jueves, 30 de abril de 2009

Roma (4)

Había una parada de metro, Piramide: y salimos y allí estaba esa tumba de un romano snob, una pirámide pequeñita. Y qué fascinación los griegos y romanos por Egipto: Roma está llena de obeliscos ('agujitas' literalmente; y ya puestos a elegir el mejor, el del elefantito de Bernini).
Y resultó que el cementerio protestante estaba en la parte de atrás de la pirámide. Nos lo encontramos ya cerrado (esa manía en Roma de cerrar a las 5 o las 5:30), pero por un ventanuco, como una tronera, se veía la tumba de Shelley y la de Keats:


En la otra, la de la lira, es en la que pone: HERE LIES ONE WHOSE NAME WAS WRIT IN WATER.
Y yo no he leído nada ni de Keats ni de Shelley, pero qué ilusión me hizo ver aquellas tumbas.

miércoles, 29 de abril de 2009

Roma (Tre)

Mi problema no es qué contar de Roma, sino por dónde empezar.
Pues empecemos con la santa de hoy, santa Catalina de Siena; estuvimos en su tumba en la iglesia de santa María sopra Minerva (¡hermoso y significativo nombre!); y al lado estaba la de fra Angelico (el Beato Angelico ahora); y había una exposición suya en los Museos Capitolinos que me perdí, lo mismo que otra de Giotto.
También me perdí ver al Papa, que tuvo audiencia el miércoles, pero yo tenía el Congreso. Y no estuve con el Prelado del Opus Dei, de viaje pastoral en Japón y Taiwan por los 50 años de labor -¡difícil!- en el Extremo Oriente.
Y ya puestos a hacer la lista de lo que me perdí, lo que más me dolió de arte fue que a las cinco y un minuto me cerraran en las narices la verja de la iglesia de santa María in Cosmedin, que me había conmovido cuando la visité en 2002. Argh, me cabreo cuando lo pienso.

martes, 28 de abril de 2009

Un canto a Galicia, jei

De vuelta del aeropuerto con Lucía, brillaba tanto Santiago que era como en los cuentos, después del canela y azafrán de Roma. Qué limpia mi ciudad de Santiago, qué cielo gris -pero gris fuerte-, qué colores las azaleas, qué verde la hierba.
Y esa tarde venían mi madre y mis hermanas (no María Jesús, que estaba con Antonio y los niños por Picos de Europa; y nos llamaron, y los niños se turnaban en contar que se habían hecho enterita a pie la ruta del Cares).
Y venían las tres muy contentas de haber estado dos días en Orense (habían aprovechado el puente de los Comuneros en Castilla); especialmente en las termas [posible etimología que vi por ahí: Orense /warm-see, lago caliente].
Y me hicieron ese repaso que me hacen siempre que me ven y me dieron el visto bueno (aunque me criticaron un grano en la cara). Hasta dijeron muy contentas que había adelgazado, de lo que me alegré infinito.
Y al día siguiente las llevé al jardín de la casa de Rosalía en Padrón, porque sabía que les iba a gustar: y les gustó. Y nos pusimos todos muy contentos de que nos gustara.
Y nos fuimos a Corrubedo a ver las dunas: y que vegetación nacía allí, pobre pero bonita, de lirios y unas plantas como rellenas de agua y florecillas pequeñas, de pétalos mínimos.
Y fuimos a comer al pueblo y nos pusieron unos calamares para recordar y luego estuvimos junto a la duna móvil y Eva casi se ahoga con un trozo de pan de Cea; y no le dimos un golpe en la espalda porque en el fondo somos buenos.
Y de allí al castro de Baroña (y ni un cartel para los que vienen de Ribeira, que casi nos lo pasamos), y un mar inmenso azul sin fin (aunque al fondo está América, pero no la veíamos).
Y en Noia la increíble iglesia de planta única y la portada como la del pórtico de la Gloria pero en pobre (y tampoco había carteles que indicaran cómo se iba a Santiago):



Y nos hicimos unas fotos delante de unas azaleas enormes llenas de flores.
Y el domingo vimos Bonaval y fuimos a la misa del padre Trapiello en las dominicas de Belvís.
Y tres veces estuvimos en dos días en la Bodeguilla de san Roque (bueno, una vez en su sucursal de san Lázaro) disfrutando de estar juntos en Santiago dos años después de aquellas visitas mías al hospital.
Y varias veces en estos días nos acordamos de palabras de mi padre: eslegido, formidable, manfleta. Y nos daba como alegría acordarnos de él, aunque le seguimos echando mucho de menos.

lunes, 27 de abril de 2009

Roma (2)

En el Congreso sobre Flannery O'Connor disfruté como un idiota: es raro pasárselo bien en un congreso, pero así fue; lo normal es pasárselo bien 'con ocasión de' (eufemismo por: 'a pesar de'); yo me lo pasé bien en el congreso, alrededor, fuera y antes y después.
A ver cómo lo explico:
-Estaba muy bien organizado, y hay que agradecérselo especialmente a Juan José García-Noblejas (al que pude conocer en el 'mundo real' y que habló muy bien de Wise Blood en relación con la versión de cine de John Houston), al decano de la Facultad, Diego Contreras (con un excelente blog temático ya muchas veces enlazado aquí; y también pude conocerlo en el 'mundo real') y a Enrique Fuster (con una comunicación muy interesante sobre Graham Greene y Flannery; y me regaló su libro sobre Greene llevado al cine, del que he leído justo el capítulo que tiene que ver con su comunicación, excelente). Y sólo cito a los que pude conocer un poco, porque se veía que era un Congreso muy bien trabajado por un buen equipo de gente de la Facultad de Comunicación Institucional, la más joven, dijo el rector de la PUSC, de la Universidad Pontificia más joven, sólo con 25 años de vida pero un futuro brillante, en el caso de esta Facultad, respecto al mundo de la Comunicación, muy en particular la de la Iglesia (que falta hace). El Congreso es el Cuarto de un Seminario sobre Poética y Cristianismo de enorme interés y futuro.
El hecho es que desde el principio se estaba muy a gusto allí. Casi parecía una reunión de amigos que hablásemos de una conocida. Era como una tertulia. Y estaban allí los amigos íntimos, los que la conocían de hace años, y los que la hemos tratado menos pero nos hemos enamorado de su obra y de su figura; y todos con algo que decir de ella.
Y además que todo estaba pensado para no agobiar: horarios sensatos, tiempo para la discusión, preguntas abundantes y respuestas inteligentes. Café con pasteles entre medias. Una obra de teatro conmovedora y llena de humor y sabiduría dramática.
Vuelvo lleno de Flannery: habrá tiempo para desmenuzar.
Y en el blog de García-Noblejas descubro un youtube en el que salgo yo (es de RomeReports):
  Y otros blogs que hablan del congreso: este, este, este y este.

viernes, 17 de abril de 2009

Como fue lo cuento

Se me acaba de aparecer la ninfa del río Tambre, pero disfrazada de celta [y se lo he afeado, pero me ha dicho que la obligan los de la Xunta -los de antes y los de ahora- a ir de verde y con una gaita, en vez del peplo] y me ha dicho que como cumplo cinco años de blog, ya que las Musas no me pueden dar el título de escritor, ni al menos un arrebato de inspiración, por momentáneo que sea y por mucho que me empeñe, al menos han decidido regalarme un viaje:
—Pues a Roma -he dicho yo sin pensarlo- una semana, en vuelo directo con Ryanair, que sale por 100 euros ida y vuelta.
—Bien, pero, ¿algo harás allí, no?
—No, no, yo sólo quiero ver piedras: iglesias, museos, ruinas y calles y callejas romanas. Y vivir la cocina italiana.
—No, no, tú tienes que hacer algo de provecho, caradura:
—Bueno, pues un Congreso sobre Flannery O'Connor, y hablo allí de lo clásico en su obra.
—Qué manía con salirte del tiesto, siempre metiéndote en corrales ajenos.
—¿Y no puede venir algún amigo?
—Venga, que vaya Suso, que también tiene blog.
—Y puestos a pedir, me gustaría ver el templete de Bramante y la Academia Española de Roma.
—Pues venga, le he dado una beca a Ariadna para que esté allí un año y te los pueda enseñar.
—¿Y ver al Papa?
—Eh, que yo soy clásica pagana, a mí no me líes. Y mejor estará preparando esos textos que dices que te gustan tanto, en vez de estarse saludándote a ti, como si no tuviera más que hacer. Mira, rezas en la tumba de san Pedro (y en la de Juan Pablo II), en la de san Pablo, en las de los santos que hay por las iglesias romanas (¡Santa Cecilia!), y en la tumba de san Josemaría, claro, y tienes más que de sobra.

jueves, 16 de abril de 2009

Entre León y Lugo (8 de 8)

Del viaje a León, que ya queda muy lejos, una recomendación: el Museo de León.
Todas las provincias tienen un Museo, ahora llamados sólo con el nombre, que por una parte lo convierte en el Museo por antonomasia y por otra lo desdibujan; y no me ha defraudado hasta ahora ninguno: el de Ciudad Real, el de Valladolid, el de Cádiz, el de Burgos, el de Lugo, el de Pontevedra. Son magníficos, un resumen de arqueología y arte de cada provincia.
Y el de León, además, está recién remodelado, muy bien puesto todo, muy claro, muy agradable de ver. Sólo los textos introductorios a cada sala eran un poco demasiado tópicos, un poco, no sé cómo decirlo, zapateriles.
Y el Museo de León tiene una colección romana e indígena-romana, y paleocristiana y medieval de caerse de espaldas.
Y cuando vuelva a León iré a ver san Marcos, que todavía me falta. Y hasta puede que me deje caer por el Musac.