miércoles, 25 de mayo de 2016

Escribir «sobre yelo»

En el episodio de Teófilo de los Milagros de nuestra Señora de Berceo le habla la Virgen con dureza, puesto que ha entregado su alma al demonio firmando un documento:
Dissoli: ¿en qué andas,       omne de auze* dura?
Sobre yelo escribes,      contiendes en locura,
Harta só de tu pleito,      dasme grand amargura,
Eres muy porfidioso,      enojas sin mesura (778).
Eso de «sobre yelo escribes», con ese sentido tan plástico de «escribes para nada», está a la altura del epitafio Keats tan jaleado: «Here lies One whose Name was writ in Water» (y me acordaba el otro día de cuando lo vimos a través de una abertura en el muro, tan bonito).

Busco un poco por encima en Google y solo encuentro un artículo de Cinthia María Hamlin, que estudia las imágenes de la escritura en Berceo

Yo pienso que es más bonito que lo de Keats porque de hecho la Virgen le ayuda al final a Teófilo, hasta el punto de bajar al infierno a rescatar aquel documento incriminatorio de las garras del demonio, así que el escribir en el yelo de Teófilo sí que le valió, de lo que me alegro infinito.


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*auze lo explican a partir de ¿*avice, «de las aves», «destino»?

lunes, 23 de mayo de 2016

Teología güelfa

Con el subidón de haber disfrutado por segunda vez (la primera fue el Coro Universitario) Dido y Eneas de Purcell, con el entusiasmo y el trabajo concienzudo de los alumnos de la ESMAE de Oporto y los Amigos de la Ópera de Santiago, terminé la lectura de Teología Güelfa, el segundo volumen de la «Trilogía Güelfa» de Armando Pego (*QEEECDV) y qué bien.

Como con el volumen anterior, había leído primero los textos en su blog; luego pude ver el volumen en borrador, Con el ejemplar definitivo en mis manos, dedicado por el autor en septiembre, ahí lo dejé, sin prisas: este fin de semana me lo leí como si fuera la primera vez, pero ahora otra vez con nuevo provecho.
Es un libro que a mí me recordó el poema de JMM (de la lectura que enlacé el otro día; es el minuto 17:20) de Las trincheras, libro que explica él mismo que está centrado en la esperanza. En ese poema se habla de la espera de tres días en el sepulcro que son milenios, mientras la guardia se crece.

Después de una introducción en la que se advierte de los peligros del buenismo, la sofistería y las trampas gnósticas, hay tres partes, la primera franco(-alemana) y por lo tanto en tensión, llena de densidad, de problemas filosóficos y teológicos; en la segunda está lo anglosajón: en principio más sereno y ligero, pero en el fondo con la tragedia de una herida por donde se les escapa lo mejor que tuvieron y que los mejores de ellos (Moro, Newman, Chesterton, Waugh) consiguen recuperar. En la tercera tenemos lo hispánico, menesteroso, predominando, aunque brilla, claro, el luminoso -a pesar de tantos pesares- siglo XVI: san Juan de Ávila, Cristóbal de Morales, Juan de Valdés (del que casi no sé nada, salvo los cuatro tópicos que nos empaquetaban en la carrera).

Domina el tono sereno, reflexivo, minoritario, sin alharacas optimizantes: hay una tristeza que es simplemente la del retraso de la Parusía, pero tristeza pequeña comparada con la Esperanza grande que está ahí sosteniendo por debajo. Así que realismo con fe: optimismo del verdadero.

Y la alegría que se escapa, a pesar de todo, con la Navidad de Dickens.
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*Que estará en el Curso de Verano

sábado, 21 de mayo de 2016

Otro recital de JMM

Para celebrar mi cumpleaños, este otro vídeo, de una lectura comentada (y qué interesante) de sus poemas en la Universidad Francisco de Vitoria:



Lee también poemas del que será su próximo libro, Gloria.

viernes, 20 de mayo de 2016

JMM leyendo sus poemas

Ya no sé quién puso el enlace, pero la cosa es que di con este programa de principios de siglo XXI. A partir del minuto 20 va leyendo poemas suyos. Antes, habla y lee uno de Neruda (me dejó perplejo) y al final uno de Aldana muy bonito:



Además, ha colgado dos poemas nuevos: hace unos días, del 76 y hoy, todo el cielo de españa.

jueves, 19 de mayo de 2016

Dos audios para oírse

1. Sobre Eugenio d'Ors, en Radio Nacional. Muy interesante. Ponen una grabación de su voz que me recordó a una que oí de Ortega (ese tipo de retórica creo que murió por películas como Bienvenido, Mr. Marshall). Meten la pata diciendo que su hijo Álvaro era arquitecto, pero por lo demás está muy bien, especialmente lo del especialista en su obra al final que dice que d'Ors está en el Purgatorio literario y que seguramente a él no le importaría, siendo un escritor no de masas.

2. Sobre Simone Weil para quien entienda inglés, este programa exquisito (y qué bien pronuncian el inglés los profesores) de In our time. Todos los periodistas podrían aprender de cómo lleva el programa el presentador y cómo se lo ha preparado.

miércoles, 18 de mayo de 2016

El cielo prometido, de Gregorio Luri

El domingo por la tarde acabé el libro y me acordé de que tenía Las religiones políticas de Eric Voegelin, así que me puse a leerlo (bueno, sólo el prólogo*). Y luego estuve con Theodora de Haendel, justo con alguna de esas canciones tan conmovedoras de los cristianos antes de ser llevados a la muerte por no someterse al César.

El libro de Gregorio Luri (QEEECDV**) está escrito con precisión y una soltura tal que hace la lectura fácil, entre una maraña de personajes más enlazados de lo que parece de primeras. Yo del tema no tenía ni idea, pero me da la impresión de que es un estudio muy valioso sobre la cuestión, porque es primero y sobre todo una monografía de historia, de rigor exquisito. También es un cauce de reflexiones sobre la historia encima o debajo de la filosofía y la moral, sobre las esperanzas seculares (fallidas al final). Podría ser también una exploración sobre la utopía y su sentido***.

A mí me dejó triste: los protagonistas, Caridad Mercader y su hijo Ramón, el asesino del piolet en la cabeza de Trotsky representan mucho de lo que dominó el siglo XX para lo peor (y que amenaza, no sé hasta qué punto, con volver).
Por otro lado, es el libro más autobiográfico de Gregorio, sin tratar nada sobre él. Sí que aparece como personaje que investiga, mueve Roma con Santiago y no deja papel sin mirar, en un terreno por un lado muy estudiado y por otro lleno de trampas, versiones interesadas y mentiras. El haber podido recoger los recuerdos de gente cercana, especialmente dos que fueron niños tratados con predilección por Caridad Mercader, persona que por lo demás me resulta extremadamente repulsiva, es fundamental para que no caigamos en la trampa de convertir en malos de raíz a dos personas que simplemente hicieron el mal y estuvieron profundamente equivocadas y causaron daños extremos, empezando por sus familias. Yo, que nunca tuve la tentación del comunismo (y me he librado de la vergüenza de presumir de haber sido comunista de joven, como tantos ahora) y que soy lo más contrario que se pueda ser a la idea de revolución en todos sus aspectos, puedo leer gracias a esos niños sus recuerdos sobre una mujer como esa, pero un ser humano al final. Gregorio podría haberse cebado en ella o en su hijo, pero sin ceder nada a la verdad de los hechos, nos los muestra como fueron, sin sentimentalismos ni moralismos baratos.

Y hablaba al principio de Voegelin porque en ese prólogo responde a los que le acusan de parecer que no habla mal del nazismo, él que escribió ese ensayo nada menos que en 1938 y que tuvo que huir de Viena para que no se lo cargaran. Y a continuación explica que las religiones políticas (el nazismo, el comunismo) son brillantes como el demonio pero sobre todo son una manifestación de la brillantez del mal, en una caracterización que casi parece maniquea, pero que me ayuda un poquito a entrever una mínima respuesta a la pregunta que soy incapaz de contestar: qué le ven y qué le vieron al comunismo para que les atrajera.
Yo al comunismo no le reconozco ni la buena intención, le acuso de maldad intrínseca, por muy buenas que sean sus supuestas promesas, pero no sé si puedo condenar a los que se lo creyeron, especialmente los de la primera mitad del siglo XX; a los que lo siguen defendiendo no, porque deberían haber visto sus efectos arrasadores. Respecto a su carácter de religión, en el que Gregorio va insistiendo con frecuencia, yo creo que es una parodia de la religión y una religión de la maldad a partir de los buenos sentimientos. No sabría explicarlo mejor, pero yo solo puedo decir que hay una religión verdadera, otras que participan de esa verdad más o menos limitadamente y parodias crueles. Pero por ahora solo puedo poner canciones como las de Teodora de Haendel.


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* Para meterse en serio con él hay que prepararse; ya lo aprendí con varios volúmenes -en la pista de Flannery O'Connor- de su Orden e historia, tan impresionantes.

**Que estará en el Curso de Verano.

***Si supiera más filosofía diría: sobre la exploración (de la falta) de sentido, así, con paréntesis en medio, como los franceses.

martes, 17 de mayo de 2016

Dos cosas sobre Galicia

Del libro de Miguel d'Ors, me apunté este texto que recoge del diario de su padre, el gran Álvaro d'Ors y que yo aplico a Galicia porque me apetece. Me parece de una sabiduría tremenda; a mí me ha costado un montón entenderlo y creo que todavía no lo he pillado del todo:
En los ambientes rurales no hay que preguntar. La información es una flor de la cultura urbana. Entre aldeanos, las cosas se saben sin preguntar. Si preguntas y obtienes una respuesta, ésta será siempre desorientadora. Pero ten cuidado, no protestes luego, pues se reirán de ti por ignorar lo que todos saben (274).
Y casi al final de libro (349) el autor se pregunta si es realmente gallego en lo sociológico, a partir de cuatro criterios que le han llamado la atención negativamente: 1. rusticidad; 2. fatalismo; 3. chismorroteo; 4. necrofilia.

lunes, 16 de mayo de 2016

Miguel d'Ors, Todavía más virutas de taller


Tras Virutas de taller (2007) y Más VdT (2010), sale Todavía más VdT de Miguel d'Ors (QEEECDV*) otro libro que he leído sin poder dejarlo. Es todavía más misceláneo que los anteriores: hay todavía más de todo, desde comentarios de poesía a microrrelatos, desde listas de todos tipo (por ejemplo de las cicatrices de su mano -una biografía muy lograda-, pero también de poetas favoritos -varias-, de películas del Oeste o de las cosas que le gustan y las que no) a comentarios bíblicos o unos deliciosos cuentos infantiles políticamente incorrectos para sus nietos. Y no se corta ya al hablar de sus opiniones políticas, como si quisiera quemar todos los barcos y que los que le han estado acusando toda su vida tengan munición a placer para enterrarlo en la tumba de los «políticamente incorrectos», también por el lado religioso  (tiene unos párrafos muy graciosos sobre unos que traducen «Virgo clemens» por «Virgen acogedora» y sobre el vomitivo uso del verbo «acoger» en el mundo clerical).

Especialmente me han gustado todo lo que escribe sobre cómo encuentra Galicia, ahora que ha vuelto a vivir aquí tras muchos años fuera, desde el bachillerato en concreto. Los análisis sociolingüísticos son finísimos y a mí me han resultado muy consoladores (y mucho más realistas que antes). Luego tiene comentarios mínimos pero fascinantes a cosas como el distinto valor de «bastante» o lo que se entiende por «monte» en Andalucía y en Galicia (77).

En las notas lingüísticas y literarias hay lugar para todo tipo de cuestiones menores: por ejemplo repasa los datos sobre si Rosalía era «Castro» o «de Castro», con resultados ambiguos. O se plantea de dónde sale el cambio semántico del «vacilar» antiguo al vacilar (a alguien) actual. Pero sobre todo ha leído mucha literatura española. A mí me rompió el saque descubrir que esto que cita:
De allí vi ya horizontes más abiertos,
y aun también más ajenos de conhorte,
pobres, incultos, rasos y desiertos,

hombres tristes, de oscuro y sucio porte,
casas de barro, calles de inmundicia,
pueblos, en fin, sin dicha ni deporte.

Tal vez en torno de ellos la codicia,
si no ya la miseria, labra un poco,
sin afán, sin provecho ni pericia.

De árboles no hay que hablar; éste es un coco
que asusta al propietario y al labriego,
y a quien los planta le apellidan loco.

«Los habrá, dicen, cuando venga el riego».

era de 1795, de Jovellanos (Epístola a Poncio). Y es que si hay algo en lo que destaca es en el comentario literario de poesía. Ya me gustaría asistir a un curso suyo sobre literatura del siglo XVIII (o del XX o de cualquier época). Su dominio métrico y su oído poético son finísimos, ya se sabe. Lo mismo que los poetas contemporáneos suyos más destacados, con los que se pelea aquí varias veces: fascinante grupo, seguramente los poetas más grandes desde los de inicios del siglo XX.

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*Que estará en el Curso de Verano

viernes, 13 de mayo de 2016

Julio Rodríguez Chico

El míercoles murió Julio en Valladolid. Llevaba meses enfermo.



Hace treinta años tuvo una enfermedad gravísima, de la que salió de milagro, con un tratamiento brutal pero que resultó efectivo, aunque le dejó secuelas que le limitaron, aunque no impidieron que durante toda su vida siguiera trabajando al máximo ritmo que podía, por las mañanas gestionando actividades del Opus Dei y por las tardes dando charlas de formación, hablando con gente, atendiendo a todos.

Hace unos años decidió hacer el Master de Cine de la Universidad de Valladolid. De allí salió con una monografía sobre Kieslowski. Comenzó a hacer reseñas de películas en La Butaca y acabó teniendo una web propia, La mirada de Ulises. A mí me parecía un crítico excelente. Aquí podéis ver una lista de películas de cine espiritual que hizo, que creo que le retrata. También sacó hace poco una introducción sencilla al cine.

Yo ayer me acordaba de él y no me sentía triste. Repasé recuerdos de cuando convivimos en Valladolid hace veinte años en Monterrey, una residencia del Opus Dei: alegre, con aquella risa tan contagiosa, siempre preocupado de todo el mundo, siempre discreto, siempre apuntándolo todo en aquella agenda tan abultada. Me puse a rezar por él aunque me parece que poca falta le van a hacer nuestras oraciones. Más bien, es como si tuviera un nuevo aliado arriba.

Hace unos años quedamos, una vez que pasé por Valladolid, y me ofreció ver una película. Acabamos disfrutando de una de Kaurismäki. Qué bien.