viernes, 18 de junio de 2021

El Capitán Fantástico

Me sorprendió que me gustase una película, El capitán fantástico, sobre una familia de progres que viven a su modo el ideal de la vida aislada en la cabaña -ese sí que es un mito americano, desde el Walden de Thoreau- cruzado con resabios de la República de Platón. 

Milagrosamente, al menos a mí me lo parece, a la vista de los ingredientes, la película funciona, aunque me chirríen muchas cosas por el camino. Tiene puntos de humor geniales, por ejemplo la celebración que hace del cumpleaños de Chomsky. La música es extraordinaria, por ejemplo esta versión sorprendente de una canción de de Guns N' Roses, sorprendente para mí porque aquí descubres que es una canción básicamente buena, por encima de todo lo que tengas en contra de ese grupo (la pongo desde el momento que comienzan a cantar, para no destripar del todo el argumento):


También está esta otra versión:  
 Y esta canción de Israel Nash:

miércoles, 16 de junio de 2021

«Ya sentarás cabeza», de Ignacio Peyró

[Hice esta reseña el 9 de octubre de 2020 y aprovecho para revisarla, sobre todo quitando elementos autobiográficos y comentarios que ahora me parecen secundarios o extemporáneos. Creo que ha quedado un texto más ajustado, según los modelos habituales de la crítica literaria. Sigo sin saber si acerté: si fuera por la casi unanimidad de los que lo han comentado, claramente no]

Ya sentarás cabeza. Cuando fuimos periodistas (2006-2011), son los diarios de ese periodo de Ignacio Peyró. Lo leí primero con curiosidad y luego por el morbo de regodearme en el mal cuerpo que me estaba quedando.

Es un libro que son varios libros. A veces parece, sobre todo al principio, que quiere emular a los de la prosa cipotuda (el término quedó acuñado en un artículo memorable), metiendo incluso algunas expresiones groseras, como para demostrar que puede. Sorprende, porque el autor está muy lejos de ese mundo estético de barbas de tres días, pero en el fondo acabas comprobando que es lo mismo: presumir de bares y de cerrar tugurios. En todo caso es la versión burguesa de derechas de un movimiento en principio más a la izquierda, aunque todos se acaban encontrando en un glorioso lugar común: el Centro, incluso el Extremo Centro. En el resto del libro sí que se repite hasta la saciedad la temática de lugares de Madrid donde beber, a los que hace sentidas elegías cuando cierran, la parte más aburrida del libro, al menos para mí.

También es crónica política del mundillo de Madrid, podrido y encantado de conocerse: a un lado Zapatero y al otro Rajoy. Alrededor, Pepiño y Bono, Soraya y Cospedal, Anasagasti y Durán Lleida. En el prólogo dice Peyró de sí mismo que es wet; tuve que buscarlo en internet: wet es una persona sin opiniones firmes. Lo debió de bordar a base de escribir discursos para Cospedal y luego para Rajoy, a partir de 2011: este libro es la crónica de cómo llegó hasta allí, como el Lazarillo, que llegó a casarse con una barragana de Toledo. Las únicas convicciones que muestra en este libro Peyró son sobre vinos.

El libro es también su mirada al mundillo periodístico de la derecha, siendo él perfectamente de centro, como Rajoy, por otro lado. Habla mucho de Él Confidencial Digital y de Intereconomía: todo con un tono como muy de ascopena.

Hay unas cien páginas donde menudean las menciones al Opus Dei, porque tiene muchas personas de la Obra a su alrededor, que confían en él y lo ponen al frente de proyectos varios. Están los numerarios, con anillacos, fuera de época y con los pantalones demasiado cortos y las camisas no del todo planchadas y están los supernumerarios, con devociones ridículas y fracasos matrimoniales al fondo. A la Universidad de Navarra y sobre todo a la Facultad de Periodismo las ataca con persistencia.

La cultura que quiere Peyró tiene referentes con los que coincido, como José Jiménez Lozano y Carlos Pujol, y otros con los que no, los fundamentales para él, sobre todo Valentí Puig, básicamente escritores de centro, conservadores a lo Rajoy o Cameron, gente que sabe cómo son en realidad las cosas y que no se deja engañar por las pantallas que ellos mismos van contribuyendo a crear para adormecer a las masas. A Peyró parece que le gustan los escritores vaporosos en la línea francesa, tipo Modiano o Giono, escritores cagapoquito, con mucho París entre la niebla o que saben dónde se cocinan las mejores becadas. Él cita como referente a Juan Manuel Bonet, pero está a galaxias de distancia en conocimiento artístico y literario.

En la última parte va metiendo artículos y trozos de artículos que no acaban de encajar. Hay uno sobre Julio Iglesias: en cosas así sí que es Peyró muy de derechas. Coloca una columna contra el Power Point y otra contra Google, todo muy rancio. Luego critica los toros, con el argumento de que perjudican a la Marca España, en la línea margallesca.

Son diarios de cuando tenía entre 26 y 31 años, pero los revisa con 40, con suficiente edad como para corregir mucho de lo que chirría aquí. Esta dispersión entre varios diarios metidos en uno, sin que parezca, sobre todo al final, que haya hecho una lectura reposada del conjunto que hubiera evitado muchas repeticiones, no sé si se debe a los varios modelos que quiere imitar: Pla (pero le falta su finura y la agudeza), Umbral (pero no le salen los retratos como a él y le falta la capacidad de describir ambientes) y sobre todo a Trapiello, al que imita en lo más superficial sin conseguir alcanzarlo en lo fundamental.

