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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Urracas

Por seguir con las urracas, esto de Sociedad limitada:

p. 30 si de repente notas que te empiezan / a gustar las urracas.

p. 47 (...) dos urracas cruzan / el asfalto lustrado por la lluvia / primaveral.

Y sobre mirlos en el mismo libro de Miguel d'Ors.

martes, 10 de diciembre de 2013

Dante, Purgatorio, canto 1: Pica pica

Me costó terminar el Infierno, ya lo conté. Pero me bastaba con ir encontrando cosas valiosas cada poco. Ya lo disfrutaré de verdad en la segunda lectura.

En cambio, por el principio del Purgatorio voy de alegría en alegría. Puede parecer una tontería, pero qué bien al principio del canto I encontrarme a mis queridas urracas, cuyo negro con reflejos azules lo descubrimos el otro día nada menos que en las barbas de Ulises (Od. 16.176: azuladas se le pusieron las barbas por el mentón, κυάνεαι δ' ἐγένοντο ἐθειράδες ἀμφὶ γένειον).

Dante las llama míseras (le "Piche misere" 1.9) a las pobres pegas, a las urracas (la Pica pica de nombre latino: hasta en eso son pobres), seguramente para hacerle la rosca a las Musas, que según Ovidio (Met. 5.294 ss.) se quedaron con el monopolio de la inspiración poética. Para ello, convirtieron a las nueve pobres hijas de Píero, que se atrevieron a plantarles cara, en esos pájaros tan maltratados por una conspiración (ahora lo entiendo) de poetas pelotilleros de la Musas a escala cuasi-mundial.

Ovidio termina el episodio contando que, convertidas en urracas, lo que les queda, además de su antigua facundia, es la ronca palabrería y el tremendo afán de hablar (5.678: raucaque garrulitas studiumque inmane loquendi).

Ovidio: esta te la guardo.

martes, 9 de marzo de 2010

κυανόπτερος ὄρνις

Veo la mención al cyanópteros órnis de Andrómaca de Eurípides en el siempre admirable blog de Laudator temporis acti, pero en vez de pensar como él en un cuervo yo me acuerdo de las urracas, que sí que tienen alas de color azul oscuro, aunque no sé si κύανος (de donde sale la palabra cyan) es ese azul o en realidad es uno más claro, turquesa.
En la entrada del diccionario del papá de Alicia (Liddell) sobre κυανόπτερος dicen que es "de alas azul oscuras, como el cuervo". E incluso El escudo de Pseudo-Hesíodo (393) lo utiliza para las alas de la cigarra. Y son las dos únicas menciones de este adjetivo en toda la literatura griega, así que habrá que esperar al Juicio Final para saberlo seguro, aunque yo ya estoy feliz con mirar las urracas de la fila de árboles entre mi Facultad y el Burgo.

viernes, 15 de febrero de 2008

Urracas

En el pecado de preguntar llevo la penitencia: Antón me descubre que no sé reconocer a una urraca.
Y me pregunto (retóricamente, porque la pregunta sola sería demasiado cruel): ¿y cuando leía lo de Urracas de Egham Hill, qué leía? Toda mi vida oyendo su nombre y ni me había molestado en saber cómo eran. Me temo que esto me retrata como filólogo, pero nunca es tarde para caerse de la burra: así podremos ir avanzando en ese ejercicio de aprender a ver.
Mientras, me voy a ir apuntando nombres de aves que sé reconocer. Ahora mismo distingo: pato, paloma, gallina, gallo, cisne, gorrión, estornino, pavo, pavo real, abubilla, gaviota, [mirlo, golondrina, vencejo, avestruz, cigüeña, loro]. Cada pájaro nuevo va a ser como cuando Antón avista uno que no conocía. No llegaré a 3362 especies distintas, pero unas cuantas sí que podré, digo yo.

martes, 13 de mayo de 2008

Examen de ciencias

Ya estoy un poco mayor para exámenes: desde los siete a los cuarenta años he hecho no sé si miles y estoy aburrido, muy aburrido. Es muy cansado desaprender todo lo que me han echado encima y además ahora me interesan cosas que nunca me preguntaron.
Me vino a la cabeza un señor mayor que empezó la carrera con nosotros: supongo que le gustaba el latín y el griego, o pensaba que le gustaba; el hecho es que embarrancó en la fonología (archifonema y alófono fueron demasiado para él), y no volvimos a verle.
Todo esto porque me acordé de un poema de la gran Wislawa Szymborska, Los dos monos de Brueghel, que empieza así: Me examino de historia de la gente, / tartamudeo y me confundo.
Cada vez tengo menos claro qué es la literatura y lo peor es que ya no me importa. Sí que me gustaría saber de árboles y pájaros, pero ya no estoy en edad de examinarme de ciencias: en cantos de los pájaros ya sé que sacaría un cero. De nombres estoy pez, de árboles me sé cuatro y los confundo con otros.
Soy el alumno tonto que mira la higuera y se pasma de las hojas y de que esté llena de brevas, el que le pide a los liquidámbares que no crezcan tan deprisa, que no le da tiempo a entender cómo consigue sacar unas hojas tan perfectas de capullos tan mínimos. Quise ir a ver las azaleas del pazo de Fonseca, que me había dicho Jaime que estaban a reventar: fui un domingo (justo cuando me encontré con Landrove) y estaban todas ya muertas: suspenso y hasta el próximo año. Miro con menos atención mi planta de orquídeas y hace dos semanas se suicidaron las cuatro flores de una rama y esta las tres de la otra: y pido otro examen, pero nada, a esperar que se le ocurra volver a florecer.
Menos mal que me aprendí bien lo de las urracas y ahora las veo por todas partes en el camino de la Avenida de Coimbra a la Facultad, y bien que me fijo en los reflejos azules de sus alas; y cuando paso por la calleja (creo que se llama Rúa do Pazo do Carmen, pero es de tierra) de detrás del hotel nuevo y veo las hierbas, me acuerdo del cuadro aquel de Durero y me da rabia, porque son tan bonitas ellas solas las fresas silvestres, las espigas salvajes, hasta las ortigas.
Ayer me aprendí el tordo charretero (o tordo sargento), el red-winged blackbird de Carver, que traducían en español como mirlo de alas rojas. Veo luego la foto de un primo suyo, el tricolor (que tiene además una franja blanca) y no me parece tan mal esa traducción: sí, un mirlo pero con alas rojas:
El tordo charretero es en latín agelaius phoeniceus, es decir, gregario rojo, como explican en esta noticia que me pasó Antón.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Rururbaneando

Como Antón quería conocer la Colegiata del Sar, cambié el plan para recorrer la trama rururbana de Santiago en dirección contraria. El mundo al revés: él queriendo ver piedras y yo pájaros.
Y fuimos por la Rúa de san Pedro a Belvís. Y en las huertas para urbanitas que han hecho (y eso en una ciudad rodeada de huertas, que eso es lo que quiere decir rururbano*), en la huerta de urbanitas me señaló Antón un colirrojo tizón. Y qué alegría reencontrárselo, después de tanto tiempo.
Y bajamos a la Colegiata del Sar y vimos el descoloque de columnas de la Colegiata (pero ya lo cuenta Antón en su blog) y una inscripción en una tumba que me gustó:
Traxit ab hac vita Bernaldus Metropolita:
Post hoc vile solum scandere posse polum.
Pasó de esta vida el obispo Bernardo;
Después de este vil suelo subir puede al cielo.

Y había un belén, pero yo estoy en fase antibelenes. Y de ahí, cruzando el río, pasamos la ladera del Gaiás hasta el Multiusos del Sar: y se veía la ciudad fajada por la Avenida de Lugo y Antón me iba explicando la diferencia entre mirlos, cornejas y cuervos y yo como el alumno tonto que sabe que se le va a olvidar todo en un rato, apretaba la cabeza para que se me metieran las diferencias.
Y pasado el Multiusos, dejando Fontiñas de lado, subimos una tremenda cuesta flanqueada de árboles (¿álamos?). Y en la ladera había un alcornoque y vi corcho en directo.
Y en un roble Antón cogió una bola que yo creía que era un fruto y que resulta que tenía un gusano dentro del que saldría con los meses ¡una puta avispa!
Y de allí dejando de lado Concheiros, pasamos las Cancelas (futuro centro comercial) y Basquiños y en las tapizas de la iglesia de la Pastoriza había una calavera con bonete y otra con corona.
Y en la rotonda de san Caetano me hizo mirar hacia arriba del aligustre y había currucas capirotadas.
Y había visto al principio una lavandera (me refiero a un pájaro), con traje de chaqueta de listas grises, negras y blancas.
Y un petirrojo, que tenía rojo el pecho.
Y un chochín.
Y urracas, claro.

