miércoles, 17 de junio de 2026

Viento de helicópteros

Para una vez que hago algo, ya ni lo cuento aquí. Un amigo me dijo que le habían invitado a presenciar en la base aérea de Lavacolla el despegue de los helicópteros y aviones acrobáticos que iban a participar en el desfile del Día de las Fuerzas Armadas de Vigo, el 30 de mayo.

Era un buen grupo de helicópteros. Al fondo había 7 avioncitos de acrobacias. Era un buen grupo de gente. Nunca había estado cerca de algo así. Sabía que hacen ruido y viento, pero una cosa es verlo en las películas y otra notarlo al lado, que te haga tambalearte un poco. Era pasmosa la capacidad de los helicópteros de quedarse parados en medio del aire, a dos metros del suelo.

Bueno, pues todo esto quedó en agua de borrajas por unas nubes (envidiosas, las llamó fray Luis a las que taparon a Cristo en la Ascensión): todos tuvieron que volver a la base media hora después.

Los avioncitos eran como esos mosquitos que planean sobre nuestras narices algunas noches:


Aquí se está yendo un helicóptero:

Estábamos entre los mecánicos de vuelo y los que organizaban todo, como si fuera Top Gun. Luego vimos que detrás de las vallas había gente, los spotters, que hacen fotos de aviones, se dedican como hobby a eso: qué tremenda cosa es el hombre, dijo más o menos Sófocles.

martes, 16 de junio de 2026

Hijos de la medianoche de Salman Rushdie

Vi en una librería de viejo Hijos de la medianoche, de Salman Rushdie, en la impresionante traducción de Miguel Sáenz. Era la misma edición en que lo había leído hace más de treinta años, aunque no me acordaba de nada, quizá solamente de que se hablaba de encurtidos. Sí que recordaba que me había impresionado.

Así que he vuelto a leerlo. Es una novela impresionante, en forma de autobiografía de un personaje que le cuenta a una tal Padma su vida. Nace, es uno de los Hijos de la Medianoche, justo con la independencia de la India, lo que crea paralelismos más o menos forzados por el narrador con la historia de la India, la partición de Pakistán, la creación de Bangladesh, el dominio de Indira Ghandi.

Pero eso es solamente la carcasa, lo impresionante es el abrumador modo de narrar, en cierto modo como la imagen abigarrada que tengo del arte indio. Por las páginas pasa la historia familiar, entremezclada de humor, de capas históricas, de repeticiones nunca aburridas, como en espiral, de una serie de personajes que podríamos pensar que son los de la familia de Rushdie, tan vivos están. Todo se realiza de modo melodramático, como si fueran las Mil y una noches, como una película de Bombay, que debían de ser muy pródigas en giros teatrales. Todo eso lo va orquestando Rushdie con una maestría increíble. Es abrumador. Quiza lo que falte para que sea una obra maestra es más hondura. Pero como texto, como narración es impresionante.

lunes, 15 de junio de 2026

Momentos de la visita del Papa

No sabía cómo iba a ir todo. Tenía un recuerdo de regusto amargo de las muchas dificultades que pusieron desde varios frentes cuando vino Benedicto XVI a Santiago en 2010 y me temía algo así. Pero ha sido completamente distinto: nadie ha puesto trabas, todo ha contribuido a que el viaje del papa León haya sido gozoso, al menos esa es mi impresión.

Lo que más me sorprende es que lo que más me haya gustado haya sido el verle bendecir tantos niños. O esa conversación en la cabina del avión con el piloto y la copiloto, mientras saludaba al caza que volaba en paralelo. A otro nivel, claro, estaba el silencio de la exposición del Santísimo en medio de Madrid, la procesión del Corpus por las calles el domingo, la celebración litúrgica en la Sagrada Familia.

Cosas coyunturales:

-hubo actos que tenían formatos quizá demasiado indefinidos. Lo bueno era la sensación de cercanía con el Papa. Quizá podrían haberlos pensado un poco más (lo comentan en Aceprensa a propósito del musical que representaron antes de la Vigilia).

-En ellos a veces cantaban canciones religiosas de la vertiente "melódico-musitada-intensita" actual. Yo, cuarenta años oyendo música indie, no puedo estar más lejos musicalmente. Por suerte para mí, me basta con no oírlas.

-los nacionalistas han conseguido sorprenderme una vez más, y yo que pensaba que no tenían ya sorpresas para mí. Es una clarísima religión de sustitución, el nacionalismo, pero con un dios ridículo, el de la nación inventada que ciega la vista de Dios. Por suerte, no llegaron a estropear el acto en la Sagrada Familia.

Ahora estoy leyendo los textos. Ya he terminado los de Madrid. Destaca el del Congreso, es una referencia a la que volver cuando tengamos que pensar sobre religión y política. Yo os pongo aquí un pasaje de la Homilía en la fiesta del Corpus:

Por tanto, he aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy. Una escuela que nos enseña a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo, porque nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano; una escuela que nos enseña la gratitud del amor que se hace don, para que circule entre nosotros y rompa las cadenas de todo egoísmo; una escuela de la que aprendemos que Dios es presencia real y que también nosotros estamos llamados a estar presentes en las situaciones y en los desafíos de la sociedad, a no huir, a comprometernos personalmente en la construcción del bien común.

jueves, 11 de junio de 2026

Leyendo la Vida de Cristo de fray Justo Pérez de Urbel

En realidad, como todo últimamente, en realidad estoy releyendo la Vida de Cristo escrita por fray Justo Pérez de Urbel, insigne burgalés. Me gustó ya mucho entonces y me está gustando ahora: es un realato vivo, es muy evocadora, describe muy bien. Pongo aquí un retrato de trazos fuertes de Juan el Bautista, que yo creo que le hubiera gustado a Flannery O'Connor:

Y un día el solitario apareció en el valle de Jericó (...), Grave, austero, medio desnudo, transfigurado por la penitencia, quemadas las carnes por el sol del desierto, abrasada el alma por el deseo del reino, sus pupilas relampaguean, su larga cabellera flota por la espalda, espesa barba le cubre el rostro, y de su boca brotan palabras punzantes e inflamadas. Trae a la vez esperanzas y anatemas, consuelos y terrores. Su ademán avasalla, su presencia impone, su austeridad espanta, y una fuerza magnética se desprende de sus ojos. Ante el acento de aquella voz, Israel se conmueve, y sale en busca del último de los profetas. Juan recibe a las gentes a las orillas del río, y empieza a cumplir su misión de precursor. Fulmina, exhorta, consuela, bautiza. Áspero e iracundo, ni sonríe ni acaricia; habla un lenguaje recio, en el que centellean vivas imágenes, arrancadas al mundo del hogar o a la naturaleza del desierto (93).

miércoles, 10 de junio de 2026

Talar madera de Aida Míguez

Son libritos finos, pero así a lo tonto este ya es el cuarto que leo de Aida Míguez Barciela: Talar madera. Naturaleza y límite en el pensamiento griego antiguo (Madrid, La Oficina, 2017).

Quizá sea un libro más misceláneo, se nota que procede de varios artículos, como explica al principio. También explica que no es que quiera investigar algo y lo busque en varios textos y eso dé para varios artículos que luego junte en un libro: ella lo que hace es leer textos; a mí me impresiona como los va siguiendo muy palabra a palabra, cómo hace una lectura muy detenida de ellos. Y de ahí van saliendo comentarios: a poemas corales, a tragedias (aquí Filoctetes), a poemas épicos.

El problema aquí es que en el centro del libro están varios poemas de Píndaro, autor difícil donde los haya. Aunque intente contextualizar los elementos complejos que conforman esos poemas, queda todo un poco oscuro. No es moco de pavo comentar a Píndaro. Quizá hubiese necesitado más espacio.

El libro tiene como hilo (ya digo que no en el sentido de una tesis previa o de un argumento que se quiere comprobar en distintos sitios), la cuestión de la demarcación de los ámbitos en un espacio que se crea: lo que corresponde a los dioses se empieza a distinguir de lo que marca el ámbito humano. Por eso está en el centro la naturaleza que es sagrada y lo que tenemos que entender es cómo la entendían los griegos y cómo la entendemos nosotros: aquí se va creando un espacio, talando bosques, abriendo claros, físicos y conceptuales.

martes, 9 de junio de 2026

Camino arriba y abajo

Por ponerme estupendo con una frase de Heráclito de que el camino arriba y abajo es uno y el mismo, pero este camino por el que paso, arriba de la avenida de Castelao, tiene unas escaleras flanqueadas por árboles, ahora frondosos, que miré también desde el camino que va por abajo:


lunes, 8 de junio de 2026

El gatopardo (la novela sobre todo)

Había leído hace muchos años El gatopardo en la edición de Letras Universales de Cátedra. Me había dejado poca impresión: supongo que es un libro para la edad madura.

