jueves, 23 de marzo de 2017

Vamos a contar mentiras

Cuando escribí sobre Sólo hechos, el último volumen de los Diarios de Andrés Trapiello, no quise entrar a algo que cuenta de una cena en Valladolid («la ciudad de la simpatía») en la que un tal JC habla por los codos de todo tipo de historias personales, y parece que con gran facundia. Es comparado allí con Heródoto y a fe que así es: Plutarco escribió un tratadito titulado «Sobre la malignidad de Heródoto» y ya antes Aristóteles lo metía en el saco de los de no muy de fiar como historiadores. Pero Heródoto es muy entretenido.

Pues en esa cena JC contó que había descubierto, navegando en los primeros tiempos de internet («que entonces. recordó, se llamaba eternet»), una web ultrasecreta de la Obra, en la que estaban, negro sobre blanco, un montón de conspiraciones. Lo mejor de todo es cómo descubrió la contraseña: puso «escrivadebalaguer» y ¡bingo! Descubrió ahí por ejemplo que uno de los jefazos de Los 40 principales era de la Obra y la financiaba por esa vía (yo no habría podido pensar nada peor de que acusar a la Obra, pero ya se ve que JC sí). Bueno, pues siguió indagando y justo entonces a su padre, en tratamiento de cáncer, le trasladaron a una clínica de la Obra (me imagino que sería una clínica que montaron en Oviedo gente del Opus Dei) y aquí viene la super ida de olla de JC: le ofrecieron llevar a a USA a su padre, si hacía falta, pero en realidad era un chantaje para que él dejara de investigar tan peligrosos temas.

Qué, cómo os quedáis.

Yo me preguntaba quién sería ese mendaz JC, así que me metí (no os diré cómo, que es muy peligroso) «en el eternet», puse la contraseña -que ahora es dificilísima- y juntando el nombre de la catedrática de Literatura española de mal humor (y cuyo marido fumaba y comía a la vez) a "mesa redonda" y a "2006", bingo, salió esto (no lo probéis si no tenéis una conexión ultrasecreta: os puede matar un asesino albino).

Ah, ¿así que era Juan Cueto? Yo lo recordaba de columnista de El País. Volví a buscar en el archivo supersecreto y mira: aquí dice que «llegó a sospechar que su madre estaba en las garras del Opus Dei» (altamente improbable en los años 40 y además en Oviedo, pero bueno) y que más adelante descubrió que en España todo era una red secreta de quien os imagináis, el Opus Dei. En esta otra entrevista afirma que los Padres de la Constitución del 78 estaban manipulados por el Opus Dei. Y repite: «la transición no se desvió un milímetro de las palabras de monseñor Escrivá de Balaguer. Todas aquellas personas que formaban parte entonces de la España que decidía, pertenecieran o no al Opus, estaban manipulados por La Obra». Oh.

Juan Cueto fue un «creador de opinión» durante años y dirigió Canal Plus, Así es España, señores, dirigida por gente que se cree cosas así.

miércoles, 22 de marzo de 2017

El sauce llorón amputado

Ahora que vuelvo a ser pobre, sin imágenes de Viena de las que tirar, me tengo que agarrar a lo que tengo, por ejemplo a la podadura expresionista del sauce llorón de camino al Auditorio. Antes, remojaba sus lánguidas ramas en el agua, ahora debe de llorar de vergüenza, el pobre, todo corito, todo muñones:







Me recuerda a eso del cipres de Silos que ahora me parece tan ridículo, lo de «que acongojas el cielo con tu lanza», pero en más chusco todavía.

martes, 21 de marzo de 2017

San Juan de Ávila sobre la tempestad

Esto de un sermón (3.833.24), sobre el episodio de los discípulos en la barca con el Señor dormido, que al principio iban contentos y luego se asustaron, me recuerda a un comentario que se atribuye a santa Teresa, pero que no he encontrado:
Y lo peor es que el mismo Jesucristo, que con ellos iba, en cuya compañía les parecía que iban seguros de tempestades, les revolvió la tormenta. Él es el que mandó al mar que se alterase; él mismo es el que manda a las tribulaciones que se levanten. Y aun eso es porque hay tan pocos que os sirvan, Señor. Piensan ellos que es gran descanso entrar con esta seguridad; van muy confiados y seguros que en vuestra compañía no se levantará la tormenta. Como les sales después al revés, dejan lo comenzado. Esta es la cosa por qué tienes tan pocos amigos.
Complementario es esto de la Carta 22:
Alborotada está la mar y las olas quieren anegar la navecilla, y el Señor duerme de buen reposo, como quien tiró la piedra y escondió la mano, y picó y huyó. Él hizo levantar la tempestad, y luego se echó a dormir. 

lunes, 20 de marzo de 2017

Tu sangre en mis venas

Cada vez me tengo más inseguridad al hablar de poesía, más con esta antología de toda gama de poemas dedicados al padre.
Sí que es complicado hacer un poema al padre que no sea retórico, lacrimógeno o simplemente injusto. En esta selección hay muchos en los que brilla la virtud de la piedad, en dificilísimo equilibrio con el pudor.
Si vamos por el principio, además del gran poema de Antonio Machado, me gustó mucho el de Juan Ramón Jiménez. También el de César Vallejo, con ese verso («si hay algo en él de amargo, seré yo»).
En realidad, casi siempre fui confirmando mis prejuicios: leía poemas tapando el autor y me llevaba alegrías de reconocer, en los que me gustaban más, a mis poetas preferidos; me pasó, por ejemplo, con el poema de Luis Pimentel. Confirmé otra vez más que prefiero a Leopoldo Panero por encima de cualquiera de sus hijos (pero a Juan Luis Panero sobre el otro). Me gustaron los poemas de Sánchez Rosillo y Trapiello. Como una carta, pero más una dedicatoria, es un poema muy bueno de Juaristi.

El título de Tu sangre en mis venas, tiene la ventaja de delimitar paternidades y sobre todo la selección de poemas. No me cuadra del todo el poema de Aresti (aunque me gusta que me traiga el recuerdo de cuando lo leía en el libro de Anaya de COU).

Los dos poemas de Miguel d'Ors, que ya conocía bien, destacaban. Será que me gustó siempre su poesía, pero el hecho es que en este contexto, brillaban todavía más, por comparación.

Qué bonito el haiku de Susana Benet:
A cada vuelta
del tiovivo, mi padre
diciendo adiós
Dos grandes ideas que merecerían mejores poemas: el agradecimiento a los padres por permitir la posibilidad de estar vivo ante la realidad, de Jesús Aguado y el Esbozo de poema de Juan Bonilla.

Otra grandísima sorpresa, el poema de Ignacio Peyró (gran escritor, lástima que sea tan de centro últimamente).

Y también, leída ahí, pude admirarme de la solidez de la poesía de José Luis de la Cuesta, de gran fuerza y un monumento al «no nonsense».

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Escrito esto, oí este programa de Radio Clásica en el que leían algunos de los poemas, unos cuantos que no mencioné aquí y que me dio ganas de citar después de oídos. Pero escuchad vosotros el programa en este enlace:

sábado, 18 de marzo de 2017

Viena 70 (FINAL)



Me parece mentira acabar con esto de Viena. Me he tirado literalmente medio año repasando fotos (y aprendiendo mucho en el proceso de revisión) de esas tres semanas en Viena, Entendería que os sintieseis un poco como los Simpson con las diapositivas de los viajes de Patty y Selma.

Os pongo algunas fotos para terminar. Son del cinturón elevado («Gürtel» en alemán) que diseñó Otto Wagner. como línea férrea de la expansión de Viena:






Recojo también aquí, de la plaza de san Carlos (Karlsplatz), su famosa estación. Me alegra poder corregir una injusticia y poder ya decir que el modernismo de Gaudí y el suyo los he metido en el mismo saco. Detallitos vale, cierto empaque; pero ya:







Uno de los últimos días vi este cartel. Esta parte de lo vienés no la he explorado mucho:


Y termino con otra foto del grandioso parque donde leí a Canetti, tan ricamente:

viernes, 17 de marzo de 2017

Viena 69 (Acabo con los romanos y una miradita al Gabinete de monedas)

El KHM tiene una colección simplemente brutal de gemas romanas. Esta, la más grande (19x23cm), es la Gema augústea, una maravilla [aquí, la foto del KHM]. En las capas de la piedra fueron «excavando» hasta que les quedó esto:






En el medio está Augusto, en la cima de su poder, rodeado de alegorías. En la parte de abajo están levantando un trofeo [todos los detalles los tenéis aquí]

Mirad el vídeo, aunque no entendáis lo que digan:



Y esta es otra gema, de tantas que había, pero es que es un camafeo de los Ptolomeos (datado entre 278 y 270 a. C.), en concreto Ptolomeo II Filadelfo y detrás Arsínoe II:


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La colección de monedas me sorprendió. Era espectacular y mira que suelen ser aburridas las exposiciones de monedas. Pero tenían auténticas maravillas. Sólo pongo dos cosas, aunque podría haberme pasado varias horas allí (queda para la próxima):

De Durero, Carlos V (1521)


Monedas griegas y romanas de oro:

Primera Fila: dos de Alejandro Magno y la tercera, de Ptolomeo II. Segunda fila: Caracalla, Galieno y Claudio II. Tercera fila: Constantino / Constancio II (las otras dos)


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Del Museo de Éfeso no diré nada, porque lo vi a la carrera. Pasamos por las salas del ala más moderna del palacio imperial, que no supe si eran sólida piedra y mármol o yeso y estuco, pero daban el pego. EL Museo de Éfeso también queda para la próxima:




Aquí la Ártemis de Éfeso:

jueves, 16 de marzo de 2017

Viena 68 (Cerámica griega)

Con la cerámica griega del KHM estoy muy frustrado, porque las fotos que hice son todas malas sin excepción. Al menos os pondré este escifo (recipiente en el que cabían 12 litros, nada menos) del pintor de Brigos, con la petición de Príamo a Aquiles de que le dé el cadáver de su hijo Héctor, quizá el episodio más importante de la literatura griega (a mi parecer).

Lo mejor que podéis hacer es mirar primero la foto del Museo. Por suerte, hay también vídeo:



Y ahora, mis fotos. Príamo es el de la barba blanca. Aquiles está reclinado:




Debajo, el cadáver ensangrentado de Héctor:


Detrás, criados trayendo ofrendas (en la Ilíada, Príamo llega solo):






Aquí, el otro lado:







Vamos a contar mentiras

Cuando escribí sobre Sólo hechos , el último volumen de los Diarios de Andrés Trapiello, no quise entrar a algo que cuenta de una cena en Va...