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miércoles, 10 de marzo de 2021

Pedir piedad

Hace unos días vimos Hope Gap. No esperaba yo mucho, pero es una película que ha ido creciendo en mí (lo pongo en cursiva porque es un anglicismo) y os la recomiendo. Supongo que conocer un caso cercano de los problemas matrimoniales que se plantean en la película me ayudó a verla con más atención, o con empatía mayor, no sé.

Como ya estoy escamado de repetidas experiencias negativas, cuando al principio el personaje de Annette Bening dice que iba a Misa yo me puse en lo peor: la mujer fanática que martiriza a los demás con una capa superficial de amor entregado. Lo increíble es que no fue así. Además hace un comentario que me impresionó: dice que va a Misa a repetir "Señor, ten piedad". Eso, creo, es la clave de la película.

Me acordé de ello esta semana, cuando estaba viendo el vídeo del funeral del profesor Škoviera. Mientras recordaba cuando él cantaba como director del coro que justo entonces estaba cantando, pero para su funeral, y qué bien cantaban. Casi toda la primera media hora, me pareció, lo que hacían era cantar invocando el Señor ten piedad, en eslavo, en griego, en no sé qué lenguas, Toda oración es pedir piedad y en el rito católico oriental no se aburren de repetir lo verdaderamente importante:

viernes, 26 de febrero de 2021

Daniel Škoviera


Me enteré ayer del fallecimiento de Daniel Škoviera. Lo conocí en un curso de griego moderno en Tesalónica, nada más terminar yo la carrera. Él era ya mayor, muy buena persona. De entonces solamente me acuerdo de que en un paseo por la ciudad acabamos en medio de una boda muy aparatosa, con los invitados poniéndole billetes en el vestido a la novia.

Cuando pasé un verano en Bratislava le escribí y estuve varias veces con él. Era ya catedrático de la Universidad, trabajando en cosas de literatura griega y humanismo en Eslovaquia. Era hijo de un sacerdote católico de rito oriental (allí la tradición es que los sacerdotes se puedan casar) y -leo ahora en un obituario- padecieron persecución; primero su padre (él nació en el este de Eslovaquia, entre Polonia y Ucrania, donde hay más católicos de rito oriental) y luego él, que pasó diez años apartado de la docencia, hasta 1989.

Yo entonces pude asistir a las celebraciones litúrgicas en la iglesia de la eparquía católica de Bratislava: lo conté aquí (y también sobre el iconostasio y los ritos). Él era el cantor: era como el portavoz de los fieles en un diálogo siempre cantado, o salmodiado, con el sacerdote. Eran celebraciones de hora y media o dos horas y yo creo que han sido las Misas más impresionantes a las que he asistido, sin entender una palabra además. Ya puse un enlace de una grabación de una celebración con su coro. Aquí tenéis canciones del coro que dirigía.

Con él y su mujer fuimos un día hasta el río Danubio, al castillo de Devin, en el limes, pero en el lado de fuera, aunque con restos cristianos desde el siglo IV. Daniel representa para mí la fe vivida hasta las últimas consecuencias: su padre era un sacerdote confesor de la fe, su hijo es ahora un sacerdote. En esta foto que tomo, como la otra, de la Eparquía Católica de Bratislava, se le ve como era, una persona de gran humildad:

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Un nuevo sacerdote en la eparquía de Bratislava

Hace ya nueve años estuve en Bratislava. Allí conocía a una familia de católicos de rito oriental, así que pude asistir varias veces a la liturgia (más información aquí), quizá de las veces que más me ha conmovido, y todo ello sin entender ni una palabra; por eso, entre otras cosas, no le veo el problema a la liturgia en latín en la Iglesia latina, aunque uno no entienda nada (pero es que no es sólo cuestión de entender).

El último día Andrej, uno de los hijos, me estuvo enseñando los iconos. Es una eminencia de teología y liturgia eslava. En estos años se casó y tiene dos niños. Ahora se ha ordenado de sacerdote (porque los casados se pueden ordenar de sacerdotes). Yo estoy muy contento, por la Iglesia Universal, por la Eparquía grecocatólica de Bratislava y por mis amigos (su abuelo, ya fallecido, era un sacerdote de esos mártires en vida de la época comunista).

Ahora han puesto en su web un montón de fotos. Son impresionantes: las de aquí son de esas.