*rururbano es una palabra estúpida que deja de serlo cuando los de la Unesco se apoyan en ella para impedir que se haga un teleférico, porque -dicen- se estropearía la especificidad a medio camino entre lo rural y lo histórico de Compostela. Otra cosa es que también sea una tontada poner un teleférico en Santiago de Compostela, pero es que la tontada mayor es gastarse 500.000.000 de euros en la Ciudad de la Cultura.

domingo, 24 de enero de 2010

Guía espiritual de Castilla

Grandísimo el libro de don José Jiménez Lozano, que empecé en Valladolid hace más de dos años y tuve que dejar a medias y que he vuelto a retomar ahora, leyéndolo hasta que se me ha acabado, demasiado pronto: como siempre en JJL, es tanto literatura como medicina, que nos hace mejores, aunque como todo lo dice en voz baja  parece que alguna gente -curiosamente el sector más gritón del mundillo literario, los efectistas, los barrocos, las estrellas mediáticas- no se ha enterado todavía.
Y por eso hay que decir, y lo voy a decir a gritos, que es UNO DE LOS MÁS GRANDES ESCRITORES ESPAÑOLES.
Y por seguir en línea de máximos: no he leído nada mejor sobre Castilla, nada menos maniqueo, nada en donde se ponga un mayor afán por asumir todo, pero sobre todo por poner el acento en el dolor que ha conformado Castilla y también España. Y me atrevo a citar un párrafo del final:
De estos encuentros, azares y "coincidencias" está hecha la urdimbre de la historia, que es como un tejido oriental, que, sólo vuelto del revés, nos revela su trama, las invisibles puntadas que sostienen todo el entramado de lo que vemos: los pobres ribazos, los alcores inhóspitos, las tierras rojas u ocres, la grisura de otras, la jara, unas cuantas encinas, el carrasco enano, aunque también de vez en cuando un vallecillo y una fuente, chopos y álamos, o arboledas más tupidas hacia el norte y más agua; pero aldeas abandonadas, de todos modos; casa derruidas, la decrepitud del adobe, los soportales tristes, las campanas ausentes y sus ojos como nichos del aire, la ingratitud de un suelo, el inclemente y extremoso clima escaso en lluvia, las cigüeñas y urracas, los grajos y el gorrión, la perdiz y la liebre, el viñedo, los bosques de pinos o los olmos solitarios, los castaños, robles y nogales; y el páramo. Y los hombres tal y como la historia los ha hecho y deshecho. Pero, por debajo, esa intrahistoria tensa: África y Europa que luchan y vencen o se reconcilian, el entrame bélico o pacífico y osmótico de las tres naciones, el sueño de locura de hidalguía y todas sus otras huellas, marcadas o hundidas, perdidas o borradas en medio de las condiciones socio-económicas que entorpecen o magnifican el curso de la historia de los hombres: el morabito y Jorge Santayana, Juan de la Cruz y el inquisidor Torquemada, Teresa de Jesús y don Manuel, de Villaverde de Lucena; el platonismo de la Salamanca de Rojas o del príncipe don Juan, y el pobre caletre del pegujalero, que apenas si come y nadie sabe de dónde puede extraer el sentido de su dignidad humana y un yo muy hipostasiado.
El libro lo he leído en la edición original, de 1984, con unas fotos excelentes de Miguel Martín. También hay otra reciente, en formato de bolsillo.

sábado, 6 de junio de 2009

Libros para recomendar

Hay épocas que no sé qué libros recomendar; ahora no, tengo cuatro por lo menos:
1. Los Ensayos de Natalia Ginzburg. Lo que he leído hasta ahora me ha maravillado y eso que creía que iba preparado para encontrarme grandes cosas. Qué grande eres, Natalia.

