viernes, 19 de junio de 2026

El círculo de plátanos en la plaza dura

En mi camino de siempre a la Facultad, casi al llegar cruzo la plaza de la residencia del Burgo de las Naciones. Hay un círculo de plátanos, que sistemáticamente podaban los últimos veinte años. Este año no. Los troncos, que ahora son como de dos metros, están sosteniendo ramas de tres, haciendo un espacio denso de hojas.


He empezado a leer Radiaciones, los diarios de la Segunda Guerra Mundial de Ernst Jünger, que me están gustando mucho. Ahí me encuentro esto sobre unos árboles de la misma especie, aunque mucho más grandes:

Esta sombreada soledad, en la que Naturaleza y arte de vivir se equilibran de un modo tan bello, se extiende al borde de la Avenue Jaurès, que recorro a menudo en mi camino hacia el servicio, pero nunca sin dejar de recrear mis ojos en dos hermosos plátanos inusitadamente recios; plátanos de tales dimensiones no los he visto más que en la isla de Cos, en la de Rodas y en Esmirna. Un árbol como ése es el más bello símbolo de la actitud que por su puro existir hace presentes el poder y la dignidad; no cabe duda de que el plátano es un árbol que merece ser engalanado con cadenas de oro y que su cuidado se encomiende a guardianes especiales, como puede leerse en Heródoto.

jueves, 18 de junio de 2026

Últimos narradores (1993)

Encontré en una librería de viejo Últimos narradores, Antología de la reciente narrativa breve española, de Joseluís González y Pedro de Miguel (Pamplona, Hierbaola 1993).

Fue un libro que compramos cuando salió: yo seguía mucho por entonces lo nuevo y especialmente lo que sacaban los dos editores, a los que seguía en Nuestro Tiempo. Eran los años de la tesis, en Valladolid. Estábamos viviendo en la calle Felipe II y la biblioteca estaba muy bien: yo me he pasado la vida componiendo bibliotecas y dejándolas. Mejor así, me abrumaría tener una permanente: mejor ir rescatando lo que vuelve a aparecer en la superficie, como este libro.

Es curioso ver la nómina de autores, con algunos ahora considerados vacas sagradas. Yo en cambio recordaba solamente dos cuentos:

De uno de Marina Mayoral, El final, el impresionante final: "Pero no era el final, todavía no".

También tenía el recuerdo de un cuento, Heredero del cielo, de José Antonio Millán. Al releerlo ahora, sentí un auténtico escalofrío al leer la última escena, tan impresionante es. Gran cuento.

miércoles, 17 de junio de 2026

Viento de helicópteros

Para una vez que hago algo, ya ni lo cuento aquí. Un amigo me dijo que le habían invitado a presenciar en la base aérea de Lavacolla el despegue de los helicópteros y aviones acrobáticos que iban a participar en el desfile del Día de las Fuerzas Armadas de Vigo, el 30 de mayo.

Era un buen grupo de helicópteros. Al fondo había 7 avioncitos de acrobacias. Era un buen grupo de gente. Nunca había estado cerca de algo así. Sabía que hacen ruido y viento, pero una cosa es verlo en las películas y otra notarlo al lado, que te haga tambalearte un poco. Era pasmosa la capacidad de los helicópteros de quedarse parados en medio del aire, a dos metros del suelo.

Bueno, pues todo esto quedó en agua de borrajas por unas nubes (envidiosas, las llamó fray Luis a las que taparon a Cristo en la Ascensión): todos tuvieron que volver a la base media hora después.

Los avioncitos eran como esos mosquitos que planean sobre nuestras narices algunas noches:


Aquí se está yendo un helicóptero:

Estábamos entre los mecánicos de vuelo y los que organizaban todo, como si fuera Top Gun. Luego vimos que detrás de las vallas había gente, los spotters, que hacen fotos de aviones, se dedican como hobby a eso: qué tremenda cosa es el hombre, dijo más o menos Sófocles.

martes, 16 de junio de 2026

Hijos de la medianoche de Salman Rushdie

Vi en una librería de viejo Hijos de la medianoche, de Salman Rushdie, en la impresionante traducción de Miguel Sáenz. Era la misma edición en que lo había leído hace más de treinta años, aunque no me acordaba de nada, quizá solamente de que se hablaba de encurtidos. Sí que recordaba que me había impresionado.

Así que he vuelto a leerlo. Es una novela impresionante, en forma de autobiografía de un personaje que le cuenta a una tal Padma su vida. Nace, es uno de los Hijos de la Medianoche, justo con la independencia de la India, lo que crea paralelismos más o menos forzados por el narrador con la historia de la India, la partición de Pakistán, la creación de Bangladesh, el dominio de Indira Ghandi.

Pero eso es solamente la carcasa, lo impresionante es el abrumador modo de narrar, en cierto modo como la imagen abigarrada que tengo del arte indio. Por las páginas pasa la historia familiar, entremezclada de humor, de capas históricas, de repeticiones nunca aburridas, como en espiral, de una serie de personajes que podríamos pensar que son los de la familia de Rushdie, tan vivos están. Todo se realiza de modo melodramático, como si fueran las Mil y una noches, como una película de Bombay, que debían de ser muy pródigas en giros teatrales. Todo eso lo va orquestando Rushdie con una maestría increíble. Es abrumador. Quiza lo que falte para que sea una obra maestra es más hondura. Pero como texto, como narración es impresionante.

lunes, 15 de junio de 2026

Momentos de la visita del Papa

No sabía cómo iba a ir todo. Tenía un recuerdo de regusto amargo de las muchas dificultades que pusieron desde varios frentes cuando vino Benedicto XVI a Santiago en 2010 y me temía algo así. Pero ha sido completamente distinto: nadie ha puesto trabas, todo ha contribuido a que el viaje del papa León haya sido gozoso, al menos esa es mi impresión.

Lo que más me sorprende es que lo que más me haya gustado haya sido el verle bendecir tantos niños. O esa conversación en la cabina del avión con el piloto y la copiloto, mientras saludaba al caza que volaba en paralelo. A otro nivel, claro, estaba el silencio de la exposición del Santísimo en medio de Madrid, la procesión del Corpus por las calles el domingo, la celebración litúrgica en la Sagrada Familia.

Cosas coyunturales:

-hubo actos que tenían formatos quizá demasiado indefinidos. Lo bueno era la sensación de cercanía con el Papa. Quizá podrían haberlos pensado un poco más (lo comentan en Aceprensa a propósito del musical que representaron antes de la Vigilia).

-En ellos a veces cantaban canciones religiosas de la vertiente "melódico-musitada-intensita" actual. Yo, cuarenta años oyendo música indie, no puedo estar más lejos musicalmente. Por suerte para mí, me basta con no oírlas.

-los nacionalistas han conseguido sorprenderme una vez más, y yo que pensaba que no tenían ya sorpresas para mí. Es una clarísima religión de sustitución, el nacionalismo, pero con un dios ridículo, el de la nación inventada que ciega la vista de Dios. Por suerte, no llegaron a estropear el acto en la Sagrada Familia.

Ahora estoy leyendo los textos. Ya he terminado los de Madrid. Destaca el del Congreso, es una referencia a la que volver cuando tengamos que pensar sobre religión y política. Yo os pongo aquí un pasaje de la Homilía en la fiesta del Corpus:

Por tanto, he aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy. Una escuela que nos enseña a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo, porque nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano; una escuela que nos enseña la gratitud del amor que se hace don, para que circule entre nosotros y rompa las cadenas de todo egoísmo; una escuela de la que aprendemos que Dios es presencia real y que también nosotros estamos llamados a estar presentes en las situaciones y en los desafíos de la sociedad, a no huir, a comprometernos personalmente en la construcción del bien común.

jueves, 11 de junio de 2026

Leyendo la Vida de Cristo de fray Justo Pérez de Urbel

En realidad, como todo últimamente, en realidad estoy releyendo la Vida de Cristo escrita por fray Justo Pérez de Urbel, insigne burgalés. Me gustó ya mucho entonces y me está gustando ahora: es un realato vivo, es muy evocadora, describe muy bien. Pongo aquí un retrato de trazos fuertes de Juan el Bautista, que yo creo que le hubiera gustado a Flannery O'Connor:

Y un día el solitario apareció en el valle de Jericó (...), Grave, austero, medio desnudo, transfigurado por la penitencia, quemadas las carnes por el sol del desierto, abrasada el alma por el deseo del reino, sus pupilas relampaguean, su larga cabellera flota por la espalda, espesa barba le cubre el rostro, y de su boca brotan palabras punzantes e inflamadas. Trae a la vez esperanzas y anatemas, consuelos y terrores. Su ademán avasalla, su presencia impone, su austeridad espanta, y una fuerza magnética se desprende de sus ojos. Ante el acento de aquella voz, Israel se conmueve, y sale en busca del último de los profetas. Juan recibe a las gentes a las orillas del río, y empieza a cumplir su misión de precursor. Fulmina, exhorta, consuela, bautiza. Áspero e iracundo, ni sonríe ni acaricia; habla un lenguaje recio, en el que centellean vivas imágenes, arrancadas al mundo del hogar o a la naturaleza del desierto (93).

miércoles, 10 de junio de 2026

Talar madera de Aida Míguez

Son libritos finos, pero así a lo tonto este ya es el cuarto que leo de Aida Míguez Barciela: Talar madera. Naturaleza y límite en el pensamiento griego antiguo (Madrid, La Oficina, 2017).

Quizá sea un libro más misceláneo, se nota que procede de varios artículos, como explica al principio. También explica que no es que quiera investigar algo y lo busque en varios textos y eso dé para varios artículos que luego junte en un libro: ella lo que hace es leer textos; a mí me impresiona como los va siguiendo muy palabra a palabra, cómo hace una lectura muy detenida de ellos. Y de ahí van saliendo comentarios: a poemas corales, a tragedias (aquí Filoctetes), a poemas épicos.

El problema aquí es que en el centro del libro están varios poemas de Píndaro, autor difícil donde los haya. Aunque intente contextualizar los elementos complejos que conforman esos poemas, queda todo un poco oscuro. No es moco de pavo comentar a Píndaro. Quizá hubiese necesitado más espacio.

El libro tiene como hilo (ya digo que no en el sentido de una tesis previa o de un argumento que se quiere comprobar en distintos sitios), la cuestión de la demarcación de los ámbitos en un espacio que se crea: lo que corresponde a los dioses se empieza a distinguir de lo que marca el ámbito humano. Por eso está en el centro la naturaleza que es sagrada y lo que tenemos que entender es cómo la entendían los griegos y cómo la entendemos nosotros: aquí se va creando un espacio, talando bosques, abriendo claros, físicos y conceptuales.