jueves, 22 de octubre de 2026

Un concierto de órgano en Engelbrekt

Era el Sommar Orgel 2026 de la iglesia de Engelbrekt, nuestros vecinos, y fui a la sesión del 6 de agosto, "Para cuatro manos y pies", que tocaban al alimón Erik y Åsa Nyberg. Aquí los tenéis, bien majos:

No recordaba la última vez que había escuchado un órgano por escucharlo: más bien huyo de ellos, pero en Suecia todo se hace novedoso.

Me puse delante, en la segunda fila, esperando evitar ruidos, aunque suponía que estaría todo el mundo muy callado, tratándose de suecos. Justo detrás de mí se puso una pareja que resultó que hablaban en español. No fue eso lo malo, sino que poco antes de empezar aparecieron dos niñas y se sentaron al lado de sus padres. Me di por perdido: españoles con niños pequeños en un concierto de órgano, desgracia segura. Cuando la mayor empezó a dar cabezazos en el banco me salí del mío y me puse en el de delante, el primero de la iglesia. Luego, cuando la pequeña hacía ruido con el programa de mano, yo lanzaba miradas de soslayo, pero los padres se hacían los locos, como si estuvieran en La Pola.

El concierto empezó muy de órgano, muy de retumbar, con una sonata de Gustav Merkel, luego pasaron a un Adagio für die Flötenuhr, que he buscado y es "reloj de flautas", sea eso lo que sea. Dos piezas más y tocaron The stars and stripes forever, de John Philip Sousa, que no lo visualizo yo mucho para una iglesia, pero sí que debe de ser a cuatro manos, que era de lo que se trataba. Luego venía un Evensong op 68 de Charles Callahan y terminaron con nada menos que el Bolero de Ravel, para órgano a cuatro manos, claro. Me gustó, no me entusiasmó, pero lo sentía en las entrañas, era hipnótico, como es sabido. El que presentaba el concierto dijo algunas palabras previas en las que entendí "Ravel", "español" y un chiste sobre castañuelas que el organista recogió negando: sin castañuelas pues. De todos modos, este Bolero de Ravel no es muy español, es como mucho de las Mil y una noches, por decir algo.

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