2. Está el libro de Enrique García-Máiquez, por supuesto. El martes es la presentación en Sevilla (datos aquí), con Enrique Baltanás y Juan Antonio González Romano (¡nada menos!). Y ayer avisaban de que el libro lo venden en la librería Hiperión de Madrid (aparte de en esta otra librería de internet). Y ahora mismo me ha mandado un mensaje Antón para que oyera en Onda Cero una entrevista que le estaban haciendo a Andrés Trapiello: y le han preguntado por los blogs y ha hablado con grandes elogios de este libro.

3. Está una antología inédita de los Diarios de Léon Bloy, que me dejó su autor (que por suerte no es Cristóbal Serra) y que estoy disfrutando mucho. Me gustaría verla publicada, a ver si alguien se animase.

4. Y ayer pude ver por fin El misterio de la felicidad, de Miguel d'Ors, una antología de su poesía hecha por Ana Eire (ya la cité hace tiempo; conversó con d'Ors en un libro al que podéis echar un vistazo aquí, en Google Books). Y conseguidlo cuando podáis: es fácil de encontrar, en la colección de antologías de rayas de la editorial Renacimiento.
Yo no entraré en valoraciones: el prólogo recoge el título: el misterio y la felicidad; al final hay datos sobre los poemas muy interesantes y otros más prescindibles sobre primeras publicaciones y erratas. Y faltan muchos poemas que me gustan, pero es una antología, hay que seleccionar y esa es la gracia de las antologías.
Y mirando por encima me ha llamado esta vez la atención la mención repetida de los siguientes pájaros: urracas, mirlos y estorninos; y en árboles las higueras y los manzanos florecidos. Y otra vez es verdad eso de que uno encuentra lo que estaba buscando.
Y aquí, en este blog nuevo pero ya plenamente logrado, podéis leer un inédito que se publica en este volumen.

jueves, 29 de abril de 2010

Vuelo de urracas

Debe de ser por esas alas en forma de paipais, pero me parece que vuelan como si estuviesen buceando, sobre todo cuando suben en línea recta entre las ramas de los árboles.

jueves, 5 de marzo de 2009

El abrazárboles (4 de 6)

El otro día estábamos mirando los preparativos para tirar dos eucaliptos en Montecelo y descubrí a una urraca que se esforzaba por volar hasta la copa, a veinte metros de altura.
Y aquí, entre la Facultad y el Burgo, una fila de plátanos tiene siempre un buen grupo de urracas. Ayer, ya de noche, las vi agrupadas en unos de los árboles, junto a un foco que ilumina la fachada de la Facultad: les debía de dar calorcito.

lunes, 23 de octubre de 2023

Paisaje de trazos otoñales

Carretera (Homenaje a A. T.)
INVIERNO gris sobre las sementeras
hurañas de Castilla. Atrás quedaron
-niebla harapienta y hielo- los peñascos
de Pancorbo, y la tarde palidece
tras este parabrisas de mosquitos estrellados.
La carretera, eterna
-en la cuneta, un repentino vuelo
de urracas-, va esfumándose a lo lejos,
en el futuro. Por la radio insisten
los políticos. Pasan camiones
porcinos hacia Burgos. (Y algún tiempo
después pasa su olor). (...)
Este es el inicio de un poema de Miguel d'Ors. Aparte de que mencione Pancorbo, el pueblo de mi padre, me interesa porque me recuerda algunos viajes invernales desde allí a Burgos. 
Me parece que es como un grabado de esos de trazos gruesos, como de los expresionistas. Me impresiona lo de las "sementeras / hurañas"  y lo de la "niebla harapienta". Es un paisaje muy de otoño (busco, ya que el autor fecha siempre sus poemas; sí, el 9 de noviembre de 1991), aunque lo titule "Invierno", con el cielo gris, campos ocres o marrones oscuros, pájaros sueltos. También me acuerdo del olor de aquellos camiones de cerdos. Pasábamos agonías en el puerto del Escudo, rodeados de camiones que se iban adelantando unos a otros y nos encerraban, sanndwicheándonos, cuando había dos carriles de subida en el puerto.

A mí me recuerda a Ortega Muñoz, al que, de hecho, Miguel d'Ors cita en algún poema. Algo así, pero con menos árboles. Ya sé que no es un grabado, pero la idea de por qué me lo recuerda creo que se entiende: