lunes, 31 de diciembre de 2012

Lo mejor de 2012

1. Cine: yo sólo sabría recomendar esta maravillosa película de Ozu. Del 2012, os podéis fiar de lo que diga Julio (de su muy meditada lista yo solo he visto Profesor Lazhar, que me gustó).

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2. Música: no sé elegir, de tantísimo bueno que he oído. Os remito a mis fuentes:
a. Me he alimentado básicamente de NPR, la Radio Pública Nacional de USA (que a su vez me han llevado a KEXP de Seattle).
b. Y un poquito todavía de Radio 3 y luego por ejemplo las recomendaciones de pop juguetón de Emilio Quintana o las de Balaverde, más country.
c. De Música Clásica: Mucho que agradecerle a Radio Clásica y a las recomendaciones de Noatodo (y otros).

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3. Libros, por orden alfabético:

Enrique Andrés Ruiz, La tristeza del mundo. Sobre la experiencia política de leer, Encuentro, Madrid, 2010

Guadalupe Arbona, Las llagas y los colores del mundo. Conversaciones literarias con José Jiménez Lozano, Encuentro, Madrid, 2011

Marie Cabaud Meaney, Simone Weil’s Apologetic Use of Literature. Her Christological Interpretations of Ancient Greek Texts, Oxford University Press, 2007

Luisa de Carvajal y Mendoza, Escritos autobiográficos, ed. Camilo Abad S. I, Juan Flor, Barcelona, 1966

Eric R. Dodds, Missing Persons, Oxford, Clarendon Press, 1978

Enrique García-Máiquez, El pábilo vacilante, Encuentro, Sevilla, 2012
Un paso atrás, Rialp. 2012

Jaime García-Máiquez, Oh, mundo, Altair, Sevilla, 2012

Cathy Gere, Knossos and the Prophets of Modernism, University of Chicago Press, 2009

José Jiménez Lozano, Retratos y naturalezas muertas, Trotta, Madrid, 2001

Jon Juaristi, Miguel de Unamuno, Taurus, Madrid, 2012

Søren Kierkegaard, Para un examen de sí mismo recomendado a este tiempo, Trotta, Madrid, 2011

Fernando López de Artieta, Grosso Modo, Siltolá, Sevilla, 2011

Gregorio Luri, Erotismo y prudencia. Biografía intelectual de Leo Strauss, Encuentro, Madrid, 2012

Alejandro Llano, Caminos de la filosofía. Conversaciones, Eunsa, Pamplona, 2012

John Henry Newman Sermones parroquiales 2/, /4 y /5, Encuentro, Madrid, 2010 y 2011, traducción de Víctor Garcia Ruiz et al.

Carlos Pujol, El corazón de Dios, Palencia, Cálamo, 2011

Iñaki Uriarte, Diarios. Segundo volumen (2004-2007), Pepitas de Calabaza, Logroño, 2011

Evelyn Waugh, Edmund Campion, Homo legens, Madrid, 2009
- Jerusalén. Viaje a los Santos Lugares, Elba, Barcelona, 2011

domingo, 30 de diciembre de 2012

Cómo leer la Palabra

Leí con gran interés los trozos que puso cb de Para un examen de sí mismo recomendado a este tiempo, de Søren Kierkegaard y vi que lo teníamos en casa y me lo leí, lo primero que leía de él: resulto ser UNA MARAVILLA.
Compradlo, leedlo. Qué bien escribe, qué gracia tiene, qué plástico es. Qué hondo y qué sencillo.

