jueves, 2 de mayo de 2019

La paternidad como vocación

De José María Contreras leí con mucho gusto sus Crónicas coreanas.

Acabo de terminar ahora Confesiones de un padre sin vocación, un libro sobre la extrañeza de la paternidad, un testimonio de perplejidad ante el asombroso hecho de encontrarse en el origen de una vida humana (en su caso dos, dos niños), y ello sin la preparación física de las madres de tener dentro a su hijo durante nueve meses: el padre, por más que se prepare, es normal que encuentre una enormidad la realidad de ese ser humano que se le presenta en su absoluta carencia al nacer, y como alguien suyo. Eso es lo que quiere explicar en el libro y hay que alabar en primer lugar la audacia del propósito, junto con el esfuerzo sostenido de huir como de la peste del sentimentalismo, para lo que se apoya en el humorismo, con dos riesgos: que pueda llegar a parecer por un lado que es un «padre a su pesar» o que no es un «padre responsable», algo que por suerte sortea con un lirismo que se escapa en lugares concretos de explosiones de amor a sus hijos; y por el otro, que el humorismo decaiga en bromas más o menos logradas, dependiendo de cómo conectemos cada uno con su sentido del humor. El libro corre el riesgo también de caer en lo episódico y en lo anecdótico, pero no le vamos a poner más pegas, porque a mí me ha hecho pensar en la paternidad, que no es moco de pavo para todos, seamos padres o no: Dios es padre y eso es lo radical y en lo que todos debemos participar, paradójicamente en cuanto hijos, con los demás. Por cierto que por eso el título no me acaba de gustar; yo hubiera preferido Confesiones de un padre por sorpresa o Confesiones de lo que sentí cuando fui padre, porque sí, son confesiones de algo que no parece muy correcto decir, que la paternidad en el varón no es lo mismo que la maternidad de la mujer y que a él normalmente le supone dificultades de adaptación, que no se trata ahí de un fifty/fifty, pero el hecho es que la paternidad es una llamada de Dios, por muy lejos que eso pudiera estar en la mente del que se une a una mujer en un momento dado: el amor del hombre y la mujer puede pretender que se agota en la relación física, pero no, esa «apertura a la vida» es la cuestión vital que Occidente está intentando soslayar por todos los medios, hasta el extremo de entronizar como matrimonio lo que no tiene, nos pongamos como nos pongamos, «apertura a la vida». El título en realidad se arregla en la primera página, porque el autor pone como encabezamiento un aforismo de Enrique García-Máiquez: La vocación es enamorarte perdidamente de tu destino.

Pero mejor id a estos enlaces:
Tenéis las primeras páginas en PDF, aquí / También en Amazon se pueden leer algunas páginas más.
En este, el autor escribe un prólogo al que no tiene el libro.
Aquí le hacen una entrevista.
Y aquí hace una reseña cabal del libro el propio E.G.-M.



4 comentarios:

  1. Un libro que yo no leeré, porque para mí ser padre (dos veces también) fue la cosa más natural del mundo - e incluso divertida (yo me lo pasé muy bien con mis hijos cuando eran pequeños, nunca he conocido actividad más fascinante que hablar y jugar con ellos).

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    1. Bueno, el libro no es un manual ni una obra de autoayuda, es una obra literaria que merece la pena leer en cualquier caso.

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    2. Lo maravilloso que es ser padre o madre es algo que sabemos todos los que hemos tenido la suerte de serlo. También lo sabe el autor que, sin embargo, prefiere contar con gracia y humor lo que no resulta tan fantástico.
      Yo lo recomiendo encarecidamente, al margen de por su contenido, por la calidad literaria que demuestra y por las carcajadas que me he echado sola.

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  2. La reseña es estupenda. Enhorabuena, Ángel, por la crítica.

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