miércoles, 7 de enero de 2026

Palenzuela y Peral de Arlanza

Los días de Burgos, una mañana viajamos, siguiendo el Arlanzón, el río de la capital, casi hasta que desemboca en el Arlanza: a Palenzuela, un pueblo en la raya, del lado de Palencia, y luego volvimos a la provincia de Burgos, a Peral de Arlanza, donde íbamos a la panadería, que es de unos conocidos de mi hermana: allí estuvimos en el horno, con un calor muy entrañable, los panes hechos, la masa por fermentar, los cajones donde la metían para que esa masa fermentara. Nos llevamos varios panes y estaban buenísimos, era como comer postre comiendo pan.

En Palenzuela es donde habíamos parado primero. Es conjunto histórico, un pueblo por el que pasaron e hicieron cortes los Reyes Católicos y por donde marchó al retiro de Yuste Carlos I. Es el cogollito de Castilla, en la zona del Cerrato palentino. Quedaban restos de adobe del castillo, una iglesia en ruinas con encanto y la iglesia parroquial con retablos llamativos. Por suerte, encontramos y nos abrió la señora que tenía la llave.

Esta es la iglesia en ruinas


Estos son restos de escudos en la iglesia parroquial

Unas cabezas muy básicas más arriba

En la impresionante capilla de los Salazar había unas inscripciones enormes.

Mirad cómo era la bóveda:


Luego, había un gran políptico, de estructura compleja, con tablas que sin ser una maravilla, resultaban interesantes, flamencas, de Antonius Claiessens, según Enrique Valdivielso:





Enfrente, quedaban estas tumbas, que parecían más antiguas:

Encima, otra inscripción muy grande

Había además otro retablo de tablas:


De vuelta, volviendo por las calles, me fijé en estos ladrillos:

lunes, 5 de enero de 2026

Lo que le dijo el ángel a María

Lo tenía preparado como felicitación de Navidad. Será para Reyes, aunque cuadra más en realidad en el Adviento: 
   
Gracias a Sunday Morning, el programa de Sarah Walker en BBC Radio 3, oí otra vez Angelus ad Virginem, en el arreglo de Andrew Carter y me volvió a encantar. Esta vez busqué el texto, que es precioso, la conversación entre María y el ángel Gabriel (aquí tenéis una traducción castellana):
Angelus ad Virginem
subintrans in conclave,
virginis formidinem
demulcens, inquit: -Ave!
Ave regina virginum;
caeli terraeque Dominum
concipies
et paries intacta,
Salutem hominum;
Tu porta caeli facta,
medela criminum.


-Quomodo conciperem
quae virum non cognovi?
Qualiter infringerem
quod firma mente vovi?

-Spiritus Sancti gratia
Perficiet haec omnia;
Ne timeas,
sed gaudeas, securam
quod castimonia
manebit in te pura
Dei potentia.


Ad haec virgo nobilis
respondens inquit ei:
-Ancilla sum humilis
omnipotentis Dei.
Tibi caelesti nuntio,
tanti secreti conscio,
consentiens,
et cupiens videre
factum quod audio;
Parata sum parere,
Dei consilio.

Eia mater Domini,
quae pacem redidisti
angelis et homini,
cum Christum genuisti:
tuum exora filium
ut se nobis propitium
exhibeat,
et deleat peccata:
praestans auxilium
vita frui beata
post hoc exsilium.
Deo Gracias.
Aquí la que me imagino será la versión original medieval:

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Un vistazo atrás a 2025

En enero elogiaba un libro sobre De Gaulle y releía El poder y la gloria de Graham Greene. Traducía un poema de Robert Bringhurst.

En febrero recogía una versión de Sánchez Mazas del poema famoso de Du Bellay, le hacía fotos a un magnolio de flor. Contaba la renovación del carnet de conducir. Encontraba paralelos entre la Carta a los hebreos y la Odisea. Leía con provecho Qohélet/Lector. Alegría en tiempos de vaciedad.

En marzo ponía otra vez fotos de narcisos. Recogía poemas sobre filosofía moderna de Ibáñez Langlois. Me ponía a mí mismo hablando de Tolkien. Contaba de un viaje a Burgos con nieve.

En abril salió mi libro sobre Religión griega. Leí Los naufragios del Batavia de Simon Leys. También Un enigma ante tus ojos, de Marcela Duque. Recogía un poema de Jaime García-Máiquez. Me fijaba en un pasaje de Nudo de víboras, de Mauriac: "lo que contaba era mi fe en el amor que tenías por mí". El propio libro me había impresionado.

En mayo le hacía fotos a una pared de flores. Hablaba de mi calle. El día de mi cumpleaños hacía balance. Disfruté de La estrella de la mañana, de Karl Ove Knausgård. Dividía a la humanidad en procrastinadores y prontistas.

En junio copiaba mi primer texto. Hice dos relecturas de Retorno a Brideshead. También encontré fotos de la capilla que sirve de modelo. Hacía fotos de margaritas. Disfrutaba de una relectura de Hombres en armas, de Evelyn Waugh.

