En la rúa Basquiños conté cien tapas de registro metálicas sobre la acera, en la parte más estrecha. Antes había hecho esta foto junto a la parada de autobús:
Fotos de proximidad.
En la rúa Basquiños conté cien tapas de registro metálicas sobre la acera, en la parte más estrecha. Antes había hecho esta foto junto a la parada de autobús:
Para un poema inconformistaCatólicas mis manos, católica mi frente,
católica mi forma de escribir este verso,
católicos mi vientre, mis noches, mis heridas,
la risa con que miro el tamaño del tiempo;
católico en Logroño, católico cenando,
en octubre, desnudo, sonándome, en français;
católico pecando, católico pidiendo
perdón por mis pecados, y pecando, y mil veces;
católico perdido- qué ganado-, que el mundo
lo señala, católico, lo humilla,
católico, le escupe, lo arrincona,
lo crucifica un poco- qué suerte: lo va haciendo
(Mateo, 5, 11) un bienaventurado-.2.XI.1987
Desde que estuve en Atenas me dio por aprender griego moderno, usando Duolingo, aunque es solamente griego-inglés y no hay prácticas de expresión oral. En resumen, tres años después de dedicar cada día 3 minutos al tema, no sé cuánto sé de griego moderno, if any.
He ido apuntando palabras del griego moderno que en él son normales y que nosotros hemos introducido como cultismos, de ahí los saltos entre un significado más básico y otro más abstracto:
ἐπιφάνεια (epifáneia): superficie (para nosotros epifanía).
ἀνακάλυψη (anakálypsi): descubrimiento (nosotros no tenemos ese, pero sí apocalipsis, revelación.
πραγματικός (pragmatikós): real (para nosotros, pragmático).
διαγώνισμα (diagónisma): examen (nosotros tenemos agonía).
σημαντικός (semantikós): importante (para nosotros, semántico).
He tenido una clase sobre términos de internet, con palabras que me han llamado la atención:
φυλλομετρητής (fyllometretes): buscador web.
δρομέας (droméas): cursor.
ειδοποίηση (eidopóiese): notificación (por ejemplo de Facebook).
αἴτημα φιλίας (áitema filías): petición de amistad (en Facebook, por ejemplo).
Ayer hablaba del episodio de Elpénor en el canto XI de la Odisea.
Esta es una pelike (una jarra para vino o aceite), del pintor de Licaón (muchas fotos y una descripción detallada, en la web del Museum of Fine Arts de Boston).
A la izquierda está el muerto Elpénor, desnudo, mirando a su señor, Ulises sentado, que tiene la espada extendida defendiendo el hoyo con sangres que ha hecho. Ulises navegó hasta allí pero Elpénor suponemos que ha llegado volando, o mejor, su alma con forma corporal, pero que no es cuerpo, porque el cuerpo físico permanece donde murió, sin enterrar todavía. En medio de ambos están las ovejas sacrificadas a los muertos. Detrás, y esto es novedoso respecto al pasaje de la Odisea donde se describe esta escena, está el dios Hermes, que es el encargado de lleva a las almas al mundo de los muertos, pero no aquí sino en el canto XXIV.
Una descripción excelente de la técnica artística de esta pelike está en este enlace. Allí ponen esta imagen donde se ve las líneas de los juncos y la roca en que sujeta las manos Elpénor:

Hay un vídeo de un minuto del Museum of Fine Arts de Boston, que muestra todavía mejor las líneas que se han perdido en buena parte: los juncos entre los que está Elpénor y rocas en las que sujeta ambas manos. De las ovejas gotea sangre. Es impresionante.
Si os interesa la figura de Elpénor, el mejor artículo que he leído sobre él es de Jonathan Burgess: lo podéis leer entero en este enlace. Quizá antes podáis leer un estudio de Marco Antonio Santamaría, aunque trata a Elpénor con demasiada dureza, me parece, pero el estudio en conjunto es excelente, sobre diálogos entre vivos y muertos en los textos homéricos: también está en línea.
Estoy disfrutando mucho con el comentario en clase del canto XI de la Odisea. Yo ya lo había leído cuando hacía la carrera, pero es como verlo de nuevas. Me ha impresionado primero el episodio de Elpénor, que quedó muerto en el palacio de Circe y al que no echaron en falta cuando partieron navegando al mundo de los muertos. Al llegar allí, Ulises hace un agujero en el suelo con la espada, realiza libaciones y sacrifica unas ovejas. Justo entonces, mientras se arremolinan las almas de los muertos deseando beber la sangre, Ulises ve a Elpénor, que le pide que cuando vuelva al palacio de Circe lo entierre y lo llore, o más exactamente, que no lo deje ἄκλαυτον ἄθαπτον (áclauton áthapton) sin llorarle, sin enterrarle. Le tiene que hacer un túmulo funerario y plantar allí el remo de un hombre desgraciado del que recibirán noticias los hombres venideros (ἀνδρὸς δυστήνοιο καὶ ἐσσομένοισι πυθέσθαι 76).
Lo que más me conmueve son los tres últimos versos, donde dice que conversan los dos, sentados, pero de Elpénor dice que, εἴδωλον δ᾽ ἑτέρωθεν ἑταίρου πόλλ᾽ ἀγόρευεν, la sombra de mi amigo seguía al otro lado sus largas razones, en la traducción de José Manuel Pabón; en la de Segalá, hablaba largamente. Eso es lo que me deja hundido, que el pobre Elpénor siga ahí, hablando y hablando, ya muerto. Pero a continuaciòn, Odiseo le deja con la palabra en la boca, porque con quien ha ido a hablar es con el adivino Tiresias.
Mañana os pongo una cerámica que representa la escena impresionantemente. Hoy, un grabado de su entierro, que se cuenta en el canto XII: