De todos modos, Próspero viento es un ensayo sobre política. Tardé en ponerme a leerlo porque es justo en lo político, o en general en la cosmovisión de fondo, donde más distancia encuentro con el autor, aunque tampoco es exactamente oposición; creo que coincidimos en muchos puntos; simplemente yo no acabo de compartir su posición basada en el proyecto liberal (en sentido muy amplio, como lo defiende en este libro), pero que al final es el proyecto moderno con raíces en la Ilustración y la Revolución Francesa. Yo tengo una visión trascendente; por eso no sé muy bien qué hacer del proyecto moderno, que tiene aspectos que valoro y otros que no sé cómo encajar, pero en absoluto me he echado en brazos de una visión progresista, con el cielo en la tierra al menos como proyecto. Hay una holgura posible de planteamientos ahí, pero no es mi visión la de una especie de neutralidad liberal (lo que Trapiello llama, en su intento de explicar la Guerra Civil, la Tercera España, en la que hay escritores a los que admiro, especialmente a Clara Campoamor en un libro y a Manuel Chaves Nogales en varios, especialmente La agonía de Francia, donde en realidad de lo que habla es de España). Yo no querría que hubiese habido una guerra en España, pero no comulgo con el planteamiento de las otras dos Españas extremas enfrentadas que se autoanulan: extremistas los hubo en los dos bandos de la Guerra Civil, pero yo no puedo olvidar que la legalidad republicana era inexistente (y sé que ahí está un punto de fricción muy polémico) y que en ella hubo un propósito de barrer a los católicos, explícito (o mirar para otro lado o minusvalorarlo, como me parece que pasa en Celia en la revolución). En el horizonte de los primeros días de la Guerra se dibujó una revolución como la soviética (ya intentada dos años antes, con lo que eso supone de premeditación, lo que que dio lugar a la Revolución en Asturias) que, por suerte, no cuajó, porque fue combatida por mucha gente de bien, en el bando nacional. Así es como lo veo yo y así no lo ve Trapiello, que no le da ningún margen a esa España nacional, como si fueran todos falangistas mussolinianos. Que la represión de Franco tras la guerra fue tremenda y trajo consecuencias muy negativas es una pena, pero no invalida el impulso que tenían combatientes como aquel requeté navarro cuyas cartas a su mujer tanto me han impresionado, sin ser yo en absoluto tradicionalista o carlista. Ahora todo es memoria histórica (y Rodríguez Zapatero, y Rajoy por omisión tendrán que rendir cuentas a Dios de ello), pero lo que falta es reconocer lo que en el bando nacional hubo de bueno, de impulsos generosos de lograr una España mejor.
Por lo demás, me ha gustado especialmente la última parte del libro, por ejemplo, cuando aborda la figura de Sánchez Mazas o repasa la polémica sobre Gil de Biedma. Es especialmente admirable su posición pública reciente: respecto al procés, respecto a la amnistía, su ponerse en contra claramente de lo que representa Pedro Sánchez, en una actitud que es ejemplar y que le ha supuesto un clarísimo perjuicio en el establishment cultural del país (y de El País).
Yo admiro a Andrés Trapiello, primero como escritor. Le debo mucho en mi manera de entender la cultura, el arte, la literatura. Aunque no me cuadren sus modos de entender la Guerra Civil o no estemos alineados en la situación política actual, me veo muy cerca de él en muchos aspectos. En lo humano, me sirve de modelo de implicación política, de trabajo constante y gustoso y de hombría de bien.

Excelente lectura. Gracias.
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