lunes, 12 de enero de 2026

Próspero viento de Andrés Trapiello

Próspero viento me parece que conforma una trilogía con La fuente del encanto y Madrid, porque pueden verse como acercamientos autobiográficos narrativos extensos, aparte de lo que cada uno de ellos tiene de ensayo. Lo biográfico hace como de recapitulación de lo que se ha ido contando en el Salón de los Pasos Perdidos, los veinticuatro volúmenes hasta ahora de sus diarios (que tendrán continuidad esta primavera: el volumen 25 lo espero con mucha ilusión). El hecho es que estos diarios están cada vez más alejados cronológicamente respecto a su fecha de redacción y lo referido a la infancia y juventud del autor lo cuentan brevemente, de paso. La publicación de Fractalque es un a modo de antología de esos diarios, puede ser otra vía de ir redondeando también ese proyecto. Por lo demás, se podría decir que toda la obra de Andrés Trapiello se distingue por la impronta autobiográfica, pero ahora es más evidente que está haciendo balance respecto a una producción de tal amplitud que hace difícil una recapitulación de conjunto. En la narración autobiográfica de Próspero viento he leído con mucho interés y curiosidad el periodo entre Caleruega y los años de Valladolid, que él nunca había contado de modo tan directo y detenido (tiene una novela sobre ese periodo de su vida, El buque fantasma, pero ahí el relato de los hechos está en otra clave).

De todos modos, Próspero viento es un ensayo sobre política. Tardé en ponerme a leerlo porque es justo en lo político, o en general en la cosmovisión de fondo, donde más distancia encuentro con el autor, aunque tampoco es exactamente oposición; creo que coincidimos en muchos puntos; simplemente yo no acabo de compartir su posición basada en el proyecto liberal (en sentido muy amplio, como lo defiende en este libro), pero que al final es el proyecto moderno con raíces en la Ilustración y la Revolución Francesa. Yo tengo una visión trascendente; por eso no sé muy bien qué hacer del proyecto moderno, que tiene aspectos que valoro y otros que no sé cómo encajar, pero en absoluto me he echado en brazos de una visión progresista, con el cielo en la tierra al menos como proyecto. Hay una holgura posible de planteamientos ahí, pero no es mi visión la de una especie de neutralidad liberal (lo que Trapiello llama, en su intento de explicar la Guerra Civil, la Tercera España, en la que hay escritores a los que admiro, especialmente a Clara Campoamor en un libro y a Manuel Chaves Nogales en varios, especialmente La agonía de Francia, donde en realidad de lo que habla es de España). Yo no querría que hubiese habido una guerra en España, pero no comulgo con el planteamiento de las otras dos Españas extremas enfrentadas que se autoanulan: extremistas los hubo en los dos bandos de la Guerra Civil, pero yo no puedo olvidar que la legalidad republicana era inexistente (y sé que ahí está un punto de fricción muy polémico) y que en ella hubo un propósito de barrer a los católicos, explícito (o mirar para otro lado o minusvalorarlo, como me parece que pasa en Celia en la revolución). En el horizonte de los primeros días de la Guerra se dibujó una revolución como la soviética (ya intentada dos años antes, con lo que eso supone de premeditación, lo que que dio lugar a la Revolución en Asturias) que, por suerte, no cuajó, porque fue combatida por mucha gente de bien, en el bando nacional. Así es como lo veo yo y así no lo ve Trapiello, que no le da ningún margen a esa España nacional, como si fueran todos falangistas mussolinianos. Que la represión de Franco tras la guerra fue tremenda y trajo consecuencias muy negativas es una pena, pero no invalida el impulso que tenían combatientes como aquel requeté navarro cuyas cartas a su mujer tanto me han impresionado, sin ser yo en absoluto tradicionalista o carlista. Ahora todo es memoria histórica (y Rodríguez Zapatero, y Rajoy por omisión tendrán que rendir cuentas a Dios de ello), pero lo que falta es reconocer lo que en el bando nacional hubo de bueno, de impulsos generosos de lograr una España mejor.

Por lo demás, me ha gustado especialmente la última parte del libro, por ejemplo, cuando aborda la figura de Sánchez Mazas o repasa la polémica sobre Gil de Biedma. Es especialmente admirable su posición pública reciente: respecto al procés, respecto a la amnistía, su ponerse en contra claramente de lo que representa Pedro Sánchez, en una actitud que es ejemplar y que le ha supuesto un clarísimo perjuicio en el establishment cultural del país (y de El País).

Yo admiro a Andrés Trapiello, primero como escritor. Le debo mucho en mi manera de entender la cultura, el arte, la literatura. Aunque no me cuadren sus modos de entender la Guerra Civil o no estemos alineados en la situación política actual, me veo muy cerca de él en muchos aspectos. En lo humano, me sirve de modelo de implicación política, de trabajo constante y gustoso y de hombría de bien. 

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