martes, 8 de noviembre de 2005

Centellas en el cañaveral

Pascal definía al hombre como una caña que piensa.
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Libro de Isaías, sobre el siervo (cf. Mt. 12, 17: afirma que se cumple en Jesús):
No disputará ni gritará,
nadie oirá su voz en las plazas.
No romperá la caña cascada
y no apagará la mecha humeante
hasta que haga triunfar la justicia.

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Libro de la Sabiduría 2, 2 (lo que dicen los malvados):

Corta y triste es nuestra vida;
para el fin del hombre no hay remedio,
y no se conoce persona que no se salve del abismo.
Porque somos hijos del azar,
y tras eso seremos como si no hubiésemos sido.
Porque humo es la respiración de nuestras narices,
y el pensamiento una centella del latido de nuestro corazón.
Libro de la Sabiduría 3 (sobre los justos tras su muerte):
Los probó como oro en el crisol
y los aceptó como un sacrificio de holocausto.
A la hora de su visita brillarán
como chispa que se propaga en el cañaveral.

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