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martes, 7 de julio de 2026

Jünger sobre Bloy

En el Paris ocupado por los nazis, tal como recoge en Radiaciones I, el oficial Ernst Jünger lee los diarios de Léon Bloy, al principio con distancia y cierta incomprensión, pero esto es lo que dice al concluirlos, que en cierto modo es un autorretrato de sí mismo:

Acabado: La porte des humbles, de Léon Bloy. En esta obra se nota que el viejo león se ha vuelto más manso; un mosto tan fuerte como éste necesita setenta años para eliminar las heces.

La lectura de este libro me ha procurado goces numerosos, especialmente en los descansos del mediodía. El verdadero encanto de los diarios no está en las noticias extravagantes e insólitas. Mucho más difícil resulta describir el simple decurso de la existencia cotidiana, la regla fija que la vida ha llegado a adquirir. Todo esto se halla bellamente conseguido en esta obra; participamos con el autor en el discurrir de sus días. De este modo vuelven los años idos a colmarnos de regalos, de igual manera que más de un verano sigue calentándonos en la leña que arde en la chimenea.

(...) La vida de Léon Bloy es un ejemplo de que no son los errores los que ponen en peligro nuestra soberanía en el momento de cruzar aquel último arco de triunfo a que se encamina anhelante nuestro espíritu. Podría ser, antes por el contrario, la ausencia de errores lo que se sintiese en ese momento como desnudez. Nos despojamos de nuestros errores como se despojaba Don Quijote de su armadura; y ese quitarnos la máscara va acompañado de alegría (Paris, 6 de octubre de 1942, 367).

jueves, 21 de abril de 2022

Jeanne (née Molbach) Bloy

Llevaba mucho tiempo con la idea de leer las Cartas a mi novia de Léon Bloy. Yo conocía, de los Diarios, el amor que él tenía por su mujer, la danesa Jeanne Molbach y lo unidos que estuvieron, en medio de dificultades y pobreza tremendas.

Sabía que ella estuvo a su lado siempre, en el sufrimiento. En esta cartas él se abre ante ella completamente, con una sinceridad admirable, explicándole con quién se va a casar:
(...) la mujer que ame a un réprobo como yo no debe esperar ser tratada con miramientos. Tu severa educación y los medios hipócritas e impíos en los que has vivido han habituado a tu espíritu a dar, por ejemplo, a la idea relativa de reputación una importancia excesiva que, en realidad, no tiene. Yo vivo en el Absoluto y en el Amor. Hay que ser muy generosa y muy fuerte para seguirme (123).
Él le escribe de sus sufrimientos, esos que salen en los Diarios, pero aquí de modo más lacerante, en estas cartas dirigidas solamente a ella. Un escritor con una vocación firme, siempre en la pobreza, siempre pidiendo dinero, que se ha enamorado de una mujer extraordinaria
Tus cartas son tan enternecedoras y tan bellas que me siento inferior y avergonzado cuando las leo y comparo mi alma y la tuya. Veo entonces distintamente la pobreza de mi corazón y la asombrosa miseria moral de mi vida. Soy flojo ante el sufrimiento, me quejo incesantemente, soy perezoso, ávido de alegrías interiores y mi actual existencia es bastante inútil. Es verdad que he sido siempre tratado de una forma muy dura, pero olvido demasiado fácilmente que antaño quise que fuera así, olvido que lo pedí con un ardor infinito y cuando me rebelo pierdo el mérito de mi sacrificio. (...) Veo, sé de una manera absoluta que no valgo nada, que las cosas por las que se me estima no son mías. Cuando miro frente a frente tu vida y la mía, tu vida tan pura, tan generosa, tan animosa, y la mía tan floja, tan mancillada, tan profundamente inútil, me siento aplastado de confusión y tengo miedo, al fin, de ser justamente despreciado por ti (...) (155)
Sabemos que la situación no cambió cuando se casaron, siguió igual de mal Bloy, pero ahora con una mujer que lo amaba y lo comprendía de verdad. Ella sabía todo de él cuando se casó con él: 
Mi razón, siempre intacta y siempre iluminada por la fe, no ha vacilado un solo instante, pero ¡ay, mi corazón! ¡Mi pobre corazón! ¿Quién podría creer que el mismo hombre que ve tan claramente la gloria de Dios, que dice cosas capaces de levantar el ánimo de sus hermanos desesperados y que no sabría hablar de la Trinidad santa sin llorar de amor, -quién podría suponer que ese mismo hombre es abandonado cada día a las más violentas tentaciones y que no domina su corazón ni un solo instante? (177).
Pasaron por el tremendo sufrimiento de que se les murieran dos hijos. Aquí, una foto con las dos hijas:
 
Aquí tenéis el prólogo escrito por ella, un retrato admirable de la grandeza de esta mujer heroica.

miércoles, 20 de abril de 2022

Kierkegaard y Bloy

Leí a la vez Ejercitación del cristianismo, de Kierkegaard y las Cartas a mi novia de Léon Bloy; la novia es Jeanne Molbach, danesa a la que se encontró providencialmente; ella acabó haciéndose católica y se casaron: un milagro y la mayor muestra de cariño de Dios a Bloy, ese milagro de que la conociera, tras una vida previa llena de errores, búsquedas y traspiés. 

Pasados los años, ya casados, vivirán dos años los Bloy en Dinamarca, que él describe en sus diarios como un horror de hipocresía. Se me ha pasado por la cabeza que los dos, Kierkegaard y Bloy, habrían podido tener conversaciones encendidas y creo que con gran sintonía de fondo: Kierkegaard habría encontrado mucho en Bloy, la verdad de lo católico. 

Curiosamente, Kierkegaard fue a clases de poesía de Christian Molbach, el padre de la mujer de Bloy (el mundo es un pañuelo):


Aquí tenéis un texto de Kierkegaard que me recuerda mucho también a la vida de Bloy: 

Yo no encontraba ningún convento donde poderme refugiar, buscando un contorno que de alguna manera correspondiese a mi ocupación interior. Por eso escogí la única salida que quedaba para mí en la cristiandad: el aparecer como el más superficial de todos, el "hacerme un loco en el mundo", para en este serio mundo poder, sin embargo, salvaguardar al máximo lo que ocultaba en mi interior más intimo, un poco de seriedad, y para que esta interioridad pudiera conseguir la paz del ensimismamiento para crecer en silencio. Viviendo de este modo, he aprendido, cabe la vacua superficialidad y satisfecha confusión de los hombres, lo que quizá así se pueda aprender mucho mejor que en el desierto y en el silencio de la noche; con esta vida en medio del tumulto humano, con esta, si se quiere, falsa vida- pues en verdad yo ocultaba otra cosa en mi interior más intimo, mas lo que yo ocultaba era lo mejor, y nunca jamás he engañado de forma que me haya hecho mejor de lo que era-, con esta vida en medio del tumulto humano, aprendí a comprender la tremenda verdad de que el rigor es lo único que puede ayudar.

Ésta ha sido mi arma. Mas yo no tengo ningún poder, ni de soldados ni de otra especie; no tengo ninguna relación de poderío, absolutamente ninguna influencia o poder sobre el destino de los demás; soy entre todos el más solitario y, entendido mundanamente, el más impotente. (226)

viernes, 15 de marzo de 2013

Con Bloy me ganó

Es infantil, lo reconozco, pero me ha ganado el Papa Francisco -se me hace raro el nombre, pero así se llama- al citar a Léon Bloy en su primera homilía.


Iba oyendo y viendo yo en la web de El País (que lo han hecho muy bien: se han hartado de transmitir Misas en directo, es bien curioso) entre imágenes maravillosas de la Capilla Sixtina la homilía, que se me ha hecho brevísima: clara, al punto, con varias llamadas de estas que te tocan el corazón -a ver si por fin se convierte- y de la que sales al final bien alegre.
Y me he encontrado en ella la guinda de mi querido Bloy, que me he tomado como un guiño que me hacía a mí, ya veis qué infantilismo:
Cuando no se confesa a Jesucristo, me viene la frase de León Bloy “Quien no reza al Señor, reza al diablo”. Cuando no se confiesa a Jesucristo, se confiesa la mundanidad del diablo, la mundanidad del demonio.
Yo no tengo espíritu de grupo hispanoamericanista, que se llame Francisco me parece bien pero vale, tampoco me llegaron a conmover esas historias humanas sobre si iba o no en metro, y me resulta indiferente saber que le gusta el fútbol: pero que le guste Bloy, eh, eso sí.

jueves, 25 de enero de 2007

El mendigo ingrato

En el primer volumen de Diarios de Léon Bloy, El mendigo ingrato, este texto introductorio:
¡Maldito el que no haya mendigado!
No hay nada más grande que mendigar.
Dios mendiga, Los Ángeles mendigan. Los Reyes, los Profetas y los Santos mendigan.
Los Muertos mendigan.
Todo el que está en la Gloria y en la Luz mendiga.
¿Por qué querrían que yo no me gloriase de haber sido un mendigo, y, sobre todo, un "mendigo ingrato"?...

sábado, 17 de junio de 2006

Releo a Bloy

Estoy releyendo, a falta de los Diarios mismos (que sólo se publicaron en Argentina en los años 40), la selección de Cristóbal Serra que ya había leído [León Bloy, Mis Diarios, edición y versión de Cristóbal Serra, Mallorca, Bitzoc, 1998]. Por suerte, se anuncia una nueva selección, que ya espero con ansia, mientras dudo si lanzarme a la edición original francesa.
Si queréis saber sobre Bloy, podéis empezar por aquí.
Después tenéis esta página, que lleva a otras: pasajes seleccionados, opiniones, etc.
Y aquí esta otra.
Todas de Hernán.
Yo colgué hace algún tiempo la opinión de Raïssa Maritain.
Alguna frase que me ha llamado la atención ahora:
La personalidad, la individualidad, es la visión particular que cada hombre tiene de Dios. (p. 70)
Los protestantes aconsejan siempre el paseo. Andar siempre para no ir a ninguna parte, tal es, en realidad, el protestantismo. -Juana. [está citando una frase de su mujer]. (p. 103)
Ruego como un herido que pidiera de beber a su madre ausente. (p. 138)
¿Qué es el Burgués? Es un cerdo que quisiera morir de vejez. (p. 169)
¿Qué es tener buena conciencia? Es estar convencido de que se es un perfecto canalla. (p. 237). [mi contestación al tercer comentario a este post]

viernes, 10 de diciembre de 2004

Más Bloy

He empezado a leer los Diarios de Léon Bloy en francés, poquito a poco, en la edición original en pdf que está en la magnífica página de la Biblioteca Nacional de Francia. Por lo poco que puedo apreciar escribe tremendamente bien. Una frase que me gustó, para el debate sobre el arte (y en concreto el arte religioso, a propósito de un cuadro de Henry de Groux):

(...) l'objectif supréme de tout travail d'art exclusivement religieux. Une image pieuse devant laquelle ne pourrait prier aucun pauvre ne semblerait-elle pas ce qu'on peut imaginer de plus identique à une prévarication sacrilège?
[el cuadro de Henry de Groux cumple con] el objetivo supremo de toda obra de arte exclusivamente religiosa. Una imagen de piedad delante de la que no pueda rezar ningún pobre ¿no sería lo más parecido a una prevaricación sacrílega?

(Traducción muy libre)

miércoles, 20 de octubre de 2004

Léon Bloy

Me estoy acabando el libro de los Diarios de Léon Bloy (es una antología; he visto que los Diarios completos sólo se publicaron en Argentina en los años 40: como para encontrarlos). Muy bueno aunque: es demasiado francés y no entiende El Quijote. La frase que más me gusta de él:

Ruego como un ladrón que pidiera limosna a la puerta de una granja que piensa incendiar

(21/10/1894; copiada de la web de Esperando nacer).

martes, 12 de octubre de 2004

Léon Bloy sobre blogs

Junio 1902
Se cree en la realidad de demasiadas cosas. Este diario es para mí una prueba. Consigno aquí los hechos menores con sumo cuidado. Cuando ha pasado un corto espacio de tiempo, me asombro de haber concedido tanta importancia a lo que tenía tan poca. Los acontecimientos o incidentes que antes habían obrado sobre mi alma se rebajan, se borran con el paso del tiempo, dan la impresión de que entran de nuevo en la nada de donde probablemente no salieron jamás. No queda nada más que lo hecho o sufrido por Dios.
[León Bloy, Mis Diarios, edición y versión de Cristóbal Serra, Mallorca, Bitzoc, 1998]