viernes, 29 de mayo de 2015

Cosas que enloquecerían a un catedrático de Historia de las Religiones

Cerca de Santiago, en dirección a Santa Comba, está el santuario de la Peregrina, es decir, de la Virgen con el Niño que van como peregrinos a donde está enterrado Santiago (un poco incoherente todo desde el punto de vista histórico y teológico, pero no vamos a ponernos exquisitos):

Miradlos, vestidos de peregrinos (en Pontevedra es la patrona, también):


Yo pensaba que el barroquismo retórico decimonónico religioso era patrimonio de Andalucía, pero aquí también hay:

jueves, 28 de mayo de 2015

Y más todavía de arte contemporáneo en el mismo sitio de ayer

De Iago Eireos, un móvil industrial. Aquí, ya en contexto (esquinado, merecía un sitio mejor). Fotos a trozos, no pude hacer nada mejor:








Muy fuerte: los santos jesuitas contemplando el móvil que va girando y hace que la pieza metálica golpee las planchas con ruido metálico y pesado.

De Jorge Perianes, una casa puesta de lado y una amenazadora piedra encima (la sombra del foco en diagonal). Es el rollo «grande/pequeño» y el cambiar las cosas de sitio, a ver si consigues verlas de otra manera. 

Y había más cosas que me interesaron. Ya digo: estaba de muy buen rollo aquel día.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Veo arte contemporáneo y me gusta (eran fotos)

Pasé por la Iglesia de la Compañía (desde la expulsión en 1769 la llaman "de la Universidad"), que en sí misma es toda ella un performance, en su desacralización de hecho, a la muerte de la religión. Quizá haya otras así, pero esta más todavía, con ese barroco de Simón Rodríguez que a mí me gusta tanto, para realzar la superabundancia ahora desacralizada de hecho.

Había una exposición sobre el paisaje (bueno, en realidad le habían puesto uno de esos títulos con paréntesis de moda en los postmodernos franceses de los setenta que tanto me fastidian: «En (re)torno á paisaxe»). Lo primero era una foto de Vari Caramés. Me gustan mucho sus fotos, un montón. Y esta qué buena era: todo borroso (pero a propósito, eh). Me pareció que hasta reconocía el sitio, pasado Becerreá, volviendo para Lugo:




También había fotos de Manuel Sendón que me hubiera gustado hacer a mí. Eran estas:



Son edificios a medio hacer de Galicia; los hay como setas: el individualismo y la falta de previsión en el presupuesto dan esos resultados (lo ya conocido desde Lc. 14.30).
Pero las fotos no eran para «denunciar» (eso tan de superioridad moral que suele hacer La voz de Galicia), eran para que los veamos en sí mismas.

martes, 26 de mayo de 2015

Quemar a Safo

En un programa reciente de la BBC, Edith Hall (es una conocida investigadora en literatura griega, sobre todo por su libro Inventing the Barbarian) dijo que el papa Gregorio VII mandó quemar los poemas de Safo (aquí lo repite).
Me extrañó mucho; miré en Google: todos dicen (p. ej este, este, este) que san Gregorio Nacianceno y el papa Gregorio VII mandaron quemar sus obras.

Qué raro, pensé.

Sin mucho buscar, encontré informaciones interesantes: las fuentes de esas quemas supuestas de sus obras son tres humanistas: Julio César Escalígero, Jerónimo Cardano  y Pedro Alcionio, pero que no dan sus (supuestas) fuentes. El último dice que se lo oyó decir a un sabio bizantino.

Y así, amigos, se hace la "historia".

Es un poco deprimente desmontar mitos, por ejemplo el de que los «humanistas» son una especie de superhéroes de la ilustración humana, regidos exclusivamente por el amor al bien. El hecho es que también se inventaban cosas y citaban de oídas y se copiaban unos a otros; creedme, que lo he comprobado amargamente en unos cuantos casos.

No es para quejarse: también nosotros hacemos lo mismo.

lunes, 25 de mayo de 2015

Otro domingo por la mañana

Al final acabé yendo a votar. Sigue siendo una tortura el decidirme a no «no-votar», porque me agoto en disquisiciones sobre malminorismos entre partidos con variaciones socialdemócratas más o menos acusadas (y no hablemos de las variaciones menores en la casi general defensa de la aldea primigenia ludita, regida por intercambios de "dones no monetarios") o en quedarme en una situación a-política, cuando me paso el día leyendo cosas sobre Platón y la ciudad.



Al menos era un día de los bonitos de Santiago: sol pero sin calor y con nubes pasando, aire (pero no viento), gente por las calles, pero no tanta.


[vi esta ventana de la iglesia de san Francisco y le hice una foto]

En la plaza de la Inmaculada, la banda de música de Rianxo tocaba canciones de repertorios decimonónicos más o menos pasodoblísticos, zarzueleros o regionalistas.
Me senté: era muy bonito ver a los músicos, unas chicas bien jóvenes y serias, unos chicos con gafas de sol de macarra pero atentos a sus instrumentos, algunos músicos mayores por el medio.

viernes, 22 de mayo de 2015

Y más regalos

El día de ayer fue abrumador en felicitaciones; celebrémoslo con lo que estoy oyendo ahora.

Ride - Leave it all behind (no sabía quiénes eran, pero oí esto y me encantó; resulta que son de los 90 y eran míticos de la corriente shoegazing -"mirarse el zapato"):



Ibeyi - Ghosts



Kendrick Lamar, The Blacker the Berry

Aurora - Arena en los ojos (para que no os quejéis de que pongo solo guiris)



Tame Impala - 'Cause I'm a man

jueves, 21 de mayo de 2015

Me regalo en mi cumpleaños

He estado por poner música electrónica: la dejo para mañana. Hoy, el mejor barroco y el mejor renacimiento, que vamos provectos.

Christian Ludwig Boxberg - Bestelle Dein Haus (Ricercar Consort)




Haendel, The choice of Hercules - Yet, can I hear that dulcet lay (David Hansen)



Tradicional sefardí - Cuando el Rey Nimrod (Musica Ficta - Ensemble Fontegara)




Juan del Encina, Pues que Tú, Reina del Cielo (La Colombina)



Y muchas gracias a los amigos que han ido recomendando estas cosas.

miércoles, 20 de mayo de 2015

¿Resurgimiento católico?

Vi el título, El resurgimiento católico en la literatura europea moderna (1890-1945), y además en Encuentro y me preparé para una fiesta. Pero tras leerlo, entre fogonazos de reconocimiento (pocos) lo que me quedó fue una sensación de frustración grande.
He pasado varios meses pensando si escribir sobre el libro aquí o no. Es ambicioso (pero al final se la pega), bien escrito (pero ese oficio de buen escritor acaba siendo peor, porque esconde la falta de profundidad de algunas partes), ordenado (pero con un orden demasiado artificial, que intenta, a partir de analogías y polaridades, crear un castillo que acaba siendo de palillos o naipes: opone figuras polarmente -p. ej. "Claudel malo / Gide bueno", acude a atajos, despachando por ejemplo a Waugh o Hopkins con la etiqueta 'homosexualidad'. Y lo escribe alguien, Enrique Sánchez Costa, muy joven (no llega a 30 años), con conocimientos generales, pero falta de lecturas, de serenidad, de ponderación y de profundidad: sus estudios de Humanidades quedan aquí -y estoy seguro que es uno de sus mejores alumnos, seguro- queda aquí, digo, en entredicho: el acercamiento es demasiado generalista.
Quizá todo se deba a que esto procede de una tesis doctoral (pero no se puede consultar el original, especialmente los capítulos iniciales, que no están en el libro) bajo la dirección de un profesor con prestigio pero unos prejuicios respecto a lo religioso de la altura del Tibidado: no se me ocurre nadie peor para dirigir una tesis así. Para hacer una con ese tema y con competencia, habría que ser un Carlos Pujol en su madurez para que tuviese visos de llegar a algo verdaderamente valioso.
Esto es lo que me ha tenido dudoso: Sánchez Costa es un joven escritor con buena pluma, aptitudes para la investigación y quizá con el tiempo madure en otro Carlos Pujol. Espero que así sea. Pero no me hace gracia machacar su libro aquí. Yo lo que le recomendaría es que leyera a Flannery O'Connor, eso es lo que puedo aconsejarle.

Creo que es el libro que más me ha frustrado en mucho tiempo. Pensaba en dejar de leerlo pero seguía, me cabreaba cada dos páginas y a punto de tirar el libro por la ventana, encontraba algo que salvar tres páginas después.
Por ejemplo, de la recepción de Newman en España (178-9) dice que no existió contemporáneamente porque los españoles del XIX o eran cerriles católicos o paganazos anticatólicos, pero a continuación deja caer que Balmes predijo su conversión en un artículo dos años antes (pero es que Balmes "es mal"). Luego explica que Asín Palacios lo leía con asiduidad y se centra en Antonio Marichalar (estudiado por el director de la tesis, ah), que lo comenta en 1933 y cumple los requisitos del resurgimiento católico en España que está buscando. Y entonces te preguntas si está buscando una realidad o el "criterio historiográfico" prima sobre la investigación.

Hay un problema de base: hablar de Resurgimiento católico vale para Inglaterra, donde el catolicismo había sido masacrado durante siglos. En Francia se puede plantear legítimamente la cuestión. Pero en España entre 1890 y 1945 es una temeridad. El hecho es que acaba citando a gente de lo más curioso: el propio Marichalar, el extrañísimo Bergamín y dos más. Antes, se centra en Unamuno («el principal vocero de la fe cristiana en la Edad de Plata de la cultura española» 258 -me preguntó qué diría Unamuno de esta frase) y Joan Maragall. Y acaba con Maeztu y lo que llama la tentación fascista en Giménez Caballero. Eso es el resultado, la "tesis" del libro, esos nombres que no sirven para montar todo ese tenderete. Si eso es el resurgimiento católico en España, que me borren de él. Pero claro, yo soy un cerril y no he descubierto la nueva religiosidad que gustaría a Ródenas.

Otro ejemplo: empieza a estudiar la recepción de Chesterton en España (muy bien), en Maeztu y Unamuno, Alfonso Reyes, Azaña, en la revista Cruz y Raya. Pero acaba en Borges y en sus tontadas, que cita con aprobación.

El propio Sánchez Costa ha creado una web en la que cuelga 50 textos pertinentes. Es excelente por ejemplo uno en el que Evelyn Waugh defiende su conversión.

martes, 19 de mayo de 2015

Arquitectura contemporánea de Galicia 7

Le tenía echado el ojo a este edificio (no hace falta que diga que es público: el Instituto Social de la Marina), que destaca (utilicemos la palabra en el sentido más neutro posible: en esta sección del blog pongo edificios que me llaman la atención, me gusten o me parezcan una basura) en el skykine del Caramiñal.







Esa especie de cabeza que le sale por un lado es en realidad el hueco de la escalera:




La parte de la entrada no puede ser más anodina (pero a mí lo que me interesa es la escalera):



lunes, 18 de mayo de 2015

Pompa y circunstancia de la aldea santiaguesa

Vivir en una esquina de un continente en decadencia no es fácil de gestionar (si tienes pujos de grandeza, claro).
El otro día estábamos para misa en la capilla de la Comunión de la Catedral los beatos habituales (no el electricista; desde aquel suceso infausto, judicialmente le prohibieron acercarse por allí) y a poco de empezar aquello se fue llenando de unos personajes vestidos con libreas muy chulas. El santiagués medio lo ha visto ya todo en rarezas peregriniles, desde las versiones puristas a las perrofláuticas, desde el uniformado con The North Face (la élite) al que compra en Decathlon, así que no movimos un músculo.

Pero esas libreas eran impresionantes. Resultó ser -agarraos- la Pontificial Equestrial Order of Saint Gregory the Great.



Busqué luego en el internet a ver y me alegró que entre sus caballeros estuvieran Riccardo Muti, Otto von Habsburg, G. K. Chesterton, Bob Hope o Henryk Górecki.

La misa acabó siendo en inglés. Yo busqué en mi smartphone las lecturas del día y se las enseñé a la señora de al lado, la cantora habitual (más de lo que me gustaría, pero dejémoslo ahí) de esas misas. Aparte de mí, los autóctonos no dieron señal de haber notado nada nuevo. Pero cuando nuestro cura de siempre leyó una lectura en castellano, entonces los ingleses se removieron inquietos; al menos les ganamos en flema (podría haber sido todo en latín, pero a nadie pareció ocurrírsele la idea).

viernes, 15 de mayo de 2015

Sobre iconoclastias buenas

Otra conferencia fascinante (y muy divertida) de Matthew Milliner (he enlazado aquí otras cosas suyas, todas fascinantes): «Alabanza de la iconoclastia».
Está en inglés, pero podéis marcar abajo los subtítulos (imperfectos, pero bueno)

jueves, 14 de mayo de 2015

Arquitectura contemporánea de Galicia 6

La Residencia Burgo das Nacións, con forma de U:



(fotos desde los baños de mi Facultad: excelente vista de la ciudad al fondo)


El Burgo era un albergue de peregrinos masivo, de cuando en los sesenta empezó a explotar el fenómeno de la peregrinación a Santiago. Luego hicieron (principios de los noventa) esta residencia universitaria, mi Facultad y el Auditorio de Galicia.

La residencia es un edificio de aires nórdicos -muchos ventanales, tejados metálicos- y muchas puertas por todas las esquinas, pero la principal es esta, que a mí me parece fascinante (para intentar lucirme describiéndola):





Esto es el brazo largo.


Otra foto, pero la tapan los árboles:




Por dentro es un poco soviético, sí:


Esto es el lateral:


Y esto es lo que llamaría «organicista», o no sé si tecnológico. Es muy noventa (creo):



Pero lo que veo más destacado, ya digo, es la entrada:


Parece tener un propósito antimonumental: no hay columnas y un tímpano, es una entrada descentrada y con estética de ruinas (y es el único lugar del edificio con bloques de granito) o quizá de máquina, con un aire ¿high tech?
Supongo que se trata de lograr un difícil equilibrio entre la transmisión de una idea antijerárquica (esa residencia está marcada por la idea de «libertad», de independencia - lo más contrario a lo que sería un college tradicional de Oxbridge) y el deseo de transmitir, al menos en una entrada, una idea de monumentalidad, de que aquello (habitaciones independientes para los nuevos ciadadanos sin ataduras) en realidad forma una unidad, por muy mínima que sea.

martes, 12 de mayo de 2015

Una chocolatina

Leí hace unas semanas en el blog de Gregorio Luri (pero ahora no la encuentro) una anécdota sobre la bondad humana en situaciones extremas de inhumanidad. Me acordé de esto de Nadiezhda Mandelstam, que por fin he escaneado ahora aquí*:
Nos separaban de los demás pasajeros algunos bancos vacíos. Durante toda la noche, dos guardianes no se apartaron de nosotros y el tercero permaneció de pie junto al último banco vacío, de donde echaba a los obstinados viajeros que pretendían ocuparlo. En Sverdlovsk estuvimos juntos el uno al lado del otro, pero en aquel oscuro vagón nos sentaron de frente, en el lado de la ventanilla. Las noches ya eran blancas y ante nuestra vista desfilaban los bosques de los Urales, las estaciones y las colinas. La vía férrea atravesaba espesos bosques y Mandelstam no se apartó de la ventanilla en toda la noche. Era la tercera o la cuarta noche que no dormía.
El viaje lo hicimos en vagones y barcos repletos, pasábamos largas horas de espera en estaciones bulliciosas, atiborradas de gente, pero en ningún sitio se prestó atención a un espectáculo tan insólito como el de un hombre y una mujer bajo la custodia de tres soldados. Nadie se volvía siquiera para mirarnos. ¿Acaso estarían habituados en los Urales a semejantes espectáculos o temían, simplemente, el contagio? ¡Quién sabe! Lo más probable es que fuera la exteriorización de una especial etiqueta soviética, a la cual se atiene firmemente nuestro pueblo a lo largo de muchos decenios: si las autoridades los deportan, por algo será y yo nada tengo que ver con ello. La indiferencia de la gente dolía y atormentaba a Mandelstam: «Antes daban limosna a los presos y ahora ni siquiera los miran». Me susurraba al oído, con espanto, que ante los ojos de semejante muchedumbre podían hacer cualquier cosa con el preso: matarlo, despedazarlo, sin que nadie se inmutase, sin que nadie interviniese. Los espectadores se limitarían a volverse de espaldas, para evitar un espectáculo desagradable. Durante todo el viaje me esforcé por captar alguna mirada, pero no lo conseguí.
¿Tal vez sólo en los Urales fueran tan insensibles? En 1938 viví en Strunino, a cien kilómetros y pico de Moscú; era un pueblecito textil en la línea férrea de Yaroslavl, por la cual pasaban en aquel tiempo convoyes repletos de presos. Los vecinos de la dueña de la casa donde yo vivía sólo hablaban de esos convoyes. Les ofendía que les prohibieran compadecerse de los presos y que no pudiesen darles pan. Un día, mi patrona se las ingenió para tirar por la ventanuca rota y enrejada del vagón una chocolatina que llevaba para su hija. ¡Rara golosina en una mísera familia obrera! El centinela la apartó de allí con la culata, al tiempo que la llenaba de insultos, pero ella se sintió feliz todo el día: ¡pese a todo había conseguido hacer algo! Bien es cierto que una de las vecinas comentó con un suspiro: «¡Más vale no meterse en eso! ... Te harán la vida imposible ... ¡Te mandarán de comité en comité!». Pero mi patrona «estaba en casa», es decir, no trabajaba en ninguna parte y por eso no le tenía miedo al comité de fábrica.
¿Comprenderá alguien de las generaciones futuras lo que significaba en 1938 esa chocolatina con un cromo infantil en el asfixiante vagón-jaula lleno de condenados? Esos hombres para quienes el tiempo se había detenido y el espacio quedó convertido en un calabozo, una celda, una garita, que sólo podían estar de pie en un vagón repleto hasta los topes de mercancía humana medio muerta, rechazados, olvidados, borrados de la lista de los vivos sin nombre ni mote, numerados, sellados, enviados bajo recibo a la negra inexistencia de los campos, habían recibido, de pronto, el primer mensaje, el primero a lo largo de muchos meses, de otro mundo, ahora prohibido para ellos: una barata chocolatina infantil que les decía que no estaban olvidados aún y que al otro lado de la cárcel aún vivía gente.

*Contra toda esperanza. Memorias, Barcelona: El Acantilado, 2012: 98-9.

lunes, 11 de mayo de 2015

En torno al Buscón

Se celebró el viernes en la Facultad un acto en el que dictó «su última lección» Luis Iglesias, catedrático de Literatura Española.
Fue sobre El Buscón, ay. Mereció la pena asistir, de todas maneras, porque se centró en la falta de motivo del protagonista para contar su vida vergonzante, siendo que lo que dice que quiere es lograr honra. El Lazarillo o el Guzmán escriben porque alguien "se lo pide", pero aquí parece que no hay tal. Lo único que parece que se puede concluir es que Pablos es "la voz de su amo" Quevedo (al que definió como «maestro del malhumor»), que quiere contar lo que le peta, sin preocuparse por montar "marcos realistas" o "verosimilitudes" novelísticas. Bueno, no sé decirlo mejor: para eso, tendría que leerme El Buscón y va a ser que no.

Cuando citó los "altos pensamientos" del padre de Pablos al principio, me acordé de las Altas Expectativas (Great Expectations) de Pip al inicio de la novela de Dickens: ahí tenéis tema para un artículo los que os atreváis.

Hubo palabras muy atinadas del director del Departamento y del de la Real Academia de la Lengua (Española, quiero decir: es profesor de la Facultad y amigo del homenajeado) y una contestación de la lección a cargo de Francisco Rico, que se puso divagatorio y un poquito faltón (eso tienen los personajes novelescos) y acabó aburriendo al auditorio con sus teorías ecdóticas y su puntillismo irrelevante con las variantes de las ediciones del Buscón.

viernes, 8 de mayo de 2015

Una conferencia electrizante

Sigo hace tiempo un blog excelente, El sosiego acantilado. Hace unos días enlazaba a una conferencia de hace unos años, que he visto ya: es electrizante, impresionante, emocionante. El contexto, bien intenso, lo explica en esa entrada: La Chestertonada.



El tema era Chesterton, El hombre que fue Jueves y Ortodoxia. Dos profesores de orígenes similares (compañeros de jóvenes en la Liga Comunista Revolucionaria) exponen durante una hora cada uno y luego hay un debate.
Primero habla Carlos Fernández Liria, que empieza bien pero a la mitad se desfonda en un marasmo de interpretaciones alegóricas banales de un mito hesiódico mal (o quizá simplemente oído indirectamente) entendido (confunde, como los teologistas pre-filósofos chapucistas de la propia Grecia al dios Crono (Kronos) con el tiempo (chronos) y le sale un batiburrillo marxista-bolivariano-"los-curas-en-la-adolescencia-me-decían-que-aquello-era-malo).

Y luego habla Juan Bautista Fuentes Ortega y es un torrente impresionante. Increíble. Amazing. Thrilling. Qué tremendo.

El debate final también tiene interés. Queda ahí la cuestión, que a mí me deja también perplejo, de la viabilidad del distributismo.

jueves, 7 de mayo de 2015

Santa María del Campo, Mahamud y Villahoz

El domingo llevé a unos amigos a visitar Santa María del Campo (y yo me preparé a disfrutar el doble que en mi gloriosa visita anterior, porque saben un montón de arte). A mí me gustó muchísimo, el cuádruple, y a ellos también mucho, porque no se esperaban tanto: el hecho es que ese pueblo tiene arte a espuertas, de una calidad sobresaliente.

Pedro Berruguete es grandísimo. Y además posiblemente la figura clave en la pintura española (me estoy tirando de la moto, pero es por un fin bueno: por la hipérbole a la verdad).

De ahí fuimos a Mahamud (Fernando el Católico impuso allí el capelo cardenalicio a Cisneros, para evitar a su hija Juana la Loca, que estaba con el cadáver de su marido en Santa María del Campo).

Mahamud yo lo conocía por esas tablas de plañideras que están ahora en el MNAC, pero la iglesia tiene un retablo morrocotudo:

La señora que nos abrió la iglesia resultaba que tenía familia en Castrojeriz. Muy maja, pero al final nos cobró y eso que mira que le estuvimos dando conversación.

Villahoz tenía otra iglesia monumental, pero solo la vimos de refilón, porque estaban en misa: era de una altura admirable la nave.

Y comimos en Lerma.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Oír música por gusto

San Juan de Ávila sobre el recogerse en la oración en relación con las diferencias entre el amateur y el entendido*:
Y no haya reflexión en lo que está haciendo, sino como un niño o uno que oye órgano y gusta: no sabe el arte y estáse quieto, y el que lo sabe, está mirando si yerra o no.
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*OC I: 819 «Tres grados en los que cursan oración»

martes, 5 de mayo de 2015

25 años no es nada

El sábado habíamos quedado en Valladolid para celebrar el 25º aniversario del final de carrera. La que fue delegada de curso nos fue encontrando y montó un grupo de whatsapp con el que nos íbamos poniendo al día.
Pero la presentación en directo era una incógnita cómo iba a salir: yo iba un poco nervioso, pero el hecho es que nos saludamos, nos reconocimos y ya el resto del día fue estar charlando unos con otros como si nada, y con ganas de más: primero en el bar la Uni, luego en la plaza Mayor, luego comiendo, luego tomando un gin tonic (que me dejó K.O.: no sé qué sería de mí si me dedicara a alternar por las noches por ahí).
Los chicos (bueno, ya «señores respetables») estábamos casi todos o más calvos o mas gordos (yo las dos cosas). Las chicas (bueno, las «señoras respetables»), casi iguales. Algunos y algunas parecían los mismos, otros y otras había que volver a mirarles/nos para recalibrar la imagen de archivo.
Casi todos (esto lo digo para los estudios de «empleabilidad» tan de moda ahora en las universidades) somos ahora profesores, casi todos funcionarios, todos -creo- seguimos con ganas de hacer buenas cosas, principalmente con la enseñanza de las lenguas clásicas, a pesar de todos los pesares. Todos los que tenían hijos hablaban de ellos con gran orgullo.
Me sentí muy contento de formar parte de un grupo de gente así, aunque no nos veamos más que de Pascuas a Ramos (de un año de kalendas griegas).

lunes, 4 de mayo de 2015

Dolorosas derrotas

En Burgos el viernes, volvimos a jugar al parchís (había afán de revancha por una derrota reciente que no dejé constatada en este blog: tanto me dolía*).
Fue una derrota tremenda de mi madre y mía. Y la partida siguiente, todavía acabó peor.

Para más recochineo, Eva estuvo haciendo a la vez bizcochos (uno de chocolate, uno normal y otro integral -sí, tan bajo hemos caído: estaba bueno, though).

Yo tengo que reconocer que no estuve a la altura: dejé en momentos clave mis fichas desvalidas, como corderitos prestos a ser devorados por el afán depredador de mis hermanas.

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*En cambio: esta fue una gran victoria nuestra; y esta, otra. Otra derrota nuestra sin paliativos, aquí.

viernes, 1 de mayo de 2015

Sobre el amor y el plato

San Juan de Ávila (Sermón a las monjas del monasterio de la Cruz de Zafra OC I, 892-3):
Dice san Juan: Deus caritas est. Y el griego dice hoc: est dilectio. Dios es amor. ¿Pues quién podrá dejar de amar al que esencialmente es amor? ¿Quién no amará a Dios. que le ama? ¿Cómo, que un Dios hermosísimo, sapientísimo, infinito, ponga sus ojos sobre un gusanillo, [y este] los quite de Él y los ponga en otro? Estamos tan enfrascados y embebidos en las miserias y nonadas del mundo, que por eso no entendemos.
Este es grande amor, que, si mirásemos, todas las cosas nos dicen que amemos a Dios, y ansí decía San Agustín: Omnia, Domine, clamant ut amem te [Confesiones 1.10]. ¿Habéis oído este cantar? Todas las cosas, Señor, dan voces que te quieran bien a ti, porque todas ellas son testigos de quien tú eres y de dádivas que nos das. ¿Sabéis qué es el pan que os harta? Testigo de la hartura que hay en Dios. ¿Sabéis qué es el refresco que os deleita? Testigo de la frescura y deleite que hay en Dios. Testigos son todas las cosas que Dios nos da de lo mucho que hay en Él, y todas son como una candelica en comparación con la claridad del sol.
Dos cosas nos da a entender Dios en sus dones: una, que son señales de sus perficiones, y otra, del amor que nos tiene; porque quien algo nos da, señal es que nos ama. Si alguno nos enviase un presente, malcriado seríades si no le volviésedes siquiera el plato. Todo lo que tenemos son presentes que nos invía Dios, y el plato en que nos lo invía es el amor; pues tornad el presente y volvedle el plato, que es el amor, que en ninguna cosa quiere que le paguemos en la misma moneda si no es en esta; y pues nos da amor, paguémosle con amor. ¿A qué propósito: El que quisiere venir en pos de mí? Que quiere Dios que por amor le sigamos, y no costreñidos.