martes, 20 de octubre de 2026

La iglesia de Sofía en Södermalm

Me acerqué una tarde al sur de Estocolmo, Södermalm, cruzando el brazo de mar. 

Iba con ganas de café y justo en la iglesia lo ofrecían gratis (ponía you're welcome! junto a la cafetera). Me lo tomé sin remordimientos allí dentro, aunque con cierta sensación de transgresión, pero como era  una iglesia protestante, lo mismo da; y por eso todas tienen cafetería en la parte de atrás: no está el Santísimo, es una sala para reuniones religiosas, no el lugar donde está Jesús escondido en el Sagrario. 

En la cabecera de la iglesia había un fresco enorme. Lo he buscado y es de Hilding Linnqvist, de 1950-51. Me quedé perplejo porque superaba mis rutinas iconográficas. Resulta que es una recreación de Miqueas 4.3-4 "Con sus espadas forjarán arados / y podaderas con sus lanzas. / No levantará la espada una nación contra otra / ni se adiestrarán más para la guerra. 4 Cada uno se sentará bajo su parra y bajo su higuera, / sin que nadie lo perturbe, / porque ha hablado la boca del Señor / de los ejércitos." Estos protestantes, qué originales. 

Esta es la explicación que dan en la web de la misma iglesia:

En el centro de la pintura vemos al herrero junto a su yunque. Unos guerreros le entregan sus armas de guerra, que él transforma en herramientas para labores pacíficas. El agricultor, sentado en los escalones, aguarda estos nuevos utensilios. Sobre ellos aparece un ángel: el espíritu de la paz. El herrero y el agricultor, junto con las tres mujeres de la izquierda —la mujer con el huso, la mujer con el cántaro de agua y la mujer con la gavilla de grano—, forman un grupo destinado a encarnar la «vida bajo un buen gobierno», es decir, las actividades pacíficas.

La madre y el niño, situados justo debajo, encarnan el concepto de la congregación y el sentido de comunidad que el artista quiso interpretar a partir del texto bíblico: «y cada uno se sentará bajo su vid y su higuera, y nadie les infundirá temor». Naturalmente, esta composición específica también incluye al pastor bajo la higuera, tocando el arpa de David; esta imagen evoca la «alabanza a Dios en la naturaleza». Las palabras de los Salmos —«Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así mi alma te anhela a Ti, oh Dios»— vienen a la mente al contemplar el ciervo junto al arroyo, en la esquina inferior izquierda. Justo a su lado, Jesús mismo nos habla: «Yo soy el Buen Pastor». El pastor ha encontrado a la oveja perdida. En estas tres últimas imágenes —el arpa de David, el ciervo que anhela las corrientes de agua y el Buen Pastor— se encuentran el Antiguo y el Nuevo Testamento.

En la parte inferior derecha encontramos al sembrador, que esparce su semilla tanto entre los espinos como en buena tierra; es una figura que sintetiza el tema central del fresco: «sembrar y cosechar». Cerca de él vemos al «pregonero» con el «discípulo» a sus pies. El pregonero extiende los brazos hacia la llama que surge de la fragua del herrero, un fuego que aquí simboliza también el «fuego del espíritu».

En la parte superior derecha, sobre el ángel de la paz, el artista evoca la leyenda de San Martín. El caballero —ataviado con vestiduras de la época romana tardía— aparece desmontando de su caballo, rompiendo así con la tradición, para entregar su capa a Cristo, quien se presenta bajo la apariencia de un mendigo. San Martín simboliza el poder terrenal que renuncia a las empresas bélicas para ponerse al servicio del amor. Esto nos remite al profeta Miqueas: «No alzará espada nación contra nación».

Luego está la peregrinación hacia la meta radiante: la escalinata que conduce a la puerta de la eternidad. Aquí se unen a la procesión el cruzado, la mujer con el niño, los peregrinos y las vírgenes prudentes. En lo más alto, en el umbral de la puerta abierta, aguarda el esposo con las manos alzadas en señal de bienvenida. Detrás de él, más allá del portal abierto, vislumbramos la eternidad.

Este es el fresco completo:



Este es el cogollo, abajo, el herrero al que dan espadas y las convierte en podaderas:

El herrero no está muy allá pintado. La señora está muy en el centro:

Por arriba están subiendo una escalera y hay algunos arrodillados. Ahí ya me rendía hasta que encontré en un folleto de la iglesia la explicación de que es Cristo y las vírgenes prudentes:

Todo esto lo vi otro día, porque el primero que fui anunciaban un concierto de música francesa, Poluenc, Ravel y Franck. Yo soy muy partidario de esa época y eran obras para piano y oboe, con el Claro de luna de Debussy para piano en el medio y de propina un Ave María de Astor Piazzola. Las explicaciones las dieron en sueco, así que no me enteré de nada: creí oír el nombre de Lully y el de Saint-Säens, pero vete a saber. Yo oía y me dejaba llevar:

Son Daniel Burstedt, oboe y Majda Burstedt, piano, que me imagino que estaban casados.

El espectáculo además estaba a un lado, un chico paralítico que se emocionaba con la música y parecía querer saltar de su silla de ruedas. Era impresionante:

lunes, 19 de octubre de 2026

Noticia bomba de Evelyn Waugh

En mi repaso más o menos continuo de la obra de Waugh, iba dejando detrás las novelas humorísticas, muy apreciadas por la crítica, muchas veces más que las que yo prefiero (Retorno a Brideshead, Un puñado de polvo, Espada de honor), que son las serias, melancólicas y reaccionarias.

Esta vez me he releído Noticia bomba (Scoop en el original), que casi ni recordaba ya. Me ha gustado y creo que cuando la relea me gustará más, aunque entendería al que me dijera que no le había hecho tanta gracia. Yo la disfruto porque es de Waugh y le veo guiños y ecos y un mundo de hace casi cien años con ecos en su obra y otras cosas ya tan lejanas que suenan hasta bien.

Las novelas humorísticas de Waugh no son, claro, serias, pero sí un punto melancólicas, al comprobarse en ellas cómo la sátira da en el blanco y todo es más ridículo de lo que se supondría. Son profundamente reaccionarias, también, en el mejor sentido de la palabra: en esta novela la absoluta banalidad del periodismo está inmisericordemente retratada, lo mismo que el sucederle de los regímenes políticos y la absoluta inmoralidad de la realidad colonial y de los intereses en juego, donde gana otra vez el imperialismo inglés, al que trata Waugh con acidez.  

Lo ideal sería releer esta novela en inglés, pero seguro que la releeré en castellano, porque para qué, si no iba a saber apreciarla bien en el original. Lo que tengo que intentar es que no sea en una edición de bolsillo, que son una lata, con la letra pequeña y todo apretado.

Al final, me quedo con las varias veces que me reí a carcajadas, algo que ya me pasa muy poco con las novelas.

Si no me diera pereza, intentaría hacer una comparación con la comedia de Aristófanes, porque paralelos le veo, en la burla de las élites, en el reaccionarismo, en los juegos con el lenguaje, en la velocidad de los diálogos.

viernes, 16 de octubre de 2026

Don Juan de Azorín

Este es, creo, el primer libro que leo en relación con ese mito moderno, y muy jaleado, el don Juan. El personaje lo más que me suena es de la ópera de Mozart, pero no de haberle leído ni a Zorrilla ni a nadie. Un mujeriego patológico, esa es la única idea que tengo de él.

Venía de leer la revisión que hizo Azorín de El licenciado Vidriera, así que no me sorprendió del todo que aquí haga algo parecido, un librito sobre un personaje de la literatura desde un punto de vista distinto. La originalidad está en presentarnos en el prólogo a un don Juan del Prado y Ramos y hablar de él entre las almas precitas, que busqué en el diccionario y significaba réprobas. Pero la cosa es que el tan don Juan pasa por una enfermedad y sale de ella profundamente transformado.

Con ese giro de guión ya puede contarnos la vida sencilla en una ciudad provinciana de un señor muy respetable, el nuevo don Juan. Curiosamente, añade Azorín trazos de sensualidades modernistas, pero no en él, sino en dos mujeres, una de ellas monja: parece como si quisiera hacer un más difícil todavía y jugar a burlar al lector, sin querer quedar como pacato.

Dicho todo esto, se lee con gusto este libro de 1922, con esa finura y ese equilibrio que logra Azorín tan milagrosamente. 

jueves, 15 de octubre de 2026

Perdido en el Cementerio del norte de Estocolmo

Se me ocurrió ir a visitar el otro gran cementerio de Estocolmo, Norra begravnisplatsen (es decir, lugar de enterramientos norte) y lo vi fácil: el autobús 519, a un paso, me dejaba en la puerta.

Fui, llegué, entré. En un lado estaba la zona de enterramientos católicos, con nombres de muchísimos sitios del mundo y mucho más colorido del habitual en Suecia. 

Posiblemente polacos:


Quizá italiano, un hispánico en el medio y un sueco con una polaca:

Unos treinta sacerdotes:

La variedad de las tumbas:

Una princesa y archiduquesa de Austria-Hungría y su marido:

Y esta hispánica que me dio penilla, allí sola:

Me fui luego a la parte de las tumbas judías:


Y ahí es cuando algunos dibbuks se apoderaron de mí: me fui hacia dentro del cementerio, vi una indicación de unos baños y allí que me fui, pero al salir por otro lado perdí la orientación. Me encontraba en una zona que no sabía cómo era y sin que Google Maps se dignase sacarme de aprietos. Me vi solo en un cementerio gigante, fuera de Estocolmo, sin nadie a quien recurrir. Acabé preguntando a la única persona que había en aquellos contornos, una chica, que fue la que me sacó de allí y me dejó junto a una estación de cercanías. Qué amables las suecas, pensé, pero era irlandesa. Qué maja la irlandesa: no le parecía mal el invierno en Estocolmo, le gustaban los cambios de estaciones del año allí. Todos los días paseaba por el cementerio. Yo, aliviado, llegué en un plisplás con el Cercanías a Odenplan, territorio conocido, al lado de la biblioteca de Asplund, a diez minutos del punto de partida de toda la expedición.

Luego, ya de repaso de la visita, vi que había estado cerca de la tumba de Ingrid Bergman. Esa tumba sí que me hubiera gustado visitarla. Había estado en la de Greta Garbo en el otro cementerio y la verdad es que me dio igual, pero Ingrid Bergman es otra cosa. En esos días de Suecia vi Sonata de otoño, que protagoniza ella en un duelo terrorífico (es especialista en ello el director, Ingmar Bergman) de madre e hija con Liv Ullmann, casi todo primeros planos de las dos. Es una película hasta casi desagradable de tan dura y despiadada, pero ahí brilla Ingrid Bergman, despojada de gran parte de su belleza, junto a una inmensa también Liv Ullmann. Qué tremenda película.

miércoles, 14 de octubre de 2026

En la Catedral Ortodoxa Griega de Estocolmo

El domingo que fui a la iglesia protestante de Engelbrekt, a continuación me acerqué en cinco minutos a la Catedral Ortodoxa Griega, que ya conocí hace 14 años. 

Estaba un pope bendiciendo a una niña, a la que luego tomó en brazos y llevó a la puerta del iconostasio, mientras la niña lloraba y el pope se excusaba ante los padres:


Me recordaba la iconografía de la Presentación del Señor en el Templo:

También me fijé en unos frescos de detrás, de san Jorge. Había un folleto donde explicaban que esa iglesia, gótica, la hicieron ellos y que ahora van a hacer obras de renovación:


martes, 13 de octubre de 2026

Vuelta al Cementerio del Bosque

Uno de mis mejores recuerdos de mi primera visita a Estocolmo era la visita al Cementerio del Bosque. Le dedique cinco entradas: uno, dos, tres, cuatro y cinco, que he actualizado con algunas fotos recientes, cuando las antiguas ya no funcionaban.

Fue una gran suerte visitarlo en 2012 y ha sido una gran suerte poder pasar dos horas por sus caminos en 2026, aunque el edificio central estaba cerrado por obras. Hacía un tiempo espléndido, unos 20 grados, y nos fuimos deteniendo en las capillas, en la tumba de Greta Garbo, en la de Gunnar Asplund, uno de los dos arquitectos, en los caminos, entre las tumbas.

