jueves, 21 de junio de 2018

El viaje a Burgos 4

De los retablos de la iglesia de Poza, el mayor era mucho más tardío, muy barroco. En el medio estaban san Cosme y san Damián. Brillaba, recién restaurado, impresionantemente:


Pero el que quiero poneros es el otro retablo lateral, con escenas de la vida de san Andrés, así que era de iconografía más llamativa:










El Sagrario tenía varios Cristos muy miguelangescos, un poco demasiado excesivos:




La puerta del Sagrario era bastante más floja, pero la pongo para demostrar (y van ciento) que sí que había iconografía de la resurrección para dar y tomar:


miércoles, 20 de junio de 2018

El viaje a Burgos 3



El sábado nos fuimos por la provincia. Ya hablé de cómo está el campo: por la carretera de Poza era como para hacer una película sólo con filmar los bordes de la carretera. Yo, desde que mi madre me señaló unos saúcos florecidos hace unos años, ya los reconozco y los iba señalando. Mi madre se fijó esta vez sobre todo en las madreselvas.
Y luego los pueblitos con nombres entre evocadores y metemiedo: Villayerno Morquillas, Riocerezo, Rublacedo (de arriba y de abajo), Temiño, Carcedo, Lences.
Al llegar allí, caí en la cuenta de que no había estado nunca en Poza de la Sal. Me sonaba a Félix Rodríguez de la Fuente y a las salinas, pero el hecho es que no, no había estado allí. Es un pueblo bonito, en la ladera de un diapiro (que resultó ser un inmenso cráter de 2,5 km y que tiene que ver con el hecho de que haya sal) y con un castillo poderoso arriba.
Para más gozo la iglesia estaba abierta y tenía dos retablos laterales del XVI muy bonitos y restaurados. Me puse a hacer fotos (para vosotros) y luego resultó que no se podía, pero ah, se siente.

Uno es de un seguidor de Bigarny:

















Esta es la circuncisión del Señor:




martes, 19 de junio de 2018

El viaje a Burgos 2

El sábado amaneció igual de brillante. Pasar de noviembre a mayo (en pleno junio) y de golpe y con la luz de Burgos fue todo un regalo.
Pasé por la antigua estación a la zona donde han puesto una rotonda dedicada al Diario de Burgos, con estatua de bronce incluida de como una niña repartidora de periódicos: muy tópico y muy quedabién en el ambiente burgués burgalés. Pero es el periódico que nos llegaba de pequeños todos los días. Mi padre colaboraba en él, mandando crónicas de Castrojeriz. Mi padre hacía miles de cosas y si se le acababan las habituales, buscaba otras: el equipo de fútbol, buscar en los archivos parroquiales, enseñar el pueblo a uno de los escasos peregrinos de entonces, estar en el Ayuntamiento, ser director de la escuela, coger los datos de una estación meteorológica.
Iba a Misa y acabé en la Residencia Sacerdotal, en el Paseo de los Cubos. Celebró un grupo de sacerdotes muy mayores y con pinta de ser muy buenos. Se me ocurrió allí que no he conocido a ningún cura malo. No digo que no los haya, pero en ese caso, he tenido una grandísima suerte. Un conocido me habló de quiere hacer un libro de entrevistas a sacerdotes de una diócesis fuera de España, muy castigada por problemas de abusos, para recoger los testimonios de los que se mantuvieron fieles en medio de una universal condena.

Al salir, me di con esta portada, no especialmente llamativa, pero tenía una inscripción y la leí, como hacía siempre mi padre:





Dejo todas las faltas de ortografía para que le den más sabor:
Este hospital de zirugia de la bocación de san Julián y san Quirce fundó y dotó la buena memoria del señor don Gerónimo Pardo Abbad de san Quirce y Canónigo que fue de la santa Iglesia de Burgos en fin de julio de mil y seiscientos cincuenta y cinco. Año de 1661.

También me dio para pasar otra vez por la puerta de mi Instituto:




En la inscripción se dice que lo fundó el Cardenal Íñigo López, hijo de los condes de Miranda y nieto del Condestable. Es una lista de toda la familia, todos bien linajudos.

lunes, 18 de junio de 2018

El viaje a Burgos 1

Pongo "el viaje" porque es probable que sea lo más lejos que vaya este 2018. Este verano me quedo por aquí y no hay en el horizonte nada por ahora (acepto invitaciones, especialmente a Italia y USA).

Me hacía todavía más ilusión volver a Burgos a estas alturas porque preveía un paisaje espectacular y superó todas mis expectativas. Yo contaba con ver amapolas (en Galicia, qur tanto tiene, no las hay, ay), pero no esa apoteosis del rojo. Todo el tiempo las vi, pero especialmente por esa llanura inmensa cerca de Urueña, donde había campos enteros de puro rojo: hasta cegaba esa rojez que superaba todas las gamas del rojo, era hasta doloroso.
Para colmo, los trigos estaban de un verde restallante. Por la tarde, en un programa de Radio Clásica pusieron la copla de Concha Piquer en la que compara los Ojos verdes "al trigo verde".

Por no hablar de los ribazos, repletos de flores amarillas, violetas, azules. El sábado mi madre se acordó, viendo las flores amarillas de la retama, de este poema, que le recitaba su abuela Margarita:
Retama, retama
la Virgen te llama
pa' que hagas la cama
del niño Jesús,
que está cansado
de llevar la cruz.

jueves, 14 de junio de 2018

Sobre la ejemplaridad otra vez

Bueno, lo que podría decir ya está en este texto brillante en forma y fondo.

De camino a la Facultad, me suelo cruzar con dos niñas supongo que gemelas y la que me imagino que es su madre, porque a veces se carga con alegría de las mochilas de ambas. No sé en Noruega, pero las madres en España son así.
Hoy estaban esperando pacientemente el semáforo de Juan XXIII, que tiene un sistema de tiempo que hace intolerablemente largas las esperas. No había casi coches a la vista en la larga avenida y he cruzado como Pedro por su casa (de hecho llevo casi veinte años haciéndolo) y me ha entrado el miedo a desejemplarizar. Luego me he acordado de que existe la epiqueya y la virtud de la prudencia y creo que he sido ejemplar: un semáforo en rojo sin coches a la vista hay que saltárselo, a no ser que haya policia (la local está en modo estúpido, poniendo multas a peatones prudentes como yo).

Una de nuestras luminarias patrias escribió ayer esto:



Y a cuenta del concepto de ejemplaridad que puso alguien en circulación estos últimos años, tenemos ahora un ministro de Cultura nuevo que dice que los animales son iguales a los hombres. Qué gran concepto de cultura el tipejo:
Hay que empezar a considerar a los animales iguales, pero iguales en todo, iguales en inteligencia, en sensibilidad, en derecho a la vida. Porque ¿alguno de nosotros sería capaz de hacer lo que hacen las aves migratorias o de preveer lo que hace los animales cuando viene un tsunami, un terremoto? Hemos perdido nuestra raíz con la tierra, con la naturaleza, y ellos no la han perdido.
El rey del bullshit letrado, ya lo veis. Es simplemente ser bobo, con adornos «culturales» pero bobo. Pero, ah, es "ejemplar" (o mejor, todavía no se ha demostrado que sea un antiejemplo de la normalidad burguesa).

miércoles, 13 de junio de 2018

En la mente del nacionalista

Yo, de ser capaz de hacer novelas, retrataría un nacionalista. Me parece el reto imposible, el non plus ultra de la dificultad. No me cabe en la cabeza entender cómo funciona su mente: mi empatía con ellos es cero, ay.

Eso lo pensé al ver esa pegatina sobre un metacrilato en un local donde se reúnen los de Alcohólicos Anónimos y también estos pobres Comedores Compulsivos con los que si que tengo grandísima empatía. Que al paranoico de la pegatina le importe más que esté en gallego el cartel que otra cosa, llegando a tapar la información que podría ayudar a alguna persona que pasase por ahí, supera mi capacidad:



Qué tendrán en la cabeza para pensar que con pegatinas pueden cambiar el mundo y que se cumpla por fin el fin de sus delirios:

martes, 12 de junio de 2018

La Schola Cantorum de Yale

El concierto estaba enmarcado en el Ciclo de Música Contemporánea y era el final de su Spanish Tour por sitios del Camino. A mí lo de Yale me impresiona, así que me puse a mirar y qué tremendo el Instituto de Música Sagrada, qué poderío y qué maravilla de repertorio y todo eso con un montón de gente trabajando allí, investigando, con varios coros y orquestas.
Así que me acabé animando a ir, aunque llovía.
Me puse en la primera fila. Allí sentado, lo seguí con la boca abierta con el libreto delante [en pdf aquí]:



Les hice dos fotos, porque como estaba tan cerca, no me cabían en una:

Cantaron a capella una obra de Joby Talbot, Path of Miracles, sobre el camino de Santiago, estrenada en 2005, donde se detiene en los milagros atribuidos al Apóstol y lo que significa el Camino: un texto muy interesante. Para mí fue una experiencia religiosa. Salí flotando de allí. Me pareció dificilísimo cantar esa obra y me impresionó un montón ver con qué seguridad cantaban todos, sin un átomo de vacilación. Era una música que envolvía, yo creo que el ritmo hasta lo seguía yo con la cabeza: debió de ser un espectáculo verme,

He buscado, pero nada me parece que estuviera a la altura de lo que oí, porque Yale es mucho Yale, pero podéis probar con esto: