martes, 26 de mayo de 2026

Revolanderas

En De todo tiene de Andrés Trapiello (ya hablé de él ayer) habla de las revolanderas, artilugios de caña que se mueven al viento. A mí me recordaron a lo que hacía mi padre con cañas de cardos, aunque no era la misma idea, sino hacer como un juego para producir ruido. una especie de artilugio ruidoso.

Busqué la palabra y encontré un artículo de 2011 del propio A.T., donde pone una imagen de uno hecho por Manuel, al que conocerán los lectores de los Diarios:

5 comentarios:

  1. Nunca entenderé nunca cómo alguien tan cultivado como tú puede admirar tanto a Trapiello.

    Yo, cuanto más le leo, más tonterías encuentro en sus Diarios (que soy incapaz de leer sistemáticamente a pesar de ser un gran lector de esa clase de literatura).

    Mi problema con él no es que afirme cosas inexactas, sino el tamaño de algunas de sus "inexactitudes". Ejemplo, a propósito de Rimbaud:

    "Hubo en su época y en su país doce o veinte poetas tan o más inspirados que él. Sólo porque fue un canalla y porque dejó de escribir lo hallaron sublime los surrealistas." (El problema de Trapiello es que, además de no leer a Rimbaud en francés, está muy mal informado e ignora que fue admirado por mucha gente que era lo contrario de surrealista, como Claudel, Gide, Suarès o Valéry - yo no conozco a ningún gran escritor francés del siglo XX que no lo haya admirado).

    Sin hablar de lo mal que escribe Trapiello. ¿Cómo se pueden explicar frases como ésta, que abundan en sus Diarios: "Cuando pasa uno por Valladolid, si le sobra algo de tiempo, suelo darme una vuelta...". Para mí esa clases de errores resulta un verdadero misterio. ¿Cómo a alguien que ha leído tanto a los mejores estilistas españoles puede no chocarle una frase semejante?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A mí la frase que citas al final me gusta. Lo de Rimbaud, ni idea: no lo he leído.

      Eliminar
  2. Trapiello conoce perfectamente y ha leído en el original toda esa poesía francesa y belga que va de Baudelaire a los años 20-30 del siglo XX. Que no le guste Rimbaud —ni como poeta ni como persona— es su derecho, como lo es el que prefiera como poetas a Verhaeren o a Jammes, figuras menores que le dicen más.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así es. Yo, que no he leído a ninguno de ellos, instintivamente tengo más simpatía por Jammes. A mí el malditismo, aunque esté reproducido en versos inmortales, me resulta desagradable. No sé, no tengo pensado leer a Rimbaud por ahora.

      Eliminar
    2. Es imposible amar la poesía, leer a Rimbaud en francés y no admirarlo. Trapiello, contrariamente a un Muñoz Molina, no lee el francés literario (ni el inglés) y cada vez que cita a escritores franceses lo hace en malas traducciones, de las que no se da cuenta que son malas. Hay un relato en su Diario de un viaje a París con L.A. de Villena que lo demuestra muy bien.

      En cuanto al "malditismo" de Rimbaud, no tiene nada que ver con su obra, que no tiene nada de maldita. Hay que leer lo que el muy católico Claudel ha escrito sobre ella para dejar de incurrir en ese tópico (o François Mauriac o Julien Green). O leer la carta que Isabel Rimbaud escribe a su madre contando la conversión de su hermano unos días antes de su muerte.

      Yo cada vez que he leído un juicio de Trapiello sobre literatura francesa he tenido la impresión de que era de segunda o tercera mano (contrariamente a sus juicios sobre literatura española).

      En cuanto a Verhaeren o a Jammes, compararlos con Rimbaud es como comparar en español Gabriel y Galán con Lorca.

      Eliminar