jueves, 21 de julio de 2016

Eduardo da Costa Teixeira Pinto

Hay una exposición en Fonseca estos días de este fotógrafo portugués. A mí me gustaron mucho sus series sobre ríos como el Támega. Me recordó a Ozu (no se me ocurre elogio mejor):





miércoles, 20 de julio de 2016

En san Lorenzo de Trasouto

De san Lorenzo yo le tengo sobre todo cariño a la carballeira (con los jacintos en febrero), pero seguía pendiente la visita a la iglesia, la última de valor que me faltaba de conocer de Santiago.
Mis amigos se iban a ir a media mañana y nos dio tiempo a acercarnos allí. Ahora es un Pazo (toda la historia, en la wikipedia), pero fue monasterio y la iglesia es del XIII, con mucho que ver con la Colegiata del Sar. En él pasó una semana de retiro Carlos V, nada menos. En los últimos años veraneaba allí la reina Fabiola (qué maja, la pobre).

La gracia ahora es que allí acabó el retablo del convento de san Francisco de Sevilla, de mármol de Carrara, italiano, de 1525, una maravilla:



Yo el mármol lo he acabado mirando con cierta manía, de tanto darme con ese como de pescadería que usan en bastantes iglesias (por ejemplo en la capilla de la Comunión de la Catedral). Pero este retablo, de un color blanco traslúcido brillante, con una labor de esculpido finísima, era otra cosa: una maravilla de delicadeza.
A los lados, las tumbas de los patronos, también muy buenas. Por ejemplo el conde:

martes, 19 de julio de 2016

En Oviedo II

Visitamos la Catedral. Yo me acordé mucho de la época en que leía a Clarín, de los episodios de la Regenta allí, pero sobre todo de la propuesta de don Pompeyo Guimarán de convertirla en un paseo cubierto.

En la primera capilla, a la derecha, para empezar, una reja antiquísima:


El retablo mayor -aunque repintado en el XIX- es una maravilla.



Yo me quedé un poco bloqueado con la Cámara Santa, mucho más pequeña de lo que recordaba y porque me parecía como de pega, por el color blanquísimo de la caliza recién restaurada. Por otra lado, se palpaba hasta qué punto Asturias y Galicia están estrechísimamente relacionadas en lo religioso y lo artístico.

En la capilla del Santísimo, antes de la Virgen de la Leche, había muchas inscripciones latinas interesantes, pero a mí la que me llamó más la atención fue una: «Lac pro ambrosia»:  sobre que Jesús no se alimentó de ambrosía, sino de leche, todo un compendio en tres palabras sobre historia de las religiones y antropología.


Cumplidos los objetivos, nos fuimos volviendo, porque teníamos que ver por fin la iglesia de san Martín de Mondoñedo, que no está en Mondoñedo sino en Foz (en realidad, en un sitio perdido cerca, con un cartel al principio y la nada en varios kilómetros, hasta que llegas si has tenido suficiente fe).
La iglesia nos dejó bastante descolocados, porque es una especie de reconstrucción de una iglesia románica muy antigua, pero evidentemente remozada (todos los detalles los explican muy bien en este enlace). Otra vez la piedra es muy blanca y los capiteles y el frontal de altar era como de románico pasado por las Cícladas, por decir una bobada:



(foto de la wikipedia)

lunes, 18 de julio de 2016

En Oviedo I

Íbamos a hacer un viaje rápido a Oviedo, en principio tres horas. Pero en Mondoñedo nos sacaron de la autovía por la niebla (ni un cartel para avisar de la ruta) y luego me pasé kilómetros comprobando hasta donde aguantaba la reserva de gasolina, porque entre Mondoñedo y Oviedo no hay una pobre área de servicio: te tienes que salir y buscar por los pueblos -lo hicimos en Luarca y nos llevó varios kilómetros- las antiguas que los políticos han preservado para que los caciques locales mantengan sus cutregasolineras.
La cosa es que llegamos. Íbamos a tiro fijo, al Museo de Bellas Artes. Y donde nos paramos primero fue en este retablo de santa Marina (la que tiene un santuario de al lado de Allariz que no llegamos a visitar dos días antes, coincidencias de la vida), que resulta que es de dos autores:



Por ejemplo, aquí tenéis a la pobre santa Marina saliendo del dragón, que no ha podido digerirla:


Y luego, pues a mirar si las nubes nos recordaban a aquellas de Benavente:


Y en la sala de pintura del XVI, nos fijamos en la finura de esta cesta con la labor de coser:


O en este delicadísimo paisaje al fondo:


O en este descenso a los infiernos:




O en esta Asunción tan bonita de Pedro Berruguete:


Dios Padre sale de una especie de aureola verde:






viernes, 15 de julio de 2016

Rompamos un bulo




[una cripta en san Andrés, entre freak y creepy, que dicen los yanquis]

Yo ya había estado una vez, pero mis amigos habían caído bajo el sortilegio de san Andrés de Teixido, ese bulo, pero de gran fuerza hipnótica, de que «vas de muerto si no vas de vivo» y volví con ellos. A ver si dan puntos dobles para no quedar eternamente atrapado en la Santa Compaña.
Lo que de hecho logré fue una carta que me llegó ayer informándome de que si pago pronto, sólo (con acento) me soplarán 50 euros por ir a la delirante velocidad de 106 km/h en un tramo en que ponía 90 (busco: este es el sitio, el túnel del Sartego en Fene - sartego es sarcófago, je). Pensándolo, los 200 euros en total que me han quitado en 20 años de conducción dan una media de 10 euros anuales, que bien mirado es poco si se aprende la lección de que no te puedes fiar del todo de papá Estado, por muy hegemónicamente socialdemócratas que seamos en la piel de toro. Ya digo: barato al final.

Por la costa norte hacía un día invernal que no lo levantaban ni los caballos salvajes que vimos pastando ni los tremendos acantilados.
Para el recuerdo, los calamares a la romana en el Kilowatio de Cedeira (íbamos por el marraxo, pero fueron los calamares los que se llevaron el gato al agua).

Tiré de móvil, busque en el navegador Monfero y nos llevó por un sitio fiplante, con la grandísima emoción -y creciente- de que habíamos llegado al fin del mundo y que acabaríamos muertos allí. En el medio de ninguna parte nos dijo el móvil que habíamos llegado. Seguimos dos kilómetros, por hacer algo, y había un bar, que eso sí que fue flipante. Nos explicaron que por allí el GPS no tira mucho, pero el hecho es que ya estábamos cerca.

Monfero es un monasterio abandonado casi del todo, que solo tiene el encanto de la intensidad de la humedad del verde en las paredes y la altura de la nave central de la iglesia (restaurado estaría bien, aunque mejor en todo en Galicia, me parece que es el de Sobrado):










El día estaba gafado. Ya ni siquiera El Pasatiempo de Betanzos levantaba el tono:





jueves, 14 de julio de 2016

Santa Eufemia de Ambía y Los Milagros

Cerca de Xunqueira yo recordaba una ventana y allí llevé a mis amigos, sin decirles qué veríamos.
En la puerta un cartel indicaba en qué dos casas tenían la llave (y que tome nota en Sinovas (Burgos) la señora que -presuntamente- prefirió ver a María Teresa Campos a abrirnos la iglesia).



Entramos y era solo la cabecera de una iglesia mozárabe, pero qué conmovedora era. Allí, a los pies, una estela romana con una dedicación de un tal Aurelio (Aurelius se lee bien) a las ninfas ex voto lo hacía todavía todo más impresionante



Dimos la vuelta a aquel edificio diminuto. Qué modo de tocar siglos antiguos en la piedra:







Y con el subidón nos fuimos al santuario de Los Milagros (en el camino, Antón, vi un cartel a Vilar de Barrio), de estilo bien peculiar, como barroco post-barroco, aunque con lo que me quedé yo hipnotizado fue con los edificios de hormigón del noviciado, puro brutalismo de grandísima exquisitez y elegancia (para quien sepa verlo):











Ahora siento no haber sido un poco más lanzado y haberme metido por allí para hacer alguna foto decente (más datos aquí y aquí), pero es que estaba zumbando el sol a gusto y te fundía si salías de la sombra. Ya de allí pretendíamos ir a san Pedro de Rocas pero en Maceda perdimos el camino, acabamos en un cruce, con el mítico señor que te encuentras siempre en los cruces perdidos y que nos devolvió a la civilización y acabamos junto a Xunqueira de Espadañedo, que estaban en fiestas y aquello era deplorable de deprimente, así que nos volvimos a Santiago, que Oseira, Vilamarín, Allariz, Xunqueira de Ambía, Santa Eufemía y un pelotazo de hormigón ya eran bastante.

miércoles, 13 de julio de 2016

Xunqueira de Ambía

Podíamos habernos quedado en Allariz o acercarnos a Santa Mariña de Augas Santas (buenísima pinta, queda para la próxima), pero preferí seguir un recorrido que hice hace años con mi hermana Eva, hasta Los Milagros en Maceda.
El primer pueblo era Xunqueira de Ambía:

[Puerta central de la fachada]


[Por detrás, con el claustro]



Paramos junto a la iglesia: cuatro de la tarde, nadie por ninguna parte, cero esperanzas de entrar. Pero apareció una chica (una chica de nuestra edad) y resultó que era la que se encargaba de enseñarla. Yo creo que esa iglesia la voy a recordar como una de las más bonitas que he visitado en Galicia. Es la gemela guapa de la Colegiata del Sar: sin cojeras, más alta, más esbelta, luminosa. Y fue todo un ejercicio en historia de la arquitectura: lo que resultó fallido en el Sar, en Acibeiro, ese deseo de altura de un románico que no lo lograba, es aquí la transición al gótico, por medio además de un falso triforio audaz.








Íbamos viéndolo todo con interés creciente, en especial el retablo renacentista que los romanicistas (esa plaga gnóstica) apearon de la cabecera y pusieron en un lateral, en aras de un románico más puro (¡bullshit!). Era muy bonito, incluso sin restaurar. Dos detalles:





Lo que no veíamos, la chica-de-nuestra-edad nos lo señalaba con exquisita delicadeza, por ejemplo una Magdalena quizá de Cornelis de Holanda, realojada en un retablo posterior. Me gustan mucho todas las Magdalenas, tanto enjoyadas como esta como penitentes:



Y en el claustro, muy bonito (otra cosa en la que gana a la Colegiata del Sar), este ángel casi salido del Pórtico de la Gloria, con un alma en brazos:



Información más técnica en este enlace.

martes, 12 de julio de 2016

En Oseira y Allariz

Comenzamos los días de viajes por Galicia con un revival mío: revisitar Oseira y Allariz, que las tenía ya en el olvido, porque el hecho es que llevo ya años aquí, que se han pasado demasiado deprisa, ay, y hay que empezar a repasar sitios.
Yo recordaba Oseira (=«Osera»; en el escudo, dos osos en un árbol) como un sitio muy verde por húmedo y con una impresionante sala capitular con columnas como palmeras. Esta vez, sí, llegamos a través de un bosque de castaños florecidos, pero a lo que salimos fue a un sol de verano que hacía brillar las piedras. Y nada de verde, lo que llamaba la atención era el rojo de los líquenes de la fachada.





Hicimos la visita guiados por una señora muy amable y con un grupo de andaluzas/extremeñas de excursión / Camino de Santiago light, muy despistadillas las pobres, pero con ganas de aprender, así que la visita fue muy entretenida. Me gustó la cabecera de la iglesia, que me recordó a Carboeiro y otra vez volví a quedarme perplejo ante la dinámica que se traían los cistercienses entre la desnudez anicónica y el barroquismo a lo grande.









San Raimundo de Fitero a caballo, matando otras etnias arriba:


San Bernardo en imagen y arriba en el lago helado:


La sala capitular de las palmeras me pareció muy pequeña esta vez. La guía nos la explicó a la platónica: que si el andrógino, que si las hipóstasis. Resultó que lo había leído en el libro de referencia. Yo así lo dejé, que no estamos como para arreglar todas las interpretaciones o inconografías del mundo, que es mucho peso para unos pocos:







Y salimos de allí y a los pocos kilómetros había un desvío al Pazo de Vilamarín, que es de la Diputación. Probamos a ver y nos encontramos un edificio muy bonito que han llenado de unos cuadros muy feos del pobre Xaime Quessada (sic):


Y de allí a Allariz. Muy bonito el pueblo, una iglesia románica en la plaza muy chula. Comimos junto al río, muy bien.