miércoles, 28 de septiembre de 2022

Paseo con nombres de calles

De casa a las Ánimas, más o menos, un camino mío muy habitual, pero esta vez me dio por fijarme en los nombres de las calles y plazas:

Entre las carmelitas y las clarisas te encuentras con una calle que baja, que rodea el campito que dice aquí, donde están unos plátanos y unos olmos enormes:


Avanzas un poco, pasas el Hospital de san Roque y te encuentras con esto:

De ahí sale una calle, que toma el nombre, me imagino, del Hospital de san Roque, que no era tan grande como el de los Reyes Católicos: 

Te metes en el casco antiguo y hay una pequeña abertura en la calle de la Algalia, una plazuela:

Al poco, a la izquierda, sale esta calle:

Vuelves a casa todo contento y vas a hacer una foto que faltaba, la de la Praciña das Penas (la Plazuela de las Peñas, no es tan poético en realidad, o sí) y me encuentro este cartel, de este verano, cuando a todos los progres les fastidió tanto la Peregrinación Europea de la Juventud:

Muy bonito Santiago, pero ¿y los santiagueses, qué hacemos con ellos?

martes, 27 de septiembre de 2022

Mis 12 películas favoritas de Woody Allen

Manhattan (1979)

Zelig (1983)

La rosa púrpura de El Cairo (1985)

Hannah y sus hermanas (1986)

Septiembre (1987)

Otra mujer (1988)

Delitos y faltas (1989)

Maridos y mujeres (1992)

Match point (2005)

El sueño de Casandra (2007)

Blue Jasmine (2013)

Hombre irracional (2015)

lunes, 26 de septiembre de 2022

La autobiografía de Woody Allen

A propósito de nada. Autobiografía es el título español, no sé si del todo conseguido. Lo que explica Woody Allen es que no se considera en absoluto un cineasta destacado (al menos comparado con sus ídolos, como Bergman o Fellini) y que ni él ni su obra perdurarán, porque nada perdura: todo se acaba y no hay inmortalidad, ni siquiera en el arte (mirad la página 88). Así creo que se entiende mejor el título, que yo me atrevería a traducir quizá con ¡A propósito!: nada. Autobiografía. O más libremente: Autobiografía a propósito de la nada.

Me animé a leerlo por un artículo con propuesta de Jaime García-Máiquez sobre la portada


Es uno de los libros que más carcajadas me ha provocado. Es nihilista proselitista, pero su sentido del humor a mí me parece extraordinario, algo que por lo demás es, creo, lo contrario del nihilismo, aunque el afirma que sí se compadecen ambos extremos.

Es en buena parte una Apologia pro vita sua, especialmente sobre sus errores a la hora de elegir en su vida un tipo determinado de mujeres, intelectuales y psicológicamente muy complejas. Hay muchas páginas sobre los líos de todos conocidos, aunque a mí me han ayudado a aclararme sobre aspectos que tenía confusos, por ejemplo que Soon-Yi, su mujer, no era su hija adoptada.

Lo más sorprendente es lo crítico que es con sus películas, después de mostrar que son lo más importante en su vida. Hay algunas que critica duramente, pero que a mí me gustaron mucho. Lo mismo da: él dice que no lee críticas (luego cita bastantes de esas críticas, pero eso ya se sabe). 

En el libro se empeña en afirmar que es lo contrario de lo que se entiende por una persona intelectual: se define como alguien con sentido del humor, que ha hecho de eso su vida. Muchas páginas tratan de los cómicos que conoció (muchos de ellos no sabía yo quiénes eran, salvo Bob Hope, Danny Kaye y pocos más). Dice así:

Amigos, estáis leyendo la autobiografía de un analfabeto misántropo que adoraba a los gángsteres (....); (16). 

Por cierto, me asombra cuántas veces me describen como «un intelectual». Esa es una concepción tan falsa como el monstruo del lago Ness, puesto que no tengo ni una neurona intelectual en la cabeza. Iletrado y sin ningún interés en nada académico, cuando crecí era el prototipo del vago (…). No tengo ideas profundas ni pensamientos elevados (…) (22).

Sus esfuerzos por culturizarse los atribuye a ese querer estar a la altura del tipo intelectual de mujeres que le gustan. Exagera, claro, pero algo de verdad hay ahí. De todos modos, elogia a Hemingway, Camus, Melville o Emily Dickinson.

Me gustó leerle que no le gustó Con faldas y a lo loco ni Que bello es vivir (a mí tampoco, antes me parecía muy buena, ahora no). Tampoco El gran dictador.

