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lunes, 1 de junio de 2026

Historiografía sobre la historia del Opus Dei

Se ha publicado un libro que he leído con mucho interés, cuatro estudios (el título despista un poco, si no lo lees todo seguido: Historia del Opus Dei. Cien años de vida a través de su historiografía), dirigidos a historiadores, como una llamada de atención, algo así como: mira la de cosas que se han dicho, a veces tentativamente, otras con fundamento, muchas veces con muy poquita base: es verdad, los archivos no estaban abiertos, pero había material a espuertas en el que apoyarse. Sí, quizá a veces lo que se publicaba era muy partidario o poco riguroso, pero podrías haberlo mirado, en vez de dejarte llevar por fuentes totalmente sesgadas o claramente despistadas, que se basaban en o apoyaban unos "grandes relatos" que han pesado muchísimo (que si una masonería blanca, que si El código da Vinci, que si los "tecnócratas del Opus Dei", que si secretismos).

El primer estudio, de Jaume Aurell es el más amplio, "Los grandes relatos del Opus Dei: de la masonería a El código da Vinci" es una descripción de un siglo de pereza historiográfica, poniéndonos positivos, o de cómo unos tópicos circulados impiden conocer una realidad en sí misma. A mí me ha resultado doloroso de leer, muy instructivo también. 

El trabajo de Pablo Pérez se centra en el tratamiento del Opus Dei en la historiografía española: como era de suponer, el franquismo y la política se lleva la parte del león. Es una pena que la historia sea un ámbito que no puede abarcar la realidad humana en toda su complejidad en el tiempo: mientras pasaban muchas cosas en la vida de muchas personas en muchas direcciones, la mayoría de los historiadores se fijaron en unos ministros de Franco; hubo dos libros-panfletos y así salió retratado el Opus Dei.

El capítulo de Santiago Casas sobre la historia de la Iglesia y el Opus Dei sí que es para llorar de pena: cómo de chapuceramente se recoge en las grandes enciclopedias de historia de la Iglesia alemanas la realidad del Opus Dei es como para darse a profundas reflexiones. Había poca bibliografía primaria, pero ni se molestaron en mirarla.

El último apartado es de Julio Montero-Díaz y estudia la historia del Opus Dei hecha por las propias personas del Opus Dei: una producción en gran cantidad, con un esfuerzo sostenido de mayor rigor, sobre todo en una serie de monografías recientes y en una revista científica rigurosa, Studia et Documenta (está toda en línea, salvo el último número). Al final, es curiosa una paradoja que señala el autor: el público más partidario de la historia del Opus Dei, es decir, la gente del Opus Dei, preferiría menos sequedad narrativa y más calidez en la producción historiográfica, que a veces peca de seca, pasándose de rigurosa, en el deseo, supongo, de establecer un diálogo sobre bases sólidas con la historiografía en general.

Para quien tenga interés, aquí están las primeras páginas, con el índice detallado y la introducción. Muy amplia y contextualizada es una muy buena reseña de José Carlos Martín de la Hoz.

lunes, 18 de mayo de 2026

Una reconciliación con Galicia

Lo mío con Galicia era como un contrato de alquiler: no acababa de estar cómodo, pero me valía, entre quejas. 

Hace unos días estuve en Valladolid y tuve un encontronazo que me despertó de una cierta idealización del que fue durante 11 años mi lugar de estudios universitarios y doctorado. Eso, de rebote, ha hecho que mire con más cariño el modo de vida en Galicia, no tan brusco, más secundario, no tan primario, con una delicadeza que no puedes dar por supuesta en Valladolid (estoy generalizando, aquí está por ejemplo una pequeña biografía de una gran señora vallisoletana que conocí entonces, madre de un amigo, a la que solamente recuerdo sonriendo).

El hecho es que el otro día el mero hecho de ver las rosquillas en la feria de la Alameda de Santiago me conmovió, y mira que no soy demasiado partidario de esos dulces, pero es que están en todas las ferias de Galicia y los miro ya con un poquito de cariño:

martes, 5 de mayo de 2026

Lo último de Souvirón

Tenía guardada esta última anotación del Diario de José María Souvirón:

Creo que Dios atiende directa y personalmente cada caso que el hombre coloca personalmente en sus manos. De esto no puede uno dar muchas explicaciones, pero lo sabe cuando ha conocido los casos personales así atendidos. La Salvación será un conjunto de casos personales directamente atendidos por Dios (Diario I, 93).

