miércoles, 4 de noviembre de 2026

Vuelta a Uppsala y 2 - La exposición de la Biblioteca Universitaria

Tenía un gran recuerdo de la visita a la pequeña exposición en Carolina rediviva, la biblioteca de la Universidad de Uppsala: pues esta vez fue todavía mejor.

El Codex Argenteus de la traducción al gótico de Ulfilas, hecho en Rávena, que de un monasterio alemán fue a Praga, de donde lo robaron a Suecia, de donde se lo llevó la reina Cristina y que luego recompraron, tiene una historia rocambolesca, pero no deja de ser uno de los manuscritos más espectaculares e impactantes del mundo: el primer texto en una lengua germánica, la primera traducción de la Biblia en ese ámbito. Todo, impresionante. Si no vais a ir a Uppsala, no os preocupéis, está en línea. 



A mí me hizo mucha ilusión ver el Cancionero de Uppsala, que descubrieron en esa biblioteca en 1906. Son villancicos renacentistas y se han hecho cientos de interpretaciones musicales de ellos, por ejemplo de Riu, riu, chiu, que es el que se ve en la página que tenían abierta:


Estaba la clasificación de plantas de Linneo (enterrado en la Catedral):


Había dibujos e impresos de plantas, libros persas, etíopes, japoneses. Una maravilla en pequeño:





Estaba el manuscrito de una cantata masónica de Mozart:

Si habéis leído mis comentarios de hace 14 años sobre la misma visita, veréis que me repito. En todo caso, amplío el catálogo de fotos. Me llamaron la atención esta vez también los mapas, sobre todo uno que hizo el último obispo católico de Estocolmo en 1538, con indicaciones marítimas, del que quedan dos ejemplares:





Comimos en un parque, fuimos al jardín botánico, cruzamos un cementerio y encontramos la tumba de un químico, Arrhenius, premio Nobel, que le hizo mucha ilusión a uno de los que íbamos en la expedición, nos tomamos un café en el Jardín Botánico y al final nos volvimos, pasando por la iglesia católica de san Lars. Un gran plan. Le hice una foto a lo que parece que fue una tienda de vídeos. Las próximas en caer serán las librerías, que casi no hay en Suecia, me pareció:

martes, 3 de noviembre de 2026

Vuelta a Uppsala 1 - La Catedral

14 años después recordaba vagamente la Catedral y una exposición de libros de la Biblioteca de la Universidad, pero todo muy nebuloso. Mereció la pena volver. Seguramente se me volverá a olvidar: así estamos.

El recorrido fue parecido. Ahora ya sabía que la catedral en conjunto es neogótica, un hecho palmario que no reconocí de primeras hace catorce años. Me gusta más lo neogótico si es anglosajón. Esto estaba a medio camino con lo francés:

Las pinturas estaban muy bien, aunque ahí abajo a la derecha se ve a Lutero (no bien):


Aquí parece que hay santos: bien.

Esta es la cabecera:

Descubrí que allí estaba también la tumba de Swedenborg (que tanta confusión ha traído con sus teorías delirantes a la modernidad, por ejemplo a Borges, sin ir más lejos), volví a pasmarme de que el rey Gustavo Vasa estuviese en la tumba con sus dos mujeres a la vez y con ese lema tan contrario a lo que yo me imagino de él. Me fijé más en la tumba de Catalina Jagelónica, que se mantuvo católica siendo nuera del propio Gustavo Vasa. Allí sobre todo están los restos de san Erik, en una urna que preparó ella; también había unas reliquias de santa Brígida, porque aunque sea una catedral protestante, es como el cogollito de Suecia: san Erik y santa Brígida son mucho en ese país. Todo esto lo veíamos el día de la fiesta de san Lorenzo (san Lars, patrón de la Catedral): hay una ruta de peregrinación de san Lars a san Olav, en Nidaros (Trondheim, Noruega): por ahí se mueve el cristianismo nórdico, con tantos signos de esperanza como se ven en él.

Gustavo Vasa y sus mujeres, una a cada lado:



La inscripción que tanto me fastidia ver en la tumba de Gustavo Vasa, que separó a Suecia de la Iglesia Católica: "Acuérdate de las verdades últimas y no pecarás para la eternidad":

Esta sí que es maja, Catalina Jagelónica:


En una capilla tenían un vídeo de Bill Viola, que no pude ver entero:

lunes, 2 de noviembre de 2026

El Señor es bueno

Estos días han sido de inquietud. Me enteré de que un antiguo alumno mío, Carlos Ortiz, estaba desaparecido en el accidente de tren de Urda. Este sábado se confirmó su muerte.


Lo recuerdo sonriente, de aquellos años en Santiago. Era muy elegante: me acuerdo de una vez que apareció en clase con pantalones de plástico de lluvia -de pesca- sobre los suyos, algo que solamente se entiende en esos días en que parece que se está hundiendo el cielo aquí.

Hacía mucho que no sabía de él, pero me ha consolado ver lo apreciado que era y el bien que había podido hacer estos años trabajando en colegios, últimamente el CEU Sanchinarro, del que era director. He estado leyendo muchos testimonios de su bonhomía y de su profesionalidad y he visto un vídeo que me ha impresionado mucho de él explicando a un grupo de chavales la posibilidad real de la muerte.

El mismo sábado pude ver un vídeo que me emocionó también, una conversación de un herido en el mismo accidente, que se preocupa de su mujer, de sus hijos, de sus familiares. En medio dice un "Dios es bueno" que conmueve en esas circunstancias especialmente.

