sábado, 27 de enero de 2007

Cuento de miedo

A ver si lo cuento bien, con gracia, que además tiene final feliz:
El día de la lotería, sentados en la cocina, tan a gusto, mi hermana pequeña me vio un bulto en el cuello. Yo no había querido darle importancia y nadie hasta ese momento se había dado cuenta.
Ahí empezó la presión familiar. Desde Huelva, donde pasaron los últimos días del año, me llamaban cada día para saber si ya había ido al médico; incluso mi hermana mayor había renunciado a su contencioso con Telefónica para hacer un seguimiento exhaustivo del hermano cabezota; yo lo soportaba todo con estoicismo, sabiendo (aunque tenía la cabeza metida bajo tierra, como un avestruz) que tendría que pasar por eso, yo, que daría un rodeo para no pasar cerca de un hospital.
La presión de mi madre y mis hermanas. Yo hasta me cabreé un poco con ellas: sí soy un canalla. Pero la presión funcionó.
El médico de cabecera me echó en cara el no haber ido. Yo aguantaba el repaso, contrito. A continuación todo lo que más me asusta: análisis, radiografías, vuelta al médico de cabecera: tres minutos de silencio del médico. Al amigo que me acompañaba y a mí no nos llegaba la camisa al cuerpo. Habló el médico: los análisis estaban bien: ¡alivio! Habría que hacer una punción ¡vuelta la burra al trigo!
De todos modos, nos fuimos a celebrarlo con una cerveza a un hotel que estaba al lado.
La punción: desaparece con ella el bulto. Alborozo: llamo a mi madre, a mis hermanas, a algún amigo. Por la tarde, otra vez el bulto: miedo otra vez.
A la consulta de la otorrino. Pruebas. Se sienta frente a mí:
Tienes un carcinoma en el tiroides. (Escalofrío). Me habla con claridad y con cariño. Todo el mundo me ha tratado con una amabilidad enorme estos días en las consultas, pruebas y análisis. La otorrino me dice que es la variante más benigna, que no hará falta ni quimioterapia ni radioterapia, que sólo me quedaré sin tiroides, glándula de la que por otra parte yo no había sido muy consciente hasta entonces. Quedaré atado a una pastillita.
Fin de semana con miedo en el plexo solar. Al final se lo expliqué a mi madre y volvió la tranquilidad, que ese poder maravilloso tienen las madres de quitar el miedo. Para que veáis qué familia tengo: ni mi madre ni mis hermanas me han dicho (¡aunque tenían todos los motivos!) algo del tipo: "ya te lo habíamos dicho!". La gente con la que vivo (vivo con gente de la Obra, ya sabéis), tampoco: han aguantado a mi lado las esperas, que quizá ha sido lo peor en todo este proceso, esas colas donde descubres todo ese dolor que te negabas a mirar hasta ahora en los demás. Se han reído de mi miedo y yo también me he tenido que reír.
Más pruebas. Todo se confirma y se confirma que no hay nada más. Ayer.
Ahora queda la operación en dos o tres semanas. Quizá me impida ir a la oposición y siento alivio también por eso.
Un libro que me ha ayudado mucho estos días: La vida en Cristo, de Raniero Cantalamessa: la frase sobre morir con Cristo al pecado; lo de corredimir. Música de fondo: Vidania, de La buena vida. Los programas de La Salamandra bajados de Radio 3. La biografía de Evelyn Waugh. La preparación de la oposición. El enorme cariño de los que me quieren. Lo que han rezado por mí: mi asombro y mi agradecimiento a Dios al ver la serenidad de fondo a pesar de los nervios, incluso la alegría al fondo.
Una frase que he vuelto a leer estos días que me ha acompañado también mucho, de santa Teresa del Niño Jesús, que aparece al principio del capítulo de la oración del Catecismo de la Iglesia Católica:
Para mí la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría.
πάθει μάθος (pathei máthos), dice Esquilo: en el dolor se aprende. Yo estoy agradecido porque la lección no ha sido de las duras. Un poquito, para lo que puedo llevar. La frase de Paquito Fernández Ochoa que recordé: "¿Y por qué no yo?".
Bien, amigos, perdonad el estrípsis. Se ruegan oraciones, teniendo en cuenta lo miedoso que soy, no por la gravedad objetiva de la situación (no es grave).
Y yo que no pretendía hacer un blog íntimo, pero ahí va.

24 comentarios:

  1. Arp: aunque no nos conocemos, llevo tiempo siguiendo desde la distancia - y el afecto - tu blog. Cuenta con mis oraciones. D. Capó

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  2. Rezaremos por tí. ¡Te mando un abrazo desde aquí!

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  3. Ángel, mucho ánimo y mucho cariño desde la Mancha. También rezaré por ti y con ello por nosotros, que nos hemos convertido en parte de ti gracias a tu blog.

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  4. Mucho ánimo, rezo también por ti.

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  5. Vas a curarte. Vamos a seguir leyéndote. Saldrás un poco más curtido de la experiencia y serás mejor. No has escrito un cuento de miedo, sino un cuento realista que será sólo un capítulo más de tu vida. No tengas miedo. Un abrazo muy fuerte.

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  6. Pues claro que sí¡¡ Me imagino que es una experiencia de esas en la que uno tiene la suerte de darse cuenta de lo que en realidad es, de lo dependiente que es¡¡ ´
    Y si encima, te libras de la oposición, menudo favor¡¡¡. Cuenta con mi petición, ahora que hago las maletas para presentarme a la habilitación de esta semana, sometiéndome voluntariamente al martirio, algunas somos así, de la prevaricación-mafia-corruptela universitaria, que al menos se da en el campo del derecho (ya se sabe, en casa del herrero...¡¡¡
    Un abrazo muy fuerte,

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  7. ¡Nada de miedos! Adelante. Que (te) queda mucha tarea por hacer.

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  8. Consuélate pensando que caer enfermo es la experiencia más común, hasta que alcanzamos nuestra última hora, que te deseo aún muy distante.

    Recuerdo que cuando he debido sufrir alguna prueba médica, me he sentido indefenso como un niño. Aunque pueda sorprender, es lo más bonito del trance, sentirse desvalido y ayudado.

    Se aprende a amar la vida como un regalo preciso; y también a amar aún más al prójimo de toda condición, ya que hemos sabido que todos somos iguales, a la hora de la verdad.

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  9. Eres una ciudad amurallada, ya sabes. A mí también me aconejan los hospitales.

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  10. Uff.

    ... Y ahora volvamos al metablog: preciosa entrada, con las distancias justas (y esta vez cortas, que es donde un hombre se la juega). Pero no te preocupes, la intimidad es lo que más y mejor compartimos. Sólo lo íntimo permanece y dura, dixit más o menos Quevedo.

    Grandioso abrazo, maestro.

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  11. ¡¡¡ANIMO!!! Por descontado que yo también rezaré.

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  12. Cuando salgas bien- que saldrás- de la operación, te tengo un regalo preparado para la convalecencia, por que ya no me caben tantos libros en casa.

    Ánimo, que no se diga que los de la estepa, hijos del romano y del godo, tenemos miedo.

    Un abrazo.

    Palentino.

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  13. Hay que ver lo que une esto de la blogosfera, y lo cercano que te siento, a pesar de no conocerte de nada más que a través de Compostela. Y, sin embargo, ya no puedo prescindir de leerlo cada mañana... No sería bien nacida si no te lo intentara agradecer de alguna manera. De modo que, esperando que salgas airoso de este trance (que lo harás), cuenta desde ya con mis oraciones y las de mi familia. Con todo el cariño, de tu lectora-amiga.

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  14. Un abrazo virtual, Angel. Te encomiendo de todo corazón, esto es una caricia de Dios (tú ya lo sabes).

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  15. Bueno... ahora a Compostela vamos a tener que agregarle un adjetivo... ¡Atiroide!

    Todavía no tengo claras las connotaciones del caso.

    Buena suerte con la operación. :-)

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  16. Yo no puedo rezar por ti porque sencillamente no creo en Dios. Pero te deseo mucha suerte con la operación.

    Un amigo de tantos.

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  17. Querido Arp:

    Un fuerte abrazo y nos acordaremos todos los amigos que has dejado en tu paso por La Mancha. Cuìdate y a por ello.

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  18. ¡Buen ánimo, valiente! Con todo este cargamento de oraciones, no hay tiroides que se resista.

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  19. cañero angel.
    y ahora tus chicos de la estila estan muy unidos a tí

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  20. ¡Que curioso! Estoy juntando unas letras (como exorcismo del miedo) que se titulan "El cuento de la miedica". Mi susto -un carcinoma- comenzó a finales de septiembre y está terminando ahora.

    La eficacia de la oración, todos los que rezaron por mí, la confianza absoluta en Dios y la voluntad de vencer (sobre todo, por amor a los míos) me han sacado airosa del trance. Precisamente en los días de hospital descubrí este blog (en una búsqueda sobre Batya Gur) y me resultó cálido y acogedor; ahora me he reconocido en el miedo, la incertidumbre y en la confianza.

    Mis oraciones también están contigo. No lo dudes, de una forma u otra saldrás con bien.

    "Sus y a por ellos, que son pocos"

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  21. Arp, hoy retomo Compostela y quería antes que nada preguntarte cómo andas. Antes de irme me había enterado de este tema, de hecho no sé porque salió anónimo, pero el segundo comentario a esta entrada es mío. Espero que estés bien. Un abrazo.

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  22. Oye, lo primero es lo primero, y como llego tarde a esta comunicación tuya, a lo mejor mis deseos de que todo salga bien llegan tarde. En cualquier caso, sabes que desde la Ciudad Imperial y los aledaños manchegos te tenemos presente.
    Y espero que puedas presentarte a la habilitación, que bien sé yo cómo te la mereces.

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