Os pongo estos textos, quizá demasiado largos para poner aquí, pero me arriesgo. Por ejemplo esto sobre cómo leer la palabra de Dios y los riesgos de la erudición (44-45):
Imagínate a un enamorado que ha recibido una carta de su amada- tan preciosa como es esta carta para el enamorado, tan preciosa, supongo yo, es esta carta para ti, la Palabra de Dios; así como el enamorado lee esta carta, así, supongo yo, tú lees y tú entiendes que debes leer la Palabra de Dios.
Pero quizá digas: «Sí, pero la Sagrada Escritura está escrita en un idioma extraño». En realidad, son más bien los eruditos quienes necesitan leer la Escritura en el idioma original; pero, si tú no lo quieres de otro modo, si quieres insistir en que debes leer la Escritura en el idioma original bien podemos quedarnos con la imagen de la carta de la amada, y sólo agregar una pequeña precisión.
Supongo entonces que esta carta de la amada está escrita en un idioma que el enamorado no entiende; y no hay nadie que se la pueda traducir y quizás él ni siquiera desee tal ayuda para evitar que un extraño conozca sus secretos. ¿Qué hace entonces? Toma un diccionario, se sienta a descifrar la carta, busca en él cada palabra para lograr así una traducción. Supongamos ahora que, mientras está ocupado con esta tarea, llega un conocido suyo, que sabe que esta carta ha llegado, mira hacia la mesa, la ve ahí y dice: «Mmm ... ¿estás leyendo la carta que recibiste de tu amada?». ¿Qué crees tú que dirá el otro? Responderá: «¡Estás loco si crees que estoy leyendo una carta de mi amada! No, amigo mío, estoy aquí quemándome las pestañas para poder traducirla con la ayuda de un diccionario y a veces estoy a punto de estallar de impaciencia, la sangre se me sube a la cabeza y me dan ganas de lanzar el diccionario al suelo - ¿y tú llamas a esto leer?, ¿te burlas de mí? Pronto, gracias a Dios, habré terminado con la traducción y entonces, sí, sólo entonces, podré leer la carta de la amada. Esto es otra cosa- pero a quién le estoy hablando ... , pedazo de idiota, apártate de mi vista, no quiero ni verte, a ti que te atreviste a ofendernos de tal modo a mi amada y a mí que a esto le llamas leer una carta suya. Pero, quédate, quédate, sabes bien que es sólo una de mis bromas; me gustaría que te quedaras, pero sinceramente no tengo tiempo, todavía me queda algo por traducir y estoy ansioso de poder leerla- no te enfades, pero vete, y así termino de una vez».
Pues bien, el enamorado distingue, respecto de la carta de la amada, entre leer y leer, entre leer con el diccionario y leer la carta de la amada. La sangre se le sube de impaciencia a la cabeza mientras hace magia para leer con diccionario, se pone furioso cuando el amigo se atreve a identificar esta lectura erudita con la lectura de la carta de la amada. Ahora terminó la traducción - ahora lee la carta de la amada. Él consideraba todo este trabajo preparatorio erudito, si me permites, como un mal necesario que le haría posible llegar a leer la carta de la amada.
Y más (51-52), sobre qué pasa con la Sagrada Escritura en manos de la erudición:

Imagina un país. Se comunica una orden del rey a todos los funcionarios, a los súbditos, en fin, a toda la población ¿Qué sucede? Se produce en todos un extraño cambio: todos se transforman en intérpretes; los funcionarios se convierten en escritores; una interpretación más erudita, más perspicaz, más elegante, más profunda, más ingeniosa, más maravillosa, más hermosa y más maravillosamente hermosa que la otra, aparece cada bendito día. La crítica, que debe mantener la visión de conjunto, no puede hacerlo con tan enorme literatura; sí, la crítica misma se convierte en una literatura tan vasta que es imposible mantener la visión de conjunto con la crítica: todo es interpretación -pero nadie leyó la orden del rey ni la cumplió. Y no sólo todo se convirtió en interpretación, sino que también se desplazó el criterio de seriedad y estar ocupado con la interpretación pasó a ser la verdadera seriedad.
Y qué imagen del niño con capas de toallas (53):
Es humano pedirle a Dios que tenga compasión, porque la exigencia es demasiado alta para uno: aunque ningún otro quiera reconocer esto de sí mismo, yo reconozco que lo hago. Pero no es humano dar al asunto un giro totalmente distinto: que yo con astucia intercale una capa tras otra de interpretación y ciencia y otra vez ciencia (más o menos como un niño que coloca una o más toallas debajo de su casaca, antes de recibir la paliza) - que intercale todo eso entre la Palabra y yo y entonces a esta interpretación y cientificidad le nombre de seriedad y celo por la verdad, y entonces permita que este ajetreo tome tales dimensiones que nunca logre recibir la impresión de la Palabra de Dios, que nunca logre llegar a contemplarme en el espejo.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Escurrir el bulto (ante el aborto)

Este es un artículo de Javier Gomá Lanzón, publicado en Babelia (22.12.12: 12).

Hoy que celebramos los Santos Inocentes (118.357 abortos en 2011, un 5% más) lo voy a fiskear, porque me parece muy ilustrativo de por dónde van las clases dirigentes de España respecto al aborto:
ESCURRIR EL BULTO [se agradece que vaya de frente]
En una sociedad que fuerza continuamente al ciudadano  a tomar partido, vale más una prudente duda reflexiva
Uno más o menos está prevenido contra las acechanzas del maligno [traducido: «mi educación es católica»], pero ¿quién te prepara contra las seducciones de los buenos? [traducido: «por eso sé lo cansinos que pueden ser los 'buenos'»] Ante éstos, confiados, bajamos la guardia y estamos perdidos [hay que ponerse firme ante ellos: son incansables].  Contempladas una a una, las justas causas de este mundo merecen apoyo; persuadidos por la fuerza que las anima, el primer impulso es dar un paso al frente. ¡Cuenta conmigo! El ardor se enfría algo cuando reparamos en la variedad infinita de causas que nos solicitan ¿solidarias, medioambientales, culturales, políticas? [a ver cuál elige de ejemplo, al final: ¿la caza de ballenas, los desahucios, las descargas ilegales, el federalismo?] Y en que la elegida quizá no sea la prioritaria sino sólo la primera que llamó a la puerta. Entonces se nos ofrece la siguiente, asistida también de excelentes razones, y luego la siguiente. Entretanto, cada cual va tratando de cumplir día a día, con muda monotonía, los menesteres familiares, profesionales, vecinales, cívicos y legales que gravitan sobre el ciudadano medio asumiendo un desgaste carente de lucimiento personal alguno, pero trascendental para asentar la anónima normalidad de las cosas. [sí, ya alabé yo aquello de Waugh 'mi servicio es simplemente llevar adelante una familia'] Atender con algún decoro todo ese cuerpo de deberes ya absorbe muchísimas energías y, una vez satisfechos todos, apenas nos quedan fuerzas residuales para compromisos supernumerarios. ¿Qué hacer? Como no se trata, supongo, de luchar contra el deshielo de los casquetes polares o a favor de la renta mínima de inserción o de la cooperación al desarrollo por el expediente de meter a los hijos en una esclusa [inclusa*], como Rousseau, o pedir al prójimo que pague mis impuestos, como tuvo el donaire de hacer Agustín García Calvo, mi llorado profesor de métrica latina, al final acaba uno buscando la manera de escurrir el bulto [(alerta de sofisma): como uno no puede arreglar los problemas del mundo, mejor no decir nada nunca]. Sucede con frecuencia que el ciudadano cumplidor, aquel que puntualmente se responsabiliza de todas las obligaciones inherentes a la posición que ocupa, mientras se consume en este empeño ha de escuchar los escrúpulos de su mala conciencia o los reproches de terceros que le afean su conducta tachándola de descomprometida, de calculada tibieza o de egoísmo [excusatio non etc.]. Un cierto republicanismo -empezando por la Hannah Arendt de La condición humana- nos ha acostumbrado a pensar que ciudadano virtuoso es aquel que, como el antiguo griego, desdeña familia y trabajo -en la Grecia clásica, quehaceres propios de mujeres y esclavos-y, abandonando esa esfera privada, acude al ágora para deliberar ociosamente [=¿Sócrates, los estoicos?] con sus iguales sobre asuntos políticos de interés general. Yo sostengo, por el contrario, que los profesionales de la política no ostentan ni mucho menos el monopolio de lo público y también -recuperando aquel eslogan feminista que decía que lo personal es político- que alguien que simplemente funda una casa y elige un oficio, cuidando de ambos con diligencia, es ya, de pleno derecho, una persona pública y está promoviendo con su vida una justa causa de interés general [totalmente de acuerdo].
