Era apropiado ver en Suecia una película noruega: me gustó mucho Valor sentimental, con protagonista sueco, actrices noruegas sobresalientes y una yanqui también deslumbrante.
A mí casi me hubieran bastado las imágenes de la casa, de las caras de los personajes, todos extraordinarios. Ver esas miradas, esas paredes, los ventanales amplios. La película es muchísimo más, en torno a la cuestión de la paternidad, la humana y también, me parece, la de Dios: ante la ausencia de sentido, la expresión emocionalmente desgarrada de los sentimientos es un modo de gritar, que se dirige a Dios al final, cuando en lo humano no hay en qué sostenerse: a ese umbral se asoma la película, que me parece muy estimulante sobre todo por eso.
Lo metanarrativo, lo teatral, el hecho de que se trate de hacer una película como hilo de la película no es un enredo más, sino clave de todo.
Muy bien. Muy lograda.










































