lunes, 4 de mayo de 2026

Cuadernos de Rusia de Dionisio Ridruejo

Es un libro póstumo, Cuadernos de Rusia. Diario 1941-1942, los manuscritos que dejó Dionisio Ridruejo, seguramente a partir de las anotaciones  en las que iba recogiendo las impresiones de su participación en la campaña de Rusia con la División Azul, entre 1941 y 1942. Es posible, como afirma Xosé M. Núñez Seixas, catedrático de Historia Contemporánea de la USC, en el prólogo de su excelente edición, que los revisara en su confinamiento en Ronda, a la vuelta, porque no parece que los haya tocado más, con lo que son un testimonio histórico importante, quizá de 1943 como muy tarde. A mí me ha impresionado todavía más como obra literaria y como testimonio personal y de una realidad, la de la División Azul, de la que tenía una visión tópica, y que aquí he podido conocer más de cerca, con todas sus aristas, que son muchas. 
De hecho fue Ridruejo uno de los impulsores de la idea de mandar soldados de España con Alemania contra la Unión Soviética. En ello intentaba una especie de reivindicación del papel de España en el concierto de lo que se presumía como nuevo orden mundial bajo Alemania.
Para él fue primero una experiencia vital y al final, testimonio de la experiencia extrema, sobre todo los seis días de sufrimiento continuo de verse en primera línea, cuando el testimonio se convierte en un intenso relato de la guerra en primera línea del frente ruso, en minoría los españoles ante un ejército soviético que se ha hecho fuerte en el adelanto del invierno que acabó con las esperanzas alemanas de un paseo rápido y triunfal hasta Moscú. 
A la vez, son muy interesantes el testimonio de la situación de maltrato de los judíos por parte de los alemanes (todavía no se había decidido la "Solución Final"), de la menesterosidad de los campesinos rusos y su retroceso en la escala de lo humano, del día a día de los soldados españoles, los voluntarios falangistas y los militares de carrera, de las disfunciones tan típicas de la vida militar.
Estoy muy impresionado tras la lectura: estos recuerdos están excelentemente escritos. El paisaje ruso se convierte en un protagonista al final, como en una culminación tras la postración de la batalla que acaba con sus fuerzas: Ridruejo, dirigente de Falange y sobre todo un escritor, hace un relato frío y muy preciso del reto del falangista que se ha metido a soldado por una especie de muestra de deseo de mostrar una valentía que podríamos calificar de irracional. Lo es también la valentía, con sus claroscuros, de los que participaron en aquella expedición al final amarga, porque para qué sirvió. El falangismo, los delirios fascistas o fascistoides, no sé, terminaron en esas inmensas llanuras -una veces de barro, otras de nieve- donde ya no se sabía por qué luchaban o si el amigo era peor que el enemigo: no dudo un segundo de la buena intención de los que se presentaron voluntarios, pero qué amargo debió de ser ver el resultado, cuando todo acabó.  

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