Hace poco transmitieron en la Radio Eslovaca una celebración litúrgica desde esa misma iglesia y con su coro: y cómo cantan: aquí lo podéis oír.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Dos frases de Herbert

Para entender Centroeuropa (Mitteleuropa, se dice en alemán), dos frases de Zbigniew Herbert que cita Xaverio Ballester en el prólogo de Informe desde la ciudad sitiada y otros poemas (Hiperión, Madrid, 2008, 2ª ed., p. 11-12:

1. Para mí Polonia sin judíos, sin ucranianos, sin armenios, tal como era en Lwów, sin valacos, sin familias de ascendencia italiana, ha dejado de ser Polonia.

2. Quienes vivieron la ocupación soviética del 39 al 41 en Lwów o en Vilnius tenían ciertamente idea del sistema soviético... Ellos como yo entendieron que el año 45 no significaba liberación alguna, sino simplemente una invasión, otra ocupación más, más larga, significativamente más dura para la supervivencia moral.
En 1. está la cuestión de los estados nacionales racialmente unitarios, que tanto me inquietó en Eslovaquia. En 2. hay una advertencia para que no se olvide qué era el marxismo.

viernes, 10 de octubre de 2008

Museos nacionales de Eslovaquia

Veo que los anglosajones usan mucho el concepto de closure y el verbo move on. Supongo que ya es tiempo de hacer yo eso con Eslovaquia, cerrar ese capítulo y avanzar hacia otros campos, que llevo ya casi dos meses hablando de ello y el visitante ocasional se puede preguntar: y este tío ¿por qué cada cierto tiempo se pone a hablar de Bratislava? Cerremos, pues, el capítulo, ay, tan gustoso, y avancemos a otras cosas.
Casi al final de los días en Bratislava fui al Museo Arqueológico: me salté una exposición de arte egipcio (todavía no sé muy bien por qué me interesa tan poco la cultura egipcia) y me fui a la colección permanente; habida cuenta de que Eslovaquia estaba en el territorio conocido como Barbaricum, casi todo lo que tenían era de los pueblos que fueron pasando por allí (germánicos -los marcomanos, esos con los que luchaba Marco Aurelio en Gladiator, celtas, eslavos, húngaros) y los objetos romanos de lujo que compraban al otro lado del limes. Bien, estaba bonito.
Allí al lado se apelotonaba también en dos salas el Museo de los alemanes de Eslovaquia ('alemanes de los Cárpatos'), que daba muchísima pena: llamados esos alemanes en la Edad Media a trabajar allí, la progresiva nacionalización-compartimentación-rebanamiento del que había sido imperio austro-húngaro les dejó en situación extraña: de un imperio multinacional y multilingüístico pasaron en el XIX y XX a estados basados en la pureza linguística nacional donde los que habían vivido allí tan contentos se convirtieron en minorías. Y para rematarlo, se echaron en brazos de Hitler (como los de los Sudetes, en Chequia). Y luego las represalias después de la Segunda Guerra Mundial, con episodios tristísimos de matanzas de gente pobre, desarbolada, exiliada a Alemania y vuelta a su pueblo para encontrar allí que en realidad -pobres antes y después- eran ahora verdugos que tenía que pagar. Los pocos que quedan intentan mantener el recuerdo de lo poco que queda.
Y también allí, en otras dos salas, el Museo de cultura húngara en Eslovaquia. Para que os situéis, con la invasión turca, lo que ahora es Eslovaquia fue durante tiempo el territorio mínimo que le quedó a Hungría (la pequeña Hungría, la llamaron). Ahora en Eslovaquia queda medio millón de hablantes de húngaro y parece que no son muy amados precisamente por los eslovacos hablantes de eslovaco, después de que durante el XIX los húngaros del reino de Hungría quisieran (mierda de nacionalismos del XIX, qué apestosos fueron) imponer la lengua húngara como única en todo su territorio de entonces. Había una señora en las dos salas, cuidando aquello: fotos, cuadernos escolares, periódicos en húngaro de principios del siglo XX, catecismos calvinistas y católicos, clubes deportivos. Y qué triste todo también.
Y me dejé sin ver los museos de cultura ucraniana, croata (hay dos aldeas croatas desde el año pum al lado de Bratislava -¡alucinante!), rutena (son como ucranianos pero no del todo iguales, no me preguntéis más) y roma (=gitana): más datos en la web general. Y no llegué a ir al Museo judío de Bratislava (¡con lo que me gusta la cultura judía, y más la de los del centro de Europa: ¡Singer, Scholem!), aunque sí el Museo judío en Nitra. Y a los judíos se los cargaron a todos, primero con el estado títere y luego los nazis directamente, y qué pena también.
Ahora Eslovaquia es un país independiente, con minorías reconocidas (sic). Dicen que están muy contentos así, sin Chequia siquiera, que les va muy bien. No sé, espero que sí.
El otro día se me ocurrió pensar en una hipotética República Galega, con un museíto de cultura castellana en Galicia en una callecita, no sé, Pescadería Vella por ejemplo, para un futuro próximo, y pensarlo fue como chupar algo amargo.

martes, 7 de octubre de 2008

Emil Belluš

Todavía me queda alguna cosa que contar del agosto en Bratislava, de arquitectura contemporánea, por ejemplo (y con humildad, que no tengo ni idea).
Me llamó la atención el edificio que tuve enfrente de mi ventana esas tres semanas, la Facultad de Arquitectura de Emil Belluš. En principio parecía un monstruo anodino, pero tenía algo; me gustaban mucho las letras de la puerta, hechas con los mismos ladrillos del edificio, amarillos, feos pero duraderos, y más me gustó el vestíbulo un día que entré. El último día, cuando me fui con Ángel a tomar una cerveza justo detrás en la plaza monumental sovietizante (Namestie slobody), también me llamó la atención por ese lado. Aquí tenéis la vista desde atrás, estropeada por el monumento sovietizante que le han colocado (y como esos también los tenemos en España, eh):


Otra. Nada, las fotos no le hacen justicia. Si alguien pasa por allí, que me mande una foto bien hecha:

Sobre Emil Belluš, pues, hay que contentarse casi con la entrada de la wikipedia en eslovaco (también te la tienen en checo) y un artículo en inglés en el que menciona su carácter clásico (enlace que me envió Noatodo, gracias). A mí lo que me cautivó sobre todo fueron los dibujos de sus proyectos que estaban en el Museo Nacional Eslovaco.

Así que en realidad esta entrada es un puro fracaso. No puedo decir casi nada de Belluš, salvo que me llamó la atención y poder decir más adelante: yo ya dije que era bueno. Sólo he encontrado dos fotos que merezcan la pena de edificos suyos, los dos en Bratislava, uno en el centro de la ciudad, de antes de la guerra:




No sé, parece un arquitecto de raza, con una sutileza que no veo en la mayoría.

martes, 30 de septiembre de 2008

Las dos Banská y Trenčín

La única excursión en la que nos metimos algo más en Eslovaquia, casi hasta el centro, fue la que hicimos primero a Banská Štiavnica. Y dicen que el centro y el este son lo más bonito del país; y sí, guardo un gran recuerdo de los bosques que cruzamos para llegar allí:

Banská (los acentos indican vocal larga) significa Minas. Hubo gran colonización alemana, en esta y en la otra ciudad a la que fuimos a continuación: Banská Bystrica [alemán Neusohl, latín Neosolium, húngaro Besztercebánya y me ganas de añadir que en sindarin una podría ser Minas Tirith y la otra Minas Ithil]:


Foto de aquí
Como dicen los arquitectos, era muy potente en Banská Bystrica la plaza con el hotel Lux -restos de la era soviética- al fondo. Al lado estaba el museo SNP (=del levantamiento de 1944 frente al gobierno de Tiso). Entre 1938 y 1944 hubo un estado -y la primera vez que Eslovaquia fue independiente- títere de Hitler con un presidente que era un cura (cf. wikipedia sobre Josef Tiso y un artículo interesante), contra el que se hizo este levantamiento que tampoco es trigo limpio del todo (rusos de por medio). Y la tragedia de Eslovaquia entre Guatemala y Guatepeor.

Bien, Banská Bystrica era una ciudad bonita. En una iglesia, un retablo gótico del maestro Pavel (son famosos los que hizo en Levoča, pero es una ciudad que pilla muy lejos, al este, con una iglesia que debe de ser impresionante, dedicada a Santiago 'el mío'):

Y la foto está un poco borrosa, pero a cambio salgo yo a medias (foto enlazada de aquí).

Y llevábamos ya una paliza de viaje y me empecé a cansar, pero quisieron parar de vuelta en Trenčín. Y paramos junto a la sinagoga. Y subimos al castillo (y yo me puse morrosco) y había muy buenas vistas.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

En los dominios de Ottokar

Me hizo mucha ilusión leer en un folleto de la iglesia de los franciscanos de Bratislava el nombre de Ottokar II, de una línea de reyes de Bohemia.
En el Palacio Presidencial había dos soldados vestidos más o menos así (Hergé en El cetro de Ottokar se tiró más a lo balcánico, pero la ambientación por ahí le anda).