No sólo como ciudadano, también como filósofo, siento a menudo la necesidad de escurrir el bulto. Y eso que no comparto en absoluto el socorrido lugar común que pretende que la filosofía es la historia de los problemas y no de las respuestas, de las dudas y no de las certezas. Me gusta repetir que el auténtico filósofo se caracteriza, dentro del sistema de saberes, por especializarse en ideas generales, esas ideas sobre el Todo en general que las demás disciplinas presuponen sin convertirlo en tema [Ok]. En consecuencia, la filosofía ha de saber producir respuestas y certezas sobre la totalidad del mundo, aunque por supuesto nunca definitivas. Un Todo filosófico se presenta muchas veces como un ideal. [Aquí da un salto: 'No definitivo' no es lo mismo que 'Ideal'] Ahora bien, el ideal señala una dirección y su valor se mide por la excelencia que enuncia, movilizadora de fuerzas sociales latentes, no por su aplicación práctica. ¿Quién ha visto alguna vez realizado en la historia real el ideal del hombre prudente aristotélico, el del agente moral autónomo kantiano o el del superhombre nietzscheano? La filosofía haría bien en mantenerse en ese plano de idealidad y no aspirar a convertirse en una crestomatía o un vademécum válido para todos los casos [El hombre prudente aristotélico es una guía para la vida, no mero divertimento teórico]. Entre los primeros principios de la filosofía y la realidad que habitamos se abre un hiato; tratar de llenarlo sería como desertar de las austeras ideas generales y abandonarse a la concupiscencia de una casuística [de los planteamientos éticos generales a los problemas éticos y de ahí a la casuística: muchos saltos en poco trecho] que pertenece, en puridad, a la riquísima y problemática contingencia humana, irreductible a concepto [es decir, que no puede haber filosofía moral, ¿quieres decir eso? que no es posible llegar a criterios universales a partir de la inducción ¿eso quieres decir?].
De que los filósofos cavilen sobre el Todo no se sigue, por tanto, que deban perorar sobre todo [vale]. Con frecuencia se les requiere para que expresen su parecer sobre las más variadas cuestiones [sí, eso les pasa hasta a los futbolistas]. Recuerdo que en los exámenes universitarios me desenvolvía bien cuando había que desarrollar un tema general de la asignatura pero mal en los multiple choice, porque, salvo la abiertamente absurda, todas las otras respuestas me parecían de algún modo correctas [argumento biográfico para la indecisión moral]. Lo mismo me ocurre ahora con la llamada ética aplicada. Por un lado, el pensamiento avanza con tempo geológico mientras que la sociedad demanda soluciones supersónicas [supongo que no estarás a favor de la presencia de gente de filosofía moral en los comités de bioética]. Por otro, algunas de estas materias entran en la arena de la controversia política y al punto dejan de ser neutras para el pensamiento –que debería mantenerse fiel exclusivamente con [el] objeto de su meditación- y se contagian de la dialéctica amigo/enemigo propia de la lucha partidista. Entonces del filósofo no se espera ya una opinión sino una afiliación, una equis en el examen tipo test a la alternativa, por ejemplo, abortista o antiabortista, cuando lo interesante [el aborto como 'problema interesante'], en perspectiva filosófica, consiste en hacer aflorar la antropología subyacente a la quaestio debatida ['antropología subyacente'; es una quaestio, no es un problema: 118.327 es el número de abortos]. En el caso del aborto, si se argumenta que desde el instante mismo de la concepción el embrión es no sólo vida sino vida humana, ¿debemos entender que lo específicamente humano reside en los cromosomas? [como pregunta, es bastante tonta; si lo que quiere decir es que es un problema definir cuándo empieza la vida humana, se podría decir de otro modo]; si se defiende el derecho a abortar por malformación del feto, ¿qué hace la vida humana digna de ser vivida: la ausencia de sufrimiento? [se pone contra el otro extremo: ni talibanismo de 'vida humana desde la concepción' ni aborto libre total: vamos, lo que propone ahora el PP] Ante este tipo de situaciones, obligados a tomar posición en breves segundos [¿pero no has tenido tiempo de pensar en ello en estos últimos 40 años?] con un sí o un no, recomiendo no ceder al síndrome del micrófono y, aun a riesgo de decepcionar, decir con sencillez: "Sobre esto no tengo opinión formada" [Pero si la acabas de dar]. Y escurrir descaradamente el bulto [modelo de moralidad, sí señor].
*El otro día en Burgos le hice una foto en san Agustín a esto que de pequeños nos decían que era el sitio por donde abandonaban a los niños en la inclusa. Era escalofriante pasar por allí:


En esas edades 'premodernas' al menos no los mataban ni se escondían en los cromosomas. Y había filósofos que morían antes de escurrir el bulto: Sócrates el ocioso, por ejemplo.                            

jueves, 27 de diciembre de 2012

Burgos con calor

En Burgos, el fin de semana pasado, llegan a ir misioneros del Cambio Climático Inducido por el Hombre (=CCIH) y toda la ciudad se habría convertido en masa: 14 grados. Yo hasta me tambaleé en mi ateísmo climático y empecé a escuchar voces que al menos me tiraban al agnosticismo, ay.

Por no caer en ello, opté por hacer una tournée de iglesias.
Yo tenía ganas de ver despacio un retablo de san Lesmes, de la época de más empuje mercantil de Burgos: principios del XVI, cuando tiraban la casa por la ventana esos mercaderes de la lana con Flandes, que se retratan aquí de rodillas, él a la izquierda y ella a la derecha, los García de Salamanca:

[esta foto es de la wikipedia; las demás -ya se nota- son mías]



Un Llanto sobre Cristo muerto con pocas figuras, las justas:


En el centro, Cristo con la Cruz, ayudado por Simón de Cirene y la Verónica (nunca los había visto juntos así; frente al Cristo rodeado de sayones del barroco castellano, esto es lo contrario: rodeado de los que le ayudan: ¿otra religiosidad?):


Y por la tarde estuvimos en san Gil. Os libráis de más fotos porque me quedé sin batería: pero qué formidables retablos.

Y el domingo quise ver el convento del Carmen, pero qué chasco: eran cuatro paredes, un retablo feo hasta decir basta y una capilla nueva al menos caliente, pero anodina. Lo mejor de ese convento está en el relato de su fundación que hizo la santa. Allí, materialmente, solo quedaba este escudo y este lema CALLAR Y OBRAR (en un marco incomparable de cables y feísmo):

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Tibio sol de invierno en Burgos

Iba probando -niño con zapatos nuevos- el sistema de fijar la velocidad del nuevo bólido por la autovía León-Burgos y ya ni el acelerador tenía que pisarlo; el asiento era un beato sillón donde me repantigué para disfrutar del espectáculo que empieza siempre pasado Sahagún: la Tierra de Campos -mi infancia en paisaje- al tibio sol y con trozos de campos verdes entre los campos marrones; y chopos sueltos, que ya serán liras /del viento perfumado en primavera.

Y me reconvine por mecerme en esas ensoñaciones complacientes: que no quiero ser nacionalista ni de mi infancia ni mucho menos de un pueblo ni de una tierra: cosmopolita.

Aunque aquello era lo más cerca que se podía estar de los nuevos cielos y la nueva tierra: el paraíso será un terreno allanado y verdecido (Isaías 40.4).

