jueves, 20 de junio de 2024

Tiene que llover de Karl Ove Knausgård

Es el volumen 5 de sus Diarios. Se titula Tiene que llover y no sé muy bien por qué. Un título alternativo podría ser Escritor por encima de todo o también La escritura como obsesión o Escribir por vivir. Quizá es por la gran cantidad de lluvia que cae en Bergen. Son los años desde que empezó en la Escuela de Escritura que llevaba entre otros Jon Fosse; empezó luego estudios de la titulación de Literatura, lo dejó, trabajó en psiquiátricos viendo situaciones terribles, luego estudió Historia del arte, se enamoró varias veces: Ingvild, Gunvor, Tonje, enamoramientos arrasadores y entusiasmo amoroso, luego cierto acostumbramiento, infidelidades favorecidas por borracheras catastróficas, abandono. Es tremendo el modo de vida que describe, el suyo en particular y el general del ambiente que describe. Aquí vamos acercándonos a eso, si es que no estamos ya, que yo estoy en Babia seguramente: desde los 18 años independencia total, años de borracheras y relaciones casuales, vida desarreglada, y de fondo el Estado de Bienestar que provee.

Ahí cuenta el funeral de su padre, unas páginas muy emocionantes. Es claramente el tema central de su vida: su padre, su miedo a su padre, su dolor por su padre.

En este volumen especialmente la cuestión de las borracheras es crucial. Todo el mundo bebe, él bebe hasta perder el sentido, hasta hacer algunas cosas tremendas. Su padre muere a base de borracheras. Es todo tremendo. 

Es sobre todo un estudio de escritura, de sus intentos de escribir algo que perdure. En algunos casos inserta páginas de esos intentos, que son casi lo opuesto al modo de escribir estos diarios: barroquismo, intelectualismo, pose, influencias demasiado evidentes. En cambio, estos Diarios son de una tersura increíble, fluyen con una naturalidad pasmosa. Se nota todavía más con el contraste de esos esbozos juveniles.

Supongo que es también una historia de la literatura noruega en un periodo concreto. Ahí está Jon Fosse, el reciente premio Nobel, pero también sus amigos, que van publicando novelas: Espen Stueland, Tore Renberg.

miércoles, 19 de junio de 2024

El viajante y lo que me pasa con la dramaturgia

 
Vimos el sábado El viajante, la película del iraní Farhadi, uno de mis directores favoritos (una de mis películas favoritas es Una separación; ya hablé de Un héroe; también está muy bien Todos lo saben, una película españolísima, por cierto). Para mí era la segunda vez, ahora con la lectura de Muerte de un viajante de Arthur Miller fresca, que me permitió entender algunas referencias de la película mejor, aunque no es absolutamente necesario leer a Arthur Miller para disfrutar de la película.

La cosa es que leí hace poco Muerte de un viajante y me costó mucho seguirla. Ahí volví a caer en la cuenta de las dificultades que tengo para leer obras teatrales: me supera la cuestión del espacio, de ver quién habla en la conversación, de seguir la trama dramática. O es que las leo a toda prisa, sin pararme a ver quién dice qué. En cambio, sí que disfruto de las tragedias griegas, quizá porque tengo que leerlas muy despacio. En el caso de las obras actuales, yo puedo disfrutar de la película o la obra de teatro, pero el guión o el texto teatral, si los leo solos, me resultan secos, fríos. Creo que sería el peor lector de guiones de la historia. O es que en realidad no me gustó Muerte de un viajante y ya está.

Pero el hecho es que la película iraní sí que me gustó, ahora con mucho más trasfondo para entenderla, pero sobre todo por la intensidad del drama que se culmina en la última parte. Es de esas películas -es una tragedia- en las que el mal está por encima de los personajes, repartiéndose entre ellos pero sin explicar lo particular el drama general. Aquí hay al final un viajante, un anciano, interpretado impresionantemente por Farid Sajjadi Hosseini, que hace que me sienta conmocionado viendo su situación en la película. Le dan una bofetada que es como si me la dieran a mí. Eso es la tragedia: sentir con compasión y horror el mal que padecen y causan los personajes y del que son víctimas. No hay malos-malos ni buenos-buenos: son como nosotros.


Aquí hay una reseña muy buena.

martes, 18 de junio de 2024

Un plan de lecturas

Sobre la propuesta de los Grandes Libros ya hace tiempo conté en una conferencia los problemas que le veía. En otra entrada contaba cómo parecía que se había ido produciendo el proceso. En resumen, que prefiero lo mío, la Filología Clásica, o las Ciencias de la Antigüedad en conjunto, como referente de estudios. Pero, visto desde otro punto de vista, los Grandes Libros son una propuesta magnífica frente a un tipo de docencia basada en manuales escolásticos o apuntes revenidos, hechos de refritos de libros de texto, aunque espero que una enseñanza así ya no sea tan común.

No sé si habría una vía intermedia. Se me ocurrió el otro día, leyendo el extraordinario libro de Leclerq, El amor a las letras y el deseo de Dios, que quizá se podría hacer una lista de libros básicos, no obras de creación, que son las que se recogen en esas listas de "Grandes libros", para que leyeran los estudiantes universitarios. Serían los que cambian la perspectiva sin ser de creación. Pongo los que se me han ocurrido por ahora, ya iré añadiendo con vuestras sugerencias. Algunos los leí hace muchos años; quizá ahora tendría otra perspectiva de ellos, no sé:

Rémi Brague, Europa, la vía romana.

Ernst Curtius, Literatura europea y Edad Media latina.

Jean Leclerq, El amor a las letras y el deseo de Dios.

Huizinga, El otoño de la Edad Media.

Paul Hazard, La crisis de la conciencia europea.

G. K. Chesterton, Ortodoxia.

Joseph Ratzinger, Introducción al cristianismo.

lunes, 17 de junio de 2024

El amor a las letras y el deseo de Dios

He leído por fin este libro, El amor a las letras y el deseo de Dios, de Jean Leclerq, aunque en cierto modo se podría decir que ya lo conocía. Ha sido como una relectura, porque ya había leído la Poética del monasterio de Armando Pego y, en cierto modo también está presente, creo, en la Guía espiritual de Castilla de José Jiménez Lozano.

Esta lectura me dejará, espero, una huella honda. Me ha hecho cambiar mi perspectiva sobre la historia del saber o del sentido de la historia como un progreso en el conocimiento. Inconscientemente, podía estar atrapado en esos ideales ilustrados que han llegado a su paroxismo paródico en instituciones como la Aneca, que miden el saber por impactos.

Este libro trata del amor de Dios en la vida monástica, que es también amor a las letras pero no amor a la erudición. Es amor a los clásicos también, pero no sumisión a cánones de belleza pagana o medieval: es todo al servicio de la contemplación amorosa de Dios. Os lo recomiendo vivamente, es uno de esos libros que hacen ver las cosas de otro modo.

Por dar una pincelada, mirad lo que dice sobre un posible "humanismo monástico":

Si el humanismo consiste en estudiar a los clásicos por sí mismos, en centrar el interés en el tipo antiguo de humanidad de que son testimonio, los monjes medievales no son de ningún modo humanistas. Pero si el humanismo radica en estudiar los clásicos por el bien del propio lector, para permitirle enriquecer su personalidad, son humanistas de una pieza. (...) Les deben, en primer lugar, un cierto gusto por lo bello. (...) Los monjes medievales no eran anticuarios, ni bibliófilos, ni menos aún tenían mentalidad de coleccionistas (...). No eran pedantes, ni estetas, pero vivieron intensamente. (...)

Ciertamente, no conservaron texto alguno que no les encantara por su belleza. Si leyeron y copiaron a Ovidio, es porque sus versos son admirables. Sacaron alguna vez lecciones morales de esos autores, pero, gracias a Dios, no se veían reducidos a tener que solicitárselas. Deseaban los goces del espíritu; no desecharon, pues, lo que en aquéllos se les ofrecían. Si transcribieron los textos de los clásicos, es simplemente porque los amaban. Amaron los autores del pasado, no porque pertenecieran a ese pasado, sino porque eran bellos, de una belleza que desafía los siglos. Su cultura fue siempre inactual y, por eso precisamente, fue siempre influyente (180-181).

viernes, 14 de junio de 2024

Dos vídeos excelentes

Este permite ver muy de cerca el Díptico Wilton, que yo pude contemplar en la National Gallery de Londres y que ahora va a estar expuesto en Oxford:  
 Me encantaría visitar la casa Bachman-Wilson de Frank Lloyd Wright:

jueves, 13 de junio de 2024

Análisis de un cartel

Este cartel me impresionó. Es de los indepes vecinos nuestros, que son muy de hacer xuntanzas para crear comunidad. Han creado una asociación vecinal, As Marías (trasfondo, aunque partidista, aquí), y organizan una sardinada mañana. 

A mí me fascina el diseño sobre todo de la palabra Sardi-NHA-da, resaltada la nh que los define (los indepes más expresamente indepes son lusistas). En el dibujo pone "Lembra levar o teu copo". Yo no sabía que era copo y lo he mirado en el diccionario de la Real Academia Gallega y nada: he tenido que ir al diccionario portugués: significa vaso. ¿Veis, lo que es ser lusista?

Del diseño está muy bien también la gaita que hace moverse a las letras de arriba. Y la astronauta pescando sardinas entre las estrellas, muy bien me parece.


miércoles, 12 de junio de 2024

Una pesadilla

No está bien contar sueños, me parece, pero contaré este.

El otro día soñé que estaba en Ciudad Real, me pasa con cierta frecuencia, suelen ser sueños buenos. Luego resultó que quería salir de una estación y no podía: hasta que me desperté. Despierto, caí en la cuenta que la del sueño se parecía mucho a la estación de Chamartín, en la que estuve hace dos meses, intentando encontrar la entrada llegando desde el metro: creo que no tengo en mi experiencia imagen más cercana al infierno que aquella búsqueda entre pasillos y obras de la puerta. 

Quizá me acordé en el sueño porque había visto ese día unas imágenes de mogollón de gente en el espacio central de Chamartín. Yo también estuve en un mogollón así, esperando a que se les ocurriera poner en qué vía estaba mi tren, después de pasar un control de bombas que no sé qué hace en la estación: ¿para evitar que alguien ponga bombas en trenes, es eso? Doy ideas: pueden poner la bomba en el hall de la estación, antes del control de bombas, mirá qué fácil. Eso de Chamartín es otro ejemplo de cómo están creciendo los controles de seguridad. El otro día me dijeron que la Xunta da un millón de euros para los guardas de seguridad de la Catedral de Santiago: antes entrábamos con normalidad, ahora está todo estabulado, hay carrilitos, controles, barreras. Todo por nuestro bien.