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martes, 26 de mayo de 2026

Revolanderas

En De todo tiene de Andrés Trapiello (ya hablé de él ayer) habla de las revolanderas, artilugios de caña que se mueven al viento. A mí me recordaron a lo que hacía mi padre con cañas de cardos, aunque no era la misma idea, sino hacer como un juego para producir ruido. una especie de artilugio ruidoso.

Busqué la palabra y encontré un artículo de 2011 del propio A.T., donde pone una imagen de uno hecho por Manuel, al que conocerán los lectores de los Diarios:

lunes, 25 de mayo de 2026

De todo tiene, de Andrés Trapiello

No pude esperar: lo pedí el primer día que se podía y me llegó dos días después. De todo tiene es un libro precioso, con una portada extraordinaria. El propio libro es una gozada, el mero hecho de tenerlo en las manos. El título es especialmente afortunado, una frase de la cabeza parlante de El Quijote, cuando le preguntan sobre la realidad de lo que había contado este de su aventura en la cueva de Montesinos. El prólogo es extraordinario, un texto muy complejo y a la vez ligero donde comenta el título y le da vueltas al carácter de verdad de lo que se cuenta en el libro, entre la veracidad, el testimonio, la verdad de la novela y todo lo demás que sea De todo tiene. No hay que llamar a un notario, basta con leer el libro y ahí está su verdad, por encima de lo que prescriban todos los tratadistas del género diarístico.

Lo he leído en una semana a base de racionar la lectura, porque se me acababa demasiado pronto. Este volumen 25 del Salón de Pasos Perdidos es otra habitación en ese espacio que ha creado Andrés Trapiello y donde estoy tan a gusto desde hace años. Cada nuevo volumen es eso mismo y algo nuevo: la vida que se va sucediendo, aquí el año 2011, lo que permite muy interesantes reflexiones sobre estos 15 años que han pasado, empezando por lo político: fue echado del poder Zapatero ese año y ahora vemos su segundo hundimiento, esta vez también en prestigio: y mientras, reinó por inasistencia y complejos de Rajoy y luego como la reina madre de Sánchez, y a la vez seguía destrozando España y Venezuela, por lo menos. Justo en este libro A. T. dice que el de Zapatero fue "el gobierno del hombre más necio y dañino en lo que vamos de democracia (385), todo esto sin saber lo que sabemos desde hace unos días. La política también está, con UPyD todavía presente, y en la Puerta del Sol se ha instalado el 15-M, que se describe con la distancia que merece, la que ahora vemos y la que tenía en sí mismo, a pesar de los ditirambos de los medios de entonces, que yo recuerdo.

Pero me he ido por lo político. De todo tiene De todo tiene: está la vida, con R. y G. abriéndose camino fuera de casa. Está la creación entonces de la web andrestrapiello.com, que tanta ilusión me hizo cuando salió (mirad por ejemplo la página de las libretas ,agendas y cuadernos, que es una maravilla), y el blog, Hemeroflexia: qué tiempos felices aquellos en que lo podíamos leer cada día. Hay viajes: a Berlín, a Toulouse y Burdeos, instructivos, quizá con más melancolía que otras veces. Hay gran presencia del Rastro, de los pequeños o a veces impresionantes descubrimientos que hace allí. La literatura está en una posición más discreta. Sale Tomás Segovia, al que yo no acababa de pillar, pero que es retratado así justamente. Hay cada vez más tiempo en Las Viñas, con arreglos y reparaciones. Hay un gran retrato de Carlos Pujol. Está lo que me gusta ver en estos Diarios que son novelas que son un Salón de Pasos Perdidos. Ya no hay tantas equis: casi todo el mundo más o menos conocido es reconocible. A mí me gustó esta vanitas:

Este es el tema que subyace en las vánitas clásicas: no tanto lo que dejamos junto a la sepultura (oro, cetros, mitras, espadas, laureles), como haber perdido la vida en obtenerlo, la humillación de recordar el ciego deseo que pusimos en ello (52).

Y así se pasa la vida, la novela de estos diarios, pero el cuadro permanece. El volumen acaba con unas páginas en que los dos, A. y M., solos, cierran el año en Las Viñas, con una melancolía que no consigue remontar en alegría.

lunes, 16 de febrero de 2026

Los nietos del Cid de Andrés Trapiello

No sé por qué no había leído antes Los nietos del Cid. La nueva edad de oro de la literatura española (1898-1914), de Andrés Trapiello, aunque ahora me alegro de que justo lo haya hecho cuando estoy enfrascado en las memorias de Baroja, que me han puesto en medio de ese ambiente.

Lo malo, es que salió una segunda edición actualizada en 2023 y he caído en la cuenta al entrar en la nueva web del escritor y ver en el apartado de bibliografía. Qué fallo garrafal el mío, porque he cogido de la biblioteca de la Facultad la edición de 1999 y esa es la que he leído. 

Allí anunciaba un grupo de obras en el apartado España, sueño y verdad. Un siglo de vida española, donde está Las armas y las letras y dos libros en proyecto: Los modernos de antaño. Vanguardia y literatura, sobre el periodo entre 1914 y 1936, y La paz y la palabra. Las tres Españas, dedicado a los años entre 1939 y 1959. Ojalá salgan, porque los iba a disfrutar mucho, seguro, y aprendería también mucho, tanto como con este libro, en el que muestra un criterio admirable para la valoración de los escritores, mayores y menores, de ese periodo.

No soy quién para dilucidar si nos da una visión historiográfica novedosa sobre el periodo entre 1898 y 1914. No se preocupa mucho de etiquetas: la de Generación del 98 no le convence, como a nadie, pero ahí está y de algo sirve; el Modernismo es otra etiqueta. Que otros se pongan a discutir, porque a mí me bastan ambos, con todos los distingos y precisiones que haya que hacer. Luego está el comentario de las obras, personal, sin el envaramiento que ponen los profesores cuando tocan estos temas, aunque se me ocurría que Andrés Trapiello tiene mucho mejor currículo que la mayoría de los profesores de Literatura Española Contemporánea. Para empezar, ha leído mucho de lo que se escribió y tiene gusto, criterio, conocimiento de las circunstancias históricas, biográficas y editoriales como para dar una versión personal como esta de lo que considera valioso en ese periodo.

No es sorprendente que destaque a Baroja, Azorín, Unamuno (más el poeta que el ensayista), los Machado, Juan Ramón. No sé qué habrá cambiado en la edición revisada- Yo de esta me apunté, para explorar, el epistolario de Ganivet y varios poetas: Díez Canedo, Enrique de Mesa, Fernando Fortún.


lunes, 2 de febrero de 2026

El escritor de diarios. Historia de un desplazamiento de Andrés Trapiello

Este libro lo tenía que haber leído hace mucho (sí que había oído las conferencias en la fundación Juan March, que están en la base del libro), porque la reflexión sobre el género de los diarios, que me interesa mucho, nadie la puede hacer mejor que él, el mejor diarista en español de la historia (si lo ponéis en duda, decidme quién podría competir con él en eso). 

Cito aquí unas pocas claves del género diarístico:

“Un poco de sinceridad y cierta intimidad. Escribir diarios supone “una anomalía”, “una insatisfacción” (12). “escribimos un diario porque no somos enteramente felices” (21).

“Seguramente el diario literario sea el género de la modernidad, el más característico, aquel que no existía antes de ella y que puede representarla mejor que ningún otro justamente por su fragmentación y falta de sistema”. En él cabe “la anotación breve, el aforismo, la sentencia, la confidencia, la glosa, el largo excurso sentimental, el apunte de novela, el poema en prosa, la crónica” (15).

Cita de Carlos Pujol: “No se podría mostrar la intimidad sin que se inventase el disfraz de la literatura” (43).
Me interesó mucho la historia que hace del género de los diarios, aunque se queda en torno al año 75. Me gustaría mucho que continuase e hiciese ahora una historia de los diarios en España en los últimos 50 años.

lunes, 12 de enero de 2026

Próspero viento de Andrés Trapiello

Próspero viento me parece que conforma una trilogía con La fuente del encanto y Madrid, porque pueden verse como acercamientos autobiográficos narrativos extensos, aparte de lo que cada uno de ellos tiene de ensayo. Lo biográfico hace como de recapitulación de lo que se ha ido contando en el Salón de los Pasos Perdidos, los veinticuatro volúmenes hasta ahora de sus diarios (que tendrán continuidad esta primavera: el volumen 25 lo espero con mucha ilusión). El hecho es que estos diarios están cada vez más alejados cronológicamente respecto a su fecha de redacción y lo referido a la infancia y juventud del autor lo cuentan brevemente, de paso. La publicación de Fractalque es un a modo de antología de esos diarios, puede ser otra vía de ir redondeando también ese proyecto. Por lo demás, se podría decir que toda la obra de Andrés Trapiello se distingue por la impronta autobiográfica, pero ahora es más evidente que está haciendo balance respecto a una producción de tal amplitud que hace difícil una recapitulación de conjunto. En la narración autobiográfica de Próspero viento he leído con mucho interés y curiosidad el periodo entre Caleruega y los años de Valladolid, que él nunca había contado de modo tan directo y detenido (tiene una novela sobre ese periodo de su vida, El buque fantasma, pero ahí el relato de los hechos está en otra clave).

De todos modos, Próspero viento es un ensayo sobre política. Tardé en ponerme a leerlo porque es justo en lo político, o en general en la cosmovisión de fondo, donde más distancia encuentro con el autor, aunque tampoco es exactamente oposición; creo que coincidimos en muchos puntos; simplemente yo no acabo de compartir su posición basada en el proyecto liberal (en sentido muy amplio, como lo defiende en este libro), pero que al final es el proyecto moderno con raíces en la Ilustración y la Revolución Francesa. Yo tengo una visión trascendente; por eso no sé muy bien qué hacer del proyecto moderno, que tiene aspectos que valoro y otros que no sé cómo encajar, pero en absoluto me he echado en brazos de una visión progresista, con el cielo en la tierra al menos como proyecto. Hay una holgura posible de planteamientos ahí, pero no es mi visión la de una especie de neutralidad liberal (lo que Trapiello llama, en su intento de explicar la Guerra Civil, la Tercera España, en la que hay escritores a los que admiro, especialmente a Clara Campoamor en un libro y a Manuel Chaves Nogales en varios, especialmente La agonía de Francia, donde en realidad de lo que habla es de España). Yo no querría que hubiese habido una guerra en España, pero no comulgo con el planteamiento de las otras dos Españas extremas enfrentadas que se autoanulan: extremistas los hubo en los dos bandos de la Guerra Civil, pero yo no puedo olvidar que la legalidad republicana era inexistente (y sé que ahí está un punto de fricción muy polémico) y que en ella hubo un propósito de barrer a los católicos, explícito (o mirar para otro lado o minusvalorarlo, como me parece que pasa en Celia en la revolución). En el horizonte de los primeros días de la Guerra se dibujó una revolución como la soviética (ya intentada dos años antes, con lo que eso supone de premeditación, lo que que dio lugar a la Revolución en Asturias) que, por suerte, no cuajó, porque fue combatida por mucha gente de bien, en el bando nacional. Así es como lo veo yo y así no lo ve Trapiello, que no le da ningún margen a esa España nacional, como si fueran todos falangistas mussolinianos. Que la represión de Franco tras la guerra fue tremenda y trajo consecuencias muy negativas es una pena, pero no invalida el impulso que tenían combatientes como aquel requeté navarro cuyas cartas a su mujer tanto me han impresionado, sin ser yo en absoluto tradicionalista o carlista. Ahora todo es memoria histórica (y Rodríguez Zapatero, y Rajoy por omisión tendrán que rendir cuentas a Dios de ello), pero lo que falta es reconocer lo que en el bando nacional hubo de bueno, de impulsos generosos de lograr una España mejor.

Por lo demás, me ha gustado especialmente la última parte del libro, por ejemplo, cuando aborda la figura de Sánchez Mazas o repasa la polémica sobre Gil de Biedma. Es especialmente admirable su posición pública reciente: respecto al procés, respecto a la amnistía, su ponerse en contra claramente de lo que representa Pedro Sánchez, en una actitud que es ejemplar y que le ha supuesto un clarísimo perjuicio en el establishment cultural del país (y de El País).

Yo admiro a Andrés Trapiello, primero como escritor. Le debo mucho en mi manera de entender la cultura, el arte, la literatura. Aunque no me cuadren sus modos de entender la Guerra Civil o no estemos alineados en la situación política actual, me veo muy cerca de él en muchos aspectos. En lo humano, me sirve de modelo de implicación política, de trabajo constante y gustoso y de hombría de bien. 

lunes, 3 de febrero de 2025

Un libro de Josep Janés en Trieste

Cuando estuve en Urueña compré un libro de poesía, no porque supiera del valor de los poemas, sino porque era de la editorial Trieste, mítica, en la que estuvo Andrés Trapiello. Josep Janés me sonaba de referencias del propio Trapiello como uno de los grandes editores de la posguerra, muy cuidadoso con las cuestiones tipográficas.

El libro es precioso, de una delicadeza exquisita. Es una joya, me parece, desde el punto de vista de la edición: tipografía, portada de color rosa pálido, tipo de letra, el cuidado de los textos. 

Los poemas son de amor, de amor y ausencia y de deseo de unidad, muy leves. Me parece que deben de sonar muy bien en catalán. He mirado y les hizo una versión musical Federico Mompou. Aquí tenéis Damunt de tu només les flors.


