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sábado, 5 de abril de 2008

Espera ansioso

Hoy he descubierto que parte de la definición de esperanza que había entrevisto leyendo la Spe salvi, lo de que Dios nos espera ansioso, estaba ya en una homilía de san Josemaría, en relación con un texto de san Ignacio de Antioquía: el alivio de descubrir que yo no era original.

domingo, 9 de diciembre de 2007

Rubén Grilo

Me acerqué al CGAC. Así como en Spe salvi B16 dice que rezar es una demostración de la virtud de la esperanza (¡qué esperanzadora afirmación!), el hecho de que yo vaya todavía al CGAC me parece una demostración palpable de mi amor al arte, a pesar de todo.
Volví a pasar de largo por la exposición de la lucha de los géneros, que parece que cierran hoy; ya se puede decir que ha sido un completo fracaso: no se ha escandalizado nadie.
Bien, había una exposición con el título penoso de Información contra información. Entré: un chino partía en un vídeo peces y era asqueroso. Miré para otro lado: fotos con los cristales rotos por impactos y en las fotos los gurús de la modernidad (Foucault, el Che, gente así). Me hizo gracia: era de un tal Jota Castro. Luego miré el catálogo y decía alguna cosa incluso interesante, aunque todo, como siempre, era al final puro rollo nihilista (miré luego en internet y luego no es tan nihilista según para qué: digamos que era nihilista progre y ya está).

Pero lo que me gustó fue varias cosas que había puesto Rubén Grilo: en tres vídeos paralelos el mismo tío (en inglés) va diciendo "Elijo X", una lista de cosas que elige (por ejemplo: leche Nestlé / leche entera / etc.; patatas fritas x, y, z, en cada vídeo una lista de cosas distintas). Y acaba con: "La libertad es maravillosa". Diréis: no es mucho. Bueno, tampoco está mal, visto cómo está el patio.
Pero realmente lo que me alegró la tarde fue otra 'instalación' suya que vi justo antes: esos circulitos de papel que se hacen en los folios con una taladradora para archivarlos, pues bien: había un montón en el suelo. Título: algo así como 'restos de veinte manifiestos'. Y pensé: sí, tío, muy bueno. Ya vale de grandilocuencias. Los pisé un poco por el puro placer de la transgresión, a ver si venían a llamarme la atención, pero no.
Luego miré y resulta que es un tío de Lugo, de Sarria en concreto, de 26 años.
Llegué aquí, lo gugleé y resulta que ya le había echado flores al director del CGAC hace un año y además con fraseología de esa a medio camino entre patriotera-progre y modernilla. Luego ves que escribe bien, que tiene cosas que decir, pero supongo que tendrá que recorrer un camino de maduración: ¡chaval, que Galicia te necesita!
Parece que tiene web, pero no veo que funcione.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Spe Salvi (I)

Me costó mucho entender los tres primeros puntos (es una encíclica muy difícil, aunque maravillosa), pero creo que ya he conseguido resumirlos en una frase:
La virtud de la esperanza es saber que Dios nos está esperando ansioso.

La primera versión fue: saber que Dios nos espera.
La segunda: saber que Dios nos está esperando.
Hoy he dado con esta tercera: espero sugerencias.

domingo, 16 de diciembre de 2007

¡Ya!



