lunes, 14 de octubre de 2019

San John Henry

Ya es santo el pobre John Henry Newman, ese que veía su vida como "una sucesión de fracasos" (gran artículo sobre ello de Ian Ker) y qué bien que lo sea.

Hace unos meses alguien se quejaba, en una comida a la que asistí, de esos que hablan tanto de gente de fuera, como Newman y Waugh: yo no me di por aludido, al menos al principio, pero sigo a lo mío, a continuar leyendo a ambos todavía más, al santo Newman y al pecador Waugh, grandísimos escritores los dos.

Y por si queréis animaros a conocerlo, algunas indicaciones:
Yo empezaría con Perder y ganar, su novela autobiográfica (¡eh, que es el primer santo novelista, dicen aquí!), reeditada ahora por Encuentro. Como buena parte de lo que tenemos traducido, el poder leerla en excelente español se lo debemos a Víctor García Ruiz.
Es una novela biográfica y de ideas y no diré que es divertida o entretenida (y hay gente que parece lista y a la que no le gusta), pero a mí sí que me gustó mucho, cuando la leí y cuando la releí.
Escribió otra novela, Calixta, que no he leído, pero que creo que sí que voy a intentar leer pronto.

La Apología es otro gran libro, al menos para aburridos como yo (ya aviso). Ahora ha salido en una edición conmemorativa con +extras. Seguro que en inglés será todavía mejor, pero lo bueno, es bueno en cualquier idioma, al menos si la traducción es rigurosa, como es el caso (otra vez de V. García Ruiz).

Yo, recomendar ocho volúmenes de sermones, y de un anglicano, por más que acabase siendo santo, no sé si me atrevería, pero sí, me voy a atrever: ¡cuidado, sólo para gente con aguante y para leerlo a poquitos, que no hay prisa! Cada sermón es una maravilla.

El último libro que leí es el del Viaje al Mediterráneo: menor quizá, pero al final un gran libro.

Pero bueno, mirad todo lo que he ido poniendo yo por aquí, que tengo unas citas excelentes y algún comentario que espero que sea pertinente.

viernes, 11 de octubre de 2019

El deseo de acabar el surco

El escudo que el dios Hefesto (=Vulcano es su parelelo romano, el de la fragua) le hizo a Aquiles es un prodigio, pero de palabras, porque no parecería que pudiera existir en la realidad un escudo así, tan repleto de escenas y de tal intensidad narrativa. Yo, desde que vi las puertas del baptisterio de Florencia de Ghiberti, lo que sí me creo es que pudiera lograr esa finura de representación del bronce dorado donde los surcos de oro ya formados se diferencian del resto del campo que va recorriendo la yunta.
Pero mirad cómo lo cuenta Homero: Hefesto representaba en el escudo una escena de arado; acaban un surco y alguien les dan de beber:
           y ellos volvían otra vez a los surcos,
anhelantes por llegar al final del barbecho profundo.
Y ese ennegrecía detrás de ellos y de lugar arado la apariencia tenía,
aunque áureo era: admirable, sí, su fábrica era.
           τοὶ δὲ στρέψασκον ἀν᾽ ὄγμους,
ἱέμενοι νειοῖο βαθείης τέλσον ἱκέσθαι.
ἡ δὲ μελαίνετ᾽ ὄπισθεν, ἀρηρομένῃ δὲ ἐῴκει,
χρυσείη περ ἐοῦσα· τὸ δὴ περὶ θαῦμα τέτυκτο (18.546-50; trad. L. M. Macía Aparicio).

jueves, 10 de octubre de 2019

Italia 25 - Florencia 11 - El Hospital de los Inocentes

Los amigos con los que había hecho el viaje hasta entonces se volvían ya; y yo ya me iba a quedar tres semanas en Florencia, pero en otro plan. Parecía que estaba todo el pescado vendido, pero todavía nos dio tiempo, la última tarde, de ver el hospital de los Inocentes, de Brunelleschi, uno de los primeros orfanatos de Europa.



Esos niños aparecen representados en esos impresionantes tondos entre las columnas, de Andrea della Robbia, nada menos. Dos de ellos los pudimos ver de cerca dentro:




Y sobre todo allí estaba un cuadro de Ghirlandaio en el que los niños inocentes matados por Herodes adoran al Niño. Miradlos, con las heridas en los brazos, los hombros y la cara:
[wikimedia, claro]






[esta, de wikimedia]

Es una escena a la vez de Adoración de los Reyes, pero con la anacronía de un san Juan Bautista ya mayor, quizá para no confundirlo con los Inocentes:


Aquí los reyes: Mirad la copa de cristal, las plantas del suelo; bueno, todo:




Las plantas:

miércoles, 9 de octubre de 2019

La última celebración del beato John Henry Newman

Eso es así porque a partir del domingo ya no habrá «beato», sino que será san John Henry (o Juan Enrique, por qué no) Newman. He estado leyendo Via media. (el volumen II; aparte está el tracto 90), donde recogió textos de esa época en la que pensaba que la Iglesia Anglicana era el medio perfecto entre los excesos de los luteranos y los de los católicos. Me ha impresionado una barbaridad, otra vez más, su honradez intelectual y he podido constatar hasta qué punto era anglicano y hasta qué extremos era inglés, hasta las cachas. Que se hiciera católico es para mí un milagro de los gordos, pero de los gordos, gordos.
Yo pensaba que sería un libro aburrido. No es para menos si ves que un capítulo es «La restauración de los obispos sufragáneos», pero hasta ese me acabó interesando. O me he vuelto muy aburrido en mis lecturas (y creo que sí) o es que Newman es alguien siempre grande como escritor.
Hay un capítulo en el que discute un ataque que un catedrático de Oxford había hecho al libro de su amigo Hurrell Froude, ese con el que se fue al Mediterráneo de viaje, que era percibido como «demasiado ladeado hacia lo católico». Ahí aparece, al principio, este párrafo esplendoroso:
Estoy seguro de que, cuanto más se remuevan esas opiniones que usted censura, más se extenderán. De esto hemos tenido abundantes pruebas durante el curso de los últimos años. Sean cuales sean los errores y faltas de sus defensores, esas opiniones tienen en sí esa raíz de verdad que -lo creo firmemente- lleva aparejada una bendición. No pretendo decir que llegarán a ser tremendamente populares: esa es otra cuestión; la Verdad no es nunca -o, al menos, nunca lo es por mucho tiempo- popular; y tampoco digo que tendrán sobre la mayoría esa externa influencia que a menudo ha poseído esa Verdad que ha sido patrimonio de unos pocos, los cuales la han valorado, entronizado y recibido de ella su fuerza; ni tampoco que no estén destinadas -como lo ha estado a menudo la Verdad- a ser repudiadas o pisoteadas como algo odioso. Pero de esto sí estoy seguro: que, en esta coyuntura, en la medida en que esas opiniones sean conocidas, se abrirán camino en la comunidad, haciéndose con lo que es suyo y buscando y encontrando refugio en los corazones de cristianos, de arriba y de abajo, aquí y allá, con este hombre y con aquel, según sea el caso; y harán su labor en su día, y constituirán un memorial y un testimonio para esta generación caída de lo que ha sido, de lo que Dios siempre ha tenido y de lo que será un día en la perfección; y eso, no por lo que son en sí mismas, ya que, cuando se las observa en lo concreto, están mezcladas -como sucede con todo lo humano- con el error y la enfermedad, sino por razón del espíritu, la verdad y la antigua vida y poder católicos que hay en ellas (p. 192).
La traducción, sobresaliente, en un volumen tremendamente bien editado y con índices y explicaciones excelentes, es de José Gabriel Rodríguez Pazos, al que no tengo el gusto de conocer, pero al que le estoy tremendamente agradecido por el libro.

martes, 8 de octubre de 2019

Italia 24 - Florencia 10 - Pollaiuolo y van der Goes en los Uffizi

En los Uffizi también nos paramos en Pollaiuolo. Y yo, especialmente en esta tabla que estuvo antes en una capilla de san Miniato, donde está enterrado un cardenal portugués, con cosas de della Robbia, que visité dos días después. El del medio es Santiago apóstol:

[wikimedia]

Una pequeña concha de peregrino en el sombrero:


Y así es como estaba en san Miniato:

[wikimedia]

Era un museo italiano, así que fue un tantazo el de un flamenco metiendo un gol por toda la escuadra: Hugo van der Goes nos robó el corazón con el tríptico Portinari, enorme, que hizo para una familia de comerciantes italianos y que revolucionó Florencia cuando lo llevaron allí a finales del XV (por ejemplo le copió las figuras de pastores Ghirlandaio; y muchos otros, otras cosas).


[wikimedia]

Mis fotos son especialmente malas, porque era un cuadro muy grande, con muchos reflejos. Fijaos en la parte de abajo, en el jarrón (que parece que es de Manises) y el vaso:


Mejor en wikimedia. La brazada de paja como cabecero también está en múltiples natividades de las que vimos por Italia:




Mirad la niña de los Portinari, en este detalle de wikimedia:


El niño desvalido en medio, otra cosa que vi por todas partes en Italia:


Otro detalle de wikimedia:


lunes, 7 de octubre de 2019

Italia 23 - Florencia 9 - Conocer los Uffizi y ver a Piero

El primer domingo en Florencia estuvimos en los Uffizi. Nos centramos, claro,  en el Quattrocento: Piero della Francesca, Ghirlandaio, Hugo van der Goes.
Entrar en los Uffizi es un follón: aun evitando las colas, hay que pasar por varios controles, el de seguridad, otro de no sé para qué y todo para encontrarse una escalera tremenda; o, como descubrí después, un único ascensor mínimo para pelearse por entrar con con otros guiris como yo. Yo acabé con conatos de cabreos casi todas las veces que estuve: menos mal que ahora estoy en una fase de mi vida de muy buen rollo, que si no, no sé qué habría pasado.
Había demasiada gente: yo coqueteé con la posibilidad de impedir la entrada a colectivos determinados, de modo que yo siempre pudiera entrar y la mayor parte de la gente no. Ya, ya sé que esto no suena bien. Por otro lado, la entrada eran 20 euros. Yo opté por pagar la anual, de 70 euros, para Uffizi y el Palacio Pitti, así que pude ir viendo los dos museos en unos cuantos días, no de un único atracón, aunque no me salió la cosa barata. Pero para qué es el dinero sino para cosas como esta.
Por lo demás todo en el edificio era como viejuno. Están renovando salas, en concreto las de Rafael, Leonardo (menudos ñordos tienen allí, por cierto) y Miguel Ángel, pero todo lo demás es como de hace 30 años, en lo museográfico, digo.
La parte más clásica del edificio tiene la gracia de que están las pinturas junto a obras destacadas de escultura clásica, muy buenas, que fueron coleccionando los Médici desde el Renacimiento. Por el borde de arriba de la pared hay una colección interminable de retratos de figuras destacadas de la historia, malejos, pero todos juntos tienen hasta su gracia. Y las vistas, ver san Miniato al fondo, con el Arno debajo: ah, eso es otra cosa.

Entramos, a la vez que trescientos mil chinos, en la primera sala del Quattrocento. En el medio estaban los retratos pareados de Federico de Montefeltro y su mujer, en cuyo palacio de Urbino acabábamos de estar y cuya tumba acabábamos de visitar. Y pintados por Piero de la Francesca:

Fotos con su Sitz im Leben:




Los dos:

[wikimedia]

Este es Federico de Montefeltro, al que serraron la parte de arriba de la nariz:


Su mujer, Batista Sforza


Por detrás, este pasaje maravilloso y el carro que los lleva a cada uno. A ella, unicornios:


A él, con la misma armadura de la pala de Brera:

[wikimedia uno y dos]

viernes, 4 de octubre de 2019

Lo colonial portugués africano y lo cubano

Antes del verano oí esta canción de la Orchestra Baobab, que en esta canción sobre todo me suena a esas músicas de Cabo Verde que popularizó Cesaria Évora (en realidad versionan esta canción de José Carlos Schwarz, de Guinea Bissau):

Luego he descubierto una grabación en directo, de poca calidad de imagen y sonido, pero mejor todavía que el disco.


Tienen una canción muy cubana, con el gran Ibrahim Ferrer, en la que colabora Youssou N'dour: