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sábado, 26 de marzo de 2011

San Miguel de Escalada

Fui el lunes a León y luego a Burgos y el martes de vuelta: cerca de León, por Mansilla de las Mulas -bucólico nombre- volví a ver un cartel en la carretera que me atraía como la casita de chocolate de Hansel y Gretel.
Tenía media hora para llegar a la clase que tenía que dar, así que me lancé.

Y fui avanzando por pueblos feos como demonios, sin saber cuántos kilómetros quedaban y si mi proverbial puntualidad iba a sufrir un duro golpe.
Llegué al pueblo de San Miguel de Escalada: y lo crucé, asustado -y debería estar vacunado con el feísmo endémico gallego, pero ya se ve que no- de tanta fealdad de ladrillos sin enfoscar y tanto abandono.

Y al final del pueblo, encaré una curva que por suerte lo tapó. Una cuesta empinada me lanzó a la cuarta dimensión del misterio: en la ladera, escondido, un monasterio con un atrio de arcos mozárabes:



En la puerta la chica guardesa estaba a punto de cerrar, pero me dejó entrar un minuto.
Segundos para ver el prodigio:


Mi foto es tan mala que es hasta poética (buenas fotos aquí y también aquí y aquí con explicaciones).

Le pregunté a la fiera posteenager, ansiosa -supongo- por huir de aquella soledad, por el mejor camino a León.
Me animó a volver por la ruta feísta.
Y yo me fui por la otra, la peor asfaltada.
Y ya el salir por arriba tuvo premio instantáneo: vi la ventana con la columna.
Y la carretera era mala, pero el paisaje era para guardarlo en una caja y abrirlo en peores momentos: sol entre nubes a las seis de la tarde, por viñedos y encinas sueltas, entre campos verdes brillantes.
Y hasta los nombres de los pueblos acompañaban: Mellanzos, Santa Olaja de Eslonza, Villarmún, Palazuelo de Eslonza.
Pero el sortilegio se rompió al pasar Puente de Villarente.
Y casi al llegar a León uno de los nombres más feos que he visto en mi vida: Golpejar de la Sobarriba.

lunes, 12 de abril de 2010

La sacristía de san Marcos

En san Marcos de León descubrí la prodigiosa sacristía de Juan de Badajoz el Mozo, de 1549: ¡no sabía que algo tan hermoso estuviera ahí! Y estaba todo lleno de inscripciones latinas que se leían bien.
Era muy llamativo el modo de representar el árbol de Jesé entre los ramajes tardogóticos o protorenacentistas de las nervaduras, con profetas y antepasados de Jesús. Y recorría un friso la pared con el texto del Levítico 21,17 sobre el sacerdote perfecto: Qui habuerit maculam, non...

Eran dos salas, unidas por dos puertas; sobre un dintel:


Curam habe de bono nomine, hoc enim magis permanebit tibi quam mille thesauri pretiosi (Eccl. 41.12). Cuídate del buen nombre, pues durará más que mil tesoros riquísimos.

Y sobre la otra puerta:


In thesauris sapientie intellectus et scientie religiositas (Eccl. 1, 25). En los tesoros de sabiduría, entendimiento y ciencia está la religiosidad.
Pero lo más interesante era el frontal de la pared del medio, con una escena de la transfiguración. A los lados había un texto repartido entre calaveras y figuras con cartelas:

Arriba Noli metuere iudicium mortis.[Eccl. 41, 3]: No temas el juicio de la muerte.

A un lado:

O mors bonum est iudicium tuum /homini indigenti [Eccl. 41, 2]: Muerte, bueno es tu juicio para el hombre pobre.

Al otro:

O mors quam amara est memoria tua / homini pacem habenti in substantiis suis [Eccl. 41, 1]: ¡Muerte, ¡qué amargo es tu recuerdo para el hombre contento de sus posesiones!

Y en el medio de la sala, la tumba de un obispo con un texto en griego (1 Cor. 15, 42): σπείρεται ἐν φθορᾷ, ἐγείρεται ἐν ἀφθαρσίᾳ. Aquí la última palabra:



Y antes, en el claustro, una cosa maravillosa: un relieve prodigioso en piedra de Juan de Juni.


Me he molestado en poner los textos porque en la guía estaban mal. Y qué bien me lo pasé leyéndolos. Y me quedé sin poder ver la sillería de Juan de Juni: para la próxima queda.

viernes, 9 de abril de 2010

Medallones de San Marcos

La fachada de San Marcos de León, sede de la orden de Santiago (ahora Parador), tiene una serie de medallones en la parte de abajo, unos renacentistas y otros del XVIII (fotos en este blog I y II:




Medallones renacentistas de derecha a izquierda (lista aquí): Príamo. Paris. Hércules. Héctor. Alejandro Magno. Julio Cesar. Judith. Isabel la Católica. Lucrecia. Aníbal. Judas Macabeo. David. Josué. Carlomagno. Bernardo del Carpio. Alfonso II el Casto. Fernán González. Cesar Augusto. Carlos I. Trajano. El Cid. Fernando el Católico (primer administrador de la Orden de Santiago). Felipe el Hermoso. El príncipe Don Juan, hijo de los Reyes Católicos.

Y no he encontrado una explicación de por qué están esos y no otros. Hay algún artículo más o menos especioso sobre representaciones de poder, pero ninguno responde a la insidiosa pregunta que me asedia: bien están en cualquier lista Príamo, Hércules y Hector, pero Paris, ¿qué pinta ahí?
Isabel la Católica entre Judith y Lucrecia, se puede ver el sentido, o la serie de los hebreos Judas Macabeo / David / Josué, o el parelelo Alejandro Magno / Julio César. También el mítico leonés Bernardo del Carpio (y es gracioso que el conde de Castilla Fernán González esté ahí también, y el asturiano Alfonso II: ya se ve que en el siglo XVI no existía eso del 'Leon solo'). Y es buena también la serie: Cesar Augusto / Carlos I / Trajano / El Cid / Fernando el Católico (y sucesores), pero Paris -el 2º por la derecha-, ¿qué pinta ahí el p*** Paris?

lunes, 29 de marzo de 2010

León para lo mejor y lo peor

El lunes pasado estuve en León, vi esto y me dio arcadas:



Lo organiza la Concejalía de Cultura Leonesa: (hay además otra Concejalía de Cultura sin etiquetas): ¿y no tienen nada mejor en que gastar el dinero?
A la gente sensata de León más le valdría cortar con esta espiral de estupidez ante de que se encuentren con una lengua oficial que les obligarán a usar ("¡Es la nuestra! ¡Es la base de nuestra identidad! ¡Si no, morirá!").
Y todo por un delirio de León solo (la mayor manifestación de la historia de la ciudad fue por eso: y qué pena que fuera por un motivo tan pueblerino), que supongo que quieren apuntalar con el 'correlato objetivo' de una 'lengua propia'.


En cambio el martes en san Marcos (¡maravillosas salas del Museo de León) vi esta admirable inscripción:


OMNE SOLVM VIRO FORTI PATRIA EST
Para el varón fuerte todo suelo es su patria
La frase es casi de Ovidio (Fastos I, 493 -sin viro-: omne solum forti patria est). Y, paradojas de la vida, es del dintel del Palacio (no Palaciu) don Gutierre, del siglo XVI, donde van a tener lugar esas sesiones ridículas: quizá León en el Renacimiento tuvo atisbos de una universalidad que cuesta ver ahora en su pueblerinismo subvencionado.

jueves, 16 de abril de 2009

Entre León y Lugo (8 de 8)

Del viaje a León, que ya queda muy lejos, una recomendación: el Museo de León.
Todas las provincias tienen un Museo, ahora llamados sólo con el nombre, que por una parte lo convierte en el Museo por antonomasia y por otra lo desdibujan; y no me ha defraudado hasta ahora ninguno: el de Ciudad Real, el de Valladolid, el de Cádiz, el de Burgos, el de Lugo, el de Pontevedra. Son magníficos, un resumen de arqueología y arte de cada provincia.
Y el de León, además, está recién remodelado, muy bien puesto todo, muy claro, muy agradable de ver. Sólo los textos introductorios a cada sala eran un poco demasiado tópicos, un poco, no sé cómo decirlo, zapateriles.
Y el Museo de León tiene una colección romana e indígena-romana, y paleocristiana y medieval de caerse de espaldas.
Y cuando vuelva a León iré a ver san Marcos, que todavía me falta. Y hasta puede que me deje caer por el Musac.

jueves, 9 de abril de 2009

Entre León y Lugo (7 de 8)

[¿Que no puedo continuar con el relato del viaje a León/Lugo y a la vez celebrar convenientemente la fiesta de hoy y citar de paso a Trapiello, san Josemaría, Waugh y Flannery y contar del concierto de ayer? Vais a ver:]
A la vuelta de León [esto es una prolepsis, porque me falta todavía contar otras cosas del viaje] se me ocurrió que ya que tenía que parar en Piedrafita podía visitar por primera vez O Cebreiro, la iglesia donde se conserva las reliquias con el cáliz y la patena del milagro (que pasaron al escudo de Galicia).
Hacía un frío que pelaba y estaba nevando. Un peregrino rezaba solo en la primera fila. Y en san Isidoro (y los que leáis a Trapiello lo asociaréis a sus viajes a León en Navidades) vi, como otras veces, gente rezando ante el Santísimo expuesto en la Custodia, lo mismo que cuando llegué al día siguiente a Lugo, cuando fui con Chema a la Catedral: también allí está expuesto el Santísimo todo el día.
Y hoy, Jueves Santo, se celebra la institución de la Eucaristía. Esta mañana leía esto de san Josemaría [resaltos míos]:
Todos los modos de decir resultan pobres, si pretenden explicar, aunque sea de lejos, el misterio del Jueves Santo. Pero no es difícil imaginar en parte los sentimientos del Corazón de Jesucristo en aquella tarde, la última que pasaba con los suyos, antes del sacrificio del Calvario.
Considerad la experiencia, tan humana, de la despedida de dos personas que se quieren. Desearían estar siempre juntas, pero el deber —el que sea— les obliga a alejarse. Su afán sería continuar sin separarse, y no pueden. El amor del hombre, que por grande que sea es limitado, recurre a un símbolo: los que se despiden se cambian un recuerdo, quizá una fotografía, con una dedicatoria tan encendida, que sorprende que no arda la cartulina. No logran hacer más porque el poder de las criaturas no llega tan lejos como su querer.
Lo que nosotros no podemos, lo puede el Señor. Jesucristo, perfecto Dios y perfecto Hombre, no deja un símbolo, sino la realidad: se queda El mismo. Irá al Padre, pero permanecerá con los hombres. No nos legará un simple regalo que nos haga evocar su memoria, una imagen que tienda a desdibujarse con el tiempo, como la fotografía que pronto aparece desvaída, amarillenta y sin sentido para los que no fueron protagonistas de aquel amoroso momento. Bajo las especies del pan y del vino está El, realmente presente: con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad.
Y ayer por la noche estuvimos en un concierto de música religiosa de Haendel en las Carmelitas, dentro del admirable ciclo de Músicas Contemplativas organizado por el Consorcio de Santiago [hoy, las Vísperas de la Virgen que hicieron los jesuitas de China del siglo XVIII]; lo mejor, la propina final: Haec est Virgo virginum, una antífona que hizo Haendel para Carmelitas.
Pero esa iglesia sin el Santísimo se me hacía rara: una sala de conciertos en la que hablábamos y escuchábamos música religiosa: era como la capilla vacía de Retorno a Brideshead.
Aplaudimos con fuerza a los componentes de Musica Antiqua Roma, magníficos, pero yo me acordé de la frase de Flannery en Sangre sabia (trad. de Manuel Broncano, p. 112):
los limpiaparabrisas hacían un ruido estrepitoso, como dos idiotas aplaudiendo en una iglesia.
Está bien ir a una iglesia a oír música, pero mejor rezar con música como la de ayer dentro de la liturgia (¡quizá algún día eso llegue a ocurrir en España!).
[Contadlos todos, y está hecha. Y bien que me he currado los links. Y sin saber cómo, esta entrada se ha convertido en una mise en abyme de todo este blog.]

miércoles, 8 de abril de 2009

Entre León y Lugo (6 de 8)

La Catedral de León tiene el coro en el centro de la nave (y a mí eso me gusta; a mí, a algunos canónigos y a poca gente más, que lo que está de moda son las iglesias diáfanas, con el coro quitado). Pero el de León tiene además un trascoro renacentista inolvidable, con una escena de la Anunciación en la que el Espíritu Santo vuela hacia la oreja de la Virgen y aparece un jarrón con flores en el medio, como lo que comentábamos hace poco.
Y mucho y muy bueno hay que ver en la Catedral, también en las abigarradas representaciones góticas de las portadas, con las órdenes mendicantes apareciendo ya en muchas escenas: el cambio de tono.
Pero lo que más me impresionó esta vez estaba en el Museo de la Catedral: un Cristo muerto, ya descoyuntado, de Juan de Juni.
Un pie lo tiene completamente torcido y ha pasado por encima del otro. El paño de pureza marca el increíble giro del cuerpo ya roto, sin vida. Maestría tremenda al servicio de la representación del misterio de Juan de Juni, el otro grande de la imaginería castellana.

martes, 7 de abril de 2009

En el Pórtico de la Gloria

Y al pelo me viene lo que leí en una reseña de Flannery*:
The images absorbed in childhood are retained by the soul throughout life. In medieval times, the child viewed the same images as his elders, and these were images adequate to the realities they stood for. He formed his images of the Lord from, for example, the stern and majestic Pantocrator, not from a smiling Jesus with a bleeding heart (Lorine M. Getz, Flannery O'Connor: Her life, Library and Book Reviews, The Edwin Mellen Press, Toronto and London, 1980, p. 158).
Las imágenes asimiladas en la niñez las retiene el alma a lo largo de la vida. En tiempos medievales, el niño veía las mismas imágenes que sus mayores, y eran imágenes adecuadas a las realidades que representaban. Él formaba sus imágenes del Señor a partir de, por ejemplo, el Pantocrator severo y en majestad, no de un Jesús sonriente con el corazón ensangrentado.
Y le he estado dando vueltas a esto porque el sábado me fui con Suso a visitar el Pórtico de la Gloria; había reservado entradas el martes, cuando abrieron la veda de las visitas desde los andamios. Y qué impresión ver desde arriba a los ancianos con sus instrumentos musicales y las redomas con las oraciones de los santos que presentan al Cristo en majestad, que en realidad impresiona mucho más desde abajo que cuando estás a su altura. Y ves a los santos en el cielo -esas figuritas pequeñas que están encima de los ángeles con los instrumentos de la Pasión- con las manos juntas ante Cristo, cada uno con su corona (hay un ángel al lado con varias, como si fueran rosquillas, para poner a los que van llegando de los arcos laterales, traídos por ángeles).

lunes, 6 de abril de 2009

Entre León y Lugo (4 de 8)

Repitiendo pasos, de san Isidoro fui a la Catedral: cerrada*.
Y la querencia me llevó a donde quería volver, a san Marcelo, a ver el Cristo de los Balderas, de Gregorio Fernández. Y hasta hice fotos con el móvil (menos da una piedra):

Malejas me salieron, pero a mí que Gregorio Fernández no se deja fotografiar, Incluso cuando llegué no acababa de reconocerlo en aquella imagen que me conmovió hace unos meses, pero luego, sí, de cerca, desde algunos lados, parecía que era el que era: un Cristo sereno ya, a punto de morir.
Y en la otra capilla lateral estaba la Virgen que puede ser también de Gregorio Fernández, con un manto de madera pero que parece verdaderamente metálico (y me acordé de la fórmula de los ropajes broncíneos de Homero) y con esos pliegues 'metálicos' de los ropajes, tan característicos del mejor escultor español (hay gente que dice que ese título le corresponde a Martínez Montañés, pero yo casi no lo conozco, así que haré como que no existe y seguiré con Fernández en el nº 1). También hice una foto, pero casi peor que la otra (el móvil no tiene zoom y estaban en Misa):

Y me quedé sin hacer la foto del santo titular: un centurión romano padre de doce hijos, que Gregorio Fernández representó algo fondón, con armadura y unas alitas (he encontrado esta foto). Sobre todo la cabeza es prodigiosa; lástima del retablo que hay ahora, algo malejo, porque la imagen es muy buena. A ver si a la vuelta hago una foto que les haga justicia.

*Cierran a las 7, y de 1:30 a 4 también está cerrada: increíble. Estamos mal acostumbrados en Santiago, catedral de peregrinación: abierto desde las 7:30 de la mañana hasta las 9 de la noche, ininterrumpidamente.

sábado, 4 de abril de 2009

Entre León y Lugo (3 de 8)

Ese primer día fui a comer con el profesor que me había invitado y otro que estaba por allí con su mujer; todos excelentes personas, aunque la mujer casi no me conocía.
Y lo mejor fueron las meteduras de pata de ella, que me divirtieron mucho. Eran refrescantes de puro espontáneas: con tantos años en Galicia, yo había perdido la costumbre; aquí nadie dice nada sin haber pensado antes como va a reaccionar el otro; auténticos Kasparovs hay en eso de pensar con varias jugadas por delante el pensamiento del contrario.
Pues la cosa es que estábamos hablando de un profesor que estaba causando problemas a sus compañeros porque veía enemigos por todas partes. Alguien tendría que decirle algo -decían-, recomendarle que fuera al psiquiatra, sufre de paranoia, de manía persecutoria.
Y en esas la mujer va y dice:

-Eso es porque está soltero, no como nosotros (ya me he fijado -me dice a mí, en un aparte- que estás casado, por el anillo).

Y al rato, hablando de uno que murió joven:

-Muchos cánceres son por disgustos, hay que vivir la vida.

Y al final no sé si prefiero la politesse gallega al digo lo que se me acaba de ocurrir madrileño. Yo por si acaso me callé, con exquisita politesse gallega.

viernes, 3 de abril de 2009

Entre León y Lugo (2 de 8)

En León, la mañana para clases, la tarde para la Colegiata de san Isidoro:
Iba un poco picado por una encuesta reciente que lo ponía por delante de la Catedral de Santiago en un ranking del románico español, pero estuve allí y quedé fascinado. Y sobran los rankings: tiene una gran iglesia (pero, ay, con cabecera gótica; lo compensa un gran retablo de pinturas sobre tabla) y un Panteón de Reyes prodigioso (con una serie de pinturas escalofriantemente buenas, capiteles románicos esplendorosos y la historia de los reyes de Asturias y León allí). Y luego la biblioteca con joyas mozárabes y biblias del año 1000 y el tesoro que dejaron el rey Fernando I y doña Sancha son de caerse de espaldas.
Del tesoro me impresionaron especialmente la urna de san Isidoro y el arca de marfiles. Mucho debió de ser el último Padre de la Iglesia latina para los cristianos del Norte en la Alta Edad Media.
Y por elegir algo del Panteón de los Reyes, con todas aquellas escenas -¡la de las iglesias del Apocalipsis, el arco con los meses!, quizá me quedo con la representación de la mano de Dios en el techo (al lado pone Dextera = diestra):


Enlazo la imagen de aquí, de esta página muy completa, con múltiples fotos.

Algo del encanto de las pinturas del Panteón Real se puede sentir en esta cámara que gira 360º.
Y también en la puerta del Cordero (el Cordero está representado por todas partes, como debe ser) estaba la mano de Dios:

Al lado de la cabeza de Abraham, la mano de Dios (imagen también de aquí)

jueves, 2 de abril de 2009

Entre León y Lugo (1 de 8)

Si fuera supersticioso habría aparcado otra vez el coche de vuelta en el garaje, justo a continuación de haberle dado un beso, justo cuando salía, al A4 de una señora que llevaba a sus niñas al colegio.
Iba justo de tiempo y ella quería que hiciéramos los papeles del seguro, pero al final conseguí retrasar aquel prolijo formulario para la vuelta; y el lunes me contó que sus hijas decían: jo, qué enfadado estaba ese señor (¡y la culpa del choque era mía!).
Por suerte seguí adelante, sin querer considerarlo un presagio de nada, y el hecho es que pasé dos grandiosos días en León, dando unas clases sobre literatura griega y/o cristiana en un Master con alumnos atentos y participativos. Y en los ratos libres me pude llenar los ojos de bellezas (artísticas).
Y aunque en el viaje de ida me rondaba el runrún de los papeles del seguro y de no haber mirado al salir, era maravillosa la Galicia que pasaba veloz ante mis ojos; y nos desviaron unos kilómetros por la antigua carretera y el Bierzo estaba florecido de frutales como para quedarse allí también unos días, pero no, que tenía que ir a dar unas clases a León.