No pude esperar: lo pedí el primer día que se podía y me llegó dos días después. De todo tiene es un libro precioso, con una portada extraordinaria. El propio libro es una gozada, el mero hecho de tenerlo en las manos. El título es especialmente afortunado, una frase de la cabeza parlante de El Quijote, cuando le preguntan sobre la realidad de lo que había contado este de su aventura en la cueva de Montesinos. El prólogo es extraordinario, un texto muy complejo y a la vez ligero donde comenta el título y le da vueltas al carácter de verdad de lo que se cuenta en el libro, entre la veracidad, el testimonio, la verdad de la novela y todo lo demás que sea De todo tiene. No hay que llamar a un notario, basta con leer el libro y ahí está su verdad, por encima de lo que prescriban todos los tratadistas del género diarístico.
Lo he leído en una semana a base de racionar la lectura, porque se me acababa demasiado pronto. Este volumen 25 del Salón de Pasos Perdidos es otra habitación en ese espacio que ha creado Andrés Trapiello y donde estoy tan a gusto desde hace años. Cada nuevo volumen es eso mismo y algo nuevo: la vida que se va sucediendo, aquí el año 2011, lo que permite muy interesantes reflexiones sobre estos 15 años que han pasado, empezando por lo político: fue echado del poder Zapatero ese año y ahora vemos su segundo hundimiento, esta vez también en prestigio: y mientras, reinó por inasistencia y complejos de Rajoy y luego como la reina madre de Sánchez, y a la vez seguía destrozando España y Venezuela, por lo menos. Justo en este libro A. T. dice que el de Zapatero fue "el gobierno del hombre más necio y dañino en lo que vamos de democracia (385), todo esto sin saber lo que sabemos desde hace unos días. La política también está, con UPyD todavía presente, y en la Puerta del Sol se ha instalado el 15-M, que se describe con la distancia que merece, la que ahora vemos y la que tenía en sí mismo, a pesar de los ditirambos de los medios de entonces, que yo recuerdo.
Pero me he ido por lo político. De todo tiene De todo tiene: está la vida, con R. y G. abriéndose camino fuera de casa. Está la creación entonces de la web andrestrapiello.com, que tanta ilusión me hizo cuando salió (mirad por ejemplo la página de las libretas ,agendas y cuadernos, que es una maravilla), y el blog, Hemeroflexia: qué tiempos felices aquellos en que lo podíamos leer cada día. Hay viajes: a Berlín, a Toulouse y Burdeos, instructivos, quizá con más melancolía que otras veces. Hay gran presencia del Rastro, de los pequeños o a veces impresionantes descubrimientos que hace allí. La literatura está en una posición más discreta. Sale Tomás Segovia, al que yo no acababa de pillar, pero que es retratado así justamente. Hay cada vez más tiempo en Las Viñas, con arreglos y reparaciones. Hay un gran retrato de Carlos Pujol. Está lo que me gusta ver en estos Diarios que son novelas que son un Salón de Pasos Perdidos. Ya no hay tantas equis: casi todo el mundo más o menos conocido es reconocible. A mí me gustó esta vanitas:
Este es el tema que subyace en las vánitas clásicas: no tanto lo que dejamos junto a la sepultura (oro, cetros, mitras, espadas, laureles), como haber perdido la vida en obtenerlo, la humillación de recordar el ciego deseo que pusimos en ello (52).
Y así se pasa la vida, la novela de estos diarios, pero el cuadro permanece. El volumen acaba con unas páginas en que los dos, A. y M., solos, cierran el año en Las Viñas, con una melancolía que no consigue remontar en alegría.
Estupenda reseña. Te ha salido redonda. Enhorabuena.
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