Me he acordado de esto leyendo el mensaje más reciente del Prelado del Opus Dei:

También ante las dificultades y los errores personales, con el Señor siempre podremos tener, junto a la paz, la alegría de sabernos «mirados amorosamente por Dios, a todas horas» ([San Josemaría] Amigos de Dios, n. 307). Contemplar al Señor y sabernos contemplados por él: esta es la seguridad, no nuestras pobres fuerzas.

miércoles, 29 de abril de 2026

Un libro sobre la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz

Párrocos, obispos y Opus Dei: Historia y entorno de la Sociedad sacerdotal de la Santa Cruz en España, 1928-1965, de Santiago Martínez Sánchez, he podido leerlo ahora, aunque salió hace un año. Es un gran estudio histórico, con documentación muy amplia y entrevistas a muchos de los protagonistas del desarrollo de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, indisolublemente unida al Opus Dei: de ella forman parte los miembros de la Prelatura que se han ordenado sacerdotes y los sacerdotes diocesanos que han descubierto su vocación a santificarse según el espíritu del Opus Dei.
Es un libro de historia y de muchísimo mayor alcance, me parece, que lo que podría sugerir el título: deberían leerlo los que quieran saber algo sobre la historia de la Iglesia en España en la segunda mitad del siglo XX. Me atrevería a opinar que también los que quieran entender la España actual.
Hay mucho por lo que dar gracias a Dios en lo que aquí se cuenta y también mucho sobre las dificultades en el desarrollo de lo que se percibió como una asociación de sacerdotes, en una época en la que se notaba más que nunca la soledad del clero en pueblos perdidos, en entornos cada vez más alejados de la fe, y a la vez había movimientos asociativos y planteamientos de defensa de la diocesanidad (sea eso lo que sea).
Es muy interesante ver cómo se desarrolló la Sociedad de la Santa Cruz, de modo muy poco uniforme, dependiendo de las diócesis y de cómo se recibiera en cada una. Es interesante que sobre todo tuviera implantación en el ámbito rural, con consecuencias en muchos aspectos, también para el Opus Dei.
El libro acaba justo con el Vaticano II: la crisis tremenda de la Iglesia, también en España, seguramente no lo fue tanto por esos 600 sacerdotes que se tomaron en serio su vocación a la santidad como sacerdotes. No fueron en absoluto los únicos, pero estoy seguro de que la Iglesia en España estaría muchísimo peor todavía sin ellos. En el cielo lo veremos todo con claridad, pero lo que se entrevé, tantos años después, es el bien que hicieron. Yo mismo me beneficié de haber tenido un párroco en el pueblo y un coadjutor, los dos de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, que me ayudaron en mi vida cristiana con dedicación y alegría. 
El libro, producto de un trabajo enorme, se lee muy bien y muestra un gran rigor, sin ocultar las sombras ni iluminar excesivamente lo que podría parecer más positivo. El haber hecho muchas entrevistas a protagonistas de los hechos hace todo más cercano y vivo. 

jueves, 26 de junio de 2025

50 años del fallecimiento de san Josemaría

Hoy se cumplen 50 años del fallecimiento de san Josemaría. Hay mucha información en la página web del Opus Dei. Yo me quedo con este vídeo de minuto y medio, que refleja bien cómo era y qué transmitía:
 

lunes, 19 de mayo de 2025

La alegría como premisa

Me dijeron que estaba muy bien Cuando el amor construye la familia, de María Isabel Alvira, un libro que una hija ha escrito sobre sus padres, pero qué padres: en proceso ambos de beatificación. Me ha gustado: el tono es sencillo, pero bien armado de fondo. Transmite muy bien la santidad en lo cotidiano de ambos, en su vida matrimonial y familiar. Eran del Opus Dei. Tomás, el marido, conoció en plena guerra civil a san Josemaría. Fueron de los primeros supernumerarios del mundo.

Me ha llamado la atención una cita que pone la autora de san John Henry Newman, que trae a propósito del ejemplo de alegría que daba Paquita, su madre:
Dios nos ha prometido que su regla, la que se cumplirá a través de su Providencia ordinaria, va a ser esta: que la vida no será una carga sino una bendición, y que hallaremos en ella más alegría que dolor (Sermones Parroquiales 5.262).
También recoge otra de él, de unas páginas después:
"en general, la vida es felicidad (...). La alegría es la misma condición de nuestro ser, y todo dolor es poco más que externo, incapaz de alcanzar lo más intimo del corazón (266).
La cosa es que me ha alegrado leer la frase: parece como que dice algo sencillo, pero el hecho es que no solemos oír cosas como estas. Hasta podría parecer como que la tristeza o un estado neutro fuese lo normal, cuando no es así.

miércoles, 2 de abril de 2025

Fe en el amor que te tiene

Me llamó la atención este pasaje de Nudo de víboras, de François Mauriac:

Como a veces me mirabas a hurtadillas, el recuerdo de aquellas misas permanece ligado a aquel maravilloso descubrimiento que estaba haciendo: ser capaz de interesar, de gustar, de conmover. El amor que sentía se confundía con el que inspiraba, o creía inspirar. Mis propios sentimientos no eran nada reales. Lo que contaba era mi fe en el amor que tenías por mí. Me reflejabas en otro ser y mi imagen así reflejada no era nada repelente. Deliciosamente relajado, florecía. Recuerdo aquel deshielo de todo mi ser bajo tu mirada, aquellas emociones que brotaban, aquellos manantiales liberados. Los más vulgares gestos de ternura, una mano cogida, una flor guardada en un libro, todo era nuevo para mí, todo me encantaba (26).

El protagonista se dirige a su mujer y recuerda cuando eran novios, cómo él creía en que ella le amaba y cómo eso le transformaba: "Lo que contaba era mi fe en el amor que tenías por mí".

Es justo lo que está repitiendo el Prelado del Opus Dei, por ejemplo recientemente en su carta sobre la alegría. Yo resalto en negrita la misma noción, pero en este caso referida a la seguridad, de fe, de que somos amados por Dios, lo cual se reflejaría en los noviazgos, que se basan en una fe humana:

La alegría cristiana no es la simple alegría «del animal sano» [Camino, 659], sino fruto del Espíritu Santo en el alma (cfr. Gal 5,22); tiende de suyo a ser permanente, porque se fundamenta en él, como nos exhorta san Pablo: «Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos» (Flp 4,4).
Esta alegría en el Señor es la alegría de la fe en su amor paterno: «La alegría es consecuencia necesaria de la filiación divina, de sabernos queridos con predilección por nuestro Padre Dios, que nos acoge, nos ayuda y nos perdona. –Recuérdalo bien y siempre: aunque alguna vez parezca que todo se viene abajo, ¡no se viene abajo nada!, porque Dios no pierde batallas» (Forja, 332).

martes, 24 de diciembre de 2024

Muy feliz Navidad

Quiero desearos muy feliz Navidad con unas palabras de un Mensaje del Prelado del Opus Dei, don Fernando Ocáriz:

A ojos humanos, aquella noche en Belén podría dar motivos para la desesperanza. Jesús nació rodeado de soledad, pobreza y frío; sin honores y sin comodidades: únicamente acogido por el cuidado amoroso de María y José, y el saludo de unos pastores. Sin embargo, Dios quiso entrar así en la historia humana. Y es en medio de esa fragilidad en donde se esconde la promesa de un futuro esperanzador. El nacimiento de Jesús transforma la oscuridad en luz, nos ofrece compañía y consuelo, nos indica dónde está la verdadera riqueza.
Del retablo de la iglesia de Santa María, de Salas de los Infantes (Burgos)

lunes, 11 de noviembre de 2024

En Pamplona

Hacía diecisiete años, creo, que no iba a Pamplona. La última vez que recuerdo fue también una visita a la Clínica de la Universidad de Navarra, muy asustado yo entonces con mi cáncer de tiroides. Esta vez iba de acompañante de otro y para algo mucho menos grave.

Esta estadística que voy a dar no vale, pero de las seis o siete personas con las que hablé en total, preguntando algo por la calle, en la Clínica y también en el Museo de la Universidad de Navarra, todas fueron amabilísimas. Eso me ayuda a corregirme de la cada vez peor opinión que me estaba creando de esa ciudad y de esa región, que manda al exterior vibraciones, sobre todo en lo político, pésimas, en la misma onda que Santiago de Compostela y Galicia en su conjunto, por otro lado: ombliguismo, nacionalismo aldeano hasta la exacerbación, parálisis, envejecimiento acelerado. 

La suerte es que a los pamploneses y a los navarros en general (ya sé que mi encuesta no vale nada) los veo como la gente normal, muy majos, con la que hablé. Usaban esos diminutivos tan graciosos en -ico. No me dio tiempo a patear mucho fuera de la Clínica, salvo a cruzar una tarde el Campus, precioso en otoño, con la ermita rodeada de hojas amarillas redondeadas, hasta llegar al Museo, que no conocía, del que hablaré otro día, cuando haya terminado con el relato sobre Innsbruck. 

No puedo no tener simpatía por la Universidad de Navarra, por lo que me afecta, pero se hace a veces cansado tener que defenderla (por ejemplo aquí con Peyró). Pero la verdad es que de todos los lados la atizan: o por demasiado centrista (o hasta tirando a la izquierda) o por demasiado de derechas. Por lo demás, yo soy el primero que querría ser considerado "normal", no una caricatura del Opus Dei sobrepuesta sobre mí: esto le pasa a lo grande a la Universidad de Navarra.

Pensaba yo, yendo por detrás del edificio central, que justo hace unas semanas, el día de la condena a los terroristas de ETA que pusieron una bomba que podría haber matado perfectamente a cientos de personas (escribí cuando el atentado algo similar a lo de ahora), la noticia no fue esa, sino unos insultos, que estuvieron muy mal, a Marlaska, que no pintaba nada allí, por otro lado. Luego me enteré de que Marlaska se había autoinvitado: qué difícil es moverse entre percepciones y prejuicios.

lunes, 14 de octubre de 2024

Gregorio López Bravo

Tenía ganas de leer López Bravo. Una biografía. porque por un lado me había gustado mucho la que hizo sobre Álvaro d'Ors el mismo autor, Gabriel Pérez, y por otro, hace algunos años había disfrutado de un libro de homenaje: Gregorio López Bravo visto por sus amigos (está en Iberlibro) no mucho después de su muerte en un accidente aéreo, truncando una vida llena de logros: yo me había quedado admirado de su categoría como persona, en el reflejo de los que lo quisieron. 

Como el libro de testimonios de sus amigos, que os recomiendo encarecidamente, incide en el aspecto humano, este se centra más en la actividad política. Sus grandes logros fueron los que realizó tanto como Ministro de Industria como de Ministro de Asuntos Exteriores. El problema es que como fue en el régimen de Franco, los tontos, desde el PP a toda la izquierda, arrugan la naricita. No seré yo de ellos: gente como López Bravo hicieron un gran bien a España, se ponga Pedro Sánchez como se ponga (siempre miente, así que cuando se pone de una manera, es seguro que es de otra). Era una España distinta, claro, con modos de funcionar que nos chocan ahora, como el sistema de recomendados, del que se da cuenta con detalle en este libro; hasta gente que  coincidía en apellidos con él le escribió pidiéndole favores: así se funcionaba. Ahora todo el mundo pone caritas, pero roba el dinero a lo grande con los Fondos Next Generation de la Unión Europea (este vídeo sobre un puente, un ecoducto, en Navarra, es increíble) y a la mujer del Presidente del Gobierno que padecemos ahora le pone una Cátedra institucional la Complutense y durante años nadie dice nada. En cambio, López Bravo al dejar el gobierno tuvo que pedir un préstamo, para salir adelante hasta que encontró trabajo.

El que fuera del Opus Dei no beneficiaba nada a la Obra desde el punto de vista de la fotogenia en la opinión pública. Se crearon entonces relatos, en medio de las luchas de las familias políticas del franquismo, que siguen lastrando la imagen del Opus Dei. Pero desde el punto de vista de los principios, era una batalla que había que dar: personas que buscan la santidad y se implican en la política con responsabilidad personal, sin espíritu de grupo, con profesionalidad, con normalidad. Que además fuera una persona excepcional en lo humano, como lo debió de ser Gregorio López Bravo, es un testimonio que todavía puede ayudar ahora a quien se vea animado a seguir esa dificilísima misión de la política partidista. Por otro lado, no era nada tecnócrata, en el sentido de que le importase un pito lo que no fuese la eficacia técnica: militó en Alianza Popular tras la muerte de Franco y se le podría encuadrar sin problemas en una derecha moderada (no, no el PP de ahora).

Me ha interesado especialmente lo que cuenta de su gran actividad diplomática, por su realismo político y su capacidad de trabajo, que debía de ser inmensa. Su facilidad para establecer lazos y lograr tratar a gente muy importante es fascinante: Nixon, Kissinger, Allende, Giscard. De toda este periodo, lo peor fue la entrevista con Pablo VI, un momento como para que te tiemblen las piernas, llevando una carta de Franco llena de quejas (y sensatas, por lo que se trasluce: ahí estaba el caso de los curas que apoyaban a ETA): supongo que santo Tomás Moro habría actuado como él, con lealtad a su país y buscando el bien, también de la Iglesia, aunque fuese diciéndole cosas que le resultan desagradables de oír al propio Papa.

El libro sabe a poco y se acaba demasiado pronto: no cuenta casi nada de sus años posteriores a la actividad política, de su vida matrimonial, familiar, de sus puntos de vista personales, salvo la pasión por la política. Hay notas demasiado largas, con documentos que yo no hubiera puesto, porque son más propios de un trabajo académico y lastran la lectura. Por otro lado, si fuese estudiante de Historia Contemporánea, me entrarían muchas ganas de estudiar a fondo su figura al terminar de leer este libro.

lunes, 27 de mayo de 2024

De romería en Gundián

El sábado nos acercamos a Gundián, que está en Puente Ulla, que está en Vedra, un municipio al límite, entre la provincia de Coruña y la de Pontevedra. El río Ulla marca el límite y lo cruzan un grandioso puente y un puente todavía más grande, muy por encima, para el AVE. 

Aquí tenéis el no tan reciente:

A mí, para variar, me daba pereza ir, pero la superé y eso que llovía, pero no tanto como para no hacer una romería (al modo reducido que es costumbre en el Opus Dei: en este caso éramos dos). Paramos nada más cruzar el puente y fuimos andando desde donde estaba uno todavía más antiguo, muy bonito, el que dio el nombre a Puente Ulla. Mirad, he encontrado una foto de hace muchos años:

Veíamos el Ulla paralelo al camino y pensé que iríamos bajando hasta la ermita y qué va: fue todo una cuesta muy empinada, tanto que noté los efectos de la comida de celebración tardía de mi cumpleaños. Pero la cortedad de respiración que notaba entre avemaría y avemaría la podría haber producido el maravilloso paisaje que veía desde debajo del paraguas, breathtaking dicen en inglés.

