Se me han acabado, con su vida, el
Diario de José María Souvirón: he vivido con él una ancianidad cada vez más difícil, con problemas de salud que iban siendo cada vez más serios. Este último volumen en realidad abarca los dos años 1969 y 1970; entre 1971 y su muerte en 1973 hay unas pocas anotaciones aisladas, que en buena medida son hitos de la cercanía del fin.
En este último periodo vemos a Souvirón cada vez más centrado en lo último, con la alegría de que un hijo suyo se trasladase a vivir a España: esa soledad asumida de buena parte de su vida, la que reflejan estos diarios, se llena del consuelo de tenerlo cerca con su nuera y nietos, mientras todo lo demás da la impresión de que se desmorona: una situación política de fin de época, una Iglesia que parece que se tambalea, con sacerdotes diciendo tonterías en las homilías, música ridícula y el desprecio de todo lo noble.
En este volumen, haciendo recapitulación de su obra a propósito del libro que estaba terminando de revisar de sus poesías completas, dice "Este Diario que puede ser mi mejor obra" (204). Acierta completamente: yo he revisado sus Poesías completas y no supe qué hacer con ellas. No me atrevo a mirar ni sus novelas ni sus ensayos, pero tengo claro que este Diario en cinco volúmenes es una de las grandes obras de la literatura española del siglo XX. No me cabe duda si me ciño al género de los Diarios: no conozco ninguno que esté a la altura en el periodo hasta 1975. Se me podría decir que El cuaderno gris de Pla. Ahora lo quiero volver a leer, porque me lo dejé a la mitad: no me acababa de enganchar, el nihilismo de Pla me echaba para atrás. En cambio el Diario de Souvirón es un monumento de expresión de la intimidad, quebradiza, con sus pesares, fallos, defectos y prejuicios, pero por eso más honda y viva y emocionante. Es impresionante al final.
Parece que tiene de modelo los diarios de Julien Green. Yo sin haberlo leído, pienso que esto hace que sea tan excepcional en el panorama español este diario. Os cito del volumen I, recién comenzado su Diario, esto:
Domingo, 9 de octubre [de 1955]
La verdad: escribo este diario para mí, pero con cierto deseo de que lo pudieran leer otras personas. Tarde lo he comenzado, sin duda. Lo que me hizo abandonar varias veces la idea, desde hace años, fue el haber leído otros muchos, famosos estos, y con tanto deleite como sorpresa, con tanto interés como desconfianza. Recuerdo, así, sin hacer mucha memoria, los de Pepys, Gide, Julien Green, Baudelaire, Kafka, Paul Léautaud. En todos hallé una mezcla de sinceridad, de confesión y literatura, escapatoria, justificación, que me atemorizaba para empezar el mío.
Por fin, me decidí, como Green, que al iniciar el suyo da por toda explicación: «En 1928 me comprometí ante mí mismo a llevar regularmente un diario y a contar en él toda mi vida.
No sé hasta qué punto lo llevaré yo regularmente ni si contaré aquí toda mi vida». Depende de la intensidad que le demos (Green y yo) a la palabra toda (92)
Por cierto que creo que también ese modelo sirve para explicar de paso algunas menciones que han sido criticadas por los que han leído este Diario de Souvirón: teniendo como referencia a Green, quizá no quería ni por asomo que lo identificaran con las menciones sexuales de este, así que de hecho carga la mano pasándose por el otro lado, en un donjuanismo más implícito que real.
Si España fuera medianamente normal, el canon de la literatura del yo del siglo XX tendría que tener en cuenta estos Diarios de Souvirón.
Y muchas gracias a los editores, Javier La Beira y Daniel Ramos López por presentar un texto tan cuidado y tan limpio, que da gusto leer.