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viernes, 31 de diciembre de 2010

Mejores libros 2010

Los libros que más me han gustado de los que he leído en 2010:

Las siete Barbies solteras, Rocío Arana
Mirar el fuego, Rocío Arana
Al hilo de los dias, Suso Ares
La revolución española vista por una republicana, Clara Campoamor
Juan Belmonte, matador de toros, Manuel Chaves Nogales
La agonía de Francia, Manuel Chaves Nogales
Con el tiempo, Enrique García-Máiquez
Señales de vida, Juan Antonio González Romano
Guerra en España, Juan Ramón Jiménez
Epistolario I, Juan Ramón Jiménez
Guía espiritual de Castilla, de José Jiménez Lozano
Bambi contra Godzilla, David Mamet
Informes diplomáticos y diario de la guerra civil, Carlos Morla Lynch
Sermones parroquiales I, Beato John Henry Newman
Más virutas de taller (2004-2009), Miguel d'Ors
Sociedad limitada, Miguel d'Ors
Poesías completas, Luis Pimentel
Antología poética, Jan Twardowski
Informes diplomáticos y diario de la guerra civil, Carlos Morla Lynch
Lecturas no obligatorias. Prosas, Wislawa Szymborska
Diarios (1999-2003), Iñaki Uriarte
Mi siglo, Aleksander Wat
Etiquetas, Evelyn Waugh

Vaya lista. Nada de ficción, qué le vamos a hacer.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Los vagamundos

-¿Sigues leyendo a Trapiello? me preguntó un amigo el otro día. Y le contesté que no sólo seguía, es que justo esos días estaba leyendo Los vagamundos, que, ahora que lo he terminado, recomendaría como lectura obligatoria* si por una vuelta de la fortuna tuviera que dar clase de Literatura española contemporánea.

Iba leyendo y me entraban unas enormes ganas de releer Fortunata y Jacinta (una de las mejores novelas de la historia: pero casi nadie la cita ahora) o de volver a Baroja (es muy buena la reseña que hace del libro de Gil Bera) o de leer a los Machado con esos peros que realzan su grandeza. O de seguir alrededor de JRJ (las mejores páginas del libro). O de conseguir de una vez París, el libro de Gutiérrez Solana que me falta de leer. O volver a leer sobre el gran Vighi.

Y lo bien que sitúa a Chaves Nogales en unas pocas líneas**.

Sí, un gran placer este libro.

Y para mi lista de futuras lecturas, Enrique Díez Canedo.

Y aquí una reseña muy buena del libro.

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*Eso es lo que me diferencia de los de Babelia, que han puesto aquel manual que a mí me pareció tan malo como uno de los libros del año: de un manual así sales con la cabeza caliente y el criterio literario congelado (y sin ganas de leer nada nunca más). Pero del de Trapiello -que no es más que una recopilación de artículos- sales mejorado, con hambre de leer, habiendo recuperado una jerarquía más necesaria que nunca, ahora que hasta a un mediocre nos lo venden como el autor de la mejor novela de 2011.

**Acaba de salir una biografía que se me hizo eterna, de tan fallida; y mira que la autora había hecho buena labor con Chaves Nogales, desde aquellos volúmenes admirables de la Obra periodística completa, que ahora va a reeditar ampliados.

lunes, 10 de mayo de 2010

La agonía de Francia

Este es un alegato lleno de amor herido: Francia, donde Chaves Nogales se había refugiado huyendo de la España republicana a la que era leal (pero que vio que era invivible e inviable), esa Francia se le hundió estrepitosamente ante los ojos, muerta de miedo a Alemania y ya vencida antes de pelear por un pacifismo derrotista dominante (antes nazi que muerto) y una podredumbre interior que estalló por todas las grietas.
Qué alegato, qué dureza.
Y se ve a España de fondo continuamente.
Y Chaves Nogales tuvo que huir otra vez: a Inglaterra.

