lunes, 12 de octubre de 2026

Memorias de Josep María de Sagarra

Mi hermana Eva lo vio en un mercadillo y me preguntó que si me interesaba: le dije que sí y me he leído estas Memorias de Josep María de Segarra con mucho gusto, en la versión de Fernando Gutiérrez, que no sé si es el mismo que tradujo a Homero: en cualquier caso, el texto se lee con mucho gusto en la versión castellana.

Decidí leer el libro sin mirar nada ni sobre el autor ni sobre el libro. Comienza con sus antecedentes familiares, 200 páginas que se me hicieron largas; de hecho me salté las treinta últimas, sobre la familia de su madre. Luego habla de su infancia y juventud, de su época universitaria y termina con sus dos años de estudios en la Escuela Diplomática en Madrid. El libro se queda en 1918, acabada la Primera Guerra Mundial y con él dispuesto a continuar haciéndose un nombre en la poesía, el teatro y el periodismo en catalán de las primeras décadas del siglo. Son 24 años de vida, escritos cuando él tenía 60. Por desgracia no hizo una continuación, que habría sido bien interesante.

Me ha sorprendido su bonhomía y su talante a lo largo de todo el libro, de casi 900 páginas. Sin renunciar a sus principios e ideas (militaba desde joven en la Lliga de Cambó), siempre tiene buenas palabras para todos, sin maquillar lo que ve, pero con un espíritu siempre dispuesto a comprender a todo el mundo. Hay unas páginas sobre una visita a Barbastro, por unas maquinaciones políticas de Cambó que me recordaron a la Operación Roca, que describe con rasgos de esperpento muy logrados. 

Sus dos años en Madrid son de continuo trato con los literatos más importantes, desde Juan Ramón a Ramón Gómez de la Serna, Ortega y Gasset o Unamuno. Su juventud en Barcelona yo espero que se estudie en los Grados de Filología Catalana, porque describe muy bien a figuras como Verdaguer, d'Ors, Maragall, Carner, Prat de la Riba, todos los que eran alguien en ese periodo de principios del siglo XX. También retrata muy bien el mundillo literario de Barcelona, donde dominaba el ambiente de los Juegos Florales, la poesía como fenómeno social y los periódicos y revistas que lo amplificaban, todo ello en el ambiente social y político convulso y a la vez festivo de la Barcelona de la época.

De todos modos, lo mejor con diferencia es el relato de su infancia y adolescencia, delicioso. Yo haría un libro aparte con esas doscientas páginas, que estoy seguro que encantarían a todo el que las leyera, entre la página 200 y la 400. Son páginas felices de la vida de un niño bien de Barcelona en torno a 1900.

Me impresiona, ya lo he escrito antes, el carácter y la bonhomía de Sagarra, su actitud abierta ante todos, y quizá más por estos años duros que hemos sufrido nosotros de políticos catalanes básicamente hoscos (desde Puigdemont a Maragall de Lluis Llach a Ada Colau, Artur Mas, Jordi Pujol, Oriol Junqueras o la muy hostil a todo Miriam Nogueras, por decir algunos), siempre cabreados, siempre quejosos, con expresiones convulsas. Han destruido, al menos en mí, la posibilidad de imaginarme a políticos de Cataluña de cualquier línea sin que tengan por qué no ser amables, respetuosos, en un contexto de civilidad. A partir de ahora, me acordaré de la figura de Sagarra, como excepción quizá. Cuando oiga hablar de seny, pensaré en él, al menos en él.

viernes, 9 de octubre de 2026

No hemos venido a divertirnos de Nina Lykke

No hemos venido a divertirnos es el segundo libro que leo de Nina Lykke y me ha gustado menos que Estado del malestar. De hecho, pensaba mientras lo leía que no me estaba gustando, y me fastidiaba que no me gustase tanto, pero el hecho es que ahora que lo he terminado le veo cualidades que no le valoraba tanto mientras lo leía.

Sobre todo destacaría su sátira del mundo literario noruego, que, por lo que describe, está hipersubvencionado (con el añadido de que allí están forrados de dinero) y con la misma hipocresía que retrató tan bien aquí Andrés Trapiello en sus diarios. En la novela se habla de actos culturales sin público, de lecturas a dos espectadores como mucho, de parafernalias sin otro objetivo que hacer que la rueda siga girando. Sobre todo, describe con detalle unas jornadas literarias en Lillehammer que son de traca, sobre todo por la descripción de un público pretendidamente culto que es ovejuno en realidad, riendo las gracias del mundillo progresista que domina la cultura, con poses rupturistas de gente que chupa del bote, mientras hace gestos de rechazo efectistas. Si fuera solamente por eso, este libro es saludable, y no solo para Noruega. Está muy bien cómo describe las risas sumisas del público a los gestos de rebeldía adolescente de escritores supuestamente consagrados. Cuenta por ejemplo que invitan a una sesión de las Jornadas a dos mujeres somalíes con hiyab que dirigen revistas feministas. Es todo delirante pero doloroso, porque es algo que está pasando, es real, en Noruega, aquí y en todo Occidente.

La descripción del protagonista, Knut, escritor de un libro de éxito que no sabe cómo reencontrar la fórmula para repetirlo, es la de gente de mi generación que no sabe envejecer (sobre ello escribió un artículo muy bueno Paco Sánchez) y resulta patética: es desolador ver cómo se arrastra en una debacle de relaciones fortuitas, de mero sexo, descrito con trazos brutales aquí, con familias destrozadas que no saben por qué acabaron hechas pedazos, mientras anhelan, sin saber muy bien, lo que era una familia de toda la vida, pero sin atreverse casi ni a desearlo.

Hay un momento en el que  el protagonista piensa en algo que acaba de oír a la Ministra de Cultura, que les ha animado a hacer "literatura provocadora" y se le ocurre imaginarse como personaje literario a un cura 

que esté en contra del divorcio. Él mismo empieza a estarlo. Y después el sacerdote puede estar en contra de la inmigración, del islam, de los cambios de sexo, del matrimonio gay y de que las mujeres sean sacerdotes. Knut sonríe para sus adentros. No tiene claro si un libro así rompería tabúes y superaría los límites, pero provocador sería seguro. Si es que consiguiera publicarlo.

Además, ese cura estaría en contra del travestismo, "del sexo antes del matrimonio y de otras posturas que no sean la del misionero" (169-170). Eso es lo que al protagonista le parece el colmo de la contracultura dominante: es un batiburrillo de cosas que ni la propia autora defiende, pero es ilustrativo, me parece. Por lo demás, se nota que anhelan lo que ni se atreven a desear. Quizá eso explique esas contradicciones en la sociedad noruega (y en la española).

Hay otro aspecto que me interesa: la crítica que hace, recorriendo ese camino en su propio libro, a una veta de la literatura del yo que domina cada vez más, que no está libre tampoco de imposturas y quizá más todavía en una sociedad como la noruega: ese ajustar cuentas a cuenta de una exposición brutal de la intimidad convertida en arma arrojadiza frente al imperio de lo políticamente correcto, que es la clave del libro.

jueves, 8 de octubre de 2026

Museo Histórico de Estocolmo y III: el arte religioso

Con la Reforma, se acabó el arte religioso en Suecia, muy influido (o incluso importado) por Flandes y Alemania. Después, solamente hicieron algunos pequeños cuadros de Cristo resucitado y escenas del Antiguo Testamento.

Pero en el Museo Histórico conservan muchos retablos de hasta el siglo XVI, algunos bonitos, todos interesantes, aunque cualquier Museo Diocesano de España le de mil vueltas, pero esa es otra cuestión.

Había una capilla barroca, con dos dedicaciones de gente bien, que se representa junto a la Cruz o junto a Cristo resucitado:


Pero sobre todo destacaba la sala de retablos flamencos, alemanes y hechos allí, aunque seguramente por artistas de esos orígenes. 

Este cuadro no sabría ya dónde situarlo, quizá sea alemán. Tiene delicadeza, aunque no tanta finura:


Están muy bien estos retablos con puertas que se cierran:

O este otro, sin puertas:





Aquí, santa Ana con sus tres maridos detrás (un modo nada ockhamiano que tuvieron para explicar lo de la familia cercana de Cristo):

San Erik y san Olav pisando a sus martirizadores:

Este frontal era mucho más antiguo (todo lo de arriba es de en torno a 1500). Este era del año 1200 o por ahí:

Detalles:


Tenían un arcón muy antiguo también:


Esto era un mueble "para leer":

Me gusta la decoración, tan básica:

En el medio habían hecho una exposición del Hombre de Dolores, en torno a una talla de un Cristo que se quemó. Conmovían esos Cristos sin brazos:



En el medio de la exposición hicieron una reconstrucción de una capilla medieval con el Cristo quemado y de pie una réplica de cómo era antes del incendio:

Siguiendo con el recorrido, había una tumba con un texto en latín y otro rúnico:

Las runas, en el borde de arriba. Debajo, la inscripción latina

Una pila bautismal con una representación todavía pagana:


Incensarios medievales:

También había cosas de peregrinaciones, algunas a Santiago. Y representaciones del apóstol peregrino:


miércoles, 7 de octubre de 2026

Museo Histórico de Estocolmo II: los vikingos

No es que los vikingos "fueran vikingos", repiten en el Museo, es que eran gente normal que iban a hacer de "vikingos", es decir, de exploración / rapiña; gente que quizá el resto del año se dedicaba a sus ganados o a sus campos. Impresiona, de todos modos, ver hasta dónde llegaron y lo que abarcaron en esos tres siglos, entre el 800 y el 1100, en que se suele situar su momento de máximo éxito.

No hice muchas fotos, pero la colección era rica y abundante y muy bien contextualizada, salvo al hablar del cristianismo, donde los del Museo se ponían estupendos. Si yo hubiera sabido más de mitología nórdica le habría sacado más partido, también.

Había grandes piedras, por ejemplo esta con el caballo de ocho patas de Odín:


Esto son llaves:


Esto es un amuleto mágico con runas (no sé si lo he puesto al revés, ay):

Aquí va asomando la patita lo cristiano:

Me interesaron mucho los restos de hueso incinerados, porque así sería quizá en el mundo griego, aunque Homero lo que dice es que sacaban del fuego los huesos mondos y lirondos, pero enteros. No sé quizá es que si los dejas más tiempo al fuego acaban así, en trocitos, o es que han pasado muchos años en cualquier caso, entiendo yo:

Sorprendentemente para mí, a diferencia de los egipcios o los griegos, los vikingos en las tumbas rompían las armas o las deformaban. Algo querrá decir eso sobre sus ideas respecto al modo de la vida en el más allá:

Estas especies de lenguas metálicas funcionaban como monedas en el ámbito ruso. Esa es otra: Suecia tiene mucha relación con lo ruso y oriental en general: 


Esto ya no recuerdo si era de Oriente:


Tesoros que iban pillando:

martes, 6 de octubre de 2026

El Museo Histórico de Estocolmo I: Prehistoria

El Museo Histórico es, de los pocos que he visitado esta vez, el que me ha gustado de Estocolmo. Tiene una sección de prehistoria (como son muy modernos ponen "prehistorias"), otra de los vikingos, otra un recorrido por la historia de Suecia del 1000 a la actualidad, y otra de arte medieval.

La sección de prehistoria, tonterías de terminología aparte, me gustó. Se centra en 7 lugares y 7 personas y a partir de ahí va recorriendo los grandes periodos, hasta la que llama época romana, o de influencia romana, porque hasta Suecia llegó el reverbero del Imperio, que era mucho imperio, incluso más allá del limes.

No os voy a aburrir, pero por poner algo, empezaré por ese arpón con lajas de pedernal:


En esta tumba hay un hombre y en sus brazos un niño pequeño:

Aquí instrumentos de pesca:

Al ver estas hachas me he acordado de la que encontró mi hermana pequeña en Castrojeriz. Así se debían de usar:





Estos son de distintos tipos y me parece que rituales. Hay una metálica, ya no recuerdo si de bronce, que es de las más antiguas:


Esta cerámica ya ni sé de cuándo era, pero de las primeras; y con gracia:


Otras cerámicas de las antiquísimas- Me da igual de cuándo:


Esto son objetos votivos de ámbar:


Y hachas rituales encontradas así, en mogollón:

Un peine no sé si de hueso:


Y esto son cosas romanas que llegaron hasta Suecia:

Una inscripción con runas, que no sabía que eran tan antiguas ni que derivaran del alfabeto latino: