5 de julio de 2009

Sobre el amor (4 de x)

El discurso del médico Erixímaco le quiere dar un télos (perfección) al de Pausanias, y lo hace desde la ciencia; no basta -dice- con hablar de dos eros entre las personas, porque se encuentran en toda la realidad [Dover en su edición trae a colación a Teilhard de Chardin y piensa que Platón está criticando a los científicos demasiado generalistas], como se puede observar por la medicina, donde se comprueba que existe lo sano (to hygiés) y lo enfermo (to nosoûn) en el cuerpo. El médico busca favorecer lo sano y dominar lo enfermo, en concreto los contrarios que persisten como tales (frío/caliente, seco/húmedo) consiguiendo que se unan: ese era un supuesto básico de la medicina de la época: los contrarios se curan con sus contrarios, para conseguir el equilibrio (también funcionaba, como ahora, la medicina homeopática que propugnaba remedios similares para los problemas, similia similibus curantur, pero ese es otro problema).
Esto la aplica a la música (a la vez que le pega un toque a Heráclito, que mantiene, en su opinión, los contrarios en tensión, sin llegar a la unidad).
Y cuando desciende a lo concreto, vuelve a lo mismo de Pausanias de valorar el amor Uranio y reconducir el Pandemo (y aquí se ve al médico práctico, no al teórico: y si no se puede, impedir ese amor vulgar se intentará recoger el placer que se consigue en él intentando evitar los daños que produce).
Para apoyar su argumento recurre a la meteorología (ideal de clima equilibrado que no dé lugar a epidemias) y también a las prácticas religiosas (los sacrificios y la adivinación buscan ese equilibrio entre hombres y dioses, pero esto no lo desarrolla: me parece que se ha metido ahí en camisa de once varas).
Así se llega a la felicidad, dice Erixímaco, porque estamos en equilibrio entre nosotros y con los dioses.
Como veis, seguimos en el tema unidad de lo semejante / unidad de los contrarios.

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En el Diálogo ya han entrado en juego muchos elementos interesantes para caracterizar el amor, pero expuestos con desorden por las víctimas propiciatorias que ha puesto Platón para que vayamos entrando en calor, porque ahora entran al ruedo los primeros espadas.
Y el resto del Banquete lo dejamos para dentro de tres semanas, cuando vuelva de Praga. Ya aviso que no voy a tocar el blog hasta entonces (en realidad es una manera de impedirme escribir, que ganas no me van a faltar), pero me he propuesto leer sólo el correo y actualizar la columna dórica de la derecha, que también podéis ver en esta dirección o suscribiros a ella en este feed (para Google Reader o similar).
Y pasadlo bien. Espero contar con detalle a la vuelta, a partir del día 26.

4 de julio de 2009

Miradas perdidas

El sábado a primera hora estuve en el Cristo de Medinaceli. Y pude hacer una foto -bien que con el móvil- de la manguera y los extintores que te encuentras nada más entrar, como en vitrinas. Ya dije (no quiero repetirme) que lo ponen en el Reina Sofía y habría gente que lo encontraría genial:

Pero yo lo que iba era a misa: y me tocó un cura podemos, que no todo va a ser pasteles en este valle de lágrimas.
Y de ahí al Prado. Íbamos a tiro fijo y dejamos de lado a Sorolla, que esta vida también es elegir. Lo primero, La Magdalena Penitente, de Georges de la Tour, del Louvre (ya ha vuelto allí, se siente):


La vela, los libros, la mirada casi perdida (no ensimismada, sino vuelta hacia dentro), la espalda preparada quizá para la penitencia, aunque no supimos explicarlo bien. No era un estudio anatómico perfecto, ni la luz era un recurso luminotécnico: todo está al servicio de la contemplación. Es un cuadro que me gustó muchísimo. Y al lado había un Caravaggio, que venía muy bien para comparar: no le llega -declaro- ni a la altura del betún. No es que Caravaggio sea malo, pero es que este cuadro es más, mucho más.
El otro cuadro que queríamos ver era La vista y plano de Toledo, del Greco, del final de su vida, donde muestra un dominio total, un estar ya por encima de la pintura: colores azules plateados en las casas, el verde irreal del campo y del muchacho que sujeta el plano de Toledo. Dejo a los teóricos que le den vueltas a todos los planos que hay en este cuadro. Yo sólo os lo pongo para que lo disfrutéis:


Arriba está la Virgen dándole la casulla a san Ildefonso (de Toledo). Abajo a la izquierda hay en amarillo una representación del río Tajo, justo delante del propio río. Lo que no conseguí comprender fue la nube sobre el hospital de Tavera, pero conseguía dar un aire todavía mayor de irrealidad a todo el cuadro, con ese cielo casi sin pintar, donde los rojos son simplemente los espacios que dejó sin cubrir de pintura.
Y ya el resto de la visita fue de propina: otra vez un poquito de Rubens (la mirada ensimismada de su mujer en El jardín del amor) y van Dyck, un poco de Murillo, El niño de Vallecas, la Trinidad de Ribera (la mirada perdida de Dios Padre), el Cristo abrazando a san Bernardo de Ribalta.
Y luego estuve con Johan. En Moyano estaba Las voces y los ecos, de García Martín: se lo regalé, que es una antología mítica y dice EGM que las respuestas de Miguel d'Ors ahí son imprescindibles. Y comimos gazpacho. Y en un café tenían puesta a la inmensa Billie Holiday.
Y me volví en el autobús espacial de Ryanair.

3 de julio de 2009

Viernes en Madrid (2/2)


Después de la reunión había quedado con unos amigos en la nueva parroquia de san Josemaría de Aravaca, que celebraban la fiesta del santo y de la parroquia (claro). Por ahora tienen una estructura provisional temporal hasta que hagan la iglesia de verdad, que la harán rápido si los feligreses, que la tienen, sueltan la pasta. Y la misa fue muy solemne, con gente por todas partes y muchos niños, que es siempre una alegría:

Y luego estuvimos un rato en casa de estos amigos. Y sus hijos se fijaron esta vez en la cicatriz de mi cuello: estuve por contar alguna película de piratas cuando me preguntaron quién me la había hecho, pero me paré a tiempo, que a los niños hay que contarles la verdad, poco a poco, pero la verdad*. Y qué chavales más majos: me acuerdo de ellos y me alegro.
Y nos fuimos a cenar por el monte del Pardo, donde habíamos quedado con otros amigos: hacía fresquito, se estaba muy bien con ellos, fue una cena para recordar. Y casi parecía que era un complot para que no rebaje la importancia del matrimonio en mi comentario -en marcha- sobre el Banquete de Platón: varios matrimonios presentes, todos con hijos y todos bien casados, en el mejor sentido de la palabra. Y en una sociedad que no tiene argumentos contra la poligamia o el incesto (como mucho, horror instintivo, pero nada más) llegamos a discutir sobre la posibilidad de que se legislara un matrimonio con efectos civiles y sin divorcio y hasta acaloradamente.
Yo les animé a leer a Bloy (es lo que hago últimamente): y yo creo que me van a hacer caso; ya veis el nivel. Y de allí salí con una edición de La ciudad de Dios y unas cartas inéditas que voy a devorar. Y con ganas de repetir la experiencia, que qué grata fue aquella noche.

*Pero esto no quiere decir que no se les pueda contar cuentos; leía ayer a Flannery que decía que en sus reseñas de libros no sabe si podría decir siempre la verdad: You can be so absolutely honest and so absolutely wrong at the same time (...) Mauriac says only fiction does not lie and I believe him. Puedes ser totalmente sincero y estar a la vez completamente equivocado (...) Dice Mauriac que sólo la ficción no miente y yo le creo (The Habit of Being 152).

2 de julio de 2009

Viernes en Madrid (1/2)

Teníamos reunión en la Complutense de un Grupo de investigación donde colaboro; si todo va bien saldrá de ahí un libro que va a tratar la historia y repercusión de la literatura grecolatina en la España del primer tercio del siglo XX; yo intentaré (de)mostrar la influencia del género bucólico en la visión de España de Galdós y Valle/Machado/Unamuno: a ver si cuaja lo que he ido haciendo y queda una cosa chula. El proyecto lo dirige Paco, que tiene un blog en torno al proyecto, que os recomiendo.
Y luego tuvimos una comida (muy buena) en la Facultad de Filología, eso que antes -en épocas más inocentes- se llamaba comida de confraternización. Y rajamos de Moratín y alabamos a Eça de Queiroz, que por ahí nos llevó la conversación.
Y por la tarde Paco nos puso las pilas y al acabar estuvimos viendo la nueva vidriera que reproduce la que estuvo en la Facultad cuando se construyó en los años 30.

1 de julio de 2009

El Reina Sofía

El jueves llegué por la tarde a Madrid, con tiempo justo para quedar con Carlos, que me iba a enseñar la nueva ordenación de la colección del Reina Sofía.
Fue un recorrido muy instructivo; en realidad hicimos una clase práctica de museología: el nuevo director (que viene del Macba) le ha dado su tono 'paredes blancas + hermetismo + sólo para muy iniciados' a la parte más contemporánea de la colección; a mí casi no me sonaba ninguno y gustarme no me gustaba ninguno tampoco.
Luego, en otras salas, había cosas interesantes: en torno al Guernica tenían carteles de la guerra, fotos, una maqueta del Pabellón de España en el 37, cosas buenas de tipografía: estaba interesante.
Por quedarme con algo del Museo, con la sala de fotógrafos españoles del medio siglo: Catalá Roca, Cualladó y algunos otros.
Y volvió a conmoverme la foto del niño miliciano de Capa:



Puestos a ponernos positivos, también estaba bien el afán por situar la colección española en un contexto más internacional. Menos bueno es ese criterio (ya lo tenían los antiguos griegos) de 'este fue el primero que', como si eso en arte fuera un plus.
Y salí un poco avergonzado de todas mis críticas al CGAC, viendo que no sé casi nada de arte contemporáneo, aunque no sé si con mucho propósito de enmendarme: no quiero leer a Deleuze/Derrida, lo que quiero es leer a Leon Bloy y con eso no voy a ninguna parte.
Carlos cuenta algo de esto en su blog (lo comenzamos a la vez).

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