Para terminar la crónica de las semanas que pasé este verano en Innsbruck, pongo aquí cosas que no recogí en otros sitios.
Este caballero arrodillado ante Cristo que muestra sus llagas es del monasterio de Stams:
Para terminar la crónica de las semanas que pasé este verano en Innsbruck, pongo aquí cosas que no recogí en otros sitios.
Este caballero arrodillado ante Cristo que muestra sus llagas es del monasterio de Stams:
La Universidad de Innsbruck es importante. Entré en el edificio antiguo y había 4 placas para 4 premios Nobel, junto a otras con frases destacadas del acervo occidental:
Al principio no, pero luego acababa resultando llamativa la abundancia de carteles con órdenes, prohibiciones, consejos y advertencias:
¡Prohibido arrancar flores!
Yo antes iba a esas ciudades de otros países a ver el Museo judío que tuvieran: en Innsbruck pasé un día delante de la Sinagoga y había dos policías con metralletas en la puerta. Otro sitio que suelo visitar es el Jardín Botánico (por ejemplo Zagreb o Zürich). El Jardín Botánico de Innsbruck tiene de fondo los inmensos montes. Justo encima hay un observatorio astronómico hecho en 1907:
Todo un lateral estaba dedicado a los helechos: los había de muchas formas, más triangulares, más cuadrados. Me gustan los helechos. No sabía que hubiera tanta variedad. Muy verde, este Adiantum venustum, en alemán Immergrüner Frauenham. Lo he buscado: en inglés lo llaman Pelo de doncella del Himalaya:
Había un espacio para cactus espectacular, que pudimos ver solamente desde la puerta:
Comimos, tras las tres horas felizmente pasadas en la Armería y el Gabinete de Maravillas, en un jardín del palacio de Ambras, a la vera del edificio grande, el castillo-palacio.
Comenzamos por la Sala Española, que no sé por qué se llama así, de la segunda mitad del XVI. Es un gran salón con los retratos pintados de los duques de Tirol hasta Fernando II, el amo del palacio y el que lo puso a tono:
Vimos también la capilla, del XIX, muy en un neogótico que a mí ahora incluso me hace gracia, cercano al movimiento nazareno, o por ahí:
Aparte del Baño-Piscina de Philippine Welser, la mujer de Fernando II, el núcleo del edificio resultó ser una Galería de retratos reales entre los siglos XV y XVIII, algunos buenos, pero como un escalón por debajo todos de los que yo recuerdo de El Prado o sitios similares. Lo del XV y XVI lo seguimos en detalle, empezamos a cansarnos con el piso dedicado al siglo XVII y cuando llegamos al piso dedicado al siglo XVIII lo vimos a la carrera. También había una colección de objetos de cristal que hubieran merecido nuestra atención si no estuviéramos agotados. En medio había una exposición muy tonta sobre "diversidad": una estupidez pretenciosa.
Pero os pongo algún retrato, empezando por Fernando el Católico, quizá de Sittow:
Esta sería Catalina de Aragón, también de Sittow, pero ya la había visto en Viena, así que será copia:
La pobre Juana la Loca, del Maestro de la Leyenda de la Magdalena:
Esta es Ana de Austria, de Seisenegger:
En el Palacio de Ambras la visita a las salas de "maravillas" fue como recordar el Wunderkammer del KHM en Viena en pequeño. Muy entretenido. Por ejemplo esta calavera de una sola pieza de madera: