jueves, 12 de febrero de 2026

La lluvia inexpresable

Tenía que ir al CHUS, había huelga de autobuses, llovía, había alerta amarilla por viento además. No me quedó otra que ir en coche, si no quería llegar calado: estaba Virgen de la Cerca atascada, no por los habituales autobuses escolares que bloquean esa única calle que rodea la almendra del casco antiguo (y que -qué cachondos son en el Ayuntamiento- la quieren cerrar también al tráfico: tendremos que ir volando con autogiros), sino por los coches de gente que no podía recurrir a los autobuses.

Ni podía aparcar cerca del hospital. Ya sabía que incluso el de pago estaría lleno: de la imposibilidad de aparcar por allí ya me quejé aquí en 2007, cuando lo del tiroides, y nadie ha hecho nada: Santiago es una ciudad paralizada para lo importante, toda postureo y desmoronándose. 

Para tener donde aparcar, me fui por primera vez en mi vida al del CITIUS, un centro de investigación superferolítica de la Universidad (los proletarios universitarios damos clase sin más y publicamos cosas sin más) y allí metí el coche, sin aclararme mucho de por dónde ir o no entre los sótanos: la mitad de mis giros debieron de ser por direcciones prohibidas.

Llegué al hospital, esperé una hora (lo normal), y al salir volví a sentir el alivio que tan bien recreó Woody Allen en una escena que recuerdo en esos casos, que expresa admirablemente la libertad condicional de cuando sales de una consulta médica con bien. Mi problema además es que ahora estoy leyendo (releyendo, para más inri) Pabellón de cáncer, de Solzhenitsyn. Pues el hecho es que salí alegre y aliviado del Hospital.

Cien metros más adelante, pisé en la calle una baldosa suelta y me caló por los tobillos.

Ya de vuelta, en la Facultad estaba el aparcamiento repleto, también el reservado a los profesores: de milagro encontré un sitio en plena calle. Llovía. Viento. Piensas: -Señor, cuánto más durará esto.

Toca Homero, la maravilla del canto XI de la Odisea. Habla Elpénor y atribuye su muerte al vino ἀθέσφατον (11.61). Buscándolo en Logeion, me encontré con que se usa en la Ilíada (3.4), aplicado a la lluvia: inexpresable (por su cantidad), dice el DGE para traducir ἀθέσφατον ὄμβρον: la lluvia inexpresable (por la mucha que cae). Qué bien lo dice todo Homero.

La Virgen de la Cerca, que nos cuide a los que nos estamos quejando del tráfico por su calle

miércoles, 11 de febrero de 2026

Los pantanos y los conciudadanos

A mí me alegró ayer la mañana recibir el informe semanal de Embalses.net. La semana anterior también: es recordar que llueve con un porqué.

Hace una semana un ocho por ciento, esta un diez por ciento, una cosa increíble, superando todos los máximos. También podría llover ahora en la otra parte de España y darnos un respiro a los que estamos en la línea de choque de las tormentas que llegan aquí desde el Atlántico. Que entre el nublado por Almería y Murcia y suba para arriba, no como hace una y otra vez ahora.

Por lo menos por la tarde no llovía, chispeaba nada más: fui a un seminario sobre la ciudadanía en Platón, que no tiene nada que ver, me pareció, con la de ese lema de la revolución francesa de libertad, igualdad y fraternidad. Discutimos si existía el concepto de conciudadano en Platón, y no. Existe el término sympolítes συμπολίτης, pero es una palabra que sale una vez en una tragedia de Eurípides y luego ya mucho más tarde, en un pasaje muy interesante de san Pablo, en la Carta a los Efesios, cuando dice que "ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios" (ἄρα οὖν οὐκέτι ἐστὲ ξένοι καὶ πάροικοι, ἀλλὰ ἐστὲ συμπολῖται τῶν ἁγίων καὶ οἰκεῖοι τοῦ Θεοῦ).  

martes, 10 de febrero de 2026

La dignidad del mediocre de Gregorio Luri

La dignidad del mediocre. Pequeña filosofía de lo inacabado, es un ensayo filosófico de Gregorio Luri, en el que recurre a un procedimiento que a mí me ha gustado: hacer capítulos breves, de una página o dos, de temas que van sucediéndose y entrelazándose, hasta llegar al final a un capítulo más largo que recoge todos los hilos y los lleva a su culminación, acabando otra vez con unos pocos capítulos breves.

El libro es como me imagino yo una sinfonía contemporánea: muchos temas musicales, algunos que parecen distorsionados o que cuesta seguir (en concreto los de mayor peso ontológico, en los que menciona repetidamente a Heidegger), pero todo armonizándose en torno a un tema central, el de la situación de estar a medio camino, la realidad del estar "entre medias". Eso es lo que significa mediocris en latín, aunque juega con el significado negativo para resaltar eso que se quiere afirmar: que por muy medianejos que seamos, el impulso ha de ser hacia arriba, que estamos en camino, pero podemos ir mucho más allá. No querría dar la impresión de que es un libro de moralejas: lo importante es la reflexión a lo largo de esos capítulos, esa situación de la búsqueda filosófica en cada capítulo que exige el esfuerzo de constatar lo que no se sabe, lo que se entrevé con dificultad, el notar a veces que no tenemos dónde agarrarnos, que las certezas no lo son tanto en este mundo en el que vamos pasando de un punto a otro, en distintos aspectos vitales.

El libro lo he leído muy a gusto, con hallazgos extraordinarios, como este: "El auténtico Sísifo es el escarabajo pelotero" (11) y cosas que he leído como un guiño bromista, como el supuesto diálogo atribuido a Hegesias. Me ha gustado ver el ejemplo de la manzana como un modo, también con su punto bromista gráfico, de explicar la realidad del ser y el devenir. Hay muchas palabras griegas bien traídas y mucha discusión en torno a Platón, y con todo eso he disfrutado también mucho. Es un libro muy leedero y a mí me ha ayudado a ver las cosas con una actitud activa, en el presente, pero impulsado hacia lo alto.

lunes, 9 de febrero de 2026

Una vuelta con paraguas

Al llegar, cincuenta minutos después, extendí el paraguas en la ducha, dejé el abrigo colgando al lado para que chorreara a gusto, me quité las botas y me cambié de pantalones, porque estaban empapados.

Había salido por Basquiños y la Pastoriza. Crucé en rojo el paso hacia la Avenida de Castelao y la bajé entera hasta Vista Alegre. Seguí por Galeras, subiendo luego por el Pombal: el carril de bicis que nadie usa era más ridículo que nunca bajo esa lluvia persistente e inclemente. Al llegar a Porta Faxeira me dirigí ya de vuelta por el Toural a Orfas, Calderería, el Preguntoiro y la Algalia, evitando los traicioneros chorros de las bajantes rotas, especialmente en la casa desalojada de los okupas, y el río de agua que corría por el medio de la calle. Ya solamente quedaba san Roque y santa Clara y el objetivo del día estaba cumplido: casi una hora andando a buen paso. Mi endocrino estaría contento, espero, si me viera. Desde agosto persevero en ello, para mi propio asombro.

Noviembre, diciembre, enero y la primera semana de febrero lloviendo. Venga, ya queda menos.

viernes, 6 de febrero de 2026

Primeras ediciones de Borges 2

También de la exposición de Borges, estos otros libros, empezando por la primera edición de Fervor de Buenos Aires, de 1923, con grabado de su hermana Norah:


Esta portada está muy bien (la sombra de abajo es mi móvil):


También había recortes de periódico. Este poema se llama Epílogo, y se lo dedica a Francisco Luis Bernárdez:

jueves, 5 de febrero de 2026

Primeras ediciones de Borges 1

No soy yo muy de Borges, la verdad, pero han hecho una exposición en mi Facultad de primeras ediciones suyas, de libros y también de revistas en las que publicó algo:

Siempre me gustó ese título:


Esto es una revista urugiaya en la que publicó:


Esta portada de Sur me parece especialmente lograda:

miércoles, 4 de febrero de 2026

Todo menos el Belén

Ahora que ya ha pasado un mes, podemos pararnos en otro aspecto de la política cultural del Ayuntamiento de Santiago de Compostela, en cómo contextualizó este año la Navidad.

En resumen: se trataba de ocultarla todo lo posible: mirad su web, por si tenéis alguna duda. Solamente se libraba la Cabalgata de Reyes (han intentando estropearla aquí y en otros sitios y de varios modos y siempre salió mal, así que no se atreven). Todo lo demás lo hacen girar en torno a la Estrella, la Estrella de Compostela, para evitar cualquier imagen religiosa o que tenga que ver con lo que se celebra, la fiesta de Navidad: el Belén es anatema. Se escudarán en la neutralidad, pero qué se celebra entonces: sería más coherente que no celebrasen nada, si quisieran seguir su delirante pensamiento mágico disfrazado de pura racionalidad.

Luego, eso es gracioso, se quejan algunos de Santiago, en los periódicos, en la red, de que en Navidades todo el mundo se va a Vigo y nadie viene aquí. A mí, como a los del Bloque que gobiernan, tampoco me afecta mucho que venga la gente o no, pero los hosteleros sí que lo notan: que hagan algo ellos, que yo no me voy a molestar por razones de beneficios económicos.

En esta campaña llegaron al extremo de copiar lo de besarse bajo el muérdago, que es como Halloween, algo que solamente habíamos visto en las películas americanas. Todo vale, con tal de que no salga un Belén, la burra y el buey o san José y la Virgen con el Niño, que Dios nos libre:


Ponían hasta un fotomatón para los besos bajo el muérdago. Eso es el Bloque Nacionalista Gallego en su política cultural. Todo estrellas, pero estrellas autorreferenciales multiplicadas en esquemas repetitivos: