miércoles, 8 de febrero de 2023

Noventa y dos días, de Evelyn Waugh

De los libros de viajes de Evelyn Waugh había leído solamente Etiquetas, el primero, que me había gustado mucho

Ahora tenemos la edición crítica de Noventa y dos días en la Biblioteca, así que me lancé. Me costaba leerlo en inglés, que no es nada fácil: iba siguiendo lo que decía, pero con sensación de perderme lo más mollar, así que hice una retirada táctica y me lo terminé en castellano (si lo queréis, hay ejemplares desde 12 euros y hasta uno por casi 6000 en Iberlibro).

Lo he disfrutado mucho: las descripciones, los tipos humanos, las fatigas contadas, toda la logística, el tono en absoluto quejoso, las observaciones agudas que hace, su sensatez, todo.

Uno de los sitios más inhóspitos del mundo, más abandonados y menos atractivos, la Guayana británica: allí se fue. Todo, desde mi punto de vista, en el que domina la comodidad como algo deseable, es una pesadilla. Waugh rebate en el libro todos los tópicos sobre la libertad y los placeres de la aventura asociados al hecho de viajar, por la vía práctica de irse a uno de los peores sitios del mundo y también en unas páginas muy buenas donde desmonta también desde el punto de vista teórico todo ese constructo romántico. De placeres del viaje él solamente encuentra dos: poder bañarse después de un día agotador a caballo y leer a Dickens.

Y eso, Dickens en la selva, es la base de la conclusión de Un puñado de polvo, uno de los mejores finales de novela que he leído en mi vida. Ahí, en el trasfondo, junto con Dickens, está un tal Mr. Christie, personaje alucinante, apocalíptico, que se encontró en un sitio perdido en medio del país.

De paso, sale un alemán y él aprovecha para mencionar que están desperdigados por el mundo: yo me acordé de aquel que cuidaba Sebastian en Retorno a Brideshead. También me acordé de que en esa novela Charles Ryder se había ido por unas zonas perdidas de América a hacer cuadros: quizá se refería a Guayana, aunque también me suena Centroamérica.

En el libro Waugh hace gala de un escepticismo sobre antropología muy saludable. Cita a Malinowski y comenta que vio justamente costumbres contrarias entre unos indios allí. Sus observaciones sobre la dificultad de garantizar que se pueda categorizar el universo mental de los indios de Guayana son muy sensatas. Acaba comentando sobre "el escepticismo generalizado, que es uno de los más valiosos efectos que produce viajar" (159)". 

Lo más impresionante del libro son los datos que da sobre la vida de los misioneros en esas zonas absolutamente inhóspitas (aquí datos sobre ellos). También su mención de las cataratas de Kaieteur, que deben ser de las más altas del mundo.

Para los que no disfrutamos de viajes si no son medianamente cómodos, este es como tomarse un medicamento reafirmativo de la absoluta falta de necesidad de visitar sitios que no estén rodeados de civilización en una parte muy concreta del mundo.

martes, 7 de febrero de 2023

Luis Daniel González sobre Chesterton

Luis Daniel González es de las personas que más saben sobre Chesterton en España, aunque esta frase quizá sea un ejemplo de la figura literaria de la atenuación ("expresar algo de manera menos intensa de la que al final da a entender"), porque muy bien podría ser él el que más sabe sobre Chesterton, sin disputa. A la antología de textos que seleccionó con Enrique García-Máiquez y a su libro monográfico, donde comenta todos los libros del gran escritor, Gramática de la gratitud, me remito.

Aquí, en un ambiente de confianza, da una sesión de menos de media hora sobre Chesterton sobre todo como crítico, muy interesante, aunque falten los últimos segundos:
 

lunes, 6 de febrero de 2023

The Banshees of Inisherin

Me ha gustado muchísimo esta película. No creo que sea para que le guste a todo el mundo. A mí sí. Me partiré la cara defendiéndola. 

Antes de verla, había leído un artículo de Angela Alaimo O'Donnell que me dio claves muy importantes, sobre todo en la definición genérica, que seguramente sea el caballo de batalla de los que tengan problemas con esta película: sería un error entenderla como realista o costumbrista o "basada en hechos reales". En ella se logra, si uno entra al "pacto narrativo", un dificilísimo equilibrio entre la comedia y la tragedia. El guión es extraordinario y funciona a la perfección: me he reído mucho en muchos momentos, con muchas frases, con escenas, con la caracterización de los personajes y a la vez estaba con el corazón en un puño por el personaje de Colin Farrell, que al final me ha dejado destrozado: la compasión y el temor son las pasiones que purifica la tragedia, según Aristóteles. Para mí esta película es como un vapulearme en mi compasión por ese personaje no especialmente listo, que no quiere que cambie lo que había hasta ese momento, que él daba por supuesto quizá.

En el otro extremo estaba Colm, que me recuerda al personaje de Marcela en El Quijote: hay cosas que no podemos exigir y el amor es una de ellas, pero también es verdad que aquí hay otra cosa, una amistad rota abruptamente en pos de un objetivo individual, una gloria, una fama imperecedera, en la música tradicional además, por definición anónima.

Está situada en la Irlanda de 1923, pero es de ahora, de 2023, de individuos que han roto sus conexiones y están solos. Yo creo que hay una posibilidad clara de leerla como fábula, sin dejar de ser un relato concret, en torno a una cuestión palpitante ahora, la de la negación de los vínculos, la del "derecho" a romperlos, que es la clave del liberalismo y de este mundo woke que quiere afirmarse en su soledad, en su autoexpresión. 

Las banshees (y que traduzcan en español por almas en pena me parece un error) no sé exactamente lo que son en la mitología irlandesa y lo mismo me da; son como figuras ominosas y proféticas, al menos en la película la anciana: hay un trasfondo "mítico" que sirve para crear un aire ominoso y sobre todo para resaltar la figura de la víctima, el más tonto, el único que aspiraba al amor, el que dio pasos reales para lograrlo, aunque bien ridículos, al que todos despreciamos. En esta película el amor matrimonial no existe: la amistad es la gran barrera que queda rota en esta película, de lo poco que serviría de lazo en un mundo sin matrimonios, sin hijos.

Los actores son extraordinarios y logran que sea verdadero un argumento tan imposible pensado en frío. Colin Farrell, con esa mirada de estar perdido, es una maravilla.

El paisaje, los colores, el cielo, el sol. Hay también una reflexión importante sobre los animales como último recurso, pero al final no son capaces de sustituir las relaciones humanas: a lo sumo las reflejan.

La Iglesia queda como última instancia, pero como la que solamente acaba certificando el fondo de desesperación que late en todo. Lo que quiere Colm es perdurar, pero por una vía que es cultural. Curiosamente, la cultura más característicamente irlandesa, siendo reconocida, se mide en la película con la música maravillosa de Brahms, en tres momentos que para mí son de los más emocionantes de la película. Toda la música de la película es maravillosa.

Sobre Irlanda y todo el trasfondo que se toca en relación con la tradición irlandesa, hay un extraordinario artículo de John Waters. Me parece clarísimo que esta película es un gran toque de atención a Irlanda. A todos nosotros, pero en concreto a Irlanda.

 

jueves, 2 de febrero de 2023

En la Ciudad de la Cultura 3 - En la Biblioteca - Literatura infantil en gallego

De la frustrante visita a la Ciudad de la Cultura lo único que me gustó fue una pequeña parte, la inicial, de una exposición sobre literatura infantil en gallego.

Estaba el primer cuento de la literatura gallega, de Evaristo Correa Calderón (más detalles aquí, de ahí tomo la portada). Lástima que luego se hiciera falangista, con lo que eso estropea el relato:

Me gustó especialmente ver este número (acaba de cumplir cien años) de una especie de intento de revista como de scouts en gallego, con todo el rollo filantrópico, en una especie de pueblo inventado ideal. La viñeta de Castelao es muy bonita, todo hay que decirlo:

Esto es Agromar, teatro escolar galego, de Filgueira Valverde, pero con pseudónimo, aunque luego va y pone su nombre debajo, como si fuera autor solamente del prólogo: 

Por último, estos Contos pra nenos:

miércoles, 1 de febrero de 2023

En la Ciudad de la Cultura 2 - sacad vuestro dinero del Banco Sabadell

Las colecciones de arte contemporáneo de los bancos son un mierda. Esto es un hecho.

Había una exposición de la colección del Banco Sabadell y era una mierda. Tardé un tiempo mínimo récord y me fui. Por no hacer, ni le hice fotos a nada. Tenían un porrón de cuadros de Tàpies y mierdas metálicas varias y todo lo bodriento que os podéis imaginar (si queréis, podéis ver un vídeo de youtube con un recorrido que confirma todo lo que digo).

Salí del edificio y me fui a mirar la vista de Santiago que hay ahora desde allí, que a mí me gusta:

También le hice una foto al furaco que quedó en medio de la Ciudad de la Cultura, que ahora han llenado de agua y es un estanque verde, que me gusta mucho más que toda la Ciudad de la Cultura en su conjunto:

De ahí me dirigí a la Biblioteca, donde tienen también miniexposiciones. Había una sobre mujeres empresarias, a partir de materiales de archivo. Todo muy básico: libros de cuentas de empresas que se llamaban la Viuda de tal y documentos así. Oh, las mujeres empresarias.

Luego había otra de María Casares, la actriz, de la que se destacaba que era hija de Casares Quiroga y que toda la familia era atea. También hablaban de sus relaciones con Camus, claro. A mí me impresionó en cambio que actuase en películas de Bresson, eso sí que me impresionó. Había un cartel que me hizo flipar, donde decían que se exilió a Madrid cuando la familia se fue allí en la época de la República, pero es que de hecho el padre acabó de Presidente del Gobierno. Pues resulta que era un exilio, hay que j****se:


Todo esto en la Ciudad de la Cultura, en la Biblioteca, con un gobierno del PP, claro.

martes, 31 de enero de 2023

En la Ciudad de la Cultura 1 - Me chino con una exposición

Tenía pendiente visitar la Ciudad de la Cultura y al fin fui. Había una exposición que tenía que ver, Caminos creativos. No tenía muy buenos vibes: que si interactividad, que si nombres fulgurantes, todo eran señales de alarma.

Voy a empezar por el final, el resumen: una mierda de exposición. Me fastidiaron especialmente dos cosas, primero que los carteles de las obras estuvieran a la altura de la tripa y luego que todas las luces estuvieran mal puestas: todas las fotos, muchos de los cuadros no podías ni verlos, por los reflejos. Presenté una reclamación, me quejé ante los que estaban en la entrada, que me miraban como los corderos mirarían a un psicópata.

Esta foto de Virxilio Viéitez, que a mí me gustaba, casi no la podía ver de tantos reflejos como aparecían. En mi foto casi cuesta ver a la cabra; lo que se ve son luces de la sala y mi reflejo:

Resulta que he buscado y el mejor sitio para ver la foto es youtube. Así, pará que ir a ver exposiciones:

En las obras de arte más antiguas había grandes nombres, Corot, Courbet, Turner, Constable, Carlos de Haes, pero todos eran obras entre flojas y pésimas. Mirad el Constable. Dices: pues bueno, las pinceladas, los colores, etc. etc. pero yo lo que quería era ver un paisaje bien pintado y acabado de Constable, no un cuadro inacabado, prometedor, sí, pero inacabado:

Y luego, de arte contemporáneo lo primero que uno veía era una performance muy ridícula de Marina Abramovic, de esas de las que hicieron una parodia muy buena en Documentary Now. Esa es otra, había mucho bodrio de arte contemporáneo, hasta una tontada de Mona Hatoum, que va andando descalza con unos zapatos atados detrás, y que para colmo está, la misma performance, puesta ahora mismo en el CGAC: dos sitios en la misma ciudad para ver la misma tontá.

Esto eran bolas de discoteca en una sala. En todas me reflejaba yo: tremendísima experiencia.


Había un cartel del movimiento Dadá. Este sí que me gustó, mira por dónde: