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sábado, 12 de marzo de 2005

Gematria

Por una conjunción astral especial me he encontrado en dos libros diferentes, leídos con una distancia de dos días, la palabra Gematria.
Quería explicar en clase los numerales (griegos) y de paso estudiar el sistema de notación numérica (los griegos usaban las letras del alfabeto griego como números), así que cogí un libro de Dornseiff (El alfabeto en la mística y la magia); ahí es donde se habla de la gematria, el arte de descubrir significados ocultos contando los valores numéricos de las letras de una palabra. Hice una prueba con mis alumnos y calculé el número que daba mi nombre (en griego y en nominativo). El resultado que conmunico a todas mis amistades es 312 (o 3 + 3, la perfección, por supuesto; o el angel que anuncia a la Trinidad (3), es decir Gabriel, o también la culminación de la unidad y la dualidad con la suma de 1 + 2).
Hoy seguía con el libro de Colin Thompson sobre fray Luis (ya me faltan adjetivos para alabarlo/le) y ahí me volví a encontrar con la gematria, a propoósito de teorías de quienes quieren ver en fray Luis de León un cabalista cristiano (teorías que Thompson echa por tierra con enorme autoridad).
Esto fue muy importante en la antigüedad (baste recordar lo del número de la bestia) y todavía sigue.
Un muy buen artículo sobre el tema en la página de Oxford dedicada a los papiros de Oxirrinco.
De aquí tomo la foto de un papiro del Apocalipsis editado recientemente, donde se documenta que el número de la bestia es 616 (no 666) :


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sábado, 20 de septiembre de 2008

¡Nueva edición de De Los nombres de Cristo!

Pasaba el otro día por los estantes de la Biblioteca de la Facultad, a la caza de novedades (no se molestan en ponerlas en un sitio aparte, hay que ir buscando por los estantes) y me llevé una sorpresa mayúscula: una edición nueva de De los nombres de Cristo*, y una gran edición que viene a sustituir a la muy buena pero ya de hace 30 años de Cristóbal Cuevas en Cátedra. Y me llevé el alegrón porque la edición estaba a cargo de Javier San José Lera, profesor de Salamanca y uno de los grandes expertos en fray Luis. Y esto, poco después de la de la poesía de Antonio Ramajo Caño en la misma colección.
Pero lo que pasa, que no dura la alegría en casa del pobre: esta colección, heredera de la que Francisco Rico (que es listo como el hambre) comenzó en la editorial Crítica, siempre tiene un 'estudio preliminar' delante, en realidad unas páginas de lucimiento, puestas allí supongo que para dar cancha y royalties a las vacas sagradas. Bien, podrían haber puesto como prologuista a Colin Thompson o a José Jiménez Lozano o a Ricardo Senabre, pero han sacado de su tumba a don Fernando Lázaro Carreter (que murió en 2004) para decir dos tontadas (y perdón, de mortuis, etc.) sobre Renacimiento=pagano y sobre fray Luis y sus posibles dificultades vitales (voy a decirlo así, porque ya sabéis que era un fraile, je, je), cosas archisobadas sobre sus sonetos amorosos y falsas de toda falsedad. Además tiene una enorme pinta de refrito de no sé dónde [busco en google dos segundos y sí, refrito de esto, de 1995; y me temo que refritado luego aquí, en 1996], porque de lo que no habla casi es de Los nombres de Cristo, que tengo para mí que no leyó nunca o leyó mal: una obra cuyo tema es los nombres de Cristo en la Sagrada Escritura qué iba a importarle. Él se leía las poesías castellanas, buscaba datos eruditos y se los clavaba como chinchetas, leía el prólogo sobre la lengua y hacía unas verónicas sobre las lenguas vulgares y lo demás le daba igual, al menos a juzgar por la ignorancia oceánica que muestra sobre fray Luis, en el que ve sólo lo que quiere ver: sus cuatro ideas tontas sobre el Renacimiento, en las que fray Luis no le encaja.
La lástima es que a Lázaro Carreter todo el mundo le rió la gracia de El dardo en la palabra (porque somos muy policías -también en las lenguas- y nos va el rollo de se puede/no se puede decir esto o lo otro y espero no estar pisando muchos callos ahora, pero es lo que pienso) y le hemos convertido en el gran sabio, cuando sí, bien, era un catedrático, pero sobre todo un hombre bien relacionado y editor de libros de bachillerato (con los que se forró, y eso no me parece mal): y gracias a él nos hemos cargado el gusto de los españoles de las últimas generaciones (¡aquel libro de Literatura de COU!). Bueno, me callo, que me embalo y me despeño. Y pudiera ser que le encargasen esos folios y hubiera reutilizado sus cuatro papeles y luego la edición se hubiese retrasado, que todo puede ser, pero el hecho es que es una mierda el texto de Lázaro Carreter.
Menos mal que al dejar esas penosas páginas detrás, nada más comenzar el estudio de Javier San José la cosa cambia como de la noche al día: para empezar, con un par, dice lo que hay que decir: que fray Luis era ante todo y sobre todo un biblista (es lo que te tiene cuando alguien lee los textos de verdad). Y podría haberlo comparado con Ratzinger, que es la figura que veo más cercana a él, pero quizá hubiera estado fuera de lugar. Y hasta aquí he leído sólo, que me queda todo el estudio preliminar, que promete mucho. Y la edición seguro que estará muy bien, visto el nivel de las otras ediciones que ha hecho Javier San José.
Os lo recomiendo vivamente: un must, un libro para comprar y quedárselo (arrancando lo de Lázaro Carreter con un cutter). Los 35 euros los vale de sobra.
*Fray Luis de León. De los nombres de Cristo. Edición, prólogo y notas de Javier San José Lera. Estudio preliminar de Fernando Lázaro Carreter, Barcelona, Galaxia Gutemberg - Círculo de Lectores, 2008, ISBN 978-84-8109-693-4

viernes, 26 de septiembre de 2008

Y todavía más sobre viajes

San Juan de la Cruz, que había nacido en la provincia de Ávila, lo más arriba al Norte que llegó fue a Valladolid. La primera vez que vio el mar, en Málaga, fue con unos 41 años y llevaba ya tiempo por Andalucía; murió con 49 años [datos del gran libro de Colin Thompson que estoy leyendo: Canciones en la noche. Estudio sobre San Juan de la Cruz, Madrid, Trotta, 2002].

martes, 26 de abril de 2005

Pazo de Fonseca

Como estaba cerrada la Facultad por la fiesta de san Isidoro de Sevilla (convenientemente trasladada la fecha al lunes, para hacer un hermoso puente), me fui a la Biblioteca Xeral [General] de la Universidad de Santiago, que está en el Colegio de Fonseca (el de 'triste y sola, sola se queda Fonseca'). En el patio tiene una inscripción que recorre los cuatro lados, de un humanista, Álvaro de Cadaval. Es muy bonita, y empieza así:


Carolo Cae(sare) cum matre Regina... El César Carlos con su madre la Reina. Es una inscripción que recuerda la fundación de la Universidad cuando mandaba Carlos I y todavía se mantenía la ficción de que seguía reinando la pobre Juana la Loca. Bueno, algún día pondré el texto completo. Fonseca es uno de los cuatro lados de la plaza del Obradoiro: web-cam aquí.
A lo que iba allí era a ver las Obras latinas de fray Luis de León, que sólo se publicaron en siete volúmenes entre 1891 y 1895: desde entonces casi nadie les ha prestado atención. Supongo que los hispanistas pensarán que como están en latín, no merecen la pena (con honrosas excepciones como la de Colin Thompson, catedrático de Oxford y que tiene un libro magnífico sobre fray Luis, pero claro, ya se sabe que en Gran Bretaña estudian latín, y eso que no son católicos).
Bien. Allí encontré el siguiente texto:
In figurato et arcano sermone Sacrarum Litterarum, ut docet Euthymius in hoc loco, humeri significant patientiam et tolerantiam et robur ad aliquid vel perficiendum vel perferendum: et sic Deus gestat nos in humeris suis, non solum quia imbecillitatem nostram sustentat, et vires nobis suggerit additque robur ad praeclare operandum; sed etiam qui perfert nostram ingratitudinem et nostra peccata.
In Canticum Moysis Expositio, 11, vol. I, p. 29.
En una traducción rápida y cutre que hago:
En el lenguaje figurado y oculto de las Letras Sagradas, como enseña Eutimitio en este lugar, los hombros significan la paciencia, la carga y la resistencia necesarias para realizar o soportar algo: y así Dios carga con nosotros en sus hombros, no sólo porque soporta nuestra debilidad y nos da fuerzas y resistencia para actuar bien, sino también porque soporta nuestra ingratitud y nuestros pecados.
Ahora comparad esto con el primer texto de la homilía de Benedicto XVI que puse el domingo. Estoy contento como un niño con zapatos nuevos por la coincidencia, que no es tal, sino beber de las fuentes en ambos casos. El buen pastor no es una imagen relamida, sino una realidad muy vital, como explican fray Luis y Benedicto XVI.

