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martes, 8 de marzo de 2011

Fray Luis sobre la comedia

He acabado una nueva relectura de De los nombres de Cristo, esta vez en la edición formidable que ha hecho Javier san José Lera y que yo, por mis pistolas, declaro la mejor que se ha hecho hasta la fecha. Y no ya la mejor edición de esta obra, sino de toda la literatura española del Siglo de Oro e incluso de toda la literatura española*.
Y al hilo del tema del otro día sobre la comedia humana, esto es lo que dice fray Luis de la vida como teatro**:
¿Cómo se hizo Dios hombre? Digo que amando al hombre. ¿Por ventura es cosa nueva que el amor vista del amado al que ama, que le ayunte con él, que le transforme? Quien se inclina mucho a una cosa, quien piensa en ella de continuo, quien conversa siempre con ella, quien la remeda, fácilmente queda hecho ella misma. ¿Qué decía poco ha el Verbo de sí? ¿No decía que era su deleite el tratar con los hombres?*** Y no solamente tratar con ellos, mas vestirse de su figura aun antes que tomase su carne. Que con Adán habló en el paraíso en figura de hombre, como San León papa y otros muchos doctores santos lo dicen. Y con Abraham cuando descendió a destruir Sodoma, y con Jacob en la lucha, y con Moisés en la zarza, y con Josué, el capitán de Israel. Pues saliole el trato a la cara y, haciendo del hombre, salió hecho hombre, y, gustando de disfrazarse con nuestra máscara, quedó con la figura verdadera a la fin, y pararon los ensayos en hechos.
Y así, de tanto aparecer en forma de hombre, se hizo Hombre.

* Pa chulo, yo. Aquí, mis elogios a su prodigiosa introducción (y aquí mi queme con lo único que afea el libro: el muy mal texto de Lázaro Carreter q.e.p.d.); excelente y tremendo trabajo el de san José Lera, con una exposición admirable, una limpieza formal como no se ha visto por aquí en mucho tiempo y la fortuna de tener así a fray Luis, para que lo empecemos a descubrir ahora.
**De los nombres de Cristo, Libro III, Hijo de Dios [p. 365 ed. San José Lera]
***cf. Prov. 8, 31. Era un texto que san Josemaría citaba mucho, para hablar de la vida como comedia, donde Dios juega con el hombre, que a veces piensa que actúa solo, pero no.

sábado, 20 de septiembre de 2008

¡Nueva edición de De Los nombres de Cristo!

Pasaba el otro día por los estantes de la Biblioteca de la Facultad, a la caza de novedades (no se molestan en ponerlas en un sitio aparte, hay que ir buscando por los estantes) y me llevé una sorpresa mayúscula: una edición nueva de De los nombres de Cristo*, y una gran edición que viene a sustituir a la muy buena pero ya de hace 30 años de Cristóbal Cuevas en Cátedra. Y me llevé el alegrón porque la edición estaba a cargo de Javier San José Lera, profesor de Salamanca y uno de los grandes expertos en fray Luis. Y esto, poco después de la de la poesía de Antonio Ramajo Caño en la misma colección.
Pero lo que pasa, que no dura la alegría en casa del pobre: esta colección, heredera de la que Francisco Rico (que es listo como el hambre) comenzó en la editorial Crítica, siempre tiene un 'estudio preliminar' delante, en realidad unas páginas de lucimiento, puestas allí supongo que para dar cancha y royalties a las vacas sagradas. Bien, podrían haber puesto como prologuista a Colin Thompson o a José Jiménez Lozano o a Ricardo Senabre, pero han sacado de su tumba a don Fernando Lázaro Carreter (que murió en 2004) para decir dos tontadas (y perdón, de mortuis, etc.) sobre Renacimiento=pagano y sobre fray Luis y sus posibles dificultades vitales (voy a decirlo así, porque ya sabéis que era un fraile, je, je), cosas archisobadas sobre sus sonetos amorosos y falsas de toda falsedad. Además tiene una enorme pinta de refrito de no sé dónde [busco en google dos segundos y sí, refrito de esto, de 1995; y me temo que refritado luego aquí, en 1996], porque de lo que no habla casi es de Los nombres de Cristo, que tengo para mí que no leyó nunca o leyó mal: una obra cuyo tema es los nombres de Cristo en la Sagrada Escritura qué iba a importarle. Él se leía las poesías castellanas, buscaba datos eruditos y se los clavaba como chinchetas, leía el prólogo sobre la lengua y hacía unas verónicas sobre las lenguas vulgares y lo demás le daba igual, al menos a juzgar por la ignorancia oceánica que muestra sobre fray Luis, en el que ve sólo lo que quiere ver: sus cuatro ideas tontas sobre el Renacimiento, en las que fray Luis no le encaja.
La lástima es que a Lázaro Carreter todo el mundo le rió la gracia de El dardo en la palabra (porque somos muy policías -también en las lenguas- y nos va el rollo de se puede/no se puede decir esto o lo otro y espero no estar pisando muchos callos ahora, pero es lo que pienso) y le hemos convertido en el gran sabio, cuando sí, bien, era un catedrático, pero sobre todo un hombre bien relacionado y editor de libros de bachillerato (con los que se forró, y eso no me parece mal): y gracias a él nos hemos cargado el gusto de los españoles de las últimas generaciones (¡aquel libro de Literatura de COU!). Bueno, me callo, que me embalo y me despeño. Y pudiera ser que le encargasen esos folios y hubiera reutilizado sus cuatro papeles y luego la edición se hubiese retrasado, que todo puede ser, pero el hecho es que es una mierda el texto de Lázaro Carreter.
Menos mal que al dejar esas penosas páginas detrás, nada más comenzar el estudio de Javier San José la cosa cambia como de la noche al día: para empezar, con un par, dice lo que hay que decir: que fray Luis era ante todo y sobre todo un biblista (es lo que te tiene cuando alguien lee los textos de verdad). Y podría haberlo comparado con Ratzinger, que es la figura que veo más cercana a él, pero quizá hubiera estado fuera de lugar. Y hasta aquí he leído sólo, que me queda todo el estudio preliminar, que promete mucho. Y la edición seguro que estará muy bien, visto el nivel de las otras ediciones que ha hecho Javier San José.
Os lo recomiendo vivamente: un must, un libro para comprar y quedárselo (arrancando lo de Lázaro Carreter con un cutter). Los 35 euros los vale de sobra.
*Fray Luis de León. De los nombres de Cristo. Edición, prólogo y notas de Javier San José Lera. Estudio preliminar de Fernando Lázaro Carreter, Barcelona, Galaxia Gutemberg - Círculo de Lectores, 2008, ISBN 978-84-8109-693-4

lunes, 6 de marzo de 2023

La edición modélica

De los nombres de Cristo de fray Luis es uno de los mejores libros en español, eso es así. 

En 2008 salió una excelente edición de Javier san José Lera, que elogié todo lo que pude y no tanto como se merecía, porque me enredé con un prólogo de Lázaro Carreter que me encocoró entonces. La introducción de Javier san José la elogié entusiasmado, tan excelente era. Luego he hablado y citado de esa edición todas las veces que he podido.

Pues en esta vida a veces se cumplen los deseos que uno ni se atrevía a imaginar: Javier san José ha sacado una edición revisada de De los nombres de Cristo en la colección canónica de la RAE. Ya no tiene el prólogo de Lázaro Carreter, ha podido corregir erratas y seguro que la ha actualizado y mejorado lo poco que se pudiera mejorar. El texto de fray Luis va a brillar ahí todavía más. Yo me lo voy a leer y voy a disfrutar una barbaridad. Os lo recomiendo vivamente, compradla, leedla, mayor maravilla de contenido y en la prosa en español no hay. 

Os copio un párrafo de la introducción:

El que un celebrado catedrático saliera a la luz pública en 1583 con una obra teológica en romance castellano no deja de ser una situación llamativa. Que lo hiciera, además, empleando una lengua no solo cuidada, sino pulida hasta el extremo, con sensibilidad y oído musical de lírico grande, es aún más excepcional. Fray Luis sabía que abría caminos nuevos para esa lengua, que defendía contra los juicios apresurados de quienes preferían ver tratadas materias tan altas en latín. Porque alto es el objetivo: llegar a explicar la esencia de Jesús desde sus nombres, los que le otorga en múltiples pasajes la Escritura. Y construir desde ellos toda una catedral que proclama la esencia de una teología cristiana, una philosophia Christi, a la vez paulina y agustiniana. Desde ese cuerpo de palabras elocuentemente hermoso asciende lo mejor del humanismo cristiano hasta alcanzar la cumbre por tres laderas que confluyen en lo más alto: por una sube el conocimiento preciso de la tradición bíblica; por otra asciende el flujo memorable de la tradición clásica, griega y latina; y por la tercera, la gran renovación renacentista en contenidos, estructuras y lenguaje (ix-x).

lunes, 1 de marzo de 2010

Santa Desvergüenza

Leía esto de san Josemaría y como debía de tener fresco lo que escribió Suso me llamó la atención lo que está en negritas:
Las palabras no pueden seguir al corazón, que se emociona ante la bondad de Dios. Nos dice: tú eres mi hijo. No un extraño, no un siervo benévolamente tratado, no un amigo, que ya sería mucho. ¡Hijo! Nos concede vía libre para que vivamos con El la piedad del hijo y, me atrevería a afirmar, también la desvergüenza del hijo de un Padre, que es incapaz de negarle nada.
En realidad lo de la desvergüenza (la 'santa desvergüenza') lo acuñó ya san Josemaría en los años 30. Y escandalizó entonces y sigue escandalizando todavía, qué le vamos a hacer.

Y en la relectura de ahora de De los nombres de Cristo, en Príncipe de Paz (San José Lera 2008: 266) me encontré esto que tan bien dice fray Luis:
Queda, pues, concluido que la gracia, como es semejanza de Dios, entrando en nuestra alma y prendiendo luego su fuerza en la voluntad della, la hace por participación, como de suyo es la de Dios, ley e inclinación y deseo de todo aquello que es justo y que es bueno. Pues hecho esto, luego por orden secreta y maravillosa se comienza a pacificar el reino del alma, y a concertar lo que en ella estaba encontrado, y a ser desterrado de allí todo lo bullicioso y desasosegado que la turbaba; y descúbrese entonces la paz, y muestra la luz de su rostro, y sube, y crece y, finalmente, queda reina y señora.
Porque, lo primero, en estando aficionada por virtud de la gracia, en la manera que habemos dicho, la voluntad, luego calla y desaparece el temor horrible de la ira de Dios, que le movía cruda guerra y que, poniéndosele cada momento delante, la traía sobresaltada y atónita. Así lo dice San Pablo: «Justificados con la gracia, luego tenemos paz con Dios.» [Rm. 5,1] Porque no le miramos ya como a juez airado, sino como a padre amoroso, ni le concebimos ya como a enemigo nuestro poderoso y sangriento, sino como a amigo dulce y blando. Y como, por medio de la gracia, nuestra voluntad se conforma y se asemeja con él, amamos a lo que se nos parece, y confiamos por el mismo caso que nos ama Él como a sus semejantes.

viernes, 14 de enero de 2011

Cordero dice mansedumbre

(...) "cordero" dice 'mansedumbre', y esto se nos viene a los ojos luego que oímos "cordero", y, con ello, la mucha razón con que de Cristo se dice, por el estremo de mansedumbre que tiene, ansí en el trato como en el sufrimiento; ansí en lo que por nosotros sufrió como en lo que cada día nos sufre. (...) Y respondió bien con las palabras la blandura de su acogimiento con todos los que se llegaron a Él por gozarle cuando vivió nuestra vida: con los humildes, humilde; con los más despreciados y más bajos, más amoroso; y con los pecadores que se conocían, dulcísimo.
(...) Mas ¿qué maravilla que no se enfadase entonces cuando vivía en el suelo, el que ahora en el cielo, donde vive tan exento de nuestras miserias, y declarado por rey universal de todas las cosas, tiene por bueno de venirse en el sacramento a vivir con nosotros, y lleva con mansedumbre verse rodeado de mil impertinencias y vilezas de hombres, y no hay aldea de tan pocos vecinos adonde no sea casi como uno de sus vecinos en su iglesia nuestro Cordero, blando, manso, sufrido a todos los estados?
Fray Luis de León, De los nombres de Cristo, III, Cordero, p. 396-7 San José Lera.

Y a mí me recordó esto de san Josemaría.

viernes, 18 de mayo de 2012

Dos partes del alma

Es un texto un poco largo, pero quizá alguien lo lea y descubra a Fray Luis de León, en este caso con algo que complementa muy bien lo de Newman de hace dos días*:
De arte que, según aquesto, tiene tres grados este nacimiento y crecimiento de Cristo en nosotros: el primero, de niño, en que comprendemos la niñez y la mocedad, lo principiante y lo aprovechante, que decir solemos; el segundo, de más perfecto; el último, de perfecto del todo. En el primero nace y vive en la más alta parte del alma; en el segundo, en aquella y en la que llamamos parte inferior; en el tercero, en esto y en todo el cuerpo del todo. Al primero podemos llamar estado de ley por las razones que diremos luego; el segundo es estado de gracia; y el tercero y último, estado de gloria. Y digamos de cada uno por sí, presuponiendo primero que en nuestra alma, como sabéis, hay dos partes: una divina, que de su hechura y metal mira al cielo y apetece cuanto de suyo es -si no la estorban, o oscurecen. o llevan lo que es razón y justicia-, inmortal de su naturaleza, y muy hábil para estar sin mudarse en la contemplación y en el amor de las cosas eternas; otra de menos quilates, que mira a la tierra y que se comunica con el cuerpo, con quien tiene deudo y amistad, sujeta a las pasiones y mudanzas dél, que la turban y alteran con diversas olas de afectos; que teme, que se acongoja, que cobdicia, que llora, que se engríe y ufana, y que, finalmente, por el parentesco que con la carne tiene, no puede hacer sin su compañía estas obras.
Estas dos partes son como hermanas nacidas de un vientre, en una naturaleza misma, y son de ordinario entre sí contrarias, y riñen, y se hacen guerra. Y siendo la ley que esta segunda se gobierne siempre por la primera, a las veces, como rebelde y furiosa, toma las riendas ella del gobierno y hace fuerza a la mejor; lo cual le es vicioso, así como le es natural el deleite, y el alegrarse, y el sentir en sí los demás afectos que la parte mayor le ordenare; y son propiamente la una como el cielo y la otra como la tierra, y como un Jacob y un Esaú, concebidos juntos en un vientre, que entre sí pelean, como diremos más largamente después.
Esto así dicho, decimos agora que cuando el alma aborrece su maldad y Cristo comienza a nacer en ella, pone su espíritu, como decíamos, en el medio y en el centro, que es en la substancia del alma, y prende luego su virtud en la primera parte della, la parte que de estas dos que decíamos es la más alta y la mejor. Y vive Cristo allí en el primer estado de este nacimiento, ejercitando en aquella parte su vida, esto es, alumbrándola, y enderezándola, y renovándola, y componiéndola, y dándole salud y fuerzas para que con valor ejercite su oficio. Mas a la otra parte menor, en este primer estado, el espíritu de Cristo, que en lo alto del alma vive, no le desarraiga sus bríos, porque aún no vive en aquesta parte baja; mas aunque no viva en ella como señor pacífico, dale ayo y maestro que gobierne aquella niñez, y el ayo es la parte mayor, en que él ya vive, o él mismo, según que vive en ella, es el ayo desta parte menor, que desde su lugar alto le da leyes por donde viva, y le hace que se conozca, y le va a la mano si se mueve contra lo que se le manda, y la riñe y la aflige con amenazas y miedos; de donde resulta contradicción y agonía, y servidumbre y trabajo.
Y lo que sigue es todavía más interesante.

*De los nombres de Cristo, 3 (Hijo de Dios), p. 383 de la edición de San José Lera (con negritas y subrayados míos)

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Mejores de 2011 (1)

Mejores libros de los que he leído en 2011, en orden alfabético

Julio Caro Baroja, Los Baroja (Memorias familiares) (Madrid, Taurus, 1978).
Isabel Escudero, Fiat umbra (Pre-textos, Valencia, 2007) y Nunca se sabe (Pre-textos, Valencia, 2010)
Enrique García-Máiquez, De ida y vuelta (La isla de Siltolá, Sevilla, 2011).
Fina García Marruz, El instante raro (Antología poética) (Pre-textos, Valencia, 2010).
Jerónimo Gracián de la Madre de Dios OCD, Peregrinación de Anastasio (Barcelona, Juan Flors, 1966)
José Jiménez Lozano, Libro de visitantes (Encuentro, Madrid, 2007) y La estación que gusta al cuco (Pre-textos, Valencia, 2010).
Fray Luis de León, De los nombres de Cristo, edición de Javier san José Lera (Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2008).
Leslie Kane (ed.), Conversaciones con David Mamet (Alba, Barcelona, 2005).
Gregorio Luri Medrano, Introducción al vocabulario de Platón (Fundación ECOEM, Sevilla, 2011)
Efrén de la Madre de Dios OCD y Otger Steggink OCD, Tiempo y vida de santa Teresa (BAC, Madrid, 1982).
José Mateos, Canciones (Pre-textos, Valencia, 2000).
Joseph Ratzinger, Jesús de Nazareth 2 (Encuentro, Madrid, 2011) e Imágenes de la esperanza. Itinerarios del año litúrgico (Encuentro, Madrid, 1998).
Roberto Rondanina, Simone Weil, mística y revolucionaria (San Pablo, Madrid, 2004).
Andrés Trapiello, Apenas sensitivo (Pre-textos, Valencia, 2011) y Los vagamundos (Barril & Barral, Barcelona, 2011).
Miguel de Unamuno, De mi país (Obras completas 6, Turner, Madrid, 2004).
Evelyn Waugh, Cuentos completos (RBA, Barcelona, 2011) y Rendición incondicional (Cátedra, Madrid, 2011).
Simone Weil, La fuente griega (Trotta, Madrid, 2005).

martes, 7 de marzo de 2023

Describir una huerta

No me aguanté las ganas y me puse a leer el estudio de Javier san José Lera a su nueva edición de De los nombres de Cristo y en una nota* recoge, de un Catálogo de las cosas que más comúnmente describen los que predican, cómo había que hablar de una huerta:

Una güerta se describe del lugar donde está, si lejos o cerca de la ciudad, si es sano el sitio, de la variedad de árboles y frutales, si hay alguna fruta o árboles raros; del agua con que se riega, de las tablas de hortaliza, de los pájaros que hacen nido en los árboles, de los parrales, del aparejo para holgarse por la soledad, por las siestas; si tiene algún río cerca, alguna acequia; de los encañados.

 Maravilloso, ¿no? Luego me acordé de las huertas que pintaba Miró de joven:

*p. 493-4, n. 47, donde recoge el increíble texto 15 del manuscrito 6513 de la Biblioteca Nacional de España, que toma de Luisa López Grigera, La retórica en la España del Siglo de Oro, Salamanca, 1994, 149.

viernes, 26 de febrero de 2010

La flaqueza contra el poder

Fray Luis de León, De los nombres de Cristo, Monte (p. 117-8 San José Lera):
[A Cristo] Lucifer (...) comenzole a aborrecer luego que, habiéndoles a él y a algunos otros ángeles revelado Dios alguna parte deste su consejo y misterio, conoció que disponía Dios de hacer príncipe universal de todas las cosas a un hombre. (...) Porque volviendo los ojos a sí, y considerando soberbiamente la perfección altísima de sus naturales, y mirando juntamente con esto el singular grado de gracias y dones de que le había dotado Dios, más que a otro ángel alguno, contento de sí y miserablemente desvanecido, apeteció para sí aquella excelencia; y de apetecerla vino a no sujetarse a la orden y decreto de Dios, y a salir de su santa obediencia, y a trocar la gracia en soberbia: por donde fue hecho cabeza de todo lo arrogante y soberbio, así como lo es Cristo de todo lo llano y humilde.
Y como del que, en la escalera, bajando, pierde algún paso, no para su caída en un escalón, sino de uno en otro llega hasta el postrero cayendo, así Lucifer, de la desobediencia para con Dios cayó en el aborrecimiento de Cristo, concibiendo contra Él primero envidia y después sangrienta enemistad, y de la enemistad nació en él absoluta determinación de hacerle guerra siempre con todas sus fuerzas. (...)
En la cual guerra y contienda, peleando siempre contra la flaqueza el poder, y contra la humildad la soberbia y la maña, y la astucia contra la sencillez y bondad, al fin quedan aquéllos vencidos pareciendo que vencen.

lunes, 15 de abril de 2024

miércoles, 1 de octubre de 2008

Qué bien

Me he leído ya la introducción que hace Javier San José Lera a su edición de De los nombres de Cristo de fray Luis de León. No es que yo sepa todo del tema, pero me parecía estar en una gran tarde de toros: en cada apartado, casi en cada párrafo, yo que me arrancaba y decía olé, así se dice, pero qué temple, cómo torea el tema, qué bien llevado el toro a los medios, sí, así es. Ha sido como una inmersión en lo mejor que puede dar la filología hispánica actualmente, un placer, una delicia.
Y el inicio de la obra de fray Luis, ese prólogo maravilloso y la introducción del diálogo, ese paisaje mínimo que está puesto allí con sabiduría suma, esos personajes, el texto limpio de polvo y paja, y sin arqueologismos. Ahora estoy en la explicación de los nombres en general y leo las notas y la garganta se me rompe de tanto ole trémulo.
Pero cómo voy a disfrutar de esta edición de fray Luis que ha hecho Javier San José.

jueves, 2 de octubre de 2008

Alegría

Estoy muy contento por tantas cosas. Y esta mañana he leído esto de fray Luis*:
Y comenzando de lo postrero, digo que es grande verdad que Dios está presente en nosotros, y tan vecino y tan dentro de nuestro ser como Él mismo de sí; porque en Él por Él, no sólo nos movemos y respiramos, sino también vivimos y tenemos ser, como lo confiesa y predica San Pablo. Pero así nos está presente, que en esta vida nunca nos es presente. Quiero decir que está presente y junto con nuestro ser, pero muy lejos de nuestra vista y del conocimiento claro que nuestro entendimiento apetece. Por lo cual convino, o por mejor decir, fue necesario, que entre tanto que andamos peregrinos dél en estas tierras de lágrimas, ya que no se nos manifiesta ni se junta con nuestra alma su cara, tuviésemos, en lugar della, en la boca algún nombre y palabra, y en el entendimiento alguna figura suya, como quiera que ella sea imperfecta y escura, y, como San Pablo llama, enigmática. Porque, cuando volare de esta cárcel de tierra en que agora nuestra alma, presa, trabaja y afana como metida en tinieblas, y saliere a lo claro y a lo puro de aquella luz, Él mismo, que se junta con nuestro ser agora, se juntará con nuestro entendimiento entonces; y Él por sí y sin medio de otra tercera imagen estará junto a la vista del alma; y no será entonces su nombre otro que Él mismo, en la forma y manera que fuere visto; y cada uno le nombrará con todo lo que viere y conociere dél, esto es, con el mismo ÉL; así y de la misma manera como le conociere.
Y por esto dice San Juan en el libro del Apocalipsi, que Dios a los suyos, en aquella felicidad, demás de que les enjugará las lágrimas y les borrará de la memoria los duelos pasados, les dará a cada uno una pedrecilla menuda, y en ella un nombre escrito, el cual sólo el que la recibe le conoce. Que no es otra cosa sino el tanto de sí y de su esencia que comunicará Dios con la vista y entendimiento de cada uno de los bienaventurados; que con ser uno en todos, con cada uno será en diferente grado y por una forma de sentimiento cierta y singular para cada uno. Y finalmente, este nombre secreto que dice San Juan, y el nombre con que entonces nombraremos a Dios, será todo aquello que entonces en nuestra alma será Dios, el cual, como dice San Pablo, «será en todos todas las cosas».
De los nombres de Cristo, ed. San José Lera [aunque he puesto en mayúscula los pronombres referidos a Dios], p. 32-3, cap. De los nombres en general [Aquí una edición antigua en línea, en la Biblioteca de Autor de BVCervantes].

miércoles, 2 de marzo de 2011

Vida como comedia nada heroica

Ya lo mencionó Curtius, pero yo me encontré la frase de que La vida del hombre sobre la tierra es comedia en la excelente edición de los Nombres de Cristo de Javier san José Lera (p. 738).
De ahí me fui al texto de Juan de Salisbury (Polycraticus 3.7.10 y 3.8.1, capítulo sobre la Comedia o tragedia mundana):
Cum fortuna manet, vultum servatis amici, Cum cecidit, turpi vertitis ora fuga. Grex agit in scena mimum, pater ille vocatur, Filius hic, nomen divitis ille tenet. (...)
Et quidem eleganti utitur similitudine, quia fere quidquid in turba profanae multitudinis agitur, comoediae quam rei gestae similius est. Militia est, inquit, vita hominis super terram [Iob 7.1]. At si nostra tempora propheticus spiritus concepisset, dicetur egregie quia Comoedia est vita hominis super terram, ubi quisque sui oblitus, personam exprimit alienam.

Mientras dura la fortuna, conserváis la faz de amigo; cuando cae, volvéis los rostros a una torpe huida. La muchedumbre representa en el escenario un mimo: ese es llamado padre, hijo este, ese tiene nombre de rico (...).
Y se sirve de una muy elegante comparación, porque casi todo lo que se hace entre la turba de la multitud profana tiene más aire de comedia que de hazaña heroica. "Milicia es" -dice- "la vida del hombre sobre la tierra" [Job, 7,1]. Pero si nuestros tiempos los concibiese el espíritu profético, se diría muy propiamente que Comedia es la vida del hombre sobre la tierra, donde cada uno, olvidado de sí, representa otro personaje.
De la vida como milicia de Job, que Salisbury entiende como heroica, hemos pasado -dice, él, en el siglo XII- a una vida como comedia: nada heroica, donde todo es distinto.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Polisíndeton pastoril

Fray Luis, De los nombres de Cristo, Pastor (p. 84 San José Lera):
Y sea la tercera lo que toca a su oficio, que aunque es oficio de gobernar y regir, pero es muy diferente de los otros gobiernos. Porque lo uno, su gobierno no consiste en dar leyes ni en poner mandamientos, sino en apacentar y alimentar a los que gobierna. Y lo segundo, no guarda una regla generalmente con todos y en todos los tiempos, sino en cada tiempo y en cada ocasión ordena su gobierno conforme al caso particular del que rige. Lo tercero, no es gobierno el suyo que se reparte y ejercita por muchos ministros, sino él solo administra todo lo que a su grey le conviene: que él la apasta, y la abreva, y la baña y la trasquila, y la cura, y la castiga, y la reposa, y la recrea y hace música, y la ampara y defiende. Y últimamente, es proprio de su oficio recoger lo esparcido y traer a un rebaño a muchos, que de suyo cada uno de ellos caminara por sí. Por donde las Sagradas Letras, de lo esparcido y descarriado y perdido dicen siempre que son como ovejas que no tienen pastor; como en San Mateo se ve y en libro de los Reyes, y en otros lugares.
De manera que la vida del pastor es inocente y sosegada y deleitosa; y la condición de su estado es inclinada al amor; y su ejercicio es gobernar dando pasto y acomodando su gobierno a las condiciones particulares de cada uno, y siendo él sólo para los que gobierna todo lo que le es necesario, y enderezando siempre su obra a esto, que es hacer rebaño y grey.
Y es el tercer polisíndeton que pongo, después de este y este otro, del mismo capítulo.

domingo, 19 de octubre de 2008

Faces de Dios

Después del nombre Pimpollo (deslumbrante la explicación de que Dios crea todo el Universo para preparar la venida de Cristo), en el nombre Faces de Dios tampoco se queda manco fray Luis. Sólo dos pasajes*:

1. p. 61: Y comencemos por el cuerpo [de Cristo], que es lo primero y más descubierto. En el cual, aunque no le vemos, mas por la relación que tenemos dél, y entretanto que viene aquel bienaventurado día en que por su bondad infinita esperamos verle amigo para nosotros y alegre, así que, dado que no le veamos, pero pongamos ahora con la fe los ojos en aquel rostro divino y en aquellas figuras dél, figuradas con el dedo del Espíritu Santo, y miremos el semblante hermoso y la postura grave y suave, y aquellos ojos y boca, ésta nadando siempre en dulzura, y aquéllos muy más claros y resplandecientes que el sol, y miremos toda la compostura del cuerpo, su estado, su movimiento, sus miembros concebidos en la misma pureza y dotados de inestimable belleza. [y leed la traducción que hace a continuación del Cantar de los Cantares]

p.65 Él dice de sí que es manso y humilde, y nos convida a que aprendamos a serlo dél. Y mucho antes el profeta Isaías, viéndolo en espíritu, nos le pintó con las mismas condiciones, diciendo: «No dará voces ni será aceptador de personas, y su voz no sonará fuera. A la caña quebrantada no quebrará, ni sabrá hacer mal ni aun a una poca de estopa que echa humo. No será acedo ni revoltoso.» Y no se ha de entender que es Cristo manso y humilde por virtud de la gracia que tiene solamente, sino, así como por inclinación natural son bien inclinados los hombres, unos a una virtud y otros a otra, así también la humanidad de Cristo, de su natural compostura, es de condición llena de llaneza y mansedumbre. (...) El cual, con ser tan manso (como la enormidad de nuestros pecados y la grandeza de los perdones suyos -y no sólo de los perdones, sino de las maneras que ha usado para nos perdonar- lo testifican y enseñan) es también tan alto y tan grande como lo pide el nombre de Dios (...). Y juntamente con esta inmensidad de grandeza y celsitud [=excelsitud] podemos decir que se humilla tanto y se allana con sus criaturas, que tiene cuenta con los pajaricos, y provee a las hormigas, y pinta las flores, y desciende hasta lo más bajo del centro y hasta los más viles gusanos. Y, lo que es más claro argumento de su llana bondad, mantiene y acaricia a los pecadores, y los alumbra con esta luz hermosa que vemos; y, estando altísimo en sí, se abaja con sus criaturas, y, como dice el salmo, estando en el cielo, está también en la tierra.

*Como siempre cortopego de aquí, corrijo el texto con la edición recentísima de San José Lera -salvo en los pronombres personales referidos a Dios, que mantengo en mayúscula- y pongo en negrita lo que más me asombra, con admirar todo lo que escribe fray Luis en este libro.

miércoles, 29 de junio de 2011

Cristo en el alma

Desagraviemos a fray Luis volviendo a sus palabras:
Que a la ley dura que puso el pecado en nuestra carne, y a lo que heredamos del primer hombre y que es hombre viejo en nosotros, lo llama bien «yugo de pesadumbre», porque es carga muy enlazada a nosotros, y que mucho nos enlaza; y «vara de su hombro» porque con ella, como con vara de castigo, nos azota el demonio. Y dice «de su hombro», por semejanza de los verdugos y ministros antiguos de justicia, que traían al hombro el manojo de varas con que herían a los condenados. Y es «cetro de ejecutor», y «en nosotros», porque, por medio de la mala inclinación del viejo hombre que reside en nuestra carne, ejecuta el enemigo su voluntad en nosotros. Lo cual todo quebranta Cristo cuando de lo alto del alma estiende su vida a la parte baja della, y viene como a nacer en la carne. Y «quebrántalo como en el día de Madián». Que ya sabéis en qué forma alcanzó victoria Gedeón de los madianitas, sin sus armas y con sólo quebrar los cántaros y resplandecer la luz que encerraban, y con tocar las trompetas.
Porque comenzar Cristo a nacer en nosotros no es cosa de nuestro mérito, sino obra de su mucha virtud, que primero, como luz metida en el medio del alma, se encierra allí, y después se descubre y resplandece, quebrantando lo terreno y carnal del sentido. A cuyo resplandor, y al sonido que hace la voz de Cristo en el alma, huyen los enemigos y mueren. Y como en el sueño que entonces vio uno de los del pueblo contrario, un pan de cebada, y cocido entre la ceniza, que se revolvía por el real de los enemigos, tocando las tiendas, las derrocaba [Jue. 7.13], así aquí Cristo, que es pan despreciado al parecer y cocido en trabajos, revolviéndose por los sentidos del alma, pone por el suelo los asientos de la maldad que nos hacen guerra, y finalmente, los abrasa y consume, como dice luego el Profeta: «Que toda la presa o pelea peleada con alboroto, y la vestidura revuelta en las sangres, será para ser quemada, será mantenimiento de fuego.» Y dice bien «la pelea peleada con alboroto», cuales son las contradicciones que los deseos malos, cuando se encienden, hacen a la razón, y las polvaredas que levantan, y su alboroto y su ruido.
Que así sea.

Fray Luis de León. De los nombres de Cristo III, Hijo de Dios, p. 391-2 San José Lera.

lunes, 13 de octubre de 2008

Aurora y María

Parece mentira, pero con esta son 27 entradas las que le dedicamos ya a la Aurora en este blog (y que siga la fiesta, que aquí no voy a hacer lo de la closure).
Yo, como amo lo pagano (pero no lo paganizante) y lo cristiano, me he llevado hoy un (otro) alegrón al acabar el capítulo de Pimpollo de De los nombres de Cristo y encontrarme la Aurora, pero la bíblica, que resulta que es María [como otras veces, copio el texto de aquí y lo corrijo mirando la edición de San José Lera; y aparte pongo en negrita lo que me llama más la atención]:

«En resplandores de santidad del vientre y del aurora, contigo el rocío de tu nacimiento» [Sal. 109.3]. En las cuales palabras, y no por una dellas, sino casi por todas, se dice y se descubre este misterio que digo. Porque lo primero, cierto es que habla en este Salmo con Cristo el Profeta. Y lo segundo, también es manifiesto que habla en este verso de su concepción y nacimiento, y las palabras «vientre» y «nacimiento», que, según la propiedad original, también se puede llamar «generación», lo demuestran abiertamente.
(...)

Lo que luego se sigue de «aurora» y de «rocío», por galana manera declara lo mismo. Porque es una comparación encubierta, que, si la descubrimos, sonará así: en el vientre -conviene a saber, de tu madre-, serás engendrado como en la aurora, esto es, como lo que en aquella sazón de tiempo se engendra en el campo con sólo el rocío, que entonces desciende del cielo, y no con riego ni con sudor humano. Y últimamente, para decirlo del todo, añadió: «conmigo el rocío de tu nacimiento.» Que porque había comparado al aurora el vientre de la madre, y porque en el aurora cae el rocío con que se fecunda la tierra, prosiguiendo en su semejanza, a la virtud de la generación llamóla rocío también.

Y aquí tenéis un antecedente claro del villancico caído se le ha un clavel / hoy a la Aurora del seno.
Y claro, los que querrían un Renacimiento pagano (o al menos heterodoxo), se encuentran con que fray Luis defiende la virginidad de María con textos del antiguo Testamento y que la identifica con la Aurora (pero la bíblica) y no les gusta el Renacimiento español y dicen que aquí no hubo.