viernes, 12 de febrero de 2016

Almira, de Haendel

Almira, reina de Castilla, la primera ópera de mi ídolo, la hizo en Hamburgo con 19 añitos.
El libreto está medio en alemán medio en italiano. El argumento debe de ser de amores y desamores. A mí me hace mucha gracia ese ambiente pseudo-español: Almira, la reina, Fernando (su secretario), Consalvo, príncipe de Segovia [sic], Osman, la hija, Odilia, princesa de Aranda [sic]).
Yo no la he visto ni he seguido la partitura (todavía). Lo que he hecho ha sido deleitar/torturar con la música a quien se ha subido en mi coche en las última semanas.

Por ejemplo este aria de Almira:


O esta de Fernando, que solo he encontrado en esta producción reciente, con no muy buen sonido:



Con partitura esto, cantado por Sandrine Piau:

viernes, 5 de febrero de 2016

Palomas y serpientes de Enrique García-Máiquez

Yo me cogí Palomas y serpientes (Amazon / Casa del libro), volví a mirar con atención la grandiosa portada, con esa 'y' colgando y la viñeta de la cebra, y noté el papel algo rugoso de la cubierta:


(le cuadra muy bien esto: «La astucia más sagaz es la candidez más pura» - 35.6)

Y saqué como siempre una octavilla de papel, para apuntar (¿a quién se le va a pasar por la cabeza pintarrajear en un libro?). Al principio seguí, sin pensarlo mucho, mi costumbre de anotar los que más me gustaban, pero como eran muchos, los que más me gustaban de los que más me gustaban los rodeé de un círculo. Ahora los pongo aquí, porque quizá dentro de un año vuelva a esta página y quizá compruebe que me gustan más otros o que me siguen gustando más estos, que nunca se sabe. Vamos, que esta ristra de números es también otro autorretrato:

11.5, 11.6, 12.1, 12.8, 13.3, 13.4, 13.6, 13.7, 14.1,14.4, 14.7, 14.8, 14.9, 15.1, 15.2, 15.3, 15.4, 15.7, 16.2, 16.6, 17.1, 17.3, 17.4, 17.8, 18.1, 18.4, 19.2, 19.3, 19.4, 20.4, 21.2, 21.6, 22.1, 22.2, 22.3, 22.6, 23.3, 23.5, 23.7, 24.3, 24.4, 24.6, 25.1, 25.5. 25.6, 25.8, 25.9, 26.1, 26.6, 26.7, 27.2, 27.3, 27.4, 27.5, 27.6, 27.7, 27.8, 27.9, 28.1, 28.2, 28.3, 29.1, 29.2, 29.3, 29.4, 30.3, 30.4, 30.5, 30.6, 31.1, 31.5, 31.6, 31.7, 33.6, 33.7, 34.1, 34.5, 34.6, 35.1, 35.2, 35.4, 35.5, 35.6, 36.1, 36.4, 36.5, 37.1, 37.5, 38.1, 38.7, 39.2, 40.1, 40.2, 40.4, 40.8, 41.2, 41.4, 41.5, 41.7, 42.2, 42.3, 42.4, 42.6, 42.7, 42.8, 43.2, 43.6, 44.4, 44.6, 44.7, 45.1, 45.2, 46.6, 48.1, 48.4, 49.1, 49.2, 49.5, 50.4, 51.1, 51.2, 52.2, 52.4, 52.5, 52.6, 53.2, 53.3, 53.5, 53.6, 54.3, 54.4, 54.5, 54.6, 54.7, 54.8, 55.1, 55.2, 55.5, 56.1, 56.6, 56.7, 57.3, 57.5, 57.6, 57.7, 58.3, 58.5, 58.6, 59.6, 59.7, 59.8, 60.3, 60.4, 60.5. 61.1, 61.3, 61.5, 61.6, 62.1, 62.2, 62.4, 62.5, 62.6, 63.1, 63.3, 63.6, 64.1, 64.2, 64.5, 64.6, 65.2, 65.3, 65.6, 66.1, 66.2, 66.4, 66.5, 66.7, 67.3, 67.4, 67.5, 68.1, 68.2, 71.2, 71.3, 71.5, 71.6, 72.2, 72.4, 72.5, 72.6, 72.7, 73.1, 73.2, 74.3, 75.4, 77.2, 77.6, 78.1, 78.2, 78.3, 78.6, 78.7, 78.8, 78.9, 79.1, 79.4, 80.1, 80.3, 80.4

Y a medida que avanzaba en la lectura apunté tres frases de temas recurrentes del libro:
-El asombro ante la hondura de la realidad (ante la mirada amorosa de Dios).
-El tiempo como redención
-La claridad, al servicio de la escritura

Sumando los que marqué, me salen 212 en total y en la selección más selecta 127.

Y qué decir. Pues que hay muchas cosas, no exactamente «aforismos morales». Hay, por suerte, mucha poesía. Hay autobiografía, también mía. Por ejemplo ahora estoy viendo por la ventana lo mismo (11.6):
Una mañana de invierno con un cielo tan azul que, si no fuese por la claridad, sería una noche de verano.
Y esto sí que es biográfico mío también (17.1)
CUENTO DE HADAS
El niño, siempre que pisa un charco, pasa a través del espejo.
Le podría dar mi toque dickensiano de que a veces era tal cual un espejo, porque estaba helado, en aquellos inviernos tan fríos de Castrojeriz. No podíamos pisar los charcos, pero con el talón golpeábamos a ver si el agua de debajo se liberaba.

Al lado, este otro (17.3):
La vocación es enamorarte perdidamente de tu destino.
Estoy cayendo en lo que quería evitar, adornar mi blog con sus aforismos. Pero quién se resiste a poner como máxima esta, que remonta a Heráclito y tiene su base en la experiencia y en lecturas de Chesterton y Girard y Cesáreo Bandera por lo menos (31.1):
La realidad es el secreto.
Más de realidad (39.2):
La realidad se ríe, si la miras.
O esto (33.7)
TU QUOQUE
La verdad la quiero decir siempre, pero tendría que verla antes, y cómo, escondiéndose, juega ella, ¡ella! a  engañarme.
Y digo sí, sí, cabeceando con fuerza, cuando leo esto (34.1):
A diferencia de mis esforzados contemporáneos, no necesito ponerme a hacer deporte para constatar que estoy mayor.
Bueno, solo uno más (59.8):
Hay un solo modo de que la escritura  sea sencilla y, a la vez, brillante; que transparente -clara, limpia, sin una distorsión- lo que resplandece. Que siempre está más allá del papel.
Y una referencia clasicista, no tan habitual en él (68.1):
El ostracismo es elegante: gris perla.
Y también esto, con mucho fondo (71.2):
MYSTERIUM INIQUITATIS
Los niños dejan de cazar pájaros cuando pierden la inocencia.

jueves, 4 de febrero de 2016

Más barcos atuneros en La Puebla del Caramiñal

Supongo que os pasará como a mí, que echáis en falta fotos de barcos atuneros en el puerto de La Puebla del Caramiñal/A Pobra do Caramiñal - o en versión fusión: (L)a P(ue/o)b(l/r)a d(o/el) Caramiñal. Es que llevábamos casi un mes sin fotos, y además con azules muy fuertes:













miércoles, 3 de febrero de 2016

Resolver problemas

El otro día me acordé de la sensación tan agradable de hacer ejercicios cuando les cogías el tranquillo. Era como recorrer un camino ya trillado, liso y sin baches, comprobar (la prueba del nueve) que nada estaba fuera de control. Los binomios con sus fórmulas. Las combinaciones de x elementos tomados de x en x. Eso supongo que es lo que me gusta de los sudokus también.
Pero cuando en segundo de BUP entramos en el mundo de los números complejos, era como estar en una piscina que cubría sin saber nadar: la desagradable sensación de las aguadillas. A una compañera de clase la suspendió el profesor de matemáticas poniéndole un 4,999.
Yo vi una escapatoria en la Gramática Griega. Tan tonto fui.

martes, 2 de febrero de 2016

El Carabo y la Silvinia

Estábamos hablando de la Candelaria en el desayuno, que resulta que es patrona de los electricistas. Yo -esto de las neuronas es raro, raro- me acordé de cuando el Carabo se subió borracho -era al que le había tocado ese papel en el pueblo, al pobre: un bendito- a una torre de la luz en las fiestas de Hinestrosa, al lado de Castrojeriz. Murió carbonizado.
Del Carabo decíamos que era novio de la Silvinia, también borracha oficial, la pobre. Recuerdo que le gritaban al pasar por la puerta de su casa. Quiero creer que yo no lo hice nunca. Ahí mis neuronas se niegan a establecer conexiones culpables.

lunes, 1 de febrero de 2016

La gran conversación

[Esto ha acabando siendo un encadenamiento de cosas que me fueron apareciendo de forma providencial, tened paciencia con los saltos mortales]

Os animo vivamente a ver esta conferencia que dio Rémi Brague en Chicago hace unos meses:


Habla despacio en un inglés clarísimo y lo que dice es de una sencillez y profundidad grandes. De todos modos, os pongo las notas que fui tomando en el móvil mientras lo oía:
Título «Conservation as Conversation».
Parte Brague de la etimología de «bárbaro»: el que no sabe hablar.
En cambio, la civilización, en expresión de santo Tomás de Aquino es una «conversatio civilis».
Conservadores para qué: para poder conservar la conversación.
Conversación que une generaciones. Burke y Chesterton (la democracia a los muertos*). Derecho a la continuidad. El pasado merece formar parte de la conversación (como mínimo, de él partimos). El pasado es valioso.
Visión de darwinismos más o menos simplones: los hombres estamos aquí por una especie de lotería, somos invasores en un lugar extraño, bárbaros que destruimos la naturaleza.
A Sócrates no le enseňaba nada la naturaleza. En cambio, a San Bernardo sí. San Agustín ya habló de conversar con la naturaleza a través del ejercicio de la agricultura (antecedentes en los «logoi spermatikoi» de la naturaleza para los estoicos).
La naturaleza no es ni cadáver ni diosa. En la Edad Media, Alain de Lille la define como «Dei vicaria» (Chaucer: God's Vicar).
En resumen: conversación con el pasado y con la naturaleza. El hecho es que en relación con la naturaleza podemos hacer más con ella naturaleza de lo que llegamos a entenderla: somos bárbaros con ella. Pero solo es posible si se parte de la conversación con Dios
---
*Se refiere a esta frase célebre de Chesterton (la leí aquí justo ahora):
I have never been able to understand where people got the idea that democracy was in some way opposed to tradition. It is obvious that tradition is only democracy extended through time….Tradition may be defined as an extension of the franchise. Tradition means giving votes to the most obscure of all classes, our ancestors. It is the democracy of the dead. Tradition refuses to submit to the small and arrogant oligarchy of those who merely happen to be walking about. All democrats object to men being disqualified by the accident of birth; tradition objects to their being disqualified by the accident of death….I, at any rate, cannot separate the two ideas of democracy and tradition; it seems evident to me that they are the same idea.

Y uno de estos días, con la conferencia resonando, vi aquí (con el título «la evangelización se parece a esto») este vídeo (y luego me lo encontré en un sermón):


Una de mis mayores perplejidades recientes es el movimiento animalista, tan desproporcionado y tan desordenado en la gestión de los afectos, por lo demás buenos. Y justo el otro día, cuando tenía ya redactado hasta aquí, leí esto en el libro de aforismos de Enrique García-Máiquez (Palomas y serpientes, La Veleta, Granada, 2015, p. 31):
El alma que se queja en los ladridos del perro maltratado es la del que lo maltrata
Y ya puestos a juntar en una entrada cosas totalmente dispares, creo que cuadra aquí esta versión de una canción sobre lo que es realmente triste («no hay nada más triste que una tienda de animales, con los perros en sus jaulas, dando vueltas»:

jueves, 28 de enero de 2016

Poner los ojos en un gusanillo

San Juan de Ávila en un sermón a las monjas del monasterio de la Cruz de Zafra:
Dice san Juan: Deus caritas est. Y el griego dice: hoc est dilectio «Dios es amor». ¿Pues quién podrá dejar de amar al que esencialmente es amor? ¿Quién no amará a Dios, que le ama? ¿Cómo, que un Dios hermosísimo, sapientísimo, infinito, ponga sus ojos sobre un gusanillo, [y este] los quite de Él y los ponga en otro? Estamos tan enfrascados y embebidos en las miserias y nonadas del mundo, que por eso no entendemos.
Este es grande amor, que, si mirásemos, todas las cosas nos dicen que amemos a Dios, y ansí decía San Agustín: Omnia, Domine, clamant ut amem te [Conf. 1.10]. ¿Habéis oído este cantar? Todas las cosas, Señor, dan voces que te quieran bien a ti, porque todas ellas son testigos de quien tú eres y de dádivas que nos das. ¿Sabéis qué es el pan que os harta? Testigo de la hartura que hay en Dios. ¿Sabéis qué es el refresco que os deleita? Testigo de la frescura y deleite que hay en Dios. Testigos son todas las cosas que Dios nos da de lo mucho que hay en Él, y todas son como una candelica en comparación con la claridad del sol.
Dos cosas nos da a entender Dios en sus dones: una, que son señales de sus perficiones, y otra, del amor que nos tiene; porque quien algo nos da, señal es que nos ama. Si alguno nos enviase un presente, malcriado seríades si no le volviésedes siquiera el plato. Todo lo que tenemos son presentes que nos invía Dios, y el plato en que nos lo invía es el amor; pues tornad el presente y volvedle el plato, que es el amor, que en ninguna cosa quiere que le paguemos en la misma moneda si no es en esta; y pues nos da amor, paguémosle con amor. ¿A qué propósito «El que quisiere venir en pos de mí»? Que quiere Dios que por amor le sigamos, y no costreñidos (OC 1.892-3).

miércoles, 27 de enero de 2016

AT sobre JRJ

Y por redondear en tres entradas monográficas, os recomiendo dos conferencias sobre Juan Ramón Jiménez de Andrés Trapiello de 2013. Son extraordinarias. AT lee el texto que lleva preparado, con algún inciso aclaratorio, con una elegancia grandísima.

En la primera hace un relato biográfico impresionante de JRJ. En Seré duda, que corresponde a 2005, cuenta que quiso hacer una biografía de él: esta conferencia es prueba de ello.

En la segunda describe la poética de JRJ. A mí me ha resultado tremendamente iluminadora para entender a JRJ, también en algunos aspectos con los que no sintonizaba yo y que siguen sin gustarme, como su visión en exceso optimista del «pueblo» o esa idea de Dios tan peculiar suya (y tan errónea, por más que en algún aspecto interesante).

[Y, como me decían en un comentario, está en papel en la revista Clarín, números 105 y 107, de 2013].


martes, 26 de enero de 2016

Un Museo bueno y barato

Ayer me dejé muchas cosas por comentar sobre Seré duda, por ejemplo el relato descacharrante de la vista al MUSAC de León o el del delirante Fernando Arrabal embadurnando un ejemplar de una traducción de una Historia de la literatura latina de un benemérito alemán, como forma chusca de firmar al final de una comida en un pueblo manchego.

Pero lo que quería recoger aquí es algo que dice de pasada (152-3) y que sería una propuesta excelente. Que el Reina Sofía venda un Rothko o un Twombly y con ese dinero podríamos hacer -Santiago de Compostela sería un buen sitio: podríamos vender toda la colección del CGAC también para contribuir- una selección bien apañada de pintura, empezando por Álvarez de Sotomayor (el relato empieza cuando AT se encuentra un montón de tarjetas de visita suyas en el Rastro) y con los siguientes pintores:

Obras asequibles de precio de Rosales, Sorolla, Beruete, Regoyos, Solana o Nonell.

Y también Ricardo Baroja, Eduardo Vicente, Bonafé y Gaya.

Y de los de ahora: Carmen Laffón, Julio López, Grau Santos, Pedro Serna.

O entre los más jóvenes: Alix, Galano, Pagola, Damián Flores.

Me parece de perlas. Yo no tengo necesidad de rezar al nihilismo ante las imágenes de Rothko (ni siquiera en la «capilla» de Dallas) ni desquiciarme ante Twombly. Y me vería muy a gusto teniendo, por ejemplo en Santiago, un Museo así, para visitarlo las tardes de domingo lluviosas.