viernes, 9 de mayo de 2008

Enmienda a la totalidad

Ramón Gaya, Retales de un diario (1956-1963), en Obras completas III, Madrid, Pre-textos, 1994, p. 183:
Los estilos, ya se sabe, son siempre unas superficies planas y vacías, que de tanto en tanto se aburren, y de ser de una manera deciden, de pronto, ser de otra. (Lo más desdichado es que la Historia del Arte creyó de buena fe que su obligación consistía en historiar el incansable vaivén de los estilos, y así tenemos esa pobre historia que no nos habla nunca de quién es tal o cual pintor en sí mismo, sino en qué se diferencia la exterioridad de tal uno comparada con la apariencia de tal otro.)
Para que mis amigos historiadores del arte no se piquen (aunque espero que el texto les escueza), he decir que lo mismo se puede decir de los historiadores de la literatura.

jueves, 8 de mayo de 2008

Català-Roca en mi pueblo

pretar en la foto para verla bien, ampliada

En un libro con fotos de Català-Roca sobre Castilla y León, entre muchas entre 'turísticas' y banales, hay alguna extraordinaria, lo lógico en uno de los más grandes fotógrafos españoles, que en este libro no brilla como se suponía.
A mí me gustaron varias, entre ellas las de unos niños cogiendo agua de una fuente y otra de un pueblo con un letrero pintado en una pared de adobe, de los quintos de ese año.
Y la sorpresa de encontrar dos fotos de san Antón, al lado de Castrojeriz, las dos de un pastor, una con un cordero en brazos y mirada pícara y la otra esta, con todo el rebaño.

martes, 6 de mayo de 2008

Sobre el miedo

De una carta que me llegó el otro día, a propósito de esto (negritas mías).
Es un tema difícil, el sufrimiento, el dolor, la distinta manera de afrontarlo, o eludirlo, o aceptarlo, según seas o no creyente. Y yo les entiendo, cómo no, y lo de la pareja del artículo que enlazas: si se trata de desaparecer sin más, para qué pasar antes por todo eso. Son ellos los incapaces de entender a los católicos y los que nos relacionan con masoquismos (cuando no hay nada más masoca que instalarse en el carpe diem, porque anda que no se machaca la gente por pura frivolidad: desde la simple depilación a la cera -que es un horror- o el footing hasta desfallecer, pasando por la cirugía estética, las abrasiones por láser, los deportes de riesgo...; sólo que ese sufrimiento, como le ven el sentido, sí que lo aceptan).
Pero no, no hay ningún masoquismo, al revés, la fe te enseña a vencer el pánico, y sin pánico el dolor no es tanta cosa. Del dolor inevitable hablo, que acaba llegando, en ti mismo o en los que quieres –y si es en tus hijos, es dolor a la máxima potencia-; porque el dolor evitable también nosotros lo evitamos. Y a la hora de la muerte, la Iglesia la primera, con gran conocimiento, delicadeza y psicología. Ella es la primera interesada en que los enfermos no estén retorciéndose y tengan la calma y la paz que necesitan para abrirse al amor de Dios y poner su vida en sus manos, y poder morir con esperanza, no como animales, sin entender a qué viene todo eso.

lunes, 5 de mayo de 2008

JRJ suspenso en literatura

En el libro que recomendaron aquí sobre JRJ*, uno de los más bonitos que he tenido en mis manos, hay artículos interesantes, uno excelente de Andrés Trapiello sobre JRJ como tipógrafo y unas fotos extraordinarias de él y de sus libros (podéis comprarlo, o mirarlo en bibliotecas universitarias: Rebiun, buscando 'Nobel 1956 Transatlántica' o en Bibliotecas públicas).
En un artículo de Jorge Urrutia (que podríamos titular sin mucha maldad "Yo y JRJ", cf. p. 190 n.1) veo el dato de que cuando empezó en la Universidad en Sevilla le suspendieron literatura (p. 194).
No es por compararme, pero me acordé del 6 que me pusieron en COU en Literatura española contemporánea, que todavía me duele (y ya ha llovido). Era un profesor pésimo, que sólo nos hacía leer en voz alta los libros enteros, sin importarle cómo los leyéramos (La busca, Luces de bohemia, ¡Tiempo de silencio!, La colmena. Y los que seleccionan los libros del último curso preuniversitario deberían ir a la cárcel, por lo que obligan a leer a la gente, pero esa es otra cuestión). Yo falté a alguna 'clase' y eso le debió de sentar mal, con lo que me cascó ese doloroso seis.
Por ver si desde entonces he aprendido algo, busqué en la Biblioteca de la Universidad ediciones originales de JRJ, o que él hubiera editado: lamentable resultado: salvo algunas traducciones de Tagore en Lugo, no tenemos ni un solo ejemplar de sus libros, así que los alumnos de Filología no van a poder comprobar aquello de que en ediciones diferentes dicen los libros cosas distintas.
Sólo encontré un libro que llegó hace poco a la biblioteca, del legado del profesor Moreno Báez, las Obras completas de Domenchina, con un prólogo lírico (que me pareció pésimo, todo hay que decirlo) de JRJ. Y las poesías de Domenchina también parecían bastante malas.


*Juan Ramón Jiménez. Premio Nobel 1956 [exposición] octubre-diciembre 2006, Pabellón Transatlántico, Residencia de Estudiantes, Madrid (Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales-Residencia de Estudiantes, 2006, vale 50 euros, pero están bien pagados)

domingo, 4 de mayo de 2008

En las barracas

Llamábamos barracas a las atracciones de feria. Y era como el paraíso, aunque pasabas miedo en el tren de la bruja o en esos artilugios como pulpos que te volvían el estómago del revés.
Ayer pasé por la feria en la Alameda, que está puesta desde el jueves (aquí se celebra la fiesta civil de la Ascensión -paradojas de la España convulsa postcatólica pero no del todo-).
Iba todo contento con las cartas de Florenski y el diario de Nicolae Steinhardt, que había comprado para la biblioteca. Y fue como pegarse un chapuzón de vida; me hacía falta, a mí que estoy demasiado rodeado de libros y vivo en torno a esa burbuja llamada Universidad.
Tanto darle vueltas estos días al dolor y al miedo y era una alegría ver las caras de susto y de risa de los que se habían subido en una especie de barca mecánica que les daba vueltas, les subía, bajaba y estrujaba. Los gritos de miedo -pero de mentirijillas- de los niños en una especie de toro mecánico infantil, la camaradería de los macarrillas. Y el olor a pulpo (feria autóctona), a gominolas. La noria, que aquí sirve de primer anuncio de los exámenes de junio.
Y me gustaría escribir como se merece de las barracas, como lo hizo en un cuento que recuerdo algo vagamente Ignacio Aldecoa. Y no sé por qué me acuerdo también de dos gloriosos cuentos sobre el bingo, uno de Carver y otro de una antología de relatos españoles de Pedro de Miguel y Joséluis González.
[Media hora después, descubro que hay un buen reportaje de Nacho Mirás en La voz, con dos coletillas, esta y esta].

sábado, 3 de mayo de 2008

Capilla de san Roque

Ayer pasaba por la calle de san Roque y vi que la capilla estaba abierta.
Resulta que ahora se puede visitar de lunes a sábado y de cuatro a siete de la tarde. Hay una chica de mi edad que además la explica (y muy bien). Yo sólo había estado una vez, en un concierto de música sefardí, pero ahora me pude acercar y hasta entrar en el retablo de Simón Rodríguez.
Es un barroco que ya está dando en rococó, pero lo mejor es que el retablo de dos dimensiones ha pasado a tres: los lados se han abierto y forman un espacio que envuelve el altar. No sólo eso: hay dos escaleras para meterse por dentro y subir a venerar la imagen de san Roque (¡patrono de Santiago! al que la ciudad cumple un voto desde hace casi 500 años).
Esa imagen ahora la han dejado abajo (está muy bien, de Gambino) y en su lugar han puesto un relieve muy bueno. En un altarcillo hay otra de san Sebastián (al que parece que dejó san Roque en segundo lugar como patrón de la peste) y luego un altar hecho por los catalanes de la ciudad en el siglo XVIII, con la Virgen de Montserrat y un fondo en relieve que imita la montaña. Encima aparece Santiago, en un intento de aunar aunar esos dos amores (Santiago, entonces, era bastante cosmopolita, con una parroquia también para extranjeros y vascos).

viernes, 2 de mayo de 2008

Otra carmelita

Se murió ayer una carmelita, Sor María Pura del Niño Jesús de Praga.
Esta mañana me he acercado a la reja: en el medio de la clausura una monjita muy mayor, con una corona de flores en la cabeza y flores rodeándola. A su alrededor las demás carmelitas.
En la Misa la monja francesa ha leído el texto del cielo nuevo y la tierra nueva, y de la nueva Jerusalén que se prepara para su esposo como una novia y del esposo que enjugará nuestros ojos. En el salmo: Los que esperan en ti, Señor, no quedarán defraudados.
Tengo una fuerte sensación de dejà vu. Pero está bien.