lunes, 20 de abril de 2026

La carretera de Cormac McCarthy

Es el segundo libro de Cormac McCarthy que leo, tras Todos los hermosos caballos, buena novela pero que recuerdo, 25 años después, como abrumadora: el desierto mejicano, la soledad, el polvo.

La carretera es otra cosa, una impresionante novela de párrafos breves, de pequeñas escenas, de conversaciones mínimas y apremiantes. Lo abrumador es al final la expresión completa de la realidad de protector, de devoción, de educación, del padre protagonista, que me ha impresionado. Es un logro memorable, me parece. El escenario apocalíptico es para mí secundario, importante en la medida en que permite hacer posible esa relación tan estrecha, única, entre un padre agobiado por la desesperación, y su hijo niño todavía, que depende en todo de él y a la vez es capaz ya de juzgarlo y de intervenir en el proceso de su formación humana.

También el escenario apocalíptico da el tono, el color, el espacio donde sucede la acción. El pesimismo sobre la condición humana puesta a prueba (y he leído el libro después del Covid) deja algunos atisbos de esperanza, sobre todo al final. En un mundo que agoniza en todos los sentidos, es posible el bien, el darse, la entrega.

Quizá es una cuestión menor, pero me irritaba encontrarme palabras que no había oído nunca. Hacia el final del libro me puse a apuntarlas: quimbombó, caballón, raquero, isoclina, arrufo, pampootie, alcorza. ¿De quién es la culpa, de McCarthy, o de Luis Murillo Fort, el traductor? A mí me fastidia encontrarme palabras raras, especialmente en una novela de un marco tan realista como esta, con diálogos casi en exclusiva entre un padre y su hijo pequeño que, como es lógico, son muy sencillos. Algunos párrafos descriptivos son o de aire poético o de prosa un poco llevada a tensiones que no son exactamente lo que más me gusta. Pero el libro me ha gustado, me ha impresionado, sí.

jueves, 16 de abril de 2026

Mis Diarios favoritos

No pretendo conocer muchos, pero puedo mencionar estos cinco de España:

El Salón de Pasos Perdidos de Andrés Trapiello en la cima.

El Diario de José María Souvirón.

Los Diarios de Iñaki Uriarte.

Los de Enrique García-Maíquez, en proceso. 

Es ficticio, pero que gran libro es el Diario de un cazador de Delibes.

Añadiendo los de Bloy y los de Knausgård, yo ya me daría por satisfecho con la lista. Quizá también metería las Memorias de Canetti, sabiendo que no son diarios, pero qué importa.

miércoles, 15 de abril de 2026

Más palabras griegas elevadas en el griego moderno

Sigo con el griego moderno en Duolingo. Esta semana me tocaban términos económicos y empresariales y entre ellos me llamaron la atención los que para nosotros son cultismos y en el griego actual son de uso común:

σύνταξη para nosotros sintaxis, para los griegos actuales es pensión.

συμβόλαιο casi símbolo, para los griegos actuales es un contrato de trabajo.

ανταγωνισμό antagonismo, pero en Grecia ahora es la competencia (con otra empresa, por ejemplo).

συμφωνία sinfonía, pero en griego moderno acuerdo (por ejemplo con otro país).


Esto es la primera página de un contrato de arrendamiento (μισθωτήριο συμβόλαιο):

martes, 14 de abril de 2026

La belleza no caduca

Del Diario IV de José María Souvirón, a propósito de una planta que ve crecer entre el Colegio Mayor Cisneros, donde vivía, y el Colegio Mayor Colombiano, en la Ciudad Universitaria de Madrid:

El otro día, al pasar por el erial que hay entre este colegio y el Colombiano, lo vi, de súbito (como si creciera a mi vista) cubierto de verdor apretado, de florecillas blancas y amarillas. Lo primero que me sorprende es ver salir esa vida de semejante tierra: un baldío duro, reseco, erosionado, con el suelo agrietado como la piel de un cocodrilo muerto, y con algunos papelajos, pedruscos, ladrillos rotos y basura. Hoy no se ve nada de esto último. Fijándome, he descubierto algún cascote entre la yerba, que lo cubre y protege. Y en seguida he pensado que ya se acercan los calores, y que todo verdor perecerá. No por ello he dejado de llenarme los ojos, golosamente, ansiosamente, con esa vida, pero en lugar de pedirle -sin resultado, claro está- duración, le he atribuido constancia. Que vuelva, y que llegue una vez en que toda la naturaleza, ya sagrada -y no menos natural-, no necesite para conmoverme o seducirme de su caducidad. Que ni el invierno ni el verano quiten y pongan, sino que todo . Y con esto me he sentido más feliz, más seguro, que pensando en el pasajero vivir de eso que hoy es pradera y ayer -y mañana- baldío (94).