Este año vi la espléndida película de Visconti, que me espoleó a releer la novela. Ha sido casi una nueva lectura, pero casi más una revisión de la película, o al menos  en la parte de la novela que aparece en la película, porque los últimos capítulos no están filmados, con lo que cambia completamente la perspectiva. 

Ahora con lo que me quedo es con la película, porque la novela me ha dejado un sabor amargo: es desolada, bien escrita, muy melancólica, con escenarios conmovedores y personajes con muy poco movimiento, figuras esculpidas, formando todos un retrato familiar con esa amargura de La familia de Carlos IV de Goya.

No hay nada permanente: quizá Sicilia solo, esa inercia histórica presentada como una gran pasividad, un dejarse morir mientras pasan reinos e invasores. No sé qué pensarán los sicilianos del roto que les hace Lampedusa aquí: a mí no me gustaría que me retrataran de ese modo. No sé si son así, pero lo dudo mucho, porque no hay colectividades, creo, que se dejen morir en la pura negatividad, africanos asándose bajo un sol inclemente, en una pobreza subsahariana y con unos nobles acartonados y la iglesia pudriéndose.

La filosofía de la historia, todo igual aunque/para que todo cambie, ese planteamiento cíclico es lo menos conservador que se podría imaginar, salvo que el Remolino Universal como explicación de la realidad cambiante, tal como lo planteaba Empédocles, sea "conservar". Lo que a mí me fascina en la película, esos palacios, esos paisajes de grandes lontananzas, hasta el amor que podría imaginarse que podría florecer entre una Claudia Cardinale y un Alain Delon de novela, las estancias con frescos, la figura bien plantada en su madurez de Burt Lancaster, los jardines descuidados y hermosos, las iglesias barrocas, los perros de caza: todo eso en la novela es reducido al polvo, terminando con esa tremenda escena final de echar a la basura al perro disecado. Un capítulo último es una burda crítica al ridículo oratorio que las hijas del príncipe de Salina hacen en su palacio de Palermo a principios del siglo XX, con reliquias de pega y un cuadro de una muchacha con una carta confundido con una Madonna: qué ridículo. Qué dice de todo el libro un episodio tan absurdo [y resulta, según una carta del autor recogida en el prólogo, que el episodio es histórico, con lo que lo que se cuenta de antes queda desenfocado, si la familia era tan cutre a principios del siglo XX]. 

Yo, sin haber querido mirar quién fue Giuseppe Tomassi di Lampedusa, más bien lo veo como alguien que mira con desprecio todo lo que pudiera haber de verdaderamente bueno en Sicilia. No sé si retrata una Sicilia al gusto de los burgueses de Turín y Milán, para que confirmen sus prejuicios. Quizá no han tenido en Sicilia una a modo de Flannery O'Connor que les hiciera justicia, pero falta les hace. Esta es la Sicilia que miran los progres con conmiseración, con la Iglesia inmovilista como parte del problema. En pendant, parece haber como una nostalgia de una ilustración que no existió. Hasta asoma la patita el marqués de Sade, lo que me parece el colmo de la estupidez. En medio de todo ello hay una figura curiosa, el jesuita que funge de capellán, demasiado personal como para no ser un retrato de alguien concreto, complaciente con el príncipe de Salina y al final un quedabién [vaya, en el prólogo, que leo ahora, recogen una carta en la que dicen que era un personaje concreto, como el príncipe de Salina era el abuelo de Lampedusa: lo que no me cuadra, ni de lejos, es que se lo llevase el príncipe para ir él a sus amoríos, sabiendo los dos de qué iba todo: muy burdo, también eso]. 

Los olores son de pudrición, de orinales, de habitaciones cerradas, de polvo y sudor.

A mí ahora Sicilia me parece un enigma todavía mayor. Cómo me gustaría visitarla, en marzo quizá, en días de no frío. Yo no renegaría de la Sicilia griega, de la Sicilia española, eso no.