martes, 13 de enero de 2026

El lunes más ordinario

Ayer, 12 de enero, lunes de la primera semana del Tiempo Ordinario en el Calendario Litúrgico, no se presentaba como un día prometedor: la previsión era de lluvia a rachas con viento, el cóctel mortífero (peor estarían en Santa Comba: casi 3500 litros en todo 2025, frente a los casi 1800 de Santiago) y lloviendo sobre mojado, dos meses de machaque de lluvia sobre lluvia en noviembre y diciembre, aunque también hubo unos días luminosos en Navidades. Ahora las borrascas se van sucediendo una a otra.

Pero ya a primera hora leí un texto luminoso de Gregorio Luri, sobre la vida liviana y la vida feliz.

Me desvié del camino habitual, a devolver un libro en de la Biblioteca Pública, con lo que hacía más largo el recorrido, dato positivo en mi plan diario de andar más, en el que llevo perseverando los últimos seis meses. Pasé delante de un colegio, donde a esas tremendas horas, las nueve y media de la mañana, tenían educación física, bajo cubierto, unos niños: lo que para mí eran recuerdos tristes, de días heladores en Burgos corriendo en círculo y preguntándome por la nada de la vida si la vida era eso, cuando tenía aquellas clases, en el caso de esos niños era un griterío feliz, como para alegrar la vida de un Scrooge que se hubiera mantenido indemne a la seducción de la Navidad.

Ya en la Facultad, me senté a ver qué tenía que hacer. Por una parte se me presentaban dos semanas de exámenes, es decir, dos semanas sin clase para mí, que podría dedicar a leer muchas cosas que tengo pendientes. En el debe, que tenía que ponerme con los sexenios, y en concreto a preparar las "narrativas", que tanta pupa me hicieron en la acreditación a cátedras. Las "narrativas" son unos textos en los que yo, sin abuela, tengo que cantar las excelencias de cinco publicaciones mías, con un máximo de 8000 caracteres por publicación, que son muchos elogios metidos ahí. Y ahí me entretuve toda la mañana, como tantas veces, a mirarme el ombligo y adornarlo para que sesudas comisiones me den el visto bueno. Luego ya si eso, la ciencia avanzará entre los resquicios.

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