domingo, 18 de mayo de 2008

Intolerancia

Salí de paseo medicinal y como los locos, sin comerlo ni beberlo, acabé en la puerta del CGAC (¡yo no quería!): en la pared de la entrada, una etiquetita anunciaba la obra de arte desaparecida de Guillaume Leblon, aquel bloque de hielo que vi medio fundido hace unas semanas (compruebo que ya entonces le califiqué de tonto).
Y empecé por ver sus obras (es un decir): un árbol (sic) pintado de negro; toqué las hojas ennegrecidas y descubrí que eran de plástico y me di la vuelta y vi un cartel de no tocar. Curioseo en la web del CGAC y resulta que pretendía que fuera falso; vaya y cómo saberlo si no puedes tocarlo: pues ¡leyendo el papel, idiota!
En otra sala una hilera de hortensias enanas (las nuestras ya están por dos metros y sólo ha asomado un brote) con flores enormes: toco una y es de verdad; le pregunto al de seguridad, que está de espaldas y no me ha visto tocarlas, y me lo confirma; quería tirarle de la lengua para que rajara de todo eso, pero me callé.
En una sala pequeña había como polvo levantado de no barrer, con un ventanal abierto al fondo: si te acercas, ves el suelo de adoquines levantado (es una ¿actuación/ extrusión / intervención? de Lara Almarcegui: bajo los adoquines está la playa y argh el 68 enseñando la patita). En realidad el supuesto polvillo estaba producido por una máquina de humo (fume, ponía en el cartelito, ¿una invitación artera, ahora que llevo quince meses sin catarlo?).
En las paredes de la sala mítica unos tablones apoyados en la pared; etiqueta: 8 tablóns de madera encontrada. En el centro han hecho una habitación con paredes de pladur: das toda la vuelta y puedes entrar: hay una estufa antigua. Un tonto, este Leblon, sí.
En el sótano, la antológica de Jorge Macchi. A la entrada, un vídeo que puedes ver poniéndote debajo de una especie de tulipa que concentra el sonido: resulta que es una carretera; por cada coche que pasa, un sonido: ah, oh, tiene su aquel. Luego otras cosas más o menos ocurrentes o curradas: almohada recubierta de cristal troceado (¿y cómo lo habrá hecho?, un cristal circular que cubre la almohada: era inquietante; está en la University of Essex Collection of Latin American Art: me sonó pelín colonialista la colección). Dos cuadrados de cristal rotos por los mismos sitios y con las mismas roturas: ¿y cómo lo habrá hecho? Al fondo un espacio con un video similar al de la entrada (a Nes le impresionó: ahí lo tenéis en youtube). Varias composiciones con papeles cortados: es un virtuoso del cutter, por ejemplo con una página de esquelas.
Al final todo tiene que ver con la música, el ritmo, el número: es bastante pitagórico (no, no admiro a los pitagóricos, son muy rudimentarios) y platónico (tampoco) : estos argentinos cojean siempre por lo mismo, no sé cómo lo hacen.
En Bonaval continuaba la exposición y ahí me impresionó más; quizá la escenografía. En una sala lateral, cinco vídeos con The end (eh, esto ya lo había visto). En el medio de la iglesia un banco de misa y una proyección de una esfera con números, típica de antes de empezar un rollo de película: 10, 9 ... 3, 2, 1 pero sigue con 0,5, 0,25, 0125, 0,0625 y así hasta que los números son tan largos y diminutos que desaparecen. Por si alguien no lo había pillado, se titula La flecha de Zenón. En el presbiterio una pantalla con la hora que hay en ese momento (640): y seguimos con lo pitagórico-platónico.



Interesante, bueh, curioso: no es poco, visto cómo está el patio. Y Jorge Macchi tiene una grandísima página web (los del CGAC podrían tomar nota); en el enlace a esta exposición puedes pinchar e ir siguiendo la visita con una colección excelente de fotos.
De allí me fui al barrio de san Pedro: entro en la Iglesia de Nosa Señora da Angustia. En los bancos, cancioneros con los textos de la Misa en gallego (la gente no se los sabe) y canciones: me dan arcadas al ver que están El era un obreiro. Óyeme tú que eres joven, Démonos todos a man, Escucha, hermano la canción de la alegría o Cristo te necesita para amar.
Salgo tambaleándome y acabo en la Rúa dos lagartos: qué nombre más bonito. De allí a Belvís, por Péxigo de arriba (primera vez que pasaba por allí) a Mazarelos y al final en Platerías: un negro vestido de mono azul hace reír a la gente a base de labia, un bocazas en Santiago, la capital del silencio.
Y me he extendido en esta crónica, por grafomanía y porque soy un bocazas (excelente artículo de Enrique).
Y como soy un bocazas y no puedo callarme, os digo que respecto al gallego estoy totalmente de acuerdo con Roberto Blanco Valdés y en absoluto de acuerdo con Paco Sánchez.
Y ya puestos a ser unos bocazas, sobre la situación actual del PP, mi admiración total por María San Gil y mi recomendación de que leáis el excelente artículo de Juaristi sobre ella. También es interesante Arcadi.
Y quién me manda mojarme así.

4 comentarios:

  1. Yo también estoy a muerte con María San Gil...

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  2. Sí me gustó Jorge Macchi. Cierto que bajé a verla después de Leblon, muy mosqueado, y cualquier cosa me hubiese animado un poco, pero me gustó de verdad.Mi abuela en la aldea tenía una caja de música muy pequeña, el tesoro, lo único de valor. Al verla se me encadenaron recuerdos durante los 20 minutos que dura el video, al menos por eso...
    Sí estoy de acuerdo con el post de Paco Sanchez.En mi familia se habla mayoritariamente gallego y no siempre ha sido fácil, hay que tener empatía. A su vez mi padre, vasco, vino aquí hace muchos años y nunca tuvo ningun problema por hablar español, siempre ha habido convivencia y respeto, y parece que algunos se quieren cargar eso, que es un tesoro de Galicia. Debería evitarse que hablar un idioma determinado se convierta en una declaración de principios.

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  3. "Y quién me manda mojarme así". Mandarte supongo que nadie, es decir, tú mismo. Pero yo te agradezco que te mojes y que salpiques. El CGAC debería enlazarte, en plan performance, actuación o work in progress...

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