseñe que no hay solución). Hanson es un realista político y se nota también en su moderación moralejista: quiere contar lo que pasó, quiere hacer vivo lo que ocurrió, pero nos deja con nuestras perplejidades, para que las sigamos gestionando.

martes, 23 de febrero de 2021

Rossetti sobre Ruskin (según Waugh)

Estuve leyendo la biografía de Dante Gabriel Rossetti de Evelyn Waugh, uno de sus primeros libros, muy lentamente, tanto que ayer decidí dejarlo. La verdad es que el personaje no me interesa nada (y el artista, menos) y el inglés era difícil, o se me hace especialmente difícil. De lo que leí me apunté esto:

A pesar de lo mucho que valoraba la buena consideración de Ruskin, él [Rossetti] sentía el menosprecio que todos los artistas sienten por el crítico, el tipo de menosprecio que hirió tan amargamente a Ruskin en su choque con Whistler años después. Nunca le convenció la atanasiana seguridad de juicio que nunca producía arte creativo.

For all his appreciation of the value of Ruskin's reputation he had the contempt that artists always feel for the critic; the sort of contempt that hurt Ruskin so bitterly in his action with Whistler years later. He was never convinced by the Athanasian certainty of judgement that never resulted in creative art (45.91-96).

Quizá por eso yo, que espero ir aprendiendo a no saber, y recordando además lo de Gaya de los críticos que «entienden de lo que no comprenden», hablo cada vez menos de libros. En el último me quedé solo y ahí sigo.

En la nota de la edición crítica recuerdan el «Athanasius contra mundum», que quizá os suene de Retorno a Brideshead.

lunes, 22 de febrero de 2021

San Juan de Ávila como Sísifo

Un testigo del Proceso de Baeza, Francisco de Quadros Alférez, presentó a San Juan de Ávila como una especie de Sísifo, pero al fin liberado:

a mí me ha sucedido en esta ocasión lo que a un niño de pocas fuerzas, que queriendo llevar una piedra pesada y grande una cuesta arriba y ponerla en la cumbre y brezando y trabajando mucho para salir con ello y no pudiendo, viene un hombre de brío y de grandes fuerzas y coge la piedra y la pone de un voleo en la cumbre del monte

significando por esto este venerable varón que él era un niño deseoso y de pocas fuerzas que deseaba ver reformado el estado de los clérigos y que en ello había trabajado y sudado mucho y que salió san Ignacio como varón fuerte y cogió esta impresa y la llenó de debida ejecución reformando este estado de los sacerdotes e instituyendo la religión de la Compañía de Jesús (800).

A mí me maravilla esta manera de contar que tenían en el siglo XVI. Y creo que sí que veo a Sísifo en la imagen. Lo que no sé si está bien es ese "brezando", que podía ser "braceando" o "rezando", no sé, soy muy malo para las conjeturas. Podría ser "brezando", sin que sepa qué significa.

miércoles, 17 de febrero de 2021

Poner la otra mejilla en la práctica

Podría haber puesto unos cuantos testimonios, porque muchos repiten justamente este episodio, que me imagino que debió de causar una gran impresión en esa España del honor. Ved esta humildad extrema en el testimonio de don Gaspar de Barriotafur, de Córdoba, en 1624: 
en la ciudad de Écija, que habiendo predicado el dicho Venerable Padre Maestro Juan de Ávila en la Parroquia de Santa Bárbara de la dicha ciudad, que es junto a la plaza de ella, salió de la dicha iglesia, donde llegó un sacerdote que así mismo había predicado aquel día en la iglesia mayor de la dicha ciudad y le dixo al dicho Venerable Padre Maestro Juan de Ávila en presencia de muchas personas: "¿os parece bien venir a quitarme la gente que tenía para mi sermón?" , y sin aguardar respuesta le dio un bofetón, y el Venerable Padre Maestro Juan de Ávila con grande humildad se hincó de rodillas y le pidió perdón si le había ofendido en algo, de lo cual movido el dicho sacerdote que así le había injuriado se echó a sus pies, y le pidió que le recibiese por su amigo y que así lo fue después, y muy ejemplar, nacido de la comunicación que tuvo con el dicho Padre Maestro Juan de Ávila (224).