martes, 6 de abril de 2010

Juan Belmonte, matador de toros

Este libro de Manuel Chaves Nogales, una larga entrevista a Juan Belmonte en forma de memorias en primera persona de éste, me ha parecido uno de los mejores libros que he leído en toda mi vida, admirable en cada página y cada párrafo, un prodigio de periodismo (pero ¿lo leerán en las Facultades de comunicación?), de literatura testimonial ('del yo' la llaman algunos, en este caso del 'aquel' que refiere los testimonios del yo).
Y es literatura sin adornos, efectiva, lenguaje al servicio de una vida, no al servicio del ego del escritor o de una retórica barroca.
Y con el libro acabado me han ido viniendo recuerdos de pasajes concretos: sobre la vida, el trabajo, el toreo, la gente, sobre la España de la época. Este es el texto que más me impresionó (p. 277-8):
Al entusiasmo desbordante, al fervor y a la iluminación de los primeros años sucedía la necesidad reflexivamente impuesta de torear bien, no por un arrebato lírico del instante, sino por un agudo sentido de la responsabilidad contraída y del prestigio conquistado. Al nudo en la garganta que antes sentía cuando me iba hacia el toro, sustituía ahora un grave y penoso concepto del deber. Triunfar así era más difícil, más doloroso. Ya digo que muchas tardes, en medio de grandes ovaciones, me asaltaban un desaliento y una tristeza invencibles. Y es que positivamente resulta más difícil ser héroe en una hora que cumplir a lo largo de toda la vida el deber que se nos ha impuesto.
Vencer aquellas íntimas vacilaciones, mantener a través de los años una línea de conducta decorosa y dar a mi arte un sentido de continuidad es uno de mis mayores orgullos.
El primer capítulo en pdf está aquí.
Y cuando habla -y qué bien- sobre el miedo.
Y más sobre Chaves Nogales aquí.
Yo recomiendo vivamente los dos volúmenes de su obra periodística completa.
Y todos los libros aquí.

sábado, 30 de septiembre de 2006

Exsecrandum et lacrimabile

Hinc iam bellum civile successit, exsecrandum et lacrimabile
De aquí vino ya la guerra civil, odiosa y causa de lágrimas
(Eutropio, Breviarium ab urbe condita, VI, 19, citado en el prólogo).
El libro de Plácido María (en el siglo Miguel) Gil Imirizaldu, Un adolescente en la retaguardia. Memorias de la Guerra Civil (1936-1939), Ediciones Encuentro, Madrid, 2006 (ya va por la cuarta edición), merece estar entre los recomendados para el que quiera hacerse una idea de la Guerra Civil (o al menos de una parte).
Últimamente había oído muchos elogios de dos obras de ficción sobre el tema, Incierta gloria, de Joan Sales y los relatos de Manuel Chaves Nogales, A sangre y fuego. En el caso de Sales algunas partes de tremenda fuerza y la interesante descripción de Barcelona y la franja, esa zona entre Aragón y Cataluña, junto a un personaje mefistofélico muy bien conseguido, no impiden que piense que es una novela fallida, que parece encontrar su culminación en el catalanismo religioso, cuando había empezado muy bien, en un existencialismo fuerte. Al final parece que lo único que importa es que los obispos en Cataluña sean catalanes: una pena y una muestra más de la tragedia del catolicismo en Cataluña, que será antinacionalista o no será (por ahora parece que no es). Más ilusión me hacía el libro de Chaves Nogales, porque me gustaron muchísimo sus crónicas periodísticas: algo falla y no se ve qué; quizá el exceso de realidad (algo así como lo que le pasa a Trapiello con sus novelas). Quizá es que no se pueda hacer una obra de ficción que merezca la pena sobre la Guerra Civil española, o no hasta dentro de medio siglo.
El libro de Plácido Gil es un libro de memorias de un chaval navarro de quince años, aspirante a benedictino, que se ve encerrado en Barbastro junto a los monjes de El Pueyo y contempla, después de unos días de reclusión, cómo van matando a los monjes. Él cuenta lo que vive, el fervor de los monjes, su preocupación por aquellos cinco casi niños que iban a pasar por la prueba de varios años sin sacramentos, sin la ayuda espiritual que habían tenido hasta entonces. Cuenta muchas peripecias y algo conmovedor, su esfuerzo por aprender catalán, para poder hablar con una señora que lo acoge como un hijo y que no sabe castellano, pero que tiene una fe que se puede cortar.
Cuando acaba la guerra y puede volver a casa, lo cuenta de tal modo -siempre muy sobrio- que me puse a llorar como un tonto. Me dan escalofríos cuando me acuerdo.
Ya había leído un libro sobre los claretianos que murieron en Barbastro (allí se ensañaron con los religiosos y con el Obispo; curas mataron a la mayoría) y ahora sé más de los benedictinos; sólo me faltan los escolapios. Todos ellos murieron como mártires (me refiero a la actitud, no sólo al hecho de que murieran por ser cristianos) y son una demostración de que la Iglesia española de entonces, a pesar de todas las críticas que les hicieran (y había mucho que criticar, seguro), tenía una vitalidad impresionante.
Maravilloso libro, pardiez, aunque desde el punto de vista literario se hubiera podido pulir un poco, pero qué le vamos a hacer.
Y la vida de este chaval, que al poco de llegar a casa se marchó a un monasterio benedictino y allí estuvo hasta ahora (más de 57 años) daría para otro libro, aunque parece que ahora está muy enfermo.

lunes, 12 de enero de 2026

Próspero viento de Andrés Trapiello

Próspero viento me parece que conforma una trilogía con La fuente del encanto y Madrid, porque pueden verse como acercamientos autobiográficos narrativos extensos, aparte de lo que cada uno de ellos tiene de ensayo. Lo biográfico hace como de recapitulación de lo que se ha ido contando en el Salón de los Pasos Perdidos, los veinticuatro volúmenes hasta ahora de sus diarios (que tendrán continuidad esta primavera: el volumen 25 lo espero con mucha ilusión). El hecho es que estos diarios están cada vez más alejados cronológicamente respecto a su fecha de redacción y lo referido a la infancia y juventud del autor lo cuentan brevemente, de paso. La publicación de Fractalque es un a modo de antología de esos diarios, puede ser otra vía de ir redondeando también ese proyecto. Por lo demás, se podría decir que toda la obra de Andrés Trapiello se distingue por la impronta autobiográfica, pero ahora es más evidente que está haciendo balance respecto a una producción de tal amplitud que hace difícil una recapitulación de conjunto. En la narración autobiográfica de Próspero viento he leído con mucho interés y curiosidad el periodo entre Caleruega y los años de Valladolid, que él nunca había contado de modo tan directo y detenido (tiene una novela sobre ese periodo de su vida, El buque fantasma, pero ahí el relato de los hechos está en otra clave).

De todos modos, Próspero viento es un ensayo sobre política. Tardé en ponerme a leerlo porque es justo en lo político, o en general en la cosmovisión de fondo, donde más distancia encuentro con el autor, aunque tampoco es exactamente oposición; creo que coincidimos en muchos puntos; simplemente yo no acabo de compartir su posición basada en el proyecto liberal (en sentido muy amplio, como lo defiende en este libro), pero que al final es el proyecto moderno con raíces en la Ilustración y la Revolución Francesa. Yo tengo una visión trascendente; por eso no sé muy bien qué hacer del proyecto moderno, que tiene aspectos que valoro y otros que no sé cómo encajar, pero en absoluto me he echado en brazos de una visión progresista, con el cielo en la tierra al menos como proyecto. Hay una holgura posible de planteamientos ahí, pero no es mi visión la de una especie de neutralidad liberal (lo que Trapiello llama, en su intento de explicar la Guerra Civil, la Tercera España, en la que hay escritores a los que admiro, especialmente a Clara Campoamor en un libro y a Manuel Chaves Nogales en varios, especialmente La agonía de Francia, donde en realidad de lo que habla es de España). Yo no querría que hubiese habido una guerra en España, pero no comulgo con el planteamiento de las otras dos Españas extremas enfrentadas que se autoanulan: extremistas los hubo en los dos bandos de la Guerra Civil, pero yo no puedo olvidar que la legalidad republicana era inexistente (y sé que ahí está un punto de fricción muy polémico) y que en ella hubo un propósito de barrer a los católicos, explícito (o mirar para otro lado o minusvalorarlo, como me parece que pasa en Celia en la revolución). En el horizonte de los primeros días de la Guerra se dibujó una revolución como la soviética (ya intentada dos años antes, con lo que eso supone de premeditación, lo que que dio lugar a la Revolución en Asturias) que, por suerte, no cuajó, porque fue combatida por mucha gente de bien, en el bando nacional. Así es como lo veo yo y así no lo ve Trapiello, que no le da ningún margen a esa España nacional, como si fueran todos falangistas mussolinianos. Que la represión de Franco tras la guerra fue tremenda y trajo consecuencias muy negativas es una pena, pero no invalida el impulso que tenían combatientes como aquel requeté navarro cuyas cartas a su mujer tanto me han impresionado, sin ser yo en absoluto tradicionalista o carlista. Ahora todo es memoria histórica (y Rodríguez Zapatero, y Rajoy por omisión tendrán que rendir cuentas a Dios de ello), pero lo que falta es reconocer lo que en el bando nacional hubo de bueno, de impulsos generosos de lograr una España mejor.

Por lo demás, me ha gustado especialmente la última parte del libro, por ejemplo, cuando aborda la figura de Sánchez Mazas o repasa la polémica sobre Gil de Biedma. Es especialmente admirable su posición pública reciente: respecto al procés, respecto a la amnistía, su ponerse en contra claramente de lo que representa Pedro Sánchez, en una actitud que es ejemplar y que le ha supuesto un clarísimo perjuicio en el establishment cultural del país (y de El País).

Yo admiro a Andrés Trapiello, primero como escritor. Le debo mucho en mi manera de entender la cultura, el arte, la literatura. Aunque no me cuadren sus modos de entender la Guerra Civil o no estemos alineados en la situación política actual, me veo muy cerca de él en muchos aspectos. En lo humano, me sirve de modelo de implicación política, de trabajo constante y gustoso y de hombría de bien. 

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Las Armas y las letras

Me releí ya hace unas semanas la nueva edición -y qué labor editorial exquisita ahora- de Las armas y las letras de Andrés Trapiello: y hay páginas maravillosamente escritas, como sólo Trapiello puede escribir.
En cambio no me convenció su planteamiento programático. Y luego me sorprende la alabanza generalizada que hace a los escritores en gallego, hasta a Otero Pedrayo, que ya no lo lee nadie. Yo le hice caso con Risco y me llevé un chasco: eleva a los cuernos de la luna Mitteleuropa, que se me cayó de las manos, o el Libro de las horas, que si somos benévolos no pasa de ser un libro normalito.
En cambio a Julio Camba lo despacha con unas frases injustas. Ya, era un epicúreo y en Haciendo de república mostró las vergüenzas del régimen, e hizo bien: no todo tiene que ser un Cuéntame. El hecho es que es un gran libro. Por cierto que Mainer en su volumen reciente de su Historia de la literatura le clava a Camba la etiqueta de 'humorista' y con eso lo despacha: pues vaya.
Por suerte, gracias a Trapiello he leído a autores que me han gustado mucho: Manuel Chaves Nogales especialmente, pero también Carlos Morla Lynch. De este me acabo de leer ahora sus Informes diplomáticos y sus Diarios de la Guerra Civil, absolutamente admirables: qué personaje, qué categoría humana, qué valentía, qué injustamente le trataron al acabar la guerra, cuando él había conseguido salvar como diplomático chileno a 2000 refugiados en Madrid. En esos informes se ve también que el régimen republicano durante la guerra era un cadáver con patas: menuda legitimidad (salvo por algunas figuras aisladas: Besteiro, Casado), con gentuza como Negrín, mandando a gente a morir al frente cuando ya estaba todo perdido, o incompetentes como Azaña, desaparecido del mando, dejándoselo a los soviéticos.
Mi duda ahora es si leerme el libro de Clara Campoamor que recomienda tanto Trapiello en esta nueva edición -creo que sí que me lo voy a leer- o El viajero y su sombra, de Eugenio Montes, que no sé, porque puede que lo alabe sólo por ser un autor que escribió en gallego. O quizá sí que sea un gran libro, pero estoy chasqueado con lo.de Risco.

jueves, 13 de enero de 2011

La revolución española

La revolución española vista por una republicana, de Clara Campoamor, lo recomendaba A. T. y me lo re-recomendó MLL.
Escrito en noviembre de 1936, al poco de marcharse de Madrid a Ginebra, hace una descripción tremenda sobre el hundimiento del estado de derecho en el bando republicano en esos primeros meses de guerra.
Su testimonio es el de una republicana de los pies a la cabeza, pero de las que creían en el estado de derecho: ya se ve, una ilusa, como Chaves Nogales, como JRJ.
Y también es un excelente ensayo sobre teoría política, me parece: su énfasis en lo determinante que fue la dejación del dominio de la fuerza por parte del gobierno a las milicias, su ver la causa en la radicalización producida por la coalición de grandes partidos moderados con grupúsculos radicales, que acabaron imponiendo su ley, su análisis sobre el poder como peleas -a veces infantiles- de grupitos.
Sus profecías sobre qué iba a pasar al acabar la guerra se cumplieron todas, todas.
Es un libro que duele leer. A mí es el que más me ha gustado de todos los que conozco sobre la Guerra Civil.

martes, 11 de julio de 2023

Celia en la revolución

Hace tiempo que tenía la idea de leer Celia en la revolución, de Elena Fortún. Lo recomendaba mucho Andrés Trapiello, que lo tiene entre lo que él considera como muestra de una Tercera España de la que serían partícipes figuras como Manuel Chaves Nogales, Clara Campoamor o José Castillejo.

No es un libro de niños, son las memorias de la Guerra Civil de la autora, pero con la mirada y la expresión de una niña de 14 años al comenzar la guerra: me parece un error de verosimilitud poner a Celia paseándose por Madrid y luego por Valencia, Albacete y Barcelona como si nada, ella sola. Mejor hubiera sido una mujer adulta o ya directamente unas Memorias de la autora, que aquí prácticamente lo que hace es una transposición de su experiencia al formato en el que quizá se sentía más cómoda, una novela con mucho diálogo, en la que mete artículos sobre temas que le interesaban como la escuela igualitaria o la cocina de guerra.

Ha sido una lectura dolorosa, porque lo que cuenta es tremendo: los primeros meses de guerra en Madrid, con fusilamientos continuos, a la vista de todos, en cualquier tapia, incluso la del albergue de niños donde transcurre parte de la acción. Desde los tranvías la gente ve a los muertos de esa noche, comentando la jugada, como si nada. Hay algunos que roban de los cadáveres. Como documento sobre la Guerra Civil es impresionante, especialmente esos fusilamientos indiscriminados, pero también describiendo las condiciones de hambre, la ocupación de las casas, el terror de los ataques aéreos, con su estela tremenda también de muertos.

Pero todo esto se me ha hecho todavía más doloroso por la óptica con la que se presentan los hechos: es muy valiente contar la realidad de esos asesinatos indiscriminados en Madrid en los primeros meses de la guerra, pero la responsabilidad se carga en la cuenta de Franco, el único culpable. Al principio de la novela fusilan los nacionales al abuelo en Segovia (en la realidad había muerto hacía años) y ya con eso todo es presentado como una consecuencia.

No hay ni una crítica a la República, ni a los gobernantes, ni al Partido Comunista: menciona las checas, pero de pasada. Todo son elogios de la bondad del pueblo, contradicha en casos concretos -de los que cuenta casos en enorme abundancia, tantos como para que cualquiera se cayese del burro- pero nunca negada en el fondo. Eso se plantea como el modo de verlo del padre de Celia, idealista a su modo, pero luego nunca se acaba de contradecir ese planteamiento, con lo que se legitima: el pueblo es bueno, ha sido maltratado y se acaba vengando. Mientras, Celia puede pasearse por donde quiera, con el salvoconducto moral de esa bondad del pueblo y el hecho de que su padre sea de Izquierda Republicana: lo que representa ese punto de vista es lo que Trapiello considera Tercera España y yo veo como una izquierda moderada que se horroriza al ver los extremos a los que puede llegar "el pueblo", pero de un pueblo justamente indignado, eso sí. 

La Iglesia aparece representada en un carmelita estúpido, el colmo de la idiocia, que no se entera de nada. En otro momento hablan de un obispo fusilado, pero también de pasada. A un primo de Celia lo matan y eso al padre le deja frío: es que era falangista. Cuando matan a la madre de este, por ser madre del falangista, se supone, Celia se apena, pero el padre lo niega primero y luego se encoge de hombros. A la vez, hay menciones religiosas, la propia Celia reza.

Yo no había leído la introducción, así que me llevé la sorpresa de encontrarme que la novela está fechada en 1943: la autora, en el exilio, podría haber encontrado más hondura en la explicación de esa orgía de violencia que arrasó España y nos sigue pesando tanto. El valor documental de su libro, muy grande, no está a la altura de la explicación de la violencia, muy sesgada.

miércoles, 9 de abril de 2025

Manuscritos de Valle-Inclán

En la Facultad han hecho una exposición como homenaje al profesor Javier Serrano Alonso, recientemente fallecido, en torno a la edición que hizo de El trueno dorado, una novela póstuma de Ramón del Valle-Inclán.

Han puesto hojas del manuscrito de Valle-Inclán, muy curiosas, con grandes letras y grandes tachaduras:

También está la carta que le mandó Manuel Chaves Nogales, subdirector entonces de la revista Ahora, donde salió la novela por entregas. 


Esta es la edición, primorosa, primorosamente publicada por la Editorial de la Universidad de Santiago:


lunes, 8 de junio de 2020

100 mejores libros

Estoy contento de cómo me ha quedado la lista, no de que estos sean los 100 mejores libros en absoluto. En el proceso me he descubierto grandes lagunas, pero creo que es un buen retrato mío, con todas sus carencias y dos ausencias gordas, Dante y Shakespeare. 
Quizá parte de las novelas que pongo, que leí en su inmensa mayoría hace años, ahora no me gustasen tanto: es, pues, un retrato mío, pero de mi historia de lector, no de mi presente, ahora que estoy mucho menos inclinado a la ficción. Como veréis, he hecho trampas en algunos casos, poniendo Obras completas, más que libros concretos.
En el último momento he quitado obras de amigos, que he rellenado con otras que me han señalado ellos mismos o que había quitado yo. No es que me parezcan peores, es que podría parecer que los pongo por amistad y ellos ya saben que admiro sus obras.
No pongo la Biblia, porque está aparte, claro:

1. Acción de gracias, Richard Ford 
2. Alicia en el país de las maravillas, Lewis Carroll 
3. Antología de poesía del XV-XVI (que tenga Romancero, Cancioneros y Poetas) 
4. Antología de poesía latina medieval (One hundred Latin Hymns - Dumbarton Oaks) 
5. Antología del cuento nortamericano, ed. Richard Ford 
6. Autobiografía, de Elias Canetti 
7. Confesiones, san Agustín 
8. Cosecha roja, Dashiell Hammett 
9. Cranford, Elizabeth Gaskell 
10. Cuentos completos, Antón Chejov 
11. Cuentos completos, Edgar Allan Poe 
12. Cuentos completos, Isaac Bashevis Singer 
13. Cuentos completos, Leopoldo Alas, Clarín 
14. Cuentos completos, Raymond Carver 
15. Diario de la felicidad, Nicolae Steinhardt 
16. Diario de un cazador, Miguel Delibes 
17. Diarios, Léon Bloy 
18. El Señor, Romano Guardini 
19. Don de la ebriedad, de Claudio Rodríguez 
20. Edipo Rey y Edipo en Colono, de Sófocles 
21. El Danubio, Claudio Magris 
22. El Jarama, Rafael Sánchez Ferlosio
23. Breviario de saberes inútiles, Simon Leys 
24. El mudejarillo, José Jiménez Lozano 
25. El primer círculo, Alexandr Solzhenitsyn 
26. El Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes 
27. El Señor de los anillos, J. R. R. Tolkien 
28. El Silmarillion, J. R. R. Tolkien
29. El trabajo gustoso, Juan Ramón Jiménez 
30. Elena, Evelyn Waugh 
31. En busca del tiempo perdido 1. Por el camino de Swann, Marcel Proust 
32. Escolios a un texto implícito, Nicolás Gómez Ávila 
33. Espada de Honor, Evelyn Waugh 
34. Europa, la vía romana, Remi Brague 
35. Fedón, Platón 
36. Fracasología, Elvira Roca Barea 
37. Grandes esperanzas, Charles Dickens 
38. Guía espiritual de Castilla, José Jiménez Lozano 
39. Historia de la Guerra del Peloponeso, Tucidides 
40. Historia de un alma, santa de Teresa del Niño Jesús 
41. Historias, Heródoto 
42. Hoja de Niggle, J. R. R. Tolkien 
43. Ilíada, Homero 
44. Imperiofobia y leyenda negra, Elvira Roca Barea 
45. Industrias y andanzas de Alfanhuí, Rafael Sánchez Ferlosio 
46. Introducción al cristianismo, Joseph Ratzinger 
47. Jesús de Nazaret, Joseph Ratzinger 
48. Juan Belmonte, matador de toros, Manuel Chaves Nogales 
49. La gente de Smiley, John le Carré 
50. La Ilíada o el poema de la fuerza, Simone Weil 
51. La regenta, Leopoldo Alas, Clarín 
52. La república, Platón 
53. Las Bacantes, Eurípides 
54. Las confesiones de un pequeño filósofo, Azorín 
55. Las grandes amistades, Raïssa Maritain 
56. Léxico familiar, Natalia Ginzburg 
57. Lírica griega arcaica (hay muchas antologías) 
58. Lo propio del hombre, Rémi Brague 
59. Los anillos de Saturno, C. W. Sebald 
60. Los hermanos Karamazov, Fiódor Dostoyevski 
61. Los novios, Alessandro Manzoni 
62. Los ojos del icono, José Jiménez Lozano 
63. Los trabajos de Persiles y Segismunda, Miguel de Cervantes 
64. Mi lucha contra Hitler, Dietrich von Hildebrand 
65. Middlemarch, George Eliot 
66. Milagros de Nuestra Señora, de Gonzalo de Berceo 
67. Muerte en el kibbutz, de Batya Gur 
68. Novelas contemporáneas, Benito Pérez Galdós 
69. Novelas ejemplares, Miguel de Cervantes 
70. Obra completa, Flannery O’Connor 
71. Obra completa, Fray Luis de León 
72. Obra completa, san Josemaría Escrivá 
73. Obra completa, san Juan de Ávila 
74. Obra completa, santa Teresa de Jesús 
75. Odas, Horacio 
76. Odisea, Homero 
77. Orgullo y prejuicio, Jane Austen 
78. Ortodoxia, G. K. Chesterton 
79. Pabellón de cáncer, de Alexandr Solzhenitsyn 
80. Perder y ganar, de san John Henry Newman 
81. Poema de Fernán González
82. Poesía completa, Ceslaw Milosz 
83. Poesía completa, fray Luis de León 
84. Poesía completa, Julio Martínez Mesanza 
85. Poesía completa, Miguel d’Ors 
86. Poesía completa, san Juan de la Cruz 
87. Poesía completa, Wislawa Szymborska 
88. Poesía completa, Zbigniew Herbert 
89. Por tierras de Portugal y España, Miguel de Unamuno 
90. Retorno a Brideshead, Evelyn Waugh 
91. Retratos y naturalezas muertas, José Jiménez Lozano 
92. Salón de pasos perdidos, Andrés Trapiello 
93. Sermones parroquiales, san John Henry Newman 
94. Simposio, Platón 
95. Sobre Dios y el mundo, Robert Spaemann, 
96. Teogonía/Trabajos y Días, de Hesíodo 
97. Todos nuestros ayeres, de Natalia Ginzburg 
98. Un día en la vida de Iván Denísovich, de Alexandr Solzhenitsyn 
99. Un puñado de polvo, Evelyn Waugh 
100. Vida de Santo Domingo de Silos, de Gonzalo de Berceo

miércoles, 27 de julio de 2005

Libros para sudamericanos

Recomendaciones de prosa española desde el XIX hasta hoy para sudamericanos interesados por lo que se escribe en español en España (por orden alfabético):
Ignacio Aldecoa, Cuentos completos (Alianza Editorial)
Pío Baroja, Las inquietudes de Shanti Andía (Espasa o Cátedra)
Julio Camba, Haciendo de república
Manuel Chaves Nogales, Los enemigos de la República [los dos en Xavier Pericay (ed.), Cuatro historias de la República, Destino].
Camilo José Cela, La rosa
Miguel Delibes, Cinco horas con Mario, Diario de un cazador (Destino)
José Jiménez Lozano, Los cuadernos de letra pequeña (Pre-textos), El mudejarillo (Anthropos)
Carmen Laforet, Nada (Destino)
Eduardo Mendoza, La verdad sobre el caso Savolta (Seix Barral)
Antonio Muñoz Molina, Ardor guerrero (Alfaguara)
Benito Pérez Galdós, El amigo Manso, Lo prohibido, La de Bringas (Alianza, Cátedra)
Rafael Sánchez Ferlosio, Industrias y andanzas de Alfanhuí, El Jarama (Destino)
Andrés Trapiello, El gato encerrado (Pre-textos, Destino) y los demás volúmenes de diarios.
Ignacio Vidal-Folch, Amigos que no he vuelto a ver (Anagrama)

domingo, 26 de diciembre de 2004

Mejores libros 2004

Muerte en el kibbutz, de Batya Gur
Diarios, de León Bloy (selección de Cristóbal Sierra)
David Copperfield, de Charles Dickens
Poesía no completa, de Wislawa Szymborska
El hábito de ser, Flannery O'Connor
Baroja o el miedo, de Eduardo Gil Bera
Obra periodística completa, Manuel Chaves Nogales
Siete moderno, Andrés Trapiello
La obsesión antiamericana, Jean-François Revel
Eichmann en Jerusalén. Ensayo sobre la banalidad del mal, Hannah Arendt
Gulag. Historia de los campos de concentración soviéticos, Anne Applebaum
Autobiografía, G. K. Chesterton
Tomás Moro, Peter Ackroyd
El ángel caído, B. Akunin
Cortafuegos, Henning Mankell
Si me necesitas, llámame, de Raymond Carver
Schlumpf, Erwin: homicidio, de Friedrich Glauser


Mejores libros 2004 para mis lectores:
El último encuentro, Sandor Márai.
El juicio de la historia, Joseph Roth.

miércoles, 26 de mayo de 2004

Valle-Inclán y el gallego

Esto no sé por qué lo pongo, si por dejar en evidencia a Valle-Inclán (que no es precisamente santo de mi devoción) o por crear polémica con mis lectores amantes del gallego:
Discurso de Valle-Inclán en un homenaje que le hicieron, publicado en Manuel Chaves Nogales. Obra periodística, edición e introducción de María Isabel Cintas Guillén, Sevilla, Diputación de Sevilla, 2001, vol. II, p. 752-3
Nosotros, los autores castellanos, que venimos de regiones dialectales, nos batimos con grandes enemigos. No es el primero ni el mayor que hablamos un mal castellano. En Galicia no se habla gallego, sino una lengua contaminada de castellano. Llegar a saber castellano es nuestra mayor dificultad. Cuando el joven gallego, catalán o vasco siente la aspiración de escribir aparece una sirena que le dice: "Si hablas en tu lengua regional serás un genio. En la lengua regional no hay que luchar con veinte naciones; basta luchar simplemente con cuatro provincias. Ser genio en el dialecto es demasiado fácil'. Yo me negué a ser genio en mi dialecto y quise competir con cien millones de hombres, y lo que es más, con cinco siglos de heroísmo de lengua castellana. Esta es la extrema dificultad y la gran virtud, y yo la he tenido. He querido venir a luchar, y si no he logrado vencer, me ha salvado la dignidad del propósito.