Por terminar con los exámenes

De lo que me apunté de los exámenes de Selectividad, me gustó especialmente una definición de «panteísta» con chispa y márgenes de posibilidades: 

Persona que cree que la naturaleza y Dios son lo mismo. Ej: Científicos como Einstein eran total o parcialmente panteístas.

Por seguir con compuestos de «pan»: alguien puso «pantalón». Resultó, cuando lo busqué en google, que estaba bien, porque viene de la comedia italiana, del personaje Pantalone, que es el nombre Pantaleón, que sí que tiene el adjetivo «pan».

Alguien puso «pandemonio», explicando lo siguiente: «Todos los demonios. Discoteca».


- Sobre «hemera» (día) varios pusieron: «amanecer». Ni pillaban la idea de lo que es la composición con términos griegos.


- Algunos compuestos sobre «polis» (ciudad): Indianapolis. Polizón. Cibertrópolis. Monópolis (lo explican así: «unha única cidade»). 


Prácticamente no había casi faltas de ortografía. Una sí que me dio escalofríos: «Horáculo».

martes, 15 de junio de 2021

Todos mandando, qué utopía más chula

Por seguir con los exámenes de selectividad:

Del adjetivo «pan» (todo), citaron varios la palabra «pantocracia» (y «pantócrata»), nuevas para mí. Busqué en google a ver: como siempre, hay algún zumbado con pretensiones que la ha usado ya: de todos modos la di por mala, porque a mí me parece un término monstruo de la teoría política. Mira que la palabra «democracia» ya tiene problemas en su aplicación estricta desde el momento en que superas el nivel de un cantón suizo, así que la «pantocracia» es el colmo de la destructividad de una teoría política enloquecida donde todos mandan.

También me encontré que alguien ponía 

pantófobo: el que le teme a todo. 

Lo más curioso es que sí que existe en portugués: ya sabemos que nuestros vecinos, si en algo pecan, es en tender a cierta grandilocuencia, eso es un hecho. Pues la misma persona que puso pantófobo puso también -adelante con los faroles:

egófobo: El que tiene miedo de sí mismo.

Yo ya digo que no tengo formación en psicoanálisis como para lidiar con todo esto. 

lunes, 14 de junio de 2021

Egolatrarse moderadamente

Nos pasamos la vida buscando la anécdota significativa que podamos elevar a categoría, el descubrimiento deslumbrante en la nuez (in nuce) de esa revelación que nos tiene preparada la providencia, a la que sabemos juguetona, dejando pistas por ahí, esa misma que da tan sorprendentes giros de guión, la pandemia, sin ir más lejos. 

Estuve corrigiendo este fin de semana exámenes de Griego II de Selectividad y me encontré, a partir de «ego» muchas respuestas con «ególatra». 

Me gustó esta definición que dio alguien, por contenida:  

Persona que se tiene a sí misma cierta admiración.

Una invención bonita en esa línea es la de alguien que puso «egolatrarse», y además como un proceso con grados de ascenso. 

Aunque la mejor meta-definición de «egolatría» es esta: 

Admiración hacia uno mismo. Puede tener un carácter negativo.

Yo, hacer el análisis psiconanalítico de esto lo dejo a vuestra prudencia.

viernes, 11 de junio de 2021

4 libros para los alumnos de 2021

Con la alegría de ver que en Madrid había salido un examen con un texto no encerrado en el marco canónico del centro centrado, se me ocurrió curiosear el examen de Lengua y literatura castellana que habían puesto en Galicia. Aquí todavía domina el PSOE-State-of-mind (y no conozco a la coordinadora, pero me da que seguramente las Charos también) y pusieron el típico texto de El País (el PDF aquí) sobre ecologismo y la necesidad de (todavía más) políticas públicas.



Me sorprendió que una pregunta era sobre una obra que no conocía El lector de Julio Verne: resultó ser una novela de Almudena Grandes. Volviendo a rebuscar (aquí tenéis el PDF, en gallego), resulta que los cuatro libros que tienen que leer todos los alumnos en Galicia son los siguientes: El romancero gitano de García Lorca, La fundación de Buero Vallejo, Crónica de una muerte anunciada y esa novela de la Charo suprema, Almudena Grandes. Yo no he leído ninguna, ni ganas. Bueno, en realidad estuve mirando ayer y hoy el Romancero Gitano y qué mierda, madre mía: quién puede considerar que eso es buena poesía. Ha envejecido muy mal: cualquier letra de la tradición literaria que supuestamente venía a "renovar" ha sobrevivido mil veces mejor que ese libro.

jueves, 10 de junio de 2021

Fonseca

El otro día estuve en el Colegio de Fonseca (antes de Santiago Alfeo), donde está la Biblioteca General, que todo el mundo llama «la Xeral», en esta especie de neocastrapo que nos hemos dado todos los que no hemos hecho voto de monolingüismo galleguista.  Ahí le hice una foto a esta portada, donde se lee Al Fo(n)seca Archps Fu(n)d(a)to(r), es decir Alonso Fonseca, arzobispo, fundador. Es el fundador del colegio, de la Universidad de Santiago por extensión:


El patio, bonito pero pesadote, lo van a cubrir de andamios. No le va a venir mal:


Arriba había una exposición de fotos extraordinaria, sobre Daca, en Bangladesh, un sitio al que no voy a ir, pero que me gustó ver así, en dos dimensiones.

Ondeaban las banderas al viento. las torres del Obradoiro detrás:

Esto me sirve de excusa para poner unas fotos del 7 de abril, de las azaleas a reventar de flores: