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miércoles, 6 de enero de 2010

Las estrellas y el Señor

Lo he releído en Spe Salvi, 5; está hablando del ambiente en el que vivían los primeros cristianos:

El mito había perdido su credibilidad; la religión de Estado romana se había esclerotizado convirtiéndose en simple ceremonial, que se cumplía escrupulosamente pero ya reducido sólo a una religión política. El racionalismo filosófico había relegado a los dioses al ámbito de lo irreal. Se veía lo divino de diversas formas en las fuerzas cósmicas, pero no existía un Dios al que se pudiera rezar. Pablo explica de manera absolutamente apropiada la problemática esencial de entonces sobre la religión cuando a la vida según Cristo contrapone una vida bajo el señorío de los elementos del mundo (cf. Col 2,8). En esta perspectiva, hay un texto de san Gregorio Nacianceno que puede ser muy iluminador. Dice que en el mismo momento en que los Magos, guiados por la estrella, adoraron al nuevo rey, Cristo, llegó el fin para la astrología, porque desde entonces las estrellas giran según la órbita establecida por Cristo*. En efecto, en esta escena se invierte la concepción del mundo de entonces que, de modo diverso, también hoy está nuevamente en auge. No son los elementos del cosmos, las leyes de la materia, lo que en definitiva gobierna el mundo y el hombre, sino que es un Dios personal quien gobierna las estrellas, es decir, el universo; la última instancia no son las leyes de la materia y de la evolución, sino la razón, la voluntad, el amor: una Persona. Y si conocemos a esta Persona, y ella a nosotros, entonces el inexorable poder de los elementos materiales ya no es la última instancia; ya no somos esclavos del universo y de sus leyes, ahora somos libres.

* Cf. Poemas dogmáticos, V, 55-64: PG 37, 428-429

sábado, 5 de abril de 2008

Espera ansioso

Hoy he descubierto que parte de la definición de esperanza que había entrevisto leyendo la Spe salvi, lo de que Dios nos espera ansioso, estaba ya en una homilía de san Josemaría, en relación con un texto de san Ignacio de Antioquía: el alivio de descubrir que yo no era original.

lunes, 17 de marzo de 2008

Ser esperado

Mi proyecto de resumen de la encíclica Spe salvi quedó en eso, en proyecto. Sólo salió una frase que me ha venido acompañando desde entonces y que complemento con un texto bíblico siguiendo la sugerencia de CB de poner un para qué:
La virtud de la esperanza es saber que Dios nos está esperando ansioso [para enjugar las lágrimas de nuestros ojos].
Hoy en Zenit traducen un discurso de B16, con el párrafo al final que ya vi en inglés en Video meliora:
Los prisioneros de guerra que estuvieron en Rusia durante diez años o más, expuestos al frío y al hambre, después de volver dijeron: "Pude sobrevivir porque sabía que me esperaban. Sabía que había personas que me esperaban, sabía que yo era necesario y esperado". Este amor que los esperaba fue la medicina eficaz de la vida contra todos los males.
La homilía es impresionantemente buena. En estos tres párrafos explica muy bien qué es el hombre y el sentido de la vida:
[El hombre] es un ser que conoce. Desde luego, también los animales conocen, pero sólo las cosas que les interesan para su vida biológica. El conocimiento del hombre va más allá; quiere conocerlo todo, toda la realidad, la realidad en su totalidad; quiere saber qué es su ser y qué es el mundo. Tiene sed de conocimiento del infinito; quiere llegar a la fuente de la vida; quiere beber de esta fuente, encontrar la vida misma.
Así hemos tocado una segunda dimensión: el hombre no es sólo un ser que conoce; también vive en relación de amistad, de amor. Además de la dimensión del conocimiento de la verdad y del ser, existe, inseparable de esta, la dimensión de la relación, del amor. Y aquí el hombre se acerca más a la fuente de la vida, de la que quiere beber para tener la vida en abundancia, para tener la vida misma.
(...) "Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10, 10). Vida en abundancia no es, como algunos piensan, consumir todo, tener todo, poder hacer todo lo que se quiera. En ese caso viviríamos para las cosas muertas, viviríamos para la muerte. Vida en abundancia es estar en comunión con la verdadera vida, con el amor infinito.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Spe Salvi (I)

Me costó mucho entender los tres primeros puntos (es una encíclica muy difícil, aunque maravillosa), pero creo que ya he conseguido resumirlos en una frase:
La virtud de la esperanza es saber que Dios nos está esperando ansioso.

La primera versión fue: saber que Dios nos espera.
La segunda: saber que Dios nos está esperando.
Hoy he dado con esta tercera: espero sugerencias.