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martes, 1 de agosto de 2023

Yo leo a Kierkegaard

En realidad no, o no ahora. Lo que he leído ha sido una biografía de Clare Carlisle, El filósofo del corazón. La inquieta vida de Søren Kierkegaard.

Le dije a mi hermana Eva que lo estaba leyendo y se acordó de un sketch con "Qué va, yo leo a Kierkegaard", de Faemino y Cansado: de ahí el título de esta entrada. 

En realidad, yo sí que había leído dos libros de él, y bien que lo conté aquí: Para un examen de sí mismo recomendado a este tiempo y Ejercitación del cristianismo. Y hasta me ponía a fantasear un imposible encuentro de este con Bloy.

Esta biografía de Carlisle no sé si la he apreciado del todo. Querría que hubiera sido más biografía de hechos, o quizá más cronológica (va en círculos, en torno a 1848), o que me hubiese explicado más del núcleo filosófico de Kierkegaard. En resumen, que me he quedado como intranquilo con el libro, sin que me haya acabado de caer en gracia.

Y quizá debería leer más a Kierkegaard mismo, sin buscar atajos. En esta biografía me ha conmovido la relación de él con Regina Olsen, pero lo grandioso es sobre todo su obra.

viernes, 22 de abril de 2022

Mis 10 daneses más destacados

Siempre me gustaron las listas, pero no pensaba que acabaría haciendo, en esta semana del blog tan danesa, una con los diez que más admiro de ese país, sobre todo porque pensaba que no nunca llegaría a conocer a diez daneses famosos, pero al final he llegado. Son estos, por orden de importancia:

Søren Kierkegaard

miércoles, 20 de abril de 2022

Kierkegaard y Bloy

Leí a la vez Ejercitación del cristianismo, de Kierkegaard y las Cartas a mi novia de Léon Bloy; la novia es Jeanne Molbach, danesa a la que se encontró providencialmente; ella acabó haciéndose católica y se casaron: un milagro y la mayor muestra de cariño de Dios a Bloy, ese milagro de que la conociera, tras una vida previa llena de errores, búsquedas y traspiés. 

Pasados los años, ya casados, vivirán dos años los Bloy en Dinamarca, que él describe en sus diarios como un horror de hipocresía. Se me ha pasado por la cabeza que los dos, Kierkegaard y Bloy, habrían podido tener conversaciones encendidas y creo que con gran sintonía de fondo: Kierkegaard habría encontrado mucho en Bloy, la verdad de lo católico. 

Curiosamente, Kierkegaard fue a clases de poesía de Christian Molbach, el padre de la mujer de Bloy (el mundo es un pañuelo):


Aquí tenéis un texto de Kierkegaard que me recuerda mucho también a la vida de Bloy: 

Yo no encontraba ningún convento donde poderme refugiar, buscando un contorno que de alguna manera correspondiese a mi ocupación interior. Por eso escogí la única salida que quedaba para mí en la cristiandad: el aparecer como el más superficial de todos, el "hacerme un loco en el mundo", para en este serio mundo poder, sin embargo, salvaguardar al máximo lo que ocultaba en mi interior más intimo, un poco de seriedad, y para que esta interioridad pudiera conseguir la paz del ensimismamiento para crecer en silencio. Viviendo de este modo, he aprendido, cabe la vacua superficialidad y satisfecha confusión de los hombres, lo que quizá así se pueda aprender mucho mejor que en el desierto y en el silencio de la noche; con esta vida en medio del tumulto humano, con esta, si se quiere, falsa vida- pues en verdad yo ocultaba otra cosa en mi interior más intimo, mas lo que yo ocultaba era lo mejor, y nunca jamás he engañado de forma que me haya hecho mejor de lo que era-, con esta vida en medio del tumulto humano, aprendí a comprender la tremenda verdad de que el rigor es lo único que puede ayudar.

Ésta ha sido mi arma. Mas yo no tengo ningún poder, ni de soldados ni de otra especie; no tengo ninguna relación de poderío, absolutamente ninguna influencia o poder sobre el destino de los demás; soy entre todos el más solitario y, entendido mundanamente, el más impotente. (226)

martes, 19 de abril de 2022

Kierkegaard - Ejercitación del cristianismo

En Ejercitación del cristianismo, Kierkegaard  dedica un tercio del libro a comentar "Y si yo fuere levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí" (Jn. 12, 32) y qué comentario hace, explicando que Cristo está en majestad y también en la humillación: abajado como hombre, ahora en la Gloria del Padre, quiere imitadores, no admiradores. No quiere "prosélitos de una doctrina, sino imitadores de una vida":

Cristo vino al mundo con el propósito de redimir al mundo y además con el propósito -este propósito está contenido implícitamente en el primero- de ser el «ejemplo», de dejar una huella para quien se decidiera por Él, el cual habría de ser un «imitador», como corresponde indudablemente al hecho de seguir una huella. Cabalmente por eso consintió nacer en la pequeñez, y vivió en ella pobre, abandonado, despreciado, humillado - sí, ningún hombre ha vivido tan humillado como Él; incluso el más insignificante de los hombres si comparase la situación de su vida con la de Él, tendría que concluir que a pesar de todo su vida comparada con la situación de la vida de Cristo era mucho más preferible. ¿A qué viene, pues, esta pequeñez y esta humillación? Porque Aquel que en verdad ha de ser «el modelo» y solamente busca imitadores, tiene que estar en un sentido detrás de los hombres, empujándolos hacia adelante, mientras en otro sentido está delante haciéndoles señas. Ésta es la relación de la majestad y de la pequeñez en «el modelo». La majestad no debe ser la majestad directa, la mundana, la terrenal, sino la espiritual y por ello cabalmente la negación de la elevación mundana y terrenal. La pequeñez, por el contrario, ha de ser la pequeñez directa; pues la pequeñez directa, cuando se ha de pasar a través de la misma, es cabalmente el camino, y por otra parte para el sentido mundanal y terreno es el rodeo que garantiza el que la majestad no se tome en vano. De este modo «el modelo» está situado infinitamente cerca, en la pequeñez y humillación, y con todo infinitamente lejos, en la majestad, sí, tan alejado que lo está más que si simplemente estuviese lejos en la majestad; pues para alcanzarlo, para determinarse a asemejarlo, hay que pasar a través de la pequeñez y la humillación, y puesto que no hay otro camino, éste se hace todavía más largo que si se tratase propiamente de la infinita lejanía. Y de este modo «el modelo» está en un sentido situado atrás, hundido profundamente en la pequeñez y la humillación como ningún otro hombre lo ha estado jamás, y en otro sentido está delante, infinitamente elevado. Pero «el modelo» tiene que quedar atrás para poder ser alcanzado y captado por todos; si se diese un único hombre que pudiese regatear y zambullirse más por debajo, manifestando que en la pequeñez y humillación había estado instalado todavía más abajo, entonces el modelo dejaría de ser «el modelo», no sería más que un modelo imperfecto, es decir, solamente modelo para una gran multitud de hombres. El modelo ha de estar absolutamente detrás, detrás de todos, y debe estar detrás para empujar a los que han de ser conformados con Él hacia adelante. (234-235)

domingo, 30 de diciembre de 2012

Cómo leer la Palabra

Leí con gran interés los trozos que puso cb de Para un examen de sí mismo recomendado a este tiempo, de Søren Kierkegaard y vi que lo teníamos en casa y me lo leí, lo primero que leía de él: resulto ser UNA MARAVILLA.
Compradlo, leedlo. Qué bien escribe, qué gracia tiene, qué plástico es. Qué hondo y qué sencillo.

Os pongo estos textos, quizá demasiado largos para poner aquí, pero me arriesgo. Por ejemplo esto sobre cómo leer la palabra de Dios y los riesgos de la erudición (44-45):
Imagínate a un enamorado que ha recibido una carta de su amada- tan preciosa como es esta carta para el enamorado, tan preciosa, supongo yo, es esta carta para ti, la Palabra de Dios; así como el enamorado lee esta carta, así, supongo yo, tú lees y tú entiendes que debes leer la Palabra de Dios.
Pero quizá digas: «Sí, pero la Sagrada Escritura está escrita en un idioma extraño». En realidad, son más bien los eruditos quienes necesitan leer la Escritura en el idioma original; pero, si tú no lo quieres de otro modo, si quieres insistir en que debes leer la Escritura en el idioma original bien podemos quedarnos con la imagen de la carta de la amada, y sólo agregar una pequeña precisión.
Supongo entonces que esta carta de la amada está escrita en un idioma que el enamorado no entiende; y no hay nadie que se la pueda traducir y quizás él ni siquiera desee tal ayuda para evitar que un extraño conozca sus secretos. ¿Qué hace entonces? Toma un diccionario, se sienta a descifrar la carta, busca en él cada palabra para lograr así una traducción. Supongamos ahora que, mientras está ocupado con esta tarea, llega un conocido suyo, que sabe que esta carta ha llegado, mira hacia la mesa, la ve ahí y dice: «Mmm ... ¿estás leyendo la carta que recibiste de tu amada?». ¿Qué crees tú que dirá el otro? Responderá: «¡Estás loco si crees que estoy leyendo una carta de mi amada! No, amigo mío, estoy aquí quemándome las pestañas para poder traducirla con la ayuda de un diccionario y a veces estoy a punto de estallar de impaciencia, la sangre se me sube a la cabeza y me dan ganas de lanzar el diccionario al suelo - ¿y tú llamas a esto leer?, ¿te burlas de mí? Pronto, gracias a Dios, habré terminado con la traducción y entonces, sí, sólo entonces, podré leer la carta de la amada. Esto es otra cosa- pero a quién le estoy hablando ... , pedazo de idiota, apártate de mi vista, no quiero ni verte, a ti que te atreviste a ofendernos de tal modo a mi amada y a mí que a esto le llamas leer una carta suya. Pero, quédate, quédate, sabes bien que es sólo una de mis bromas; me gustaría que te quedaras, pero sinceramente no tengo tiempo, todavía me queda algo por traducir y estoy ansioso de poder leerla- no te enfades, pero vete, y así termino de una vez».
Pues bien, el enamorado distingue, respecto de la carta de la amada, entre leer y leer, entre leer con el diccionario y leer la carta de la amada. La sangre se le sube de impaciencia a la cabeza mientras hace magia para leer con diccionario, se pone furioso cuando el amigo se atreve a identificar esta lectura erudita con la lectura de la carta de la amada. Ahora terminó la traducción - ahora lee la carta de la amada. Él consideraba todo este trabajo preparatorio erudito, si me permites, como un mal necesario que le haría posible llegar a leer la carta de la amada.
Y más (51-52), sobre qué pasa con la Sagrada Escritura en manos de la erudición:

Imagina un país. Se comunica una orden del rey a todos los funcionarios, a los súbditos, en fin, a toda la población ¿Qué sucede? Se produce en todos un extraño cambio: todos se transforman en intérpretes; los funcionarios se convierten en escritores; una interpretación más erudita, más perspicaz, más elegante, más profunda, más ingeniosa, más maravillosa, más hermosa y más maravillosamente hermosa que la otra, aparece cada bendito día. La crítica, que debe mantener la visión de conjunto, no puede hacerlo con tan enorme literatura; sí, la crítica misma se convierte en una literatura tan vasta que es imposible mantener la visión de conjunto con la crítica: todo es interpretación -pero nadie leyó la orden del rey ni la cumplió. Y no sólo todo se convirtió en interpretación, sino que también se desplazó el criterio de seriedad y estar ocupado con la interpretación pasó a ser la verdadera seriedad.
Y qué imagen del niño con capas de toallas (53):
Es humano pedirle a Dios que tenga compasión, porque la exigencia es demasiado alta para uno: aunque ningún otro quiera reconocer esto de sí mismo, yo reconozco que lo hago. Pero no es humano dar al asunto un giro totalmente distinto: que yo con astucia intercale una capa tras otra de interpretación y ciencia y otra vez ciencia (más o menos como un niño que coloca una o más toallas debajo de su casaca, antes de recibir la paliza) - que intercale todo eso entre la Palabra y yo y entonces a esta interpretación y cientificidad le nombre de seriedad y celo por la verdad, y entonces permita que este ajetreo tome tales dimensiones que nunca logre recibir la impresión de la Palabra de Dios, que nunca logre llegar a contemplarme en el espejo.

viernes, 25 de marzo de 2005

Eliade y Kierkegaard sobre Pedro

De Mircea Eliade, Diario portugués*:

Interesante la observación de Kierkegaard (L'école du christianisme, p. 128, libro excelente desde todos los puntos de vista) de que Pedro no habría negado a Cristo si lo hubiera considerado simplemente un hombre, por perfecto que se quiera, pero sólo un hombre. Lo que inquietaba a Pedro era que el Hijo de Dios, del que nunca había dudado, estuviese impotente o paralizado, al igual que cualquier hombre. A Pedro no le impresionaba el que Jesús se hubiese dejado prender, sino que lo niega en el momento en que ve que el Hijo de Dios, que habría podido barrerlos a todos con un solo dedo, se comportaba como un prisionero cualquiera. No fue el miedo lo que le hizo negarlo sino un "desatino", es decir, su gran duda, su falta de fe. Si en su lugar, Jesús hubiese sido un zelote de tantos y Pedro hubiese sido su discípulo, habría estado a su lado en la pasión y en la muerte. En el fondo, ¿acaso hoy todos los líderes políticos del mundo no tienen adeptos que soportan, por su fe en el jefe, las más terribles torturas? ¿No habría tenido Pedro la fortaleza de un SS o de un joven comunista? Por supuesto, se trata de otra cosa completamente distinta: de un fallo de fe en Jesús como Hijo de Dios.

*traducción de Joaquín Garrigós, Kairós, Barcelona, 2001, p. 186, anotación del 20 de enero de 1945.