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jueves, 9 de febrero de 2006

Deus caritas est (y 10)

Acabo la presentación de la encíclica (nn. 36-42):
Peligros:
1. dejar el aquí y ahora, pensando en que es pequeño y limitado, por el allí y en el futuro perfecto.
2. no hacer nada porque se ve que se puede hacer muy poco.
Virtudes: fe, esperanza y caridad. Paciencia y humildad:
La esperanza se relaciona prácticamente con la virtud de la paciencia, que no desfallece ni siquiera ante el fracaso aparente, y con la humildad, que reconoce el misterio de Dios y se fía de Él incluso en la oscuridad.
Todo se consigue en la oración. Ejemplo de la beata Teresa de Calcuta.
La oración como liberación:
La familiaridad con el Dios personal y el abandono a su voluntad impiden la degradación del hombre, lo salvan de la esclavitud de doctrinas fanáticas y terroristas. Una actitud auténticamente religiosa evita que el hombre se erija en juez de Dios, acusándolo de permitir la miseria sin sentir compasión por sus criaturas.
Oración que puede ser muchas veces un grito como el del Apocalipsis: ¿Hasta cuándo, Señor, vas a estar sin hacer justicia, tú que eres santo y veraz? (cf. Ap 6, 10).
Ejemplo de los santos [descubro que existió un S. José Cottolengo, yo que pensaba que cottolengo era una palabra italiana para asilo. Aquí en Santiago hay uno: la vida de las monjas es simplemente cuidar día y noche a los desherados que han caído allí].
La Santísima Virgen, modelo de amor de Dios.
Oración final:
Santa María, Madre de Dios,
tú has dado al mundo la verdadera luz,
Jesús, tu Hijo, el Hijo de Dios.
Te has entregado por completo
a la llamada de Dios
y te has convertido así en fuente
de la bondad que mana de Él.
Muéstranos a Jesús. Guíanos hacia Él.
Enséñanos a conocerlo y amarlo,
para que también nosotros
podamos llegar a ser capaces
de un verdadero amor
y ser fuentes de agua viva
en medio de un mundo sediento.
Bueno, ahora viene lo difícil: ponerse a hacerlo.
Gran encíclica, sí señor.

miércoles, 8 de febrero de 2006

Deus caritas est (9 de 10)

nn. 29-35
Globalización, solidaridad a mayor escala, voluntariado. Iniciativas de la Iglesia en colaboración con otras instituciones; la colaboración con otras iglesias cristianas en la caridad, una de las mejores formas de ecumenismo.
Cómo deben ser los que ejercen la caridad en las instituciones caritativas de la Iglesia: competencia profesional, 'formación del corazón', independencia de partidos e ideologías, no usar la caridad como medio de indoctrinamiento religioso. Sobre todo:
La íntima participación personal en las necesidades y sufrimientos del otro se convierte así en un darme a mí mismo: para que el don no humille al otro, no solamente debo darle algo mío, sino a mí mismo; he de ser parte del don como persona.
El Papa aplica aquí (sin saberlo) mi máxima de este año (y del pasado): lo mejor es enemigo de lo bueno. No se puede sacrificar el bien de la persona concreta en favor de un supuesto bien de todos en el futuro:
La verdad es que no se puede promover la humanización del mundo renunciando, por el momento, a comportarse de manera humana. A un mundo mejor se contribuye solamente haciendo el bien ahora y en primera persona, con pasión y donde sea posible, independientemente de estrategias y programas de partido.
Podría salvar a toda la humanidad de un plumazo, podría protestar contra el hambre en el mundo. ¿Realmente sirve de algo lo poco que yo puedo hacer por gente concreta?
A veces, el exceso de necesidades y lo limitado de sus propias actuaciones le harán sentir la tentación del desaliento. Pero, precisamente entonces, le aliviará saber que, en definitiva, él no es más que un instrumento en manos del Señor; se liberará así de la presunción de tener que mejorar el mundo —algo siempre necesario— en primera persona y por sí solo. Hará con humildad lo que le es posible y, con humildad, confiará el resto al Señor. Quien gobierna el mundo es Dios, no nosotros. Nosotros le ofrecemos nuestro servicio sólo en lo que podemos y hasta que Él nos dé fuerzas. Sin embargo, hacer todo lo que está en nuestras manos con las capacidades que tenemos, es la tarea que mantiene siempre activo al siervo bueno de Jesucristo: «Nos apremia el amor de Cristo» (2 Co 5, 14).
Por lo tanto, nada de estar parados esperando la revolución mundial: tenemos que hacer lo poco que podamos hacer por los demás ahora.
¿Ayudas en una ONG? Muy bien, sigue con ello. ¿Visitas a un enfermo? Muy bien, sigue con ello. ¿Sonríes a la vieja que te cuenta por enésima vez sus enfermedades? Muy bien, sigue con ello.
Hacer lo que pueda por los demás ahora, variante de lo mejor es enemigo de lo bueno, que luego hay que esforzarse en poner en práctica, luchando contra la tentación de pensar que con eso uno no va a arreglar nada.

martes, 7 de febrero de 2006

Deus caritas est (8 de 10)

nn. 26-29
Sobre la caridad, palabra profundamente desgastada y caricaturizada desde el XIX, sobre todo por el marxismo, que afirmaba que pretendiendo solucionar pequeños problemas contribuía a perpetuar la injusticia en la sociedad.
Relación justicia-caridad:
Le corresponde al Estado buscar los medios para que se realice la justicia.
Cita una frase muy buena de san Agustín: Remota itaque iustitia quid sunt regna nisi magna latrocinia? (Si eliminas la justicia, ¿qué son los reinos sino grandes bandas de ladrones?).
La Iglesia tiene independencia y el estado debe respetarla. También tiene el deber moral de recordar las obligaciones de la justicia, pero no por medio de partidos políticos o inmiscuyéndose en la lucha partidaria.
Progresivo desarrollo de un cuerpo de doctrina social de la Iglesia que "quiere servir a la formación de las conciencias en la política y contribuir a que crezca la percepción de las verdaderas exigencias de la justicia y, al mismo tiempo, la disponibilidad para actuar conforme a ella".
Recomendación: el recién publicado Compendio de doctrina social de la Iglesia.
Dicho lo cual, hay que recordar que el amor -caritas- siempre será necesario, incluso en una sociedad que haya resuelto todo los problemas de injusticia social (algo que está por ver). Siempre habrá soledad y desamparo.
El Estado no puede llegar a todo: necesidad del principio de subsidiariedad: "las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales y que unen la espontaneidad con la cercanía a los hombres necesitados de auxilio". Ahí se incluyen -entre otras- las iniciativas de caridad de la Iglesia.
Directamente son sólo los laicos cristianos quienes deben buscar la justicia, junto a los demás ciudadanos, por medio de su actuación en la vida pública. [coletilla mía: los religiosos están de más cuando se meten en política y hay múltiples y lamentables ejemplos de problemas por no haber entendido lo que explica aquí el Papa].

sábado, 4 de febrero de 2006

Deus caritas est (7 de 10)

Mi idea inicial era resumir la encíclica, pero he acabado haciendo de comentarista, con miedo de malinterpretar su contenido.
Los siguientes puntos (nn. 16-25) sí que se pueden resumir (lo hace el propio Papa en 25):
Llegados a este punto, tomamos de nuestras reflexiones dos datos esenciales:
a) La naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios (kerygma-martyria), celebración de los Sacramentos (leiturgia) y servicio de la caridad (diakonia). Son tareas que se implican mutuamente y no pueden separarse una de otra. Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que también se podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia.
b) La Iglesia es la familia de Dios en el mundo. En esta familia no debe haber nadie que sufra por falta de lo necesario. Pero, al mismo tiempo, la caritas-agapé supera los confines de la Iglesia; la parábola del buen Samaritano sigue siendo el criterio de comportamiento y muestra la universalidad del amor que se dirige hacia el necesitado encontrado «casualmente» (cf. Lc 10, 31), quienquiera que sea. No obstante, quedando a salvo la universalidad del amor, también se da la exigencia específicamente eclesial de que, precisamente en la Iglesia misma como familia, ninguno de sus miembros sufra por encontrarse en necesidad. En este sentido, siguen teniendo valor las palabras de la Carta a los Gálatas: «Mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe» (6, 10).

viernes, 3 de febrero de 2006

Deus caritas est (6 de 10)

nn. 12-15
Compenetración del Antiguo y el Nuevo Testamento. En el Nuevo no nuevas ideas, sino Cristo mismo. Dios busca al hombre en el Antiguo Testamento, Cristo se hace hombre por el hombre en el nuevo:
En su muerte en la cruz se realiza ese ponerse Dios contra sí mismo, al entregarse para dar nueva vida al hombre y salvarlo: esto es amor en su forma más radical.
Así pues, Dios es amor sólo se comprende contemplando a Cristo en la Cruz.
El amor de Cristo está en la Eucaristía, donde nos unimos a su entrega por los hombres y nos unimos a los demás hombres. Se entiende que a la Eucaristía se le haya llamado agapé:
Sólo a partir de este fundamento cristológico-sacramental se puede entender correctamente la enseñanza de Jesús sobre el amor. El paso desde la Ley y los Profetas al doble mandamiento del amor de Dios y del prójimo, el hacer derivar de este precepto toda la existencia de fe, no es simplemente moral, que podría darse autónomamente, paralelamente a la fe en Cristo y a su actualización en el Sacramento: fe, culto y ethos se compenetran recíprocamente como una sola realidad, que se configura en el encuentro con el agapé de Dios. Así, la contraposición usual entre culto y ética simplemente desaparece. En el «culto» mismo, en la comunión eucarística, está incluido a la vez el ser amados y el amar a los otros. Una Eucaristía que no comporte un ejercicio práctico del amor es fragmentaria en sí misma. Viceversa —como hemos de considerar más detalladamente aún—, el «mandamiento» del amor es posible sólo porque no es una mera exigencia: el amor puede ser «mandado» porque antes es dado.

jueves, 2 de febrero de 2006

Deus caritas est (5 de 10)

En el n.11 lo que dice el Papa recuerda mucho a lo que tan bien explicó Juan Pablo II en su Teología del cuerpo (sobre el tema, lo de ayer de Mar adentro, con enlaces): soledad del hombre en la creación; la creación de la mujer como alguien que es su igual y su complemento perfecto, el eros en la naturaleza humana y su perfección en el matrimonio, icono del amor de Dios:
El matrimonio basado en un amor exclusivo y definitivo se convierte en el icono de la relación de Dios con su pueblo y, viceversa, el modo de amar de Dios se convierte en la medida del amor humano.
Recuerda el mito del andrógino, que cuenta Aristófanes en el Banquete de Platón (texto aquí): al principio el hombre era doble que ahora, pero fue separado por los dioses en dos para debilitarlo; el Papa señala la semejanza de esa idea del completamiento en el otro y la diferencia que hay en que, según ese mito, los dioses partieron a ese ser originario en dos para castigarlo y debilitarlo. No entra en el detalle del mito, que es también una justificación de la homosexualidad. El Papa no quiere polemizar, sólo quiere señalar paralelos en el mundo griego de lo que, como él dice, es la fe bíblica. Me parece interesante que varias veces haga eso: abierto a posturas distintas y muy alejadas incluso, para comprender qué plantean (Nietzsche, este caso de Platón), valora lo que ve positivo y deja de lado la polémica, porque no está en un combate, sino hablando a los cristianos de lo que significa esto:
Dios es amor.
Había que recuperar esta frase de la banalización en la que había caído, limpiarla y volver a contemplarla con toda su radicalidad.
No pone a la misma altura a Platón y a la fe bíblica, pero no desprecia a Platón.

miércoles, 1 de febrero de 2006

Deus caritas est (4 de 10)

Fe bíblica: Dios único y creador de todo. Radical diferencia respecto a otras culturas [por ejemplo la griega, con politeísmo y un mundo que existe eternamente]. Consecuencia: Dios lo ha hecho todo, ha querido todo, nos quiere a todos.
Filosofía griega: Aristóteles llega a alcanzar la idea de una divinidad única, que es objeto de deseo y amor por parte de todo ser, pero esa divinidad no ama [sólo puede amarse a sí misma, porque es perfecta: ¿para qué podría o querría amar lo que no es su perfección?].
El Dios de Israel ama personalmente, y con predilección, a Israel, por medio del cual quiere llegar a todos los hombres.
En Dios, tal como se muestra en el Antiguo Testamento, su amor es así eros y agapé en unidad.
Es agapé porque se da gratuitamente, perdona sin tener por qué. Otra cita espléndida:
«¿Cómo voy a dejarte, Efraím, cómo entregarte, Israel?... Se me revuelve el corazón, se me conmueven las entrañas. No cederé al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraím; que yo soy Dios y no hombre, santo en medio de ti» (Os 11, 8-9). El amor apasionado de Dios por su pueblo, por el hombre, es a la vez un amor que perdona. Un amor tan grande que pone a Dios contra sí mismo, su amor contra su justicia. El cristiano ve perfilarse ya en esto, veladamente, el misterio de la Cruz: Dios ama tanto al hombre que, haciéndose hombre él mismo, lo acompaña incluso en la muerte y, de este modo, reconcilia la justicia y el amor.
El amor de Dios es agape, porque es entrega, es eros porque quiere que el hombre le quiera [algo imposible de plantear en la filosofía griega e imposible de comprender: la fe es aceptar eso, que Dios nos ame ¿por qué debería?, que nos busque ¿para qué debía hacerlo?]
Benedicto XVI menciona otra vez el Cantar de los Cantares. Quiero recordar aquí el pasaje que es un hermoso ejemplo además de paraclausithyron:
Yo dormía, pero mi corazón velaba.
¡Una voz! Mi amor me llama:
¡Ábreme, hermana mía, amiga mía,
paloma mía, mi perfecta;
mi cabeza está cubierta de rocío,
mis bucles, del relente de la noche!
Pasmoso esto de que Dios quiera al hombre y más pasmoso que quiera que el hombre le quiera.

martes, 31 de enero de 2006

Deus caritas est (3 de 10)

De la reflexión general sobre el amor, pasa al estudio del amor en la Sagrada Escritura:
En el Cantar de los Cantares (libro que surgió como una suma de cantos nupciales) hay dos términos para amor, dodim (para el amor todavía inseguro) y ahabá (para el amor matrimonial cumplido, que ha superado el egoísmo y busca el bien del otro).
Ahabá fue traducido al griego por agapé en el Nuevo Testamento [vuelvo a recordar que fue escrito en griego] en lugar del término eros [opinión mía: porque habría adquirido connotaciones negativas]. En la cultura griega agapé no se usaba como término referido al amor.
El amor busca la exclusividad: sólo con esta persona y para siempre. Es éxtasis, en el sentido etimológico del término griego: salir de sí.
Jesús es el modelo de ese amor que es agapé, búsqueda del bien del otro hasta la muerte.
¿Hay oposición entre eros (amor mundano) y agapé (amor fundado en la fe y plasmado en ella)? Se suelen contraponer: uno sería ascendente, el otro descendente (yo busco el amor / yo encuentro el amor que se me da), uno sería amor concupiscentiae, otro amor benevolentiae (amor de deseo / amor de querer bien), el uno sería griego, el otro cristiano, el uno sería natural, el otro sobrenatural.
Y dice el Papa: estaríamos apañados si esto fuera así. El amor es uno (lo explicará más adelante).
Me parece novedosa la idea de que el amor no puede ser sólo ofrenda: "No puede dar únicamente y siempre, también debe recibir. Quien quiere dar amor, debe a su vez recibirlo como don".
El amor, pues, tiene varios aspectos, pero si nos quedamos sólo con uno, lo caricaturizamos.
La fe bíblica ayuda a comprender la profundidad de ese eros que el hombre percibe y le permite purificar el eros para llegar al amor en sentido pleno.

Los siguientes resúmenes están aquí: cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve y diez.

lunes, 30 de enero de 2006

Deus caritas est (2 de 10)

Sigo con el resumen para perezosos, después de la introducción del otro día:
La palabra amor se usa para todo, aunque parece haber una aceptación general de que el amor de hombre y mujer recoge el sentido más pleno del término.
En el mundo griego se usaba la palabra eros para referirse a ese amor, pero presentándolo como una realidad que en cierto modo se imponía al hombre. Como se ve, el Papa no entra a hablar de eros en el mundo grecorromano en todos sus aspectos, por ejemplo en la descripción que hace de él Platón (muy personal y muy influyente), sino que se refiere a la idea general, que ejemplifica en un pasaje del poeta romano Virgilio: Omnia vincit amor, et nos cedamus amori (Bucólicas, 10, 69: Todo lo vence el amor, sometámonos a él). Eros es un dios que domina y lleva a una 'locura divina', un éxtasis que en el ámbito religioso se reflejaba en ritos de fertilidad y en fenómenos como la prostitución sagrada, que se realizaba en templos (por ejemplo en Corinto): si el eros es una experiencia de acercamiento a lo divino, tiene sentido la práctica de la prostitución en templos.
Este fenómeno de la prostitución sagrada, en el que se usaba a mujeres como objetos en esa supuesta búsqueda de una 'experiencia divina' demuestra para el Papa que el eros se había desviado de lo que debería ser, por lo que es necesaria una ascesis ('ejercitación') del eros, para no traicinar su verdadero sentido.
En el eros hay una verdad: la búsqueda de la divinidad, esa promesa de eternidad, pero como el hombre es alma y cuerpo, la unidad de la persona está implicada; tanto en el espiritualismo como en la exaltación única del cuerpo se busca el eros de modo desordenado.
Actualmente domina la exaltación del cuerpo; a propósito de ello, una de las frases redondas de la encíclica: "La aparente exaltación del cuerpo puede convertirse muy pronto en odio a la corporeidad".
Resumen de estos puntos 2-5 (el Papa es muy didáctico, y se ve que fue profesor):
Ciertamente, el eros quiere remontarnos «en éxtasis» hacia lo divino, llevarnos más allá de nosotros mismos, pero precisamente por eso necesita seguir un camino de ascesis, renuncia, purificación y recuperación (n. 5 in fine).
Los siguientes resúmenes están aquí: tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve y diez.

miércoles, 25 de enero de 2006

Deus Caritas est (1 de 10)

Nueva encíclica del Papa: prodigiosa.
Para perezosos (con miedo de no entenderla ni explicarme bien; iremos por partes):
Introducción:
Dios es amor (más adelante explicará las dificultades para comprender esto, por la polisemia y el desgaste del término 'amor').
Mandamiento de Dios a Israel: es el único Dios y los israelitas deben amarle con exclusividad.
Con Cristo, descubrimos que ese mandamiento no era una orden porque sí, sino que más que un mandamiento era la respuesta lógica, necesaria, de suyo, al amor primero de Dios por nosotros: "Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él" (1 Jn, 4, 16).
Ese amor a Dios es amor al prójimo [de eso hablará en la segunda parte de la encíclica].


ACTUALIZACIÓN: los siguientes resúmenes están aquí: dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve y diez.