lunes, 13 de abril de 2026

Diario V de José María Souvirón

Se me han acabado, con su vida, el Diario de José María Souvirón: he vivido con él una ancianidad cada vez más difícil, con problemas de salud que iban siendo cada vez más serios. Este último volumen en realidad abarca los dos años 1969 y 1970; entre 1971 y su muerte en 1973 hay unas pocas anotaciones aisladas, que en buena medida son hitos de la cercanía del fin.
En este último periodo vemos a Souvirón cada vez más centrado en lo último, con la alegría de que un hijo suyo se trasladase a vivir a España: esa soledad asumida de buena parte de su vida, la que reflejan estos diarios, se llena del consuelo de tenerlo cerca con su nuera y nietos, mientras todo lo demás da la impresión de que se desmorona: una situación política de fin de época, una Iglesia que parece que se tambalea, con sacerdotes diciendo tonterías en las homilías, música ridícula y el desprecio de todo lo noble.  
En este volumen, haciendo recapitulación de su obra a propósito del libro que estaba terminando de revisar de sus poesías completas, dice "Este Diario que puede ser mi mejor obra" (204). Acierta completamente: yo he revisado sus Poesías completas y no supe qué hacer con ellas. No me atrevo a mirar ni sus novelas ni sus ensayos, pero tengo claro que este Diario en cinco volúmenes es una de las grandes obras de la literatura española del siglo XX. No me cabe duda si me ciño al género de los Diarios: no conozco ninguno que esté a la altura en el periodo hasta 1975. Se me podría decir que El cuaderno gris de Pla. Ahora lo quiero volver a leer, porque me lo dejé a la mitad: no me acababa de enganchar, el nihilismo de Pla me echaba para atrás. En cambio el Diario de Souvirón es un monumento de expresión de la intimidad, quebradiza, con sus pesares, fallos, defectos y prejuicios, pero por eso más honda y viva y emocionante. Es impresionante al final.

Parece que tiene de modelo los diarios de Julien Green. Yo sin haberlo leído, pienso que esto hace que sea tan excepcional en el panorama español este diario. Os cito del volumen I, recién comenzado su Diario, esto:
Domingo, 9 de octubre [de 1955]
La verdad: escribo este diario para mí, pero con cierto deseo de que lo pudieran leer otras personas. Tarde lo he comenzado, sin duda. Lo que me hizo abandonar varias veces la idea, desde hace años, fue el haber leído otros muchos, famosos estos, y con tanto deleite como sorpresa, con tanto interés como desconfianza. Recuerdo, así, sin hacer mucha memoria, los de Pepys, Gide, Julien Green, Baudelaire, Kafka, Paul Léautaud. En todos hallé una mezcla de sinceridad, de confesión y literatura, escapatoria, justificación, que me atemorizaba para empezar el mío.
Por fin, me decidí, como Green, que al iniciar el suyo da por toda explicación: «En 1928 me comprometí ante mí mismo a llevar regularmente un diario y a contar en él toda mi vida.
No sé hasta qué punto lo llevaré yo regularmente ni si contaré aquí toda mi vida». Depende de la intensidad que le demos (Green y yo) a la palabra toda (92)
Por cierto que creo que también ese modelo sirve para explicar de paso algunas menciones que han sido criticadas por los que han leído este Diario de Souvirón: teniendo como referencia a Green, quizá no quería ni por asomo que lo identificaran con las menciones sexuales de este, así que de hecho carga la mano pasándose por el otro lado, en un donjuanismo más implícito que real.

Si España fuera medianamente normal, el canon de la literatura del yo del siglo XX tendría que tener en cuenta estos Diarios de Souvirón. 

Y muchas gracias a los editores, Javier La Beira y Daniel Ramos López por presentar un texto tan cuidado y tan limpio, que da gusto leer.

viernes, 10 de abril de 2026

Mortal y fúnebre. Leer la Ilíada de Aida Míguez Barciela

Me dejaron Mortal y fúnebre, Leer la Ilíada, de Aida Míguel Barciela, sin muchas explicaciones, así que lo leí sin prevenciones ni parti pris ni expectativas: ha resultado ser un libro excelente. Sale de una tesis doctoral dirigida por Felipe Martínez Marzoa, en la que se ha quedado con lo suficiente para lo que describen en la editorial como "una confrontación con el texto de la Iliada". Eso es, una lectura detenida, atenta, precisa, con traducciones rigurosas y lo más literales posibles de pasajes decisivos, que observa con una mirada claramente de filósofa, no de filóloga ni de historiadora, aunque su lectura está pegada al texto y es consciente de lo histórico. Lo mejor es que no incurre en los errores de algunos así llamados filósofos, que saquean el mundo clásico para usarlo de pretexto para sus ideas previas: ella lee la Ilíada lo más cerca del texto que puede; no está buscando en textos ad hoc justificaciones para teorías precocinadas o pergeñando etimologías dudosas para querer demostrar lo que ya se traía previamente de bagaje: es una lectura fresca y viva.

Resalta la figura de Aquiles, en su soledad sobre todo, en su radical condición mortal. Me ha impresionado mucho la presentación de su figura en su aislamiento. No pretende instalarlo como modelo ético, tampoco criticarlo, sino comprenderlo en su condición de enfrentamiento respecto a los demás y frente a los dioses, en la presencia de la muerte tan inminente. 

El capítulo más logrado, también literariamente, me parece, es el del escudo de Aquiles, magnífico.

Nos hacen falta libros así. Los filólogos nos atascamos fácilmente en pormenores y detalles y hay una necesidad enorme de estudios hondos de la Ilíada, para lectores que quizá no sepan mucho griego, pero que conocen la obra de Homero en traducción y quieren dar un paso más en la profundización en el texto.

Esta es la portada de la edición que he leído, de 2016 en la editorial Dioptrías (me gusta y a la vez no me gusta, porque lo de la flecha en el talón es una tradición que solamente se documenta en Roma: quizá sea más antigua, pero Homero no la menciona). Hay otra edición de 2024, la que enlazo arriba.

jueves, 9 de abril de 2026

Árboles en flor y decenas de tapas de registro en las aceras

Ahora -creo que ya lo he contado- por hacer más largo el camino a la Facultad voy casi siempre por Basquiños y la Avenida de Castelao: tardo el doble, pero cumplo un objetivo de pasos, todo lo convencional que se quiera, pero que me espolea, si me pongo épico, a andar todos los días, rompiendo además la tendencia que un amigo me afeó, de buscar siempre el recorrido más corto entre dos puntos cuando voy caminando.

Ahora están así (todo Santiago está a rebosar de árboles florecidos) la parada de autobús de Basquiños:


Y sigo con mi teima de las tapas de registro. En Basquiños hay decenas desde que arreglaron la calle:

miércoles, 8 de abril de 2026

Souvirón sobre la providencia

Esto es del Diario IV (Martes, 2 de noviembre, de 1965):

Hoy he estado atribulado. La sombra de ese pleito, de ese proceso, me ha abrumado largamente. Confío. A ratos parece que Dios no se preocupa por minucias, pero se interesa por todo, y cualquier duda sobre su minuciosa atención, sobre su delicada misericordia, es perjudicial para nuestra confianza en Él. Hay que recordar que cuando le pedimos, nos oye, aunque a nosotros nos parezca que lo que pedimos no merece su atención. Todo merece su atención, todo. No nos deja ni por un instante. Si tuviéramos nuestra confianza en la medida de su cuidado, nunca nos sentiríamos huérfanos. Pero ya dijo que no nos dejaría huérfanos.

martes, 7 de abril de 2026

Diario IV de José María Souvirón

He llegado pesaroso al final de este volumen, porque se me están acabando los Diarios de José María Souvirón: solamente me falta el quinto ya. A él lo veo ya como alguien cercano, a base de leer sus confidencias, pero sé que murió en 1973 y que le queda poco de vida. 

Este volumen IV abarca desde finales de 1965 a principios de 1969, cuando él tenía entre 61 y casi 65 años. En ciento modo me está preparando para años que yo tengo por delante, si Dios quiere, pero tendencialmente con actitudes que encuentro ya en mí, a mis 58 años: un mayor despego, un deseo de más serenidad, de paz, un miedo a novedades y un temor difuso a dificultades que pudieran ir surgiendo: está como anunciando una vejez que se acerca, por más que pensemos ahora que no somos tan viejos y que los que lo son realmente son los de ochenta y tantos.

En cierto modo todo lo que cuenta lo leo como una novela, en el mejor sentido de la palabra. El personaje, tan bien perfilado, hasta intuyo en qué momentos va a correr peligro. En este volumen el mayor riesgo es su cercanía creciente a Felicidad Blanc, la viuda de Leopoldo Panero: como lo conocíamos como hombre que en otros momentos de su vida había estado flirteando con mujeres cercanas, pero con la decisión de no pasar de un límite, por saberse casado ante Dios con su mujer chilena, pasamos miedo de que se precipite en un impulso que sabemos erróneo, no solamente desde el punto de vista del matrimonio católico -y Souvirón es uno de esos hombres mártires de la indisolubilidad- sino hasta del de la sensatez más de tejas abajo: una vida tan hecha no pega con unos amoríos de vejez, que de ningún modo podrían encajar en su modo de vivir. Es interesante ver cómo, paralelamente, su práctica religiosa llega a su punto más bajo en este volumen. Como advertencia, menciona él mismo a otra mujer con la que estuvo tonteando años antes, que descubre ahora, por una confidencia, que estuvo perdidamente enamorada de él y que por suerte pudo superar aquello, que para él fue un tontear egoísta en el fondo, y casarse con otro.

Me ha resultado tremendamente interesante la descripción de la descomposición progresiva del régimen. Describe muy bien cómo algunos que se habían beneficiado del sistema empiezan a ponerse de perfil a la espera de lo que vendrá. Es especialmente interesante, al menos para mí, la descripción de la situación de la Iglesia y de la vida religiosa en esos años. Me parece que da un contexto clave para lo que a mí me resulta un gran enigma: de dónde surgió la revolución del 68, un misterio de larguísimas consecuencias que cuajó en estos años.

También merecería la pena una investigación más detallada sobre lo que cuenta de la vida literaria de la época, con especial protagonismo de la literatura hispanoamericana. Es muy fino también en sus comentarios de cine y también al hablar de música clásica.

domingo, 5 de abril de 2026

El Sol luminoso

Os deseo muy feliz Pascua de Resurrección del Señor.

Culmina una Semana Santa de sol luminoso y cielo azul. Estuve de retiro hasta el Jueves Santo en Olbeira. Allí tuve tiempo de caminar por la orilla del mar, entre Villanueva de Arosa y Cambados. Luego el Triduo lo pasé en Santiago, con visitas a monumentos entre el Jueves y el Viernes Santo, muy bonitos todos, muy cuidados, una alegría ver cómo trataban al Santísimo en iglesias y conventos. El Viernes Santo en las Clarisas cantaron el evangelio de san Juan dos cantores, como en salmodia, muy emocionante. El Sábado Santo me acerqué a ver las azaleas del patio de Fonseca, que estaban a reventar de flores. Había además una exposición de camelias. La Vigilia, con esas impresionantes lecturas y toda la liturgia tan feliz: ¡Feliz Pascua!

Un pino que me llamó la atención, camino de Villanueva de Arosa, con la Isla al fondo y la zona del Barbanza detrás



viernes, 27 de marzo de 2026

José María Souvirón en su cuarto

Esto es como lo de Pascal ("Toda la desgracia de los hombres proviene de no saber permanecer en reposo en una habitación"), pero en positivo, en el tercer volumen de su Diario:

Diez días aquí, muy plácidos, llenos de sabrosa monotonía, interrumpida solo por un par de salidas breves que me hacen volver con más gusto a mi aislamiento (306; martes, 21 de julio de 1964). 
Sigo en paz. No salgo ni me aburro, acaso ni me divierto. No es necesario divertirse. Basta con estar bien donde se está, lo mejor posible, y ser lo más que se puede ser (307; viernes, 24 de julio de 1964).

Esto lo dice en verano, cuando lleva diez días en Málaga, donde veraneaba en casa de su hermana. En esos periodos sobre todo se dedicaba a escribir.

[Volveré en Pascua a felicitaros. Mientras, me voy de retiro]