Mostrando entradas con la etiqueta fray Lorenzo de Zamora. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fray Lorenzo de Zamora. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de abril de 2024

Homo homini lupus en 1603

En la Segunda Parte de la Monarquía mística fray Lorenzo de Zamora, hablando del apetito irascible, recuerda el pasaje del Evangelio de que "os envío como ovejas entre lobos" (Mt. 10.16):

Mucho celebró la antigüedad aquel proverbio que refiere Plauto: Homo homini lupus, que un hombre para otro no es hombre a veces sino lobo: y exagerólo poco, pues como dice san Ambrosio, Lupi coetus hominum timent, los lobos temen las juntas de los hombres y huyen, pero un hombre indignado por las puntas de las picas hace para sus venganzas camino y así Cristo no dice que es como lobo para el hombre, sino para la oveja que no tiene fuerza ni maña para huir de la inclemencia de sus presas (1603, 591).

Esto es de 1603, lo de Hobbes es de 1642. Yo no he leído a Hobbes y no sé cómo interpretaba en realidad la frase de Plauto, más allá de la ideal general que tiene todo el mundo, pero preventivamente me quedo con la de fray Lorenzo de Zamora, aunque también tiene más vueltas de lo que parece: precisa que es el hombre, pero el hombre airado, el que puede ser un lobo, pero con las ovejas más débiles.

martes, 9 de abril de 2024

Los convidados a la boda, unos rústicos

Comenta fray Lorenzo de Zamora en el libro 2 de su Monarquía mística la actitud de los de la parábola que rechazaron asistir a la boda del hijo del rey:

Rústicos villanos que a mesa de rey y en casamiento de hijo y convidados y llamados y rogados, y que no vengan. Que guste más un zafio melenudo, tapetada la cara y hechas de sudor costras en la frente de uncir las mulas, echar en las alforjas la hogaza y caminar por medio de los yelos a los campos que ir al convite espléndido y abundoso que el rey tiene aderezado, que quiera más romper la nieve y hollar los charcos y pantanos que no ir al palacio real a pisar felpas, a gozar de las libreas y curiosidad de vestidos, de las músicas y hermosura de los aparadores, gusto por cierto descortés y villano, que quiere más el otro, alcalde de su aldea, estarse en el hogar asentado descamisando ajos que le hacen saltar las lágrimas de los ojos, engullendo migas y haciendo perder tierra al revino [?] que sentarse en las sillas tachonadas de oro, con flocaduras curiosas y respaldares labrados (431).


martes, 19 de marzo de 2024

Como toros

Un texto donde Fray Lorenzo de Zamora (Monarquía mística 2, Alcalá, 1603, 360) compara la vida humana con una capea:

(...) lo que San Crisóstomo dice es que este mundo presente es un teatro donde hay mil géneros de contiendas y las fieras que se corren son nuestras vidas y los que nos están mirando, como dijo el Apóstol, son no solo los ángeles, sino los hombres. Pues veamos lo que agora pasa cuando corren las fieras, y esto pasa en nuestra vida. Sale un toro al coso: de las ventanas le gritan, de los tablados le arrojan rehileros [=banderillas], de la plaza garrochas [=varas], de las barreras le pican, los muchachos le silban, los mozos le echan la capa, los corredores le hacen marros, todos le persiguen, le dan priesa y le atorean, y como se ve tan acosado, halla una puerta abierta, éntrase por ella y suele ser la del matadero. Así es la vida del hombre, qué de enemigos le corren en el teatro del mundo.

viernes, 15 de marzo de 2024

Sobre la brevedad de la vida

Dice fray Lorenzo de Zamora en la Monarquía mística (Alcalá, 1603, 369) que la vida humana es bien breve. Comienza con la comparación homérica con las hojas y después de unas páginas la retoma así:

Que es como las hojas de los árboles que el viento enlacia, marchita y descompone y menos, pues hay hojas que duran muchos años, que es como el albahaquero, que solo un verano tiene de vida, y menos que esto, que es como la rosa que aún no es nacida cuando se eclipsa el esmalte de sus colores.
La albahaca

lunes, 29 de enero de 2024

El carnero, el lugar para echar la carne

También del volumen 2 de la Monarquía Mística de la Iglesia, de fray Lorenzo de Zamora, de 1601, esta macabra descripción del lugar donde dejaban los restos de los muertos, un sito que llama el carnero. Nosotros de pequeños en Castrojeriz llamábamos a un espacio con calaveras esculpidas en las paredes la huesera:

En todas las iglesias principales tienen las personas nobles sus enterramientos señalados, unos más y otros menos honrados. Fuera de esto hay un carnero donde se echan los huesos que cuando alguno han de enterrar de nuevo sacan, y en él muchos cuerpos, unos medio podridos, otros podridos del todo, unos sin pies, otros sin manos, unos corriendo materia, otros medio abiertas las entrañas, unos bañando en gusanos, otros sacados los ojos, unos destroncado un brazo, otros descubierta la mitad de la cabeza, unos agujereada por mil partes la cara, otros desconcerta[da]s las ternillas, unos carcomidos los labios y que parece que los dientes están regañando, otros deshechos y estropeados (98).
Esto es la huesera. Aquí nos subíamos de pequeños (foto de aquí). 

Un detalle:

La foto, de aquí.

jueves, 25 de enero de 2024

Dios haciéndose el encontradizo y dando aldabadas

De fray Lorenzo de Zamora, Monarquía mística del alma 2:

Está Dios con una sed insaciable del hombre, vánsele los ojos por hacerle mercedes, anhelando está por que se disponga para recibir sus misericordias. Así como un salteador espía a un hombre, le va rodeando, aquí se le hace encontradizo, allí le deja, desde los altos le ojea, no pierde punto ni ocasión hasta hacer su hecho. Así Dios mil vueltas da, de mil artificios usa, ya se hace encontradizo al alma, ya le da una aldabada, ya se esconde para que le busque y hace otras invenciones maravillosas solo por remediarla (1603, 149).

 Alguien me recuerda esto de fray Luis de León, que resulta que yo había citado ya en 2005.



lunes, 22 de enero de 2024

Elogio de la Aurora, pero con la ceniza al fondo

Estaba leyendo el segundo volumen del libro de Fray Lorenzo de Zamora, Monarquía mística de la Iglesia (no hay edición moderna; hicimos la del volumen 1, que acabó siendo un tocho tremendo) y me encontré un elogio de la aurora, tema de los más predilectos de mi corazón. Todo es a propósito de un pasaje sobre que también los reyes pasan, que traducido del hebreo es "como pasa la aurora". Pongo en negrita lo más potente:
Pasan los reyes como la mañana y en el hebreo sicut Aurora transit . Pasan los Reyes como el aurora. Qué divino jeroglífico de la vida de los reyes, qué hermosa sale la Aurora, qué le dicen de bellezas los poetas, qué de bendiciones le echan todos, qué le dan de parabienes. Las aves puestas en los pimpollos de nácar la saludan, los navíos disparan la artillería, las centinelas cansadas de los trabajos de la noche la saludan, los enfermos se alegran con su vista, los riscos que antes ponían pavor y miedo con sus resplandores parecen vestidos de oro matizado, las yerbas se atavían de colores, los campos se adornan, los árboles se hermosean, el oriente se ríe, el occidente con unas nubes delicadas libreadas de sus vislumbres se arrebola y se librea, todo se alegra, todo se regocija, pero en un momento pasa esta hermosura, dejando el mundo de un color y manera. Desta suerte son las vidas de los reyes. Al amanecer de un rey, al comenzar su señorío qué de bendiciones le dicen todos, qué gozo tan universal hay en sus estados, qué de bendiciones le echan, qué de regocijos, qué de fiestas se hacen, qué de nuevas esperanzas cobran todos, pero es gloria esta de un momento, en viniendo la noche de la muerte lo torna de un color todo, al rey iguala con el vasallo, al príncipe con el criado, al que pide por las puertas con el más poderoso de la tierra, al oficial con el potentado, todos están de un color, todos tienen una librea, todos se convierten en ceniza, todos se tornan polvo, tierra, basura, gusanos y desventura, allí los soldados con sus trofeos, allí los capitanes con sus triunfos, allí los papas con sus tiaras, los obispos con sus mitras, los jueces con sus varas, allí va todo, allí para allí fenece, allí tiene su periodo, allí las galas, los trajes, los vestidos, las telas, la soberbia, la hinchazón y locura de los hombres, todo tiene allí su paradero, su fin, su cláusula y remate. Sírvase el Señor que, pues el alma fue criada para el cielo, que depositado el cuerpo en la tierra, ella vuele a las bodas de su esposo, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina in saecula saeculorum (fol. 83).

martes, 5 de diciembre de 2023

Apuros del enamorado

Me he encontrado este texto leyendo el volumen 2 (en la edición de 1602, no hay todavía una moderna; sí del volumen 1, en el que colaboré) de la Monarquía mística, de fray Lorenzo de Zamora, con algunas aclaraciones entre corchetes y algún término enlazado a su significado:

Ambulavimus vias difficiles [Sabiduría 5, 7]. Caminos dificultosos andan los mundanos. ¿Qué camino más difícil que el que anda un enamorado? Miralde [=miradle] de noche hecho pícaro, vestido de lacayo por no ser conocido: miralde unas veces hecho duende escondido detrás de las puertas, metido debajo de las camas, deshollinando los rincones detrás de los tapetes entre los trastos y baratijas de las casas. Otro armado de pies a cabeza como guardia de monumento, guardando toda la noche, que si en medio de la calle hallase alguno, le daría del pie y pasaría adelante, otras como trastejador por los caballetes de los tejados buscando por donde entrar a su amiga, otras como trasgo por los desvanes, otras hecho animal bruto escondido entre los pesebres y lugares inmundos, otras músico tañendo la g[u]itarrilla, otras poeta fatigando la imaginación, mordiscando las uñas y poniendo en prensa el entendimiento por sacar un soneto tierno y enamorado, y a veces le enviará a quien ha de buscar quien se le lea y plega a Dios que después de leído no le sirva de rocadero o de naipe para devanar hilo y aun alguno quizá tan bueno como le hiciera Garcilaso sirvió de envolver especias, ya se llama cautivo, ya libre, ya muerto, ya llagado, ya preso, ya perdido, ya ganado. Qué camino más arduo, más difícil y más trabajoso que este (II, 65).

jueves, 28 de octubre de 2021

Ser una carta

Dos impresionante definiciones del hombre en la Monarquía mística de fray Lorenzo de Zamora.

Dios hace al hombre y le llama "tierra". Le hace

una carta cerrada, dentro de la cual iba su [=de Dios] retrato (7).

El mismo, unas páginas después, habla del hombre como un ser con plumas, que le elevan en la soberbia:

Si subiere hasta el cielo su soberbia, si levantare la cabeza hasta dar con ella en las nubes, en el fin se despediciará [sic] como estiércol ese cuerpo tan hecho a los regalos de los gustos, esas carnes para quien se tejían las holandas, se labraban las sedas, se inventaban las galas, las músicas, los olores, las cazas y todos los entretenimientos del suelo; ha de perderse como un poco de basura ese talle, ese garbo, esa hermosura, beldad y gentileza, esa persona a quien todo servía, para quien se buscaban las perlas que dentro de sus veneras los pescadillos crían, lo que engendran las aguas, alimenta la tierra y los aires sustentan en sus distritos, al cabo ha de ser como un poco de estiércol podrido (17).

 

jueves, 11 de junio de 2020

Exinanivit

Este párrafo de fray Lorenzo de Zamora me parece impresionante. Comenta una de las palabras a las que más vueltas se ha dado del Nuevo Testamento, exinanivit. Es de un himno que san Pablo incluye en su Epístola a los Filipenses. El término original griego es ἐκένωσεν "vació".
Una traducción muy pedestre del versículo (2,7): Jesús «se vació tomando forma de siervo, hecho en semejanza de hombres, y aparecido en vestido como hombre» (la Vulgata: semetipsum exinanivit formam servi accipiens in similitudinem hominum factus et habitu inventus ut homo). Es muy bonita también la palabra «anonadó», de «hacerse nonada, nada»:
Exinanivit: humanóse. Entra en la corte un eminente predicador y letrado, comienza a sembrar unos pensamientos altísimos, vestidos del lenguaje y término que con la majestad y alteza de lo que predica frisa; no hay hombre de los que están oyendo que le entienda, ninguno alcanza ni llega a los pensamientos suyos y viendo lo que pasa lo que hace es: humana el estilo, usa de libreas y semejanzas al talle de los que le oyen; y cuando comienzan a entenderle dicen que ha humanado sus palabras. Era el Verbo eterno antes de la encarnación aquella eterna palabra que ab eterno el Padre formó en su pecho, pensamiento tan alto, concepto tan subido que a todo el mundo se le iba de vuelo; por más atención que los antiguos filósofos en entenderla pusieron, no penetraron su concepto; consigo habla el Padre; no había criatura que alcanzase sus secretos; pues lo que hizo la palabra fue Exinanivit semetipsum: humanóse, vistióse del traje del auditorio para que el mundo supiese los misterios que en el retrete* de su Padre están depositados. Exinanivit: asombróse*, quiere decir, eran vivos los colores eternos de aquella imagen viva, era el resplandor de aquella belleza soberana, fue necesario cubrirla con las sombras de la naturaleza humana para que por las sombras oscuras del hombre percibiesen todos la beldad de aquella estampa perfectísima en el seno del Padre matizada. Exinanivit semetipsum: tomó miembros humanos para que por lo humilde de ellos, que en comparación de Dios es vano y sin cimiento, fuésemos participantes del concepto de Padre.
---
*Retrete = habitación apartada al fondo de la casa
**Asombrarse = Cubrirse de sombra.

jueves, 4 de junio de 2020

El mundo con olor de Dios

Sigo trabajando con la edición que vamos a sacar de una obra de fray Lorenzo de Zamora. A veces hay pasajes que tengo que ponerlos aquí, porque son preciosos, por ejemplo este sobre por qué son admirables los gusanos:
Dando la causa desto la Esposa en aquellas regaladas bucólicas* que con el esposo tiene, dice que su nombre es ungüento derramado: Oleum effusum nomen tuum. Es el nombre de Dios aceite esparcido por todas las cosas criadas, porque, si se considera, no se hallará ninguna, por más mínima y de poca importancia que sea, en quien como dice santo Tomás, no esté la huella de Dios, no esté un oler a un común Padre y criador del mundo. Antes que Dios criara los orbes celestiales, era su nombre como ungüento atesorado en la bujeta** de su divina esencia, Él solo se conocía a sí mismo, Él solo se entendía y sabía lo que era; pero después que crió el mundo y derramó su nombre por todas sus partes, todas ellas huelen a Dios, todas publican su excelencia, todas manifiestan de tal suerte la verdad de su criador, Ut nemo possit esse tam caecus ut non videat ingerentem sese oculis divinam claritatem, que no hay hombre tan ciego, dice Firmiano, que no vea su luz, pues ella misma se le está entrando por los ojos. Finalmente, derramó Dios su nombre de tal suerte que hasta en los más pequeños gusanitos parece que quiso retratarse, para que mirándolos en ellos conozcamos la excelencia y soberanía de su autor. 

*Cantar de los Cantares 1,3. 
**bujeta: frasco de perfumes.

martes, 31 de marzo de 2020

Dios como cazador

Otro texto impresionante de la Monarquía mística de fray Lorenzo de Zamora (f. 316-318) sobre Dios como cazador (recordaréis algunos la imagen de Chesterton de Dios como pescador y yo os enlazo aquí también un texto grandioso en la misma línea de san Juan de Ávila):
Si conforme a la letra hebrea declaramos estas palabras, hallaremos otro pensamiento soberano: Semitam meam et cubitum meum cinxisti; ceñiste, Señor mi senda y mi cama. Es una metáfora tomada de los cazadores, que cuando saben que la caza está en la espesura, cércanla por todas partes con unas cuerdas muy recias por que no se les vaya y, si es la caza menor, ponen sus redes y lazos en torno de la cueva. Así se ha aquel diestrísimo cazador del cielo: Semitam meam et cubitum meum cinxisti, cerca los caminos del hombre con las cuerdas de sus ojos, tiende la red de su vista soberana encima de los vivares donde el alma acude y no hay írsele ninguno. In operibus manuum suarum comprehensus est peccator, decía David, en sus obras comprende Dios al pecador. Dos sentidos tienen estas palabras, el primero es de la Glosa: sus propias obras enlazan al pecador y con ellas le caza Dios sin que pueda írsele y es lo que el santo Job y el apóstol san Pablo dicen, qui apprehendit sapientes in astutia eorum, coge Dios los sabios en su astucia. (...) Pues desta suerte se ha Dios con los sabios desta vida que contra Él se rebelan. Apprehendit sapientes in astutia eorum; con su mismas armas los prende, sus astucias son redes en que los coge y sus consejos, medios con que Dios ejecuta los suyos (...).
El segundo sentido es que no hay huir de los divinos ojos, porque ellos siguen al pecador como alguaciles y con el hurto en las manos prenden al culpado y le encarcelan. Semitam meam et cubitum meum cinxisti, tiene Dios cercado el vivar, la red de sus ojos esta encima, no se le escapará el pecador por ninguna parte. Iter in quo ambulo et locum in quo recumbo explorasti. Aunque haga el hombre más marros que la raposa, aunque se agazape más que un conejo, aunque siga con más velocidad que los ciervos el galope, aunque esconda la cabeza más que la perdiz y de más mañas use, todo lo ve Dios, todo lo advierte y lo mira, porque sus ojos son mucho más claros, más resplandecientes y hermosos que el sol del mediodía. Multu plus lucidiores sunt super solem.

martes, 24 de marzo de 2020

Fray Lorenzo de Zamora: Osculetur me

Estamos haciendo una edición de Monarquía mística, un larguísimo libro de fray Lorenzo de Zamora, un monje cisterciense de santa María de la Huerta en Soria, a caballo entre el XVI y el XVII. La verdad es que escribe de maravilla y a veces te encuentras párrafos como este, en el que se dirige a la Esposa del Cantar de los Cantares a propósito de ese "Béseme con besos de su boca" (I f, 306-7):
Pero preguntara yo más a la Esposa, ¿qué es lo que pide al Esposo? ¿qué quiere decir en estas palabras tan tiernas y tan regaladas? ¿No pidiera sus manos para besarlas, reconociendo la majestad de su señorío? ¿No se contentara con adorar aquellos divinos pies con la Magdalena, sino que busque la boca? Ya que eso buscaba, no dijera mejor: ¡Oh si yo juntase mi boca con la tuya! ¡Oh si yo le besase!, como decía en otra parte, y no Osculetur me, "Junte su boca con la mía". Misterio particular por cierto y tal que pedía aquel espíritu que debajo de estos jeroglíficos le dejó encerrado. Pero en el sayagués de nuestra aldea diré lo que supiere sacándolo de las cosas a cuya frase acomoda el célebre espíritu la suya: Osculetur me osculo oris sui. La boca, dice Lucio Apuleyo, Est ianua orationis, cogitationum comitium, vestibulum animi, es la puerta por donde el alma comunica su sentimiento y su deseo y es el puerto donde la carabela de la lengua, que en el corazón hizo el flete cargada de las nuevas que en él pasan, toma tierra; es finalmente la lonja donde el alma negocia y trata, y como el amor es nudo con que dos corazones se juntan y se enlazan, como no pueden comunicarse más cerca, salen a las bocas las almas de los enamorados (digámoslo así), allí se dan paz, se saludan, se vuelven las palabras de la boca y la una quiere penetrar al asiento de la otra. Con un espíritu respiran, con un aliento viven, allí parece que se truecan las ánimas y cada una, como dijo Platón, está donde ama. Pues conforme a esto, lo que la Esposa pide es el fin de sus amores: que junte Dios su boca con la suya, que le de aquel beso de paz que para siempre dura, que junte su boca con la suya para que viva ella con el aliento que Dios vive, que la haga participante (quiero decir) de aquella vida que tan libre está de muerte, que la endiose y vista con la visión beatífica de su vida, para que viva Dios en ella y ella viva para siempre con su Esposo. Que junte su boca con la suya para que beba aquellas aguas de su boca que solas bastan para satisfacer / [306] la sed de sus amores.