El espacio donde estaba la ermita tenía en un extremo un espacio con asadores y también un kiosko para la orquesta. Desde el prado se veía el gigantesco puente del AVE. Rezamos el rosario sentados en el atrio (me gusta cómo se dice en gallego: adro), acompañados del canto de los pájaros, de una motosierra y de un tren que pasó justo por encima: muy bien, tradición y modernidad. 

Había una ventana con reja desde donde se veía el interior, aunque la imagen de la Virgen estaba en la iglesia del pueblo. Habían dejado flores, velas y hasta un peluche. Mientras rezábamos el rosario, me llegaban a ratos ráfagas de minigotas, sin llegar a mojarme. Muy bien.

Al acabar aparecieron dos chicas, que querían hacer una ofrenda: descubrieron que en la puerta había una hucha y por allí echaron las monedas. Nos contaron que allí hay una grandísima fiesta con pulpeiros y de todo, el 7 de septiembre. Tiran fuegos artificiales desde el puente al río y debe de ser un espectáculo digno de verse.

martes, 30 de abril de 2024

Mi vida de numerario

Supongo que se han juntado las celebraciones de los veinte años del blog, que me han llevado a pensar en mi modo de contar aquí mi vida, y la lectura de los diarios de Knausgård, que son un ejemplo extremo de hablar en detalle de la propia familia. El hecho es que he estado pensando que, como yo nunca hablo aquí de la gente que vive conmigo, porque me parece que no tengo derecho a ello, seguramente os cueste situaros sobre mi vida y lo que voy contando en este blog. No voy a romper ese criterio de respetar la intimidad ajena, pero creo que merece la pena -y seguramente os ayudará a situaros mejor sobre lo que aquí vengo escribiendo- hablar de lo que es mi vida, mi vida de numerario.

En el Opus Dei los numerarios, célibes, normalmente vivimos en una casa, una casa grande en mi caso, donde estamos ahora 11 personas. No es el objetivo vivir juntos: vivimos así porque nos dedicamos más intensamente a atender a las demás personas de la Obra y es más sencillo de ese modo. Así que no es un modo de vida comunitario al modo de las órdenes religiosas: yo ni vivo en un convento ni en una comunidad, vivo en una casa, peculiar por su tamaño y porque somos todos varones célibes. Hay algún cura, pero la casa la dirigen laicos. Nos cuidan, y con mucho cariño, mujeres de la Obra; se encargan de la comida, la ropa, la limpieza, de que no nos asilvestremos. No las vemos ni les podemos agradecer todo lo que hacen por nosotros como querríamos; eso se quedará para el cielo: entre santa y santo, pared de cal y canto.

La vida diaria: por la mañana tenemos media hora de oración y luego la Santa Misa, en el oratorio que hay en la casa. Después desayunamos y quizá no nos veamos hasta la comida o incluso la cena, porque cada uno está trabajando en lo suyo. Por la tarde tenemos otro rato de oración, cada uno por su cuenta. Hay actividades en la casa, círculos, retiros, charlas de formación, sobre todo por las tardes. Sí que solemos cenar todos juntos. Después de la comida hacemos una visita al Santísimo y luego tenemos un rato de tertulia, y también después de la cena, como media hora lo más. Las tertulias siempre se nos hacen cortas. Por la noche tenemos unos minutos de examen de conciencia, comentario breve del evangelio y cada uno se va a su habitación, y a dormir.

Los fines de semana rezamos juntos el Rosario después de la tertulia de mediodía; normalmente lo reza cada uno por su cuenta los demás días. Tenemos Bendición con el Santísimo los sábados y también en algunas fiestas importantes. Un domingo al mes tenemos un día de retiro, hasta media tarde. Un día a la semana tenemos un círculo, donde se tratan temas espirituales. Nos confesamos, también. Tenemos dirección espiritual, porque todo esto es para ponerse a tiro de que Dios nos santifique, cosa nada fácil, aunque en realidad es muy fácil, porque depende de Dios.

Los domingos tenemos aperitivo antes de comer. También las comidas de los domingos y fiestas son especiales. Los sábados por la noche, en cambio, son más de campaña, con bocadillos y cervezas quizá, antes de ver una película. Los cumpleaños los celebramos especialmente. No podemos ver ahora los partidos (yo, los del Madrid), porque no hay conexión en nuestra calle, así que nos vamos diciendo (en mi caso, los madridistas) cómo va el resultado. La gente hace deporte: bici, correr; hace unos meses compramos una elíptica, porque cuando llueve tanto en Santiago, no hay manera de hacer nada si no. A veces nos vamos a visitar sitios, o de excursión. Invitamos a gente a casa, a cenar. Tenemos cada uno nuestros amigos, nuestra familia, nuestras relaciones.

Así creo que he contado lo más destacado de mi vida y de mi casa (no residencia, ni comunidad, ni convento). Por suerte, tampoco es un cuartel ni un hospital robado. Es una casa bien cuidada, donde está uno cómodo, a gusto, en casa. Es un gran don, por el que tendré que dar mucha cuenta a Dios.

lunes, 5 de junio de 2023

Tirar del hilo

Por fin he leído Tirar del hilo. Todas las historias que me han llevado a Roma, el libro de memorias de Javier Marrodán. Tenía ganas porque a él lo llevo siguiendo años en twitter y guardo muy buen recuerdo de cuando era director de Nuestro Tiempo, pero en la librería donde lo pedí tardaron más de un año en conseguirlo: y llegó justo antes de que saliera la segunda edición. 

Empecé a leerlo un sábado, justo el día en que Javier Marrodán era ordenado sacerdote del Opus Dei en Roma: estas son unas memorias de mediana edad, como Mi vida, de Ratzinger: ante un gran cambio, en su caso cambiar de vida yéndose a Roma para prepararse para el sacerdocio, mira hacia atrás y cuenta. 

Su vida era de periodista: ama el periodismo y se nota. Yo tengo ahora una visión mucho más negativa del periodismo, o quizá de los periódicos, o del pastelelo del entramado mediático con los poderes reales, pero siempre me ha admirado la capacidad que tienen los periodistas para escribir con rapidez y economía de lenguaje, captando lo esencial. Así lo explica él:

Muchas veces me sentaba frente al teclado con el texto ya más o menos estructurado en la cabeza, y escribía de forma compulsiva, sin apenas detenerme, alternando frases cortas y largas, dosificando las citas entrecomilladas, valorando la pertinencia de un adjetivo, buscando incluso cierta musicalidad. (...) Escribir ya era para mí una actividad casi tan esencial, tan frecuente y tan natural como andar o alimentarme. (477)

En el libro va contando de sus reportajes periodísticos: tiene un capítulo muy bueno sobre unas mujeres víctimas del SIDA, otro sobre los Ulayar, la familia de Echarri-Aranaz a la que mataron al padre y trataron luego como apestados, otro -quizá el que me dejó más frío- sobre un viaje a la India y escribe mucho sobre asesinatos de ETA en Navarra, siempre escalofriantes. Se le ve muy a gusto en un periódico local y luego también muy contento como profesor en Periodismo en la Universidad de Navarra. Y de fondo está su amor al monte. Es una alegría leer a un navarro hablar bien de Navarra, porque ahora lo que a mí me llegan de allí son sobre todo bad vibes. Qué mal rollo Navarra ahora mismo, casi peor que Cataluña y el País Vasco, que ya es decir.

Al final del libro habla de su infancia y creo que es su capítulo más logrado, el más feliz y cercano. La explicación de su marcha a Roma para prepararse al sacerdocio está en el último capítulo, muy al punto, donde todo confluye: tirar del hilo es lo que ha hecho Dios con él durante toda su vida y también, le deseamos, a partir de ahora.

martes, 11 de abril de 2023

Tierra roturada

Me ha impresionado mucho un libro de memorias de Florentino Matías, Tierra roturada. Recuerdos, vivencias e impresiones.

Pertenece a lo que es casi ya un pequeño género, el de las memorias de personas del Opus Dei. Hay decenas de libros ya, todos interesantes, al menos para mí, pero algunos se destacan, o por su importancia histórica (por ejemplo las de don Pedro Casciaro) o por la profundidad que logran. Este tiene una verdad y una hondura que me han impresionado y además tiene su centro en los años que él pasó en Roma, sacando adelante una labor social, el Centro ELIS, y teniendo trato frecuente y cercano con san Josemaría y el beato Álvaro.

Florentino Matías es un agregado del Opus Dei. Los agregados son, en la Obra, personas con vocación de celibato pero que habitualmente viven con su familia. Son como la columna vertebral del Opus Dei, ellos y las numerarias auxiliares. Luego estamos los numerarios, que nos dedicamos más directamente al gobierno y la formación de los demás de la Obra y vamos y venimos, y los supernumerarios, que no tienen vocación al celibato. Si alguien quisiera saber cómo es la vocación y la vida de un agregado, yo le recomendaría este libro (me acuerdo también de los que hicieron sobre Manolo Prieto y el de Carlos Martínez, que también están muy bien).

Él cuenta en detalle las decisiones que supusieron cambios fuertes en su trayectoria profesional y vital, la ilusión por su trabajo y por formarse en él, pero lo que destaca es la centralidad de la confianza en Dios en su vida. Es todo un tratado sobre la entrega a Dios y la confianza en él.

El retrato que hace de su madre es muy hondo, conmovedor, de lo mejor del libro sin duda. También me impresionó cómo describe a su padre, enfermo desde joven. También destaca la valentía que le echaba en el inicio de labores en lugares conflictivos, por ejemplo en el Tiburtino en Roma, donde tenían que ponerse firmes, porque si no, les comían.


lunes, 31 de octubre de 2022

Don Luis Frigola

Hace tres años, antes de ponerse enfermo, accionando una paloma-"móvil de Calder" en un cumpleaños

Don Luis Frigola falleció el viernes. Llegó a Santiago hace una década. Pienso que deja una huella muy grande, de sacerdote volcado en administrar los sacramentos y volcado en la dirección espiritual. Siempre estaba dispuesto a oír una confesión y a escuchar con calma a alguien. Amaba la Santa Misa y tenía esa grandeza sacerdotal de saberse de un modo muy intenso un intermediario entre Dios y los hombres: se iba cargando de intenciones que le iban pasando de todas partes y se las transmitía con urgencia al Señor.

Era catalán a más no poder, gerundense. Sufrió muchísimo durante todo el Procès. En el se cumplía el tópico del olfato del dinero, porque sabía pedir a quien tenía (no a los ricos; suya es la frase: rico es el que no da) para darlo a los que lo necesitaban. Presumía de hablar catalán mucho mejor que los de Barcelona. 

Seguramente lo que más se recuerde de él sea su afán de encontrar vocaciones sacerdotales. Supongo que si se hace una historia de la iglesia en España en los últimos cincuenta años, debería aparecer, como rara avis, porque hizo lo que no hicieron tantos otros. Tengo la sensación de que Cataluña estaría todavía peor si él no hubiera puesto el alma en buscar candidatos al sacerdocio. Parece que se las tuvo tiesas con más de un obispo. Estos últimos años venían a visitarle curas que él había formado y se llevaba con ellos grandes alegrías.

Tenía historias muy graciosas de viajes por el mundo con seminaristas, en las Jornadas Mundiales de la Juventud. A Denver fueron en un avión de carga, casi polizones. Consiguieron que les recibiera Juan Pablo II. 

De la mili contaba desastres graciosos: en general, se presentaba como un rompetechos con caradura. De jovencito tuvo sus puntos rebeldes, en la Facultad. Estuvo implicado en algo de la Capuchinada. Su padre fue represaliado por el bando nacional; era chófer, creo, de algún dirigente socialista. 

El se hizo del Opus Dei en la Universidad. Vivió en Roma, muy cerca de san Josemaría, trabajando en la secretaría en torno a él: daba la impresión, por lo que contaba, de estar ante él como atolondrado, pero en todo caso tuvo una relación de mucha confianza, muy cercana con san Josemaría, al que quería muchísimo.  

Era asombroso su esfuerzo para apuntar las fechas significativas (o incluso las que a mí me parecían banales) y recordárselas a quien las celebraba. Dos personas me contaron estos días que se dieron cuenta de que algo iba mal porque él no les había felicitado, ahora que ya estaba tan mal.

Había sido un fumador compulsivo. Dejó de fumar por obligación médica, pero nunca perdió el amor al aroma del tabaco. Estos dos últimos años sufrió mucho, por diversas enfermedades. Dios lo probó al final con una inmovilidad grande, que era lo contrario de su espíritu independiente, emprendedor, gestor.

Dios le dará un cielo muy grande.

miércoles, 14 de septiembre de 2022

El prelado del Opus Dei en Tierra Santa

Estos dos vídeos (hay muchos, muy buenos en el canal de youtube) recogen los días que pasó a finales de agosto el Prelado del Opus Dei en Tierra Santa.
No sé si os interesarán tanto como a mí, que me interesan por las razones obvias de que soy del Opus Dei, pero en este caso también porque he revivido viéndolos el mes que pasé allí y muchos de mis recuerdos de los Santos Lugares.
Me parece una forma muy vívida, muy de pie a tierra de mostrar cómo es Tierra Santa, con toda su inmediatez, conflictos, cutrez, belleza, emoción de esos lugares impresionantes. Yo estoy deseando volver por allí:
 

lunes, 4 de julio de 2022

Con el Prelado del Opus Dei

Del viernes al domingo estuvo en Santiago don Fernando Ocáriz, el Prelado del Opus Dei. El viernes hubo una reunión, tertulia la llamamos. Podría ser un nombre pretencioso, estando como estábamos unas seiscientas personas, pero que responde a una realidad, la de que el Opus Dei es, de hecho, una familia, bien que bastante especial y muy amplia, y a que ese tipo de reuniones tienen un ambiente familiar (y ya sé que suena raro, pero así es), en el sentido de que no son formales o muy solemnes, sino conversaciones sobre una vocación común, un camino de búsqueda de la santidad, aprovechando que está presente el pastor que lleva a esa partecica de la Iglesia (así la definía san Josemaría). 

La foto es de un momento en que un ganadero le da unos premios de ganado que había logrado. La he tomado de la crónica que hacen del viaje en la página oficial del Opus Dei.

Se estaba muy a gusto, oyendo al Padre animarnos a escuchar con hambre la Palabra de Dios, parafraseando la lectura de ese día del profeta Amós, a enamorarnos de Dios, a pedirle al Señor que, con una jaculatoria latina: Dilata cor meum, nos dilate el corazón para querer a muchos más mucho más.

Contando con la realidad de nuestra naturaleza caída, nos habló de ese impulso de generosidad que tenemos arraigado (me gustó que lo dijera, porque se quiere imponer -me parece- la idea de que somos seres radicalmente egoístas) y nos contó para ilustrarlo lo que les pasó una vez en Lituania: yendo a ver a los primeros de la Obra que fueron allí, por el año 1995, todos los días les saludaba un niño de unos seis años, al llegar con el coche a la casa donde estaban. El Prelado entonces del Opus Dei, don Javier Echevarría, un día le dio unos caramelos que les habían regalado a ellos en una estación de servicio al repostar, y el niño lo primero que hizo fue ir a donde otros a dárselos a ellos. Si a eso le añades la gracia de Dios, añado yo, cuánto bien podemos hacer todos.

El sábado por la tarde celebró la Santa Misa en la Catedral el señor Arzobispo y con él, el Prelado del Opus Dei. Fue muy intensa, así la recuerdo. No era un acto conmemorativo, era una Misa. El salmo responsorial fue precioso. Al final, hubo botafumeiro:


El domingo nos dijo en una meditación, más o menos, que el cielo es nuestro nombre que está en el corazón de Dios, de nuestro Señor Jesús.

jueves, 23 de junio de 2022

Sin ti se nos hace de noche

En una de las Cartas programáticas que escribió san Josemaría está esta descripción de Emaús:
Nos basta recordar un maravilloso pasaje, después de la Resurrección: el Señor se une en el camino a aquellos discípulos que están tristes y titubeantes en la fe y, cuando les ha abierto el sentido de las Escrituras, llegados a Emaús, hace como que se va. Cleofás y su compañero, con un modo de decir que tiene un no sé qué lleno de ternura divina y humana, le ruegan: mane nobiscum, quoniam advesperascit, et inclinata est iam dies (Lc 24.29); quédate con nosotros, porque sin ti se nos hace de noche (Carta nº 6, 10f, p. 67))

Yo he puesto en negrita lo que más me llama la atención, pero es la paráfrasis final la que me gusta más, porque recoge el quédate con nosotros y lo pone sobre que se hace de noche y el día está ya de caída en una síntesis que tiene un aire de oración muy propia de san Josemaría.



jueves, 12 de mayo de 2022

#Renacidos | Descubriendo la fe

En la página del Opus Dei hicieron una sección que titularon "Renacidos": "Cinco historias de jóvenes que perdieron o no tuvieron fe, y que descubrieron en el amor de Dios el motor para vivir"

La verdad es que no me esperaba que me gustasen y me impresionasen tanto. Son relatos de acercamiento a Dios, pero no en plan tremendo (no, no es lo de Yo era un pobre desgraciado de Les Luthiers): es gente que estaba bien, más o menos bien, pero que encuentran algo mejor, mucho mejor, grande. 

Esta chica tiene una vida muy normal y me cae muy bien:

Este es de Cáceres:

Este chaval habla de sus problemas con la droga. La frase del título es tremenda:

Una chica bien maja y el bautismo:


Este es un testimonio fuerte:

miércoles, 24 de noviembre de 2021

De san Juan de Ávila a san Josemaría

Tenía apuntadas algunas citas más de san Juan de Ávila de entre las que pudieron influir en san Josemaría. Yo ya le había pasado algunas a don Pedro Rodríguez, el autor de la edición crítica de Camino

Ahora habría que añadir a una muy parecida que él cita estas estas dos sobre el orgullo de ser hijos de Dios:
Este es el Padre cuidadoso de huérfanos, que los viste con la virtud de lo alto (Sal. 67,6; cf. Lc. 24, 49), y los abriga debajo de su manto, y los hace entender que tienen Padre en el cielo, y que lo llaman osada y no soberbiamente Padre (4.190.44-5).

[A una doncella] Tened una santa soberbia, como santa Inés, para despreciar el mundo entero por amor de Jesucristo bendito (4.462.18).
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Esta otra es muy típica de san Josemaría (por ejemplo en Surco y en Forja, aunque el texto más antiguo es una oración al Espíritu Santo de 1934), pero los dos pueden estar remitiéndose directamente al salmo (76.11):
[Luchar continuamente] y saliendo de una guerra, entrar en otra, y decir cada día: Agora comienzo (4.403.10). 
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Y esta no tiene nada que ver, pero me gustó lo de la melcochuela:
Éstos [los sensuales que creen que son espirituales] son muy parecidos al niño, que si llora, danle una melcochuela, y en tanto que la come, calla, y acabada, llora. 
Busqué en el diccionario de la RAE y dice esto sobre la melcochuela:
De miel y cocha, 1. f. Miel que, estando muy concentrada y caliente, se echa en agua fría, y sobándola después, queda muy correosa (4.614.229-30).