Mostrando entradas con la etiqueta Heródoto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Heródoto. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de octubre de 2020

La epifanía de Pan

Entre leer todo Homero en traducción en mes y medio con los de primero, traducir la peste con los de tercero y releer la batalla de Maratón con los de segundo, estoy bastante servido. Homero lo es todo en Grecia, Tucídides es una mente analítica superior, Heródoto es el gran narrador.

Esta lectura, que es relectura de Heródoto, porque ya lo traduje en clase el año pasado, está siendo muy interesante también. Aquí me voy a parar en el viaje del correo Filípides (en un manuscrito florentino pone Fidípides, que podría ser hasta una coñita, porque significa "el que ahorra en caballos" y él iba a pie, corriendo), que se hizo doscientos kilómetros en dos días para transmitir a los espartanos la petición de que ayudaran a los atenienses contra los persas (los espartanos no fueron porque tenían que esperar a que fuera luna llena, porque estaban en medio de las fiestas de Apolo Carneo, parece: estos sí que son ultracatólicos, no yo). 

En lo que me quiero fijar es que cuando pasaba Filípides por Arcadia se le «apareció» por el monte Partenio el dios Pan, que se le quejó de que los atenienses, con todo lo que él había hecho por ellos, no le daban culto. Es una epifanía, una "aparición-sobre-un-lugar". En esta segunda lectura me he estado fijando más en cómo es exactamente esa "presentación", porque casi parece que lo que percibe Filípides es solamente la voz del dios, que le grita (βώσαντα) su mensaje. Es como un relato sobre «alrededores», donde un dios como que se presenta en un ámbito amplio, entre ecos y voces. 

En el texto, Heródoto se harta de poner la preposición peri-, empezando con la primera frase: A Filípides por (περὶ peri) el monte Partenio, Pan se le cae por ahí (περιπίπτει peripíptei): lo que solemos entender es que Pan se le "aparece", pero literalmente es que "cae por allí". Eso se replica en el discurso de Filípides a los espartanos, diciéndoles que no mirasen a los lados (περιιδεῖν periideîn) en la cuestión de que Atenas iba a caer (περιπεσοῦσαν peripesoûsan) en manos de los persas. Esto de repetir una palabra talismán estoy viendo cada vez más que es muy típico de Heródoto, estirando el chicle hasta extremos curiosos, porque el último caso, el de "caer en manos" como que está cogido con pinzas, aunque tiene paralelos en otros pasajes, donde significa "caer en desgracias".

Os pongo aquí la traducción de Bartolomé Pou, del siglo XVIII: 

... por heraldo a Fidípides, natural de Atenas, hemerodromo (o correo de profesión). Hallándose este, según él mismo decía y lo refirió a los atenienses cerca del monte Partenio, que cae cerca de Tegea, apareciósele el dios Pan, el cual habiéndole llamado con su propio nombre de Fidípides, le mandó dar quejas a los atenienses, pues en nada contaban con él, siéndoles al presente propicio, habiéndoles sido antes muchas veces favorable y estando en ánimo de serles amigo en el porvenir. Tuvieron los de Atenas por tan verdadero este aviso, que estando ya sus cosas en buen estado, levantaron en honor de Pan un templo debajo de la fortaleza, y continuaron todos los años en hacerle sacrificios desde que les envió aquella embajada, honrándole con lámparas y luminarias.
Despachado, pues, Fidípides por los generales, y haciendo el viaje en que dijo habérsele aparecido el dios Pan, llegó a Esparta el segundo día de su partida, y presentándose luego a los magistrados, hablóles de esta suerte: —«Sabed, lacedemonios, que los atenienses os piden que los socorráis, no permitiendo que su ciudad, la más antigua entre las griegas, sea por unos hombres bárbaros reducida a la esclavitud; tanto más, cuando Eretria ha sido tomada al presente y la Grecia cuenta ya de menos una de sus primeras ciudades.» Así dio Fidípides el recado que traía: los lacedemonios querían de veras enviar socorro a los de Atenas, pero les era por de pronto imposible si querían faltar a sus leyes; pues siendo aquel el día nono del mes, dijeron no poder salir de la empresa, por no estar todavía en el plenilunio, y con esto dilataron hasta él la salida (6.105-106).

Lo que quiero decir es que Pan "se aparece por ahí": no es que lo vea Filípides frente a él, con las patas de cabra y todo. Por otro lado es fascinante el tono quejoso de Pan, que no castiga como otros dioses, sino que se queja de no ser reconocido, él que es un dios terrorífico, que da un miedo especial, un miedo pánico

jueves, 5 de diciembre de 2019

Rebozarse en oro

Traduciendo a Heródoto estamos ahora con los Alcmeónidas, una familia bien (pero de las muy bien: Clístenes, Pericles y Alcibíades pertenecían a ella; eran como los Kennedy), a cuento de que les acusaban de conspiración contra Atenas en la batalla de Maratón.
Heródoto se remonta al patriarca, Alcmeón, que ayudó en el santuario de Delfos a los de Lidia «que habían hecho esa romería» (es la traducción del jesuita expulso Bartolomé Pou). El rey Creso le hace ir a Sardes para agradecérselo y allí le ofrece «tanto oro cuanto de una vez pudiese cargar y llevar encima». Lo que sigue lo podéis leer en esa traducción de Pou:
Para poderse aprovechar mejor de lo grandioso de la oferta, fue Alcmeón a disfrutarla en este traje: púsose una gran túnica, cuyo seno hizo que prestase mucho dejándolo bien ancho, calzóse unos coturnos los más holgados y capaces que hallar pudo y así vestido fuese al tesoro real adonde se le conducía. Lo primero que hizo allí fue dejarse caer encima de un montón de oro en polvo y henchir hasta las pantorrillas aquellos sus borceguíes de cuanto oro en ellos cupo. Llenó después de oro todo el seno; empolvóse con oro a maravilla todo el cabello de su cabeza; llenóse de oro asimismo toda la boca: cargado así de oro iba saliendo del erario, pudiendo apenas arrastrar los coturnos, pareciéndose a cualquier otra cosa menos a un hombre, hinchados extremadamente los mofletes y hecho todo él un cubo (6.125).
Sigue muy bien el original, aunque a continuación, al recoge la reacción de Creso cuando ve a Alcmeón así, donde lo que dice exactamente Heródoto es que «le entró la risa» (ἰδόντα δὲ τὸν Κροῖσον γέλως ἐσῆλθε) él lo traduce como «al verle así Creso no pudo contener la risa», que es menos expresivo, claramente.
Con ese oro Alcmeón se compró una cuádriga  y ganó los juegos Olímpicos, como un Agnelli cualquiera.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Hoplitas a la carrera

Estoy traduciendo en un curso a Heródoto y en el siguiente a Tucídides. Está resultando una polifonía escalofriante: en Heródoto estamos leyendo que en las Guerras Médicas los de Platea, que odiaban a muerte a Tebas, acabaron aliados con Atenas por mediación de los espartanos, que veían en ello un recurso para amolar a los atenienses, que todavía no eran sus enemigos declarados; en Tucídides, que habla de hechos de setenta años después, los de Platea, aliados de los atenienses (pero que no aparecieron a ayudarlos), están siendo ahora asediados por los espartanos, con los tebanos azuzando en contra. El discurso que pone en boca de los de Platea, cuando ya sabían que estaban perdidos, es impresionante. Pero no sirve de nada: al final los espartanos los matan a todos y destruyen la ciudad.

Yo quería fijarme en la batalla de Maratón,  que comenzó con los atenienses en formación, ayudados sólo por los de Platea (los espartanos, como era luna nueva, ni se habían movido de su ciudad: fariseos).
Heródoto lo cuenta muy bien: están como a un kilómetro y medio de los persas y lanzan el ataque a la carrera, en un acto de fe que marcó la historia* y del que los estudiosos modernos dudan, porque hacer esa distancia cargado con todas las armas cuesta creerlo.
Pero todavía más difícil que esa carrera de fondo al ataque debió de ser sobreponerse al miedo de la propaganda. Dice Heródoto que los atenienses fueron los primeros de los griegos que «resistieron el ver el traje persa y a los hombres que lo vestían. Hasta entonces los griegos le tenían terror incluso a oír el nombre de los persas»**. De hecho, los atenienses les parecen a los persas una panda de locos, pero de los de locura destructiva, cuando los ven llegar corriendo, así, tan pocos, sin caballería ni arqueros
Pero mejor os pongo esta traducción de todo el pasaje, de Bartolomé Pou:
Dispuestos en orden de batalla y con los agüeros favorables en las víctimas sacrificadas, luego que se dio la señal, salieron corriendo los atenienses contra los bárbaros, habiendo entre los dos ejércitos un espacio no menor que de ocho estadios. Los persas, que les veían embestir corriendo, se dispusieron a recibirles a pie firme, interpretando a demencia de los atenienses y a su total ruina que siendo tan pocos viniesen hacia ellos tan deprisa, sin tener caballería ni ballesteros. Tales ilusiones se formaban los bárbaros; pero luego que de cerca cerraron con ellos los bravos atenienses, hicieron prodigios de valor dignos de inmortal memoria, siendo entre todos los griegos los primeros de quienes se tenga noticia que usaron embestir de carrera para acometer al enemigo, y los primeros que osaron fijar los ojos en los uniformes del medo y contemplar de cerca a los soldados que los vestían, pues hasta aquel tiempo sólo oír el nombre de medos espantaba a los griegos.
Y es que entonces no tenían tele para ver cómo eran esos seres, con lo que la imagen que se creaban era peor que la realidad. No sé si tenían alguna imagen de ellos, algún dibujo: lo dudo. Pero se lanzaron, pocos como eran, contra el invasor terrorífico y ganaron.

Y ahora os dejo que saquéis la moraleja que queráis.

---
*Fue Stuart Mill el que dijo que la batalla de Maratón, incluso como un suceso de la historia británica, es más importante que la batalla de Hastings («the Battle of Marathon, even as an event in British history, is more important than the Battle of Hastings»).
*Este es el texto griego de Heródoto: πρῶτοι μὲν γὰρ Ἑλλήνων πάντων τῶν ἡμεῖς ἴδμεν δρόμῳ ἐς πολεμίους ἐχρήσαντο, πρῶτοι δὲ ἀνέσχοντο ἐσθῆτά τε Μηδικὴν ὁρέοντες καὶ τοὺς ἄνδρας ταύτην ἐσθημένους: τέως δὲ ἦν τοῖσι Ἕλλησι καὶ τὸ οὔνομα τὸ Μήδων φόβος ἀκοῦσαι (6.112.3).

lunes, 22 de mayo de 2017

El anillo de Polícrates

Había previsto la última clase de Las Bacantes, la tragedia que hemos estado traduciendo todo este cuatrimestre, para que la comentásemos en conjunto. Al final, como me temía, acabé monopolizando yo casi todo el tiempo; el viejo truco de hacer como que ofreces dar la palabra y acabas tú de monólogo satisfecho,
La cosa es que al acabar de leerla me había acordado de esa envidia (φθόνος) que describe Heródoto que sienten los dioses ante la felicidad que parecía completa de Polícrates, tirano de Samos, En realidad todo era un mareo mental mío, porque en Las Bacantes simplemente estamos -creo- ante la venganza brutal de Dioniso, un dios que no tolera ni un atisbo de falta de piedad, él que no tiene ninguna ni siquiera con su familia cercana. Así se las gastaban los dioses griegos (pace García Gual).

Hoy me he acordado del anillo de Polícrates, que representa esa felicidad que no parece que pueda ser mayor y de la que los dioses sintieron envidia. Ayer fue mi cumpleaños. medio siglo (glup). Estuve muy acompañado: en casa, por teléfono, por mail, por whatsapp, hasta por SMS. La cosa es que me pasé una buena parte del día así, hablando, leyendo mensajes y contestando  Muy, muy querido me vi, muchas gracias a todos.

Sólo veo un nubarrón -ese yo mío feo- en este mundo de Dios en el que sé que todo será para bien. El viento sopla de cara, así que empiezo este nuevo medio siglo con gran alegría: a ver si consigo transmitiros algo, ahora que la tengo por arrobas.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Cuatro cosas de clase

Bueno, en realidad tres, pero quería que quedara sonoro el encabezado, para reflejar a Heródoto:

1. Heródoto reproduce, según Hornblower la monotonía de la Guerra a base de repetir palabras con p y sonidos similares:
παρεσκευάσαντο δὲ ὡς πολιορκησόμενοι καὶ σῖτα καὶ ποτά, καὶ τὸ τεῖχος ἐσάξαντο. καὶ οὗτοι μὲν παρεσκευάζοντο ὡς παρεσομένου σφι πολέμου· οἳ δ᾽ ἐπείτε διέβαλον ἐκ τῆς Χίου τὰς νέας ἐς τὴν Νάξον, πρὸς πεφραγμένους προσεφέροντο καὶ πολιόρκεον μῆνας τέσσερας .
Se prepararon para el asedio comida y bebida, y reforzaron el muro y así estos se preparaban para la previsible contienda contra ellos; ellos lanzaron desde Quío las naves a Naxo y con muros reforzados se toparon y asediaban cuatro meses
(5.34 con mi traducción literal, que no consigue repetir nada similar en sonidos).
-------------------

2. La lágrima de Ulises, en el momento en que por fin se da a conocer a su hijo Telémaco, está colgada de un encabalgamiento en la traducción de José Manuel Pabón:
Tal diciéndole, al hijo besó y una lágrima a tierra
sus mejillas dejaron caer, una lágrima en tanto
contenida.
En el original es un encabalgamiento menos abrupto, pero también muy emocionante
ὣς ἄρα φωνήσας υἱὸν κύσε, κὰδ δὲ παρειῶν
δάκρυον ἧκε χαμᾶζε· πάρος δ' ἔχε νωλεμὲς αἰεί.
Así diciendo al hijo besó, y de sus mejillas
una lágrima llegó al suelo; antes la tenía controlada siempre (16.190-1 y mi trad. literal).
Y qué capacidad de sufrimiento de Ulises, cómo me está impresionando en esta lectura.

-------------------

3. Impresionante es también el último discurso de Pericles a los atenienses y el capítulo monográfico final que le dedica Tucídides, que deja ahí dos frases lapidarias sobre su modo de gobernar. El famoso régimen ateniense era más bien un estado autoritario bajo formas democráticas:
κατεῖχε τὸ πλῆθος ἐλευθέρως «sujetaba al pueblo con libertad»

ἐγίγνετό τε λόγῳ μὲν δημοκρατία, ἔργῳ δὲ ὑπὸ τοῦ πρώτου ἀνδρὸς ἀρχή. «era de nombre democracia, pero de hecho el mando del primer varón» (2.65).

miércoles, 21 de mayo de 2014

san Juan (de Ávila) sobre Jerjes y Jorge (Manrique) o dentro de cien años, todos calvos

¡Cuántos habrán andado por esta tierra donde nosotros andamos! ¿Qué fue de ellos? Ya se pasaron. ¡Qué cosa ver favores de cortes, justas y torneos, invenciones, faustos y atavíos! Espera un poquito: ¿qué se hicieron? ¿No tuvo razón el rey Xerxes, que tenía en un campo ayuntado un ejército de cuento de hombres; súbese a miramonte y paróse a mirar toda aquella multitud de gente que tenía y comienza a llorar? «¿Por qué lloráis, rey?». «Lloro porque me llaman rey de tanta multitud de gente y soy rey de polvo; de aquí a tantos años no habrá ninguno de estos»*.
Lo cuenta Heródoto (7.46): Jerjes, a punto de cruzar a Europa (esa es su hybris: esa tierra no se la habían concedido los dioses) dijo:
«Se me metió la idea, dándole vueltas, de lamentar qué breve era toda vida humana, si de estos, que son tantos, ninguno dentro de cien años seguirá por aquí». Él [Artábano, su tío paterno, que le había recomendado no atacar Grecia] le contestó así: «otras cosas a lo largo de la vida sufrimos más lamentables que esta».
ἐσῆλθε γάρ με λογισάμενον κατοικτεῖραι ὡς βραχὺς εἴη ὁ πᾶς ἀνθρώπινος βίος, εἰ τούτων γε ἐόντων τοσούτων οὐδεὶς ἐς ἑκατοστὸν ἔτος περιέσται.’ ὁ δὲ ἀμείβετο λέγων ‘ἕτερα τούτου παρὰ τὴν ζόην πεπόνθαμεν οἰκτρότερα.
*Lecciones sobre la primera canónica de san Juan (I) [en Obras Completas de san Juan de Ávila, II ed. L. de Sala Balust y F. Martín Hernández, BAC, Madrid, 2001, 118-343, aquí 224 l. 70-80.

lunes, 25 de mayo de 2009

Perfecto Placaje

[Para una historia del periodismo deportivo]
Después de ver el otro día en una clase de qué modo tan frustrante cuenta Homero los juegos funerarios por Patroclo (Ilíada 23), estuvo bien encontrarse en otra esto de Heródoto (9.107):
[Derrotados en Micale, la última batalla contra los griegos, algunos persas van de vuelta a Sardes. Y en el camino se los encuentra Masistes, hijo del rey Darío, que había visto aquella batalla desastrosa y que empieza a insultar al general Artaíntes, hasta que llega a decirle que es peor que una mujer -según explica Heródoto, ese es el peor insulto posible entre los persas]. Ὁ δὲ ἐπεὶ πολλὰ ἤκουσε͵ δεινὰ ποιεύμενος σπᾶται ἐπὶ τὸν Μασίστην τὸν ἀκινάκην͵ ἀποκτεῖναι θέλων. Καί μιν ἐπιθέοντα φρασθεὶς Ξειναγόρης͵ ὄπισθε ἑστεὼς αὐτοῦ͵ ἁρπάζει μέσον καὶ ἐξάρας παίει ἐς τὴν γῆν· καὶ ἐν τούτῳ οἱ δορυφόροι οἱ Μασίστεω προέστησαν.
Cuando oyó insultos tan graves, se los tomó muy mal y desenvaina contra Macistes el alfanje para matarlo. Y cuando estaba ya lanzándose, Jenágoras, que estaba justo detrás, lo ve, lo agarra por la cintura, lo levanta de allí y lo tira por tierra. Y entonces sus lanceros se adelantaron a cubrir a Macistes.

miércoles, 4 de junio de 2008

Ensañamientos

En Jesús de Nazareth p. 118 dejaba caer el profesor Ratzinger: "Vaga intuición del justo en Platón (República 361e-362a)". Me lo apunté y ahora vuelvo a ello: explicaba Platón que el justo, para serlo de verdad, no debería parecerlo, porque entonces le honrarían, sino que tendría en realidad reputación de injusto. Y claro, acabaría castigado.

(...) τοὺς ἐπαινοῦντας πρὸ δικαιοσύνης ἀδικίαν. ἐροῦσι δὲ τάδε͵ ὅτι οὕτω διακείμενος ὁ δίκαιος μαστιγώσεται͵ στρεβλώσεται͵ δεδήσεται͵ ἐκκαυθήσεται τὠφθαλμώ͵ τελευτῶν πάντα κακὰ παθὼν ἀνασχινδυλευθήσεται καὶ γνώσεται ὅτι οὐκ εἶναι δίκαιον ἀλλὰ δοκεῖν δεῖ ἐθέλειν. (...) los que alaban la injusticia sobre la justicia. Dirán esto, que si el justo es así será azotado, sometido al potro, estará siempre atado, le quemarán los ojos; sufrirá todo tipo de daños y será al final colgado de un palo y sabrá que no hay que querer ser justo, sino parecerlo.

Y hace unos días terminamos de traducir en clase la descripción de la batalla de las Termópilas que hace Heródoto al final del libro VII: cuenta que Jerjes, lleno de rencor por la resistencia que le había interpuesto Leónidas, mandó que a su cadáver le cortaran la cabeza y que lo ἀνασταυρῶσαι, anastaurósai, literalmente lo colgaran de un palo (no se sabe muy bien si el cadáver entero o sólo la cabeza). Más tarde esa palabra se usará para crucificar (σταυρός, staurós, que significaba palo, acabó significando cruz, recordad la profecía del Antiguo Testamento: maldito el que cuelga de un madero, que recoge san Pablo en Gal. 3,13).
Y Girard al fondo.

martes, 15 de abril de 2008

Jerjes el júligan

Estamos traduciendo en clase la batalla de las Termópilas contada por Heródoto (7.207-238) y lo estamos disfrutando mucho -al menos yo-, aunque hemos podido comprobar lo muy proespartano que era (o las fuentes tan proespartanas que usaba), lo rudimentario que era en su técnica narrativa para contar batallas (si se pone el otro extremo por ejemplo en las escenas del desembarco de Normandía de Salvar al soldado Ryan) y lo entretenido que es siempre, con ese gusto suyo por contar que le ha acarreado el ludibrio de sus hijos desnaturalizados, los historiadores, que han aprendido todo de él menos eso.
En la escena en que los persas atacan hasta tres veces y salen derrotados (incluso los Inmortales, un batallón de superhéroes que el rey Jerjes lanza para doblegar a los que defienden el paso de las Termópilas), cuenta Heródoto (7.212) que
ἐν ταύτῃσι τῇσι προσόδοισι τῆς μάχης λέγεται βασιλέα θηεύμενον τρὶς ἀναδραμεῖν ἐκ τοῦ θρόνου͵ δείσαντα περὶ τῇ στρατιῇ. τότε μὲν οὕτω ἠγωνίσαντο.
En esas acometidas del combate se cuenta que el rey, que lo estaba contemplando todo, por tres veces saltó corriendo hacia atrás desde el trono, por el miedo que sentía por su ejército. ¡así de peleada estuvo entonces la cosa!
Mi traducción es un poco libre, pero pretende ser ajustada. A mí la escena me hace gracia, imaginar al rey persa sentado en un monte en un trono, porque me recuerda a los que ven un partido de fútbol y mueven el pie intentando ayudar al delantero o saltan corriendo, por ejemplo Néstor hace diez años, te acordarás, cuando conseguimos la séptima, que te pegaste una carrera por todo el pasillo cuando el gol.

jueves, 28 de julio de 2005

Dinosaurios

Antón, que tiene un ojo clínico para lo kitsch-religioso, hizo esta foto en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid (era una exposición temporal). Parece ser que hay una tradición en Portugal de que las huellas de dinosaurios encontradas en un lugar (Nossa Senhora da Mua, -Nuestra Señora de la Mula-, Cabo Espichel, Sesimbra) en realidad eran huellas del paso por allí de la Sagrada Familia con una mula. Lo kitsch hay que atribuírselo al que hizo la maqueta, poniendo a la Virgen y al Niño sobre un dinosaurio:

Supongo que la tradición iría más bien por la línea de otras que ven en huellas de fósiles o similares los restos de figuras religiosas del mito y de la tradición cristiana; hay varios ejemplos en la Grecia antigua, como la historia que cuenta Heródoto sobre uno que encontró unos huesos gigantescos y pensó que eran los restos de Orestes, el hijo de Agamenón, porque la raza de los héroes se supone que era más alta que la nuestra.
También Cervantes tiene algo sobre esto, como siempre con gran humor (El Quijote II.1):
-¿Que tan grande le parece a vuestra merced, mi señor don Quijote -preguntó el barbero-, debía de ser el gigante Morgante? -En esto de gigantes -respondió don Quijote- hay diferentes opiniones, si los ha habido o no en el mundo; pero la Santa Escritura, que no puede faltar un átomo en la verdad, nos muestra que los hubo, contándonos la historia de aquel filisteazo de Golías, que tenía siete codos y medio de altura, que es una desmesurada grandeza. También en la isla de Sicilia se han hallado canillas y espaldas tan grandes, que su grandeza manifiesta que fueron gigantes sus dueños, y tan grandes como grandes torres; que la geometría saca esta verdad de duda. Pero, con todo esto, no sabré decir con certidumbre qué tamaño tuviese Morgante, aunque imagino que no debió de ser muy alto; y muéveme a ser deste parecer hallar en la historia donde se hace mención particular de sus hazañas que muchas veces dormía debajo de techado; y, pues hallaba casa donde cupiese, claro está que no era desmesurada su grandeza. -Así es -dijo el cura.
Y véase también lo que dice Pedro Mexía (Silva de varia lección, ed. de Antonio Castro, Cátedra, Madrid, 1989 I, 176):
Quánto más larga fue la vida de los hombres en la primera edad y principio del mundo, que ahora es; y qué razones ay, naturales, para que assí fuesse. Y quánto nos excedieron también en la estatura y miembros:
Y hablando sant Augustín en este propósito, en el quinzeno libro de la Ciudad de Dios, dize que no solamente en la vida y salud nos hizieron aquellos hombres la ventaja dicha, pero que en la estatura y miembros eran, en grande manera, los hombres mayores entonces que agora; y que assí se prueva por muchas scripturas y sepulchros y huessos que se han hallado debaxo de grandes montañas, que se cree verdaderamente aver quedado de antes del diluvio. Y él mismo dize que en Áffrica, en la ciudad de Útica, vio los huessos de un cuerpo humano que tenía las muelas y dientes tan grandes, que huviera en una dellas ciento de las que agora tienen los hombres. Sant Augustín es el testigo de vista, el qual cree quedar esto antes del diluvio.
Nunca he entendido esa admiración (incluso adoración) por los dinosaurios. Prefiero las historias 'míticas' sobre héroes gigantes.