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martes, 30 de diciembre de 2025

Sol de finales de diciembre

Estos días en Burgos han sido de sol. Hasta parecía que no hacía frío. También había nubes, pero rasas, como sábanas desgarradas que dejaban luego que se asomara el sol, que calentaba aunque solamente fuera por sugestión. Disfrutamos mucho de ver los campos, algunos en barbecho, otros con tractores que los araban, otros con una fina capa de verde. Tuvimos vistas en lontananza, por ejemplo las llanuras desde los altos, desde Palenzuela por ejemplo, con el río Arlanza debajo, que  recibe el Arlanzón en su término. O las que nos fuimos encontrando de vuelta a Burgos por Peral de Arlanza, Escuderos, Santa María del Campo, Presencio y Villagonzalo Pedernales. 

Fuimos derrotados al final al parchís. Ganamos las dos primeras partidas, al otro día se fue equilibrando la cosa y al final nos infligieron un global de seis a tres: mis hermanas, contentas. También un día, después de una opípara comida de domingo navideño. jugamos a un juego nuevo para mí, la pocha, una especie de tute con reglas complejas y no del todo justas, en mi humilde opinión: estábamos mi hermana mediana, la cumpleañera, y mi cuñado, mis tres sobrinos, mi hermana pequeña y yo. Yo fui el que quedé el último. Puedo decir que me ganaron dos campeones de España, eso sí.

De lo que oí en el camino entre Burgos y Santiago, destaco absolutamente el programa del club Dalroy sobre el Silmarillion de Tolkien, precioso, una maravilla a dos voces entre Santiago Huvelle y Javier Rubio Hípola, que comienza con la lectura de un pasaje conmovedor del libro y es una hora y media de pura delicia, comentando pasajes, temas, personajes en una conversación de una harmonía a la altura del libro:

lunes, 29 de septiembre de 2025

A trompicones a Valladolid y Burgos, y vuelta

Me he acordado mucho del Ministro de Transportes, Óscar Puente, porque no se dejó tramo sin obras entre Lugo y Tordesillas: si hay un día en un lejano futuro en que pueda hacer los recorridos en el tiempo en que los hacía hace 25 años, me sentiría feliz.

Iba a Valladolid a dar unas clases, en concreto se me había ocurrido comentar el libro I de la República de Platón, con partes difíciles y otras muy divertidas, en concreto las descacharrantes interacciones de Trasímaco, aunque al final hasta a él le cogí cariño, cuando se pone rojo al torcer, ante los argumentos se supone que aplastantes de Sócrates, su brazo retórico de sofista. Yo lo acabé viendo al fin como una buena persona, pero profundamente equivocada en su mundo woke.

Al entrar en Valladolid, que gobiernan de la mano el PP y Vox, me encontré un cartel sobre una zona de Bajas Emisiones. En Burgos, gobernado por el PP ahora en solitario, también. Qué esfuerzos tengo que hacer para mantener mi buen rollo en este país que se derrumba también ante la agenda 2030, con el Rey en cabeza. 

Comimos por el centro de Valladolid muy a gusto y nos tomamos un café, pero me tuve que ir a las clases. Al acabar la tarde maratoniana salí para Burgos. Nos dio para una partida de subastao. Perdimos estrepitosamente, y al parchís al día siguiente y al subastao también otra vez: ahí no es solamente mala suerte, es que, como decía mi padre, el hecho es que ya no sé ni tenerlas, las cartas.

El sábado por la mañana descansamos de tanto estrés yendo a coger tomates, cebollas y nueces y pepinos en la finca del que nos los regalaba. Hacía un sol bondadoso. Era el fin de semana de celebración de los 70 años de la estatua del Cid, pero ni nos acercamos: tan fatigosa es la vida del docente, que te deja los fines de semana con pocas ganas de moverte.

En el viaje de ida y vuelta disfruté del fin de la programación de verano en Radio Clásica, que ojalá fuera así el año entero. Al final, en el tramo entre Melide y Arzúa, que todavía Óscar Puente tiene que terminar, disfruté haciendo yo de Sócrates, apostillando en silencio algunas cosas de la interesantísima conversación con la que han empezado este año en el Club Dalroy, sobre el trabajo, la familia, el ocio y la rutina.

lunes, 3 de marzo de 2025

Nevando en Burgos

Ayer cayeron unos copos, unos pocos copos de nieve, para dar la nota in bellezza a un fin de semana muy frío en las calles de Burgos, pero muy entretenido en todo lo demás. Celebramos el cumpleaños de mi hermana, empatamos al parchís, comimos muy bien y yo veía cómo preparaban todo y lo laborioso que es hacer buenas comidas: lentejas, alubias de Ibeas, tiramisú, fresas con azúcar y vinagre (mi forma favorita de comerlas), pollo. Fuimos a un mercado al aire libre y el aire congelador mantenía las hortalizas y las naranjas (ahora, de Málaga) bien frescas. 

En el camino, además de un acongojante ruido de los frenos cada vez que tenía que parar, sobre todo en los múltiples pasos de cebra y similares del tramo de pesadilla que queda todavía sin ser autovía, entre Arzúa y Melide (que Dios confunda, al tramo me refiero), escuché un programa extraordinario, excelente de principio a fin, sobre El esplendor del cuerpo humano y los Padres de la Iglesia, donde Davide Tomaselli habla de un modo luminoso y con una claridad impresionante sobre algo que se suele exponer de modo tedioso (me refiero a la Patrología). El programa es tan redondo que acaba con la lectura de un poema de Enríque García-Maíquez que cuadra perfectamente ahí.

Qué diferencia la Patrología cuando se sabe explicar bien, como aquí:

viernes, 27 de diciembre de 2024

Parchís y reflexiones sobre Burgos

Estos días en Burgos ganamos al parchís, cinco a tres (o quizá fue cuatro a tres). No es la primera vez, como pude comprobar buscando en este mismo blog, donde queda constancia para los siglos de otras victorias nuestras. No sabéis la alegría que da ganar una partida, es tremendo.

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Estuvimos en una gala de una televisión de Burgos porque habían seleccionado a mi sobrina entre los posibles deportistas merecedores del premio: al fin se lo dieron. El acto fue como los Oscar, pero a escala burgalesa. Al principio casi nos congelamos por la corriente, avanzado el acto me recorrió un escalofrío cuando dijeron que iban a hacer intervenir al público y al final lo que queríamos era que aquello se acabara de una vez. 

El acto me dio para pensar que me puedo quejar de Santiago, pero quizá podría también hacer una filípica sobre Burgos, la ciudad en la que nací, en la que pasé las Navidades de pequeño, donde estudié el bachillerato y a la que vuelvo porque están mi madre y mis hermanas allí. Algo comenté sobre el particular y mi cuñado dijo que no me hiciera un Burgos-hater. No, no, aunque podría decir que hay zonas de la ciudad bastante feas, que en el casco antiguo tiene casas que hubiera estado bien tirar, más que conservar, que el rebranding de la ciudad en torno a Atapuerca a mí me da mil patadas. Hubo un día, que hacía un frío increíble, que eché de menos la suavidad del tiempo en Santiago. Así que ahí me tenéis, quejándome por todo: la queja trae descrédito, dice Gracián y me lo tengo que aplicar, así que mejor me paro aquí, que uno no puede estarse así todo el día: mejor agradecer tantas cosas buenas que tenemos, también en Santiago y en Burgos.

jueves, 26 de diciembre de 2024

Hacia la Sierra

Nos salió un día precioso de principio de invierno, con predominio del sol y a intervalos celajes de nubes y hasta su momento de niebla -pero nada más un ratito. Era un cielo especialmente bonito, azul, pero deslavado (es una palabra que había usado mi hermana Eva y yo no oía hace años: significa "lo que ha perdido fuerza, vigor, sabor"; yo lo uso aquí por "desvaído").

Salimos de Burgos y fuimos primero a Quintanilla de las Viñas, que yo había visitado a toda velocidad hace unos diez años. Paramos primero en un cobertizo que cubría unos agujeros en la piedra que resultaron ser huellas de dinosaurios

A todos nos sorprendió luego encontrarnos un pueblo antes de la ermita: se nos había borrado de la memoria completamente. Solamente recordábamos la iglesita. Hacía sol y fresco y rodeamos el edificio mirando los relieves, asombrados otra vez de que sobrevivan. Ya puse hace años fotos, ahora también lo haré, por la alegría de volver a ver esos primores de lo primitivo:



Aquí se ve que el relieve es de un lado de un bloque de piedra muy grande:


Encima de este otro está la maqueta de cómo sería la iglesia original y lo que queda, básicamente la cabecera:

Así ha quedado el lado que cubre lo que queda, cubierto con piedras puestas después:


Más relieves por las otras paredes:




Una delicia. De allí nos fuimos a Misa a Salas, a la iglesia de santa María, que tenía un retablo renacentista bonito:






De allí nos fuimos a Quintanar de la Sierra, que no nos llamó mucho la atención (la iglesia era muy pobrecilla, la pobre); por no haber, ni pan del día había. Pasamos de vuelta por Palacios y en Castrillo de la Reina vimos los restos de la iglesia rupestre de Santiuste. El paisaje por todo el camino era precioso:



Se veía desde allí la peña de Carazo en todo su esplendor. ¿Veis ahí bien el azul deslavado de ese día?

Yo disfruto una barbaridad de estas excursiones con mi madre, Eva y Marga: nos las tomamos como una fiesta, todo lo que nos encontramos es como un premio. Y acabamos comprando pan en Salas para culminar la mañana.

martes, 1 de octubre de 2024

Primero a Valladolid y luego a Burgos

Fui el jueves a dar unas clases sobre Antígona de Sófocles en un Master en Valladolid. Luego pasé el fin de semana en Burgos. Plan redondo.

1. Por seguir la estructura clásica de contar ese viaje, esta vez me fijé menos en el paisaje y más en que cada vez hay más trozos en obras, que obligan a ir siempre con el camión que aparece justo delante en ese momento, a mínima velocidad durante varios kilómetros. Esta situación, comparada con cómo estaban esas carreteras hace 25 años, es una refutación práctica del ideal del progreso indefinido. Supongo que no toda la culpa es de Óscar Puente, pero algo podría hacer su gobierno y él: menos bravuconadas y más preocupación por lo que le toca.

2. Empate a una victoria en el parchís.

3. Fuimos a ver una exposición sobre el Fuero de Castrojeriz, pero ya se había acabado. Ya que estábamos ahí, recorrimos otra vez el Museo de Burgos, por la parte de Bellas Artes. Ya solamente ver el patio es una alegría:


Nos paramos en una cruz antiquísima, del siglo X, de Tordómar:

Luego nos fijamos en las columnas afiligranadas del frontal de Silos:

Y nos paramos en el cuadro de Pedro Berruguete otra vez:


4. De lo que oí: además de arias para soprano de Haendel, una pieza muy bonita de Liszt entre lo que oí en Radio Clásica. También escuché la entrevista a Enrique García-Maíquez sobre Ejecutoria en La mesa de la cocina, de Gonzalo Altozano, muy buena. Me gustaron también dos programas monográficos sobre Graham Greene y sobre Evelyn Waugh de Joseph Pearce. También están en youtube:

 

jueves, 23 de mayo de 2024

Por Burgos: las Doroteas

Me puse a hablar aquí de lo que vi el día que fuimos por Pancorbo pero sin contar antes lo ya habitual: el viaje de ida y vuelta, el parchís, lo que vi en Burgos.

Pues en el viaje de ida y vuelta escuché varios programas del Club Dalroy, para los que no sé encontrar tiempo en mi sedentaria vida habitual: en el coche los disfruto mucho. En concreto, uno sobre Girard, otro sobre santo Tomás y también uno sobre la paternidad en el cine. Muy bien. Además oí una conferencia sobre la batalla de Yarmuk, de la que no tenía ni idea y que parece que fue decisiva para la expansión del Islam en el siglo VII. Cuántas desgracias trajo consigo, pienso.

Al parchís quedamos empates a dos. Fueron trepidantes todas las partidas, aunque hubo una especialmente intensa, que perdimos a base de que nos comieran repetidamente la última ficha que nos quedaba, solitaria.

El domingo había una visita guiada al convento de las Doroteas. A mí me daba pereza porque soy así, poco amante de moverme, pero me empujaron, así que fuimos a Misa allí y luego un sacerdote muy simpático nos hizo una visita guiada, muy interesante, dentro de lo que quedaba en el convento, porque mucho se perdió cuando los franceses de Napoleón lo usaron de cuartel. Son monjas agustinas que comenzaron a finales del XIV en torno a una mujer piadosa que se llamaba Dorotea.

Quedaban dos buenas tumbas de principios del XVI en el presbiterio, una del primer obispo de Almería, don Juan de Ortega, y otra de un familiar suyo:


En la otra tumba estaba representada en alabastro la entrega de la casulla de san Ildefonso:



Era bonita esta imagen filipina de la Virgen, creo que del XIX. Ahora entre las monjas hay mayoría de filipinas, así que encaja más todavía:

Había un patio del XV, donde parece que aprovecharon una casa adyacente. Era pequeño y recoleto:

miércoles, 22 de mayo de 2024

El Espino y Santa Gadea del Cid

Como nos habían dicho que en Obarenes había mucho barro, no seguimos hacia allí y continuamos por la carretera unos pocos kilómetros (en un cartel concretaban que estábamos a 35 km del puerto de Orduña y a 85 de Bilbao) y llegamos al monasterio del Espino, donde ya no hay monjes: se celebran allí bodas y convenciones. Al menos la iglesia continúa tal cual. En el retablo estaba la imagen de la Virgen


Quedaba una tumba, muy monumental, de Juan Pérez Gadea, capellán de los Reyes Católicos:

De allí nos fuimos a Santa Gadea del Cid, que resultó ser un pueblo precioso, con un castillo del que quedaba una torre muy elegante. 


Dejamos a mi madre de tertulia con unas señoras que estaban sentadas allí fuera y nosotros subimos al castillo, zigzagueando por las calles y luego entre flores, una maravilla:





Las nubes amenazaban y cumplieron su amenaza cuando estábamos en el castillo. Llovió, pero no tanto como para causar un estropicio, así que hasta nos dio luego por visitar el centro del pueblo. aunque yo al principio no quería salir del coche, porque me puede la vagancia, pero el hecho es que en torno a la iglesia había unas casas muy buenas, muy bien conservadas (podéis mirar este enlace, con muy buenas fotos). Al fondo estaban las nubes y más cerca los campos verdes:

martes, 9 de enero de 2024

Invariantes de pueblos castellanos

Primero puse el título y luego se me ocurrió mirar a ver qué significaba en realidad la palabra invariante. La definición del DRAE no sé si me sirve para lo que quería decir, cosas que te encuentras siempre, en esta caso en un pueblo castellano. Por ejemplo en Solarana:

 Las puertas verdes:

Las paneras:

Los bancos de la Caja de Ahorros del Círculo Católico (en Burgos):

Al volver de Solarana y Castrillo Solarana (pasando por Revilla Cabriada, nada menos), en Lerma vimos que estaba abierto el convento de las Carmelitas. Lo que descubrimos es que había quedado deshabitado, otra invariante castellana. Tenían este cartel del torno:



Este confesonario era de Solarana:

viernes, 5 de enero de 2024

Al lado de Solarana, Castrillo Solarana

Solarana y Castrillo Solarana son dos pueblos a un kilómetro de distancia. Nosotros los vimos al uno desde el otro y al otro desde el uno. 
Castrillo Solarana también nos interesó: tiene una iglesia en la parte alta del pueblo, el supuesto castro o castrillo. Al lado, había un museo en las antiguas escuelas con una puerta con candado muy típica:




La iglesia la visitamos por fuera. Se veía Solarana a un lado y a los otros, montes y campos. Un día muy bonito de invierno. Lo mejor era el ábside, con esa franja baja ahora enrojecida





Tenía una portada románica: