El primer día en el cielo
Cumpleaños en el cielo, según Newman (y cómo será el cielo, según Newman):
¡Felices los destinados a contemplar las maravillas en que ya ahora viven, y ven, pero sin reconocerlas del todo! ¡Felices quienes verán lo que el ojo mortal no ha visto aún y solo la fe goza! Las maravillas del mundo nuevo existen ahora tanto como existirán después. Son inmortales y eternas, y las almas las contemplarán con la paz y majestad que siempre han tenido. ¿Pero quién podrá expresar la sorpresa y el rapto que sobrevendrán a los que por fin las posean y tengan por vez primera semejantes percepciones? ¿Quién podrá imaginar en un vuelo de la fantasía los sentimientos de quienes, habiendo muerto a la fe, despierten a la felicidad? La vida que entonces comience durará siempre, pero si la memoria es allí lo mismo que en esta vida, ese día será un día que celebraremos en el Señor durante todas las edades de la eternidad. Podremos aumentar indefinidamente en conocimiento y amor, pero aquel primer despertar de la muerte, aquel día de nuestro nacimiento y a la vez de nuestros esponsales, permanecerá siempre entrañable y como santificado en nuestra mente. ¡Qué hondos, incomunicables e inimaginables pensamientos se nos despertarán, qué profundidades se removerán dentro de nosotros, qué armonías latentes, aparentemente inalcanzables por la humana naturaleza, sonarán cuando nos encontremos, después de un largo reposo, dotados de nuevos dones, fuertes con la semilla de la vida eterna, capaces de amar a Dios, conscientes de que toda pena, dolor, angustia y aflicción han pasado, felices en el mayor afecto posible hacia los amigos a quienes amábamos tan pobremente, a quienes tan débilmente podíamos proteger mientras estaban en la tierra junto a nosotros...; y, sobre todo, cuando seamos visitados por la Presencia inmediata, visible e inefable de Dios Todopoderoso con su Hijo Único, nuestro Señor Jesucristo, y su Espíritu coeterno, visión que contiene para siempre la plenitud del gozo la felicidad! Las palabras humanas son completamente inservibles para reflejar semejantes atisbos. Cerremos los ojos y guardemos silencio.[Beato] John Henry Newman Sermones parroquiales /4, Encuentro, Madrid, 2010, traducción de Víctor Garcia Ruiz y José Morales, p. 235
[Esto lo tenía copiado hace dos semanas; no lo pongo ahora por polemizar]


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