lunes, 13 de abril de 2026

Diario V de José María Souvirón

Se me han acabado, con su vida, el Diario de José María Souvirón: he vivido con él una ancianidad cada vez más difícil, con problemas de salud que iban siendo cada vez más serios. Este último volumen en realidad abarca los dos años 1969 y 1970; entre 1971 y su muerte en 1973 hay unas pocas anotaciones aisladas, que en buena medida son hitos de la cercanía del fin.
En este último periodo vemos a Souvirón cada vez más centrado en lo último, con la alegría de que un hijo suyo se trasladase a vivir a España: esa soledad asumida de buena parte de su vida, la que reflejan estos diarios, se llena del consuelo de tenerlo cerca con su nuera y nietos, mientras todo lo demás da la impresión de que se desmorona: una situación política de fin de época, una Iglesia que parece que se tambalea, con sacerdotes diciendo tonterías en las homilías, música ridícula y el desprecio de todo lo noble.  
En este volumen, haciendo recapitulación de su obra a propósito del libro que estaba terminando de revisar de sus poesías completas, dice "Este Diario que puede ser mi mejor obra" (204). Acierta completamente: yo he revisado sus Poesías completas y no supe qué hacer con ellas. No me atrevo a mirar ni sus novelas ni sus ensayos, pero tengo claro que este Diario en cinco volúmenes es una de las grandes obras de la literatura española del siglo XX. No me cabe duda si me ciño al género de los Diarios: no conozco ninguno que esté a la altura en el periodo hasta 1975. Se me podría decir que El cuaderno gris de Pla. Ahora lo quiero volver a leer, porque me lo dejé a la mitad: no me acababa de enganchar, el nihilismo de Pla me echaba para atrás. En cambio el Diario de Souvirón es un monumento de expresión de la intimidad, quebradiza, con sus pesares, fallos, defectos y prejuicios, pero por eso más honda y viva y emocionante. Es impresionante al final.

Parece que tiene de modelo los diarios de Julien Green. Yo sin haberlo leído, pienso que esto hace que sea tan excepcional en el panorama español este diario. Os cito del volumen I, recién comenzado su Diario, esto:
Domingo, 9 de octubre [de 1955]
La verdad: escribo este diario para mí, pero con cierto deseo de que lo pudieran leer otras personas. Tarde lo he comenzado, sin duda. Lo que me hizo abandonar varias veces la idea, desde hace años, fue el haber leído otros muchos, famosos estos, y con tanto deleite como sorpresa, con tanto interés como desconfianza. Recuerdo, así, sin hacer mucha memoria, los de Pepys, Gide, Julien Green, Baudelaire, Kafka, Paul Léautaud. En todos hallé una mezcla de sinceridad, de confesión y literatura, escapatoria, justificación, que me atemorizaba para empezar el mío.
Por fin, me decidí, como Green, que al iniciar el suyo da por toda explicación: «En 1928 me comprometí ante mí mismo a llevar regularmente un diario y a contar en él toda mi vida.
No sé hasta qué punto lo llevaré yo regularmente ni si contaré aquí toda mi vida». Depende de la intensidad que le demos (Green y yo) a la palabra toda (92)
Por cierto que creo que también ese modelo sirve para explicar de paso algunas menciones que han sido criticadas por los que han leído este Diario de Souvirón: teniendo como referencia a Green, quizá no quería ni por asomo que lo identificaran con las menciones sexuales de este, así que de hecho carga la mano pasándose por el otro lado, en un donjuanismo más implícito que real.

Si España fuera medianamente normal, el canon de la literatura del yo del siglo XX tendría que tener en cuenta estos Diarios de Souvirón. 

Y muchas gracias a los editores, Javier La Beira y Daniel Ramos López por presentar un texto tan cuidado y tan limpio, que da gusto leer.

viernes, 10 de abril de 2026

Mortal y fúnebre. Leer la Ilíada de Aida Míguez Barciela

Me dejaron Mortal y fúnebre, Leer la Ilíada, de Aida Míguel Barciela, sin muchas explicaciones, así que lo leí sin prevenciones ni parti pris ni expectativas: ha resultado ser un libro excelente. Sale de una tesis doctoral dirigida por Felipe Martínez Marzoa, en la que se ha quedado con lo suficiente para lo que describen en la editorial como "una confrontación con el texto de la Iliada". Eso es, una lectura detenida, atenta, precisa, con traducciones rigurosas y lo más literales posibles de pasajes decisivos, que observa con una mirada claramente de filósofa, no de filóloga ni de historiadora, aunque su lectura está pegada al texto y es consciente de lo histórico. Lo mejor es que no incurre en los errores de algunos así llamados filósofos, que saquean el mundo clásico para usarlo de pretexto para sus ideas previas: ella lee la Ilíada lo más cerca del texto que puede; no está buscando en textos ad hoc justificaciones para teorías precocinadas o pergeñando etimologías dudosas para querer demostrar lo que ya se traía previamente de bagaje: es una lectura fresca y viva.

Resalta la figura de Aquiles, en su soledad sobre todo, en su radical condición mortal. Me ha impresionado mucho la presentación de su figura en su aislamiento. No pretende instalarlo como modelo ético, tampoco criticarlo, sino comprenderlo en su condición de enfrentamiento respecto a los demás y frente a los dioses, en la presencia de la muerte tan inminente. 

El capítulo más logrado, también literariamente, me parece, es el del escudo de Aquiles, magnífico.

Nos hacen falta libros así. Los filólogos nos atascamos fácilmente en pormenores y detalles y hay una necesidad enorme de estudios hondos de la Ilíada, para lectores que quizá no sepan mucho griego, pero que conocen la obra de Homero en traducción y quieren dar un paso más en la profundización en el texto.

Esta es la portada de la edición que he leído, de 2016 en la editorial Dioptrías (me gusta y a la vez no me gusta, porque lo de la flecha en el talón es una tradición que solamente se documenta en Roma: quizá sea más antigua, pero Homero no la menciona). Hay otra edición de 2024, la que enlazo arriba.