Quizá su libro se pueda resumir en esta frase:

Al igual que Bertrand Russell, siento una gran tristeza por el mundo. A diferencia de Bertrand Russell, no sé hacer cálculos matemáticos complejos. Y tal vez no pueda transmutar mi sufrimiento en un gran arte o una gran filosofía, pero puedo escribir buenos chistes cortos que sirven para distraer momentáneamente y brindan un breve respiro de las consecuencias irresponsables del Big Bang (372).

jueves, 22 de septiembre de 2022

Repaso del blog en enero de 2017

En enero de 2017 todavía estaba poniendo cosas del mes de agosto de 2016, que pasé en Viena, casi acampado en el KHM, el Museo de Historia del Arte. Por ejemplo, lo flipaba con unos relieves y una obra de platería romanos. O con grandes cuadros de Rubens y también otros suyos de temas históricos o retratos.

Una de las entradas que más me trabajé fue mi visita a la iglesia Am Steinhof de Otto Wagner, aunque no era lo que me esperaba. Luego comenté la exposición que vi allí de cómo aquello se convirtió en un campo de matanza de víctimas inocentes, enfermos, ancianos, niños, durante el nazismo.

También ponía unos textos de san Juan de Ávila sobre avecillas que cantan, incluso mal.

Ponía unas fotos de camino a la Facultad, con niebla:

Empezamos el mes con una visita a Talavera de la Reina.

También estuvimos viendo Mia Madre, de Nanni Moretti, que me gustó mucho.

miércoles, 21 de septiembre de 2022

En agosto de 2022 por Valladolid 5 - Valladolid

Un día fui a enseñar iglesias de Valladolid a algunos que no conocían la ciudad. Dejamos en el coche en el aparcamiento de la Plaza Mayor y de allí fuimos a la iglesia de Santiago, en medio de la calle más comercial y de paseo de la ciudad, donde hay un Cristo con los ladrones que sacan en Semana Santa y un retablo de Alonso Berruguete que se conserva entero:

De allí a la iglesia san Lorenzo, pero estaba cerrada, así que no vimos ni la pintura del yacente de Mateo Cerezo ni la Sagrada Familia de Gregorio Fernández. Habíamos pasado, sin entrar, el convento de santa Ana, que merece mucho la pena, porque no teníamos tiempo.

Cruzamos la plaza de Poniente y en san Benito me acordé de cuando en pleno postconfinamiento prohibía la Junta de Castilla y León (ese engreído Igea) que hubiera más de 25 personas en Misa, en un edificio tan inmenso como ese, que impresiona sobre todo por su espacio, cuando entras, y por la excelente reja que tiene en medio.

De allí, a san Miguel, a ver la antigua iglesia de los jesuitas, muy bien conservada, con todas las imágenes de Gregorio Fernández, san Ignacio, san Francisco Javier, los ángeles. Nos metimos en la sacristía, con un retablo trampantojo, y ahí en la capilla de las reliquias, que esta vez pude ver entrando, tremendo abigarramiento:




Había unos azulejos con pinta de muy antiguos:

De ahí todavía nos dio tiempo de ir a la iglesia de la Vera Cruz y de ahí a las Angustias. En dos horas un recorrido muy completo, con vuelta en la Plaza Mayor.

martes, 20 de septiembre de 2022

De visita a una antigua curtiduría

Había organizadas visitas guiadas a lugares no muy conocidos de aquí. Yo llevaba tiempo con ganas de conocer una antigua curtiduría, ahora Fundación Laboral de la Construcción, reconvertida por Víctor López Cotelo (en este enlace hay grandes fotos): es un gran arquitecto, con mucha obra en Santiago.



La visita se centró más en cómo se trabajaba el cuero, porque era una industria muy importante en Santiago, al menos desde el siglo XVIII. Bien, interesante, aunque yo iba más por la arquitectura. El sitio era muy bonito, rodeado de árboles, en la zona del río Sarela, todo muy silvestre.

Aquí molían la corteza de las encinas, con la rueda no tumbada, sino de pie, y una mula dando vueltas:

Como todo era por lo oficial, la guía hablaba en gallego. Yo había palabras que no iba entendiendo, como aciñeiro (=encina), que pregunté, como los niños descarados, o pío (=pila, pilón), que ya me dio más corte y se lo musité por lo bajinis en un aparte a la guía. Luego dijo algo como saón y no fui yo el que pregunté: resultó que era grasa de sardina o algo así; estábamos como guiris, preguntando palabras. Y la mayoría hablaba en gallego; en esa indefensión deja el hablar una lengua oficializada que la inmensa mayoría de la gente no conoce a fondo. Todo por lo oficial, todos esforzándose por hablar una lengua normalizada y todos entendiendo a medias. Podríamos hablar en castellano y todo sería más sencillo, pero no se vale (paga el Ayuntamiento de Santiago y la Diputación, que son de la línea oficial).

Había un hórreo en los huesos: