viernes, 24 de mayo de 2019

Lápida en el Claustro

El día que fui al Museo, me paseé por el Claustro, ahora que la Catedral está prácticamente cerrada por las obras.
Le hice una foto a la lápida, como una forma de reparación. Yo había oído hablar de Amor Ruibal pero lo eché a barato, pensando en un canónigo un poco rancio, una celebridad local y lo máximo a lo que había llegado la filosofía en Galicia, que yo suponía que era a un nivel muy de segunda división. Esto hasta que le leí a Gregorio Luri, que sí que se lo leyó, que era un filósofo como la copa de un pino. La lápida pone que fue «de inmenso mérito en la sabiduría cristiana», de christiana sapientia optime merens y señala la vía verdadera de conocerle: leerle, porque «sus obras lo alaban» (opera eius laudant eum):





Al salir, le hice una foto desde la Quintana a la cabecera de la Catedral, toda tapada por tejados de uralita y andamios:


jueves, 23 de mayo de 2019

Olores de saúco

Yo hasta hace poco ni era capaz de reconocer el saúco, pero me lo dijo mi madre hace un tiempo y ahora cuando florecen -y hay un montón de camino a la Facultad- me acuerdo de ella. La verdad es que huelen muy bien, a fresco: encajan perfectamente con estos días de lluvia suave.
A continuación me suelo acordar de Fuentesaúco, pueblo de Zamora en el que nunca he estado, y también de Cuando Juan y Tula fueron a Chiritinga, un serial fuera de todo control que hicieron en Radio 3 por los años que vivía yo en Ciudad Real (miro en Google y hay una página en la wikipedia: resulta que fue el 2000, cuando yo acababa de llegar a Santiago; de lo que me acuerdo es del programa en que salía el serial, llamado Chichirichachi, grandioso), donde se hablaba de un sitio llamado Saúco gris (así de absurdo era todo).

En la esquina, por ejemplo, hay dos saúcos enormes:







miércoles, 22 de mayo de 2019

El padre Esteban Centenares

He estado leyendo las Vidas del Padre Maestro Juan de Avila, primero la de Fray Luis de Granada y luego la del Licenciado Luis Muñoz (ed. L. Sala Balust. Barcelona: Juan Flors, 1964 [el texto entero, aquí]) y me ha llamado especialmente la atención la parte dedicada a sus discípulos. El más llamativo de ellos es Esteban de Centenares, paje de Fernando el Católico, estudioso en Salamanca de saberes arcanos, especialmente la astrología, que lo deja todo y acaba por Sierra Morena, como don Quijote. Qué maravilla la de su vida, qué impresionante ese bucolismo verdadero al que llega, el sí un Quijote logrado:
Tuvo noticia el santo Centenares que en Fuenteovejuna y grande parte de Sierra Morena y otros despoblados del obispado de Córdoba habitaban cabreros, colmeneros, cazadores, pastores y otra gente poco menos que bárbara. Abríganse en chozas y cabañas, y otros que entienden en cultivar la tierra, en los cortijos, en casas mal formadas. Padecían notable falta de dotrina y sacramentos, y muchas veces peligraba el del bautismo. Habiendo reconocido el estado de esta gente, entendió que estas necesidades eran las Indias que su Maestro le dijo, y a que le llamaba Dios. (...).
Este género de vida tan raro y de tan gran merecimiento abrazó el padre Esteban Centenares y perseveró en él cuarenta años, juntando con eminencia los dos grados más excelentes de la Iglesia: la vida solitaria y ministerios apostólicos. Vivió como anacoreta recogido en una iglesia en aquella soledad; gastaba la mayor parte del tiempo en oración y contemplación altísima; jamás estaba ocioso, ya en los libros, ya en ejercicios de penitencia y trabajo de manos. Tenía junto a su estancia un huertecillo que cultivaba y, regando con el sudor de su rostro, le daba, con sus verduras, parca y penitente mesa. Alcanzó aquel candor de ánimo, aquella pureza de los antiguos padres del desierto; viéronle muchas veces jugar con las anguilas de los ríos, y los peces venírsele a las manos, y, halagados, los volvía al agua; ninguno se halló burlado, jamás los tomó para el sustento. A un conejillo que le comía su huerto le castigó con unas varas, y riñéndole le dejó ir libre, mandándole no volviese; obedecióle, sin que animal de aquella especie o otra atravesase sus lindes (307-308).

martes, 21 de mayo de 2019

La alegría y el tiempo

Muy contento, de cumpleaños. Se me ocurrió que podía ser buena cosa, para celebrarlo, poner aquí la foto que hice el sábado al reloj de sol del Claustro de la Catedral, que es muy bonito:


[glups, veo que hay dos más: los tenéis aquí muy bien]

Ya que estaba, le hice una foto a la torre «azteca» por detrás:


Y hasta me paseé por la «cenefa» renacentista, un poco pesadota, un poco monótona. Sólo se sale del guión poniendo un Julio César arriba sobre el escudo de los Fonseca:




lunes, 20 de mayo de 2019

Un tríptico nazaritante

El sábado era gratis y eso me sirvió de excusa para volver al Museo de la Catedral, que ya me sé de memoria. Lo único nuevo era ver restaurado un tríptico de un autóctono, Juan Luis López, de los años 20 del siglo XX, que había visto de refilón en algunas fotos de periódico. Y las fotos de refilón ya sé a qué se deben: está bastante estropeado y en realidad no es para tanto, aunque de lejos hasta da el pego.

