jueves, 17 de septiembre de 2026

El Estadio Olímpico y la Universidad Politécnica

Vivía por la zona del Estadio Olímpico de 1912 y al lado de la Escuela Politécnica, pero nos fuimos fuimos a coger un barco autobús hasta la zona del teatro real en dirección a Ropsten. Como Estocolmo es una sucesión de lagos, mar e islas, también tienen barcos en la red de transporte. El trayecto fue de algo más de una hora y lo disfruté mucho. 

Esto es el Teatro Real:

Pasamos junto al parque de atracciones de Tivoli, encantador y terrorífico:


Al poco, en el otro lado, un edificio brutalista:

Llegamos a Ropsten y cogimos un autobús. Nos sentamos delante y la conductora del autobús me llamó la atención por hablar alto, la primera vez que me pasa en mi vida: no sé si esperaba que estuviésemos en silencio. De verdad que yo tiendo a hablar bajito y además se oía ruido fuerte de niños detrás (hay muchos niños y mucho ruido de niños en Estocolmo: es una lata primero y una alegría en conjunto): creo que pagué yo los platos rotos o es que en ese asiento no se debía hablar, no lo sé.

Paramos cerca del Estadio Olímpico, en el que se podía entrar, y le mandé fotos, una placa de Paavo Nurmi y una panorámica, a mi sobrino Diego, que el día anterior había ganado el bronce en 400 metros vallas en el Campeonato de España y que ese día iba a ganar otro bronce con su equipo, el Capex, en 4x400. No gano para sobrinos campeones:


Seguimos luego andando y llegamos al edificio de la Universidad Politécnica, que me gustó, en ladrillo, con bronce por los tejados:



Esto debían de ser unos laboratorios, poniéndonos positivos:

Otro día volví por la Universidad Politécnica y le hice fotos a este edificio por otro lado. Los cojines metálicos son una instalación, parecen blandos pero son sólidos:

También estuve viendo la nueva Escuela de Arquitectura, que no sé si me convence del todo:


Y luego este edificio-casa con ventanas:

miércoles, 16 de septiembre de 2026

El Ayuntamiento de Estocolmo

Tiene un gran aplomo, el Ayuntamiento de Estocolmo:

En mi primera visita, hace 14 años, me acerqué, pero sin entrar. Esta vez pensé que tenía que entrar a verlo. Ahora pienso que tenía que haber subido a la torre, porque la vista desde allí tiene que ser espectacular.

El problema es cuando te fijas en el edificio de cerca. Yo tenía mis dudas, pero pagué la visita guiada (15€) y allí estaba: es un edificio que no tiene parte alguna que se pudiera llamar "bonita". Hay un gran espacio central donde hacen la gran cena de los premios Nobel, pero eso es lo más emocionante que te puedes encontrar en el edificio.

Hay salas que impresionan, en concreto la de plenos, pero nada realmente hermoso, ni siquiera la sala de mosaicos de oro, que llaman la atención de primeras, pero luego son dolorosamente feos:



Entre las imágenes de la historia de Suecia estaba la visita de la reina Cristina al Papa (todavía les duele):

Este es Carl XII matando gente:

Nada, que por mucho que esté estudiando sueco con Duolingo, todavía me confundo entre "en" = "i" y "desde", que no sé todavía cómo se dice en sueco. Desde la torre tendría que haber mirado, no dentro del edificio.

martes, 15 de septiembre de 2026

Cuadernos infantiles

En julio, en Burgos, estuve viendo cuadernos que estaban guardados, de cuando yo tenía 10-11 años.

De clase de Religión:




Esto era geografía y no sabía entonces que me iba a pasar más de 25 años en torno a ella:


Esto era la "matemática moderna" con la que nos torturaban entonces:

Aquí, ejercicios:

Yo creo que lo llamábamos "operaciones":

lunes, 14 de septiembre de 2026

Una nueva forma de contemplación: viajar por el archipiélago de Estocolmo

Ya hace 14 años fui en barco a Sandhamn, una isla en el borde del mar abierto, creo que a tres horas de Estocolmo. Esta vez no salimos tanto, llegamos a la islita de Grinda, a dos horas y media en un barco que en parte era del transporte público, con lo que nos valía la tarjeta mensual de transportes, y la otra parte nos lo acabaron perdonando a la ida porque éramos muchos y sufría la sacrosanta puntualidad y a la vuelta me cobraron, sin preguntarme, por querer pagar yo a uno mayor que venía conmigo, como jubilado también (me ha pasado ya más veces). En resumen, cinco euros por cinco horas de barco maravillosas.

A la ida íbamos hablando de pie, mirando el paisaje maravilloso. Yo hacía fotos, esperando el milagro de que salieran a la altura de mis expectativas: las casas en sitios inaccesibles por tierra, los transbordadores, el color metálico del mar o azul con brillos del sol, los embarcaderos, los árboles grandiosos, frondosos, sólidos.

Al llegar, anduvimos por la isla, que casi nos recorrimos entera en media hora, comimos, descansamos, alguno se bañó y nos volvimos. Buena parte del viaje de vuelta la hice sentado arriba, en un lado, viendo pasar el paisaje, los ferris a Finlandia, los barcos de recreo, los transbordadores, las islas mil que hay allí. No me hubiera importado que el viaje hubiese durado el doble. Yo pensaba que no hacía falta buscar más allá: para la calma contemplativa, ver pasar desde el barco el paisaje prodigioso.

Al salir, la línea de edificios de Estocolmo al fondo:


En este sitio de la isla de Grinda comimos:

La isla, al irnos:

Hay muchos sitios así, con casas, árboles y embarcaderos:


Casi al llegar de vuelta, el parque de atracciones de Tivoli:

viernes, 11 de septiembre de 2026

El Museo Nacional (de vuelta y 2)

En 14 años la museología ha cambiado mucho y creo que no para bien. Lo más llamativo es poner cuadros encima de otros o encima de las puertas: tienen dos de Goya grandes y los han puesto a tres metros de altura, sobre dos grandes puertas: no ves ni casi cuál es el tema. Lo mismo pasa con un retrato de Antonio Moro que me había gustado la otra vez, o el único Greco que tienen: no lucen nada, habría que verlos con binoculares. 

Por lo demás, el Museo tiene una colección floja, en la que solamente destacan algunas obras. Quieren dar protagonismo a algunos suecos, pero es que son muy normalitos. Hay mucho francés rococó (ya, no mi época favorita del arte). A veces parece como que va a haber destellos murando algunas obras concretas, pero no.

Por resumir: algo de Cranach, un retrato de Frans Hals, un san Jerónimo de Georges de la Tour, un Bellini, varios Rembrandt y ahí podríamos parar. Tampoco en las artes decorativas destaca: todo lo he visto, y mucho mejor, en otros sitios.

El san Jerónimo de Georges de la Tour:



Un paisajito de Claudio de Lorena:

Este retrato de Frans Hals:



Rembrandt, la criada

Este es el sueco, Alexander Roslin, la mujer del velo (que es su mujer):

jueves, 10 de septiembre de 2026

El Museo Nacional (de vuelta I)

Volvía, catorce años después. Fui la tarde que era gratis y me metí por la primera planta, donde está la sección de diseño: empezaba, muy propiamente, por los aires franceses instaurados por la monarquía sueca que comenzó en un general francés de Napoleón, Bernardotte. No hice casi fotos, algunas de objetos de cerámica, algún cuadro, poca cosa.



Esto me recordó a mi madre, cuando leía el periódico a la hora del desayuno, cuando éramos pequeños, al marcharnos a la escuela:

Tema muy sueco:


Dibujos de Carl Larsson:

miércoles, 9 de septiembre de 2026

El edificio de la Seguridad Social de Lewerentz y tumbas

Busqué en Google Maps "edificio de la Seguridad Social" esperando encontrar el de Lewerentz y como era un nombre muy largo me contenté con la primera dirección que salió: resultó ser una oficina al lado de la Biblioteca de Asplund, que pudimos contemplar así de nuevo, desde otro lado, tras al visita del día anterior. Por suerte, el edificio que en realidad buscábamos no estaba tan lejos de allí.

Unos empleados que entraban nos dejaron ver el patio, ovalado y lleno de ventanas, muy chulo. Ahora es el momento en que entréis en este enlace, para ver todas las fotos del edificio y ese patio también.

Yo pongo solo algunas fotos mías: el exterior eran unas fachadas en ángulo recto sin concesiones a nada:

Algunos pensaréis: ¡qué horror! La verdad es que es un edificio en su mismidad ensimismada. En esta foto se ve una cornisa arriba, que le da un poquito de aire:

Al salir, un señor con tacatá nos preguntó que si nos interesaba la arquitectura. Resultó ser un profesor jubilado de esa materia en Bergen. Muy amable. Nos contó que en la iglesia de al lado había estado enterrado nada más y nada menos que Descartes, hasta que los franceses se lo llevaron. 
En el breve paseo por el cementerio, nos encontramos la tumba de Olof Palme, una piedra con su firma, en la lápida su nombre y el de su mujer y las fechas y un arbolito:


En la iglesia estaba un monumento de recuerdo de Descartes:

Otro día estuve viendo otras tumbas del cementerio en torno a la iglesia, por ejemplo esta que pone debajo en inglés que "no hay amor sin una canción":


Este pajarito me llamó la atención

"Hizo campaña por la paz, un mundo mejor y los derechos humanos":