Mostrando entradas con la etiqueta Fray Luis de León. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fray Luis de León. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de octubre de 2024

Fray Luis de León - traducciones de libros sagrados 3 - Cantar de los Cantares

De fray Luis de León, en la edición de Antonio Ramajo Caño (Poesía de fray Luis de León, Real Academia Española, Madrid, 2012), pongo aquí esta traducción tomada del Cantar de los Cantares
Hablado me ha el mi amado, y mi querido:
"¡Levántate del lecho, amiga mía!
Vente conmigo, que el invierno es ido,
y las flores nos muestran ya alegría;
el campo está muy bello y muy florido,
y el tiempo del podar se descubría.
Voz de la tortolilla ha ya sonado,
despierta con su voz nuestro cuidado (408, 105-112).

Y por las menciones a las flores cuadra bien aquí poner, de la traducción que él mismo hizo de la Égloga II de Virgilio, estos versos sobre flores:

Ofrécente las ninfas oficiosas
sus canastillos de azucenas llenos;
coge para ti Nais, la blanca, rosas,
la vïola, los lirios, los amenos
acantos y amapolas olorosas,
flores de anís y los tomillos buenos,
y casia y otras mil yerbas divinas,
junto con el jazmín las clavellinas (194-195, 81-88).

martes, 22 de octubre de 2024

Fray Luis de León - traducciones de libros sagrados 2 - Libro de Job

De la edición de Antonio Ramajo Caño (Poesía de fray Luis de León, Real Academia Española, Madrid, 201la 2), del capítulo III, copio aquí algunos versos:

de nubes, de amargor, horror, recelo (354, 12).
---
ni música d'amor dulce, acordada (18)
---
En su alba los luceros s'anublaron,
el sol no amaneció, ni con la aurora
las nubes retocadas variaron (20-22).
---
¡Oh, si antes del nacer fuera deshecho,
y cual los abortados niños fuera,
que del vientre a la huesa van derecho! (43-45).

Los últimos versos me parecen escalofriantes, ya en Job, pero aquí por esa sobrecarga que le da la unión de la palabra "abortados" con "huesa" (="fosa").

También fray Luis hizo una Exposición del Libro de Job. Aquí la portada de la edición princeps (1779)

martes, 15 de octubre de 2024

Fray Luis de León - traducciones de autores sagrados - 1 Salmos

He estado (re)leyendo las traducciones de autores sagrados de fray Luis de León, en la edición de Antonio Ramajo Caño (Poesía de fray Luis de León, Real Academia Española, Madrid, 2012). 

En la introducción, fray Luis afirma que los cristianos deberían cantar solamente esas canciones. A mí me impresiona sobre todo la frase final:

Y pluguiese a Dios que reinase esta sola poesía en nuestros oídos, y que sólo este cantar nos fuese dulce, y que en las calles y en las plazas, de noche, no sonasen otros cantares, y que en éstos soltase la lengua el niño, y la doncella recogida se solazase con esto, y el oficial que trabaja aliviase su trabajo aquí. Mas ha llegado la perdición del nombre cristiano a tanta desvergüenza y soltura, que hacemos música de nuestros vicios, y, no contentos con lo secreto de ellos, cantamos con voces alegres nuestra confusión (321).

Pongo algunos versos que me han gustado. Por ejemplo estos del salmo 129, de uno de mis temas favoritos, el del vigía que espera la aurora:

No espera la mañana
la guarda de la noche desvelada,
ni así con tanta gana
desea la luz dorada,
cuanto mi alma ser de Ti acallada (337, 26-30).

Y esto del capítulo último de los Proverbios:

¡Ay, hijo mío!, ¡ay, dulce manojuelo
de mis entrañas!, ¡ay, mi deseado! (340, 4-5)

[en la nota habla de "ramillete de flores" para "manojuelo". Luego, en el verso 51 habla de que "Plantó fértil majuelo en los collados", Solamente lo pongo por la cercanía fónica y porque la palabra "majuelo" me recuerda a mi infancia, a Castrojeriz.

jueves, 11 de mayo de 2023

La piedra de escándalo

En el estudio del nombre de Jesús como Monte, en De los nombres de Cristo, dice fray Luis que Cristo es esa pequeña piedra que destruyó la figura del sueño de Nabucodonosor:

