lunes, 29 de junio de 2026

El llanto y la polis de Aida Míguez Barciela

Este libro de Aida Míguez, El llanto y la polis, me ha confirmado lo que noté en los otros libros suyos que he leído: lo que mejor hace es comentar a Homero. También al estudiar a otros autores y realidades todo gira en torno a él: no usa a Homero de excusa o de pretexto, lo que quiere es leerlo y entenderlo en sus propios términos.

En este libro suyo, como los demás, de pocas páginas (en este caso 118), hay lecturas sobre todo de Homero, pero también de otros textos clásicos, sobre todo de tragedia (en este caso Antígona de Sófocles y Alcestis y Medea de Eurípides) y en este libro, que tiene un capítulo final sobre la "economía de prestigio" del mundo homérico, una comparación luminosa con la Comedia Humana de Balzac, que retrata otro mundo, regido por el dinero y el egoísmo, frente a la visión de comunidad que se trasluce en Homero.

Los primeros capítulos me gustaron especialmente: el llanto en la Ilíada, las mujeres y los hombres en relación con el llanto, la escena de Príamo y Hécuba pidiéndole a Héctor que se meta en los muros de Troya y los homenajes en sus lamentos posteriores a la nobleza del hijo que no les hizo caso. El capítulo sobre Antígona de Sófocles rompe dualidades instaladas, esos tópicos sobre oposiciones entre leyes escritas y no escritas, y pone otro marco, aunque me quedo con las ganas de preguntarle a la autora hasta qué punto lo que plantea responde a la problemática de la obra. Me tendría que releer Alcestis y Medea, pero me han gustado los comentarios que hace a esas dos tragedias de Eurípides.

viernes, 26 de junio de 2026

El príncipe de este siglo. La literatura moderna y el demonio

A cuenta de su Diario, que tanto me gustó, alguien me habló elogiosamente de un ensayo de José María Souvirón, El príncipe de este siglo. La literatura moderna y el demonio (Madrid, Ediciones Cultura Hispánica, 1967), que fue Premio Nacional de Literatura.
Es un temón, el del demonio en la literatura. Va tratando autores que en buena parte no he leído: Víctor Hugo, Baudelaire, Rimbaud. Beckett, Valery, Huysmans, Yeats, Camus, Bernanos, Gide, Klossowsky, Genet, Jouhandeau, Sartre, Julien Green. Algunos sí que los conozco más: Dostoievsky, Poe, Kafka, Borges, Hawthorne, Henry James, Proust, Mauriac, Greene. En cualquier caso, no son el canon literario que yo suelo frecuentar.
El libro es interesante, siendo difícil para mí calibrar las lecturas que hace, pero el tema es atractivo, al final la representación o la presencia del mal, o más en concreto del demonio, en la literatura. En buena medida es una especie de guía del malditismo o de la soberbia antidivina, aunque otras veces lo que se cuestiona es la realidad del mal, algo que sí que me parece más central de la literatura.
Me hubiera gustado saber cómo hubiera reaccionado a la obra de Flannery O'Connor, donde está claramente el mal y en algunos casos la presencia del demonio es palpable, como por ejemplo al final de Los violentos lo arrebatan. Se me ocurre también que un personaje como Anthony Blanche, en Retorno a Brideshead de Evelyn Waugh podría en cierto modo y con muchas matizaciones representar lo demoniaco. 
No sé, se me ha abierto una vía de análisis. Quiero leer ahora a Bernanos. A ver, ya iré contando.

jueves, 25 de junio de 2026

Y sigo con And the swallow

Sigo con And the swallow. He encontrado una versión muy buena y con partitura:  
Me ha gustado esta versión de Tenebrae, más rápida:

Y luego he visto que hay una versión con arreglos de Kennedy, con instrumentos de cuerda:  
Para redondear, una versión instrumental, para poder cantar yo "and the sparrow her nest":

miércoles, 24 de junio de 2026

And the swallow

Lo oí en la BBC. Me gusta muchísimo. La música es de Caroline Shaw y el texto del salmo 84, que pongo a continuación con mi traducción literal de la versión inglesa y con una traducción española:
 
How beloved is your dwelling place, Qué hermosa es tu morada
o lord of hosts, Señor de los ejércitos
my soul yearns, faints, mi alma suspira, se desmaya
my heart and my flesh cry out. mi corazón y mui carne gritan

The sparrow found a house, El gorrión encontró una cada
and the swallow her nest, y la golondrina su nido
where she may raise her young. donde puede criar a sus hijos.

They pass through the Valley of Bakka, Cruza el valle de Baca
they make it a place of springs; lo hacen un lugar de fuentes
the autumn also covers it with pools. el otoño lo cubre también de charcos.

En la versión de la Conferencia Episcopal española es así:

martes, 23 de junio de 2026

Jesús hortelano

De la Vida de Cristo de fray Justo Pérez de Urbel también copié este retrato de de Jesús carpintero y a la vez hortelano:

Jesús había heredado el oficio de José, como sucedía entonces con frecuencia y sucede hoy todavía. Tenía su taller, hacía yugos, arados, ventanas, y era llamado «el hijo del carpintero», o el carpintero a secas; pero no le faltarían tampoco algunas parcelas de tierra en los alrededores del pueblo, un huerto o una viña o unos olivos, y seguramente plantaría las coles, sembraría, regaría y hasta cuidaría un rosal (78).

María Magdalena lo confundió, de hecho, con un hortelano, cuando lo vio recién resucitado:

lunes, 22 de junio de 2026

Matar a Sócrates de Gregorio Luri

Matar a Sócrates. El hombre que desafía la ciudad lo leí en su primera versión en 2015. Ahora que ha salido en una edición revisada he vuelto a él y creo que he podido disfrutarlo incluso más.

El libro se centra en los momentos fundamentales en torno a la acusación, proceso, condena y muerte de Sócrates, con una lectura pausada (cito de la p. 36: "La lectura lenta se interesa sinceramente por la verdad del texto"), sobre todo de algunos Diálogos decisivos de Platón, EutifrónApología, CritónFedón, situados dramáticamente en sus últimos días. Todo culmina cuando leemos otra vez en el Fedón su muerte y yo me vuelvo a emocionar, con lo que sigo sin estar a la altura de la contención que esperaba Sócrates de sus discípulos en aquel momento: me declaro vencido, eso sí, por el grandísimo genio dramático de Platón en ese pasaje. 

Todo gira en torno a la pregunta sobre la muerte de Sócrates, sobre cómo pudo suceder algo así. La situación política, social de Atenas en aquel momento era muy compleja y hay que explicarla, pero no es todo. Tampoco basta con domesticar a Sócrates y hacerse cruces sobre su condena, es todo más complicado. Sócrates no es tan fácilmente encuadrable en esquemas fáciles: en él estallan las costuras entre la filosofía y la política; en cierto modo sí que es un peligro para la ciudad, al menos entendida de un modo concreto, para los jóvenes, para las tradiciones. Yo, llegados a cierto punto, ya no sé cómo salvarlo y salvarme a mí mismo en ese contexto. 

Hay un párrafo del libro que sirve como frase lapidaria en torno a la que giran muchas cuestiones aquí tratadas:

En el origen está el tabú. En la crítica del tabú está la filosofía. En la piedad hacia el tabú, la filosofía política (31).

Qué es el tabú, habría que discutirlo. Lo que está más claro, leyendo este libro, es que entre la filosofía y la política no hay relaciones fáciles: saber eso no es poca ciencia. Apunté esto: "La filosofía se empeña en evaluar la consistencia de lo nuestro a la luz de lo bueno, sin ser siempre consciente de que lo bueno para la ciudad quizá no es siempre lo verdadero, sino lo que está políticamente inmediatamente por debajo de la verdad: el consenso" (32-33). A continuación añade que "el diálogo no conduce fatalmente ni a la verdad ni al acuerdo" (...) "Si para algo sirve el diálogo, es para clarificar diferencias" (34).

Aquí dejé de tomar notas y lo que quería era ya leer el libro a mi placer, confrontándome con lo que ahí me iba enseñando. Os lo recomiendo vivamente.

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Escrito lo cual, he mirado a ver qué anoté en mi primera lectura hace más de diez años y he visto que me quedaba muy en la superficie. Más piedad sí creo que tengo, más paciencia y hondura espero que también.

viernes, 19 de junio de 2026

El círculo de plátanos en la plaza dura

En mi camino de siempre a la Facultad, casi al llegar cruzo la plaza de la residencia del Burgo de las Naciones. Hay un círculo de plátanos, que sistemáticamente podaban los últimos veinte años. Este año no. Los troncos, que ahora son como de dos metros, están sosteniendo ramas de tres, haciendo un espacio denso de hojas.


He empezado a leer Radiaciones, los diarios de la Segunda Guerra Mundial de Ernst Jünger, que me están gustando mucho. Ahí me encuentro esto sobre unos árboles de la misma especie, aunque mucho más grandes:

Esta sombreada soledad, en la que Naturaleza y arte de vivir se equilibran de un modo tan bello, se extiende al borde de la Avenue Jaurès, que recorro a menudo en mi camino hacia el servicio, pero nunca sin dejar de recrear mis ojos en dos hermosos plátanos inusitadamente recios; plátanos de tales dimensiones no los he visto más que en la isla de Cos, en la de Rodas y en Esmirna. Un árbol como ése es el más bello símbolo de la actitud que por su puro existir hace presentes el poder y la dignidad; no cabe duda de que el plátano es un árbol que merece ser engalanado con cadenas de oro y que su cuidado se encomiende a guardianes especiales, como puede leerse en Heródoto.