Mostrando entradas con la etiqueta Jane Austen. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jane Austen. Mostrar todas las entradas

jueves, 25 de septiembre de 2025

La Abadía de Northanger de Jane Austen

Resulta que el libro lo teníamos en casa, así que ha sido el segundo que he releído, después de Orgullo y prejuicio. Siendo interesante y lleno de frases ingeniosas, de esas que se podrían citar, y una buena caracterización de personajes, me ha parecido mucho más flojo.

Tiene dos partes: la vida de sociedad en Bath en torno al balneario, donde la protagonista conoce a los Thorpe y a los Tilney y lo que esas familias tienen de valioso y de criticable, en un desarrollo narrativo que tiende a lo repetitivo y que acaba haciendo que esa parte sea algo aburrida, y luego la estancia en lo que había sido Abadía de Northanger, ahora una casa de campo que la protagonista quiere ver con los ojos de lo que se imagina que fue, sobre todo por la mala influencia de la lectura de las obras de Ann Radcliffe, especialmente Los misterios de Udolfo, que parece que fue uno de los paradigmas de la novela gótica, llena de escenas emocionantes, grutas, pasadizos, episodios terroríficos y episodios más o menos sobrenaturales. 

La clave de la novela está en cómo la protagonista va desechando esas influencias hasta llegar al final feliz deseable, realista y lleno de sentido común. Aquí hay piedad por una heroína con defectos de imaginación acusados, quijotesca a lo gótico, pero con virtudes sobre todo de sinceridad y buen natural que la llevan a ver a los demás desde la óptica más favorable.

Es llamativo el comentario de que la Inglaterra de la autora (de la que explícitamente excluye a Escocia y Gales) es el espacio del buen sentido, de la civilización lograda, frente a los escenarios de la novela gótica: los Alpes y los Pirineos, Francia, Italia y Suiza, dominios del desorden potencial. No dice nada del resto del mundo, pero nos podemos imaginar cómo lo ve.

lunes, 21 de julio de 2025

Orgullo y prejuicio de Jane Austen

Me apeteció releer algo de Jane Austen y me cogí Orgullo y prejuicio, en una edición que había en la Universidad y que alguien había mordido por las esquinas (cómo es la gente a veces).

Me estuve preguntando mientras la leía si estaba bien dedicarme a algo así a mi edad. Hace bastante tiempo leí prácticamente todas las novelas de Austen y me habían entretenido mucho, pero ahora me veo serio, mayor y no sé si lo que tengo que hacer es sentar por fin la cabeza y dedicarme a los libros plúmbeos.

He leído la novela con interés. Lo fascinante es el modo de unir el cortejo amoroso con el dato anual de la renta en libras contantes y sonantes. No es algo novedoso: recorre la Ilíada de principio a fin. Yo siempre me acuerdo de Ifidamante, al que no le salieron a cuenta los cien bueyes que pagó por casarse con su mujer, al morir joven, en pleno combate.

En Orgullo y prejuicio tenemos un final sorprendente, al menos desde el realismo más a pie de calle: aquí las uniones más impensables se logran por encima del orgullo de clase de unos y de los prejuicios de los otros, que reaccionan con rechazo ante ese orgullo de los más destacados en la escala social. Hay una familia, los Bennet, con una madre y unas hermanas pequeñas imposibles, un padre bueno pero dejado, de vuelta de todo, y las dos hermanas mayores, guapas, sensatas, prudentes: no sé qué habrían podido hacer con estas inconsistencias genéticas Zola y sus partidarios.

Por otro lado, el mundo que se describe, que da tan bien en las películas que adaptan estas novelas de Austen, es en cierto modo como ver los ritos de iniciación de una tribu de Nueva Guinea, pero aquí entre los condados de Derbyshire y Hertfordshire. La religión es la del bien parecer, no hay otra. El mayor pecado es quedar en evidencia. La vida es ver vivir de la manera más sosegada posible, salvo las jovencitas alocadas que van a la caza de un novio, que pueden acabar malcasadas, en el mejor de los casos.

Me reí unas cuantas veces: hay un humor muy fino. La caracterización de los personajes es muy buena.