miércoles, 25 de abril de 2018

De la Colección de las antiguas Cajas - paisajes

Hay señales de que hay más pasta, pero no en el mundo de la «Cultura» local. Antes hacían despilfarros en exposiciones no muy pertinentes, ahora en la Ciudad de la Cultura han dejado el armazón de la exposición sobre la madera y han colgado ahí algunos cuadros de las colecciones de las antiguas cajas de Galicia, que mira que no los han puesto ya veces en tropocientas exposiciones. Pero yo no me quejo, eh, que si nos lo gastamos en algo más básico, pues mejor.

Había unos cuadros grandes de Castelao que ya me sé de memoria. Había estos cuadros grandes de Urbano Lugrís, que siempre es resultón. Si yo me hiciera daltónico como mi padre, podría autoengañarme ante ellos, guiñar un poco los ojos e imaginarme que estaba ante algún fresco de algún palacio italiano, un poco infantil y un poco de cuento. Resulta que es una vista de Vigo:







Este otro era muy de arquitectura galaica:





Los pinos de la costa de Galicia:


También tenían dos paisajes bonitos de los hermanos Avendaño, Teodomiro y Serafín, para que me hiciera la ilusión de que estaba ante algo de Constable:



He encontrado una foto más definida, aunque pierde en gracia:


Este es el de Serafín, el hermano más conocido:


[En la web de la Fundación tienen una foto, pero malísima]

Luego estaba un cuadro de Ovidio Murguía de Castro, el hijo de Rosalía, que hizo paisajes muy bonitos en la estela de Carlos de Haes:



De la web de la Fundación, esta foto:

martes, 24 de abril de 2018

Del socianismo, huir

La corriente de opinión a que me estoy refiriendo, cuando asume una base doctrinal precisa, veremos que se centra en el socinianismo o el filantropismo deísta, con un nombre u otro según admita o rechace la autoridad de la Escritura. Y se descubrirá que el espíritu de este sistema ha contagiado a un número enorme de personas que no han caído en la cuenta del origen y de la tendencia de su modo de pensar. Los dogmas esenciales del socinianismo vienen a ser los siguientes: la norma de la acción divina es la benevolencia y nada más que la benevolencia; el mal es sólo terapéutico y transitorio; el pecado es de naturaleza venial; basta el arrepentimiento para repararlo; el sentido moral en su substancia no es otra cosa que un instinto de benevolencia; las posiciones doctrinales no influyen sobre nuestra orientación o nuestro carácter, ni merecen una atención seria. Sentimientos de este tipo constituyen, claro está, el principio que anima el falso optimismo, la infundada esperanza y la confusa tendencia filantrópica que ya he atribuido al hombre mundano (157-158).

lunes, 23 de abril de 2018

Imperiofobia y leyenda negra

Llego muy tarde, cuando todo el mundo ha dicho ya todo sobre este libro, pero me uno igual al coro de los elogios entusiastas: Imperiofobia y leyenda negra. Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español, de Elvira Roca Barea es un grandísimo libro.

Lo primero que quiero destacar es que me ha descubierto la noción de imperio. Es una realidad extraña, grandes conquistas en breves periodos de tiempo y un conjunto cohesionado al final. España está ahí con Roma, Rusia y los Estados Unidos, con la grandeza de lo logrado y la mala fama que comparte con todos los demás imperios.
Pero yo creo que ya era hora (y me asombra que este libro haya sido tan bien recibido, un indicio fuerte de un auténtico cambio de ambiente intelectual, junto con el de la reacción general que pudimos vivir ante el golpe de estado de los puigdemonts de hace medio año): la continua visión deformada de España por parte de sus enemigos no ha podido con ella y ya estamos hartos de tanta mentira.
A mí lo de «construir relatos» me cansa ya, porque parece como si se pudiera aplicar a todo y que todo diera igual y todo fueran «relatos» equivalentes. Pero el hecho es que con los materiales del pasado algunos «relatos» salen como un churro y otros dan el pego pero son de cartón piedra; se sostienen, pero hasta que alguien con un dedo los tira. Es tan viejo como el toser: la propaganda se entremete en la historia y hay muchas historiografías implícitas que deben ser desenmascaradas. Forman «relatos», pero falsos.

Quizá lo que más me ha sorprendido es la visión positiva de la conquista de América. En ese capítulo hay un párrafo que quiero poner aquí, de la Cofradía de la Santa Resurrección, que reunía a los españoles en Roma (es de después de 1580, con la anexión de Portugal):
Siendo esta cofradía propria de la nación española es necesario que el que hubiere de ser admitido a ella sea español y no de otra nación; la cual cualidad de ser español se entienda tener para el dicho efecto tanto el que fuere de la Corona de Castilla como de la de Aragón y del Reino de Portugal y de las islas de Mallorca, Menorca, Cerdeña e islas y tierra firme de entrambas Indias sin ninguna distinctión de edad ni de sexo ni de estado (296)
Eso fue el imperio español, una empresa colectiva, con muchos aciertos y también errores, claro, pero no sólo errores. La leyenda negra es negra porque está hecha a base de mentiras, que es bueno desenmascarar, por lo caras que nos salen.

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No creo que la autora llegue a leer esto, pero si lo hace, le recomendaría que leyese, de Pedro de Valencia (humanista en el mejor sentido de la palabra; nunca fue inquisidor) su informe sobre los sucesos de Zugarramurdi, con el que contribuyó a evitar en España las quemas de brujas que fueron tan generales por el norte de Europa, ese norte que luego viene con su repelente superioridad intelectual a pretender darnos lecciones.

viernes, 20 de abril de 2018

Una recreación de arte

Alguien puso esto hace unas semanas en twitter, de una película de Eric Rohmer, una representación de la Pasión como se podría haber hecho en una iglesia italiana del siglo XV, con colores de fresco y los gestos rígidos que vemos en el arte de la época, mientras el coro canta el texto en latín:

Una demostración de lo que lo convencional, lo preparado no tiene por qué ser malo en el arte.

jueves, 19 de abril de 2018

La investigación según Newman

Esto dice Newman en La fe y la razón:
La razón, según la idea más sencilla que podemos dar, es la facultad de obtener conocimientos sin percibirlos directamente, o de averiguar una cosa por medio de otra. De este modo, a partir de un comienzo modesto puede crear para sí misma un mundo de ideas que corresponden o no a las cosas que representan o que son verdaderas o falsas, según la razón las haya tratado correctamente o no. Un solo hecho puede bastar para toda una teoría; un solo principio puede crear y sostener un sistema; un síntoma difícil de percibir es la pista clave para un gran descubrimiento. La mente fluctúa de acá para allá, se extiende y avanza con una rapidez que es proverbial y con una sutileza y versatilidad que desconciertan a quien la investiga. Va pasando de un punto a otro y llega a cada uno de ellos mediante cierto indicio o basándose en cierta probabilidad o valiéndose de una asociación de ideas o echando mano de una ley ya conocida o aferrándose al testimonio recibido o confiándose a una impresión entonces en boga o a algún instinto recóndito o a un obscuro recuerdo. Y así va avanzando como el escalador de un precipicio muy escarpado, que asciende con rápida mirada, mano ágil y pie firme, sin que él mismo sepa cómo, más por su práctica y sus dotes personales que por ninguna norma, sin dejar huella e incapaz de explicárselo a otro. No es exagerado decir que los puntos de apoyo y el conjunto de movimientos y precauciones mediante los cuales los grandes genios escalan las montañas de la verdad son tan inseguros y precarios para el común de los hombres como la subida literal de un diestro montañero por un despeñadero. Camino que sólo ellos pueden emprender y cuya demostración radica en el éxito que consiguen. Ésta es la manera principal de razonar que tienen en común todos los seres humanos, dotados o no dotados: no lo hacen mediante una norma, sino por una facultad interna (307-308).

miércoles, 18 de abril de 2018

Un momento di contento

Ayer, de camino a La Puebla, hoy varias veces «Un momento de contento», un aria de Alcina de Haendel. El campo muy verde, el poder ver el sol después de 90 días de lluvia en 2018, lo hacían todo más bonito todavía:



Esto es una versión al clave:


El texto, de aquí:
Un momento di contento dolce rende [Un solo momento de felicidad devuelve]
a un fido amante tutto pianto che versò. [a un amante fiel todo el llanto que vertió.]
Suol' amore, dal dolore tirar balsamo alle pene, [Sólo el amor saca del dolor un bálsamo de sus penas]
e sanar, chi pria piagò. [y cicatriza así las heridas que causó]





martes, 17 de abril de 2018

Por Santiago

Hace ocho días nos fuimos a dar un paseo por el circuito urbano tradicional: calles de la zona vieja, porta Faxeira y a la Alameda, a recorrer la Herradura. Llovía, pero poco. Era como se debe sentir el osos tras salir de la hibernación: todo llamaba la atención, los magnolios de flor a reventar, un cedro enorme en el que nos fijamos, los pasmosos helechos arborescentes, con sus ramas que se desenrollan a lo fractal. Y para terminar, una sequoya roja que tenemos ahí (y yo ni me había enterado).

Metiéndonos en la Rúa do Franco esta casa parecía de expresionismo alemán de entreguerras:


Nos metimos a la rúa de Rodrigo de Padrón a ver el gigantesco magnolio que tienen en una casa al lado y luego paramos ante el gingko biloba de Fonseca, ahora viudo del otro que se murió y cortaron hace poco. Allí, en el suelo, estaba este escudo de los Fonseca cubierto de musgo:


Justo después vimos otro encima de la puerta que da a Correos. Cinco estrellas como cinco soles: