miércoles, 21 de septiembre de 2011

Azul fucsia

Yo hace veinte años había estado en Grecia y pensaba que los ortodoxos eran eso: estancamiento (iconos que fueron originales en el siglo IX repetidos tal cual mil años después), popes sucios, identificación iglesia-estado que ríete tú de aquí: -Grecia es ortodoxia y todos los demás son extranjeros, era lo que decían los popes y monjes de Athos que vinieron a hablarnos a aquel curso de griego moderno.

Yo pensaba que la tercera Roma -Moscú- sería más de lo mismo, y sí, pero no del todo.

En Tallinn y en el pueblecito lleno de monjas -o el convento que es como un pueblo, con casas en las que se reparten las monjas, entre árboles, y la gran iglesia en medio [aquí una imagen en 360º]- atisbé un mundo, el ortodoxo ruso, que me conmueve cuando me recuerda a personajes menesterosos de los que se pasean entre Dostoievsky y Chejov, pero que en sí mismo más bien me tira para atrás.
Para liturgia, ya tengo a los católicos de rito oriental (por ejemplo los que conocí en Eslovaquia), que esos sí que son un faro y que pagaron con muchas muertes no plegarse a apaños con el poder político de turno.
En cambio, en ese pueblo de monjas estuvo a punto de enterrarse Alexis, gran protector suyo, el patriarca ruso hasta hace poco, de historial más que dudoso, por decirlo suavemente.

Y en las iglesias ortodoxas rusas en Estonia me sorprendió encontrar un arte a medio camino de algo más moderno, pero de resultados muy limitados, como caído en lo dulzón del XIX sin haber pasado por la grandeza de los siglos de enmedio.
Y luego bien, les ves poner esas velas tan finas, santiguarse con mucha devoción ante cada icono.
Y ves a esas monjas con esas tocas y de negro.
Pero al final domina un azul chillón, con lacitos en cada icono:



Las fotos, de su web oficial.

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