lunes, 31 de marzo de 2008

Señalada con piedrecita

Fiesta muy señalada, con una piedrecita, de la AA: la Anunciación, trasladada para hoy, día en que caído se le ha un clavel / hoy a la Aurora del seno.
Y tenemos ya casi la gama de colores de la aurora: rosa, ¡claro!, y también dorado, azafrán, rojo y encarnado -hoy el clavel encarnado que se le cayó a la Aurora.

Para celebrarlo, la etimología de A. Ernout y A. Meillet en su Dictionaire Etymologique de la Langue Latine (Paris, 1951), s. v. Aurōra, -ae:
Los antiguos derivaban su nombre de ab auro, cf. Varrón 7.83 aurora dicitur ante solis ortum, ab eo quod ab igni solis tum aureo aer aurescit [se le llama aurora antes del orto del sol, porque por el fuego del sol entonces el aire se dora de color de oro].
Derivados: aurōrō (Varrón), aurōrēscō (Ruf., Ps. Arn.).
Nombre indoeuropeo, thema en *-es-, de género animado (femenino), con valor religioso, conservado en indoiranio: skr. usāh (gen. sg. usásah [–s y h con punto debajo-]. Con diptongo inicial en griego āu-, eol. αὔως, hom. ἠώς, att. ἕως (de *hāōs). En latín el tema aparece alargado con *-ā, de donde aurōra, como Flōra sobre flōs cf. W. Schulze, Berlin Stizungsb. 1916, 1329 (no hay modo de decidir si la au- inicial procede de āu- o au-).

jueves, 27 de marzo de 2008

Sobre el mito en Galicia (y II)

Lo que me pasmó del texto de la exposición del Himno gallego fue su descaro: utilizaba imágenes míticas, pero las hacía explícitas, con lo que se convertía en una bomba de relojería para quien lo leyera con un poco de atención y la suficiente ingenuidad como para pensar que todavía podemos buscar la verdad.


Un amable lector (que de hecho es muy amable), me mandó un correo para decirme que en el fiskeo del texto lo de Habla, pueblo, habla no era de Libertad sin ira, sino de propaganda electoral de la UCD. Me ha venido a la cabeza toda la publicidad que mi generación recibió de la única TVE que había entonces: pegados a la tele recibimos el mensaje repetido de que la democracia nos haría protagonistas y todo sería maravilloso. Yo, a la vuelta de los años, soy mucho más escéptico y (frase progre) huyo de redentores (de todos salvo de uno: sé de quién me he fiado y me basta), pero todavía pienso que la política, que es el arte de lo posible, puede ayudarnos a vivir mejor. Por eso me enfurecen las construcciones culturales autodestructivas y los mitos fabricados para consagrar un status quo.

Ayer, mirando otras cosas, volví a encontrarme con una entrada antigua de cuando se discutía el Estatuto nuevo. Ahí estaba la propuesta de Preámbulo, pura circularidad:

O noso himno refírese a Galicia como nazón de Breogán. Este recoñecemento do carácter nacional de Galicia reafirma a forte identidade histórica da nosa comunidade e os seus trazos específicos, que se plasman nunha lingua e cultura propias que expresan a nosa singular e matizada percepción do mundo.



Como en el Himno se habla de nazón de Breogán eso demuestra que existe.
Yo puedo entender el voluntarismo que defiende que Somos potencia: vale, es un afirmar algo a gritos, como los All Blacks antes de un partido de rugby: somos un grupo y vamos a ganar y eso nos reafirma y ganamos (puesto que esto es una feria y los ricos se llevan lo suyo por qué no nosotros también). Puedo entender (y tampoco me gusta, de hecho no me gusta nada) el folklorismo que quiso vender Fraga y los caciques del PP. Pero aceptar una construcción postmoderna de identidad para llegar a lo mismo, tampoco.
No me gustó y no me gusta el planteamiento de san Manuel Bueno, mártir, que se podría resumir en yo ya no creo pero continúo con la farsa. Prefiero a aquellos esprits forts que representaba don Pompeyo Guimarán, el ateo oficial de Vetusta, que llegó a proponer convertir la Catedral en paseo cubierto (cap. VII, p. 180) .


Si el mito no vale (y no le valía a Platón -aunque en esto hay mucha tela que cortar- y sobre todo desde el XVIII) y ahora le damos vueltas a lo del mito como construcción cultural (por ejemplo en el tema de la construcción de la identidad de género), no lo utilicemos para mantener un espantajo.




Y no es culpa del mito, que fue una vía de acercamiento a la verdad por una parte y también recuerdo del pasado por otra. En el mejor de los casos, podríamos hablar incluso de mito verdadero: yo no digo que no haya que creer en nada; lo que sí digo es que no hay que creer en Breogán ni en Blancanieves. Y también que creo en Dios, que se encarnó hace 2000 años y no nos prometió la salvación aquí, ni hizo promesas de jauja aquí, pero existió e hizo milagros y nos espera.

Las fotos son de Bert Teunissen (las descubrí vía Efímera); he elegido una de Heidmühle (Alemania), otra de Cernadas (Lugo), otra de Herguijuela de la Sierra (Salamanca) y otra de Apricena (Italia): a ver si acertáis cuál es de dónde; cuando lo tengáis claro podéis pinchar aquí en el orden en que las he puesto: uno, dos, tres y cuatro). Como veis, los pobres son bastante parecidos y son sobre todo víctimas (y sé que estoy bordeando la demagogia: siempre que se saca a LOS POBRES a la vista se corre ese riesgo). Pero un político tendría que tenerlos presentes a ellos, no a Breogán.

Sobre el mito en Galicia (I)

El texto de ayer lo he tenido guardado tiempo; no quería ponerlo en época electoral y además cada vez tengo más miedo de que no se entienda mi crítica: el problema es que mucha gente aquí considera cualquier pero al mensaje oficial como un ataque a Galicia tout court. Es un problema, claro, porque así no hay quien arregle nada; yo añoro los años de Valladolid: nos pasábamos el día criticando la ciudad, pero bien que me dolió irme. Algo así debe de ser Madrid y algo así no es ahora mismo Barcelona.
Llevo más de ocho años aquí y todo indica -aunque vete a saber- que aquí seguiré, pero creo un deber decir en este blog lo que pienso, aunque me equivoque: en Galicia hay un tremendo complejo de inferioridad que se acaba revolviendo en rencor ante las críticas de fuera, y creo que cada vez lo entiendo más, por el tonillo de superioridad que a veces percibo en gente que viene por aquí. Para empezar, se agradecería que se evitaran las bromas sobre el gallego y sobre el acento gallego: los gallegos no son Beatriz Carvajal disfrazada de gallega. Se agradecería también evitar los tópicos: el pulpo, el depende, la lluvia. Hay que venir con los ojos abiertos y ganas de sorprenderse.
Pero la solución no está ni en decir apretando los puños ¡Somos potencia! (nacionalismo à la Bloque), ni en orgías escapistas (nacionalismo folklorista-topicalista de la boina à la PPdG) como la del anuncio de Gadis, con todos esos tópicos puestos en fila (que luego resulta que están copiados de un anuncio argentino), ni en aferrarnos a un supuesto mito que sabemos que es mentira (nacionalismo postmoderno a la PSdG). Pero ahí es donde quería llegar y esto se alarga; mañana sigo.

miércoles, 26 de marzo de 2008

A nosa voz. Cen anos de Himno galego

A nosa voz es una exposición en Bonaval organizada por Presidencia de la Xunta, es decir, el Partido Socialista Galego; no, no es del Bloque Nacionalista Galego el texto que vamos a ver, enjundioso como pocos y tremendamente ilustrativo, me parece.
Por ello voy a fiskearlo. Lo he traducido al castellano, lengua glotófaga donde las haya y actitud mía poco filológica donde las haya de no comentar el texto original, pero todo podría ser que el texto original fuera castellano, en la Xunta pasa mucho:

Os Pinos de Eduardo Pondal no fue sólo un poema. La musica de Pascual Veiga fue más que una canción. El Himno, símbolo musical de los gallegos, es un canto patriótico [sic] por el que Galicia irrumpe [latín in-rumpere, romper entrando, entrada con ruido y metáfora viril] en la historia como protagonista colectiva [masa que pasa en masa a actor, pero colectivo, como si el coro se metiera a protagonista; no es muy coherente, pero es de buen rollo]: expresando en esta Nuestra voz la voluntad de tomar la palabra y romper con el silencio [Habla, pueblo, habla, estribillo de una canción electoral de la UCD, cuando éramos más inocentes]. La voluntad no se expresa con espíritu marcial [vade retro]. Nuestro Himno contruye, afirmativa [=affirmative action] e inclusivamente [muy zapateril, sin duda, aunque ÉL dice 'sin exclusiones'], nuestra diferencia ['construir afirmativa e inclusivamente la diferencia': que un catedrático de Lógica me lo explique, pero la lógica del zapaterismo, como la del rector de la USC, es una lógica borrosa, sin constreñimientos aristotélicos]; y lo hace sin hablar de conflictos, ni de violencias o exclusiones [qué bien].

El Himno gallego recoge el diálogo de un pueblo con su naturaleza [LA TIERRA]. En ese diálogo se expresa el entusiasmo de tomar la palabra y hacerse cargo de su destino. Nuestro Himno se desenvuelve en tres momentos:
En el primero, el bardo interpela a la naturaleza y esta se hace protagonista del poema. La noche, el bosque y el mar dibujan el paisaje interior que remite al alma trágica, al paisaje interno de una comunidad injuriada y maltratada [romanticismo a saco: el bardo, la naturaleza, el paisaje; y ya salta a escena -permítaseme copiar metáfora- el bucle melancólico del pecado original que constituye la Nación: el despojamiento].
En el segundo, la naturaleza, a su vez, se dirige a los buenos y generosos que escuchan, frente a los duros que no entienden la voz de la sabia naturaleza-comunidad [salto: de la naturaleza a la comunidad de los buenos]. He ahí el momento decisivo: la ciudadanía activa que se yergue frente al ultraje y pone fin a las vaguedades en la vindicación de sus derechos colectivos [tenéis que ser buenos y participar en el juego democrático, que si no viene el lobo y nos quitará los ja, ja, me parto: ¡derechos colectivos!].
Por último la Nación de Breogán despierta de su sueño [=Bella Durmiente], activa [¡Activen rampas! -A sus órdenes, capitan de la nave espacial] su identidad colectiva y provoca la irrupción de un nuevo protagonista político: Galicia [¡TACHÁN!]. Desde la edad de oro céltica [todo inventado en el XIX], después de la larga decadencia de siglos oscuros [mito del despojamiento], llegan los hijos de Breogán [inventado en el XIX] al despertar nacional [=Bella Durmiente] contemporáneo, en la imagen mítica de una bella durmiente [lo genial de este texto es lo explícito que es] que por un acto de amor [el beso del príncipe, pero no dice quién es, quizá sea una Narciso besándose a sí misma] toma conciencia de sí [y por una autoafirmación de autobeso pasa de rana a princesa] y recupera lo suyo [el reino, que para eso es una princesa; y qué reino: pues cuál va a a ser ¡el reino de Galicia!].
El relato celta es el mito fundacional de Galicia, y da una identidad colectiva a los gallegos [hubo un intento de mito griego de Galicia, pero acabaron prefiriendo el celta]. El mito añade significado a la realidad, de ahí su plural tarea:
Fundamenta la comunidad simbólica sobre una comunidad natural [lo de comunidad natural lo da por hecho; Galicia lo es y por eso tiene mito o tiene mito porque lo es y eso justifica entonces que sea una comunidad natural: el mito enriquece la realidad].
Aporta una perspectiva voluntarista, movilizadora, que refuerza la decisión nacional [sic].
Recupera la dignidad perdida [el mito como maquillaje]. Contribuye, no sólo a expresar, sino a producir una comunidad [el mito creador], a articular Galicia como sujeto colectivo, a unir a los gallegos en un proyecto común por encima de las diferencias [síntesis hegeliana].
Delimita un nosotros frente a los otros [palabra clave: frente], cimentando la diferencia específica, pero no por la exclusión ni por la agresión al otro [otra vez sí pero no y sí a la vez; diferencia sin exclusión y cómo se come eso sin lógica borrosa].
El mito ofrece una visión proyectiva de la identidad, abierta al futuro en Europa, llamada a un porvenir de prosperidad y desarrollo [el mito como proyección de un paraíso para el futuro, el mito del progreso del XVIII].
Fundamenta la necesidad de autogobierno [en los saltos lógicos borrosos hemos pasado de la naturaleza específica a la comunidad y de ahí al autogobierno, q.e.d.; en serio, prefería lo de la ley del más fuerte, sin tantos saltos lógicos], imperativo de los gallegos de dotarse de voluntad política propia para atender a sus demandas, intereses y preferencias específicas [cuáles son ellas no me lo preguntéis, que yo soy de los duros que no han oído a la naturaleza que convirtió a los demás en comunidad nacional; la pobreza no debe de ser, porque eso es común con otros; el paro tampoco, ni el dolor, ni la muerte, porque ninguna de esas cosas es específica; tampoco la gaita, si me apuráis, ni los prados verdes -también los tienen en Asturias].

Me parece un texto alucinante, no sé si pensado por una mente lúcida para que la gente al final caiga en la cuenta de con qué palos se está montando un sombrajo que al final es sólo la justificación para que los de siempre, la élite del dinero, mangoneen como siempre. En serio, prefería los relatos míticos marxistas: al menos pretendían a nivel teórico dar de comer al pobre, sin preguntarle a qué comunidad natural pertenecía.

martes, 25 de marzo de 2008

Y más de la Aurora

Cosas que he ido pillando por ahí:
-El diccionario de latín de Lewis & Short s. v. aurora, da una explicación etimológica que la relaciona con el sánscrito ush (arder), con nombres del sol (y la idea de brillar) y con la palabra aurum (oro). A mí no me huele bien tanta relación etimológica desde el punto de vista científico, pero desde otro sí, para relacionarla con el oro, el brillo y el fuego.
-Una definición de san Isidoro (Orig. 5.31.14): est autem aurora diei clarescentis exordium et primus splendor aëris, quae Graece êôs dicitur (La aurora es el inicio del día cuando clarea y el primer brillo del aire, que en griego se llama eos).
-Un verso de Virgilio, Eneida 9.459: Iamque rubescebat stellis Aurora fugatis (y ya se ruborizaba la Aurora, puestas en fuga las estrellas).
-En Juvenal (10, 2) se explican las dificultades que vamos a encontrar en el sur para que se apunte gente a la AA: quae [terrae] sunt a Gadibus usque Auroram et Gangen (las tierras que hay desde Cádiz hasta la Aurora y el Ganges).
-Sobre la Aurora en las tradiciones de Oriente, bíblicas y griegas este enlace muy bueno.

domingo, 23 de marzo de 2008

Vigilia

Grandísima homilía de B16 en la Vigilia Pascual, para leerla entera y despacio, y no sólo los creyentes, me parece, sino toda persona con un mínimo interés por el cristianismo en, vamos a decirlo así, su vertiente cultural. Habla del bautismo, la muerte en el agua, el mar, el fuego, la luz, el sol, el Oriente. Impresionante este pasaje:
En su vida terrena Jesús, como todos nosotros, estaba sujeto a las condiciones externas de la existencia corpórea (...). La corporeidad pone límites a nuestra existencia. (...) Entre el yo y el tú está el muro de la alteridad. Ciertamente, amando podemos entrar, de algún modo, en la existencia del otro. Queda, sin embargo, la barrera infranqueable del ser diversos. Jesús, en cambio, que a través del amor ha sido transformado totalmente, está libre de tales barreras y límites. (...) Puede atravesar la puerta interior entre el yo y el tú, la puerta cerrada entre el ayer y el hoy, entre el pasado y el porvenir.

Y comentario profundo y detallado (en inglés) de fr. Z, en su blog, que os recomiendo vivamente.
Y en el Evangelio de ayer: pasado el sábado, al alborear el día siguiente.

sábado, 22 de marzo de 2008

Procesión desde Bonaval

Un Cristo yacente pequeño, la Virgen con mantilla regalo de Isabel II, los cofrades con irreprochable frac.
Fue de ver un gran milagro de la Virgen -y que quede aquí constancia para los anales-: por especial providencia de Dios ni la cabeza de la imagen ni siquiera la corona se dieron con el dintel, aunque la sacaron como de lado, a trompicones; en ese momento angustioso, más que andar, la imagen parecía que cojeaba o que se encogía para evitar el coscorrón. Bien, lo que perdemos en finura y repelú en Santiago lo ganamos en no tener tentaciones de ser capillitas (y a mí me sale una entrada castiza cuando querría que fuera sublime).
Salimos detrás nosotros y el cielo con nubes oscuras estaba entre Ortiz-Echagüe y Solana: la España Cifesa o la España negra.