domingo, 30 de diciembre de 2012

Cómo leer la Palabra

Leí con gran interés los trozos que puso cb de Para un examen de sí mismo recomendado a este tiempo, de Søren Kierkegaard y vi que lo teníamos en casa y me lo leí, lo primero que leía de él: resulto ser UNA MARAVILLA.
Compradlo, leedlo. Qué bien escribe, qué gracia tiene, qué plástico es. Qué hondo y qué sencillo.

Os pongo estos textos, quizá demasiado largos para poner aquí, pero me arriesgo. Por ejemplo esto sobre cómo leer la palabra de Dios y los riesgos de la erudición (44-45):
Imagínate a un enamorado que ha recibido una carta de su amada- tan preciosa como es esta carta para el enamorado, tan preciosa, supongo yo, es esta carta para ti, la Palabra de Dios; así como el enamorado lee esta carta, así, supongo yo, tú lees y tú entiendes que debes leer la Palabra de Dios.
Pero quizá digas: «Sí, pero la Sagrada Escritura está escrita en un idioma extraño». En realidad, son más bien los eruditos quienes necesitan leer la Escritura en el idioma original; pero, si tú no lo quieres de otro modo, si quieres insistir en que debes leer la Escritura en el idioma original bien podemos quedarnos con la imagen de la carta de la amada, y sólo agregar una pequeña precisión.
Supongo entonces que esta carta de la amada está escrita en un idioma que el enamorado no entiende; y no hay nadie que se la pueda traducir y quizás él ni siquiera desee tal ayuda para evitar que un extraño conozca sus secretos. ¿Qué hace entonces? Toma un diccionario, se sienta a descifrar la carta, busca en él cada palabra para lograr así una traducción. Supongamos ahora que, mientras está ocupado con esta tarea, llega un conocido suyo, que sabe que esta carta ha llegado, mira hacia la mesa, la ve ahí y dice: «Mmm ... ¿estás leyendo la carta que recibiste de tu amada?». ¿Qué crees tú que dirá el otro? Responderá: «¡Estás loco si crees que estoy leyendo una carta de mi amada! No, amigo mío, estoy aquí quemándome las pestañas para poder traducirla con la ayuda de un diccionario y a veces estoy a punto de estallar de impaciencia, la sangre se me sube a la cabeza y me dan ganas de lanzar el diccionario al suelo - ¿y tú llamas a esto leer?, ¿te burlas de mí? Pronto, gracias a Dios, habré terminado con la traducción y entonces, sí, sólo entonces, podré leer la carta de la amada. Esto es otra cosa- pero a quién le estoy hablando ... , pedazo de idiota, apártate de mi vista, no quiero ni verte, a ti que te atreviste a ofendernos de tal modo a mi amada y a mí que a esto le llamas leer una carta suya. Pero, quédate, quédate, sabes bien que es sólo una de mis bromas; me gustaría que te quedaras, pero sinceramente no tengo tiempo, todavía me queda algo por traducir y estoy ansioso de poder leerla- no te enfades, pero vete, y así termino de una vez».
Pues bien, el enamorado distingue, respecto de la carta de la amada, entre leer y leer, entre leer con el diccionario y leer la carta de la amada. La sangre se le sube de impaciencia a la cabeza mientras hace magia para leer con diccionario, se pone furioso cuando el amigo se atreve a identificar esta lectura erudita con la lectura de la carta de la amada. Ahora terminó la traducción - ahora lee la carta de la amada. Él consideraba todo este trabajo preparatorio erudito, si me permites, como un mal necesario que le haría posible llegar a leer la carta de la amada.
Y más (51-52), sobre qué pasa con la Sagrada Escritura en manos de la erudición:

Imagina un país. Se comunica una orden del rey a todos los funcionarios, a los súbditos, en fin, a toda la población ¿Qué sucede? Se produce en todos un extraño cambio: todos se transforman en intérpretes; los funcionarios se convierten en escritores; una interpretación más erudita, más perspicaz, más elegante, más profunda, más ingeniosa, más maravillosa, más hermosa y más maravillosamente hermosa que la otra, aparece cada bendito día. La crítica, que debe mantener la visión de conjunto, no puede hacerlo con tan enorme literatura; sí, la crítica misma se convierte en una literatura tan vasta que es imposible mantener la visión de conjunto con la crítica: todo es interpretación -pero nadie leyó la orden del rey ni la cumplió. Y no sólo todo se convirtió en interpretación, sino que también se desplazó el criterio de seriedad y estar ocupado con la interpretación pasó a ser la verdadera seriedad.
Y qué imagen del niño con capas de toallas (53):
Es humano pedirle a Dios que tenga compasión, porque la exigencia es demasiado alta para uno: aunque ningún otro quiera reconocer esto de sí mismo, yo reconozco que lo hago. Pero no es humano dar al asunto un giro totalmente distinto: que yo con astucia intercale una capa tras otra de interpretación y ciencia y otra vez ciencia (más o menos como un niño que coloca una o más toallas debajo de su casaca, antes de recibir la paliza) - que intercale todo eso entre la Palabra y yo y entonces a esta interpretación y cientificidad le nombre de seriedad y celo por la verdad, y entonces permita que este ajetreo tome tales dimensiones que nunca logre recibir la impresión de la Palabra de Dios, que nunca logre llegar a contemplarme en el espejo.

1 comentario:

  1. Qué poderío, ángel, creí que Google se había vuelto loco al ver un Everest entre mis dientecitos habituales.
    Kierkegaard es un fenómeno.
    Tiene dentro un poeta, un filósofo, un teólogo, un dramaturgo del pensamiento (algo así como Platón en sus diálogos, sólo que Kierkegaard hace todas las voces)y un payaso, angustiadísimo pero payaso (él mismo se retrata en la historia del payaso que ve que el circo empieza a arder, sale corriendo sin quitarse el disfraz a pedir ayuda al pueblo más cercano, y cuanto más grita, más se parte de risa la gente). Lo que pasa es que a veces no sabes quién de todos esos te está hablando. Salvo en los sermones, por eso lo mejor es empezar por ellos, despues te pierdes menos.

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