martes, 6 de octubre de 2026

El Museo Histórico de Estocolmo I: Prehistoria

El Museo Histórico es, de los pocos que he visitado esta vez, el que me ha gustado de Estocolmo. Tiene una sección de prehistoria (como son muy modernos ponen "prehistorias"), otra de los vikingos, otra un recorrido por la historia de Suecia del 1000 a la actualidad, y otra de arte medieval.

La sección de prehistoria, tonterías de terminología aparte, me gustó. Se centra en 7 lugares y 7 personas y a partir de ahí va recorriendo los grandes periodos, hasta la que llama época romana, o de influencia romana, porque hasta Suecia llegó el reverbero del Imperio, que era mucho imperio, incluso más allá del limes.

No os voy a aburrir, pero por poner algo, empezaré por ese arpón con lajas de pedernal:


En esta tumba hay un hombre y en sus brazos un niño pequeño:

Aquí instrumentos de pesca:

Al ver estas hachas me he acordado de la que encontró mi hermana pequeña en Castrojeriz. Así se debían de usar:





Estos son de distintos tipos y me parece que rituales. Hay una metálica, ya no recuerdo si de bronce, que es de las más antiguas:


Esta cerámica ya ni sé de cuándo era, pero de las primeras; y con gracia:


Otras cerámicas de las antiquísimas- Me da igual de cuándo:


Esto son objetos votivos de ámbar:


Y hachas rituales encontradas así, en mogollón:

Un peine no sé si de hueso:


Y esto son cosas romanas que llegaron hasta Suecia:

Una inscripción con runas, que no sabía que eran tan antiguas ni que derivaran del alfabeto latino:

lunes, 5 de octubre de 2026

Calla, calla, que te entiendo de Enrique García-Máiquez

Calla, calla, que te entiendo es un libro feliz, ligero y celebrativo, lleno de alegría y humor y también con la emoción palpándose. Recomiendo vivamente comprarlo (y regalarlo), para tenerlo a mano, de medicina restaurativa.  

Son casi todos poemas breves, hay tankas, hay haikus, hay soleás, canciones, bulerías y hasta una seguidilla. El libro se lee en un suspiro, pero al acabar quieres empezarlo otra vez. 

Hay poemas de viajes, familiares, conyugales, sobre hipocondría, sobre el paso raudo del tiempo. Todo con tono ligero, con humor, pero sublimado gracias a la poesía.

Se me ocurre que la rosa del título le hablaba a san Ignacio de la gloria de Dios por medio de su belleza: "Calla, calla, que te entiendo" es la respuesta del santo, cómplice. El poeta en este libro hace de portavoz de ellos, de la rosa (me he acordado también de aquello de hijo, la rosa no cansa, que le decía su madre a Juan Ramón Jiménez), de la luna sobre todo, de toda la realidad. El mundo proclama la gloria -a través de la belleza- de Dios y nos está reclamando que caigamos en la cuenta, que no nos ennosmismemos (el tema del yo cansino también está presente), que no veamos el mundo, creado por Dios, como un gran silencio o mera pasividad, sino como un clamor de reconocimiento. Yo me acordaba del salmo 19: El cielo proclama la gloria de Dios / y el firmamento anuncia la obra de sus manos; / un día transmite al otro este mensaje / y las noches se van dando la noticia. Todo nos está gritando con susurros la gloria de Dios.

El colofón del libro está en una página completamente negra, pero con una luna llena blanca arriba: seguimos aquí, en este mundo, sacando la basura cada noche, y eso mientras damos gloria a Dios en todo por su amor abrumador. La luna es la gran protagonista, casi más que la rosa: refleja la luz del sol y nos la da, replicándola: también da gloria a Dios. Y las estrellas. Solamente citaré un poema (por no ponerme a copiar todo el libro aquí, que ganas me dan), porque en él está el movimiento de nosotros al mundo y de Dios a nosotros que miramos al mundo:
Yo miro a las estrellas
y Dios me mira
a mí mirándolas (57).

Leed vosotros el libro: espero que lo disfrutaréis al menos tanto como yo. 


viernes, 2 de octubre de 2026

Intensamente querido

Está bien mencionar este libro hoy, fiesta de los Ángeles Custodios, aniversario de la fundación del Opus Dei.

José Esparza era de Lodosa, supernumerario del Opus Dei, con una fábrica de harina. Debió de ser, como se ve muy bien en este libro, una persona excelente, de grandes cualidades humanas, enorme corazón y de honda vida espiritual. 

Me pareció especialmente interesante esto que cuenta sobre Álvaro d'Ors, al que José Esparza había conocido y del que se había hecho amigo, siendo el uno un intelectual de primera categoría y el otro un hombre normal, sin más estudios que los básicos. Ingresado en un hospital d'Ors "no se encontraba bien, con un desasosiego que le impedía hilar los pensamientos. Trataba de rezar, pero no lo conseguía, mientras José, que estaba con él, le animaba: "Pero tú reza". "Sí, pero no siento nada", argumentaba d'Ors. Y entonces José sentenció: "El amor no tiene que ser intensamente sentido, sino intensamente querido" (119).

Víctor Sanz Santacruz, Luces desde Lodosa. Vida de José Esparza Galilea (1928-2018), Madrid, Rialp, 2026

jueves, 1 de octubre de 2026

La iglesia de Engelbrekt

Ya la había visitado hace 14 años. Ahora estuve varias veces, incluso en la celebración religiosa de un domingo, que conté ayer. 

El edificio se ve desde muchos sitios de Estocolmo, porque está en un alto: yo hasta lo vi desde el mar.




Esta es otra puerta:

Y esta es la puerta de dentro:

Es estilo romántico nacional, lo llaman. De 1908, creo. A mí me gustó, aunque era tosco en realidad, pero buscado, una especie de vuelta a la tosquedad rúnica y vikinga desde esquemas entre el gótico y el barroco.

Me llevé la alegría de ver que los frescos de la capilla del bautismo eran de Olle Hjortzberg, el mismo de la iglesia de san Mateo:




En la pila de agua bendita habían puesto los signos del zodiaco, supuestamente para abarcar todo el año (no me parece buena idea):

Luego en la cabecera está Cristo en la cruz, adorado por ángeles y hombres:


En los lados, Adán y Eva antes y después del pecado y luego como rehabilitados. No me aclaro bien con esa iconografía, pero algo así tiene que ser:


miércoles, 30 de septiembre de 2026

En una celebración religiosa de la Iglesia de Suecia

Hace 14 años no fui a ninguna celebración religiosa de la Iglesia de Suecia, y no por falta de curiosidad: me parecía como que no debía meterme a husmear en algo que además no me parece ni de lejos lo que es la Misa en la Iglesia Católica; en la Iglesia de Suecia como mucho se hace presente Cristo en la palabra, que algo es, y aun mucho, pero no está ahí Cristo mismo, en la Eucaristía.

Enfrente de donde vivía tenía la iglesia de Engelbrekt, un hito de la ciudad de Estocolmo. A mí me gustaba bastante, en ese estilo como nacional con aires góticos quizá, que imita la rudeza de lo vikingo y con unos frescos muy buenos.

Un domingo pensé ir a la celebración religiosa principal pero llegué tarde: era como después de la homilía (no me importó mucho: era en sueco). El pastor recitaba oraciones junto a un altar (no en el original grande y elevado, sino debajo); también nos pasa aquí eso). Mientras los treinta que estábamos allí, desperdigados por la gigantesca iglesia, permanecíamos sentados. El cáliz tenía puesto un cubrecáliz, extendió una tela a modo de corporal, encima colocó el pan y el cáliz y pronunció las palabras de la Última Cena. Todos seguíamos sentados. Luego nos pusimos en pie. Llegó el momento de comer el pan: los que se acercaron, cogían un trozo y lo mojaban en el cáliz. Acabado todo, hubo lo que parecía una bendición (algunos se santiguaron) y nos quedamos sentados, mientras el imponente órgano tocaba con gran delicadeza. Fue un prodigio de serenidad, contención y sobriedad. No era una Misa, no se hacia presente Cristo con su Cuerpo y con su Sangre, con su Alma y con su Divinidad. Yo sentí pena por ellos, que con buena conciencia quieren amar a Dios en Cristo y no tienen la Misa y no pueden comulgar su Cuerpo y beber su Sangre. Dios encontrará el modo de unirse a ellos, quizá como en Emaús, porque de su parte ponen mucho, pero no están donde mejor podrían estar, sin saberlo seguramente.


martes, 29 de septiembre de 2026

Física de la tristeza, de Gueorgui Gospodínov

Me habían llegado mensajes positivos, aunque confusos, sobre Física de la tristeza, de Gueorgui Gospodínov. Yo estoy a la espera de encontrar otro Laurus, otro Fosse, otra Feria, otro Knausgård y por eso no renuncio a la novela contemporánea, aunque con muchas prevenciones.

Al fin me animé y leí este agosto el libro de Gospodínov y me decepcionó. Yo, si fuera amigo suyo, le pediría: haz unas memorias de infancia y juventud, cuéntanos tu vida del modo más sencillo, que sabes hacerlo muy bien. No recubras tu novelas de una estructura sofisticada y sobre todo no dejes que la influencia de La casa de Asterión de Borges aplaste tu libro, con esa defensa del Minotauro bueno y los laberintos, por no mencionar además las referencias a la física cuántica, al maltrato animal o a las cápsulas del tiempo. Yo sobre todo lo que veo es que cae en la trampa de la ficción de Borges, hacer productos para amantes de lo complejo en literatura, en vez de querer transmitirnos su modo de ver las cosas del modo más sencillo posible: aquí se transparenta mi poética y por qué el libro de Gospodínov me ha dejado frustrado.

Una reseña más positiva la tenéis en Bienvenidos a la fiesta. En una segunda parte de su comentario destaca algunas de las partes que más me gustan del libro.

La portada del libro está bien porque refleja eso que a mí me parece confusión:

lunes, 28 de septiembre de 2026

La iglesia de san Mateo de Estocolmo y sus pinturas

Me perdí un poco a la ida a las torres de Koolhaas, pero lo bueno fue pasar junto a una iglesia luterana,  san Mateo, (S:t Matteus kyrka) que me sorprendió por las pinturas de la cabecera, de estilo sencillo, pero que me gustaron. Para colmo, en un lateral habían puesto un icono de la Virgen. 

No he encontrado ningún sitio donde pongan las imágenes de la pared, así que las colgaré yo aquí, sin esperar nada a cambio (aunque la fama no sabes de dónde te puede llegar):

Me gustaron mucho los frescos de la cabecera, sencillos y a la vez vivos, de Olle Hjortzberg, con un programa iconográfico de escenas de la vida de Cristo pero también de parábolas, que me pareció fascinante. Aquí, las fotos más grandes:







Creo que se ve bien que iconográficamente hay un gran esfuerzo por encontrar modos nuevos y vivos de mostrar los episodios:

Aquí está san Pedro recogiendo la moneda del pez, como le había dicho el Señor, para pagar el impuesto:


La hemorroísa y debajo, Jesús caminando sobre las aguas:

Aquí otra vez la escena de la hemorroísa y al lada la resurrección de la hija de Jairo:

Arriba, Jesús con los recipientes del vino de las bodas de Caná. Debajo, el centurión (su criado enfermo en medio) y a la derecha, Jesús curando a un ciego:

Jesús cargando con la Cruz. Las santas mujeres asomándose al sepulcro:

Jesús en majestad adorado por los ángeles:

El Niño perdido y hallado en el templo:

El Prendimiento del Señor. Tras la pared, Pedro oye cantar al gallo:

Jesús con niños. La mujer que deja su ofrenda en el gazofilacio. Zaqueo subido al árbol:

La huida a Egipto:
Los apóstoles, creo, cogiendo espigas. Jesús con Marta y María

Jesús en el Huerto de los Olivos. El beso de Judas:

Más de cerca:

La parábola del hijo pródigo (con una mujer: ¿la madre?). La oveja perdida:

El árbol que no da fruto y la posibilidad de cortarlo. La parábola de la cizaña:

Jesús el viñador. Debajo un ciego guiando a otro ciego al pozo. La parábola de la casa sobre roca o sobre arena (creo)

La elección de los apóstoles. El Sermón de la montaña. Debajo, el bautismo del Señor y la Última Cena

Arriba, la Transfiguración. Debajo, la ofrenda de Zacarías en el templo y al lado el mensaje del ángel en sueños a san José de no separarse de María: 

Todo el esquema lo tenían puesto en un panel:






Falta de poner el retablo de escultura en medio de todo esto, Cristo con los cuatro evangelistas: