martes, 22 de julio de 2014

Jesús fingiendo que se va de Emaús

Al llegar a Emaús Jesús hace como que se va, pero los dos discípulos le piden que se quede. Debía de formar parte de las buenas maneras, como ahora, amagar con irse para que los anfitriones insistieran en que se quedase. Y se quedó.
Eso está en un verbo: Jesús «hizo como que» (24.28 προσεποιήσατο). San Lucas lo pone con una aliteración tremenda (en p, r, s, t): prosepoiésato porróteron poréuesthai προσεποιήσατο πορρώτερον πορεύεσθαι ('hizo como que más adelante iba a seguir').
A mí me recordó al uso del verbo en Lisias 1.12: una adúltera, prospoiuméne paídsein προσποιουμένη παίζειν -otra aliteración, pero más suave: 'haciendo como que estaba jugando') deja a su marido encerrado en su habitación de arriba para irse abajo con su amante.

Venga, la moraleja: Jesús ama la ficción, pero para respetar la libertad y al servicio de la verdad (y la mujer del labrador ateniense es un ser monstruoso, al menos tal como la pinta Lisias, que fue pagado por el marido para sacarle de una posible condena a muerte, por haberse cargado al amante de su mujer).

lunes, 21 de julio de 2014

Niños aquí

No lo había dicho aquí (me acordé por este gran comentario), pero Mi vecino Totoro es una película muy grande:



Y como cada disparata por lo suyo, yo quería añadir aquí que no he encontrado mejores presentaciones de la infancia y que más me hayan recordado cosas de la mía como estas tres películas japonesas: esa de Miyazaki, la excelentísima He nacido, pero..., de Ozu y El verano de Kikujiro, de Takeshi Kitano:



Lo digo porque nos aburren con eso de las diferencias culturales y con que lo que realmente importa es conocer el entorno y que las culturas son incomunicables. Puro bullshit.

viernes, 18 de julio de 2014

Os recomiendo vivamente esta entrevista a Carolina Martínez, que deja una carrera en el Derecho Penal para hacerse carmelita: «yo voy a entrar en 3 semanas y que sea lo que Dios quiera. Sí que me entra a veces como vértigo, porque va a ser un cambio de vida un poco radical, pero tengo muchísimas ganas». [ADDENDA: Y aquí, una entrevista en el Diario de Navarra:
]

De hace pocos días es esto, la toma de hábito de dos carmelitas. Es muy emocionante ver sus miradas y la profundidad de todo el rito: el ceñidor que otros les ciñen, el escapulario de estameña -yugo suave- que les visten, y que les parecen sedas, el nuevo nombre dado por el esposo y el tocado de las ya casadas:

jueves, 17 de julio de 2014

Gigante fingido

Miguel de Unamuno*:
Chiquillos del siglo XIX. Bien sabía yo que dentro iban barrenderos, pero qué grande fue mi desilusión cuando con mis ojos lo vi, cuando toqué el armazón de tan formidables colosos ¡mísero maniquí! (...) Allí podía verlos y tocarlos si quería y allí vi con amargo desconsuelo a los gigantes en armazón. (...) veía yo a través de sus flotantes vestidos el pobre armazón de su esqueleto, y sonreía desdeñosamente cuando me hacía observar algún amigo: Miate, miate, ¿no ves aquel bujerito que tienen allí? Pues pa que miren los barrenderos que van adentro. ¡Ay! ¡Si tuviéramos todos un bujerito por donde se nos viese el barrendero que llevamos dentro!
San Josemaría vería de pequeño los de Barbastro: Esto es de 1958 y está hablando de esos defectos propios que a veces agranda la soberbia herida:
Cuando veáis ese gigante dentro de vosotros, no olvidéis que es un gigante fingido. De cuando en cuando, cada uno tiene en su mundo interior un pequeño conflicto, que la soberbia se encarga de hacer grande, para darle importancia. No hagáis caso a esas pequeñas cosas. [La soberbia, de cuatro tablas hace un gigante], cuatro maderas y dentro un hombrecito pequeño, sin sustancia. No os dejéis engañar: ¡No vale la pena!
Jon Juaristi**
A Miguel le sobrecogían los gigantes y cabezudos de las fiestas estivales bilbaínas [aquí cita el artículo de arriba]. Como todos los niños, se llevó una gran sorpresa al descubrir que eran movidos, unos y otros, por personas reales, de carne y hueso. En Bilbao, representaban lo que en otras partes, el tiempo de los orígenes, antediluviano, cuando los descomunales nephilim poblaban la tierra. Sus cuatro parejas -Rey y Reina, Rey Moro y Reina Mora, los burgueses don Terencio y doña Tomasa, y el Aldeano y la Aldeana- restablecían las oposiciones básicas entre el nosotros y el ellos, dentro y fuera, orden y desorden que el Carnaval parecía haber abolido, es decir, la de cristianismo / paganismo y la de ciudad/campo.
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*"Los gigantes" [1887] (De mi país. En Obras completas 6, Turner, Madrid, 2004), p. 54-5
** Miguel de Unamuno, Taurus, Madrid, 2012, p. 78

miércoles, 16 de julio de 2014

Viendo adoraciones de reyes

Es una escena que se la voy enseñando a la gente mientras caminamos por Santiago: dentro de san Benito, detrás de Mazarelos, en la portada de la Corticela (la mejor), en san Fiz. También en Noia y en Iria Flavia. Hay variaciones sobre un esquema básico de adoración de los tres reyes a la Virgen y el Niño en el centro, con dos ángeles soltando incensarios a todo trapo. Lo más curioso es ver al oferente delante de san José (con la cachava, siempre apartado).

Esta escena es la más original y no se puede ver, porque está en el claustro de Santa Clara. En ella aparece una clarisa entre san Francisco y santa Clara y los Reyes y san José han perdido su silla:



La foto es de este amplio reportaje de El correo gallego.

martes, 15 de julio de 2014

Lazos, no círculos

Estos días por Galicia he podido abominar otra vez del mito del aislacionismo (o "aldea de Astérix", más persistente de lo que parece). Emparentada está la palabra 'celta', que varias veces los guías usaron de comodín para dejar volar la imaginación en torno a lo 'telúrico' originario.
El hecho es que -gracias a Dios- Galicia está enlazada: nos pasmamos ante los estrechos lazos con Asturias (en santa Eulalia de Bóveda), con Salamanca (el claustro de san Martín Pinario y el de la Clerecía de Salamanca, por no decir la palabra 'Fonseca'), las múltiples huellas de los mozárabes que desde Andalucía se vinieron aquí (y Zamora de por medio), de Mondoñedo con Flandes vía Viveiro (y con escalas luego en Canarias), de Gregorio Fernández, el gallego en Valladolid y sus obras traídas aquí.
Me gustó mucho encontrar en el grandioso Colegio de Monforte esta copia admirable de la imagen de nuestra Señora de la Antigua de Sevilla, que se trajo el Cardenal Fundador, de los Lemos, Rodrigo de Castro (Castro, ¿de los Castro de mi Castrojeriz?). Está puesta justo enfrente de su tumba:


Mala foto la mía, pero una muy buena (que no dejan copiar aquí) es esta (de una gran serie).

lunes, 14 de julio de 2014

De esquina a esquina

Estos últimos días he estado cruzando Galicia con dos amigos que saben un montón de arte. Mientras disfrutaba y aprendía como un idiota, hablábamos de si Platón preferiría su República a los Elementos de Euclides: este era el nivel, señores. Una fiesta intelectual ha sido esto -con buena comida de por medio, de Monforte a Ribadeo, de Noia a Catoira.
El momento de mayor bajón: la iglesia neogótica de Mondoñedo, con un calvario donde había sustituido a la Virgen por un Sagrado Corazón que miraba al crucifijo: weird!

La cumbre fue Santa Eulalia de Bóveda, uno de mis lugares preferidos de Galicia. Llegamos a la conclusión de que lo más lógico es que fuera un baptisterio paleocristiano. Ni celtas, ni ninfas, ni Cibeles ni taurobolios que valgan. Y era fascinante plantearse su influencia respecto al arte prerrománico asturiano.
Pero mirad los pavos reales:



jueves, 10 de julio de 2014

El cielo en Madrid - y 4

La cena la cuenta muy bien Suso: fue memorable.

La mañana siguiente me dio solo para acercarme al Museo de la Fundación Lázaro Galdiano, uno de los grandes Museos de España.
Me quedé parado ante el Maestro de Astorga.
Me pasmé con los flamencos: Isenbrandt, el Maestro del Follaje doradoMemlingMetsysAmbrosius Benson.
Había dos cuadritos de Cranach y uno de Constable: poquita cosa, pero que recordaban lo grandes que son los dos.
Grandes cosas de Goya en cuadritos bien pequeños.
Y Zurbarán (la Virgen de la Merced y una Inmaculada maravillosa).

Mi cuadro preferido: esta Santa Rosa de Lima de Murillo:


Son unos desposorios místicos, tema difícil, pero pintado con una ligereza, una delicadeza tan inmensas, con unas rosas tan de puro aire, que casi me echo a llorar allí delante. Hice fotos penosas a escondidas:

La firma ahí. ¿Veis que mínimos trazos para pintar las rosas y las hojas?


Ese poder de Murillo de pintar la carne, las telas.


"ROSA CORDIS MEI TU MIHI SPONSA ESTO" (Rosa, tú me serás esposa de mi corazón)

Y de ahí fui a Misa a los jesuitas de Serrano. Ante la tumba de san José María Rubio recé por todos vosotros, mis amigos.
Y vuelta feliz a Santiago en tren: las llanuras de cereales y Segovia al fondo.

miércoles, 9 de julio de 2014

El cielo en Madrid 3

Un madrugón, los clarines de Ryanair (-¡otro avión puntual!), los largos pasillos del metro, la intensa reunión y luego la emocionante comida de amigos y a pesar del cansancio acumulado apoyé la idea de ver el tesoro de las Mercedes en el Museo Naval, que pillaba cerca.
Debe de ser la peor visita que yo haya hecho a un Museo (que mereciera la pena) en mi vida: pasé delante del mapa de Juan de la Cosa (sin duda uno de los más importantes de la Historia) igualito que un curso completo de la ESO desfilaría ante las Meninas. Enrique nos dijo, para que nos fijáramos, que se hizo en El Puerto de Santa María: yo, ni caso. Deambulaba sin lograr fijar la atención en nada.
Cuando nos fuimos a casa de David y nos sentamos en aquel jardín y se formó una tertulia con Carmen, sus hijos maravillosos y la cocacola, todo volvió al orden. Como para no levantarse de allí en horas.

Y el momento Bradey que creé introduciendo justo ahí el factor "Misa" hasta contribuyó a la alegría de aquel día. Salí impresionado de la parroquia de san Josemaría: en Santiago las viejas y yo languidecemos en las respuestas; allí todo fue bien intenso, la piedad, las contestaciones, la atención. Hasta te olvidabas de los horrísonos relieves de arcilla del retablo (por suerte provisional).

martes, 8 de julio de 2014

El cielo en Madrid 2

En la puerta de los Jerónimos me estaban esperando. Había sido un milagro de la providencia (ordinaria) que pudiéramos coincidir todos allí desde Cataluña, Andalucía, Galicia y Madrid.

Pedí una ensalada César, que no había probado nunca, pero que me sonaba de las películas, y emperador de pendant. Y la pana cotta del postre tampoco sabía bien yo qué era, pero en la alegría de aquella comida todo animaba a salirse del carril (bueno, todo muy morigerado, como debía ser en aquella mesa de respetables comensales, que ni tenían el fútbol por metafísica ni el malditismo como presunción).

Yo abrí la faena metiéndome con los romanos en general, acogiéndome a Simone Weil. Ahora, al recordarlo, me río: la desaprobación de todos -sed magis amica veritas- fue bien amable.

Criticamos solo a quien se lo merecía y entre distingos. Salieron recomendaciones de libros para dar y tomar. Nos dolimos de verdad y con detenimiento de los males de la patria, sin acertar a vislumbrar una salida, pero ya digo, tan contentos.

Y nos pasmamos ante el enigma de Simone Weil. Justo ayer leí esto de Flannery O'Connor (CW 1014):
Simone Weil es un misterio que tendría que hacernos a todos humildes, y que a mí me hace más falta que a la mayor parte de la gente. Además, es ejemplo de una conciencia religiosa sin religión que puede que antes o después yo sea capaz de tratar en mi obra.
Simone Weil is a mystery that should keep us all humble, and I need it more than most. Also she's the example of the religious consciousness without a religion which maybe sooner or later I will be able to write about.
Pero Flannery se murió sin tiempo de crear personajes como Simone Weil.