Pondré alguna foto, pero creo que las antiguas ya recogían lo más importante:

Volví a hacerle una foto al pórtico lateral de la entrada:


Así estaba el edificio central en obras:


Volvió a encantarme la Capilla del Bosque. Le hice una foto más cercana al "Hoy a mí, mañana a ti"

Estos son detalles de la capilla:



Esta vista es desde fuera, de un lateral:

No había puesto fotos del que es ahora el Centro de Visitantes, de Asplund, que no sé si me convence:


La Colina con los olmos, vista desde el camino de vuelta:

La colina, del otro lado:

La cruz, tan icónica, pequeña en sí misma:


Aquí de lejos, con las obras de por medio:

lunes, 12 de octubre de 2026

Memorias de Josep María de Sagarra

Mi hermana Eva lo vio en un mercadillo y me preguntó que si me interesaba: le dije que sí y me he leído estas Memorias de Josep María de Segarra con mucho gusto, en la versión de Fernando Gutiérrez, que no sé si es el mismo que tradujo a Homero: en cualquier caso, el texto se lee con mucho gusto en la versión castellana.

Decidí leer el libro sin mirar nada ni sobre el autor ni sobre el libro. Comienza con sus antecedentes familiares, 200 páginas que se me hicieron largas; de hecho me salté las treinta últimas, sobre la familia de su madre. Luego habla de su infancia y juventud, de su época universitaria y termina con sus dos años de estudios en la Escuela Diplomática en Madrid. El libro se queda en 1918, acabada la Primera Guerra Mundial y con él dispuesto a continuar haciéndose un nombre en la poesía, el teatro y el periodismo en catalán de las primeras décadas del siglo. Son 24 años de vida, escritos cuando él tenía 60. Por desgracia no hizo una continuación, que habría sido bien interesante.

Me ha sorprendido su bonhomía y su talante a lo largo de todo el libro, de casi 900 páginas. Sin renunciar a sus principios e ideas (militaba desde joven en la Lliga de Cambó), siempre tiene buenas palabras para todos, sin maquillar lo que ve, pero con un espíritu siempre dispuesto a comprender a todo el mundo. Hay unas páginas sobre una visita a Barbastro, por unas maquinaciones políticas de Cambó que me recordaron a la Operación Roca, que describe con rasgos de esperpento muy logrados. 

Sus dos años en Madrid son de continuo trato con los literatos más importantes, desde Juan Ramón a Ramón Gómez de la Serna, Ortega y Gasset o Unamuno. Su juventud en Barcelona yo espero que se estudie en los Grados de Filología Catalana, porque describe muy bien a figuras como Verdaguer, d'Ors, Maragall, Carner, Prat de la Riba, todos los que eran alguien en ese periodo de principios del siglo XX. También retrata muy bien el mundillo literario de Barcelona, donde dominaba el ambiente de los Juegos Florales, la poesía como fenómeno social y los periódicos y revistas que lo amplificaban, todo ello en el ambiente social y político convulso y a la vez festivo de la Barcelona de la época.

De todos modos, lo mejor con diferencia es el relato de su infancia y adolescencia, delicioso. Yo haría un libro aparte con esas doscientas páginas, que estoy seguro que encantarían a todo el que las leyera, entre la página 200 y la 400. Son páginas felices de la vida de un niño bien de Barcelona en torno a 1900.

Me impresiona, ya lo he escrito antes, el carácter y la bonhomía de Sagarra, su actitud abierta ante todos, y quizá más por estos años duros que hemos sufrido nosotros de políticos catalanes básicamente hoscos (desde Puigdemont a Maragall de Lluis Llach a Ada Colau, Artur Mas, Jordi Pujol, Oriol Junqueras o la muy hostil a todo Miriam Nogueras, por decir algunos), siempre cabreados, siempre quejosos, con expresiones convulsas. Han destruido, al menos en mí, la posibilidad de imaginarme a políticos de Cataluña de cualquier línea sin que tengan por qué no ser amables, respetuosos, en un contexto de civilidad. A partir de ahora, me acordaré de la figura de Sagarra, como excepción quizá. Cuando oiga hablar de seny, pensaré en él, al menos en él.