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martes, 20 de mayo de 2025

Thérèse Desqueyroux de François Mauriac

Vi que Thérèse Desqueyroux estaba en la Biblioteca de la Universidad, vi que era de Letras Universales de Cátedra y me decidí, aunque con temores, por lo amantes de los espoilers que son en esa colección. La cosa es que Mauriac está casi todo en ediciones antiguas, de los años cincuenta y sesenta, que no me gustan nada. Ahora acabo de ver, demasiado tarde, que ha salido en una buena edición, demasiado tarde, ay, porque resultó que el ejemplar de la Biblioteca estaba subrayado a lápiz (le cortaría una mano al que hace algo así con libros que no son suyos) y me tuve que leer la novela rabiando, sin mirar las notas a pie, aunque sin querer vi la primera y ya se cargaba buena parte de la posible tensión narrativa. Todo así.

El hecho es que no me ha gustado: laboriosa de leer, perdiéndome en quién habla en cada momento, sin tener muy claro por dónde iba y sin comprender el peso que se da a las tesis de la novela, básicamente la cárcel que representan los convencionalismos en las familias burguesas, algo que habría que fundamentar un poco mejor, digo yo, para que no suene a excusa fácil.

No simpatizo con la protagonista, no sé de qué va. No me vale el Basado en hechos reales. Solamente puedo salvar el paisaje que rodea a los personajes: las landas, los pinos, las moscas, la soledad, el silencio, el ambiente. Pero el cogollo, no sé, no.

martes, 6 de mayo de 2025

El beso al leproso de Mauriac

Parece que El beso al leproso es el primer texto de ficción en el que tuvo éxito Mauriac, una novela corta que está incluida en la edición de Nudo de víboras que leí.

También me ha gustado: impresiona el protagonista, Jean Péloueyre, un joven de familia rica que se da cuenta de que tiene una apariencia física repulsiva y al que casan con una muchacha de una familia venida a menos. Es impresionante la descripción de cómo se encuentran los dos, en la intimidad de después de la boda: un prodigio de finura de escritor, lo que hace Mauriac ahí, esa relación forzada en la que sufren ambos.

La viva conciencia de no ser querido, algo que une a Péloueyre con el protagonista de Nudo de víboras, tiene aquí efectos contrarios, porque se resuelve en el sacrificio para evitar el sufrimiento de quien sabes que no te quiere, pero que está atado a ti.

martes, 1 de abril de 2025

Nudo de víboras de François Mauriac

Había oído hablar mucho y bien de François Mauriac, pero esta es la primera vez que lo leo, en concreto este Nudo de víboras, que me ha gustado y me ha hecho pensar. 

Sobre todo me impresiona la capacidad de Mauriac para crear un personaje como el del protagonista, cuyo corazón es un nudo de víboras, o así lo ve él, y también su entorno familiar, o así lo ve él.

No había leído una caracterización más convincente de cómo puede corroer un alma la conciencia de no ser amado, quizá errada, pero que trastorna todo su vida y la de todos los que le rodean. A ello se une una tremenda avaricia sobrevenida, más consecuencia que causa. 

Tiene la fuerza de la tragedia griega en la medida en que parece inevitable lo que sucede y contemplarlo nos llena de compasión y temor. Tiene que ser muy duro estar corroído por la amargura. Tiene que ser tremendo vivir pendiente del dinero, solamente de tenerlo, ganarlo y acrecentarlo. En medio están los personajes, víctimas de sí mismos y de su incomprensión mutua. Ese nudo de víboras parece que al final se rompe (las tres menciones están en la wikipedia en francés):

« Je sentais, je voyais, je touchais mon crime. Il ne tenait pas tout entier dans ce hideux nid de vipères: haine de mes enfants, désir de vengeance, amour de l'argent; mais dans mon refus de chercher au-delà de ces vipères emmêlées. Je m'en étais tenu à ce nœud immonde comme s'il eût été mon cœur même [...]. »
Sentía, veía, tocaba mi crimen. No abarcaba solo aquel repugnante nido de víboras: odio a mis hijos, deseo de venganza, amor del dinero; sino también mi negativa a buscar fuera de aquellas víboras enredadas. Me había limitado a aquel nudo inmundo como si hubiera sido mi propio corazón (XVIII, p. 158, trad. Almudena Montoro Micó) 

Leeré más cosas de Mauriac, sí.