miércoles, 24 de junio de 2026

And the swallow

Lo oí en la BBC. Me gusta muchísimo. La música es de Caroline Shaw y el texto del salmo 84, que pongo a continuación con mi traducción literal de la versión inglesa y con una traducción española:
 
How beloved is your dwelling place, Qué hermosa es tu morada
o lord of hosts, Señor de los ejércitos
my soul yearns, faints, mi alma suspira, se desmaya
my heart and my flesh cry out. mi corazón y mui carne gritan

The sparrow found a house, El gorrión encontró una cada
and the swallow her nest, y la golondrina su nido
where she may raise her young. donde puede criar a sus hijos.

They pass through the Valley of Bakka, Cruza el valle de Baca
they make it a place of springs; lo hacen un lugar de fuentes
the autumn also covers it with pools. el otoño lo cubre también de charcos.

En la versión de la Conferencia Episcopal española es así:

martes, 23 de junio de 2026

Jesús hortelano

De la Vida de Cristo de fray Justo Pérez de Urbel también copié este retrato de de Jesús carpintero y a la vez hortelano:

Jesús había heredado el oficio de José, como sucedía entonces con frecuencia y sucede hoy todavía. Tenía su taller, hacía yugos, arados, ventanas, y era llamado «el hijo del carpintero», o el carpintero a secas; pero no le faltarían tampoco algunas parcelas de tierra en los alrededores del pueblo, un huerto o una viña o unos olivos, y seguramente plantaría las coles, sembraría, regaría y hasta cuidaría un rosal (78).

María Magdalena lo confundió, de hecho, con un hortelano, cuando lo vio recién resucitado:

lunes, 22 de junio de 2026

Matar a Sócrates de Gregorio Luri

Matar a Sócrates. El hombre que desafía la ciudad lo leí en su primera versión en 2015. Ahora que ha salido en una edición revisada he vuelto a él y creo que he podido disfrutarlo incluso más.

El libro se centra en los momentos fundamentales en torno a la acusación, proceso, condena y muerte de Sócrates, con una lectura pausada (cito de la p. 36: "La lectura lenta se interesa sinceramente por la verdad del texto"), sobre todo de algunos Diálogos decisivos de Platón, EutifrónApología, CritónFedón, situados dramáticamente en sus últimos días. Todo culmina cuando leemos otra vez en el Fedón su muerte y yo me vuelvo a emocionar, con lo que sigo sin estar a la altura de la contención que esperaba Sócrates de sus discípulos en aquel momento: me declaro vencido, eso sí, por el grandísimo genio dramático de Platón en ese pasaje. 

Todo gira en torno a la pregunta sobre la muerte de Sócrates, sobre cómo pudo suceder algo así. La situación política, social de Atenas en aquel momento era muy compleja y hay que explicarla, pero no es todo. Tampoco basta con domesticar a Sócrates y hacerse cruces sobre su condena, es todo más complicado. Sócrates no es tan fácilmente encuadrable en esquemas fáciles: en él estallan las costuras entre la filosofía y la política; en cierto modo sí que es un peligro para la ciudad, al menos entendida de un modo concreto, para los jóvenes, para las tradiciones. Yo, llegados a cierto punto, ya no sé cómo salvarlo y salvarme a mí mismo en ese contexto. 

Hay un párrafo del libro que sirve como frase lapidaria en torno a la que giran muchas cuestiones aquí tratadas:

En el origen está el tabú. En la crítica del tabú está la filosofía. En la piedad hacia el tabú, la filosofía política (31).

Qué es el tabú, habría que discutirlo. Lo que está más claro, leyendo este libro, es que entre la filosofía y la política no hay relaciones fáciles: saber eso no es poca ciencia. Apunté esto: "La filosofía se empeña en evaluar la consistencia de lo nuestro a la luz de lo bueno, sin ser siempre consciente de que lo bueno para la ciudad quizá no es siempre lo verdadero, sino lo que está políticamente inmediatamente por debajo de la verdad: el consenso" (32-33). A continuación añade que "el diálogo no conduce fatalmente ni a la verdad ni al acuerdo" (...) "Si para algo sirve el diálogo, es para clarificar diferencias" (34).

Aquí dejé de tomar notas y lo que quería era ya leer el libro a mi placer, confrontándome con lo que ahí me iba enseñando. Os lo recomiendo vivamente.

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Escrito lo cual, he mirado a ver qué anoté en mi primera lectura hace más de diez años y he visto que me quedaba muy en la superficie. Más piedad sí creo que tengo, más paciencia y hondura espero que también.

viernes, 19 de junio de 2026

El círculo de plátanos en la plaza dura

En mi camino de siempre a la Facultad, casi al llegar cruzo la plaza de la residencia del Burgo de las Naciones. Hay un círculo de plátanos, que sistemáticamente podaban los últimos veinte años. Este año no. Los troncos, que ahora son como de dos metros, están sosteniendo ramas de tres, haciendo un espacio denso de hojas.


He empezado a leer Radiaciones, los diarios de la Segunda Guerra Mundial de Ernst Jünger, que me están gustando mucho. Ahí me encuentro esto sobre unos árboles de la misma especie, aunque mucho más grandes:

Esta sombreada soledad, en la que Naturaleza y arte de vivir se equilibran de un modo tan bello, se extiende al borde de la Avenue Jaurès, que recorro a menudo en mi camino hacia el servicio, pero nunca sin dejar de recrear mis ojos en dos hermosos plátanos inusitadamente recios; plátanos de tales dimensiones no los he visto más que en la isla de Cos, en la de Rodas y en Esmirna. Un árbol como ése es el más bello símbolo de la actitud que por su puro existir hace presentes el poder y la dignidad; no cabe duda de que el plátano es un árbol que merece ser engalanado con cadenas de oro y que su cuidado se encomiende a guardianes especiales, como puede leerse en Heródoto.

jueves, 18 de junio de 2026

Últimos narradores (1993)

Encontré en una librería de viejo Últimos narradores, Antología de la reciente narrativa breve española, de Joseluís González y Pedro de Miguel (Pamplona, Hierbaola 1993).

Fue un libro que compramos cuando salió: yo seguía mucho por entonces lo nuevo y especialmente lo que sacaban los dos editores, a los que seguía en Nuestro Tiempo. Eran los años de la tesis, en Valladolid. Estábamos viviendo en la calle Felipe II y la biblioteca estaba muy bien: yo me he pasado la vida componiendo bibliotecas y dejándolas. Mejor así, me abrumaría tener una permanente: mejor ir rescatando lo que vuelve a aparecer en la superficie, como este libro.

Es curioso ver la nómina de autores, con algunos ahora considerados vacas sagradas. Yo en cambio recordaba solamente dos cuentos:

De uno de Marina Mayoral, El final, el impresionante final: "Pero no era el final, todavía no".

También tenía el recuerdo de un cuento, Heredero del cielo, de José Antonio Millán. Al releerlo ahora, sentí un auténtico escalofrío al leer la última escena, tan impresionante es. Gran cuento.

miércoles, 17 de junio de 2026

Viento de helicópteros

Para una vez que hago algo, ya ni lo cuento aquí. Un amigo me dijo que le habían invitado a presenciar en la base aérea de Lavacolla el despegue de los helicópteros y aviones acrobáticos que iban a participar en el desfile del Día de las Fuerzas Armadas de Vigo, el 30 de mayo.

Era un buen grupo de helicópteros. Al fondo había 7 avioncitos de acrobacias. Era un buen grupo de gente. Nunca había estado cerca de algo así. Sabía que hacen ruido y viento, pero una cosa es verlo en las películas y otra notarlo al lado, que te haga tambalearte un poco. Era pasmosa la capacidad de los helicópteros de quedarse parados en medio del aire, a dos metros del suelo.

Bueno, pues todo esto quedó en agua de borrajas por unas nubes (envidiosas, las llamó fray Luis a las que taparon a Cristo en la Ascensión): todos tuvieron que volver a la base media hora después.

Los avioncitos eran como esos mosquitos que planean sobre nuestras narices algunas noches:


Aquí se está yendo un helicóptero:

Estábamos entre los mecánicos de vuelo y los que organizaban todo, como si fuera Top Gun. Luego vimos que detrás de las vallas había gente, los spotters, que hacen fotos de aviones, se dedican como hobby a eso: qué tremenda cosa es el hombre, dijo más o menos Sófocles.

martes, 16 de junio de 2026

Hijos de la medianoche de Salman Rushdie

Vi en una librería de viejo Hijos de la medianoche, de Salman Rushdie, en la impresionante traducción de Miguel Sáenz. Era la misma edición en que lo había leído hace más de treinta años, aunque no me acordaba de nada, quizá solamente de que se hablaba de encurtidos. Sí que recordaba que me había impresionado.

Así que he vuelto a leerlo. Es una novela impresionante, en forma de autobiografía de un personaje que le cuenta a una tal Padma su vida. Nace, es uno de los Hijos de la Medianoche, justo con la independencia de la India, lo que crea paralelismos más o menos forzados por el narrador con la historia de la India, la partición de Pakistán, la creación de Bangladesh, el dominio de Indira Ghandi.

Pero eso es solamente la carcasa, lo impresionante es el abrumador modo de narrar, en cierto modo como la imagen abigarrada que tengo del arte indio. Por las páginas pasa la historia familiar, entremezclada de humor, de capas históricas, de repeticiones nunca aburridas, como en espiral, de una serie de personajes que podríamos pensar que son los de la familia de Rushdie, tan vivos están. Todo se realiza de modo melodramático, como si fueran las Mil y una noches, como una película de Bombay, que debían de ser muy pródigas en giros teatrales. Todo eso lo va orquestando Rushdie con una maestría increíble. Es abrumador. Quiza lo que falte para que sea una obra maestra es más hondura. Pero como texto, como narración es impresionante.