Yo me siento estos días abrumado, triste, apesadumbrado ante la situación que se vive en España, donde todo parece resquebrajarse. Espero que podamos cambiar el rumbo, corregir tantas cosas que se hacen mal, exigir responsabilidades y volver a hacer las cosas bien.

viernes, 30 de octubre de 2026

Dos podcasts que oí de vuelta de Burgos

Uno era una conversación de dos periodistas que admiro, Hughes (de columnas brillantes y crónicas de partidos del Madrid superlativas) y Victor Lenore (periodista cultural de oceánica sabiduría musical y gustos muy fuera del carrilito). Dicen verdades como puños y señalan algunas cuestiones que claman al cielo:
   
El otro era una conversación en castellano de Fabrice Hadjadj en el Club Dalroy. Me parece un prodigio de finura, aunque no acabe de ver yo la importancia de la carpintería o el teatro en la formación integral:
 

jueves, 29 de octubre de 2026

Los conciertos de la Casa de conciertos de Estocolmo


El Conservatorio es literalmente Casa de Conciertos, Konserthuset, un edificio azul que es famoso porque allí es la entrega de los Premios Nobel. Cumplen ahora cien años y había jornadas de puertas abiertas y conciertos breves de chavales de 16 a 19 años. Entré y había uno empezado, de lieder de Schubert cantados por un contratenor, Matheo Vivien, y con un pianista acompañante, Otis Kenward. Se llamaban Duo Fabulae. Fue un rato muy agradable, que se me hizo corto:


Volví al día siguiente. Esta vez eran dos breves conciertos de grupos de jazz. El primero era el Trane-Miles Kvintett, que conmemoraban el centenario de Miles Davis y John Coltrane. Fue una delicia, esos veinte minutos de improvisaciones de composiciones de jazz:


Y luego, Tre mot två Kvintett, el quinteto tres y dos, de dos conversatorios distintos de Estocolmo, que tocaban jazz sueco, también muy bien. Una delicia:

miércoles, 28 de octubre de 2026

Por Djurgården


Djurgården es una isla en Estocolmo, al lado del centro. Allí hay varios museos y Skansen, un parque de casas y tradiciones suecas, que tampoco visité esta vez. Pero la mayor parte de la isla es bosque y caminos y alguna casa suelta.
 
Cogí el autobús 67 hasta el final de la isla, en Blockhusudden y me puse a volver andando por el borde, mirando el mar y la parte de abajo de Estocolmo:





Es un paseo precioso, quizá media hora hasta Waldemarsudde, un palacio en el que vivía el príncipe Eugen, que era pintor y además buen pintor, para colmo. Allí dejó su hacienda y su colección de arte al estado sueco. No entré, pero me fijé en un reloj de sol donde ponía Sole, sole gaudeo, es decir, Con el sol, con el sol me gozo:


A partir de allí el camino se mete por dentro, porque hay casas (y qué casas y qué coches tenían en las casas) y llegas a la zona de los Museos, por ejemplo el de ABBA, con cola para entrar (tampoco lo visité) hasta que se llega al parque de atracciones y oyes los gritos de terror alborozado de los que se han subido en unas atracciones tremendísimas:

martes, 27 de octubre de 2026

Manzanas

Este fin de semana en Burgos había muchas manzanas en la cocina, todas de distintos regalos de hortelanos amigos. Estaban en una caja, en cestos, también en fila encima del frigorífico. De pequeños teníamos manzanas formando una cenefa por el borde de los armarios.

Hay una bienal de arte por la ciudad (no soy muy partidario). Estaba abierta una capilla que no conocíamos, en la antigua iglesia de san Francisco, con retablos reguleras y en medio una ucraniana artista había puesto un órgano con los tubos rotos, con el transparente símbolo de la guerra de los rusos contra ellos. Vimos también un babel de sillas en equilibrio inestable en la Llana, enfrente del exterior de la capilla del Condestable, que hay que tener audacia para atreverse a equipararse. En mi antiguo instituto, en la antigua capilla, habían puesto unos ordenadores con videojuegos, supongo que vanguardistas. Eva me animó a que subiéramos al castillo, que no estaba lejos, pero no quise, por la cuesta: han puesto una estructura que lo rememoraba a base de un esqueleto metálico.

En el camino a Burgos vi tractores arando. Con ver un poco de campo cada dos meses, me basta.

Derrota sin paliativos al parchís, con resultado abultado a favor de mis hermanas. Dos veces estuvimos a un 1 de ganar, pero no.

Fuimos a la Plaza de Abastos de la zona sur y había un puesto donde vendían pollos a una velocidad pasmosa: pechugas, pollos enteros, alas, patas: asombroso. Luego, haciendo recados por el medio, llegamos a la Plaza de Abastos de la Plaza de España y en un puesto monográfico de morcillas compramos una: nos debimos confundir o se confundió la señora, porque resultó, cuando nos la comimos, que tenía pimentón. Nunca la había probado así: estaba buena.

Mi madre me hizo alubias pintas y otro día lentejas, mis caprichos. Eva hizo postres de manzana. Comimos compota de manzana, Marga ordenó las cajas de manzanas. Todo manzanas. Muy buenas.

Nos reímos mucho a cuenta de una discusión sin salida, sobre cuestiones referidas a morcillas y sus tipos y dónde las vendían. También me hizo mucha gracia una revista de un grupo literario, de gran entusiasmo y nula inspiración. Leí un cuento de una gallega despechada que le mandaba unas botellas de Albariño envenenadas de arsénico al narrador, presunto burgalés (aunque no se explicitaba), que la dejó tirada a pesar de haberle prometido matrimonio. Cómo son las gallegas, hay que ver.

Ya que no vi el castillo, pongo una foto, con la estructura metálica delante que han hecho para recuperar los volúmenes