Me habían dicho a la entrada que no se podía hacer fotos, pero yo consulté mi conciencia, que no me arguyó nada en contra de ello, pensando en vosotros, mis pacientes lectores. Aquí os va una foto:


Si os parece borroso, en parte es culpa de la foto y en parte de que es así. Por ejemplo, de san Francisco de Asís solo queda la cara original. La otra es santa Isabel de Portugal, porque son dos santos peregrinos (presuntamente) a Santiago y el tríptico iba para la capilla de Sancti Spiritus de la Catedral. Fijaos en que tras santa Isabel está el Pórtico de la Gloria, pero como abierto al campo, al revés de como está, abierto al interior de la Catedral.
La tabla central de Pentecostés tiene como atisbos de Italia, al menos lo pretende. A mí me hizo ilusión tener algo así aquí, porque me había leído hace unos días La hermandad prerrafaelita, el primer libro, o folleto, que publicó Evelyn Waugh, sobrino lejano de Holman Hunt, por cierto. Ahí volví a recordar que lo de prerrafaelitas quiere decir «pintores que rechazan el academicismo que se instaló entre los seguidores de Rafael», que luego siempre se me olvida. Este cuadro no es nada prerrafaelita, ni siquiera nazareno, pero vale, si lo miras con cariño, mal no está.

viernes, 17 de mayo de 2019

Guadalupe Ortiz de Landázuri

Mañana será beatificada Guadalupe Ortiz de Landázuri, la primera persona del Opus Dei tras san Josemaría y el Beato Álvaro del Portillo. Hay transmisión en directo, también en televisión (13tv)

Yo os recomiendo sus cartas a san Josemaría. Se ha publicado una selección: le cuenta cosas normales y a veces se refiere a sus ratos de oración. Ahí es donde más me impresiona:
(...) noto que gracias a esas cruces voy teniendo más presencia de Dios y cada día me ocupo menos de mí. Esto me da mucha alegría. Solamente en el oratorio veo con mucha claridad mis defectos grandes, grandes, me humillo y no me vuelvo a preocupar. A veces creo que debía sentir más remordimientos, pero no los tengo; ni el pensar en las faltas de antes me da preocupación.

Padre: Pienso mucho las cosas, y le pido al Señor que me ayude, y cómo noto que nunca me deja. En la oración a veces no puedo pensar en nada, noto como la cabeza cansada de discurrir y sólo me agrada apoyarme en el Señor y sentirme allí; entonces noto cuánto le quiero y soy muy feliz. El resto del día, mi presencia de Dios es poner toda la cabeza en las cosas que tengo que hacer (porque si no, no sale nada bien, necesito fijarme mucho, no soy nada rápida ni lista para pensar).

De mí también quiero contarle algo bueno. Que estoy contenta, que pongo lo que soy en todo, cada día con más ilusión, pero nada me ata. Pienso que si en el momento que fuera me dijesen que dejara … algo o todo, no me costaría nada: ni personas, ni cosas. Parece que estoy loca, porque humanamente sería imposible unir estos dos sentimientos, pero esto es precisamente lo que me da la seguridad de que en el fondo está Dios; aunque, sobre todo en los ratos de oración, no le sienta casi nunca esta temporada. El resto del día casi no pierdo la presencia de Dios, que es de una forma tan real, que no llego a tener nunca la sensación de que estoy sola.
Una mujer de una gran sensibilidad, trabajadora, de gran reciedumbre.

Creo que la han sacado muy bien en este cuadro, que está en la iglesia del Caballero de Gracia de Madrid, donde van a estar sus restos; es una iconografía de santa bastante poco habitual, pero al pintor, Ignacio Valdés, le ha quedado muy lograda. Parece que, junto a los aparatos de laboratorio (era química) la clave es un libro que se titula Aprite le fenestre, título de una canción italiana que le gustaba a san Josemaría, que decía que le gustaría que se la cantaran al morir, porque la letra dice: «Abrid la ventana al nuevo sol, es primavera, fiesta del amor»:



miércoles, 15 de mayo de 2019

Qué temple

Ya había leído y oído ya varias cosas sobre la tarde de Sevilla de Pablo Aguado. Ahora he podido disfrutar la faena del primer toro. Veo al año, como mucho, una faena de toros. Este año he tenido suerte: esto es pura intensidad: