miércoles, 2 de septiembre de 2026

La Biblioteca de Asplund en obras

Casi lo primero que hice en Estocolmo fue ir a volver a ver la biblioteca que hizo Gunnar Asplund en 1928: ahora está en obras y la reabrirán en su centenario: coincide con otros centenarios que yo me sé.

La recordaba, pero en mi recuerdo era más pequeña, más de juguete. Ahora me pareció más rotunda, más imposante, si me permitís que lo diga en francés. Es un cuadrado y un cilindro, aquí vistos por un lado:

Entre medias del cuadrado corría un friso que yo creí la primera vez que era jeroglíficos egipcios y no, que eran imágenes modernas con aspecto de egipcias, pero de todo tipo:



La pena era no poder entrar y meterse hasta el centro del círculo cubierto de libros, subiendo por la rampa, como si fuera una mastaba. Estaba todo tapado. De malísimo gusto eran las citas literarias que habían puesto, de Han Kang, Paulo Coelho, motivos vivientes para que dudes de la necesidad de que haya bibliotecas:

martes, 1 de septiembre de 2026

Impresiones generales de Estocolmo

Había estado hacía catorce años: guardaba un gran recuerdo. Estas tres semanas que estuve ahora me supieron a poco. Yo creo que me visualizo bien pasando los veranos en Estocolmo (y quizá también en Oslo, Copenhague o Helsinki, en ciudades grandes de ritmo reposado veraniego y temperaturas suaves).

Por destacar algunos rasgos: 

Los lloros de los niños. Las risas de los niños. Familias con dos o tres o cuatro niños.

Extrema eficiencia. Gran puntualidad. Los peatones cruzaban en rojo si no había coches. La vida fluía. 

Todo lo que se puede pagar, lo pagas. Todo se puede pagar con tarjeta y todo el mundo paga todo con tarjetas o con un sistema, Swish, similar, creo, a Bizum.

Yo no vi casi librerías. Solo una, de libros extranjeros, en toda la ciudad. También varias de segunda mano.

Parece que todo el mundo sabe inglés y lo pronuncian con gran perfección.

En los contenedores de reciclar hay uno para periódicos y otro para otros tipos de papel.

A mí Estocolmo me parece una ciudad noble y solemne. Tiene edificios sólidos y respetables. En algunos casos tiran a transformarse en un estilo nacional: parten del gótico o el barroco para terminar en unas formas primitivistas, pero sin frivolidades ni barbarismos.

Las iglesias son casi todas del XVIII. En las de la Iglesia de Suecia tienen cafés. También hacen yoga y organizan paseos. Había algunos conciertos de música. Me dio la impresión de que estaban bastante perdidos. Muy buena gente. Todo políticamente correcto, con las banderas que toquen en cada momento. Parece que hay mayoría de pastoras, cosa que no me extraña en absoluto. 

Este es el café de una iglesia:

lunes, 31 de agosto de 2026

Dias de la vuelta en agosto

Me pasé los primeros días leyendo despacio una tesis. Luego, seguí revisando un artículo para adaptarlo a las normas de publicación de una revista, que mira que eran especialmente molestas: detallaban hasta qué tipo de comillas había que usar; ha sido la primera vez en que hasta limitaban el número de caracteres del título. Luego, en estos días de agosto, que por suerte no han sido especialmente calurosos, me tocó revisar otro artículo que está a punto de publicarse. A principios de agosto, en Estocolmo, había tenido que mirar las pruebas de un libro: claramente lo de la inviolabilidad de agosto a efectos académicos no se extiende a los perendengues de la edición.

Santiago estaba como muerto, aunque lleno de peregrinos y turistas en el centro y de turistófobos consumiéndose en los alrededores, por la rúa de san Pedro por ejemplo. Hubo un artículo particularmente estúpido de Sergio del Molino, doblando las fobias del conocido como Barroquista.

Pude ver algo nuevo de Santiago, porque nunca había estado en la fiesta de san Roque, patrono o protector o lo que sea de la ciudad desde 1517, al que se hace un voto en su fiesta (el alcalde de las Mareas y ahora la del Bloque se negaron, así que han puesto a alguien de la "sociedad civil"). Salían justo de la iglesia cuando los vi, no mucha gente, pero allí estaba el Arzobispo y representantes del Ayuntamiento:

Era todo tan pueblerino como parece. Así es Santiago, por muchas ínfulas de capitalidad que tenga

Fui también un día a la Ciudad de la Cultura. Había una exposición sobre el Pacífico que no me dijo nada y que pasé a la carrera. Antes había visto la enésima exposición de arte gallego, esta vez "sobre las cuatro estaciones": whatever. Le hice una foto precisa a una foto difusa de unas frutas de Vari Caramés y a dos cuadros de Francisco Llorens:


Esto es Carretera de Fontán, de Francisco Llorens, que podéis ver mejor en la web del dueño, Abanca:

Y esto es Carretera de La Coruña del mismo Francisco Llorens. En esta web tenéis una imagen mejor:

jueves, 13 de agosto de 2026

A la altura del eclipse

Yo estaba más bien con los qué importa y para qué tanto. Volvía justo ayer de Estocolmo y caí en la cuenta de que me iba a pillar en el avión de Madrid a Santiago: bueno, no lo veré o no sé qué veré, pero mejor no mirar, no me vaya a quedar ciego.

El avión a Santiago es ahora un avioncito de Air Nostrum. No esperaba nada, salvo llegar con bien, pero resultó que nos regalaron unas gafas para mirar el eclipse, a diferencia del vuelo de Iberia de cuatro horas de Estocolmo a Madrid, donde no nos dieron ni agua. 

Lo del eclipse lo comenté con la señora sentada al lado, que resultó ser una argentina encantadora que se acababa de quitar el abrigo al sentarse, porque había pasado en cinco minutos, los que recorrió fuera del aire acondicionado del aeropuerto, del invierno bonaerense a un verano sahariano. Los dos no nos atrevíamos a mirar, pero por la ventanilla yo acabé echando una mirada y se veía el sol con un trozo menos; seguí y así continuaba. Nos lo fuimos contando, lo que íbamos viendo. Yo miré por la ventanilla de delante y era el círculo completo: me dio mucha alegría verlo. Caí en la cuenta de que doy por supuestos el sol, al que llevo desde junio acusando de caluroso, y la luna, a la que ni me digno mirar. Me dio mucha alegría estar en el mundo, entre la creación. Luego me acordé del God's World, de Edna St. Vincent Millay, que nunca viene mal citar.

Al llegar a ese momento del eclipse total, como que el mundo se cubrió de oscuridad durante un minuto: luego volvimos a la luz de un día cálido de verano en que anochece tardísimo todavía en Santiago. Pregunté al llegar y habían visto el eclipse, pero no eran muy conscientes de esa noche repentina: quizá era desde arriba desde donde se notaba más. La luna debió taparnos toda la luz a esas alturas del vuelo aéreo.

Luego se acercó un señor que había llevado una cámara con un objetivo de un metro por lo menos y resultó que le habían dado permiso y había documentado todo desde el avión. Me preguntó que si quería contestar a unas preguntas y me grabó contando mis sorprendidas reacciones de entusiasmo sobrevenido. En alguna de las redes sociales apareceré, balbuceando en inglés. Casi mejor no verme.

Los días en Estocolmo han sido estupendos. Tengo mucho que contar: lo haré en septiembre. Me asomaba aquí solamente a saludar.

Hice fotos a ver qué salía y me salió esto, que no es lo que esperaba:


martes, 21 de julio de 2026

Me voy a la Ultima Thule

Me voy tres semanas a la Ultima Thule. Os dejo esta impresionante canción de Joselito:  
 Aquí en la película El pequeño ruiseñor:

lunes, 20 de julio de 2026

Vendavales de emociones

Ganamos 4-2 al parchís, pero podríamos haber ganado 6-0 o perdido 6-0, así de ajustadas fueron todas las partidas.

Del viaje a Burgos me quedo con los campos segados, mientras oía Vistas al mar, ese programa no-programa que está tan bien en la programación de verano de Radio Clásica.

No fuimos a ver nada: nos quedamos limpiando el trastero y recuperando recuerdos familiares, sobre todo de mi padre, que ahí tenía un pequeño reino de objetos: cerámicas, libros, utensilios antiguos. Vimos muchas fotos que teníamos en la memoria solo, cuadernos míos de la escuela, papeles de mi padre.

Llegué de vuelta para la final. Me alegré de la victoria, tan difícil ante esa Argentina indignante: ¿de verdad así quieren que les recordemos, como una banda de macarras, marrulleros? Nada de señorío, nada de lo mejor que atesoro yo de ellos, Baldomero Fernández Moreno, el Adán Buenosayres de Leopoldo Marechal, Les Luthiers

A la izquierda, al lado de mi padre, hace 50 años, lo menos.

viernes, 17 de julio de 2026

El licenciado Vidriera visto por Azorín

He retomado la lectura del volumen I de Novelas de Azorín de la Biblioteca Castro con El licenciado vidriera visto por Azorín, no más de 40 páginas de una especie de ensayo sobre la vida del personaje de la novela ejemplar de Cervantes, que en el postfacio se descubre que pretende ser un acercamiento a un texto clásico, quizá una obra didáctica para jóvenes, en una línea regeneracionista: invoca varias veces a Francisco Giner de los Ríos como referente y es a quien dedica el texto.

A mí me ha parecido un texto bonito, un prodigio de escritura clara. Podría ser una buena idea leer primero la novela ejemplar de Cervantes y luego este acercamiento de Azorín, sensible, muy bien escrito, con una gran elegancia, aunque otra vez con una visión de España curiosa (insiste en lo de "varias naciones"). Hay varias menciones a la tradición clásica, especialmente de Virgilio, que merecería la pena estudiar más en detalle.

No he querido mirar al escribir lo anterior ninguna referencia que me pudiese dar otra luz. Miro ahora y resulta que es un libro publicado por la Residencia de Estudiantes en 1915. En la editorial del BOE han hecho una edición facsímil que se puede bajar también en pdf. Hay un comentario muy preciso de Miguel Ángel Lozano Marco, que cuenta que Azorín hizo una revisión en 1941 titulándola Tomás Rueda y que hay mucha tela que cortar por el medio.