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miércoles, 31 de octubre de 2007

Francisco Vighi

He disfrutado muchísimo de los poemas de Francisco Vighi, palentino de padre italiano, que acabó ingeniería industrial ¡a los 36 años!, porque se pasaba el día en tertulias como la de Pombo. Tiene gran sentido del humor, puede ser profundo, es muy melancólico muchas veces. El prólogo de Andrés Trapiello es muy bueno (como siempre) y el libro* está muy bien editado: un verdadero placer.

Mi poema favorito es este, un haiku (de 1938, p. 58):
Cuando se murió el canario,
puse en la jaula un limón.
¡Soy un caso extraordinario
de imaginación!

Este es triste, pero muy bonito (p. 194):
CONVALECENCIA
Rompe mis cartas y mis versos.
En la ventana hay un sol nuevo.
Bésame y calla. Ya estoy bueno.

Un soneto provinciano sobre Nueva York, que acaba así (p. 114):
¡Oh Nueva York, con tu ruido y tu humo negro!
¡Te falta todo! No hay en tus mañanas
humo de hogar, ni ruido de campanas.
No cambiaré mi andante por tu allegro.
Prefiero ir con mi Julia y con mi abulia
-del brazo de las dos- a la tertulia.


En otro (p. 139) me acordé de Juan Manuel, porque acaba así : [si alguien intenta propasarse con la bella] se le manda a Cer... cedilla /que es donde veranean los poetas.
Algunos poemas que recogió en una antología José Luis García Martín resulta que están en la red; no son los que yo elegiría, pero hay alguno bueno. También en la red un poema satírico contra todos los demás españoles escrito para los castellanos (¡eh, no os piquéis, que se trata sólo de un acto de catarsis). De hecho en un poema al río Carrión (palentino) dice que Por no ir a Valladolid / -cosas del nacionalismo- / se suicida junto a Dueñas / arrojándose en el río / Pisuerga... Gran tipo, este Vighi.
Más, otro día.
*Francisco Vighi, Nuevos versos viejos, edición y prólogo de Andrés Trapiello, Granada, Comares, 1995

martes, 20 de noviembre de 2007

Paco Vighi

Vuelvo a Vighi.

En el poema CATEDRAL, entra arrepentido en la de Palencia, y todo se revuelve (p. 94-5):
Arrepentido -fui heterodoxo-
vuelvo a la iglesia:
Hermosa Catedral
la de Palencia.

Las campanas al verme
amenazan tirarse de cabeza.
¡Cómo ladran las gárgolas!
¿Se dice Teología o Teodicea?
(....)
(Teologal sonajero,
el sacristán
suena el llavero.)
(...)
Otro poema, Amanecida (p. 96):
Funerales de trinos
al lucero del alba (...)

En Viaje al Paular (p. 98):
En la baca vamos nueve;
hombres, seis, más un gabacho,
y la pareja de guardias,
fea como el dos de bastos.

En Burgos (p. 111) dice que en esa ciudad "de frío se muere el frío".

Aquí podéis oír un poema suyo.

lunes, 22 de octubre de 2007

Poemas de provincia

En la plaza de La Redonda de Logroño un cartel con el dato de que allí se rodó Calle mayor, de Bardem, una gran película.


[Fotos tomadas de aquí; ahí me entero de que los exteriores los rodaron en Cuenca]

Encuentro en Logroño los Poemas de provincia de Andrés González-Blanco, en edición de Andrés Trapiello. El prólogo es muy bueno, como todos los que escribe T. Habla de un género, la 'poesía de provincias', cuyo mejor antecedente sería Leopardi; yo me acordé del poemita de Machado.
González-Blanco es el género llevado a la caricatura, con poemas que vuelven siempre a lo mismo: los conventos, las novenas donde él ve a una muchacha ingenua de la que se enamora, pero que al final pierde, porque ella se hace monja, o porque simplemente no le hace caso. La muchacha toca al piano música que no pega en ese ambiente provinciano: óperas o valses que le producen al autor añoranza de los lugares donde esa música sí que pega. También aparecen mucho las estaciones de tren, muy deprimentes. Y esto es lo que hay, pero los poemas tienen encanto.

De González-Blanco no sabía nada; descubro algunos datos aquí. En la edición ponen una foto suya vestido de seminarista (lo fue de los 11 a los 18 años). Los poemas, como no podía ser de otro modo, los escribe en Madrid, casi con nostalgia de esa ciudad de provincia que desprecia, como la desprecian todos los que siguen esa línea: ahí está Galdós en su primera época (doña Perfecta), hasta que descubrió que Madrid era una ciudad manchega y que eso estaba bien, cuando hace la grandiosa serie de las Novelas contemporáneas; no se lo perdonaron nunca: de ahí el insulto de Valle-Inclán de don Benito el Garbancero. En esa línea estaba también Clarín (tanto en La Regenta como en Su único hijo), pero que no salió nunca -curiosamente- de Oviedo.
Es como el género bucólico: lo crean los que ya no viven en la provincia (o quieren escapar de ella) para renegar del ambiente opresivo, aunque curiosamente hay a veces un tono de elegía. En España la negra provincia se asocia (como se ve en Calle mayor) con el oscurantismo clerical. Como Madrid tampoco da la talla -hemos quedado en que era una ciudad manchega-, el ideal es Barcelona, hasta que se descubre que todo era fachada y que es una ciudad que se cae a pedazos y que es lo más provinciano que uno se puede encontrar en España.
Al final, la solución es trasladar el ideal a Paris o Londres (sin las alcobas malolientes ni el olor a curry) y rezar a la diosa Razón para que san Zapatero nos traiga la luz del diálogo.

Un poema de González-Blanco como ejemplo (p. 171):
Piano provincial detrás de su balcón.
Suena un vals ideal: Cuando el amor se muere...
El piano lo pulsa la gentil Asunción,
una rubia elegante y linda que me quiere...
Es el trémulo vals el que mi amor prefiere
para las sacrosantas horas de la emoción.
Es un vals vengativo, que me manda que espere,
para rasgar el cándido velo de la ilusión...
Vals que enseña a no amar con ansia prematura,
que dice la tristeza de una ruptura
y las melancolías de los amores rotos...
En la calle empedrada tintinea la lluvia.
Y al balcón en penumbra sale la gentil rubia,
quizá pensando en novios imposibles o ignotos.

Y yo, en la negra provincia, disfrutando de Pimentel, Vighi y similares, cuando debería estar leyendo la Encyclopédie, todo iluminado por la electricidad. Hasta que me acuerdo de Jiménez Lozano, cuya vida y actitud me recuerda que lo importante no es el dónde, sino el cómo o el para qué y que todo lo demás es secundario y ganas de hacer caricaturas.

domingo, 15 de mayo de 2011

Cantada con violines ante el Santísimo

A través de D. Vicente veo este yutiuf:



Una canción para ser «cantada con violines ante el Santísimo» en esa Catedral, de Sebastián Durón (1660-1716), que no tenía el enorme gusto de conocer.
Y para colmo, con imágenes de la catedral de Palencia, una de mis favoritas (sobre todo por dentro), aquella en la que entró Vighi.

martes, 16 de noviembre de 2010

San Josemaría y el Arzobispo de Burgos

Desde Valladolid fui a Burgos. Mis hermanas querían llevarme a ver el nuevo Museo de la Evolución, pero por suerte conseguí que acabáramos visitando la Catedral, que me volvió a sorprender: qué capillas, que retablos, qué cuadros, qué tumbas (de huesos deshechos, no como los de Atapuerca).
Y pasamos por delante del Palacio Arzobispal, adonde -cuenta un artículo reciente*- llegó san Josemaría en 1938, cuando era un cura joven que había conseguido escapar del Madrid en guerra; estaba en los huesos, muy débil, pero quería retomar el trato sobre todo con universitarios de antes de la guerra y por eso fue a pedir licencias para confesar, con una carta en la mano del obispo de Pamplona:
Yo, clara y concisamente, -dos minutos- expliqué a S. E. los fines de la Obra. Monseñor: "aquí no hay universitarios: me sobra clero: no le doy licencias", dijo. El clérigo pecador le besó con mucha devoción el anillo, se quedó tan tranquilo como si hubiera conseguido jurisdicción para todo el mundo, y, muy contento, ha pedido con toda su alma por el santo Arzobispo. ¡Qué bueno es vivir de Dios! ¡qué bueno es no querer nada más que su gloria! Inmediatamente vi: la Jerarquía es el Papa: el Papa es Cristo. Mi Señor Jesús sabe más que yo (!): el Arzobispo, aunque se enfade sin motivo (¡se enfadó, se enfadó!, y yo..., calladito) es Cristo. Imposible llevarme disgusto.  Él -Jesús- lo arreglará si conviene. Conste que yo sigo creyendo que sí conviene.
Luego acabaron siendo muy amigos.
Y me llevé una alegría al encontrar en Las armas y las letras de Trapiello a ese mismo Arzobispo de Burgos intercediendo por el gran Francisco Vighi, al que perseguían en el bando nacional durante la guerra.

Y acaba de salir también El rumor del agua, un libro sobre esa estancia de san Josemaría en Burgos (aquí, unas páginas en pdf). De ahí, esto de un viaje a Silos en 1938 (p. 122):
He salido de Burgos en un mal coche de línea, alrededor de las cuatro de la tarde, Sancte Raphaël!, ora pro me. Hasta Puentedura, hemos ido peor que en el tren: con el mismo olor, color, sabor y apretujamiento.
*en Francisco Crosas, "Epistolario de san Josemaría Escrivá de Balaguer y mons. Javier Lauzurica (enero 1934 - diciembre 1940)", Studia et Documenta. Rivista dell' Istituto Storico San Josemaría Escrivá, p. 411-435. La carta que cito, en p. 423-4.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Los vagamundos

-¿Sigues leyendo a Trapiello? me preguntó un amigo el otro día. Y le contesté que no sólo seguía, es que justo esos días estaba leyendo Los vagamundos, que, ahora que lo he terminado, recomendaría como lectura obligatoria* si por una vuelta de la fortuna tuviera que dar clase de Literatura española contemporánea.

Iba leyendo y me entraban unas enormes ganas de releer Fortunata y Jacinta (una de las mejores novelas de la historia: pero casi nadie la cita ahora) o de volver a Baroja (es muy buena la reseña que hace del libro de Gil Bera) o de leer a los Machado con esos peros que realzan su grandeza. O de seguir alrededor de JRJ (las mejores páginas del libro). O de conseguir de una vez París, el libro de Gutiérrez Solana que me falta de leer. O volver a leer sobre el gran Vighi.

Y lo bien que sitúa a Chaves Nogales en unas pocas líneas**.

Sí, un gran placer este libro.

Y para mi lista de futuras lecturas, Enrique Díez Canedo.

Y aquí una reseña muy buena del libro.

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*Eso es lo que me diferencia de los de Babelia, que han puesto aquel manual que a mí me pareció tan malo como uno de los libros del año: de un manual así sales con la cabeza caliente y el criterio literario congelado (y sin ganas de leer nada nunca más). Pero del de Trapiello -que no es más que una recopilación de artículos- sales mejorado, con hambre de leer, habiendo recuperado una jerarquía más necesaria que nunca, ahora que hasta a un mediocre nos lo venden como el autor de la mejor novela de 2011.

**Acaba de salir una biografía que se me hizo eterna, de tan fallida; y mira que la autora había hecho buena labor con Chaves Nogales, desde aquellos volúmenes admirables de la Obra periodística completa, que ahora va a reeditar ampliados.

viernes, 28 de diciembre de 2007

Mejores libros 2007: poesía

Ayer vi lo mejor del 2007 según El Cultural y me deprimí: ninguna novela que conociera (ni que tuviera ganas de leer), de poesía sólo el libro de González Iglesias (y los demás tenían una pinta penosa). Conclusión: he perdido defitivamente el tren de la actualidad y es ridículo que haga como otros años y presente una lista de lo mejor de 2007, pero vuelvo a caer. Aquí está mi lista de poesía, penosa, como veis: antologías, poetas muertos, otros ya consagrados, pero esto es lo que me ha gustado más de lo que he leído en 2007.

-Fray Luis de León, Poesías, ed. de Antonio Ramajo Caño, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, Barcelona, 2006
-Antonio Machado, Poesías completas [aún esperando que salga una edición decente de su poesía]
-Luis Pimentel, Poesías Completas, Granada, Comares, 1990
-José Jiménez Lozano, El tiempo de Eurídice, Fundación Jorge Guillén, Valladolid, 1996
-Andrés Trapiello, El volador de cometas. Antología poética, Renacimiento, Sevilla, 2006
-Mario Quintana, Puntos suspensivos, Los papeles del Sitio, Sevilla, 2007
-Francisco Vighi, Nuevos versos viejos, edición y prólogo de Andrés Trapiello, Granada, Comares, 1995
-Julio Martínez Mesanza, Soy en mayo. Antología (1982-2006), Renacimiento, Sevilla, 2007
-Jaime García-Máiquez, Otro cantar, Pre-textos, Valencia, 2007
-Andrés González Blanco, Poemas de provincia, Granada, Comares, 1999