En septiembre contaba algunas cosas de Riaza y alrededores. Con un pasaje de Daniel Deronda me hacía un autorretrato. Explicaba cosas que nunca iba a comprender.






martes, 30 de diciembre de 2025

Sol de finales de diciembre

Estos días en Burgos han sido de sol. Hasta parecía que no hacía frío. También había nubes, pero rasas, como sábanas desgarradas que dejaban luego que se asomara el sol, que calentaba aunque solamente fuera por sugestión. Disfrutamos mucho de ver los campos, algunos en barbecho, otros con tractores que los araban, otros con una fina capa de verde. Tuvimos vistas en lontananza, por ejemplo las llanuras desde los altos, desde Palenzuela por ejemplo, con el río Arlanza debajo, que  recibe el Arlanzón en su término. O las que nos fuimos encontrando de vuelta a Burgos por Peral de Arlanza, Escuderos, Santa María del Campo, Presencio y Villagonzalo Pedernales. 

Fuimos derrotados al final al parchís. Ganamos las dos primeras partidas, al otro día se fue equilibrando la cosa y al final nos infligieron un global de seis a tres: mis hermanas, contentas. También un día, después de una opípara comida de domingo navideño. jugamos a un juego nuevo para mí, la pocha, una especie de tute con reglas complejas y no del todo justas, en mi humilde opinión: estábamos mi hermana mediana, la cumpleañera, y mi cuñado, mis tres sobrinos, mi hermana pequeña y yo. Yo fui el que quedé el último. Puedo decir que me ganaron dos campeones de España, eso sí.

De lo que oí en el camino entre Burgos y Santiago, destaco absolutamente el programa del club Dalroy sobre el Silmarillion de Tolkien, precioso, una maravilla a dos voces entre Santiago Huvelle y Javier Rubio Hípola, que comienza con la lectura de un pasaje conmovedor del libro y es una hora y media de pura delicia, comentando pasajes, temas, personajes en una conversación de una harmonía a la altura del libro:

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Pastorcito santo

Estoy muy contento de haberme dado con este villancico extraordinario: la letra es de Lope de Vega, la música es de Joaquín Rodrigo, el piano lo toca Gonzalo Soriano, la que canta -y cómo- es Victoria de los Ángeles.

Con él quiero desearos a todos los que paséis por aquí muy feliz Navidad:
 

Zagalejo de perlas,
hijo del alba
¿Dónde vais que hace frío
tan de mañana?


Como sois lucero
del alba mía
a traer el día
nacéis primero;
Pastor y cordero
sin choza ni lana
¿Dónde vais que hace frío
tan de mañana?


Perlas en los ojos
risa en la boca,
a placer y enojos
las almas provoca;
cabellitos rojos
boca de grana
¿Dónde vais que hace frío
tan de mañana?


¿Qué tenéis que hacer,
Pastorcito Santo,
madrugando tanto?
Lo dais a entender
aunque vais a ver
disfrazado al alma
¿Dónde vais que hace frío
tan de mañana?

martes, 23 de diciembre de 2025

Pedreña

Mandó mi hermana Eva hace unos días fotos de Pedreña. Yo estuve allí de pequeño en unas Colonias de la Caja de Ahorros. Supongo que sería una semana o quizá más. A mí se me hizo largo. Tampoco tengo muy mal recuerdo. Yo de pequeño no quería salir del pueblo: siempre fui muy casero.

De Pedreña me acuerdo poco; más del espacio de mar que daba a Santander, que se convertía en una superficie de playa de tierra mojada donde cogíamos navajas, con esas formas alargadas y color plateado o nácar: les echábamos una pizca de sal a los agujeros alargados de la arena y salían hacia arriba.

Pasábamos al lado del campo de golf y hablábamos de Severiano Ballesteros, que estaba entonces en su zénit. Supongo que haríamos caminatas por allí. Sí que recuerdo que nos cuadrábamos por las mañanas: había como un cierto aire militar, todo era muy cristiano también: los monitores creo que eran de una asociación católica. Eran otros tiempos. Quizá ni teníamos todavía Constitución.

Foto de Eva deesde Pedreña, mirando a Santander sobre la bahía en marea baja

lunes, 22 de diciembre de 2025

El subgénero de los profesores gruñones de clásicas

Vimos Los que se quedan, otra película de Alexander Payne (del que habíamos visto hace poco Nebraska). Está muy bien. Creo que juega con las expectativas de un subgénero en el que se incluirían al menos dos películas, Adiós, Mr. Chips, y La versión de Browning (las dos tuvieron dos versiones). 

Todas tienen en común un profesor de estudios clásicos (las dos primeras profesores de lenguas clásicas, la última uno de "civilizaciones clásicas"), solo (viudo o mal casado o soltero sobrevenido), mirado por los alumnos con despego pero que tiene un corazoncito y acaba realizando una especie de redención paterna. Ya hace veinte años intenté hacer una lista, en la que estaba también El club del emperador

[ACTUALIZACIÓN: Un amigo me manda un artículo de Dámaris Romero González, "La figura del filólogo clásico en el cine", de 2012, donde señala mucho de lo que digo yo aquí como si fuera una novedad]

Los que se quedan tiene toques originales: el estoicismo heroico que ronda a los otros protagonistas aquí es un estoicismo de partida que no tiene problema de romper el mayor tabú del mundo anglosajón, que es el respeto sacrosanto a la verdad, el horror a la mentira, que no se si será en sus versiones extremas calvinista o qué, pero que viene a afirmar que no se puede mentir nunca, ni en peligro de muerte. Aquí el protagonista, muy bien interpretado por Paul Giamatti, se salta su propio marco en un acto final de ofrenda, algo que hace única esta película, al menos en ese marco puritano anglosajón en el que nos movemos. 

Y luego, en el fondo, no en el marco, de lo que va es de la figura del padre.