Por Cervatos de la Cueza, Osorno, Melgar, Castrojeriz, esos campos:


Y a la vuelta, el sol poniente que anunciaba al sol naciente:

lunes, 24 de diciembre de 2012

Felicitación de Navidad

De Luisa de Carvajal*
Al nacimiento

El Dios de venganzas
su fuerza ha rendido,
del amor herido.

El fuerte y terrible
león de Judá,
hecho se nos da
cordero apacible;
y si era increíble,
es por haber sido
del amor herido.

El que es de millares
de ángeles gobierno,
como niño tierno,
envuelto en pañales,
llora ya mis males,
por haber nacido
del amor herido.

La suma grandeza,
y bien soberano
se halla muy ufano
puesto en gran pobreza,
porque su riqueza
me ha enriquecido
del amor herido.

Sujeto a mamar
está, y sufre frío
quien refrena el brío
del furioso mar;
que quiere mostrar
que a esto se ha abatido
del amor herido.

El Verbo divino
del inmenso Padre,
en la sacra Madre
a humanarse vino,
abriendo el camino
al hombre perdido,
del amor herido.
*Venerable Luisa de Carvajal y Mendoza (1566-1614), Poesía completas, edición, introducción y notas de María Luisa García-Nieto Onrubia, Diputación Provincial de Badajoz, 1990, p. 163-164.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Luisa de Carvajal 3

Aquí cuenta lo que hacía cuando veía papeles anticatólicos por las calles:
Y cuando en las calles topo los papeles del Papa gomitando Padres de la Compañía y con unos grandes cuernos, que solían ser dos y ya son cuatro, no regateando ni queriendo sino los que están fijados en la pared de la calle, los he comprado, y con gran flema hecho pedazos; y dejándolos en el suelo abobados mirándome y diciendo que soy papista sin duda; y háseme prohibido de los amigos, que dicen me haré muy pública, y que no convendrá eso para mayor gloria de nuestro Señor (231-232).
Esto es lo que ve como su misión:
Quiebra el corazón ver tantos millares de almas anegadas en un abismo de error, sin quien les diga palabra. Porque los sacerdotes y religiosos por ninguna vía pueden hablar en público; y si de algunos herejes son conocidos, no pueden salir de día por las calles sin notable peligro de ser cogidos. y así, parece que está librada la conversión de esta gente en las personas de tan poca importancia como yo y otras semejantes. Y aunque no parezca de presente el fruto, cava mucho la verdad arrojada en su corazón; y ponerles la luz de la fe delante los ojos abre puerta a las inspiraciones de Dios (267-268).
El momento más divertido con diferencia de sus memorias es uno bastante dramático y de tremenda crueldad: cuando está ante el juez, se junta un tropel de gente,
diciendo que yo era un sacerdote romano en hábito de mujer, que iba por las calles persuadiendo mi fe en aquella extraña manera (273).
Porque resulta que la pobre debía de ser muy fea. Pero mirad cómo lo cuenta ella:
Bajó el juez otra vez allí, y roguéle no me enviase a la prisión que quería, porque es muy llena de hombres y vocería y malsana, en medio de la mayor trulla de la ciudad, y ninguno en ella preso por religión. Hizo mucha burla con su secretario de que yo huyese la compañía de hombres siendo tan fea y de mal talle. Y sabe Dios lo que yo holgaba de parecérselo en tanto extremo. Díjome que no tuviese cuidado de aquello, que me aseguraba que, aunque estuviese entre ciento, no me miraría ninguno a la cara.
Al final, todo eran presiones, también desde España:
Muy combatida está de amigos mi vocación hasta este último día… Sabios me escriben que me vuelva a España, y que el dolor de la honrilla servirá de martirio. Y sabios de espíritu y santidad; pero no han sabido dó llega el padecer de Inglaterra, pues imaginan que una vanidad me detiene en él, aquí" (94) 
[creo que fue el padre Luis de la Puente el que le decía que volviera y sufriera por Dios la vergüenza de volver].