lunes, 9 de marzo de 2026

Diario II de José María Souvirón

Por fin he podido leer la continuación de los Diarios de José María Souvirón, después de la enorme impresión que me había dejado el Diario I.

La edición de este Diario II es excelente: el texto es pulcro, no hay erratas, no hay notas que molesten; todo facilita la lectura. Mi más calurosa enhorabuena a Javier La Beira y Daniel Ramos López. ¡Y todavía me quedan tres volúmenes por disfrutar!

Aunque quizá "disfrutar" no sea la palabra exacta. Es una disfrute la lectura por la tersura, elegancia, precisión de la prosa en la que Souvirón va documentando, reflejando, considerando su vida. Más que "disfrutar" lo que vives es la cercanía de otra vida, ofrecida con verdad. Es doloroso muchas veces, y le llena a uno de compasión, leer los muchos momentos de soledad que padece el autor, la descripción de sus serios problemas de salud, la fuerte sensación de separación respecto a su familia en Chile, sobre todo de su hija, que se convierte en madre a su vez en ese periodo concreto: en estos tres cuadernos se abarca el periodo entre 1958 y 1960, cuando tenía entre 54 y 56 años. La separación definitiva de su esposa se hace todavía más definitiva en el viaje a Chile que está en el medio de este libro. Su amor por su hija es central para él, pero su vida está en España, donde tiene un trabajo en el Instituto de Cultura Hispánica y donde puede desarrollar su labor literaria, aunque quejándose del poco eco de su obra, sobre todo de su poesía, en los círculos culturales.

Lo que más me ha impresionado ha sido el análisis detallado, quirúrgico, de su intimidad, en concreto respecto a su deseo de amar y ser amado, de su necesidad de compañía, que él percibe a la vez como imposible por su situación de casado, aunque definitivamente separado de su mujer. Se muestra como un hombre que, si no fuera por lo que le dicta su conciencia, habría tenido muchos amores, o quizá un gran amor, que es lo que anhela, pero al que sabe que no debe aspirar, por la certeza tanto de fe como de prudencia humana: no sería feliz al final y no es lo que debe hacer. A la vez, tontea con mujeres, se da cuenta de que no está bien hacerlo, se confiesa, vuelve a empezar. Es titánico su esfuerzo por comportarse de acuerdo con la doctrina católica, con consecuencias tan gravosas desde una perspectiva de tejas abajo.

Esto es un autorretrato interesante:

Ayer hablaba con Pepe Coronel sobre mi soledad, mi soberbia, mis angustias, y le recordé (inoportuna, impropiamente) aquella frase de Bloy: «Me avergonzaría de tratar a un perro como Dios me trata a mí». (Lo que no deja de ser una animalada ingratísima). Pepe me dijo que en Bloy había algo de perro, de gran miseria perruna, mezclada con una grandeza profética y una Fe descomunal. Pero que yo no tenía nada de perro; más bien de gato, o de caballo de carrera. Hoy estoy hecho un gato intelectual, sin duda (207).

Sus grandes amigos son ya aquí Luis Rosales y Leopoldo Panero. A diferencia del primer volumen, este es mucho más de recuento interior que de crónica social o cultural o política, aunque sigue habiendo un trasfondo tremendamente interesante, o al menos a mí me lo parece (en una ocasión en un almuerzo están también Bergamín y Ramón Gaya). Luego yo recordé que la familia de Leopoldo Panero, que aquí aparece como modélica, fue la que luego protagonizó El desencanto, y caigo en la cuenta de que he quedado atrapado en el punto de vista de Souvirón, que quizá no fue capaz de caer en la cuenta de la trastienda de aquella familia, por ejemplo.

Hay algún puntito de humor, como cuando describe a Julián Marías como un "marista palentino" (151): la pinta la clava.

He encontrado otra reseña, de Javier Gallego, que aporta puntos de vista y datos complementarios a los míos.

Aquí una hoja de los Diarios manuscritos, que tomo de la noticia de la edición de este volumen por parte de la Diputación de Málaga:

viernes, 6 de marzo de 2026

Conversaciones sobre Machado

En su Diario II (161-162) recoge José María Souvirón impresiones no literales de una tarde de conversación con Luis Rosales, Leopoldo Panero, José Bergamín y José Escassi. Hablaron sobre los Machado. 

De lo que dijo Bergamín destaca: el "tremendo jacobinismo (honrado pero intenso)" de Antonio Machado y "su sentido romántico, decimonónico, de la Revolución". 

En la conversación entre todos se comenta el anticatolicismo de Antonio Machado y que era "un cristiano ... hasta el Calvario": Cruz, no. También hablaron de su gran honradez "turbada solo (si acaso) por su «institucionismo»" (a la ILE la definen como hipócrita y sectaria). Critican su poesía de la época de la guerra: se le había acabado la inspiración en Baeza y la guerra no contribuyó a despertarla. Están de acuerdo en reivindicar a Manuel Machado, que "era también un gran poeta".

Acaban hablando de la generación del 27, criticando que no había amistad realmente entre ellos. Cuenta que hacen una "especie de suertes virgilianas" con Maremagnum, un libro de Jorge Guillén: "abrimos el libro al azar, barajando, y leemos sucesivamente, en alta voz. Nos tronchamos de risa con esta poesía".

En medio, José María Souvirón. A los lados Leopoldo Panero y Luis Rosales. Están saludando a Azorín.

jueves, 5 de marzo de 2026

La Galicia real

En las paradas de bus de la Avenida de Castelao hay carteles de excursiones, una a la Feria de Padrón y otra a la Feria de Vila Nova de Cerveira, la mayor de Portugal, avisan.

Hay toda una Galicia que ni veo, tan lejos me pilla, por ejemplo la de las ferias. Ni me entero ni hago por enterarme. No iría a ninguna. Creo que pagaría por no ir, pero hay gente que se ve que va:

Yo este verano en Riaza estuve en un mercadillo y me aburrí infinito. Una feria me la imagino parecida y la comida, como con mantel de papel y muchas patatas cocidas.

miércoles, 4 de marzo de 2026

Alemania, año 0 de Roberto Rossellini

El sábado se me ocurrió poner en casa Alemania, año 0, sin saber nada de la película ni mirar ninguna críticaMe bastó saber que estaba accesible en Prime Video y que era de Roberto Rossellini, del que guardo muy buen recuerdo en concreto por Roma, ciudad abierta, Francisco, Juglar de Dios y Viaje a Italia. Muy difuso es mi recuerdo de Stromboli y algo me temía que quizá esta película fuera más en esta línea.

Lo único que prometí al sufrido público de mi casa al empezar es que era una película breve, menos de 70 minutos. Y ahí estuvimos, con el corazón en un puño, en una especie de testimonio del Berlín de tras la caída de Hitler, con montones de ruinas y gente que sobrevive a base de trampas y hasta de traficar con recuerdos del Führer para soldados americanos con ganas de llevar algo llamativo a casa. 

La película se centra en un niño. que con su actuación roba la película, en medio de todos sus trapicheos para sacar adelante a su familia. Es todo desolador, sin concesiones, sin salidas nobles. El final de la película es tremendo, aunque dentro de la lógica de lo que está contando.

Acabamos y yo lo que tenía era ganas de pedir perdón, pero ahora pienso que está bien que viéramos la película. Hombre, para animarse no es. 

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Ahora he estado mirando en varias webs y son todo grandes elogios: es una película de aire documental siendo una excelente obra de ficción. La desolación que presenta se puede entender no como desapego o mero deseo de regodearse en el nihilismo, sino para observar los resultados del régimen que avocó a eso. En ese sentido es una película moral, de reflexión, como se ve en un título que yo no vi en la película pero está en el trailer que pongo debajo. Tampoco sabía yo que la hizo Rossellini al poco de morir su hijo Romano, de 9 años, a quien se la dedica, lo que le da otra capa de profundidad impresionante. 
En resumen, que estoy contento de haber visto esta película, tan dura, pero tan impresionante.
 

martes, 3 de marzo de 2026

Souvirón y la posteridad

En el segundo volumen de su Diario se pregunta José María Souvirón qué quedaría de su obra, después de una gestión fallida con una obra de teatro que quería que se representara:

Nieva y estoy ligeramente triste. Parece que mi comedia no la quiere hacer nadie. Veo que estoy bastante olvidado. Salen antologías, estudios sobre poetas, y me saltan con una mudez decidida. Pienso si esto obedece a mis años de ausencia (ya recobrados) o si tiene «otro motivo». ¿Cuál puede ser? ¿Que mi poesía carece de importancia? ¿Que es una poesía que no cae bien ahora? ¿Que aún no ha llegado mi momento? Acaso sea un poco tarde para que llegue ese momento. No importa. Lo que sea, sonará, si vale la pena. Y si no la vale, ¡qué puedo hacerle yo! Por otra parte, se me ocurre que dentro de unos años mi obra va a ser más grande que la de muchos que hoy están en candelero. Tengo que seguir haciendo, cada día, lo mejor que mi conciencia me señale, y nada más. En mi vida, en mi obra, en mis trabajos. Ya veremos (Lunes, 2 de febrero de 1959, en Diario II, p. 148).

No sabía él que 67 años después estaríamos leyendo su Diario con admiración. Al menos la mía la tiene, por lo que he leído hasta ahora. Las reseñas de su Diario han sido muchas y enormemente elogiosas.

En esta foto está con Ava Gardner.

lunes, 2 de marzo de 2026

Sigo con Souvirón

Tengo ya el segundo tomo del Diario de José María Souvirón, que tanto me impresionó en el primer volumen. Lo estoy disfrutando una barbaridad: es el tono, la manera de hablar de sí mismo, la confidencia serena. 

Me he llevado una alegría en una entrada de 1959, cuando cuenta que está leyendo a Rimbaud, que fue un autor que con su obra en principio blasfema curiosamente contribuyó a la conversión de Claudel. Y dice:

Por lo demás, ¿qué tiene de raro? Cuando yo me convertía, me puse a leer algunos libros «devotos». Me aburrieron.  Incluso algunos famosos y «venerables»- Hasta que un día me cayó en las manos (mejor dicho, me dio Jaime Eyzaguirre) unas páginas escogidas de León Bloy. Al día siguiente me fui a comulgar (Diario II, Málaga, 2019, p. 143, del Domingo 18 de enero de 1959).

Qué alegría me ha dado encontrarme a Bloy justo ahí.

viernes, 27 de febrero de 2026

Dos fotos

En la rúa Basquiños conté cien tapas de registro metálicas sobre la acera, en la parte más estrecha. Antes había hecho esta foto junto a la parada de autobús:


Subiendo por la avenida de Coimbra me llamaron la atención los camelios a reventar de flores y también hice una foto:
Fotos de proximidad.