Decía, pues, Daniel que una piedra sacada sin manos hirió en los pies de la estatua y la volvió en polvo, y la piedra, creciendo, se hizo monte tan grande que ocupó toda la tierra. En lo cual primeramente entendemos que este grandísimo monte era primero una pequeña piedra. Y aunque es así que Cristo es llamado piedra por diferentes razones, pero aquí la piedra dice fortaleza y pequeñez. Y, así, es cosa digna de considerar que no cayó hecha monte grande sobre la estatua y la deshizo, sino hecha piedra pequeña; porque no usó Cristo para destruir la alteza y poder tirano del demonio, y la adoración usurpada, y los ídolos que tenía en el mundo, de la grandeza de sus fuerzas, ni derrocó sobre él el brazo y el peso de su divinidad encubierta, sino lo humilde que había en Él, y lo bajo y lo pequeño: su carne santa y su sangre vertida, y el ser preso, y condenado, y muerto crudelísimamente; y esta pequeñez y flaqueza fue fortaleza dura, y toda la soberbia del infierno y su monarquía quedó rendida a la muerte de Cristo. Por manera que primero fue piedra y, después de piedra, monte; primero se humilló y, humilde, venció; y después, vencedor glorioso, descubrió su claridad y ocupó la tierra y el cielo con la virtud de su nombre (103-4).

Y un poco después:

Porque lo flaco y lo despreciado de Cristo, su pasión y su muerte, aquel humilde, escupido y escarnecido, fue tan de piedra, quiero decir, tan firme para sufrir y tan fuerte y duro para herir, que cuanto en el soberbio mundo es tenido por fuerte no pudo resistir a su golpe; mas antes cayó todo quebrantado y deshecho como si fuera vidrio delgado (104).

 A mí me recuerda lo de la piedra de escándalo y algunas cosas que comentaba Girard: la unanimidad violenta la rompe la humildad y pequeñez de Cristo, la piedra de escándalo, en su pura inocencia.

jueves, 4 de mayo de 2023

Estruendo de los atambores

Es continuo encontrar pasajes que cortan en aliento en De los nombres de Cristo de fray Luis de León. Por ejemplo este, en Brazo de Dios, sobre el Mesías, que no iba a ser un guerrero vencedor:

Gran donaire o por mejor decir, ceguera lastimera es creer que los encarecimientos y amores de Dios habían de parar en armas, y en banderas, y en el estruendo de los atambores, y en castillos cercados, y en muros batidos por tierra, y en el cuchillo, y en la sangre, y en el asalto y captiverio de mil inocentes; y creer que el brazo de Dios estendido y cercado de fortaleza invencible, que Dios promete en sus letras y de quien Él tanto en ellas se precia, era un descendiente de David, capitán esforzado, que rodeado de hierro y esgrimiendo la espada y llevando consigo innumerables soldados, había de meter a cuchillo las gentes y desplegar por todas las tierras sus victoriosas banderas! (170)

Más adelante vuelve a esa paradoja de que Dios use de imágenes de guerra para representar al Cristo cordero, manso y lo hace otra vez con grandísimo vigor:

(...) en este misterio y promesa de Cristo, para asentársela [a los judíos] en la memoria y en la afición, se la ofrece en los Libros Divinos casi siempre vestida con una de dos figuras. Porque lo que toca a la gracia que desciende de Cristo en las almas y a lo que en ella fructifica esta gracia, díceselo debajo de semejanzas tomadas de la cultura del campo y de la naturaleza dél. (...) Mas lo que pertenece a lo que antes de esto hizo Cristo venciendo al demonio en la cruz, y despojando el infierno, y triunfando dél y de la muerte, y subiéndose al cielo para juntar después a sí mismo todo su cuerpo, represéntaselo con nombres de guerras y victorias visibles, y alza luego la bandera, y suena la trompa, y relumbra la espada. Y píntalo a las veces con tanta demostración, que cuasi se oye el ruido de las armas y el alarido de los que huyen; y la victoria alegre de los que vencen cuasi se ve (178).

martes, 25 de abril de 2023

Una traducción de Isaias: la caña quebrantada

Así traduce fray Luis de León los primeros versículos de Isaías 42 en el capítulo Faces de Dios de De los nombres de Cristo:

No dará voces ni será aceptador de personas y su voz no sonará fuera. A la caña quebrantada no quebrará, ni sabrá hacer mal ni aun a una poca de estopa que echa humo. No será acedo ni revoltoso. (65).

Más adelante hace otra traducción casi de lo mismo, en Brazo de Dios:

Veis (...) a mi siervo en quien descanso, aquel en quien se contenta y satisface mi ánima; puse sobre él mi espíritu; él hará justicia a las gentes; no voceará ni será aceptador de personas, ni será oída en las plazas su voz; la caña quebrantada no quebrará, y la estopa que humea no la apagará, no será áspero ni bullicioso (172).

Y poco después, en Rey de Dios lo recoge mucho más de memoria, mezclando:

No será bullicioso, ni apagará una estopa que humee, ni una caña quebrantada la quebrará (199). 

Yo ya dije alguna vez que me gustaría una Biblia traducida por fray Luis. Este pasaje es muy especial y es interesante ver cómo lo va abordando, siempre bien.

miércoles, 19 de abril de 2023

La centralidad de Cristo, el fruto, el pimpollo

 Releyendo De los nombres de Cristo, me encuentro este párrafo sobre Cristo como fruto:

esto es ser Cristo fruto. Y darle la Escritura este nombre a Él, es darnos a entender a nosotros que Cristo es el fin de las cosas y aquél para cuyo nacimiento feliz fueron todas criadas y enderezadas. Porque así como en el árbol la raíz no se hizo para sí, ni menos el tronco que nace y se sustenta sobre ella, sino lo uno y lo otro, juntamente con las ramas y la flor y la hoja, y todo lo demás que el árbol produce se ordena y endereza para el fruto que dél sale, que es el fin y como remate suyo, así por la misma manera estos cielos extendidos que vemos y las estrellas que en ellos dan resplandor y, entre todas ellas, esta fuente de claridad y de luz que todo lo alumbra, redonda y bellísima; la tierra pintada con flores y las aguas pobladas de peces, los animales y los hombres y este universo todo, cuan grande y cuan hermoso es, lo hizo Dios para fin de hacer hombre a su Hijo, y para producir a luz este único y divino fruto que es Cristo, que con verdad le podemos llamar el parto común y general de todas las cosas (45).

Y a continuación una comparación que quita el aliento (yo he quitado las comas antes de "y" y lo he hecho todavía más difícil de leer sin parar):

Porque si cualquiera que entra en algún palacio o casa real rica y suntuosa y ve primero la fortaleza y firmeza del muro ancho y torreado y los muchos órdenes de las ventanas labradas y las galerías y los chapiteles que deslumbran la vista y luego la entrada alta y adornada con ricas labores y después los zaguanes y patios grandes y diferentes, las columnas de mármol y las largas salas y las recámaras ricas y la diversidad y muchedumbre y orden de los aposentos, hermoseados todos con peregrinas y escogidas pinturas, y con el jaspe y el pórfiro y el marfil y el oro que luce por los suelos y paredes y techos y ve juntamente con esto la muchedumbre de los que sirven en él y la disposición y rico aderezo de sus personas y el orden que cada uno guarda en su ministerio y servicio y el concierto que todos conservan entre sí y oye también los menestriles y dulzura de música y mira la hermosura y regalos de los lechos y la riqueza de los aparadores, que no tienen precio, luego conoce que es incomparablemente mejor y mayor aquel para cuyo servicio todo aquello se ordena, así debemos nosotros también entender que si es hermosa y admirable esta vista de la tierra y del cielo, es sin ningún término muy más hermoso y maravilloso aquel por cuyo fin se crio; y que si es grandísima, como sin ninguna duda lo es, la majestad deste templo universal que llamamos mundo nosotros, Cristo, para cuyo nacimiento se ordenó desde su principio y a cuyo servicio se sujetará todo después y a quien ahora sirve y obedece y obedecerá para siempre, es incomparablemente grandísimo, gloriosísimo, perfectísimo, más mucho de lo que ninguno puede ni encarecer ni entender (46). 

jueves, 13 de abril de 2023

Descripción de una huerta

Al principio de De los nombres de Cristo, fray Luis de León hace una maravillosa descripción de una huerta, el lugar donde va a a tener el diálogo:

Es la huerta grande, y estaba entonces bien poblada de árboles, aunque puestos sin orden; mas eso mismo hacía deleite en la vista, y sobre todo, la hora y la sazón. Pues entrados en ella, primero, y por un espacio pequeño, se anduvieron paseando y gozando del frescor; y después se sentaron juntos a la sombra de unas parras y junto a la corriente de una pequeña fuente, en ciertos asientos. Nace la fuente de la cuesta que tiene la casa a las espaldas, y entraba en la huerta por aquella parte, y corriendo y tropezando, parecía reírse. Tenían también delante de los ojos y cerca dellos una alta y hermosa alameda. Y más adelante y no muy lejos, se veía el río Tormes, que aún en aquel tiempo, hinchiendo bien sus riberas, iba torciendo el paso por aquella vega. El día era sosegado y purísimo, y la hora muy fresca (14).

martes, 7 de marzo de 2023

Describir una huerta

No me aguanté las ganas y me puse a leer el estudio de Javier san José Lera a su nueva edición de De los nombres de Cristo y en una nota* recoge, de un Catálogo de las cosas que más comúnmente describen los que predican, cómo había que hablar de una huerta:

Una güerta se describe del lugar donde está, si lejos o cerca de la ciudad, si es sano el sitio, de la variedad de árboles y frutales, si hay alguna fruta o árboles raros; del agua con que se riega, de las tablas de hortaliza, de los pájaros que hacen nido en los árboles, de los parrales, del aparejo para holgarse por la soledad, por las siestas; si tiene algún río cerca, alguna acequia; de los encañados.

 Maravilloso, ¿no? Luego me acordé de las huertas que pintaba Miró de joven:

*p. 493-4, n. 47, donde recoge el increíble texto 15 del manuscrito 6513 de la Biblioteca Nacional de España, que toma de Luisa López Grigera, La retórica en la España del Siglo de Oro, Salamanca, 1994, 149.

lunes, 6 de marzo de 2023

La edición modélica

De los nombres de Cristo de fray Luis es uno de los mejores libros en español, eso es así. 

En 2008 salió una excelente edición de Javier san José Lera, que elogié todo lo que pude y no tanto como se merecía, porque me enredé con un prólogo de Lázaro Carreter que me encocoró entonces. La introducción de Javier san José la elogié entusiasmado, tan excelente era. Luego he hablado y citado de esa edición todas las veces que he podido.

Pues en esta vida a veces se cumplen los deseos que uno ni se atrevía a imaginar: Javier san José ha sacado una edición revisada de De los nombres de Cristo en la colección canónica de la RAE. Ya no tiene el prólogo de Lázaro Carreter, ha podido corregir erratas y seguro que la ha actualizado y mejorado lo poco que se pudiera mejorar. El texto de fray Luis va a brillar ahí todavía más. Yo me lo voy a leer y voy a disfrutar una barbaridad. Os lo recomiendo vivamente, compradla, leedla, mayor maravilla de contenido y en la prosa en español no hay. 

Os copio un párrafo de la introducción:

El que un celebrado catedrático saliera a la luz pública en 1583 con una obra teológica en romance castellano no deja de ser una situación llamativa. Que lo hiciera, además, empleando una lengua no solo cuidada, sino pulida hasta el extremo, con sensibilidad y oído musical de lírico grande, es aún más excepcional. Fray Luis sabía que abría caminos nuevos para esa lengua, que defendía contra los juicios apresurados de quienes preferían ver tratadas materias tan altas en latín. Porque alto es el objetivo: llegar a explicar la esencia de Jesús desde sus nombres, los que le otorga en múltiples pasajes la Escritura. Y construir desde ellos toda una catedral que proclama la esencia de una teología cristiana, una philosophia Christi, a la vez paulina y agustiniana. Desde ese cuerpo de palabras elocuentemente hermoso asciende lo mejor del humanismo cristiano hasta alcanzar la cumbre por tres laderas que confluyen en lo más alto: por una sube el conocimiento preciso de la tradición bíblica; por otra asciende el flujo memorable de la tradición clásica, griega y latina; y por la tercera, la gran renovación renacentista en contenidos, estructuras y lenguaje (ix-x).

lunes, 10 de marzo de 2014

El amor que mueve

Agradecí mucho la reprimenda del anónimo del viernes: no estaba bien ponerme quejoso con el sol, justo cuando salía en todo su esplendor. Ni siquiera era excusa haber pasado por la racha más larga de lluvia de la historia en la ciudad más lluviosa de España: 75 días seguidos y 997 litros (cf. Madrid: en un año, 436 litros).

Al menos el anónimo me lo endulzaba recordándome a Basho: qué dicha, a mí que a veces cuando oigo 'sol' lo que me viene a la cabeza es eso de Anaxágoras de que simplemente es una piedra de fuego incandescente, por más que haya estado leyendo estos días la comparación tan emocionante que hace Platón con la Idea de Bien y sobre todo cuando me acuerdo de que el sol es símbolo de Cristo.

Pero hasta la lluvia la manda Dios. Venga, otro pasaje de fray Luis, de su traducción del salmo 147:
Aqueste Dios envía
a la tierra su voz y mandamiento,
y con presta alegría
le obedece al momento,
sin poder resistir, todo elemento.

Envía y lanza nieve
como copos de lana carmenada;
aqueste es el que llueve,
y esparce niebla helada,
menuda cual ceniza derramada.

Envía también del cielo
cual planchas de cristal endurecido
el riguroso yelo,
cuyo frío crecido
no puede reparar ningún vestido.

Y aunque está más helado,
se derrite al divino mandamiento;
sopla el sonido airado
de algún lluvioso viento,
y al punto suelta el agua el fundamento.

La niebla como ceniza derramada, ay.

viernes, 7 de marzo de 2014

En Montecelo

Estos días de retiro estuve leyendo con grandísima emoción el libro tercero de las poesías de fray Luis, sus traducciones prodigiosamente sencillas de algunos salmos, del Libro de Job en tercetos y del Cantar de los Cantares en octava rima. Casi lloro literalmente al ver cómo se cumplía -cuatro de los cinco días diluviando- esto del salmo 41:
Y ansí viene llamada
una tormenta de otra, y con rüido
descarga una nubada,
apenas que se ha ido
la otra, y de mil olas soy batido.
El quinto día estaba todo solo nublado y era una gran mejora. Salí a rezar a la tumba de don Diego. Por el camino le hice fotos a las flores, por muy pequeñas y pobres que fuesen:



Me llamó la atención esto (todo llama la atención si has estado cuatro días bajo la lluvia). No sé, quizá la perspectiva extraña o quizá es que estoy pasado de vueltas:



Me acerqué a buscar otra vista, pero no conseguí un encuadre bueno central porque de la casa de al lado salió una señora que me preguntó que por qué le hacía fotos a aquello.
Yo retruqué que por qué no.
Me replicó que aquello no era antiguo: oh, una verdad como una casa.
Me preguntó que si venía del Pazo: reconocí que sí, que iba al cementerio.
Pues allí estaba su marido.
Se ofreció a darme la llave y me la dio. Y me dijo para rematar que ahí estaban los señores (se refería a don Diego y otros del Opus Dei enterrados en un Panteón).

Y la mañana del jueves, cuando ya nos íbamos, el sol se rió de nosotros poniéndonos el jardín así:

viernes, 18 de mayo de 2012

Dos partes del alma

Es un texto un poco largo, pero quizá alguien lo lea y descubra a Fray Luis de León, en este caso con algo que complementa muy bien lo de Newman de hace dos días*:
De arte que, según aquesto, tiene tres grados este nacimiento y crecimiento de Cristo en nosotros: el primero, de niño, en que comprendemos la niñez y la mocedad, lo principiante y lo aprovechante, que decir solemos; el segundo, de más perfecto; el último, de perfecto del todo. En el primero nace y vive en la más alta parte del alma; en el segundo, en aquella y en la que llamamos parte inferior; en el tercero, en esto y en todo el cuerpo del todo. Al primero podemos llamar estado de ley por las razones que diremos luego; el segundo es estado de gracia; y el tercero y último, estado de gloria. Y digamos de cada uno por sí, presuponiendo primero que en nuestra alma, como sabéis, hay dos partes: una divina, que de su hechura y metal mira al cielo y apetece cuanto de suyo es -si no la estorban, o oscurecen. o llevan lo que es razón y justicia-, inmortal de su naturaleza, y muy hábil para estar sin mudarse en la contemplación y en el amor de las cosas eternas; otra de menos quilates, que mira a la tierra y que se comunica con el cuerpo, con quien tiene deudo y amistad, sujeta a las pasiones y mudanzas dél, que la turban y alteran con diversas olas de afectos; que teme, que se acongoja, que cobdicia, que llora, que se engríe y ufana, y que, finalmente, por el parentesco que con la carne tiene, no puede hacer sin su compañía estas obras.
Estas dos partes son como hermanas nacidas de un vientre, en una naturaleza misma, y son de ordinario entre sí contrarias, y riñen, y se hacen guerra. Y siendo la ley que esta segunda se gobierne siempre por la primera, a las veces, como rebelde y furiosa, toma las riendas ella del gobierno y hace fuerza a la mejor; lo cual le es vicioso, así como le es natural el deleite, y el alegrarse, y el sentir en sí los demás afectos que la parte mayor le ordenare; y son propiamente la una como el cielo y la otra como la tierra, y como un Jacob y un Esaú, concebidos juntos en un vientre, que entre sí pelean, como diremos más largamente después.
Esto así dicho, decimos agora que cuando el alma aborrece su maldad y Cristo comienza a nacer en ella, pone su espíritu, como decíamos, en el medio y en el centro, que es en la substancia del alma, y prende luego su virtud en la primera parte della, la parte que de estas dos que decíamos es la más alta y la mejor. Y vive Cristo allí en el primer estado de este nacimiento, ejercitando en aquella parte su vida, esto es, alumbrándola, y enderezándola, y renovándola, y componiéndola, y dándole salud y fuerzas para que con valor ejercite su oficio. Mas a la otra parte menor, en este primer estado, el espíritu de Cristo, que en lo alto del alma vive, no le desarraiga sus bríos, porque aún no vive en aquesta parte baja; mas aunque no viva en ella como señor pacífico, dale ayo y maestro que gobierne aquella niñez, y el ayo es la parte mayor, en que él ya vive, o él mismo, según que vive en ella, es el ayo desta parte menor, que desde su lugar alto le da leyes por donde viva, y le hace que se conozca, y le va a la mano si se mueve contra lo que se le manda, y la riñe y la aflige con amenazas y miedos; de donde resulta contradicción y agonía, y servidumbre y trabajo.
Y lo que sigue es todavía más interesante.

*De los nombres de Cristo, 3 (Hijo de Dios), p. 383 de la edición de San José Lera (con negritas y subrayados míos)

miércoles, 29 de junio de 2011

Cristo en el alma

Desagraviemos a fray Luis volviendo a sus palabras:
Que a la ley dura que puso el pecado en nuestra carne, y a lo que heredamos del primer hombre y que es hombre viejo en nosotros, lo llama bien «yugo de pesadumbre», porque es carga muy enlazada a nosotros, y que mucho nos enlaza; y «vara de su hombro» porque con ella, como con vara de castigo, nos azota el demonio. Y dice «de su hombro», por semejanza de los verdugos y ministros antiguos de justicia, que traían al hombro el manojo de varas con que herían a los condenados. Y es «cetro de ejecutor», y «en nosotros», porque, por medio de la mala inclinación del viejo hombre que reside en nuestra carne, ejecuta el enemigo su voluntad en nosotros. Lo cual todo quebranta Cristo cuando de lo alto del alma estiende su vida a la parte baja della, y viene como a nacer en la carne. Y «quebrántalo como en el día de Madián». Que ya sabéis en qué forma alcanzó victoria Gedeón de los madianitas, sin sus armas y con sólo quebrar los cántaros y resplandecer la luz que encerraban, y con tocar las trompetas.
Porque comenzar Cristo a nacer en nosotros no es cosa de nuestro mérito, sino obra de su mucha virtud, que primero, como luz metida en el medio del alma, se encierra allí, y después se descubre y resplandece, quebrantando lo terreno y carnal del sentido. A cuyo resplandor, y al sonido que hace la voz de Cristo en el alma, huyen los enemigos y mueren. Y como en el sueño que entonces vio uno de los del pueblo contrario, un pan de cebada, y cocido entre la ceniza, que se revolvía por el real de los enemigos, tocando las tiendas, las derrocaba [Jue. 7.13], así aquí Cristo, que es pan despreciado al parecer y cocido en trabajos, revolviéndose por los sentidos del alma, pone por el suelo los asientos de la maldad que nos hacen guerra, y finalmente, los abrasa y consume, como dice luego el Profeta: «Que toda la presa o pelea peleada con alboroto, y la vestidura revuelta en las sangres, será para ser quemada, será mantenimiento de fuego.» Y dice bien «la pelea peleada con alboroto», cuales son las contradicciones que los deseos malos, cuando se encienden, hacen a la razón, y las polvaredas que levantan, y su alboroto y su ruido.
Que así sea.

Fray Luis de León. De los nombres de Cristo III, Hijo de Dios, p. 391-2 San José Lera.

martes, 8 de marzo de 2011

Fray Luis sobre la comedia

He acabado una nueva relectura de De los nombres de Cristo, esta vez en la edición formidable que ha hecho Javier san José Lera y que yo, por mis pistolas, declaro la mejor que se ha hecho hasta la fecha. Y no ya la mejor edición de esta obra, sino de toda la literatura española del Siglo de Oro e incluso de toda la literatura española*.
Y al hilo del tema del otro día sobre la comedia humana, esto es lo que dice fray Luis de la vida como teatro**:
¿Cómo se hizo Dios hombre? Digo que amando al hombre. ¿Por ventura es cosa nueva que el amor vista del amado al que ama, que le ayunte con él, que le transforme? Quien se inclina mucho a una cosa, quien piensa en ella de continuo, quien conversa siempre con ella, quien la remeda, fácilmente queda hecho ella misma. ¿Qué decía poco ha el Verbo de sí? ¿No decía que era su deleite el tratar con los hombres?*** Y no solamente tratar con ellos, mas vestirse de su figura aun antes que tomase su carne. Que con Adán habló en el paraíso en figura de hombre, como San León papa y otros muchos doctores santos lo dicen. Y con Abraham cuando descendió a destruir Sodoma, y con Jacob en la lucha, y con Moisés en la zarza, y con Josué, el capitán de Israel. Pues saliole el trato a la cara y, haciendo del hombre, salió hecho hombre, y, gustando de disfrazarse con nuestra máscara, quedó con la figura verdadera a la fin, y pararon los ensayos en hechos.
Y así, de tanto aparecer en forma de hombre, se hizo Hombre.

* Pa chulo, yo. Aquí, mis elogios a su prodigiosa introducción (y aquí mi queme con lo único que afea el libro: el muy mal texto de Lázaro Carreter q.e.p.d.); excelente y tremendo trabajo el de san José Lera, con una exposición admirable, una limpieza formal como no se ha visto por aquí en mucho tiempo y la fortuna de tener así a fray Luis, para que lo empecemos a descubrir ahora.
**De los nombres de Cristo, Libro III, Hijo de Dios [p. 365 ed. San José Lera]
***cf. Prov. 8, 31. Era un texto que san Josemaría citaba mucho, para hablar de la vida como comedia, donde Dios juega con el hombre, que a veces piensa que actúa solo, pero no.

viernes, 14 de enero de 2011

Cordero dice mansedumbre

(...) "cordero" dice 'mansedumbre', y esto se nos viene a los ojos luego que oímos "cordero", y, con ello, la mucha razón con que de Cristo se dice, por el estremo de mansedumbre que tiene, ansí en el trato como en el sufrimiento; ansí en lo que por nosotros sufrió como en lo que cada día nos sufre. (...) Y respondió bien con las palabras la blandura de su acogimiento con todos los que se llegaron a Él por gozarle cuando vivió nuestra vida: con los humildes, humilde; con los más despreciados y más bajos, más amoroso; y con los pecadores que se conocían, dulcísimo.
(...) Mas ¿qué maravilla que no se enfadase entonces cuando vivía en el suelo, el que ahora en el cielo, donde vive tan exento de nuestras miserias, y declarado por rey universal de todas las cosas, tiene por bueno de venirse en el sacramento a vivir con nosotros, y lleva con mansedumbre verse rodeado de mil impertinencias y vilezas de hombres, y no hay aldea de tan pocos vecinos adonde no sea casi como uno de sus vecinos en su iglesia nuestro Cordero, blando, manso, sufrido a todos los estados?
Fray Luis de León, De los nombres de Cristo, III, Cordero, p. 396-7 San José Lera.

Y a mí me recordó esto de san Josemaría.

lunes, 1 de marzo de 2010

Santa Desvergüenza

Leía esto de san Josemaría y como debía de tener fresco lo que escribió Suso me llamó la atención lo que está en negritas:
Las palabras no pueden seguir al corazón, que se emociona ante la bondad de Dios. Nos dice: tú eres mi hijo. No un extraño, no un siervo benévolamente tratado, no un amigo, que ya sería mucho. ¡Hijo! Nos concede vía libre para que vivamos con El la piedad del hijo y, me atrevería a afirmar, también la desvergüenza del hijo de un Padre, que es incapaz de negarle nada.
En realidad lo de la desvergüenza (la 'santa desvergüenza') lo acuñó ya san Josemaría en los años 30. Y escandalizó entonces y sigue escandalizando todavía, qué le vamos a hacer.

Y en la relectura de ahora de De los nombres de Cristo, en Príncipe de Paz (San José Lera 2008: 266) me encontré esto que tan bien dice fray Luis:
Queda, pues, concluido que la gracia, como es semejanza de Dios, entrando en nuestra alma y prendiendo luego su fuerza en la voluntad della, la hace por participación, como de suyo es la de Dios, ley e inclinación y deseo de todo aquello que es justo y que es bueno. Pues hecho esto, luego por orden secreta y maravillosa se comienza a pacificar el reino del alma, y a concertar lo que en ella estaba encontrado, y a ser desterrado de allí todo lo bullicioso y desasosegado que la turbaba; y descúbrese entonces la paz, y muestra la luz de su rostro, y sube, y crece y, finalmente, queda reina y señora.
Porque, lo primero, en estando aficionada por virtud de la gracia, en la manera que habemos dicho, la voluntad, luego calla y desaparece el temor horrible de la ira de Dios, que le movía cruda guerra y que, poniéndosele cada momento delante, la traía sobresaltada y atónita. Así lo dice San Pablo: «Justificados con la gracia, luego tenemos paz con Dios.» [Rm. 5,1] Porque no le miramos ya como a juez airado, sino como a padre amoroso, ni le concebimos ya como a enemigo nuestro poderoso y sangriento, sino como a amigo dulce y blando. Y como, por medio de la gracia, nuestra voluntad se conforma y se asemeja con él, amamos a lo que se nos parece, y confiamos por el mismo caso que nos ama Él como a sus semejantes.

viernes, 26 de febrero de 2010

La flaqueza contra el poder

Fray Luis de León, De los nombres de Cristo, Monte (p. 117-8 San José Lera):
[A Cristo] Lucifer (...) comenzole a aborrecer luego que, habiéndoles a él y a algunos otros ángeles revelado Dios alguna parte deste su consejo y misterio, conoció que disponía Dios de hacer príncipe universal de todas las cosas a un hombre. (...) Porque volviendo los ojos a sí, y considerando soberbiamente la perfección altísima de sus naturales, y mirando juntamente con esto el singular grado de gracias y dones de que le había dotado Dios, más que a otro ángel alguno, contento de sí y miserablemente desvanecido, apeteció para sí aquella excelencia; y de apetecerla vino a no sujetarse a la orden y decreto de Dios, y a salir de su santa obediencia, y a trocar la gracia en soberbia: por donde fue hecho cabeza de todo lo arrogante y soberbio, así como lo es Cristo de todo lo llano y humilde.
Y como del que, en la escalera, bajando, pierde algún paso, no para su caída en un escalón, sino de uno en otro llega hasta el postrero cayendo, así Lucifer, de la desobediencia para con Dios cayó en el aborrecimiento de Cristo, concibiendo contra Él primero envidia y después sangrienta enemistad, y de la enemistad nació en él absoluta determinación de hacerle guerra siempre con todas sus fuerzas. (...)
En la cual guerra y contienda, peleando siempre contra la flaqueza el poder, y contra la humildad la soberbia y la maña, y la astucia contra la sencillez y bondad, al fin quedan aquéllos vencidos pareciendo que vencen.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Polisíndeton pastoril

Fray Luis, De los nombres de Cristo, Pastor (p. 84 San José Lera):
Y sea la tercera lo que toca a su oficio, que aunque es oficio de gobernar y regir, pero es muy diferente de los otros gobiernos. Porque lo uno, su gobierno no consiste en dar leyes ni en poner mandamientos, sino en apacentar y alimentar a los que gobierna. Y lo segundo, no guarda una regla generalmente con todos y en todos los tiempos, sino en cada tiempo y en cada ocasión ordena su gobierno conforme al caso particular del que rige. Lo tercero, no es gobierno el suyo que se reparte y ejercita por muchos ministros, sino él solo administra todo lo que a su grey le conviene: que él la apasta, y la abreva, y la baña y la trasquila, y la cura, y la castiga, y la reposa, y la recrea y hace música, y la ampara y defiende. Y últimamente, es proprio de su oficio recoger lo esparcido y traer a un rebaño a muchos, que de suyo cada uno de ellos caminara por sí. Por donde las Sagradas Letras, de lo esparcido y descarriado y perdido dicen siempre que son como ovejas que no tienen pastor; como en San Mateo se ve y en libro de los Reyes, y en otros lugares.
De manera que la vida del pastor es inocente y sosegada y deleitosa; y la condición de su estado es inclinada al amor; y su ejercicio es gobernar dando pasto y acomodando su gobierno a las condiciones particulares de cada uno, y siendo él sólo para los que gobierna todo lo que le es necesario, y enderezando siempre su obra a esto, que es hacer rebaño y grey.
Y es el tercer polisíndeton que pongo, después de este y este otro, del mismo capítulo.

martes, 23 de junio de 2009

Los peligros del mar

En la misa del domingo, el mar como el mal que parece que nos va a ahogar, pero que al final nunca domina, por muy duro y terrible que parezca. Y primero en el libro de Job (38, 1. 8-11) en un texto impresionante:
El Señor habló a Job desde la tormenta:
¿Quién cerró el mar con una puerta, cuando salía impetuoso del seno materno, cuando le puse nubes por mantillas y nieblas por pañales, cuando le impuse un límite con puertas y cerrojos, y le dije: Hasta aquí llegarás y no pasarás; aquí se romperá la arrogancia de tus olas?
Y en el salmo 107:
Entraron en naves por el mar, comerciando por las aguas inmensas. (...)
Pero gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación. Apaciguó la tormenta en suave brisa, y enmudecieron las olas del mar.
Se alegraron de aquella bonanza, y él los condujo al ansiado puerto. en gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres.
Y el Evangelio (Mc 4.35-40)
Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar*: «¡Silencio, cállate!»
En la traducción 'oficial'de la Misa se leía 'lago'. En el texto pone thálassa, en la traducción latina mari, pero los traductores españoles se pasaron de listos queriendo ser geógrafos y cargándose todo lo que lleva dentro la palabra mar. 

El otro día un profesor italiano nos habló en una conferencia de la influencia de Hesíodo en la poesía latina y señaló justamente lo importante que es el tema de los peligros de la navegación (y los motivos de codicia para arriesgar en él los bienes y la vida), que trata primero él y que tendrá una larga tradición en Grecia, Roma y por medio de Horacio en la tradición posterior.
Y fray Luis de León otra vez más -redescubro- aúna lo clásico y lo bíblico en una armonía maravillosa. Por ejemplo en la Oda 14, Al apartamiento (entera aquí; error es un cultismo: vida errante):
Oh ya seguro puerto
de mi tan luengo error! ¡Oh, deseado
para reparo cierto
del grave mal pasado
reposo dulce, alegre, descansado!
Y la 5, De la avaricia, con las mismas imágenes.


[Y se me ocurre mirar la voz Mar en el Vocabulario Bíblico que puso Hernán y os lo recomiendo vivamente: es una maravilla poder leerlo así, con las citas apareciendo debajo a medida que pinchas].