En el libro hay, en la página de la derecha una versión castellana nada menos que de María Victoria Atencia, que no mantiene el tipo de verso original, sino que recompone los poemas en otras formas de verso. Solamente hay un poema que no sea amoroso, este que os pongo aquí, que mantiene también el tipo de verso. Os pongo primero la versión castellana:


martes, 10 de septiembre de 2024

Fractal de Andrés Trapiello

He disfrutado mucho de Fractal del Salón de pasos perdidos. Una novela en marcha, ese volumen que han hecho entre varias personas antologando 20 de los 24 volúmenes, por ahora, de que consta el Salón de pasos perdidos, el gran proyecto novelesco de Andrés Trapiello a partir de las anotaciones de sus diarios.

Es impresionante el logro del Salón de los pasos perdidos y sus más de diez mil páginas, que he leído y releído, pero tener la posibilidad de leer un volumen antológico me interesó. Yo lo que habría querido era leer los 24 volúmenes por primera vez: cuánto daría por empezar con El gato encerrado y seguir volumen a volumen esa novela en marcha. Esa suerte ya la tuve: debío de ser en torno a 2004. Leí primero El tejado de vidrio, luego volví atrás y ya continué en orden, hasta ahora. Leer esos volúmenes ha marcado mucho mi manera de entender la literatura y el arte. Tengo un montón de motivos para agradecerle que los escribiera, además del puro disfrute de las primeras lecturas y de las relecturas de muchos de los volúmenes. Yo pienso que el Salón de pasos perdidos es uno de los grandes monumentos de la literatura reciente. No encuentro nada a la altura. Pienso en las Memorias de Canetti o los Diarios de Knausgård, en ese género memorialístico, pero son otra cosa y además más breves, menos apegados al momento, con otro humor, eso sobre todo.

He disfrutado mucho también de Fractal, aunque me da como vergüenza decirlo, porque en realidad prácticamente todo el libro lo había leído ya. Y buena parte de él dos veces por lo menos. Así y todo, me he vuelto a reír a mandíbula batiente con el viaje a Toledo de Gimferrer y me he emocionado otra vez con el entierro de Ramón Gaya. Me ha vuelto a doler el relato del 11M, pensando yo además ahora en los veinte años que aquellos días trágicos trajeron consigo, una desgracia para España: Zapatero y luego Rajoy y luego Sánchez, todo a partir de aquellos aciagos días, también con aquellas manifestaciones que auparon a Zapatero. Pero por mucho que me apene lo que cuenta, lo que hay en Fractal es un relato vivo de esos días.

Yo creo que Fractal puede ser una muy buena vía de acercamiento a los diarios de Trapiello: hay mucho menos de crítica literaria y más de episodios narrativos, todo es más acelerado, falta a veces un contexto más amplio, pero el libro tiene entidad, se sostiene como tal, pero sobre todo como promesa de la posibilidad de disfrutar y aprender de una obra oceánica, sin parangón en la literatura española.

No me quiero poner de abuelo Cebolleta ni convertir, todavía más, estas líneas en un "X y yo", pero ya en 2007 me preguntaba por qué me gustaban tanto esos libros y me daba a mí mismo buenas razones. Y en 2006 me había leído trece volúmenes y estaba en la relectura y me planteaba intentar estar a la altura. Ya en 2005 hacía una lista de escritores en los que veía características comunes, con Trapiello entre ellos.

lunes, 24 de abril de 2023

Éramos otros de Andrés Trapiello

Acabo de terminar Éramos otros, el volumen 24 del Salón de Pasos Perdidos, esa novela en marcha que son los Diarios de Andrés Trapiello. Estoy como viudo: queriendo leerlo despacio, se me ha acabado demasiado pronto, otra vez. Por suerte llegaron a la Biblioteca de la Facultad los Diarios de José Jiménez Lozano, que han publicado completos ahora en dos volúmenes en la Fundación Jorge Guillén. Los releeré, mientras espero, no sé cuánto, a Diario de nada, el volumen que anuncia AT, correspondiente a 2011.

Este, desde la mitad más o menos, lo iba leyendo mientras contestaba en mi cabeza a Jordi Gracia, que le recomendó al autor ¡en 2010! que dejase de publicar volúmenes, que con 16 ya valía (curioso ver lo que tengo escrito sobre Apenas sensitivo). Yo a Jordi Gracia lo había puesto como "dudoso" en la lista que hice en 2015 de los listos más tontos de España: le encanta mangonear el canon de la literatura contemporánea y unos diarios que no se cierran le estropean el recuadrito que se ha hecho, donde encasilla a su gusto a todo el mundo.

Éramos otros es como los otros volúmenes y único. La naturalidad en el decir, eso maravillosamente misterioso que hace de estos Diarios un milagro, la sensibilidad, la hondura, la emoción, el humor, eso está aquí también. Yo querría que estos Diarios tuvieran 40 volúmenes, que sacara dos por año: cuanto más, mejor.

Del libro destaca un viaje inolvidable a Nápoles, contado con muchísima finura. Me dio pena no saber más de Leopardi, porque es en buena parte el hilo conductor. Hubiera dado un brazo por estar en la visita que hicieron a Paestum.

También hay un retrato al final de R. que tiene su parte de autorretrato, en un momento de cambio vital que se asocia con un recuerdo de los Reyes Magos, muy emocionante.

M. está aquí más a la pata la llana, es más realista como personaje. Gana en hondura.

Y luego están las X, que aquí muchas veces se despejan en iniciales o en datos que una búsqueda de tres segundos en Google aclara. Salen, que haya apuntado, Chantal Maillard, Germán Gullón, Antonio Fontán, Antonio Muñoz Molina, Rafael Conte, José Manuel Caballero Bonald, Soledad Puértolas, Carlos Sahagún (yo pensé durante un tiempo que el "poeta social" era Gamoneda), Duarte Pinto Coelho. Da un poco igual quiénes sean, con lo que se corrobora la tesis de AT sobre las equis. A mí me ha hecho gracia el despiece que hace del Premio Planeta de Mendoza, que de todos modos no pensaba leer, pero el decorador portugués, por ejemplo, a mí me es indiferente saber quién era: yo leo estos libros no para hacer sudokus.

La parte verdaderamente mollar pasa en Las Viñas, un lugar cada vez más paradisiaco, siendo casi todo lo que describe muy de la vida diaria. Lo que cuenta de su madre allí también es de lo que más brilla del libro.

Me alegró ver que Modiano le deja como a mí, ni fu ni fa.

jueves, 5 de enero de 2023

Burgos en Navidad 3 - Conferencias sobre Diarios

En el viaje de ida y en el de vuelta oí dos de las cuatro conferencias, El escritor de diarios, de Andrés Trapiello, en la Fundación Juan March. Lo curioso es que no las hubiera escuchado todavía, siendo como eran de 1997. Son textos que él había preparado con mucho cuidado y que fue leyendo, sin dejar nada al albur, entrando en el género de los diarios en la primera, en la cuestión de la intimidad en la segunda, haciendo en la tercera una historia de los diarios en España (solamente le da para hablar de Azorín, Sawa, Noel, Unamuno, JRJ, Azaña) y entrando en el fondo de los diarios en la última.

Han pasado 25 años y estoy seguro de que ahora AT no opondría tanto los diarios a las novelas: más bien plantearía lo contrario, porque es algo que ha ido trabajando de manera cada vez más honda y compleja en los suyos propios. Pero creo que sus reflexiones son actuales, vivas, verdaderas, a la altura de su visión de las cosas de entonces. Brilla AT en su dominio de la historia literaria reciente y en la caracterización de un género moderno, difícil de delimitar.

Creo que de estas conferencias salió este libro:

martes, 21 de septiembre de 2021

La fuente del encanto

En agosto me leí La fuente del encanto. Poemas de una vida (1980-2021), el libro que terminó escribiendo Andrés Trapiello en vez de la antología poética que le habían pedido: es un comentario de sus poemas entretejido de un relato de lo que en su vida explica su poesía. En el centro está la fuente del encanto, un lugar donde iban desde León a pasar la tarde, que se convierte en la referencia de lo que querría que fuese permanente en su vida, ese sentido de plenitud de aquellas tardes de infancia. 


Es así una biografía poética, de lo que explica su poesía en su vida. A mí este libro me parece otro culmen de su obra. Yo había encontrado las 300 primeras páginas de Madrid magistrales, pero creo que este libro lo supera: es también contar su vida, pero aquí con la infancia en el centro. En ambos casos, hay una continuidad con sus Diarios, otra cima (o sucesión de cumbres), pero hacia arriba, como se ve en Quasi una fantasía.

Me ha gustado también mucho todo lo que este libro tiene de reflexión poética. Está además muy explícito Homero, más que nunca. No hace falta que me extienda, que ya lo explicó mejor Enrique García-Máiquez hace unos días. Solo pongo un poema suyo, una reflexión sobre la poesía a propósito de los Homeros que hay quizá en Homero: 

CANTAN LOS ÁRBOLES
Antes que el sol saliera cantó el olmo,
apenas unas notas, monosílabos
herrumbrosos y graves.
Despertada por él con delicadas
palabras al oído, de allí a un rato
le respondió la encina con un trino
que, igual que un surtidor sostiene el agua,
ella sostuvo en alto mucho tiempo.
Fue la señal: al punto comenzaron
a decir o cantar todos los árboles:
olivos y algarrobos, alcornoques,
laureles y cipreses... Ni siquiera
los zarzales dejaron de asistir
a una fiesta tan multitudinaria
y corrió de su cuenta que en las copas
no faltaran jamás ebrios gorjeos.
Así sucede siempre: hacen los pájaros
que los árboles canten en su nombre
para no distraer con sus plumajes,
como tantos aedos en la Ilíada
siguen cantando anónimos, ocultos
en las frondas de Homero.
Ha llegado la noche y el silencio
se adueñó de la tierra. Sólo un seco
y fantasmal castaño ulula fúnebre
mientras sigo escribiendo estas palabras...
Hasta hace un momento con amigos
bien queridos estaba, conversábamos
felices y animados, disfrutando
de la amistad y el vino.
Pero algo pasó. Me levanté y me vine
a este rincón yo solo, renunciando
a dones que la vida no suele prodigar,
por si acaso los árboles querían
de mí alguna otra cosa.

miércoles, 2 de junio de 2021

Quasi una fantasia, de Andrés Trapiello - 3 - palabras

Termino ya con comentarios a algunas palabras que me llamaron la atención en Quasi una fantasia:

- En este volumen generaliza Trapiello la escritura fonética de palabras todavía no naturalizadas. A mí me hace mucha gracia. Luego me acordé de que también lo hacen en Grecia ahora. Pondré un ejemplo, un titular del domingo: Η Ντάουνινγκ Στριτ επιβεβαίωσε τον γάμο Τζόνσον escriben / transcriben Daunink Strit y Tzonson y se quedan tan anchos. En el cuerpo de la noticia te encuentras también Γουεστμίνστερ - Güesmínster para Westminster. Pondré solamente unas pocas de las que usa AT aquí:

estanbai (14), pirsin (54), jol (74), butad (163), dragcuin (409), muntainbaic (494).

- Luego están las palabras que me traen recuerdos:

julepe (112), cacharrito (148), curioso (=cuidadoso).

- Me gustó encontrarme la expresión «Es del tiempo de G.» (33) / «son del mismo tiempo» (63), hablando de personas, con el sentido de son de la misma edad.

- También me gusta cómo describe una de esas cortinas típicas de tiras que ponen en las puertas de las casas en los pueblos: 

Sartales con macarrones de plástico (519).

- Dos palabras que no conocía:

camándula (317), asciterio (256).

Camándula viene de la orden de los camaldulenses: es una palabra para un acto de devoción, en concreto la usa en el libro para referirse al rezo de un rosario completo. 

Asciterio viene del griego ἀσκητήριον (askētḗrion), lugar de ejercitación espiritual, monasterio. Aquí os pongo un documento latino del año 1087 donde aparece:

-Por no dejarme nada, hay dos erratas latinas seguidas en 390: Ad Maior[em] Gloria[m] Hispaniae. y Nulla die[s] sine premio. Y la otra errata del libro la vi en 498: "es a la vanguardia los que".

martes, 1 de junio de 2021

Quasi una fantasia, de Andrés Trapiello - 2 - Viajes

En el prólogo dice Andrés Trapiello que, en plena pandemia, vemos como un lujo esas cosas que antes podíamos hacer sin darles mucho importancia. En Quasi una fantasía hay unos cuantos viajes.

Lo que más envidia me dio fueron los que hace a Francia. Va a Toulouse. En el Ayuntamiento se detienen a ver un cuadro de Henri Martin, en la línea de Seurat, Los paseantes:


Está dos veces en Paris: allí se codea con algunos de la RAE de allí. Yo los busqué en Google y casi ninguno de los inmortales me sonaba, en concreto solamente seis, y no he leído a ninguno de ellos: menuda inmortalidad que no pasa de Hendaya. En eso se ve bien lo de que los nombres que va citando, con iniciales o con X, no importan tanto en realidad, si lo ves con esa perspectiva distanciada, y mira que él se ha hartado veces de explicarlo.

Un viaje a Lugo le da para describir muy bien la Galicia interior, las carreteras umbrías, el fresco. Hay unos pulpeiros en una boda, cociendo y cortando pulpo, muy bien descritos.

De un viaje por Navarra es esto:

Estamos en Estella. Dejamos hace una hora a nuestros amigos en su pueblo. Le viene el nombre, Olleta, de ser como una olla pequeña, en el fondo de un valle. Qué árboles tan grandes. Acostumbrados a los de Extremadura, de porte rifeño, aquellos parecían todos doctorados en Oxford. Qué chopos, qué conciertos los de sus sonajas. El viento incansable se encargaba de moverlas, como las de una pandereta. El valle, angosto, se cierra aún más por la abundancia de unos nogales centenarios que meten debajo de sus ramas las casa como haría una gallina clueca (350).

Por cierto que antes había hecho una grandísima caracterización de lo «aberchale» en Vitoria. Es también muy gracioso cómo describe el modo que tienen los vitorianos de usar la palabra «igual» (70). Luego, en Navarra, también se fija en esos «si estaríamos...» (352) que también dicen en Burgos.

lunes, 31 de mayo de 2021

Quasi una fantasia, de Andrés Trapiello - 1 - Me enrollo en teorías

Hay que decir primero que este libro es una maravilla ya desde su materialidad: el papel de las guardas, el de las hojas, el tipo de letra, la portada.

Este volumen se iba a llamar El canto del chamariz, un título muy bonito que da mucho juego en las primeras páginas, a propósito del canto de pájaros que imitan a otros. Y la portada son dos pájaros de barro, muy parecidos. Acabó cambiándolo a Quasi una fantasia, título de una obra de Beethoven: está muy bien, porque en este libro hay una tensión constante entre clasicismo y romanticismo. Inmerso en ella, nunca se le ve al autor más suelto. La naturalidad con la que escribe es total, es pasmosa. 

Sobre esa naturalidad del canto, aunque uno cantando cante lo de otros y eso sea lo suyo también, copia en el libro, entre otros, un comentario de un amigo mío 

Aunque los machos de varias de las aves fringílidas que tradicionalmente se han trampeado en España por su canto (jilgueros/chamarices y pardillos/camachuelos, además de los canarios) son capaces de aprender y repetir el canto de especies cercanas cuando se las expone al mismo desde polluelos (ya con maestros de la especie escogida, ya con grabaciones), de forma natural aprenden del canto de sus padres, que son los que les pillan más a mano, por lo que cantan como corresponde a su especie (y por eso los aficionados conseguimos distinguir el canto de unas y otras). A mayores del ave lira y de otras consumadas imitadoras que hay por el mundo adelante, de entre las aves ibéricas las que con mayor frecuencia y de forma natural incorporan imitaciones de otras especies en su repertorio son estorninos y alcaudones. Un saludo. AP (43 - apareció en su blog en 2019).

Todos cantamos una canción que no es hermosa por ser original, sino por hermosa. Por eso está tan bien traído lo del canto del chamariz. Más adelante en el libro recurre a Homero, que va creciendo en importancia en esos últimos años del Salón de pasos perdidos. Homero le muestra el camino, buscar representar la realidad con lo realmente esencial, despreocuparse del afán de novedad y perder el miedo a repetirse, cuando la repetición es en realidad mirar otra vez lo verdadero. Esto dice:

Lo más difícil al escribir de la naturaleza es atinar con los adjetivos. Homero puso esta tarea tan alta que nadie le ha igualado, ni el Virgilio de las Geórgicas. Para escribir la corva hoz y que parezca que es la primera vez que la hoz viaja por el mundo con este adjetivo hace falta estar en estado de gracia; las cóncavas naves, el de torvo mirar, los fúlgidos ojos, la flecha implacable, de peplos holgados... (441). 

También a propósito de la imagen de la niebla como un contrabandista:

esta imagen del contrabandista la he sacado otras veces, pero no tengo otra mejor, como Homero repite tanto lo de las cóncavas naves; yo soy un Homero de pobre, con vocación de libro viejo (452).

En esa línea de reflexión literaria, me alegró encontrar que usa dos veces el verbo heñir, que significa amasar el pan. Eso es lo que hace con su obra (y ya me harté yo de decir que heñir viene del latín fingere, relacionado con fictio, ficción): ficción hay aquí, novela de vida, lograda, eso sí. Parece fácil, pero no debe de serlo: basta con que cada uno intente escribir algo que se parezca a un diario, como sé yo por estos repetidos intentos. Algunos diarios recientes jaleados por la crítica a mí me parece tristes parodias de este: lo reivindican cada vez que se pasan o se quedan cortos respecto a este milagro de equilibrio que se encuentra aquí. 

Cuando has leído los 22 volúmenes anteriores, la lectura es además de otro modo, como con más capas. Te encuentras a Martínez Sarrión, que ya estuvo en aquel episodio delirante de la exhumación de Azorín, pero aquí en un coloquio con Esther Busquets y para colmo, recordando yo haberlo oído (ya hablé yo de ello también), así que esta lectura es relectura de algo que ya viví, pero con otra perspectiva.

También uno puede ver en qué ha quedado lo poco que quedaba de Julio Aumente: es todo un gran sic transit gloria mundi del que podría aprender JG, que también sale aquí, con un retrato curiosamente favorecedor. 

Unos cuantos "ya no escribió más nada" (p. ej. en 500) yo los veo como caramelos para los lectores anteriores, que nos recuerdan aquella frase de Marías. Yo siempre que me la encuentro, me río.

Sobre la superposición de realidad, actualidad, literatura y mundo literario, muchas capas tienen también las menciones a Muñoz Molina, sobre todo leyendo yo el libro en medio de la mayor polémica entre ambos, en estas últimas semanas, a cuenta de 26 años de supuesta dictadura en Madrid. Además también sale su mujer, con Paco Rico de por medio. Y qué mal este hombre siempre: está en mi lista, con Muñoz Molina

Ferlosio aparece en este volumen con más peros. También está Puértolas a la baja (512). Lo que más me llamó la atención es que aquí aparece la primera valoración con algún ribete de crítica de escritores gallegos, a los que siempre había tratado con una benevolencia sorprendente, para mí: aquí le pone varios peros muy pertinentes a Castelao (317).

Es muy bonito lo que cuenta de Muñoz Rojas y a mí me da como más pena, porque por esos años tuve una oportunidad de conocerlo en su finca de Antequera, pero no se concretó.

Esto me está quedando muy largo: dejo para mañana y pasado algún comentario más sobre dos aspectos especialmente destacados de este libro, los viajes y algunas palabras que aparecen y me llamaron la atención.

Y la duda final de si por fin ha entrado en el club de las almendritas saladas (cas) o sigue en el club de los cacahuetes rancios (ccr) (489-90): a mí me da igual, la verdad. Me da que en el cas nunca va a estar, pero qué importa: estamos con Homero, no con Muñoz Molina.

martes, 27 de abril de 2021

Solovki

Creo que ahora mismo soy la persona más preparada de Santiago para visitar la exposición de fotos de Castro Prieto y Rafael Trapiello. Y no solamente porque a los dos me los haya encontrado ya bastante por el Salón de pasos perdidos, es que estoy leyendo las cartas que Pavel Florenski escribió a su familia desde allí.

Cuando visitamos el domingo la exposición, yo llevaba la carga de Florenski allí, en una isla en el Mar Blanco, un frío colosal, auroras boreales en verano, una noche continua en invierno, aislamiento de meses, el trabajo en el Gulag, constante, sin medios casi, la lejanía de todo, sobre todo de la familia, los difíciles intentos de comunicarse con ellos con cartas que a veces tardaban meses, a veces no llegaban y siempre eran demasiado poco.

En la exposición hay, por suerte, fotos de paisajes hermosos, de niños sonrientes, del monasterio ortodoxo reconstruido, de los colores pálidos, pero bonitos, que me recordaron los de Estonia. Por ejemplo esta foto, la que más nos gustó, con el predominio de un verde pálido (más bonito en directo que en esta foto de la foto), que arropa muy bien a ese señor, cuya vida sería bien interesante de conocer:

Dice Florenski un 30 de mayo de 1935:

El tiempo es de los más inestable. Ayer estuvo todo el día nevando, hacía frío; hoy también ha nevado por la mañana. De vez en cuando luce el sol, luego el cielo vuelve a cubrirse. De la mañana a la noche (que no existe) y de la noche a la mañana pía el cuclillo, al lado mismo del laboratorio. Hay montones de nieve que todavía no se han derretido. (...) El sol aún está alto, a pesar de que son las diez menos cuarto. Hace fresco. Los cuclillos no dejan de piar. Pienso continuamente en vosotros, queridos míos; y cuanto más lo hago, más triste me siento (Cartas de la prisión y de los campos, 138-9).

Nos gustaron mucho las fotos, son muy buenas. Hay un juego fascinante en cada una entre la fotografía y la pintura: todas tienen partes muy nítidas, donde ves hasta sus mínimos detalles (plantas del suelo, ramas de algunos árboles) y otras, en la misma foto, como neblinosas, borrosas o como solamente sugeridas. No sé cómo han logrado. Por ejemplo en esta noche estrellada, los puntos de las estrellas son como puntos de óleo:

Con nitidez, la misma escena. Un barco varado en el hielo y las estrellas ahora más quietas:

Por suerte, muchas de las fotos de la exposición las tenéis, los que no podáis venir a Santiago, en la web de Rafael Trapiello, de donde he enlazado las que se ven aquí. En un reportaje de El País está otra, que también nos gustó mucho:


Y qué difícil conseguir armonía con esos colores en principio tan disparejos. La cara de la niña, borrosa, el pájaro de pan, nítido:



martes, 24 de noviembre de 2020

Madrid, de Andrés Trapiello

He disfrutado una barbaridad de Madrid, el último libro de Andrés Trapiello. Me pilló a la espera de un nuevo volumen de sus Diarios, así que de primeras lo veía más como una china en el camino. Era sobre un tema que está bien, pero que no parecía demasiado urgente, esa ciudad que ahora tengo cada vez más ganas de volver a ver, yo que nunca he vivido allí y que siempre la he conocido de visita, más o menos largas las visitas, pero de visita. Mi Madrid es el rompeolas de las Españas, es la cifra de todo el país, es una ciudad manchega (para mí eso es un elogio: viví tres años en Ciudad Real), es el Museo del Prado, son los viajes de pequeños con mi padre, con toda la escuela de Castrojeriz en un autobús.  

A lo que voy: me puse a leerlo y me encontré en la primera parte algo muchísimo mejor que los Diarios: el relato unitario de una parte de su vida que había quedado en penumbra en los otros 22 volúmenes. Eso es además el marco narrativo para todo el libro, que por otra parte funciona con una libertad asombrosa en lo estructural, donde cabe repetirse sin problemas o cambiar el tono sin que haya nada que rechine, logrando unas veces que nos emocionemos y otras que riamos a carcajadas. Me da un poco de apuro la comparación, pero es que lo he estado leyendo a la vez: a este libro le he visto muchos paralelos con Trabajos y días de Hesíodo, gran poema didáctico y biográfico del primer poeta griego que nos cuenta su vida de campesino en Ascra, entre los problemas de herencia con su hermano y los recuerdos de los viajes en barco de su padre. Hesíodo, contándonos su vida, explica también por ejemplo que la madera del laurel es buena para construir arados, porque es más resistente a la carcoma. Bueno, eso es, en lo mejor, Andrés Trapiello: un maestro del relato de su vida y de todo lo que va con ella, por pequeño que sea, mientras sea verdadero.

Y ya que me he embalado con las comparaciones con gigantes, diré que este libro es muy homérico. En esto no arriesgo nada, porque sé lo que le ha influido estos últimos años la versión de la Ilíada de Fernando Gutiérrez: aquí está el amor a los catálogos, a las listas, algo que comparten Homero y Hesíodo: no tiene ningún problema en hacer música de la sucesión de nombres de calles de Madrid, de una ristra de expresiones características, de títulos de libros sobre la ciudad, de edificios significativos. Hay muchas listas y a mí me hace feliz que las haya. Es otra muestra de esta libertad creativa en la que se siente tan a gusto ahora Trapiello.

En todo, una escritura cada vez más redonda, con un dominio excelente del lenguaje, con humor, hondura, alegría y sobre todo amor a la vida. Yo disfruto hasta de bromas como la transcripción de los términos extranjeros: estoy rendido a que ponga gosdivín o cosas así; me hace gracia que meta de cuando en cuando palabras como jifero, que resulta que es un matarife. 

Hay muchas informaciones que ponderar en el libro, pero con la alegría de saber que muchas de las cosas las olvidaremos. Tampoco importa: busca el rigor, pero no pretende ser erudito. Tomarse demasiado en serio los datos de historia local es lo que no sería serio. Otra cosa es que esté bien leerlos y disfrutarlos, por amor de las historias, no con ánimos de opositor que teme que le caiga alguno de ellos en un examen.

Agradecí muchísimo que en todo el libro no haya nada de melancolías: nada de elegías a Embassy o como se llamen esos sitios con pretensiones que cerraron ya hace tiempo. No: vida como la que vive Fortunata, con alegría, para adelante. Ya estoy aburrido del tópico elegiaco: en este libro sale el Madrid vivo, con mucha belleza y con fealdad que puede que llegue a belleza: ya se pondrá bonito, cita recordando lo que decía la hija de Ferlosio y Carmen Martín Gaite.

Y luego, que el libro es precioso, la edición, las fotos, la portada, las viñetas, todo. No puedo ir ahora a Madrid, pero me ha alegrado mucho recordar Madrid así, gracias a este libro.

jueves, 14 de mayo de 2020

Vuelve la burra al trigo

Hoy es el primer día de «normalidad normal»: ya no estoy ni aislado en mi habitación ni he desayunado solo; de hecho nos hemos entretenido comentando la jugada y el desayuno se alargaba felizmente.
Y estos días he vuelto a los Diarios de Trapiello. Estaba releyendo los últimos volúmenes, que eran los que tenía menos trabajados y ahora estoy disfrutando mucho de Miseria y compañía
Quizá es que es justamente lo contrario de lo que llama en este volumen «Literatura del puaj»: es pasarse por esta vida admirado, asombrado; lo contrario de esos que están de vuelta, amargados; que además nos lo tienen que contar. Yo estos días estoy de happy, happy: todo me exalta, todo me alegra, todo quiero contároslo y también la alegría de volver a leer esos Diarios.
 
En este volumen hasta he despejado una equis: las notas que recoge de una conferencia son de una de Giorgio Agamben en 2004 sobre las ninfas y es más gracioso para mí saber quién es, dada la fama del tal filósofo italiano, cenando en un bar con decoración torera.

Os pongo alguna cosa que me apunté:
[Frío en el Rastro] no podían estarse en sus puestos sin dar pataditas en el suelo, como si bailaran flamenco por lo bajinis (68).

[Las instalaciones artísticas], que son, como es bien sabido, la versión sofisticada de jugar a las casitas (70).

Los estridentes alegatos de las gaviotas (84).

[Los actores españoles del No a la guerra no quieren condenar a ETA, pero bien que] «se tragediarán» [en lo que les convenga] (85).

[No encuentra la cartera y hace de] percusionista de sí mismo (101)

Voy en en un avión leyendo esa revista que colocan en la marsopa del asiento delantero, junto a la bolsa de los vómitos (125).

Pero yo no le leo por esos hallazgos, que me voy encontrando con alegría, sino por ser una literatura de la vida, que está viva, que afirma.

martes, 5 de marzo de 2019

Dándole vueltas a Castelao otra vez, y de paso a Solzhenitsyn

En el último volumen de sus Diarios, Andrés Trapiello habla bien de Solzhenytsin, aunque no tanto como me parece que merece. Yo creo que tres novelas suyas, las únicas que he leído de él, son excepcionales: Un día en la vida de Iván Denísovich, El primer círculo y Pabellón de cáncer. A mí me impresionaron mucho las tres.

También vuelve a hablar de Castelao y, creo que por primera vez, le encuentra pegas, algo un poco sorprendente, porque con los escritores gallegos tiende a ser siempre extremadamente indulgente, a diferencia, por ejemplo, de los catalanes. Yo me alegro mucho, porque creo que Castelao está sobrevalorado; ahora sólo salvaría de él algunos cuadros de paisajes y algunas viñetas, las más japonesas, de los años veinte. Su última época como pintor me parece malísima, así que ni fui a la Ciudad de la Cultura a la exposición última, que tenía pinta de ser un atril de propaganda en torno a de san Castelao, más que otra cosa. Todo pagado por Feijóo con mi dinero, claro.

En realidad la posible visita la había ido retrasando, hasta este fin de semana, que era cuando acababa. Fui al CGAC este finde y fue tan deprimente (mañana lo cuento) y tardé tan poco en salir corriendo, menos de diez minutos, creo, que, por hacer algo, entré al lado, a una exposición sobre Alba de Gloria, un discurso de Castelao en Buenos Aires en 1948, que es muy celebrado por los nacionalistas. Os lo resumo: Galicia asoballada siempre por Castilla, y una vez más en la Guerra Civil, saldrá -dice el profeta Castelao- de sus cenizas. Bullshit a lo grande.
Pero leedlo, si no os dan arcadas ya al principio con ese panteísmo religioso estomagante.

lunes, 4 de marzo de 2019

Diligencias de Andrés Trapiello

Acabé Diligencias demasiado rápido. Otra vez se me hace corto un volumen de los Diarios de Andrés Trapiello, tenga quinientas páginas como este, o el doble.
A mí me da hasta corte seguir hablando, y hablando bien además, de estos volúmenes, pero el hecho es que cuando sale uno nuevo, dejo todo lo demás que estaba leyendo y mi acedia lectora, que es la tónica últimamente, se desvanece, hasta el punto de que trato de dosificar el ritmo, en vano, para que me dure más. Y para colmo, mientras leo me río un montón de veces, como un idiota, algo que no dice mucho de mí como persona que debería presumir de lecturas sesudas o más a la moda.
Y ahí te voy: veintidós volúmenes ya, once mil páginas de sus diarios después, todavía es un tema central en este volumen el hecho de que el que las escribe sea una persona de las difíciles. Hasta M. y G. se lo reprochan en este volumen. Él se sigue fijando en escritores como Gaya, María Zambrano o Cernuda respecto a los más mediáticos del 27, como Lorca o Alberti. O, más asombroso todavía, en JRJ respecto a Salinas y Guillén. Es un misterio que el autor de estos Diarios pone en el centro en este volumen y a mí me parece fascinante. Yo me pongo de su lado, claro está, aunque hasta a mí a veces me parece que no debería ir tan lejos, porque hasta sus amigos se asustan de pasar por estos diarios.

Esos libros, según el autor, ya se escriben solos, pero él los revisa cinco o seis veces y esa es la clave, esa facilidad, esa perfección tan lograda tiene mucha revisión detrás, la diligencia del trabajador concienzudo, las diligencias que son necesarias para lograr algo valioso. Y todo con una portada preciosa, con un dibujo que Julio López Hernández hizo de su hija. Ella está minuciosamente quitándose algo del ojo:




Por si queréis probar, las primeras páginas en pdf.

Pero es mejor que os deje con lo que dice el propio autor en la solapa de la cubierta:
Puede decirse de estas diligencias lo que de los salones de pasos perdidos: en sí mismas no son nada, pero sin ellas quedaríamos atrapados en una gran estancia, sin saber adónde ir, desconcertados e indecisos.
Las sucesivas entregas de esta obra tratan en general más de la vida que de la literatura, y aunque formen una novela, están menos relacionadas con la ficción que con realidad, gran paradoja. Lo bueno de cualquier libro debería venir después, leída ya la última línea.
Siguen tratando estas páginas asuntos que los familiarizados con ellas conocen bien, referidos a personajes, peripecias y situaciones de la vida personal de su autor, siempre sin salir del ámbito de la intimidad, pues aquí suceden las cosas más por dentro que por fuera, paradoja no menor que la otra. Diríamos que son unos episodios nacionales, pero de cercanías. Gracias a estos familiares recorridos muchos lectores hallan en esa vida íntima del escritor un fiel trasunto de la suya propia. Sin que se juzgue cuánto hay de fortuna y cuánto de desdicha en este hecho, la verdad es que aquí casi todo el mundo se llama Andrés Trapiello, por lo mismo que, mientras le leen a él, él se llama como todo el mundo.
Por eso muchos recuerdan con insistencia que este libro no es literatura del yo, sino algo más modesto, del tú, o de ti, que ahora me sostienes. Y poco más cabe añadir. Al empezar por esta solapa, tú, lectora, lector, también muestras ser diligente, y sólo por eso merecería esta nueva entrega del Salón de Pasos Perdidos hacer bueno aquello de que "lo que merece ser hecho, merece que se haga bien".

jueves, 21 de diciembre de 2017

«Mundo es», de Andrés Trapiello

Me gustó encontrarme bien descrita la misma sensación de alegría al leer estos Diarios y de agobio de que se fueran acabando, justo el día que terminaba Mundo es, el último volumen, el 21, del Salón de Pasos Perdidos, esa novela en marcha que para mí es como esa casa que vas conociendo poco a poco, donde pasas unos días al año, donde te ríes (en este volumen he soltado la carcajada unas cuantas veces*), donde te apuntas cosas para leer**, donde te pones al día de las vidas de sus habitantes, donde admiras el jardín o te fijas en la inscripción virgiliana de la entrada. Estoy tan a gusto allí que la posibilidad de volver todo los años es una alegría repetida y una expectativa recurrente que me ilusiona ya ahora.

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*En este volumen el relato del Congreso de la Lengua en Colombia es de las cosas más graciosas y a la vez más dolorosas de leer que he leído en los últimos años. Yo me involucraba todavía más porque me veía a mí mismo reflejado: bolos del profesor son también los congresos y he tenido buen acopio en esta última época para plantearme otra vez dolorosas preguntas sobre su utilidad real y sobre por qué hacemos de titiriteros también nosotros, ante públicos mínimos y desganados, autorreferenciales.

**Sobre todo dos: el colombiano Luis Carlos López y otra vez Ramón Carnicer, tan difícil de encontrar, del que hace una gran semblanza, otra, pero en este caso en el momento de su muerte, que es a la vez un autorretrato: 400 palabras que miden su fama, la de AT y la de Carlos Pujol, del que por cierto estoy leyendo su Barcelona y sus vidas, un libro muy bonito.

Ahora me gustaría ser profesor de Literatura Española para tener un montón de temas que repartir a los alumnos para su Trabajo de Final de Grado (o TFG). En el ámbito del griego tenemos pocos alumnos y los temas los podemos pensar con tiempo, pero en el ámbito hispánico tienen muchos y a veces los que proponen no son tan emocionantes (mirad los de mi Facultad: es un pdf). Esto les propondría, poniendo títulos campanudos con guiones, barras y paréntesis para que pasen el escrutinio de las sucesivas comisiones que velan por la «legalidad»:
  1. Comparativa, en el conjunto de spp, de las páginas iniciales: elementos recursivos y excepcionalidades. La singularidad y significación de la figura del cazador.
  2. La relevancia ética de las figuras icónicas del institucionismo en la obra de AT.
  3. Campo y ciudad, dicotomía y polaridad: Madrid / Las Viñas.
  4. Recursividad metanarrativa y satírica: «murió y ya no dijo más nada».
  5. La evolución de las X en los últimos volúmenes: de la letra pelada a la secuencia alfabética y a la revelación última de nombres (y su irrelevancia última).
  6. Epicureísmo extremeño: el jardín como seclusión y espacio de la labor manual y como ámbito para la música (natural / artificial).
  7. De Diario a novela: proceso de selección, (auto)censura, amplificación y sublimación.
  8. Proust y su proyecto narrativo de recuperación de la memoria frente al proyecto del spp.
  9. El dúo R. y G.: seriedad frente a humor, técnica frente a creatividad, modelo frente a rebelión.
  10. El Rastro como espacio de la recuperación historiográfica: la revalorización desde las orillas.
  11. Pla. Fineza de prosa y escasez de profundidad: motivos biográficos o falta de ambición literaria
  12. La literatura leonesa: los autores fuera del canon. Ramón Carnicer.
  13. Los relatos insertos: apropiación literaria, mise en abyme, cervantinismo.
  14. Los poemas de provincia de Andrés González Blanco. Sus relaciones literarias a los dos lados del Atlántico.
  15. La negra provincia: Ricardo Baroja frente a Pío. Los aguafuertes en la obra de AT.
  16. Los prólogos en spp de AT: ¿la decantación de lo mejor de su obra?

Esto sin despeinarme. Un rato más y me salen otros tantos.

Acabo haciendo de urraca, trayéndome aquí un pasaje sobre gorriones, en polémica curiosamente con JRJ, y sobre el gallo, «vendedor de auroras»:
El del gorrión no es canto. El gorrión habla. Habla, si se quiere, con mucho acento (como una aldeana gallega o aquellas muchachas de Medellín). Y no decimos que cantan los gorriones por lo mismo que no decimos que cantan las gallinas (y sí el gallo, aunque decimos «el canto del gallo» por amor a la retórica, ya que todo el mundo sabe que los gallos no cantan tampoco, lo suyo es sólo una escandalosa delación, arrancada bajo tortura, y en las mañanitas de primavera pregones del vendedor de auroras (...)). No, los gorriones no cantan, hablan y parlotean, eso sí, siempre muy animadamente y con mucho encanto (180-181).

jueves, 29 de junio de 2017

Sevilla 4 - Andrés Trapiello y Miriam

El segundo día del Congreso lo esperaba con ganas y un poco de aprensión, porque iba a conocer a Andrés Trapiello, al que llevo leyendo desde hace quince años y que me ha ayudado tanto a replantearme tantas cosas sobre la vida, la literatura y el arte, pero no tenía muy claro si el tema le cuadraba. Al principio de la mañana la que le había invitado a dar su conferencia me explicó que lo había hecho simplemente porque le veía muchas afinidades con la escritora americana, aunque no la había leído en absoluto hasta entonces. De ahí el título «Flannery O'Connor y el rezagado». El otro miedo mío era cómo los yanquis del Congreso le iban a entender: hubo traducción simultánea.

Tuvimos la sesión en el pabellón de Estados Unidos de la exposición de 1929, una recreación de una casa colonial californiana muy bonita y sobre todo con aire acondicionado: hacía 40 grados fuera.

Me acerqué a Andrés y a Miriam, su mujer, y me encontré a dos personas encantadoras, de una amabilidad y una cordialidad grandes. Podría haber estado horas hablando con los dos.

La conferencia fue excepcional. Yo, que le he estado oyendo otras suyas recientes (por ejemplo una absolutamente magistral sobre el Rastro) creo que ha llegado a un estado de felicidad creadora único, por lo demás algo perfectamente lógico en quien se ha pasado la vida escribiendo y leyendo con atención, sensibilidad y criterio.

Sólo pondré aquí alguna cosa que me anoté:
-La comparación con Gutiérrez Solana, que me pareció muy interesante. Habló más sobre la relación de escritores en su actitud común de piedad: ahí mencionó también a Chejov.
-Una palabra que nos regaló: binza, la película exterior de la cebolla.
-Le atizó a Harold Bloom por comparar el catolicismo de Flannery con el nazismo de Céline y yo me alegré infinito, porque tengo atravesado a Bloom y esa se la tenía guardada.
-Leyó un poema precioso de Unamuno y nos dijo que estaba, leído por el propio poeta, en youtube. Aquí lo tenéis:



Flannery O'Connor decía que su vida no le iba a interesar a nadie*, pero ahí estábamos en un Congreso hablando sobre el único beso que le dio Erik Langkjaer (leyeron, en dos días distintos, dos poetas distintos: Alfredo Félix-Díaz y Angela Alaimo O'Donnell poemas sobre ello y vimos en una película que presentaron allí al propio Langkjaer contándolo, el cabrito diciendo que fue «como besar a un esqueleto»). Y la propia Flannery lo reelaboró en La buena gente del campo
Yo también pensaba que lo más importante con Andrés Trapiello era leerle, pero estoy muy agradecido de haberle podido conocer.


*There won't be any biographies of me because, for only one reason, lives spent between the house and the chicken yard do not make exciting copy.