¿Ya? Todavía no del todo, aunque sí, ya.
Domingo Gaudete, en el que leo en Spe Salvi que sí, que ya salvados, sí, en esperanza. Y a seguir dándole vueltas a la paradoja.
Ayer asistí al bautizo de la hija de unos amigos: luminosa mañana fría. El sol en Santiago -ahora que podemos verlo- hace un arco como el del arco iris: el sol da de cara porque no puede subir, brilla como los ojos de Ingrid Bergman en Casablanca (la volvimos a ver el viernes).
Yo asistía fascinado al bautismo, como a una película de terror con final feliz: la niña, vestida de un blanco maravilloso -el otro día se hablaba en un salmo del brillo del rostro de Dios- iba adornada como las víctimas del sacrificio en los rituales griegos.
En los bautizos se espera con curiosidad la reacción del niño cuando le echan en la cabeza el agua, como se esperaba en Grecia que las víctimas de los sacrificios movieran la cabeza al espolvoreársela con agua, como esperando de ellas un asentimiento para permitir el tabú del derramamiento de la sangre inocente.
En la capilla de bautismos, sin luz eléctrica, a la luz del sol de diciembre, con niños que correteaban alrededor de la pila, Micaela dejó de ser morita. Asistimos a su muerte real -¡tremenda!- entre sonrisas. No hizo ningún gesto, ni cuando la ungieron -¡la unción!- ni cuando murió ahogada en las aguas.
De allí salió vestida de blanco, ya viva para siempre.
Busco 'bautismo' en este blog y encuentro esto de B16:
Queridos catecúmenos que vais a ser bautizados, ésta es la novedad del Bautismo: nuestra vida pertenece a Cristo, ya no más a nosotros mismos. Pero precisamente por esto ya no estamos solos ni siquiera en la muerte, sino que estamos con Aquél que vive siempre. En el Bautismo, junto con Cristo, ya hemos hecho el viaje cósmico hasta las profundidades de la muerte. Acompañados por Él, más aún, acogidos por Él en su amor, somos liberados del miedo. Él nos abraza y nos lleva, dondequiera que vayamos. Él que es la Vida misma.

miércoles, 6 de enero de 2010

Las estrellas y el Señor

Lo he releído en Spe Salvi, 5; está hablando del ambiente en el que vivían los primeros cristianos:

El mito había perdido su credibilidad; la religión de Estado romana se había esclerotizado convirtiéndose en simple ceremonial, que se cumplía escrupulosamente pero ya reducido sólo a una religión política. El racionalismo filosófico había relegado a los dioses al ámbito de lo irreal. Se veía lo divino de diversas formas en las fuerzas cósmicas, pero no existía un Dios al que se pudiera rezar. Pablo explica de manera absolutamente apropiada la problemática esencial de entonces sobre la religión cuando a la vida según Cristo contrapone una vida bajo el señorío de los elementos del mundo (cf. Col 2,8). En esta perspectiva, hay un texto de san Gregorio Nacianceno que puede ser muy iluminador. Dice que en el mismo momento en que los Magos, guiados por la estrella, adoraron al nuevo rey, Cristo, llegó el fin para la astrología, porque desde entonces las estrellas giran según la órbita establecida por Cristo*. En efecto, en esta escena se invierte la concepción del mundo de entonces que, de modo diverso, también hoy está nuevamente en auge. No son los elementos del cosmos, las leyes de la materia, lo que en definitiva gobierna el mundo y el hombre, sino que es un Dios personal quien gobierna las estrellas, es decir, el universo; la última instancia no son las leyes de la materia y de la evolución, sino la razón, la voluntad, el amor: una Persona. Y si conocemos a esta Persona, y ella a nosotros, entonces el inexorable poder de los elementos materiales ya no es la última instancia; ya no somos esclavos del universo y de sus leyes, ahora somos libres.

* Cf. Poemas dogmáticos, V, 55-64: PG 37, 428-429

sábado, 31 de diciembre de 2022

Benedicto XVI, grande

Siento mucho el fallecimiento de Benedicto XVI. Por carácter, es el papa con el que más afín me he sentido: todos los papas son Pedro y, en un misterio incomprensible, son il dolce Cristo in terra, como decía santa Catalina de Siena, lo que no quita para que unos los podamos sentir más cercanos que otros. En 2005 escribí dos entradas con el pretencioso título de Ratzinger y yo: esta y esta otra.

Yo de lo que leí de él, que fue mucho -y me queda, por suerte, mucho que leerle y releerle- todo me pareció unas veces admirable, otras deslumbrante, siempre hondo, preciso, riguroso. Yo le he dedicado muchísimas entradas aquí, muchas de ellas citas de textos suyos: por citar alguna, recogía una conferencia magistral suya sobre la conciencia. O un texto sobre la esperanza. Sobre Jesús como rey de burlas. O sobre la angustia de Cristo. O sobre Platón, profeta de Cristo. O sobre arte en esta entrada, que continúa con esta otra y acaba en esta.

Hice un resumen en diez entradas de su grandiosa encíclica Deus Caritas est. Y cuatro a Spe Salvi.

Sus discursos eran magistrales (al de Ratisbona le dediqué ocho entradas, y tres al de la Universidad de La Sapienza, uno, dos y tres: leed por favor esta tercera parte), su gobierno de la Iglesia lo recuerdo con mucho cariño. Cuando estuvo en Santiago, lo vi de lejos.

Algunos lo presentaron como un ser caricaturesco, porque el mal existe y la estupidez también. Él espero que ya descanse en el Señor. Aquí -saldrán muchos más- os dejo tres artículos recién aparecidos, uno de don Lucas Buch, otro de Enrique García-Máiquez y los recuerdos de don Fernando Ocáriz, el Prelado del Opus Dei.

Parece como que Dios nos va quitando todo en lo que podíamos poner esperanza, pero ahora es el momento de la esperanza en Dios, a pesar de los pesares: todo lo hará el Señor antes, más y mejor.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Hoy en Stará Boleslav

Estará (perdón por el chiste malo) el Papa.
La experiencia de la historia muestra a qué absurdos llega el hombre cuando excluye a Dios del horizonte de sus elecciones y de sus acciones y que no es fácil construir una sociedad inspirada en los valores del bien, de la justicia y de la fraternidad, porque el ser humano es libre y su libertad permanece frágil. La libertad, entonces, debe ser constantemente reconquistada para el bien, y la ardua búsqueda de los "rectos ordenamientos para las realidades humanas", es una tarea que pertenece a cada generación (cfr Spe Salvi, 24-25).

La fidelidad a los pueblos que servís y representáis requiere la fidelidad a la verdad que, es la única garantía de libertad y de desarrollo humano integral (cfr. Caritas in veritate 9). En efecto, la valentía de presentar claramente la verdad es un servicio a todos los miembros de la sociedad: eso, en efecto, ilumina el camino del progreso humano, indica los fundamentos éticos y morales y garantiza que las directrices políticas se inspiren en el tesoro de la sabiduría humana. (...) la búsqueda de la verdad, lejos de amenazar la tolerancia de las diferencias o el pluralismo cultural, hace posible el consenso y permite al debate público mantenerse lógico, honesto y responsable, asegurando aquella unidad que las vagas nociones de integración simplemente no están en grado de realizar.
[negritas mías]

lunes, 17 de marzo de 2008

Ser esperado

Mi proyecto de resumen de la encíclica Spe salvi quedó en eso, en proyecto. Sólo salió una frase que me ha venido acompañando desde entonces y que complemento con un texto bíblico siguiendo la sugerencia de CB de poner un para qué:
La virtud de la esperanza es saber que Dios nos está esperando ansioso [para enjugar las lágrimas de nuestros ojos].
Hoy en Zenit traducen un discurso de B16, con el párrafo al final que ya vi en inglés en Video meliora:
Los prisioneros de guerra que estuvieron en Rusia durante diez años o más, expuestos al frío y al hambre, después de volver dijeron: "Pude sobrevivir porque sabía que me esperaban. Sabía que había personas que me esperaban, sabía que yo era necesario y esperado". Este amor que los esperaba fue la medicina eficaz de la vida contra todos los males.
La homilía es impresionantemente buena. En estos tres párrafos explica muy bien qué es el hombre y el sentido de la vida:
[El hombre] es un ser que conoce. Desde luego, también los animales conocen, pero sólo las cosas que les interesan para su vida biológica. El conocimiento del hombre va más allá; quiere conocerlo todo, toda la realidad, la realidad en su totalidad; quiere saber qué es su ser y qué es el mundo. Tiene sed de conocimiento del infinito; quiere llegar a la fuente de la vida; quiere beber de esta fuente, encontrar la vida misma.
Así hemos tocado una segunda dimensión: el hombre no es sólo un ser que conoce; también vive en relación de amistad, de amor. Además de la dimensión del conocimiento de la verdad y del ser, existe, inseparable de esta, la dimensión de la relación, del amor. Y aquí el hombre se acerca más a la fuente de la vida, de la que quiere beber para tener la vida en abundancia, para tener la vida misma.
(...) "Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10, 10). Vida en abundancia no es, como algunos piensan, consumir todo, tener todo, poder hacer todo lo que se quiera. En ese caso viviríamos para las cosas muertas, viviríamos para la muerte. Vida en abundancia es estar en comunión con la verdadera vida, con el amor infinito.