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miércoles, 15 de julio de 2026

Escritores católicos

Han puesto en línea la conferencia de Enrique García-Máiquez y merece la pena oírla, incluso si uno ha leído ya el muy recomendable texto que publicó después

Como en esto de los "escritores católicos" todo el mundo se pone a hacer disquisiciones, es un descanso que aquí se dé por supuesta la cuestión, teniendo en cuenta al público homogéneamente -supongo- católico que asistía, y que se explaye el conferenciante con alegría en sacarle punta -católica- a lo que eso significa:
   
Me hubiera gustado oír al final los aplausos, que creo que fueron entusiastas, pero el vídeo se acaba muy abruptamente. A mí Youtube me ofrecía como sugerencia un vídeo sobre Flannery O'Connor y lo vi también, que era muy breve, 5 minutos, yéndose por la cuesta rocosa: La misericordia tiene dientes, se titula.

lunes, 12 de mayo de 2025

Contentamiento de haber nacido

Durante años tuve la suerte de poder leer Rayos y truenos, el gran blog de Enrique García-Máiquez. Ahora lo echo mucho de menos. Al menos puedo recuperar algo gracias a Contentamiento de haber nacido (2016-2019), el cuarto volumen de sus Diarios, en parte tomados del blog. El primer volumen había sido Lo que ha llovido (aunque yo hablaba en mi comentario, para variar, más de mí que del libro). Tengo un recuerdo especial del segundo, El pábilo vacilante. El tercero fue Un largo etcétera.

Es uno de los libros mejor editados que haya tenido en mis manos: la portada, la sobrecubierta (y en la solapa, la lista de diarios y títulos de otros futuros), el papel de las hojas, el tipo de letra, los márgenes en las páginas, todo. Me gustaría ser un dictador para darle yo, por mis pistolas, el premio al libro mejor editado en 2025, sin jurados, ni comités, solamente por mi soberana y dictatorial decisión.

Este último volumen riza el rizo, porque es un Diario de una periodo especialmente feliz de la vida del autor, o donde casi solamente cuenta momentos felices, como el reloj de sol: un matrimonio lleno de complicidad, unos niños en sus edades más ocurrentes, entre los cuatro y los ocho años. Quizá eso eclipse el resto de la vida: hay fogonazos de los viajes, pero más del tren o de con quién se sienta en él que de qué pasó por otros lugares. Son fugaces los relatos sobre las clases, las lecturas, la vida en relación con los sucesos públicos. El autor se ha recluido aquí en lo doméstico. Es como un álbum familiar, con lo que eso tiene de privado: lo disfrutarán especialmente su mujer y sus hijos, los primeros destinatarios de este libro. Quizá esté ahí un problema, el que a veces nos sintamos como colándonos en un ámbito de intimidad, que podemos admirar, pero con un poco de pudor por inmiscuirnos: es difícil gestionar la intimidad en unos Diarios.

El inicio es llamativo, el periodo en que le prescribieron por razones médicas no hablar, porque también la escritura es distinta, como más introvertida: el autor se despliega cuando está en conversación con los demás, como se ve bien en el resto del libro. En esas primeras páginas está como perdido. 

Me gusta el título, aunque no sé muy bien si recoge el tono del libro, mucho más alegre.

Una gran cosa son los poemas que van apareciendo, entre ellos esos haikus tan bonitos sobre la luna entre Sevilla y Cádiz, que darían para un librito muy bien editado.


La foto de la portada no recoge el color blanco marfil del papel

martes, 1 de octubre de 2024

Primero a Valladolid y luego a Burgos

Fui el jueves a dar unas clases sobre Antígona de Sófocles en un Master en Valladolid. Luego pasé el fin de semana en Burgos. Plan redondo.

1. Por seguir la estructura clásica de contar ese viaje, esta vez me fijé menos en el paisaje y más en que cada vez hay más trozos en obras, que obligan a ir siempre con el camión que aparece justo delante en ese momento, a mínima velocidad durante varios kilómetros. Esta situación, comparada con cómo estaban esas carreteras hace 25 años, es una refutación práctica del ideal del progreso indefinido. Supongo que no toda la culpa es de Óscar Puente, pero algo podría hacer su gobierno y él: menos bravuconadas y más preocupación por lo que le toca.

2. Empate a una victoria en el parchís.

3. Fuimos a ver una exposición sobre el Fuero de Castrojeriz, pero ya se había acabado. Ya que estábamos ahí, recorrimos otra vez el Museo de Burgos, por la parte de Bellas Artes. Ya solamente ver el patio es una alegría:


Nos paramos en una cruz antiquísima, del siglo X, de Tordómar:

Luego nos fijamos en las columnas afiligranadas del frontal de Silos:

Y nos paramos en el cuadro de Pedro Berruguete otra vez:


4. De lo que oí: además de arias para soprano de Haendel, una pieza muy bonita de Liszt entre lo que oí en Radio Clásica. También escuché la entrevista a Enrique García-Maíquez sobre Ejecutoria en La mesa de la cocina, de Gonzalo Altozano, muy buena. Me gustaron también dos programas monográficos sobre Graham Greene y sobre Evelyn Waugh de Joseph Pearce. También están en youtube:

 

lunes, 29 de abril de 2024

Ejecutoria. Una hidalguía del espíritu de Enrique García-Máiquez

Ejecutoria. Una hidalguía del espíritu, un ensayo de Enrique García-Máiquez, es, para empezar, un libro muy bien editado, con una portada excelente. Da gusto cogerlo: las pastas, la holgura de los márgenes, el cuidado de la tipografía.

La extrañeza que nos produce el término ejecutoria es señal de que hace falta circularlo más; según el Diccionario de la RAE es "Título o diploma en que consta legalmente la nobleza o hidalguía de una persona o familia". En este libro se nos convoca a obtener nuestra propia ejecutoria, a ingresar en la hidalguía del espíritu, que es de entrada libre. 

La tesis es sencillamente esa y solamente nos hace falta dejarnos mecer por la argumentación del autor, porque pronto nos convence de que sí, que es lo mejor ordenar la vida a esta hidalguía del espíritu. Para ello acude a varios recursos. En la primera parte, comenta en detalle tres versos de Dante, estos:

No olvidéis vuestra estirpe y nacimiento:
para vivir cual bestias no se os hizo,
sino para alcanzar virtud y conocimiento (Infierno 26, 118-120).

En la segunda se fija en doce obras literarias donde se ve reflejado ese espíritu, y en la tercera y última redondea la argumentación, porque la tesis, aunque sencilla, está asediada de malentendidos: el autor no niega ni la realidad ni el valor de la nobleza hereditaria (a los nobles de cuna les pone difíciles deberes para que estén a la altura de sus títulos), pero a los que no tenemos ejecutoria nobiliaria ni hidalga de sangre, nos convoca a la hidalguía del espíritu, también muy exigente, donde no amenaza por ninguna parte la envidia, porque de lo que se trata es de seguir cada uno por sí mismo ese ideal, que es el caballeresco, de entrega a los demás y de ser así el mejor posible que uno pueda ser, una persona  verdaderamente noble, un hidalgo, aun sin derecho de entrada ni en la Diputación de la Grandeza ni en la Real Asociación de Hidalgos de España (me acabo de enterar de que existe).

Yo no sé cómo llamar más la atención de lo candente que me parece el tema y de la tan urgente  necesidad de animar a vivir estas virtudes: "la magnanimidad, la lealtad, el coraje, el humor, la sinceridad, el entusiasmo (...) el agradecimiento" (347). para quien quiere alcanzar esa nobleza.

El autor quiere enlazar con una preocupación muy candente hace un siglo, cuando tanto se hablaba de masas y élites, donde destacaron personas modélicas como Juan Ramón Jiménez o Eugenio d'Ors, que se centraron en señalar cómo la parcela que cada uno cultiva es donde esa nobleza se cultiva. Después de la Segunda Guerra Mundial pareciera como que se nos empujase a todos a una medianía basada en la envidia, a una igualación por debajo a la que nos arrastrasen el ambiente general, los medios de comunicación, la presión de un espíritu de medianía que animaría a una vida volcada en el ocio, la distracción, el egoísmo, todo calculado con el rasero del dinero. Nos empujarían al olvido de los ideales bajo la presión de un materialismo rencoroso, tanto de izquierdas como de derechas. 

A mí me gusta mucho en este libro lo central que es la figura de don Quijote, que aparece continuamente, como no puede ser de otra forma. Es un libro muy de lecturas, sobre todo en su parte central. La que hace de Retorno a Brideshead es una maravilla, ayudándonos ahí a asomarnos al otro lado de esa hidalguía del espíritu: la nobleza buscada en la vida, la hidalguía del que se da, es un ejercicio de desprendimiento, de pobreza, de despojarse de las cosas de este mundo, que no es el permanente: la hidalguía es el para aquí, pero sabiendo que no se termina en sí misma. Pero para-el-para-aquí, qué ideal tan bueno es el de la hidalguía de espíritu, con su ejecutoria hecha en la propia vida bien vivida.

lunes, 17 de abril de 2023

Gracia de Cristo, de Enrique García-Máiquez

Se podría hacer una monografía sobre la risa en Cristo partiendo, yo qué sé, de Aristóteles y Bergson, o hasta de Foucault y Derrida, de una manera escolástica, o se puede ir por una línea más filológica o exegética, al paso de la lectura de los Evangelios, la alternativa de ver qué fue diciendo y cómo fue actuando el Señor, que es lo que se hace aquí. 
En Gracia de Cristo. Su sonrisa en los Evangelios tenemos comentarios muy finos, ligeros y hondos, a pasajes del Evangelio, sin querer forzarlos nunca (bueno, sí en el famoso del matrimonio más allá de la muerte, pero ahí hay que dejarle a Enrique con su pejiguera y con Quevedo y algunos más). Jesús no se dice nunca expresamente que riera, pero aquí hay múltiples pasajes donde se le ve divertido, irónico, sonriente, exagerando, usando ejemplos curiosos (la viga en un ojo), respondiendo de modos llamativos, por ejemplo a la gallega, o con reacciones inesperadas. Sus emociones recorren toda la gama de lo humano, en la perfección de su naturaleza.

El libro va de los sinópticos a Juan, lo que hace que se alargue mas en san Mateo y luego pueda hacer reflexiones complementarias con los demás sinópticos. En el Evangelio de san Juan aparece mucho la Virgen María, a la que yo había echado en falta antes; también en eso es como su hijo: una presencia atractiva, serena, alegre, hondamente humana. 

Al hilo del comentario van apareciendo autoridades del humor, por ejemplo Chesterton, y nos acaba haciendo toda una teoría, que se podría recapitular en un tratado unitario, que se sustenta, claro, en ver cómo es en Cristo, que así es como hay que hacerlo, no al revés, como algunos cenizos, que tienen su teoría ceniza del humor y se la quieren aplicar a Cristo. 

Yo voy a robarle y poner aquí su comentario al final del capítulo de san Mateo:

Alegraos (Mt 28, 1-10)
Las mujeres se encuentran a Cristo resucitado y éste les dice: «Alegraos». Ni una explicación ni una anécdota ni una broma de humor negro ni una recriminación ni una referencia a la Pasión o a las profecías. En el texto griego este minimalismo es aún mayor porque el precioso «alegraos» es la forma habitual de decir «hola». Es un buen ejercicio de psicología comparada pensar en los aspavientos que nos pondríamos a hacer nosotros en el caso de nuestra resurrección. A Jesús le basta con dar el brochazo de luz que es siempre su saludo: «Alegraos».
Luego ve la conveniencia de añadir: «No temáis», no fuese la impresión a imponerse a la dicha. No deja de ser una defensa de su minimalismo. Y luego, para tranquilizarlas más, les pone un encargo, que eso ayuda mucho a centrarse: «Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea».

También podría copiar el pasaje de san Marcos de Bartimeo (p. 135-7). O sobre la parábola del hijo pródigo (p. 182-4). O de las palomas de los cambistas (p. 214-5). O el de escribir en la arena (p. 217-9). Hay mucho que comentar en detalle en este libro, pero mejor no os lo destripo: leedlo vosotros. 

El libro es una delicia y nos hace mucho bien, porque solemos leer los Evangelios o demasiado a ras de suelo o sin meternos de verdad en las escenas o con nuestros anteojos oscuros, que lo coloran todo de un reflejo tristón. 

En la web de la editorial tenéis las primeras páginas en pdf, para iros engolosinando.

lunes, 24 de octubre de 2022

Verbigracia

Enrique García-Máiquez ha publicado a la mitad de su vida un libro donde revisa (y actualiza) su poesía hasta la fecha. Se podría estudiar el proceso entre sus libros originales y este volumen, que refleja la valoración que hace él ahora de su poesía: cuántos trabajos de filólogos hispánicos habría aquí, bien interesantes. 

Pero yo me quedo en el propio libro, maravillosamente editado. Para empezar, puedo fijarme en la dedicatoria, a Leonor, a la que le ofrece "mi vida", ese libro. O es que el título, Verbigracia, ese por ejemplo, es un ramillete de poemas pero en realidad toda una vida que se querría ofrecer; serían realizaciones paralelas a su vida, palabras que la reflejan. También Verbigracia es por gracia de la palabra: el oficio de poeta. Y Verbigracia es Por gracia del Verbo.

Mi lectura de ahora se superpone a la que he ido haciendo desde que conocí la poesía de Enrique, justo con Casa propia, el libro de su confirmación poética. Al poco tiempo le conocí en persona y desde entonces he ido leyendo sus otros libros de poesía con atención y admiración.

Del primer libro, Haz de luz, quedan aquí algunos poemas. Hay dos al final que creo que destacan: A la Virgen del Carmen, que merecería acabar formando parte de la poesía popular o, mejor, de un libro de oraciones o incluso del breviario, y la Oración por nosotros, los poetas menores, que creo que es su primer gran poema en absoluto, en la senda de uno muy bonito de José María Valverde. Yo cada vez que lo leo, me emociono, aunque con un poco de pudor, porque ni a poeta menor llego. De ese libro, también Rosa II me parece una muy lograda elegía, por la rosa que sirvió para hacer una rosa de bronce, y Beatus Ille, al que hacen mejor sus paralelos con la Odisea.

El mismo año publicó Ardua mediocritas. Ahí tiene dos versos dignos de lápida: Peleas sólo por ganar heridas / en causas justas, es decir, perdidas. (52) Es excelente el poema Antonio Bienvenida y en otro titulado ?, sí, con un signo de interrogación, que está en clave biográfica y moral, tan decisiva en toda su poesía, en una a modo de enumeración de posibles vías vitales.

Con Casa propia yo estoy ya en terreno familiar, con un poema, El lector es un fingidor, que puse en este blog ya en 2006, en la línea del de Pessoa, pero que es otra cosa, y muy lograda. También hay una reelaboración excelente, en Catorce versos, del soneto que le mandó hacer Violante a Lope. El retrato que hace de su hermana en María es maravilloso. El poema titulado Autobiografía es otro de los que yo me quedaría si tuviese que hacer una selección mínima de su poesía, con ese tema tan suyo de saberse "rodeado de amor" (y que ya le robé hace tiempo). Toca también muy bien la tecla de la cotidianidad en Poema de otro día.

Pero esto se alarga y salgo más yo que él en esta supuesta reseña. Quizá pueda poneros los enlaces de lo que escribí de sus otros libros: Con el tiempo, Mal que bien e Inclinación de mi estrella. Dejadme por lo menos contaros cómo he disfrutado de releer De nuevo en casa, con la cita del poema de Holan (141), cómo me he emocionado otra vez con El hijo que no tengo.

Claramente no puedo hacer una reseña objetiva de este libro: aquí tenéis lo que me ha hecho recordar el leerlo.

martes, 12 de julio de 2022

Sobre vida sexual (matrimonial)

Yo de esto, por razones obvias de célibe, no sé nada y quizá debería, en esto también, hacerle caso a Wittgenstein y callarme, pero, por seguir con Enrique García-Máiquez, el otro día me contaba alguien que a un amigo suyo no le había gustado, del último libro de Enrique, el poema Sex, que, de paso, fijaos que además de tener un título en inglés, lo pone en cursiva, para resaltar la problemática, agrandada por el mundo hollywoodiense, que está llevando por la calle de la amargura a nuestro mundo actual:

Todo esto es para decir que el viernes me acordé de ese poema al leer un extraordinario artículo de Peter J. Leithart, que titula muy en broma, y muy en serio, así: Our sexy life y empieza así:

Mi esposa y yo nos casamos en el otoño posterior a la graduación en la universidad. Ambos éramos vírgenes. Nuestro primer hijo nació diez meses después, y durante los siguientes quince años tuvimos un hijo cada dos años más o menos. Estaban más espaciados al final, y cuando la cosa se fue calmando a principios de la década del 2000, teníamos diez hijos, seis niños y cuatro niñas. Durante más de dos décadas, mi esposa estuvo embarazada o cuidando a un recién nacido o un niño pequeño.

Así acaba:

Hace cuarenta años, solo éramos mi esposa y yo. Ahora hay otros treinta y un seres humanos que no existirían si no fuera por nosotros. La proliferación va más allá de los meros números. Es una proliferación de proyectos, planes, aspiraciones, logros, dones y talentos; de cenas, fiestas, canciones; de enseñanza y aprendizaje, bromas y risas, conversaciones y debates, adoración y oraciones, pérdidas y lágrimas. Mi esposa y yo le hemos dado al mundo un abogado, un par de maestros, más de un escritor, un diseñador de juegos, un músico y un par de cineastas, un asistente ejecutivo que dirige una organización sin fines de lucro, un trabajador social, esposos y esposas, padres y madres, niños y niñas con planes y aspiraciones que se harán realidad mucho después de que mi esposa y yo nos hayamos ido. Dios mediante, los Leithart seguirá proliferando durante mil generaciones. 

Esto es lo que la Biblia quiere decir con “bendición”, y todo comenzó cuando mi esposa y yo cumplimos nuestra promesa de ser “solo para ti”. Hemos vivido la vida sexy para la que Dios creó el sexo.

En una sociedad obsesionada con la "vida sexual", esto es otra cosa y es lo que hay que redescubrir: es muy bueno que algunas personas nos cuenten, en este caso sí, sus experiencias.

lunes, 11 de julio de 2022

El burro flautista

Yo le hice caso a Enrique cuando me regaló El burro flautista, su última recopilación de artículos en La Veleta. Me dijo: ya los has leído, no hay prisa. Y no tuve prisa. 

Ahora, nueve meses después, me ha dado por leerlos y no tengo que hacerme de nuevas porque me han sonado todos a nuevos; estaban todos igual de vivos. A veces me gustaría ser más Funes el Memorioso, pero la desmemoria tiene también ventajas, como disfrutar por duplicado de los artículos de Enrique, leídos ahora, volviéndome a admirar.

El libro, por empezar por lo más material, es precioso, la portada, y el papel, gordo, un placer página a página: 


Sí que me acordé de que había disfrutado ya de un artículo-poema, sobre la torre de arroz que le deshicieron a su hija de tres años y que da para una sentida elegía cómica (51-52). Y también recuerdo que ya me había parecido un gran artículo el de la piñata (73-74), así que ahora, releído, mucho más, con todas sus metáforas políticas igual de rozagantes. 

Son estos sus artículos menos apegados a la actualidad, los más literarios, en el sentido más noble de la palabra 'literario'. Quizá por eso me fijé en aliteraciones como esta:

Ya no hace falta ser un novelista distópico para imaginar un futuro de vidas escrutadas sin resquicios.

El artículo Barroco en la calle sobre la Semana Santa (andaluza, claro) define el alma del Barroco como la «aspiración a no renunciar a nada» y es así de sonoro también, y de silencioso al final también: 

Rememoren la música: desde las bandas, tan abultadas, hasta la rota y sola saeta. En medio, suspiros, susurros, aplausos, piropos, chisteos, tintineos de plata, oraciones, jaculatorias, roces de sedas... silencios. Silencios que al final se oyen (71-72).

Hay hasta una meta-aliteración, porque lee él una en un poema de LAC y le sale a continuación otra:

Observen la aliteración (pegando-pedagogo), que da al verso cierta violencia bufa de bofetada fofa (99).

Me refiero a lo literario en este libro también porque hay artículos para comentar poemas, como ese que acaba con un haiku de él mismo mirando el dedo de su hija, donde está una luna pintada (49-50).

Retama en flor es directamente un poema. Esto dice de las flores de la retama: 

Las florecillas son muy bonitas, aunque no destacan ni mucho menos como las flores de porcelana del almendro. Las de la retama se dirían hechas a pellizcos pequeños de miga esponjosa de pan. Y luego está el problema del contraste. Sobre los troncos negrísimos, qué fotogénicas quedan las flores blancas del almendro.

Sobre el verde blancuzco de la retama, las suyas van de camuflaje. ¡Mejor para su olor, que, entre el frío y la lluvia, tan lejos de la primavera, nos sobrecoge de improviso con una intensidad turbadora! (63-64)

También pasa con Pájaros, agua, sobre golondrinas planeando en una piscina, gorriones, jilgueros.

Y en la página 137 me llevo la sorpresa de encontrarme citado en un artículo con mi nombre: esto no sé si es señal de mi humildad o de indicios de alzheimer. Y luego me da por pensar que en el siglo XXIII los filólogos del futuro se las van a ver negras para poner una nota a pie en la que expliquen quién ese "Ángel Ruiz" que aparece citado ahí.

lunes, 23 de mayo de 2022

Inclinación de mi estrella

[Entre las ocupaciones de mis estudios en mi mocedad, y casi en mi niñez,] se me cayeron como de entre las manos estas obrecillas, a las cuales me apliqué más por inclinación de mi estrella que por juicio o voluntad.

Es una frase increíble de fray Luis, por lo buena y por lo pretendidamente humilde, sabiendo los que leemos sus poesías cómo las cuidó y lo que las debía de apreciar, aunque el hecho de verdad es que salieron póstumas: publicar poesía en castellano un catedrático de hebreo que se había pasado la vida comentando la Biblia no era lo que se esperaba seguramente de él. Frente al "juicio" o la "voluntad", la "inclinación de la estrella" de fray Luis es lo que explicaría esas "obrecillas". 

La cita la conocía, pero no me esperaba la que cierra el libro, que es de don Quijote: "yo, inclinado de mi estrella, voy por la angosta senda de la caballería andante". El hecho es que en el Siglo de Oro se tomaban bastante en serio lo de las influencias de las estrellas en la vocación personal. En este libro se usan esos referentes literarios para titularlo y tomarse también un poco medio en serio medio en broma esa inclinación, causada por una estrella, a la poesía, con un guiño en la portada: la final de la palabra "estrella" es casi un asterisco, de esos que remiten a una nota a pie*, aquí un guiño metaliterario que a la vez es una constatación de su conciencia de la inevitabilidad en su caso de escribir poesía, por más que puedan dudar algunos del peso real de su poesía frente a todo el resto de su producción escrita. La caballerosidad innata de don Quijote es también algo inevitable en Enrique. Poesía y caballerosidad se juntan en el centro del libro: el sentido de la vida que da Dios y la concreción en el amor matrimonial, en medio de la vida diaria de un hombre ahora de mediana edad.

Los primeros poemas del libro son de amor a la poesía, que prefiere, incluso garabateada en una servilleta, a subirse a sesudas mesas redondas. La poesía son "esas pocas palabras que florecen / entre el silencio y la luz" y se insinúa en pequeños instantes de la vida, inspirando poemas cuando quiere. Hay un poema en hexámetros que lo recoge todo como en cifra: el seguir viviendo en este periodo de la vida en el que ya no domina ni el amor a la novedad ni la expectación de cambios, inmerso en la monotonía del ritmo de los dáctilos, se resuelve en la nobleza de espíritu de elevar (y ahí está la poesía) la vida, el matrimonio, la familia a su altura más alta:

En mi torpe rutina se forjan feroces hexámetros
apenas poniendo en su sitio sutiles acentos.

Los poemas de amor recorren toda la gama de los afectos de un amor de madurez: humor, los hijos, la confianza mutua, el deseo de que ese amor perdure. Así expresa el ideal, que nos vale a todos:

Reírse de sí mismos sin reparos
tratar a los demás sin pretensiones
y parecer felices
a los ojos de aquellos que les aman.

No sé qué estrellas marcaron el nacimiento de Enrique. Sí que sé que me alegro mucho de que publique sus poesías, que les dedique sus mejores esfuerzos y que tenga esa caballerosidad de seguir desfaciendo entuertos, por muchas magulladuras críticas que pudiera sufrir.

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*Enrique García-Máiquez, Inclinación de mi estrella, Valencina de la Concepción: Los papeles del sitio, 2022. Se puede comprar en la editorial: un libro tan maravilloso como este lo es también en cuanto libro (papel, diseño, viñetas) y vale mucho más que los €24 que cuesta. Paralelo es el libro de su hermano Jaime, también espléndido, otro que hay que tener.

lunes, 3 de mayo de 2021

Darle sorbos al vaso medio lleno (6 y final)

Me propuse limitar mi parasitismo del El vaso medio lleno a cinco entradas en el blog, pero con esta han acabado siendo seis. Aquí van los últimas aforismos que entresaqué; empiezo con tres que tienen giros lingüísticos: 
Solo, sé que no sé nada (33.1).

Juega conmigo, no conmigo (45.4).

¡Qué alhaja lingüística la hache intercalada de «ahuecar la voz»! (33.8).
A mí me gusta mucho este aguafuerte:
La lluvia de noche es una tinta china (51.7).
Y voy a terminar con uno sobre lo que vertebra el libro, la vida bien vivida (aquí, además, como aventura y arte):
METAMORFOSIS
En cuanto descubres el sutil hilo de tu destino, ya es el tenso alambre sobre el que tienes que avanzar a una altura de vértigo en excitantes equilibrismos. (21.5).

jueves, 29 de abril de 2021

Darle sorbos al vaso medio lleno 5

Hoy selecciono, de El vaso medio lleno, cuatro aforismos más filosóficos.

1. La teoría política en realidad no sé si pertenece a la filosofía, porque Hannah Arendt decía que no, pero bueno. Este lo he visto citado varias veces y siempre me ha hecho gracia, quizá porque yo me veo como el que no baja a defender: en el fútbol o estaba al lado del portero (para no estorbar demasiado) o al lado del portero contrario (para estorbarle o meter un milagroso gol de rebote). Nadie me veía como un modric o un kroos de la vida:
LA QUEJA DEL CONSERVADOR
El reaccionario no baja a defender (123.3).
2. Este me parece muy apropiado para Platón, que en el Banquete puso a Sócrates a dialogar con la tragedia y la comedia, quedando vencedor de ambas. Y en el Fedón, sus últimas palabras son que «le debemos un gallo a Asclepio». Sí, un aforismo muy platónico:

Si tratásemos a la comedia con el mismo respeto que a la tragedia, otro gallo nos cantaría (55.2).

3. Uno que es aforismo, pero también microrrelato:
APORÍA APOTROPAICA
Dividimos el tiempo en siglos, décadas, lustros, años, estaciones, meses, semanas, días, horas, minutos y segundos queriendo parar el tiempo con una aporía de Zenón. Pero el tiempo, peripatético, pasa (82.6).
4. Y por volver a lo platónico, la disputa entre poesía y filosofía:
El escritor se escucha pensando. El filósofo se piensa pensando. Son desdoblamientos distintos (105.6).

miércoles, 28 de abril de 2021

Darle sorbos al vaso medio lleno 4

En El vaso medio lleno hay aforismos especialmente logrados -por lo dificultoso del tema- sobre la humildad:

Abundan los que se escuchan hablando, pero él era un vanidoso majestuoso: se escuchaba escuchando a los demás (50.4).
*
La humildad está, como es lógico, infravalorada (52.1).
*
PRIMEROS AUXILIOS
La vanidad herida no muere, porque la atiende el orgullo (75.6).

En esa línea leo yo este otro:

SI TE ARREPIENTES, NO PRESUMAS
(Infidelidades matrimoniales, marxismo juvenil, bromas pesadas, juergas salvajes, etc.) (13.1).

Otro miura, el buenismo frente al bien:

El buenismo saca de mí lo peor (52.4).
*
Lo más taimado del buenismo es que se puede ser buenista siendo bueno (52.5).
*
Lo peligroso de ser bueno es que hay que serlo de verdad porque, si no, es peor (65.4).

jueves, 22 de abril de 2021

Darle sorbos al vaso medio lleno 3

Sobre los trascendentales del ser es muy difícil hacer aforismos, porque si al final son todos lo mismo (ens et unum, verum, bonum et pulchrum convertuntur, que traduzco por «el ser y lo uno, verdadero, bueno y bello son equiparables» con la sensación de estar metiendo la pata a fondo en cada una de las palabras elegidas), ponerse a hacer distinciones no es fácil. 

En El vaso medio lleno, Enrique García-Máiquez afina mucho:

La belleza, sin velos, sólo es verdad (56.4).
*
El bien, cuando se muestra, es la belleza; el bien, cuando se demuestra, es la verdad. El bien, cuando se esconde, es el misterio (58.4).
*
Tú aspira a la verdad desnuda, que ya la revestirán tus limitaciones (104.2). 

Luego está la cuestión del misterio respecto a la verdad. El misterio del ser y los trascendentales, ese sí que es un buen misterio (que no secreto):

Los misterios, secretos que no necesitan ocultarse (33.6).
*
Un secreto revelado desaparece; un misterio revelado crece (41.6).
Podría parecer que no, pero este aforismo tiene mucho que ver con los anteriores, señalando dos excesos:
No es la menor culpa del arte abstracto la cobertura moral que ha dado al hiperrealismo (32.3).

Y este otro sobre la carencia de belleza del arte contemporáneo y su verdad:
Al arte contemporáneo no se le discute su capacidad notarial de levantar acta del estado del mundo (119.3).

miércoles, 21 de abril de 2021

Darle sorbos al vaso medio lleno 2

De El vaso medio lleno, llamadas saludables a callarse, o a hablar menos, o a dejar "hablar a la realidad". O lo puedo decir en cursi: "a abrir espacios de silencio".


CHÁCHARA
Las conversaciones más insustanciales se tienen con uno mismo (20.2)

*

La sensación de pobreza que nos queda después de haber hablado mucho (22.2).

*

GUÍAS TURÍSTICOS
Si ellos callaran, hablarían las piedras (30.4)

martes, 20 de abril de 2021

Darle sorbos al vaso medio lleno 1

Me he pasado tiempo bloqueado mentalmente con la cuestión de cómo enfocar El vaso medio lleno, el segundo libro de aforismos de Enrique García-Máiquez. En parte era porque volví a ver lo que hice con el primero, Palomas y serpientes, y me dio un poco de vergüenza ajena de mí mismo, porque me había dedicado a poner una pretenciosa lista de números con los aforismos que más me gustaban a mí y a continuación había tenido la caradura de copiar los que más me gustaban de los que más me gustaban.

Por otro lado, se me había ocurrido hacer un comentario sobre la exigencia moral amable que suponía este libro, porque leyéndolo nos vemos siendo amablemente impelidos a ser mejores, pero eso es difícil de explicar sin hacerse otro autorretrato, y ahora negativo además. 

Más fácil era comentar la portada, con uno de esos vasos medio llenos de Gaya tan bonitos, esa representación de la realidad de verdad que no ve vasos medio vacíos, de ninguna manera, los ve por lo menos medio llenos y bellos y verdaderos:

Se me ha ocurrido ir por la vía del medio y estirar esto en varios días, pero dedicándome otra vez a fusilar aforismos de los que más me gustan, sin más o con una pequeña glosa, para hacerme un selfie con ellos y esperar salir favorecido. La misma táctica otra vez: envejecemos, pero no mejoramos. 

Por ejemplo, empiezo quedándome dos aforismos poéticos sobre el viento:

La constancia de la veleta es la verdad del viento (58.5).

 *

El viento, en la copa de los árboles, parece muy enfadado. En las tablas de windsurf se ve que no quería más que jugar (61.4).