De Eslovaquia una de las cosas que más me gustaron fueron los escudos, como el del propio país (y aquí la bandera):



Y el de la ciudad de Nitra:



y el de Trnava:



Por cierto que Nitra está hermanada con Guadalajara (la de España) y Trnava con Scranton (Pennsylvania: nombre muy ottokariano).

viernes, 12 de septiembre de 2008

Roman Ondák

Hay que decir, como un hecho y sin jactancia, que el arte de Eslovaquia en conjunto vale menos que el que uno puede ver en la provincia de Palencia (a donde tengo muchas ganas de volver, por cierto, despacio, un mes entero).
También tengo que añadir que los museos de Bratislava son los sitios en los que he podido disfrutar de los últimos efluvios de la era soviética: los guardianes policías, que me seguían -iba solo por las salas- en todo mi recorrido. Pero era hasta gracioso todo.
Dentro de eso, el arte contemporaneo que he visto allí era pésimo: cuánto me he lamentado de mis críticas al CGAC, que es la primera división de lo que en Bratislava es segunda regional. Le he cogido cariño al CGAC, no puedo negarlo, y cuando salgo fuera lo demás palidece (comparando con el MACBA, sin ir más lejos). Ahora en La voz de Galicia les ha dado por atacar a Manuel Olveira, ¡por el número de visitantes! (más aquí), pero su labor es muy meritoria en un terreno en el que prácticamente todo es basura.
Si tuviera que salvar algo de arte contemporáneo que vi allí, sólo rescataría a Roman Ondák, que tenía una obra en la Galería de la ciudad de Bratislava (museo bastante flojo); en concreto Sýta knižnica (que increíblemente significa Rica Biblioteca; no me siento capaz de valorar si 'rica' -sýta- se refiere a comida o a dinero). Son unos botes con etiquetas como de comida, pero con nombres de escritores famosos y sus obras. Una tontada, diréis, pero bueno, por lo menos estaba limpito.
Y vi otra obra suya con la misma idea (Sýtý stôl, -no sé que significa- de 1997) de la Galería Nacional Eslovaca (con una colección entre floja y muy floja, salvo algún destello en altares góticos, un gran relieve de una Natividad muy bonita de 1480 y un cuadro de Giulio Cesare Procaccini, al que no tenía el gusto de conocer). Es lo mismo, objetos con nombres de escritores, y filósofos.
En esa Galería se dejaba ver también el arte de principios del siglo XX, sobre todo los carteles, planos de edificios (ya hablaré de Emil Bellus) y similares: artes decorativas y diseño.
Busco ahora en google y resulta que el eslovaco Roman Ondák ¡hizo una exposición en la Tate Modern! Ya veis, tengo ojo clínico para el arte contemporáneo, lástima que ya no me guste.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Y más de los ritos grecocatólicos

El último día en Bratislava me invitaron a comer (y muy bien) en su casa estos amigos grecocatólicos y después fuimos a la boda; yo les estuve preguntando varias cosas sobre el rito y luego en la iglesia Andrej me fue explicando más en detalle sobre iconografía (nunca mejor dicho), ritual e historia.
En el iconostasio tenía un sentido concreto la posición de los iconos: en la calle de abajo escenas del Antiguo Testamento; en el medio a la derecha Cristo y a la izquierda la Virgen. En las puertas laterales (por las que pueden entrar los laicos, pero no las mujeres, que no pueden acceder al presbiterio, san Esteban y Melquisedec. Y en los extremos, a un lado san Nicolás y al otro ya no me acuerdo.
Encima de esto, las diez fiestas principales del año. Y más arriba, Cristo en majestad con la Virgen suplicante y san Juan Evangelista y otros santos y todavía más arriba otros (por ejemplo san Gabriel, san Pablo y san Metodio). Y coronando, Cristo en la Cruz con el INRI, pero que era ІНЦІ (INTSI= TS es esa especie de u, de Czar= Rey). 
Durante la Consagración, otros sacerdotes levantan sobre el principal celebrante un paño llamado aer (=aire), que agitan suavemente: es el momento de la epíclesis, la invocación al Espíritu Santo (el que se cernía sobre las aguas, la brisa de la que se ocultó Elías).
La patena, que tiene una especie de cruz dorada encima y el cáliz en un momento determinados los cubren y los besan, pero con el paño de por medio, una muestra muy bonita de cariño.
Esa cruz la interpretan también como la estrella que señaló el nacimiento de Cristo. De hecho preparan el pan y el vino para la Eucaristía en una mesa lateral que se llama prothesis (=lugar donde se colocan previamente las ofrendas, en pura etimología) y ahí siempre, me explicó Andrej, hay un icono de la Natividad del Señor.
Otra cosa preciosa era la Bendición del pueblo con el cáliz después de la Consagración, cubierto con un purificador rojo.
El altar (thronon = thronum = trono) cúbico, es una mesa de madera recubierta de telas doradas, en la que sólo puede estar el tabernáculo y el evangeliario.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Slavin

Por una cuesta pronunciada, mientras cruzas un barrio de chalés hasta hace poco decadentes y a partir de ahora refulgentes (el dinero corre por Bratislava, desde enero los euros), llegas a Slavin, en uno de los montes que rodean Bratislava (los Pequeños Cárpatos), un monumento a los soldados soviéticos de la Segunda Guerra Mundial, con dos grandes túmulos con 6000 enterrados allí y algunas tumbas individuales.
Había una amplia vista de la ciudad, veías los barrios obreros a lo lejos, torres de pisos soviéticos. Y el propio monumento parecía otra época



El monumento era una especie de historia del arte occidental pero sin sensibilidad: las columnas rectas, sin transiciones, la desproporción del conjunto, las puertas con escenas que recordaban tantas otras pero sin dulzura.
El monumento lo rodeaban los nombres de las batallas que fueron ganando los soviéticos al ir entrando en Eslovaquia. Les liberaban de los nazis, pero qué liberación de cuarenta y cinco años.
Quizá ahora ya puedan empezar a tomárselo con cierto humor, pero que no se les ocurra tocarlo, como pasó en Estonia, que los rusos les cortaron el grifo del gas. Y daba un poco de miedo pensar es eso allí, mientras los tanques rusos se movían por Georgia.

jueves, 4 de septiembre de 2008

El tema bodas

Yo soy muy partidario del tema bodas (salvo para mí) así que las que he visto en Eslovaquia me han alegrado lo indecible; además, estos días he caído más en la cuenta de esta frase que cita san Josemaría:
¿Qué son los sacramentos huellas de la Encarnación del Verbo, como afirmaron los antiguos sino la más clara manifestación de este camino, que Dios ha elegido para santificarnos y llevarnos al Cielo? ¿No veis que cada sacramento es el amor de Dios, con toda su fuerza creadora y redentora, que se nos da sirviéndose de medios materiales?
y lo uní con unos versos que me gustan mucho de Enrique García-Máiquez, que muestran bien esa unión de lo material con Dios en los sacramentos:
Dios firma su obra
de un trazo tembloroso
cuando me besas.
Así que estaba especialmente bien preparado para asistir el último día en Bratislava a una boda en la Catedral católica de rito oriental en la que el coro de mi amigo se superó si cabe, especialmente con esos Panie smiloisa (o algo así; significa Señor ten piedad) que repiten muchas veces en la liturgia, pero con incontables y maravillosas variaciones aquel día de la boda.
Los novios estaban en el umbral y el cura fue a buscarlos y después de varias bendiciones (hay bendiciones múltiples, se santiguan repetidamente, incensan repetidamente: no le tienen miedo a la repetición los cristianos de rito oriental) los llevó a la mitad de la iglesia y sin anestesia les puso los anillos él, después de hacerles la señal de la Cruz con ellos. De allí a los asientos de delante, donde les hizo una pregunta a la que contestaron Ano (que ya dije que era ) y entonces se metió el cura por la puerta central (la Puerta Real, reservada al clero) y allí, mirando hacia Oriente) le pidió (supongo) a Dios por los novios, con múltiples peticiones a las que el coro respondía con aquel maravilloso Panie smiloisa y también luego con Kyrie eleison (que es lo mismo en griego, como es bien sabido).
Y luego les puso una corona a cada uno y todo el resto de la ceremonia estuvieron con ella, supongo por lo de san Pablo del misterio grande del matrimonio, lo digo en Cristo y la iglesia. Y les cogió de la mano y dieron tres vueltas despacio, entre los cantos del coro.
Salieron y todos los asistentes les dieron el ramo de flores que cada uno llevaba.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Trnava

Trnava (como en Brno, la erre se pronuncia como vocal, algo así como Túrnava/Térnava/Tárnava pero sin que se note tanto la vocal; yo me acordé de cuando me preguntaron en una oposición sobre la r vocálica en el griego micénico y la teoría de Heubeck y no supe qué decir), Trnava -decía- la visitamos después de Nitra; es una ciudad universitaria, con un perímetro cuadrado de murallas de ladrillo y en su interior plazas e iglesias, como la de Santiago de los franciscanos (y daba mucha alegría verlo representado allí y en otros sitios con el hábito de peregrino; no pude ir a Levoca, en el este del país, que tiene una iglesia dedicada a él de las mejores del país). Y casi mejor cambio de párrafo, de lo farragoso que está saliendo este relato.
El palacio del obispo de Esterzgom (Strigonensis en latín; vivió allí mientras ocuparon los turcos Hungría) era impresionante, pero lo mejor fue la Catedral. Había boda y allí que me quedé: un coro de cinco cantaban a capella muy bien y al final se arrancaron con All you need is love de los Beatles (y sorprendentemente me gustó, debe de ser que bajo mi espíritu crítico fuera). Y no dio mucho tiempo a más: el cura sacó a los novios de la mano de la iglesia y fuera los fueron saludando los invitados, que llevaban cada uno un ramo de flores, con lo que la novia cada cierto tiempo tenía que dejar una docena de ramos a alguna amiga, que se convertía en floristería ambulante. No dio mucho tiempo a más porque había otra boda (la número 14 del día, contando las de Nitra y sin contar otra boda civil que vimos después en el ayuntamiento) esperando.
Bronislaw y Andrea se dijeron Ano (=Sí) y luego se pasaron el uno a la otra y ella a él una cruz. Todo el mundo asistía muy atento a la celebración (nada que ver con España), mientras yo tomaba las notas que estoy usando ahora y disfrutaba de la música. En las paredes de la Catedral había frescos decimonónicos de san Mikulas (que resultó ser san Nicolás) y lápidas en las paredes de nobles húngaros; en la capilla del Santísimo, doce lámparas y un cuadro de santa Teresa de Jesús. Y en el frontal de la iglesia una imagen preciosa de la Virgen.

martes, 2 de septiembre de 2008

Nitra


Nitra no está lejos de Bratislava y su mayor interés es que es el lugar en el que san Cirilo y san Metodio establecieron el centro de su predicación a los eslavos en el año 863. Había una ciudadela en lo alto y nos entretuvimos contando parejas de novios que iban allí a hacerse fotos: ¡12! (¡doce!) en esas dos horas que estuvimos por allí: no deben de tenerle tanto miedo como en España al sacramento. Pero sobre bodas mañana, con el relato de Trnava.
La catedral estaba patas arriba, con excavaciones que seguro que serán muy importantes para la historia de Eslovaquia y del cristianismo, pero que nos dejaron a dos velas, sin poder ver qué reliquias de san Cirilo había allí, donde un príncipe eslavo, Pribina, mandó hacer una iglesia el año 828.
Y de Nitra poco más: ciudad pequeña y con pretensiones, con edificios modernistas provincianos y una sinagoga muy interesante, hecha en 1910 en estilo neo y que ahora es un museo, habida cuenta de que a prácticamente todos los judíos de Eslovaquia los mataron. Había una exposición: estrellas amarillas, el jabón del campo de trabajo, las fotos de hombres con sombrero y mujeres de faldas amplias mirando a las cámaras.

lunes, 25 de agosto de 2008

Rito grecocatólico (o bizantinocatólico)

El conocido que tenía aquí es de rito grecocatólico y además cantor principal en la iglesia sede de la eparquía de Bratislava.
A mí me hacía mucha ilusión participar en la liturgia (y más después de leer esto) y llegué antes porque tenían la liturgia de las horas (que duraba en concreto una hora) y la misa, que duró una hora y cuarto, así que estuve dos horas en la iglesia sin entender nada salvo amen, panje -creo que señor-, y curiosamente el nombre de Josef Pieper, que mencionó el cura en la homilía. Pero me parecía que estaba muy cerca del cielo, que eso es la liturgia, pero más en una mañana de sol que cruzaba las vidrieras, con unos ritos muy cuidados y un canto maravilloso, como no lo voy a volver a poder escuchar en mucho tiempo.

Casi todo era cantado, por el cura, el coro, el pueblo. Se santiguaron un montón de veces (yo la mitad sí y la otra mitad me pilló fuera de juego), el cura incensó varias veces los iconos, el altar y al pueblo, que se levantaba cada vez que lo incensaban con aquel incensario pequeño, que movía con una mano, como a latigazos, y que tenía campanillas.
Los niños muy pequeños correteaban por la iglesia, sorteando una especie de ambones con iconos que la gente besaba al llegar.
Dentro del presbiterio, separados por el iconostasio, estaban los sacerdotes, unos ayudantes y también niños muy pequeños vestidos con un alba, a los que les dieron también de comulgar: me refiero a niños de 3 años.

Por la puerta central, abierta, se veía al cura, que versus ad Orientem (y nunca vi más claro el sentido de esa orientación) se dirigía a Dios levantando mucho los brazos.
De la 'plegaria eucarística' (o como se quiera decir), dos detalles: los besos que daba el sacerdote a los vasos litúrgicos cubiertos por un paño (un hermoso gesto me pareció, maravilloso, aunque a los liturgistas talibanes romanos quizá les parezca poco fundamentado) y un rito en el que velaban las formas eucarísticas, que yo asocié -vete a saber- con la idea de Dios en la tienda de campaña en el desierto, con el habitó entre nosotros (literalmente: puso su tienda de campaña, eskénosen).

En la comunión el sacerdote daba con una cucharita el cuerpo de Cristo en forma de trozo de pan que flotaba en el vino: a mí me emocionó recibir la comunión así.

Y qué hermosos los iconos, con el dorado que brillaba.

Me parecía tocar otra época, en una iglesia que también tuvo que sufrir lo suyo durante el comunismo.

viernes, 22 de agosto de 2008

Cementerio trilingüe

En el cementerio Ondrejski se podría grabar una buena película de miedo: sólo bastaría un poquito de oscuridad y otro poquito de niebla. Pero el paseo por el cementerio en la tarde de verano fue bonito, anclado en el pasado, con tumbas hasta los años 40 y luego sólo algunas nuevas.
Era curioso ver que una gran parte de las tumbas eran húngaras y otra gran parte alemanas: sólo unas pocas eran eslovacas, lo que explica muchas cosas. Es otra pincelada más que poner sobre aquel imperio austro-húngaro y sobre lo que fue la ciudad de Bratislava hasta la Primera Guerra Mundial.
Copié el texto de una lápida, que daría para una novela:

Hugo Ritter von Mylde
Seiner k.[aiserlichen] u[nd] k.[öniglichen] apost[olischen] Majestät
Geheimer Rat
General der Infanterie des Ruhestandes
Oberst Inhaber des Inf. Reg. 17
geb. 9. mai 1834
gest. 19. nov. 1916
Caballero Hugo von Mylde
Del Consejo Privado de Su imperial y real Majestad apostólica
General de Infantería Retirado
Coronel del Regimiento de Infantería 17
nacido el 9 de mayo de 1834
fallecido el 19 de noviembre de 1916

jueves, 21 de agosto de 2008

La primavera de Bratislava

Se cumplen hoy 40 años de la Primavera de Praga. Estuve viendo en un parque fotos de Bielik de aquel día en Bratislava. 
Leí en un periódico austriaco un artículo de una periodista checa que lo vivió en directo en Praga sobre que esa fecha no significa mucho para los checos y eslovacos de ahora, porque en realidad aquel socialismo de rostro humano que algunos comunistas quisieron crear, visto desde ahora, no deja de ser una broma ridícula, aunque era mejor que lo que tenían. Y después de aquel 21 de agosto, debió de ser muy duro pensar que no se iban a librar nunca de los rusos. Con un matrimonio conocido de aquí estuvimos en el castillo de Devin, donde hubo una guarnición romana (el resto de Eslovaquia era barbaricum) y donde se han encontrado restos de una iglesia cristiana del siglo IV, para los soldados seguramente, y que es el resto cristiano más antiguo del país:

Desde la altura había una vista que te daban ganas de llorar de lo bonita que era: el Danubio abajo y a un lado el río Morava que desemboca allí en él. La vista era casi toda de Austria y a lo lejos, de Bratislava. Pasaban barcos, el cielo estaba azul y los prados estaban muy verdes. Paseamos luego por el borde del río y me contaron que durante el comunismo no se podía ir por allí: soldados armados disparaban a los que querían escapar a nado. Un monumento recordaba a los que murieron.

lunes, 18 de agosto de 2008

Marianka

El día 15 fuimos a rezar a Marianka, al lado de Bratislava, el santuario más antiguo del país.
Estaban en Misa y yo me puse en un banco de detrás, al lado de una vieja que cantaba con gran emoción, era como oír a Marta Sebestyen pero en anciana, y más dulce. Cómo me gusta oír a las viejas cantar canciones en las que parece que se dejan toda una vida de sufrimientos, mientras miran directamente, sin dejarlo ni un segundo, lo imagen de la Virgen, tan pequeñita.
Aquí no es exactamente, me parece, como en Austria: también cantan mucho y con el órgano, pero con un aire más popular. Por lo demás, estoy asombrado y admirado de la piedad de la gente aquí: en las iglesias siempre hay alguien rezando, y muchos de ellos son jóvenes. El otro día entré en la iglesia de los Capuchinos y había una cola de diez personas para confesarse, la mayoría jóvenes. Quizá eso explica que en Eslovaquia, que tiene 5 millones de habitantes, haya tantos seminaristas como en España. Y es una alegría, claro, que anima y alegra.

viernes, 15 de agosto de 2008

Las ollas de Egipto

El miércoles en Budapest me compadecía de las pobres ancianitas japonesas a las que estaban arrastrando de monumento en monumento y era otra forma de darme pena de mí mismo, que me iba arrastrando por lo que hay que ver mientras me acordaba de mi habitación fresquita de Santiago (dormí con dos mantas hasta el día 9 de agosto, record absoluto hasta la fecha).
La humedad que subía del inmenso Danubio y el sol inclemente, que pinchaba a modo, me fundieron los plomos. Y qué importaba haber quitado de mi lista de desconocidas a la ciudad de Budapest, si yo lo que quería era estar a la sombra

Y mientras miserable-
mente se están los otros abrasando
en sed insacïable
del no durable mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.
Y la fortaleza de Buda y la iglesia del rey Matías Corvino y la columna de la peste (otra más) y la basílica de Pest, que conserva el puño de san Esteban de Hungría (y me acordé de esos pasteles, los puños, que hacen las clarisas de Castrojeriz) y todos los edificios burgueses, todo eso me daba bastante igual.
Una ciudad bonita, vale, pero bueno, qué. Por recordar, además del calor, y por ponernos positivos, me hizo ilusión encontrarme una placa a Sandor Marai, que tanto le gusta a mi hermana Eva, y ver en algunas estatuas un aire a Gondor o incluso a Rohan, como por ejemplo en las muchas águilas que han puesto o en la estatua de san Esteban.
Ya estaba tan aplanado que incluso pensé en pasar de visitar el Museo de Bellas Artes. Al final entré, aunque sólo fuera por el qué dirán y aunque sólo teníamos media hora: y en ese tiempo me pegué una pasada infame (lo voy a tener que llamar síndrome de Viena) por toda la colección de arte griego, etrusco y romano y por casi toda la pintura. Buen museo, con obras de segunda fila de autores de primera: cosas bonitas de Zurbarán y Murillo, de Goya, un cuadro normalito de Velázquez, cosas de Durero, Leonardo, Van Eyck, Cranach, Rafael. Y ya se me están olvidando. Un cuadro de Murillo, quizá.

martes, 12 de agosto de 2008

En Bratislava

Desde Viena en autobús: cruzamos la frontera que durante cincuenta años fue el telón de acero y alli no había nadie, ni para saludar.
La fuerza del Danubio: un pato intentaba remontar la corriente y casi no podía. Bien lejos del mar, pero tuvimos que ver otra vez gaviotas.
La planta que tenemos en el jardín al lado de las rosas, que no me acuerdo del nombre, aquí están ya llenas de bolitas naranjas.
El primer día rezamos el Angelus a una imagen que luego descubrí que era de Santa Isabel de Hungría (que nació aquí).
Sensación inédita de no entender ni patata en las librerías, como los analfabetos: entré en una y sólo entendía nombres: Patricia Cornwellová, Mary Higgins Clarková.
En la casa, libros de los años cincuenta, muy bien editados. Y entre tanto libro que no entiendo, oh sorpresa, la primera edición -preciosa- de Out of Africa de Isak Dinesen, me refiero a la primera edición mundial (busqué luego en Abebooks y vale diez dólares).
Un fotógrafo puede hacer en esta ciudad grandes fotos. A mí me gustaría recoger el diseño 'soviético', por ejemplo la Facultad de Arquitectura que está enfrente es bien soviética pero me gusta.