martes, 14 de junio de 2022

Orense y Barcelona 9 - la Catedral y el Museo Diocesano 1

Había llegado a Barcelona el viernes, que se me pasó volando, y ya no me quedaban más que unas horas de la mañana del sábado. 

Me fui a la Catedral. Allí me encontré con señales mixtas, a las nueve y media de la mañana de un sábado niños pequeños corriendo por la Plaza de la Catedral, algo que siempre da alegría ver, pero a la vez todo en un ambiente de entusiasmo oficial, concluyendo con una carrera de padres e hijos juntos que me hizo pensar en lo cansado que debe de ser ser un padre progre y concienciado, corriendo hasta dejarse los bofes un sábado a primera hora, después de haberte pegado un madrugón el único día en que los niños podrían dormir un poco más. Esa es la que me imagino que es la Barcelona de Ada Colau: not my cup of tea.

Yo pregunté a una chica en la puerta de la Catedral, supongo que se encargaba de las entradas, por las Misas: ni le sonaba qué era aquello para lo que era aquella Catedral en la que trabajaba. Pensaba que las misas duraban una hora, no sabía los horarios. Me dijo que le parecía que los domingos había más misas: le contesté que seguro. El guarda de seguridad me dejó pasar y pregunté a un cura y me enteré de que había misa a las 11, así que me fui al Museo Diocesano, que estaba al lado.

Me dio la entrada un chaval que parecía muy majo, con las uñas pintadas de negro. El Museo Diocesano me dejó perplejo: una buena parte la ocupaba una exposición homenaje al director del Archivo y en el último piso todo estaba ocupado con maquetas de la iglesia de Gaudí de la colonia Güell. 

Allí me asomé a unos hermosos ventanales para ver la fachada de la Catedral, que en realidad es toda del XIX y XX (también pasa lo mismo en la de Florencia, y nadie se queja) a través de unos ventanales muy hermosos y abajo me encontré que había unos niños disfrazados de dragones entre ruidos de tambores: a mí tanto tumulto a primera hora de un sábado me abruma un poco. 

Había también un montón de guiris que parecían reproducir en chanclas todos los tópicos de la película de Woody Allen sobre Barcelona. Era como mucho todo.

1 comentario:

  1. La catedral no merece la pena. El santuario de S. José de la Montaña, en cambio, tiene cierto encanto. El entorno invita al recogimiento, la capilla es muy agradable y puedes charlar con las monjas. La hermana que atiende la tienda es muy agradable.

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