Hasta el XIX casi no hay nada que pase de medianejo, pero luego hay algún pintor que merece recordarse, por ejemplo Anders Zorn (1860-1920), especialmente su Baile en mitad del verano, tan movido y tan melancólico (ese color de sol no muy alto que viene de lado):
[aquí para ver en grande]
Pero el que me gustó de verdad fue Carl Larsson (1853-1919), un pintor de línea clara de tan extremadas cualidades para el dibujo que solo tiene el problema relativo de que le puede gustar a todo el mundo (y ya sabemos que eso es malo, ¿no?). Cada cuadro suyo que veía era admirable.
[Nota de 2026: tuve que quitar todos los enlaces, que habían dejado de funcionar. Ya pondré yo otros]
Qué maravilla la luz del baile (me ha recordado a la luz de Heaven's Gate, el bodrio de Cimino, pero luego he comprobado que no se parece tanto).
ResponderEliminarFormidable el tal Larsson, todo un descubrimiento para mí. Pero es cierto que es demasiado "bonito" y quizás se entienda demasiado bien y le guste a la gente "sencilla", en cuyo caso tendremos que disimular...
ResponderEliminarAh, vaya no he visto la película de Cimino.
ResponderEliminarY sí, mejor disimular.
Me encanta Larsson, tengo muchas postales suyas que me compraba mi abuela en una papelería del barrio de Salamanca, de Madrid. Puede que sea "fácil" -o tal vez precisamente por eso-, pero a mí me gusta muchísimo.
ResponderEliminarEl cuadro del baile es maravilloso: a mí, sin embargo, me ha recordado a "Único testigo", aquella película de los Amish, del australiano Peter Weir.
Vaya, no sabía que fuese conocido aquí. Y es muy difícil ser fácil, claro.
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