miércoles, 9 de marzo de 2005

De cuarta mano

Leo lo siguiente en el libro de Colin Thompson sobre fray Luis (p. 91, n. 94), una cita que toma de H. Kamen (Spanish Inquisition, p. 162), que a su vez lo tomó de Gregorio Marañón ("El proceso del Arzobispo Carranza", BRAH 127 (1950), p. 145), que recoge lo que dijo un miembro de una delegación romana enviada por el Papa a España, y en la que estaban tres prelados que luego serían Papas (Gregorio XIII, Urbano VII y Sixto V) para intentar (sin éxito) que se entregara a Roma al arzobispo Carranza, en la cárcel de la Inquisición muchos años, en un proceso injusto contra un hombre bueno:
Nadie se atreve a hablar a favor de Carranza por miedo a la Inquisición. Ningún español se atrevería a absolver al arzobispo, por muy inocente que le creyera, pues esto equivaldría a oponerse a la Inquisición. La autoridad de ésta no podría consentir que se declare haber preso injustamente a Carranza. Los más ardientes defensores de la justicia opinan aquí que vale más condenar a un inocente que no el que sufra mengua alguna la Inquisición.
Tendría que mirar lo de Marañón, porque seguro que toma el texto de otro.
Aun así, el texto sigue teniendo la fuerza original, a pesar de tanta cita interpuesta.
Y todavía hay gente que defiende la Inquisición, o quiere comprenderla.

viernes, 4 de marzo de 2005

Fray Luis social

En la página 141 del maravilloso libro de Colin Thompson se cita un texto social de Fray Luis, un comentario a un versículo de Job*. Os lo dejo para disfrute (la mejor prosa de la historia de España, ya sabéis):
Si comí su fructo sin dinero, y afligí ánima de sus labradores. En que comprehende la igualdad que el hombre justo guardar debe en el arrendar sus heredades, y en el trato y cobranzas de sus renteros; que no ha de ser injusto en lo uno, subiendo los arrendamientos en demasía, ni cruel y riguroso en lo otro, ejecutándolos hasta lo vivo. Porque sin duda es mal grandísimo al pobre labrador, que con el sudor suyo y de su familia ha lacerado todo un año, volviendo y revolviendo la tierra, pasando malos días y no descansando las noches, madrugando y ayunando, al calor y al hielo, en la cultura del campo, y lo que más es, confiando de las aradas ese poco trigo en que estaba su sustento y su vida, el señor del suelo donde sembró, ocioso y descansando y durmiendo, al fin de su trabajo, despojarle de todo el fructo dél y comer el ocioso y vicioso tantos sudores ajenos, y alegrarse él con lo que el miserable llora y sospira.
*El texto es de la Exposición del libro de Job (XXXI, 39), citado en p. 141 de La lucha de las lenguas. Fray Luis de León y el Siglo de Oro en España, Valladolid, Junta de Castilla y León, 1995 (trad. de The Strife of Tongues. Fray Luis and the Golden Age of Spain, Cambridge University Press, 1988).
*Cultura = cultivo (las dos palabras son de la misma familia).