Para ir al Jardín Botánico llegué a la parada de metro de la Universidad. Allí adelante estaba el Real Museo de Ciencias Naturales, que prescindí de ver, aunque le hice fotos por fuera, porque era un edificio imponente de eso que aquí llaman romanticismo nórdico, una especie de clasicismo pasando por una idea de lo vikingo, de gran solidez y no mucha ligereza (Italia no ha calado en él), pero nobleza al fin.
Yo iba al Jardín Botánico, acotado por el agua. No me causó mucha impresión. No sé.











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