martes, 12 de noviembre de 2019

Mal que bien de Enrique García-Máiquez

Me gusta un montón el título, Mal que bien, porque traza este periodo concreto de su vida en el perfil de la línea biográfica de su obra poética. El anterior libro, Con el tiempo, era un Nel bel mezzo del cammin di nostra vita. Nueve años después somos cincuentañeros (yo también: ya veis cómo me lo apropio desde el principio para leerme a mí, lector fingidor) y me parece mentira, porque es como si hubieran pasado dos o tres a lo sumo. Yo noto como él que se nos está yendo a toda velocidad ese tiempo, que era de plenitud, entre cosas cotidianas ("Y porque voy cumpliendo, creo que cumplo", dice refiriéndose a "las clases, los encargos, los artículos" en Ralentí) y nos acercamos cada vez más a la muerte. Todo se está resolviendo sin dejar nada perdurable (aquí hablo yo de mí), en comprobar que decepcionamos las esperanzas de dejar algo (otra vez yo): se está volviendo todo ahora ("En mi propio medievo", dice, para hablar de la cincuentena), un poco demasiado vívido, una Danza de la muerte en la que hay que seguir bailando, y al ritmo que ella dicta, además. El último poema de esa parte es una conversación con la luna nueva, que nos trae la revelación de que lo que se trata es de pesar en la tierra, pero que sensación tan fuerte de ser arrastrado, de dejarse lo importante en segundo lugar. Todo esto es lo que pensé y sentí en el primer apartado del libro, titulado Ten piedad, tiempo.
En el segundo capítulo (Hasta pronto) conversa con sus difuntos y yo lo he leído muy emocionado: la verdad de la resurrección, de que volveremos a vernos, de que nos esperan y nos ayudan nunca la había visto tan bien descrita, transmitida, vivida entre versos. No es la retórica de los epigramas funerarios, en la que hacemos hablar a los muertos, no es la tristeza de Quevedo, que habla, pero sólo con libros: es la conversación viva con los difuntos que sabe vivos.
El capítulo de Cuerpos gloriosos me llevó de vuelta al primer poema del libro, donde dice que lo mejor de la vida son los espacios en blanco entre las líneas negras de las palabras de los poemas. A qué escribir, pues, a qué molestarnos en seguir escribiendo: qué hago yo con este blog, arqueología de lo que hace al menos un decenio dejó de estar de moda. Por qué no vivir de verdad, sin esos afanes que parecen hasta ridículos. Y lo increíble es que todo esto lo diga Enrique sin ser lúgubre en absoluto, con humor incluso.
En el apartado siguiente están los poemas del amor matrimonial de la mediana edad, porque esto de la vida es un camino que no se recorre en soledad, gracias a Dios, y el amor que nos dan es preparación para la muerte, que es amor, gracias a Dios. Y reincide titulando el siguiente capítulo Monogamia. El primer poema es una Aleluya:
¿Todo amor es fantasía?
Eso yo no lo diría...
Porque nos puede el cinismo y el nihilismo en esta edad, al menos habrá que poner en duda esas acusaciones de fantasía asociada con todo amor, aunque con mucha delicadeza. Hay un amor que es verdad, que es más fuerte y más extraño que la muerte, es la realidad, es ese esfuerzo que hay que seguir poniendo.
Y viene un título flanneryesco: Su rostro en mi espalda, que es una imagen trazada por los lunares en el cuerpo, quizá como la de La espalda de Parker. Lo mismo pasa con el almendro, árbol feo sin hojas, de "ásperas ramas retorcidas, / negras, secas y casi estériles" pero transfigurado con las flores blancas, que resultan ser eucarísticas. Antes, un poema sobre los propios pies, que juega con las referencias a uno famoso que le oímos en Carmona a la propia Amalia Bautista, el día que le conocí a él, hace ya trece años.
En este recorrido biográfico hay algo nuevo, la vida Al alimón con sus hijos, en el capítulo siguiente. Empieza con este haiku a la luna, Fulgor:
La luna llena,
como mi vida, plena
de luz ajena.
El libro se cierra con En realidad, donde hay también algunos poemas dirigidos a la luna. El último es a su padre (el libro estaba dedicado a su hijo) y es un modo excelente de terminar este libro de grandísima audacia, en el contarnos su vida en esas coordinadas biográficas concretas y que yo me he apropiado para contar la mía en esto que no es más que un texto de agradecimiento.
Y me parece que me he dejado el libro vivo, sin diseccionarlo, aunque también es verdad que no venía aquí a descuartizarlo. Podría mencionar poemas concretos, pero mejor miradlos y leedlos vosotros, que hay para dar y tomar y creo que ya, si seguís twitter, habréis podido leer unos cuantos de los que va colgando la gente.
Qué bien, Enrique, también en esta etapa de la vida: mal que bien, de derrota en derrota, hasta la victoria final.

martes, 20 de febrero de 2018

Rescatando del archivo

He estado revisando cosas que tenía guardadas de un artículo que se quedó en el cajón por 2008. Ahí tenía cosas sobre tradición clásica y poetas del Cono Sur y entre ellas datos que me dio en 2006, cuando le conocí, Enrique García-Máiquez, que entonces estaba trabajando en Oficio, su antología de Ibáñez Langlois. De él me copiaba este poema:
VITA BREVIS
La aurora todavía resplandece
sobre las lágrimas de tu Bautismo
cuando todo está oscuro y alguien viene
a hacerte el signo de la Extremaunción.
De este poema me olvidé, pero el hecho es que a finales de ese año 2006 recogía yo cosas de la Aurora en la poesía de Ibáñez Langlois. Y más adelante me dediqué a recoger cosas sobre la Aurora, así que Enrique, ya ves cómo me olvidé, aunque no fue en vano tu desvelo.

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[José Miguel Ibáñez Langlois, Poemas dogmáticos II, Editorial Universitaria, segunda edición, Santiago de Chile, 1995]

viernes, 10 de marzo de 2017

Sobre Waugh

[Los dos vídeos están en inglés]

Esta conversación interesantísima con Joseph Pearce, de hace unos años, sobre literatos conversos en Inglaterra, en la que dice que Brideshead es la mejor novela del siglo XX:


Y esta conferencia de Joe Grabowski es buenísima. No conozco al conferenciante, pero la idea de conversión de Waugh a lo largo de su vida, después de su entrada en la Iglesia católica en 1930, está excelentemente explicada. Tiene unos cuantos golpes geniales de humor, además:

lunes, 27 de febrero de 2017

«Un largo etcétera», de Enrique García-Máiquez



Hasta la portada se hace clásica, por comparación con el primer volumen de sus Diarios en la misma colección: de los muchos colores hemos pasado a un blanco reposado, acorde con lo que es este libro: la serenidad de una vida contada en lo diario.
Hace bien Enrique en hablarnos en el prólogo [PDF] de su sorpresa al releer lo escrito en esos años en el blog, cuando pensaba en preparar este libro, y comprobar que se sostenía, que valía. De un escritor maduro se espera que sepa cuándo algo está bien escrito y si merece publicarse.
Sobre todo el libro es la constatación del prodigio de ver vivir a sus hijos, ese don inesperado. También de los infinitos matices de la vida de matrimonio. Es además el libro suyo más confesional, con diferencia, siendo consciente, como tiene que serlo, de que contar lo que cuenta será como poner un trapo rojo ante el toro de la perplejidad de los que no se imaginan que alguien siga girando en torno a Dios y que además lo cuente.
Qué libro feliz, Enrique. Qué bien.

[El libro, veo aquí, donde recogen además el poema Desamor, se puede pedir a libros@altair.edu.es

viernes, 5 de febrero de 2016

Palomas y serpientes de Enrique García-Máiquez

Yo me cogí Palomas y serpientes (Amazon / Casa del libro), volví a mirar con atención la grandiosa portada, con esa 'y' colgando y la viñeta de la cebra, y noté el papel algo rugoso de la cubierta:


(le cuadra muy bien esto: «La astucia más sagaz es la candidez más pura» - 35.6)

Y saqué como siempre una octavilla de papel, para apuntar (¿a quién se le va a pasar por la cabeza pintarrajear en un libro?). Al principio seguí, sin pensarlo mucho, mi costumbre de anotar los que más me gustaban, pero como eran muchos, los que más me gustaban de los que más me gustaban los rodeé de un círculo. Ahora los pongo aquí, porque quizá dentro de un año vuelva a esta página y quizá compruebe que me gustan más otros o que me siguen gustando más estos, que nunca se sabe. Vamos, que esta ristra de números es también otro autorretrato:

11.5, 11.6, 12.1, 12.8, 13.3, 13.4, 13.6, 13.7, 14.1,14.4, 14.7, 14.8, 14.9, 15.1, 15.2, 15.3, 15.4, 15.7, 16.2, 16.6, 17.1, 17.3, 17.4, 17.8, 18.1, 18.4, 19.2, 19.3, 19.4, 20.4, 21.2, 21.6, 22.1, 22.2, 22.3, 22.6, 23.3, 23.5, 23.7, 24.3, 24.4, 24.6, 25.1, 25.5. 25.6, 25.8, 25.9, 26.1, 26.6, 26.7, 27.2, 27.3, 27.4, 27.5, 27.6, 27.7, 27.8, 27.9, 28.1, 28.2, 28.3, 29.1, 29.2, 29.3, 29.4, 30.3, 30.4, 30.5, 30.6, 31.1, 31.5, 31.6, 31.7, 33.6, 33.7, 34.1, 34.5, 34.6, 35.1, 35.2, 35.4, 35.5, 35.6, 36.1, 36.4, 36.5, 37.1, 37.5, 38.1, 38.7, 39.2, 40.1, 40.2, 40.4, 40.8, 41.2, 41.4, 41.5, 41.7, 42.2, 42.3, 42.4, 42.6, 42.7, 42.8, 43.2, 43.6, 44.4, 44.6, 44.7, 45.1, 45.2, 46.6, 48.1, 48.4, 49.1, 49.2, 49.5, 50.4, 51.1, 51.2, 52.2, 52.4, 52.5, 52.6, 53.2, 53.3, 53.5, 53.6, 54.3, 54.4, 54.5, 54.6, 54.7, 54.8, 55.1, 55.2, 55.5, 56.1, 56.6, 56.7, 57.3, 57.5, 57.6, 57.7, 58.3, 58.5, 58.6, 59.6, 59.7, 59.8, 60.3, 60.4, 60.5. 61.1, 61.3, 61.5, 61.6, 62.1, 62.2, 62.4, 62.5, 62.6, 63.1, 63.3, 63.6, 64.1, 64.2, 64.5, 64.6, 65.2, 65.3, 65.6, 66.1, 66.2, 66.4, 66.5, 66.7, 67.3, 67.4, 67.5, 68.1, 68.2, 71.2, 71.3, 71.5, 71.6, 72.2, 72.4, 72.5, 72.6, 72.7, 73.1, 73.2, 74.3, 75.4, 77.2, 77.6, 78.1, 78.2, 78.3, 78.6, 78.7, 78.8, 78.9, 79.1, 79.4, 80.1, 80.3, 80.4

Y a medida que avanzaba en la lectura apunté tres frases de temas recurrentes del libro:
-El asombro ante la hondura de la realidad (ante la mirada amorosa de Dios).
-El tiempo como redención
-La claridad, al servicio de la escritura

Sumando los que marqué, me salen 212 en total y en la selección más selecta 127.

Y qué decir. Pues que hay muchas cosas, no exactamente «aforismos morales». Hay, por suerte, mucha poesía. Hay autobiografía, también mía. Por ejemplo ahora estoy viendo por la ventana lo mismo (11.6):
Una mañana de invierno con un cielo tan azul que, si no fuese por la claridad, sería una noche de verano.
Y esto sí que es biográfico mío también (17.1)
CUENTO DE HADAS
El niño, siempre que pisa un charco, pasa a través del espejo.
Le podría dar mi toque dickensiano de que a veces era tal cual un espejo, porque estaba helado, en aquellos inviernos tan fríos de Castrojeriz. No podíamos pisar los charcos, pero con el talón golpeábamos a ver si el agua de debajo se liberaba.

Al lado, este otro (17.3):
La vocación es enamorarte perdidamente de tu destino.
Estoy cayendo en lo que quería evitar, adornar mi blog con sus aforismos. Pero quién se resiste a poner como máxima esta, que remonta a Heráclito y tiene su base en la experiencia y en lecturas de Chesterton y Girard y Cesáreo Bandera por lo menos (31.1):
La realidad es el secreto.
Más de realidad (39.2):
La realidad se ríe, si la miras.
O esto (33.7)
TU QUOQUE
La verdad la quiero decir siempre, pero tendría que verla antes, y cómo, escondiéndose, juega ella, ¡ella! a  engañarme.
Y digo sí, sí, cabeceando con fuerza, cuando leo esto (34.1):
A diferencia de mis esforzados contemporáneos, no necesito ponerme a hacer deporte para constatar que estoy mayor.
Bueno, solo uno más (59.8):
Hay un solo modo de que la escritura  sea sencilla y, a la vez, brillante; que transparente -clara, limpia, sin una distorsión- lo que resplandece. Que siempre está más allá del papel.
Y una referencia clasicista, no tan habitual en él (68.1):
El ostracismo es elegante: gris perla.
Y también esto, con mucho fondo (71.2):
MYSTERIUM INIQUITATIS
Los niños dejan de cazar pájaros cuando pierden la inocencia.