jueves, 10 de septiembre de 2026

El Museo Nacional (de vuelta I)

Volvía, catorce años después. Fui la tarde que era gratis y me metí por la primera planta, donde está la sección de diseño: empezaba, muy propiamente, por los aires franceses instaurados por la monarquía sueca que comenzó en un general francés de Napoleón, Bernardotte. No hice casi fotos, algunas de objetos de cerámica, algún cuadro, poca cosa.



Esto me recordó a mi madre, cuando leía el periódico a la hora del desayuno, cuando éramos pequeños, al marcharnos a la escuela:

Tema muy sueco:


Dibujos de Carl Larsson:

miércoles, 9 de septiembre de 2026

El edificio de la Seguridad Social de Lewerentz y tumbas

Busqué en Google Maps "edificio de la Seguridad Social" esperando encontrar el de Lewerentz y como era un nombre muy largo me contenté con la primera dirección que salió: resultó ser una oficina al lado de la Biblioteca de Asplund, que pudimos contemplar así de nuevo, desde otro lado, tras al visita del día anterior. Por suerte, el edificio que en realidad buscábamos no estaba tan lejos de allí.

Unos empleados que entraban nos dejaron ver el patio, ovalado y lleno de ventanas, muy chulo. Ahora es el momento en que entréis en este enlace, para ver todas las fotos del edificio y ese patio también.

Yo pongo solo algunas fotos mías: el exterior eran unas fachadas en ángulo recto sin concesiones a nada:

Algunos pensaréis: ¡qué horror! La verdad es que es un edificio en su mismidad ensimismada. En esta foto se ve una cornisa arriba, que le da un poquito de aire:

Al salir, un señor con tacatá nos preguntó que si nos interesaba la arquitectura. Resultó ser un profesor jubilado de esa materia en Bergen. Muy amable. Nos contó que en la iglesia de al lado había estado enterrado nada más y nada menos que Descartes, hasta que los franceses se lo llevaron. 
En el breve paseo por el cementerio, nos encontramos la tumba de Olof Palme, una piedra con su firma, en la lápida su nombre y el de su mujer y las fechas y un arbolito:


En la iglesia estaba un monumento de recuerdo de Descartes:

Otro día estuve viendo otras tumbas del cementerio en torno a la iglesia, por ejemplo esta que pone debajo en inglés que "no hay amor sin una canción":


Este pajarito me llamó la atención

"Hizo campaña por la paz, un mundo mejor y los derechos humanos":

martes, 8 de septiembre de 2026

Estado del malestar, de Nina Lykke

Mi teoría poética en la actualidad se podría formular así: Corea no, Noruega sí. En buena parte es por culpa de aquel libro horrible de Han Kang, pero también de las películas coreanas que he visto, del pop coreano, de todo producto presuntamente cultural que facturan: de todo lo de Corea me alejo. temeroso.

En cambio Noruega, no sé qué me pasa que todo lo de Noruega me interesa: Fosse, Knausgård, la película Valor sentimental. Si alguien de Noruega con dinero me lee, estaría encantado de visitar el país y continuar con mis loas en conferencias bien pagadas y con visitas a los fiordos. 

Alguien me habló de los libros de Nina Lykke y probé con Estado del malestar, que es un excelente título para lo que cuenta esta novela, esa incomodidad que se ha adueñado de nuestro mundo contemporáneo tan del estado del bienestar, con todo previsto y todo regulado y las angustias y temores aplacados, cuando no suprimidos.

La protagonista, que hay que ir recordando durante la lectura que es un personaje y no la propia autora haciendo un diario, de lo natural que le sale todo y lo fácilmente que se lee lo que cuenta, es médico de atención primaria: por su consulta pasa un panorama de esa sociedad opulenta que no es feliz. La propia médico no lo es: el vino, las series, le sirven para capear unas carencias emocionales y un sinsentido vital que descubrimos que tienen profundas raíces en su madre soltera ausente y fría. A lo más que puede aspirar es a reconfigurar a lo gatopardo la situación para que todo cambie y todo siga igual de mal (o de bien): lo económico y la vivienda asegurados, la comida y los deseos cumplidos, la insatisfacción siempre presente. Y en el horizonte, la muerte. Es un libro de un nihilismo desolador. Yo me he reído unas cuantas veces, porque tiene humor, pero a la vez es una novela bien triste. El punto más bajo, para mí, es una paciente que exige un aborto porque le viene mal el embarazo justo en ese momento, que va a hacer un viaje en el Transiberiano. Así, todo. 

Se me ocurría, por decir una tontería, que es Un mundo feliz de Huxley, pero de la vida cotidiana en la actualidad en Noruega. Es terrible porque es lo que vivimos, no en Noruega solo, aquí mismo. Eso es lo que nos ofrecen, un Estado del bienestar en el que lidiamos con nuestro malestar, que no tiene horizontes por encima del ombligo.

lunes, 7 de septiembre de 2026

Madres jóvenes, la última película de los hermanos Dardenne

Todas las películas de los hermanos Dardenne me gustan mucho, algunas las considero de las mejores que he visto en mi vida. Hacen películas que me conmueven y que creo que no tienen nada de sentimentales. Hablé aquí más despacio de las dos más recientes, El joven Ahmed y Tori y Lokita, pero mis favoritas son El hijo y El niño.
Casi todas son duras; esta última, de 2025, Madres jóvenes (Jeunes mères), que en España han traducido como Recién nacidas, sobre cinco chicas que están en situaciones vitales complicadas pero han dado a luz, pudiendo, y habiéndose planteado seriamente varias de ellas abortar, me parece que coge el toro por los cuernos y es su película más optimista, sin duda.
Ha coincidido ver la película con tener que contemplar a la gobernadora de Massachussets rodeada de mujeres sonrientes, con unas sonrisas que helaban la sangre, firmando la aprobación de la posibilidad del aborto hasta el nacimiento, y observar con estupor a otras mujeres defendiendo a una que mató a sus tres hijos. La respuesta que yo veo ante tanta maldad es esforzarse por cambiar esas leyes inicuas y ayudar a que se respete la vida, empezando por castigar los crímenes, y comprender las situaciones que están ocurriendo ahí, no para ir por la compasión a la cámara de gas, sino al cuidado real, concreto, que se da en el día a día de esas casas de maternidad que retrata la película, donde se cuida de los más débiles.
Esta película nos pone ante situaciones muy complejas, familias desestructuradas, pobreza, adicciones, y con ello nos sitúa en el núcleo de la sociedad y la sociabilidad y nos hace pensar sobre el sentido de la familia, de qué significa nacer, ser amado, la maternidad, la paternidad (o la ausencia de esta sobre todo), de qué es en realidad el sentimiento de amor maternal y en qué medida es un sacrificio y un gran don.
  

viernes, 4 de septiembre de 2026

Fui a ver el Vasa

Hace 14 años no visité el Museo Vasa, aunque iba todo el mundo: pensaba que a mí no me iba a interesar. Esta vez me insistieron y al grito de oportunidad única fui: por 24 euros comprobé que no, que no me interesaba en realidad, o tanto como para estar una hora: cinco minutos quizá sí.

El Vasa fue un barco fastuoso que botaron en 1628: recorrió unos cientos de metros y empezó a oscilar y se metió agua por unas "ventanas" y el barco capotó y se hundió. 350 años después lo sacaron del fondo, en muy buen estado, eso sí. 
Han hecho un Museo en torno a él, para que puedas verlo desde varias alturas, pero sin tocarlo ni entrar, por razones de conservación. En buena parte, el Museo es un autohomenaje de los restauradores a sí mismos. 
El barco está bien, no digo que no. Pero es que a mí los barcos no me interesan mucho, la verdad, incluso uno tan barroco y tan fastuoso como este. Bueno, por lo menos puedo contarlo aquí y poner alguna foto:

De la popa, el lado noble:

El Escudo de Suecia:

La parte de debajo:

Y aquí todo a lo largo. Es un barco grandísimo:

El espolón de proa, si es eso lo que creo que es un espolón de proa:

Por troneras como estas se metió el agua, Los agujeros circulares eran para cañones:

Una barca salvavidas. Se ahogaron 30 de los 450 que iban:

jueves, 3 de septiembre de 2026

Un paseo a Bellevue

Metiéndome por calles laterales llegué pronto al final por arriba del barrio de Östermalm, donde viví esos días. Justo ahí había una entrada al gran parque que recorre Estocolmo, desde el mar hasta arriba. Era una esquina llamada Bellevue, bonita, con árboles que me impresionaban, de tan cuidados y armoniosos, quizá hasta centenarios. Por allí había un lago o podía ser el mar, con embarcaderos. Transpiraba todo de una gran serenidad: puede que dentro de casa los suecos se tiren los trastos a la cabeza, pero los parques como ese son un atisbo de un cielo pleno de armonía. 

En medio estaba el taller de Carl Eldh, un escultor. Yo vi que justo al pasar lo abrían para visitas e, ingenuo de mí, pensé que sería gratis: qué va, 14 euros por ver una casita con su lugar de trabajo y unas copias en yeso. No sé si lo pagaría por el taller de Rodin (por el de Donatello sí), pero el del pobre Eldh ahí se quedó, en las uñas de mi roñosería, no visto por mis ojos, que se comerá la tierra.

Pero mirad los espacios de por allí:



A la vuelta me fijé en las vistas de Estocolmo desde uno de esos mogotes que hay desperdigados por esa llanura que es casi toda la ciudad de Estocolmo. Aquí había un depósito de agua con forma de castillo y desde el se veía el rascacielos de Koolhaas, del que ya hablaré:

miércoles, 2 de septiembre de 2026

La Biblioteca de Asplund en obras

Casi lo primero que hice en Estocolmo fue ir a volver a ver la biblioteca que hizo Gunnar Asplund en 1928: ahora está en obras y la reabrirán en su centenario: coincide con otros centenarios que yo me sé.

La recordaba, pero en mi recuerdo era más pequeña, más de juguete. Ahora me pareció más rotunda, más imposante, si me permitís que lo diga en francés. Es un cuadrado y un cilindro, aquí vistos por un lado:

Entre medias del cuadrado corría un friso que yo creí la primera vez que era jeroglíficos egipcios y no, que eran imágenes modernas con aspecto de egipcias, pero de todo tipo:



La pena era no poder entrar y meterse hasta el centro del círculo cubierto de libros, subiendo por la rampa, como si fuera una mastaba. Estaba todo tapado. De malísimo gusto eran las citas literarias que habían puesto, de Han Kang, Paulo Coelho, motivos vivientes para que dudes de la necesidad de que haya bibliotecas: